viernes, 2 de agosto de 2013

Omar Messón y su ANIMALARIUM

Portada


Un jurado compuesto por las queridas y admiradas Lucía Amelia Cabral, Emelda Ramos y Eleanor Grimaldi otorgó el 10 de abril de 2012, el Premio Delia Quesada a la obra Animalarium del escritor Omar Messón. Sus argumentos son más que suficientes para no tener que agregar palabras:

"Animalarium es una propuesta impecable, de evidente maestría sus versos sencillos, con la adicional novedad del apunte científico. Es un encanto de viaje ilustrador, por aire, tierra y mar, que cumple su propósito comunicativo de entretener y educar. Su lenguaje inteligente y cuidado es una invitación amable a respetar y amar al universo de fauna y geografía".

Lo único que uno puede decir es: ¡Adquiéralo ya!





Omar Messón muchas gracias por regalar a nuestros niños y maestros un álbum tan hermoso y sustancioso :-)

¿Quién era Delia Quesada de Puerto Plata?

GESTORA CULTURAL

Una puertoplateña con sabor a teatro
VALOR HISTÓRICO. LA SOCIEDAD CULTURAL RENOVACIÓN PATROCINÓ ESTE IMPORTANTE TEXTO BIOGRÁFICO SOBRE LA VIDA DE DELIA QUESADA


Edición conmemorativa. Portada de la obra de Emelda Ramos.


Arlene Reyes Sánchez

Santo Domingo.- Para nadie es extraño que la Costa de Ámbar haya dado a luz a grandes talentos de la literatura. Puerto Plata es, sin duda, cuna de intelectuales, de relevantes figuras del mundo de las letras y, en particular, del teatro. En efecto, de aquí es una mujer que podríamos llamar la precursora del teatro en esta ciudad, pues su vocación de enseñar le abrió las puertas a muchos niños con inclinaciones actorales.
Con esto nos referimos a la dramaturga Delia Quesada, de quien la escritora Emelda Ramos, de la provincia Salcedo, se inspira para narrar la historia de su incansable labor en la obra: “Delia Quesada, pionera de la dramaturgia infantil.”
En un texto redactado minuciosamente “aparentemente” con el corazón, Ramos desnuda la vida de Delia, de quien manifiesta que es “hija legítima y segunda de Pedro Wenceslao Quesada y Agustina de Jesús Peralta.” Estos dos seres humanos manifestaron su amor hacia la educación por el futuro de sus seis hijas, motivo por el cual la escritora afirma: “Lo más notable es que esta niña (Delia Quesada), no sólo naciera en un entorno propicio para el pleno desarrollo de sus potencialidades, sino que además encontró la perfecta guía para su formación...”

Cualidades

Wenceslao Quesada  fue un gran abogado y también escritor de relevantes textos de la época como “Ley civil, ateísmo y religión” y “Cacique de Haití”, así como un significativo número de artículos publicados en un periódico del siglo XIX, de renombre nacional: “El Porvenir”. Sin embargo, las cualidades de Agustina de Jesús Peralta describen a la tradicional mujer dominicana: abnegación e intenso amor filial.
Delia recibió su primera enseñanza en la Academia de las Niñas Santa Rosa, la cual dirigía por la educadora puertorriqueña Demetria Betances, quien, según la autora, “descubrió y guió la vocación magisterial de Antera y Mercedes Mota.”
La sabiduría inculcada en esta institución, basada también en los principios educativos del pedagogo Eugenio María de Hostos, permitió a Delia descubrir su vocación para ser maestra, formadora de infantes.
Ya consagrada como docente en la provincia y haciéndose eco de una frase de Norma Lía Forman, especialista en literatura infantil-juvenil de la Universidad Nacional de Buenos Aires, la cual afirma: “A la par que los divierte, el teatro va desarrollando en los niños una formación humanística que los torna seres más nobles y sensibles.” Estas Palabras se encuentran en la redacción de Ramos, quien también destaca lo siguiente: “Capta la señal de los tiempos, y escribió, no un poema sino una obra dramática, de la cual no se conserva el manuscrito impreso, pero tenemos en cambio claras noticias del eco que produjo, y su puesta en escena que deducimos aconteció ya para inicios del año 1917.”

Su vida

Delia estuvo casada con Juan Ramón Román Jiménez, con quien procreó cinco hijos: Francia, Elsa, Judit, Fabio y Rhina. Esta última casi le cuesta la vida, al caer por unas escaleras, por lo que, nace deforme. Sin embargo, con su dulzura y cariño le disipó el miedo y, en su regazo, la hizo feliz.
El retrato de la maestra y dramaturga parece hablar. En la obra de Ramos, sus hijas describen a su madre como “una mujer trigueña y alta, ataviada en sencillos y pulcros vestidos, sin abalorios ni lujos, pero muy elegante.”
La vida de Delia no fue del todo color de rosas. Involucrada en unos de sus trabajos de teatro y promoción cultural, con niños presentes, la presión del público y el peso de los actores derrumbaron aquel escenario. Por suerte, nadie falleció. Anterior a este hecho, habían muerto su padre y madre, momentos que marcaron su vida para siempre, pues para Quesada, el amor hacia sus padres era como una balada de amor, que más tarde tuvo que cambiar por el ritmo nada melodioso de la resignación.
Tal como reza una frase popular: “Después de la tormenta siempre llega la calma.” El 10 de octubre finaliza la impresión en la capital, en ese entonces Ciudad Trujillo, de su libro Teatro Infantil, lo cual provocó, según el texto de Emelda Ramos que “sus cuarenta años de labor magisterial fueran reconocidos por el Estado dominicano, en 1945, condecorándola con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella en el Grado Gran Cruz de Plata.”
Más tarde, tras enterarse de que tendrían que extirparle un pedazo de intestino, rehúsa operarse, razón por la cual decide regresar a la Novia del Atlántico, justo a Imbert, un municipio de Puerto Plata. Quizá porque el olor a lo propio llama, seduce y embriaga. Allí es internada de emergencia y bajo la radiante luz del sol dice definitivamente adiós, el 13 de abril de 1949.

