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lunes, 27 de junio de 2011

Palabras del Dr. Marcio Veloz Maggiolo en la puesta en circulación del libro: Literatura Infantil y Desarrollo Creativo de Margarita Luciano y Eleanor Grimaldi (1996)


Literatura infantil y desarrollo creativo

Margarita Luciano y Eleanor Grimaldi han dedicado su vida a los niños y han hecho de la Literatura Infantil uno de sus caminos favoritos. Pero no sólo son dos profesoras que han elaborado el cuento y la literatura de este género, sino que han intentado hacer de este tipo de manifestación algo con sentido educativo, basándose en la importancia del mensaje, y en aquella parte de la vida infantil en la cual es posible hacer que el mensaje produzca positivos resultados.
De modo que este libro titulado Literatura Infantil y Desarrollo Creativo no es sólo una obra creativa a su vez, sino un texto llamativo que nos propone como llevar al niño, y al adolescente a veces, hacia un conocimiento de la literatura, generando para ello técnicas y modelos que el maestro y el enseñante pueden ejercer como una guía suave para el logro de verdaderas conciencias.
Este libro despierta muchas inquietudes. Los que escribimos textos para niños lo hacemos en ocasiones colocándonos en lugar del lectorcito que habrá de leernos. A veces intentamos infantilizarnos, descender a la infancia y a la vez que lo hacemos, nos contamos a nosotros mismos la historia que el niño leerá. Todo escritor es también su primer lector. Ahora bien, no todos tenemos la capacidad de ser niños.
La narrativa que creemos infantil algo del adulto y es por eso que no acertamos en ocasiones, una atención válida de seres que por su simplicidad nos obligan a una reformulación literaria.
Este libro de Margarita Luciano López y Eleanor Grimaldi Silié resulta para mí fascinante. No pensé que hubieran técnicas, consejas y modas tan pormenorizadas para escribir de los niños y para los niños. El libro me ha permitido comprender que escribir para la infancia es una responsabilidad enorme, y que al hacerlo, debemos tener en cuenta muchos de los consejos que las autoras dan al maestro que intenta iniciar a sus pequeños en la lectura.
Para ellas lo primordial de una buena literatura infantil o dedicada a los infantes, es el aspecto creativo. Digo infantil o dedicado a los infantes, porque de pronto he aprendido con ellas, he visto que hay literatura adulta para niños o literatura de adultos para niños y literatura de niños para niños.
La literatura infantil, tiene por tanto, diferentes orígenes, diversos géneros expresivos, y vale la pena apuntar que las autoras consideran que los mismos se expresan oralmente, por escrito, visualmente, audiovisualmente, plásticamente. Sería más que nada una narrativa a través de diversos modos expresivos que recogen diferentes modelos de expresarse si se quiere, porque como bien señalan las autoras, es el inicio de un proceso estético, un comenzar a desarrollar en el niño formas estéticas que serán fundamentales en el transcurso de su vida, y que posiblemente, en muchos casos, abrirán en el nuevo lector una afición permanente al arte, a la cultura, a los contenidos que pudiera tener la literatura en la más temprana infancia.
Este libro didáctico y creativo a la vez, es un acicate para profesores y escritores. Las autoras no se quedan en lo definitocio de sus textos, sino que se adentran en las fórmulas de hacer posible que la literatura produzca sus resultados. Los ejemplos son torrenciales, y el uso de textos casi siempre antillanos, dominicanos y latinoamericanos, entre los que se encuentran algunas de las creaciones de ambas autoras, permite al dominicano un mejor conocimiento de los claros planteamientos que las autoras han desarrollado.
Para el logro de sus ejemplos, el libro acude no sólo a la literatura de autor conocido, sino a la de autor anónimo, rescatando para la infancia nuestra, muchas de las formas folclóricas que han estado vigentes y que comienzan a perderse. Otro punto de interés de la obra es la insistencia en la versión de métricas fáciles y de trabajos de literatura para niños de autores nacionales conocidos.
Las autoras consideran que los lobros que se pueden obtener con la literatura infantil abarcan lo artístico literario, el ritmo de los textos, la musicalidad, generando en el niño múltiples trabajos manuales, de interpretación, de repetición de textos a su modo, incentivando la creatividad al través de los trozos literarios, bajo una dirección bien ejercida en la que es posible además, adentrar al niño, a través de la literatura, en los problemas de hoy, en los valores del paisaje, la ecología, la cultura, el ámbito de su diario vivir, etc.
Estos últimos son los llamados valores humanos, que según las autoras son complementados por los valores didácticos, vigentes en la literatura cuando la misma es enseñada como un modelo analizable. La captación de contenidos explicatiovs y situaciones que enseñan a la vez que son agradables, deben concurrir en la literatura llamada infantil.
Los valores morales, estéticos, así como los hábitos de higiene, alimentación y otros, son un canal que puede aprovecharse en la literatura infantil para entregarle al niño una formal cosecha de recursos que naciendo de lo literario se fijan en su conducta cotidiana.
Para que todo esto sea posible, deberá existir un proyecto de lectura analizado y bien planificado. Entonces ya la literatura infantil no es sólo un goce estético, sino una forma de la educación que enriquece la que pueda ser formal en los programas escolares. El niño desarrollará su capacidad para dilucidar y pensar, su capacidad de resumir, su capacidad de darle sentido