INVESTIGACIÓN EMELDA RAMOS

Ramos destaca un artículo del poeta Ramón Emilio Jiménez, quien escribió una nota necrológica por la celebración de una solemne misa de réquiem por su alma, en la Iglesia Parroquial San Felipe Apóstol de Puerto Plata, publicado en el Diario de la Mañana. Esta iglesia fue la plataforma de su bautizo y matrimonio, donde asistieron numerosas personas conmovidas.
“Delia Quesada Guardemos silencio: En una tumba hay paz Y el intenso batallar Ha terminado.
Nos queda la imagen de la mujer De gran espíritu, Quien tuvo la gracia de asomarse para mirar Los anchos horizontes, Bañarse en la luz de los ensueños Y convertir su diminuto paisaje azul En un cielo estrellado.
Exquisitamente generosa Como madre y como maestra Deja un legado De nobles recuerdos.

¿Quién ha logrado definir el valor exacto de un recuerdo? Guardemos silencio: Ha pasado por la tierra una vida.” Emelda Ramos agrega en su relato: “Delia Quesada, un libro viviente. Autora de sus propios cuadros dramáticos, diseñadora de su decorado y tramoya, escogía el elenco infantil y dedicaba todo el tiempo que disponía para dirigir los ensayos, corrigiendo con afecto pero con energía los errores, en la búsqueda de la perfección expresiva, léxica y gestual.”

lunes, 20 de mayo de 2013

PONENCIA PRESENTADA POR LA ILUSTRADORA Y ESCRITORA ESPECIALIZADA EN LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL LEONOR BRAVO EN EL SEMINARIO PREVIO AL MARATÓN.


MARATÓN DEL CUENTO: ECUADOR UN PAÍS QUE LEE
una fiesta de la palabra, el arte y lectura


Las primeras obras de literatura oral que creó el ser humano cuando se apropió de la lengua más allá de la mera comunicación para la sobrevivencia fueron para honrar a la divinidad, para enamorar y conquistar al otro y para dormir a los niños y jugar ellos. De manera que aquello que ahora se llama literatura infantil o literatura para niños, nació en un tiempo que se pierde en los orígenes de nuestra especie. Es una literatura que se hacía en el silencio de la noche, en la intimidad de los brazos de las madres o de las nanas, casi siempre al oído o entre risas y juegos, como un acto de amor y de necesidad de sueño, sin la conciencia de que eso era algo más que unas pocas palabras con sonidos dulces que invitaban a los niños a dormir y a las madres al descanso.

Luego, mucho más tarde, luego de siglos de injusticias contra esos seres pequeños de estatura, sin poder adquisitivo y no productores de bienes; de siglos de casi olvido, sin más atenciones que las necesarias para que crecieran pronto y se unieran a los ejércitos de campesinos, de soldados, de artesanos, de madres; de ser los primeros en morir en las pestes, los primeros abandonados en las guerras, a partir del siglo XVIII los niños empezaron a ser considerados algo más que adultos en potencia: seres con identidad propia, en camino a algo más como todos:

El niño camina a ser joven, el joven camina a ser adulto, el adulto camina a ser anciano, el anciano camina hacia la muerte. Todos vamos hacia algo, ninguno de los estados del ser humano es definitivo y no por ello es menos valioso que el estado del que vino o al estado que va.

El concepto de infancia ha sufrido muchas transformaciones y se ha enriquecido con el progresivo reconocimiento de sus derechos hasta ser considerado ahora como el periodo más decisivo de la vida del ser humano, y esta evolución ha influido también en la importancia que se ha dado paulatinamente a la literatura infantil.


Leonor Bravo

La literatura infantil nació como una estrategia para formar a los niños, para educarlos y civilizarlos como se decía en esa época, en la cual la intención moralizante era la que primaba, intención que tiene aún, desgraciadamente cultores y demandantes; en el siglo XIX se le empiezan a reconocer una serie de funciones de entretenimiento pero es recién en el siglo XX cuando se concede una función literaria a este tipo de obras, con lo cual obtiene su carta de identidad como el arte literario y plástico para niños. En el momento actual, dada la cantidad y calidad de las obras de este género, la teoría desarrollada a partir de ella, las licenciaturas y maestrías para su estudio, ya nadie se atreve a negar su existencia y su necesidad, y se vuelven insostenibles aquellas posturas que dicen que la literatura infantil es aquella que también le gusta a los niños, que, en el afán de colocarla en la misma categoría que la gran literatura, resulta una negación de las necesidades, gustos y derechos específicos de los niños. Diría yo que este concepto se aplica de manera más ajustada a la literatura para adultos, por ejemplo mi madre leyó Los miserables de Víctor Hugo a los ocho años y le gustó y La Guerra y la Paz de Tolstoi a los diez y le gustó y eso no convierte a esos libros en literatura infantil, sino a ella en una avezada lectora, como eran todos esos niños que en aquellos tiempos tuvieron la oportunidad de tener al alcance los libros de sus padres y alguien que les entusiasmara con su lectura.

Y, aunque creada por adultos, no es cualquier adulto el que escribe este tipo de literatura, si dejamos de lado aquellos escritores consagrados de literatura adulta que, tentados por las editoriales con jugosas ganancias, se arriesgan por estos caminos que huelen a leche, a chicle y chocolate, y dan a luz productos sosos y anodinos, poco dignos de su genio, o los escritores comerciales que escriben cualquier cosa que les pida el mercado. Porque el verdadero creador no escoge lo que escribe, escribe lo que le dicta su necesidad de expresión, su angustia o su alegría de ser, la urgencia de responderse esas preguntas que nadie escuchó, que cayeron en saco roto o recibieron comentarios vacíos. Respuestas que se expresan en forma de travesura, de risa o de dolor, que contadas por hadas, por monstruos, por animales, por personajes rebeldes o contestatarios, hablan de las eternas preocupaciones de los seres humanos de cualquier edad: ¿quien soy?, ¿adónde voy?, ¿cuál es el sentido de la vida?

Todas las etapas de la vida humana necesitan ser pensadas y expresadas y esa es una de las cosas que hace la literatura infantil, eso es lo que hacen los adultos que escriben esa literatura: expresar la infancia desde su propia vivencia, desde sus recuerdos guardados de tal manera que pueden volver a ellos de forma inmediata como si su infancia viviera al lado de su adultez y les permitiera conectarse con quienes son niños ahora. Por eso, los niños se encantan y se sienten expresados por ella.

Estas y otras reflexiones son las que nos llevaron como Girándula, Asociación ecuatoriana del libro infantil y juvenil, IBBY Ecuador, hace ocho años a crear el maratón del cuento, un evento en el cual los niños tuvieran un espacio lúdico de encuentro con la literatura, los libros, la lectura en voz alta de cuentos, los escritores e ilustradores de las obras que ahora, otra vez, por octava ocasión, visten a nuestra ciudad con su magia. Un espacio diferente al de las ferias del libro tradicionales en las cuales los niños deben ir al ritmo de sus padres, sin detenerse demasiado en aquello que les llama la atención, y sin encontrar todos los libros que ellos quisieran mirar. Un espacio creado especialmente para niños y jóvenes en el cual pudieran sentarse a revisar y leer los libros que les interesaban, en el que dialogaran con los autores de aquellas obras que les habían hecho soñar, y pudieran admirar las ilustraciones fuera del formato libro, como el arte plástico creado para ellos. Un espacio en el que los niños tuvieran contacto con una lectura no escolarizada, que pudieran escuchar la literatura por el gusto de hacerlo, sin la obligatoriedad de leer. En el que la familia, los adultos, los padres, los abuelos, recordaran el placer de escuchar un cuento, revivieran la fiesta que significa la palabra literaria, que volvieran otra vez a su infancia y rieran y se asustaran, y que además de disfrutar, se entusiasmaran con leer a sus hijos en sus casas, con el acto de trasmitirles el amor por la lectura con su propia voz.

El Maratón del cuento fue pensado al inicio como el modesto sueño de leerles cuentos a los niños, en un lugar para nada modesto, una joya de cristal enclavada sobre uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: la loma del Itchimbía. Eso y el que Girándula, IBBY Ecuador, no estaba formada solamente por escritores, sino por todos los actores relacionados con los libros de literatura infantil y juvenil, hizo que nos replanteáramos el evento de manera que todos quienes hacemos la organización: escritores, ilustradores, editoriales y librerías tuviéramos un papel destacado en el mismo. Por ello ya el primer Maratón, en el 2006, tuvo feria del libro en la cual los editores y librerías socias de Girándula pudieran exponer la producción anual de los autores nacionales y las últimas propuestas de diferentes editoriales internacionales; exposición de ilustraciones de libros para niños y jóvenes, nacional e internacional; lectura de cuentos por parte de los propios autores, para el año siguiente enriquecida con la presencia de invitados especiales entre ellos: cantantes, actores, conductores de televisión y radio, deportistas, reinas de la ciudad, políticos, quienes aceptaron encantados nuestra invitación y se prepararon con especial dedicación para leer los cuentos con verdadera maestría. A nuestros aliados fundamentales, los colegios en los cuales se leen nuestras obras les propusimos algo especial: una Exposición de periódicos murales en los cuales pudieran compartir con el público y con otros maestros las diferentes maneras en que ellos hacen que sus estudiantes se enamoren de la lectura.

Y cada nuevo año concursos de diferente tipo: de personajes de los cuentos, de fotografía, de ilustración, de los stands que mayores facilidades dieran a los niños para su acceso a los libros, con la idea de vivir la literatura desde diferentes espacios y disciplinas.

El MARATON DEL CUENTO: ECUADOR UN PAÍS QUE LEE, el evento de promoción lectora más grande e importante del país, se ha realizado por 7 ocasiones en Quito, este es el octavo año; 4 en Cuenca, 1 en Loja, 1 en Guayaquil y 1 en Azogues, eventos en los cuales hemos contado con la asistencia de más de 250 000 personas.

Pero no todo ha sido magia y fantasía, pues además de compartir con nuestro público y promocionar la lectura entre ellos y los miles de personas que durante estos años han escuchado hablar del maratón, (calculamos que gracias a la difusión del evento por radio, prensa y televisión hemos tenido audiencia entre directa e indirecta de más de 2 millones de personas) le hemos dado mucha importancia a la capacitación y a la reflexión teórica en diferentes temas ligados a: la lectura en el aula y en el medio familiar, la escritura literaria, la producción editorial, el rol de las librerías y los medios de comunicación en la promoción lectora, el manejo de bibliotecas, la ilustración, entre otros. Y en diez eventos académicos: congresos y seminarios internacionales hemos contado con la presencia de especialistas de la talla de Teresa Colomer, Jaime García Padrino, Elisa Yuste, María Beatriz Medina, Pablo Amargo, Javier Zabala, Rui de Oliveira, Ángela Lago. Tuvimos además un Encuentro de Escritores de literatura infantil de Europa y América con Gonzalo Moure, Liliana Bodoc, Irene Vasco, Marina Colasanti, Triunfo Arciniegas, Enrique Pérez, Francisco Hinojosa, Laura Antillano, entre otros. En todos los eventos han participado, de igual forma los escritores y especialistas del Ecuador.

Todos los años hemos hecho, además especial énfasis en la capacitación de estudiantes de diversas carreras pedagógicas en lectura en voz alta, estrategia privilegiada de la promoción lectora. En estos eventos, uno de los cuales tuvo una duración de seis meses, han participado estudiantes de las principales universidades del país.

Para que todas las familias que vinieran al maratón tuvieran una historia que leer esa noche, en cada uno de los eventos regalamos un cuento en forma de minilibro a cada uno de los niños y niñas que asistían a la programación. Con este fin hemos publicado 60 cuentos interculturales inéditos, escritos e ilustrados por los miembros de nuestra organización, que son un aporte valioso para la reflexión y conocimiento de la rica configuración cultural de nuestro país. De cada uno de ellos se han impreso entre 20 y 50 000 ejemplares. Estos cuentos se han repartido, además, en las Ferias del Libro organizadas por el Ministerio de Cultura tanto en el país como en el Perú, en Bolivia y en Colombia.

El Maratón del cuento, que es la principal estrategia de Girándula para la promoción de la lectura, y que tiene entre otros objetivos hacer visible la importancia que tiene la lectura de literatura en la formación intelectual y emocional de niños y jóvenes, y difundir la cada vez mayor producción de literatura infantil en el país, es un fenómeno que responde a la etapa de florecimiento de la literatura para niños y jóvenes que está viviendo nuestro país, que, aunque entró con retraso, a mediados de los años 90, en una aventura que en Argentina, Brasil y Cuba se inició en los años 60:, y en Colombia, México y Venezuela en los 80, goza ahora de buena salud y tiene cada vez más lectores y una producción de calidad a nivel literario, de ilustración y de edición.

El Maratón del cuento se parece a Navidad, todos están felices y nos dan regalos, dijo un niño, mientras miraba maravillado los stands de la feria con sabor a fiesta, los miles de libros expuestos, las ilustraciones, la gente disfrazada de personajes de los cuentos; después de haber escuchado a su escritora o escritor favorito y de que éste le hubiera firmado un libro. Ese niño que en su primera visita tenía siete años tiene ahora catorce y es un adolescente lector con gustos y criterios literarios formados. Y ese es uno de los aportes más importantes de este evento y del desarrollo que ha alcanzado la literatura infantil y juvenil: el entregar al país una generación formada de lectores interesados, ávidos y curiosos.

Falta, por supuesto, mucho camino por recorrer, hay todavía miles de niños que no leen porque no tienen acceso a libros de literatura y porque no tienen maestros que los entusiasmen con la lectura; hacen falta más bibliotecas públicas y escolares y muchos eventos de este tipo en otras ciudades del país, nosotros como Girándula seguiremos empeñados en el esfuerzo de multiplicar esta fiesta de la palabra, de hacer del Ecuador un país que lee.


Por lo pronto, este año, Quito se ha vuelto a vestir de palabras, de ilustraciones, de sueños: dulces, traviesos, tristes, misteriosos, radiantes, curiosos. Hemos disfrutado otra vez la gran fiesta anual de la lectura, esperada por familias, niñas, niños y jóvenes . El Maratón del Cuento, Quito, una ciudad que lee, que va ya por su octava edición, está otra vez entre nosotros.

©Leonor Bravo

domingo, 19 de mayo de 2013

Juan Bosch en la literatura infantil por Miguel Collado


Esa profunda sensibilidad social y humana que toda la vida, y de manera ejemplar, caracterizó la personalidad de ese extraordinario ser llamado Juan Bosch (1909-2001), fue puesta de manifiesto por este gran hombre no tan sólo en su actitud ante los desgarradores problemas sociales y políticos de su pueblo y de todos los pueblos hermanos de América Latina, sino también en su justa valoración de la niñez. Y es que Don Juan sintió un amor especial hacia los niños, amor del que pueden dar testimonio aquellos que lo conocieron de cerca y que tuvieron cierta aproximación a su entorno familiar. Su capacidad para comprender el mundo de los infantes era admirable. En Simón Bolívar, biografía para escolares (Caracas, Editora Escolar, 1960, p. 16) él nos dice: “Cuando un niño nace, nadie sabe lo que hará en la vida. Por eso cada vez que un hogar se enriquece con uno, es como si naciera una esperanza para el mundo”.




Bosch y el primer libro de cuento infantil

El título de esta breve reflexión sobre la presencia del insigne escritor Juan Bosch en la literatura infantil dominicana nos trae a la memoria una extensa y hermosa historia infantil, ambientada en esa mágica época del año que es la Navidad, publicada por el maestro del cuento hispanoamericano en 1956. Nos referimos a Cuento de Navidad, obra editada en Santiago de Chile por la editorial Ercilla y con la que Bosch se convierte en el primer escritor dominicano en publicar un libro dentro del género denominado cuento infantil.
Dos años después, en 1958, la Editorial Cordillera de Caracas (Venezuela) es la responsable de la segunda edición de Cuento de Navidad. En una breve nota de los editores que aparece en la cubierta ilustrada de la tapa se dice lo que a continuación citamos:
“Este encantador Cuento de Navidad está llamado a causar una inolvidable impresión en sus lectores, sean niños o adultos. Se cuenta en él, con el más exquisito buen humor, la historia de los Reyes Magos y de San Nicolás, la misma leyenda milenaria que los pueblos católicos han venido oyendo desde tiempo inmemorial; pero en este libro esa leyenda, sin perder nada de su conmovedora ternura, tiene una atmósfera nueva. Gracias a ella nuestros antiguos conocidos –Dios, San Gabriel, San José, Gaspar, Melchor, Baltasar, el anciano San Nicolás- se convierten en amigos, se tornan en personajes de nuestro mundo emocional; cada uno de ellos tiene características que lo hacen familiar y lo humanizan”.
Con Cuento de navidad inicia Juan Bosch la publicación de libros de cuentos infantiles en la literatura dominicana, pues aunque de 1923 son los Cuentos de la nana Lupe, del gran humanista dominicano Pedro Henríquez Ureña, dichos textos vieron la luz pública de manera dispersa, no en volumen, en el periódico El Mundo, de México, país donde Henríquez Ureña vivió durante varios años, realizando allí una fecunda labor educativa y cultural. Bosch y Henríquez Ureña mantuvieron, desde 1932, una relación de amistad basada en la admiración y en el respeto mutuo.

Bosch y sus primeros textos infantiles

Constituyó para nosotros una indescriptible y agradable sorpresa el hallazgo, en 1999, de tres cuentecitos infantiles, más bien fábulas, de la autoría de don Juan : “El General Don Gallo” y “Don Gato y Don Ratón” fueron publicados por él, con el seudónimo de “Juan Niní”, en el número de la revista Alma Dominicana correspondiente al bimestre septiembre-octubre de 1934, específicamente en la sección titulada “Por el niño y para el niño”; y “El negocio de doña Hormiga” apareció, firmado con el seudónimo de “Juanito Niní”, en el mismo órgano, pero en agosto del citado año. Ninguno de esos textos narrativos ha sido recogido en volumen, lo cual consideramos injusto.
De los tres cuentos, “El General Don Gallo” nos parece el más interesante por su contenido reflexivo y su valor didáctico. El cambio de actitud de Don Gallo al tomar conciencia de lo negativa que es la vanidad, transmite una hermosa enseñanza válida para los infantes, pero también para los adultos. Leamos la parte final del cuento:
“Cuando volvió al pueblo, era ya tan viejo que no podía con el machete y casi no veía, a pesar de haberse comprado unos espejuelos muy buenos en la tienda de Doña Pata. Entonces se quedó asombrado, al comprobar que ya la señorita Polla era una madre de familia, con once pollitos de los más graciosos, que ni siquiera quiso oírle.
“Don Gallo, pues ya no quería ser General, colgó su viejo machete de un clavo, en un palo del patio, y decidió hacerse maestro de escuela. Y lo que enseñaba, sobre todo a sus discípulos, que eran jóvenes gallitos muy emperifollados, era esto:
—Si no dejan de ser vanidosos, pueden fácilmente perder la cola cuando menos: La vanidad, amiguitos, conduce infaliblemente, a la olla o al ridículo”.




Bosch y su último cuento infantil

En 1983, específicamente el 16 de julio, el suplemento cultural Isla Abierta, del diario Hoy, publica el cuento “El culpable”, último texto infantil escrito por Juan Bosch a solicitud del ilustre escritor Manuel Rueda, quien era el editor de dicho suplemento. Ese cuento fue recogido, luego, en la antología Cuentos dominicanos para niños, editada por Jacinto Gimbernard Pichardo en el año 2000 bajo el auspicio de la Fundación Corripio.
En su valiosa obra Juan Bosch: Imagen, Trayectoria y Escritura. Tomo I: Imágenes de una vida (Santo Domingo: Comisión Permanente de la Feria del Libro, 2000), Guillermo Piña Contreras se refiere a ese cuento en los siguientes términos:

«"El Culpable", escrito a petición del poeta Manuel Rueda para incluirlo en una antología para niños, representa una suerte de construcción en abismo de las razones por las que abandonó la literatura: se trata de un viejo que había ganado fama entre sus familiares como creador de historias que fascinaban a los niños, hasta el día en que contó a uno de sus sobrinos la última historia que había inventado, la de un brujo capaz de transformarse en lo que quisiera. Al notar que a su sobrino no le llamaba la atención la habilidad del personaje y que, además, le replicaba con insolencia que lo que hacía el brujo no tenía nada de extraordinario porque Supermán lo hubiera hecho mejor... El viejo narrador se enfada.
¿Qué nos quiere decir Bosch con esta historia 19 años después de haber escrito "La Mancha indeleble"? –se pregunta Piña Contreras, y él mismo contesta-: Las interpretaciones son múltiples, aunque nos quiere hacer comprender que la literatura actual había evolucionado tanto que no era posible hoy una literatura como la que él hacia cuando interrumpió su obra de ficción. Ahora había otra mentalidad, otra literatura latinoamericana, la que hacían Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, entre otros. "El Culpable" es en realidad una picada de ojo, a buen entendedor... »



Bosch y la leyenda

La leyenda es una narración fabulosa, mezcla de ficción y realidad, a veces de superstición y verdad histórica, que se transmite de manera oral y que, luego, los narradores la recrean y transmiten en forma escrita, constituyendo valioso y entretenido material de lectura que despierta el interés de los niños, de los jóvenes y también de los adultos.
Con Indios: apuntes históricos y leyendas (Ciudad Trujillo: Editorial La Nación, 1935), el insigne maestro Juan Bosch se convierte, hasta donde sabemos, en el primer escritor en escribir, y dar a conocer en volumen, leyendas con las que, al decir de Manuel Antonio García Arévalo,
“Enriqueció el acervo histórico y literario dominicano en una época en que el Indigenismo representó la búsqueda de nuestra identidad cultural, a través del rescate de las tradiciones, costumbres y leyendas de Quisqueya” (“Presentación” de la segunda edición de dicha obra: Santo Domingo, Ediciones Fundación García-Arévalo, 1985, pág. 10).

Son tres las leyendas contenidas en la obra de Bosch: “La ciguapa”, “El destino de la tierra” y “Atariba”. De esta última, quien luego habría de convertirse en uno de los máximos exponentes del cuento hispanoamericano, publicó una versión para niños bajo el título de “Cómo nació la Luna”, aparecida, en 1935, en la revista Alma Dominicana. Leamos un breve fragmento de la versión original de la leyenda “Atariba”:

“Niguayona lloraba de alegría.
—¡Oh padre río, padre río! —dijo—: déjame pasar, que debo encontrar caimoní para la niña Atariba.
—¡No! —dijo el río con un vozarrón que asustaba—. Con esta luz podemos encontrarle en mis orillas. Súbete en mi lomo; yo te llevaré.
El niño pensó que estaba soñando. Pero subió en el lomo del río y vio cómo los árboles de las orillas se quedaban atrás, atrás, atrás. Iba sobre las aguas, como una hojita seca, y cruzada chorreras, charcos hondos, recodos y revueltas. Siempre estaba a su lado la anona, como si hubiera caído en el río sin dejar de estar en el turey.
A mucho andar habló el río.
—Voy a detenerme aquí para que busques caimoní —dijo—.
Niguayona se impresionaba con aquella voz tan potente, que llenaba de rumores todo el bosque, hacía mover las hojas de los árboles y despertaba a los buenos pajaritos. Pero correteó sobre el río, medio loco de contento. Buscó entre arbustos, entre troncos, entre raíces. Encontró al fin fruta. Su contento era tan grande que desramó el arbolito para arrancarle los racimos del rojo caimoní.
—Padre río: los dioses te bendigan. Yo vuelvo a curar a Atariba.
—¡No! —rugió el Río—. Ven sobre mí, que te dejaré cerca del poblado.
De nuevo subió al lomo de las aguas el indiecito Niguayona. El padre río iba de rodeo en rodeo, camino del lugar”. (En: Indios: apuntes históricos y leyendas. 2 ed. Santo Domingo: Ediciones Fundación García-Arévalo, 1985, págs. 77-78).

Conclusión

Con la publicación, en 1934, de los tres breves cuentos infantiles en la revista Alma Dominicana; la publicación, en 1935, de su leyenda “Cómo nació la Luna” en esa misma revista; y la aparición, en 1956, en volumen, de su Cuento de Navidad, Juan Bosch ocupa un lugar pionero en la literatura infantil dominicana desde el punto de vista histórico-bibliográfico.


Miguel Collado
MIGUEL COLLADO es uno de los principales bibliógrafos de República Dominicana. Preside el Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas (CEDIBIL) y es asesor de la Biblioteca Pedro Henríquez Ureña, además de ser autor de varios libros.

http://www.hoy.com.do/areito/2008/8/29/245427/print

http://editorialsantuario.blogspot.com/

viernes, 17 de mayo de 2013

María Taquitos, por Giovanny Cruz (Presentación)

Portada de la obra. Clara Luz Lozano, autora.
El gran contador de cuentos dominicano Juan Bosch, solía decir que contar es llevar cuentas…. y, específicamente, llevar cuentas ajenas. Ciertamente que cuando los escritores relatamos lo que en realidad estamos haciendo es llevando las cuentas de otro.
Hay características generales sobre el cuento que están harto citadas, por lo que no juzgo necesario recordarlas.
Sin embargo, en el caso particular del cuento infantil, estas características son muy especiales, porque a quienes van dirigidos, fundamentalmente, estos tipos de relatos, es a lectores que aún están desarrollando sus gustos literarios, cambia por tanto, la manera de captar los símbolos, de seguir las historias y de llegar a través de ellas a conclusiones muy especificas.
Esto de escribir cuentos para infantes no es algo que podemos hacer a la ligera. Es algo muy serio que requiere de mucha honestidad, conocimientos literarios y de la sicología infantil.
Es necesario dominar, al menos, las características generales antes de iniciar la hermosa aventura de escribir cuentos para nuestros niños.

Veamos algunos aspectos de las características que he aludido:

—En el cuento infantil la historia no debe dar muchas vueltas. Tampoco debe alargarse. Es decir, como ya han escrito expertos en la materia: este tipo de cuentos debe tener continuidad y rapidez.

—La repetición de las acciones es mandatorio. Nunca debemos olvidar que el lector a quien dirigimos estos cuentos, aún no desarrolla todo el potencial de la concentración. Así las cosas, este requiere que le vayan, en el cuento, refrescando los acontecimientos importantes.

—La secuencia debe ser clara y directa.

—El protagonista debe ser identificado inmediatamente. El lector no debe tener ninguna duda de con cuál persona, animal o cosa se va a identificar.

—La estructura del cuento infantil, y esto es trascendental, preferiblemente debe ser llana y con pocos misterios. Cuando colocamos estos últimos no debe haber mucha dificultad para descifrarlos.

Los clásicos, y más conocidos, autores de cuentos infantiles son:

Hans Christian Andersen, autor, entre otros muchos cuentos, de: Abuelita”, “El abecedario”, "Siete cabritos", “El abeto”, “Almendrita”, “El ángel”... obras que no requieren especiales conocimientos literarios para disfrutarlos y captar la sicología de su lectura.

Los hermanos Grimm, que escribieron:“Hansel y Gretel”, “El lobo y los siete cabritos”,“Blancanieves y los siete enanitos”; etcétera.

Charles Perrault,que escribió “La Cenicienta” y “La Bella Durmiente", entre otros.

Pero hay otros escritores emblemáticos que han escrito cuentos para infantes:

Andrei Gorbovsky, Adolfo Bioy Casares, Alejo Carpentier, Alexander Beliaev, Alfredo Julio Grassi, Allen Kim Lang, Ana María Matute, Ana Rosseti; entre otros y otras.

En “María Taquitos”, el cuento de la actriz, dramaturga y narradora Clara Luz Lozano, concurren las características del buen cuento literario infantil.

“María Taquitos” es un relato lleno de imágenes y símbolos, que al leerlo nos queda la sensación de que lo estamos viendo como en redondas pinturas sucesivas. Nos habla de las ilusiones y de los recuerdos compartidos, de la asombrosa manera de cómo una niña, María, logra rescatar, primero, y preservar luego, sus mejores recuerdos. También nos cuenta de las ilusiones y quereres, de los viajes interiores que puede realizar cualquier niño para construir su particular y singular universo de fantasías, formas, colores, recuerdos, medios y leyendas.
En el mundo mágico que construye la María Taquitos, de Clara Luz Lozano, no hay lágrimas ni tristezas. Añoranzas, sí, por la madre amada y nunca olvidada.
Desde luego que María Taquitos, el personaje protagónico del cuento, no se queda, escapada, viviendo entre las nubes. ¡No! Solo va a ellas procurando lo mejor de sus emociones. Por aquello de que en el presente no podemos proyectarnos convenientemente hacia el futuro si no construimos la estratégica base en el pasado.
Nuestra María Taquitos viaja al espacio, ciertamente; pero regresará a nosotros para reír a carcajadas, para cantar y contar las alegrías conquistadas en su viaje; absolutamente reconciliada con el sencillo, pueblerino y particular universo que le rodea. Eso sí, ya nadie le podrá arrebatar esas ilusiones e imágenes que en sus nubes interiores ha conseguido. Estas, se quedarán dentro de ella como tesoro bien guardado en su cofre interior.
Por supuesto que en el cuento de Clara Luz Lozano se aprecia una cuidadosa y vasta cultura de literatura infantil, que como ya dije es la que requiere de mayores y delicados cuidados.
Con estos parámetros, Clara Luz construye cada palabra, cada imagen, cada símbolo y toda la historia de ese venturoso mundo mágico del que nos habla la ya para mí inolvidable María Taquitos.
Cabe destacar las delicadas y justas ilustraciones de “María Taquitos”, realizadas magistralmente por Adela Dore. Estas ilustraciones proporcionan, indudablemente, un atractivo adicional al relato que, por supuesto, celebro. Más celebrarán los lectores infantiles a quienes en verdad está dirigida esta joya de literatura infantil, escrita por una artista dominicana. No obstante, en lo que podemos llamar la “arquitectura interior” del cuento, encontramos imágenes encantadoras que la artista gráfica Adela Dore inteligentemente descubrió y colocó en la superficie material del relato impreso.
Hace un tiempo que dejé de ser niño, pero con “María Taquitos” regresé, de repente, a las ilusiones y fantasías de la infancia. Clara Luz, por breves momentos, me obligó a ser nuevamente niño. Estén seguros que les pasará lo mismo.
Cuando crecemos, adquirimos una nueva familia; pero, sin dudas, algo perdemos durante todo el trayecto hacia la adultez. Entre los tantos valores que descubro en “María Taquitos” está, precisamente, el del reencuentro con lo más puro del pasado. Por eso, aún como adulto, disfruté de la lectura de este cuento de Clara Luz Lozano.
Empero, debo admitir que, definitivamente, este cuento no fue escrito especialmente para mí; sin embargo, cuánto he disfrutado al leerlo. El gozo que me ha producido esta muy valiosa joya de la literatura infantil, me obliga a agradecer a Clara Luz Lozano la hermosa aventura que resultó ser adentrarme en este especial relato. Tanto, que no he podido evitar, desde que concluí la última lectura que hice del cuento, repetir en mi cerebro su hermoso colofón:

María Taquitos
María Tacón,
subió a las nubes
sin ser avión

Pegó un brinquito
que la elevó.
Con su mamita
cantó y bailó.
Zapataquín, zapatacón,
que ya este cuento

se zapateó.



GIOVANNY CRUZ es actor, director y dramaturgo.

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lunes, 8 de abril de 2013

Presentación del libro "No puedo tocar el piano", de Darihanna Mesa Florentino por Brunilda A.. Contreras N.

Darihanna Mesa Florentino autora de "No puedo tocar el piano".


La vida es poesía en sí misma, y con inocencia se expresa por doquier. Solo faltan quienes sean capaces de interpretarla, mediante el lenguaje de los dioses que son las metáforas. Hace falta pues, un alma sensible que perciba la realidad que pulsa detrás de una forma, densificada por el limitado alcance de los sentidos físicos con sus reportes frecuentemente falseados.

Y en el ámbito de la literatura infantil, hace falta un ojo capaz de describir la danza de un colibrí mientras corteja una flor, y unos oídos que escuchen el canto de un río cuando se deja acariciar por el juego coqueto de las ondinas y las nereidas que lo pueblan. Es preciso que alguien interprete los dulces susurros del viento y de sus vaporosas sílfides con sus innumerables historias de amores recogidas en sus múltiples andanzas. Y que hable con los duendes que tiñen de violeta las remolachas y de oro rubí las zanahorias. Y hace falta también quien sea capaz de describir las mágicas danzas que realizan las salamandras, mientras llenan de fuego la existencia humana. Hace falta, pues, el poeta. Ese ser tan reconocido ―y hasta venerado en otros tiempos—, que  llegó a equiparársele con un profeta.

Sí, faltan los cantores, los que con alma sublime perciban las  maravillosas expresiones poéticas del mundo, con los ojos abiertos de la imaginación, y sin encapsularlas, las acomoden con gracia en esos mágicos continentes que son las palabras.

Con profundo regocijo, hoy les presentamos a una poetisa en ciernes: Darihanna Mesa Florentino, quien ha tenido el inmenso privilegio de nacer en una familia amante de la palabra bien expresada y, por tanto, de escuchar poesía desde que estaba en el vientre de la madre, ya que, como expresa Juan Cervera, autor español de literatura infantil y juvenil:

 “El lenguaje de la poesía lo primero que produce en el niño es un agradable distanciamiento muy ilustrativo. Por pequeño que sea el niño, ante cualquier muestra de poema que se le ofrece, intuye que hay algo diferente. La disposición métrica de las voces acarrea sorprendentes asociaciones fónicas que se le antojan juegos, la inusual ordenación de las palabras provoca llamativas construcciones sintácticas, anómalas.

El recurso del lenguaje figurado sugiere significados nuevos. Y por más que el niño no entienda ni sepa explicar todos estos fenómenos, es evidente que en la globalidad del discurso descubre rasgos diferentes que en el lenguaje corriente”.

Y esto lo ha percibido la conciencia de esta niña, cuya sensibilidad se desvela en los rasgos de su producción poética, en la que con sorprendente frecuencia emerge el elemento agua, símbolo universal  de los sentimientos y de las emociones: …. “extraño caminar sobre las olas del mar…”  “soñaré volar en un caballo azul para que el cielo no caiga y se  pierda entre las montañas lluviosas…” “busco la lluvia en tus ojos… “y sobre él lluevan lágrimas de tus ojos… y tantos otros versos  más.

Darihanna se sabe poesía, porque es vida. Vida que se expresa en la interrelación de todo lo que existe:

“voy a dibujar un lápiz sobre sus letras…”
“y las letras dibujando un lápiz…”
“voy a dibujar un lápiz escalando montañas
Y las montañas escalando al lápiz escribiendo”

Su poesía revela  la permanente incertidumbre de la existencia humana, por los imprevistos de la vida, que muchas veces ante la imposibilidad de resolverlos,  se nos antojan misterios… la violencia, el hambre, el desamparo de los niños… lo que cree comprender,  lo que no comprende,  lo que verdaderamente comprende, lo que la inquieta, lo que la hace feliz y lo que  eleva su alma… todo cabe en su creación poética que,  muchas veces, de repente nos sorprende con versos que escapan a los dominios de  su corta  edad:

“…extraño tu mirar reflejándose en mi espejo
Cuando volábamos en la oscuridad
Extraño tu amor que no podré dejar escapar”.

Darihanna tiene la bendición de unos padres que atentos observan el desarrollo de su vida, para guiarla por los mejores senderos, mientras ella, teniendo como norte escritores de la estatura de René del Risco, José Mármol, Víctor Villegas y  Ángela Hernández, por solo citar algunos, nos invita  a colocar la atención en dos de sus cualidades sobresalientes: el amor por la literatura y la constancia, esta última, escasa cualidad en el ser  humano.

La constancia habla de la disciplina que es la más bella manifestación de amor y respeto hacia los demás, y que, conjuntamente con la capacidad creadora, permite que el cerebro trabaje íntegramente y ofrezca un resultado acabado, en el que quede evidenciada la participación del hemisferio derecho, con su cuota de imaginación y creatividad, y  la del izquierdo, con su aporte lingüístico, su  coherencia, cohesión y lógica.

A su corta edad, Darihanna parece intuir que no basta con “invocar” a la musa, sino que es preciso, establecer amistad con ella, escucharla, asimilar sus sugerencias y convidarla a reuniones que se hagan  cada vez más frecuentes hasta  que lleguen a convertirse en cotidianas.

Ojalá que Darihanna también intuya que la vida es un salón de clases permanente y que cuando no aprendemos una lección, nos vemos precisados a repetirla. Que la vida es un continuo fluir, que lo único permanente es el cambio. Ojalá que desde ahora, Darihanna comprenda que la perfección ha de ser  una aspiración, porque quien cree que la ha alcanzado, está perdido para siempre.

¡Mis felicitaciones para ella y para sus afortunados padres!

Muchas gracias.

Brunilda A. Contreras N.

Santo Domingo

2 de abril de 2013

miércoles, 3 de abril de 2013

Darihanna Mesa Florentino, niña dominicana de mente prodigiosa. Por Miguel Collado



Darihanna Mesa Florentino, escritora y poeta.


Poner de manifiesto un talento artístico a temprana edad no es suficiente para ser considerado un prodigio; no basta con escribir versos o con tocar un instrumento musical a los seis o siete años de edad.

El resultado de la puesta en vigor de ese talento debe reunir ciertos niveles de calidad estética, cumplir con ciertos requisitos del género artístico de que se trate: si es en la poesía, hay que observar si hay belleza en la construcción de las imágenes, si hay acierto, por ejemplo, en la adjetivación o en el uso de los traicioneros adverbios; y —algo esencial— guardarle respeto a la normativa gramatical de la lengua en que se escribe. Si es en la música hay que ver en qué forma se da la armonía entre los sonidos y el tiempo, aspecto fundamental en ese bello arte.

En esto de los prodigios hay otro aspecto importante —a nuestro humilde modo de ver— que merece ser destacado: la constancia. Que un niño o una niña inicie tu quehacer literario en la temprana niñez y que continúe cultivando la literatura en la adolescencia hasta convertir en oficio ese quehacer en la adultez, para nosotros es de vital relevancia a la hora de considerar como un prodigio a ese o a esa infante.

En la literatura universal encontramos pocos casos de literatos prodigios, muchos de ellos perdidos en el tiempo. En la literatura contemporánea, muy pocos; y en la literatura dominicana mucho menos.

Es preciso mencionar el caso dramático de Ana Frank (1929-1945), niña alemana de origen judío, quien murió a los 16 años en el campo de concentración nazi durante la cruenta Segunda Guerra Mundial. Es célebre por su conmovedor “Diario de Ana Frank”, publicado por su hermano Otto dos años después de su trágica muerte. Toda su familia había sido capturada y llevada a distintos campos de concentración alemanes. Sólo su hermano quedó con vida.

Pedro Henríquez Ureña es un buen ejemplo de mente prodigiosa. A los 13 años -en octubre de 1897- tradujo el soneto “Aquí abajo” del poeta francés Sully Prud'homme (1839-1907):

“Aquí abajo las lilas todas mueren,
de las aves los cantos breves son,
¡ay! con estíos que subsisten siempre soñando voy…

Aquí abajo los labios todos queman
Sin de su suavidad nada dejar;
Y yo sueño con besos que no sean cueles jamás…

Aquí abajo los hombres todos lloran
Sus perdidos amores y amistad;
Yo sueño con amantes que se adoran
Eternamente con pasión igual!...”

Al escritor argentino Guillerno Martínez (1962-), quien a los 14 años escribió su libro de cuentos “La jungla sin bestias”, con el que obtuvo el Premio Nacional Roberto Arlt en la categoría juvenil en Argentina, se le consideró un escritor prodigio; y Helene Hegemann fue considerada “niña prodigio de la escena creativa berlinesa” en Alemania, al dar a la luz pública, a los 17 años de edad, su libro “Axolotl Roadkill”, que es “una narración sobre un grupo de adolescentes en Berlín”.

Hay otro caso, más reciente, de niña prodigio: en Bolivia, específicamente en San Luis de Potosí. Se trata de Andrea Martínez Jiménez, quien escribió su primer cuento a los 6 años y a los 8 su primer libro, titulado “La tierra es feliz con todo lo que hay”. En 2010, a los 10 años de edad, publicó su segundo libro: “Un viaje a la felicidad”, cuya historia —según reseña la prensa virtual— “nos transporta a un mundo a través de los ojos infantiles”.

Tienen Andrea y Darihanna Mesa Tolentino (San Cristóbal, República Dominicana; enero 1 de 2001) algo en común: buenos mentores literarios, buenos orientadores, pero no tan sólo en el aspecto intelectual sino, también —y muy importante— en el aspecto moral, en la educación basada en valores.

A Andrea la guían y la orienta su tío Rafael Jiménez Cataño, filósofo y profesor universitario; mientras que Darihanna tiene a sus padres como mentores, quienes poseen la sensibilidad literaria y la pasión cultural suficientes para servirle a ella de excelentes modelos: el escritor Ramón Mesa y la gestora cultural Ysabel Tolentino de Mesa realizan, desde hace años, una ejemplar labor de formación literaria en su comunidad al frente de la Fundación Literaria Aníbal Montaño. El ejemplo enseña.

Tenemos en la joven autora Darihanna Mesa Tolentino una revelación temprana de genialidad, pues junto a la calidad que alcanzamos a ver en su obra literaria, además de su constancia en el quehacer, también observamos en ella un temperamento, una actitud hacia las letras que constituirá, en el futuro, un factor relevante en su accionar en ese mundo tan complejo como es el de la literatura. Sus diversas publicaciones, con solo 12 años de edad, le auguran un futuro promisorio: “La niña de agua” (2008, cuentos); “Mis versos se borran” (2009, poesía); “Darihanna Mesa Florentino: escritora” (2010, poesía); y “No puedo tocar el piano” (2013, poesía), de reciente aparición.

Si en Bolivia tienen a Andrea, en República Dominicana tenemos a Darihanna. En mayo de 2008, cuando aún no había alcanzado los 8 años, ya anunciaba lo que está siendo hoy:

LA LUNA

“Blanca, blanca…
¡qué linda es la Luna!
Brillo, brillo…
¡qué brillante es el Sol!
Negro, negro…
que le temo a la oscuridad”

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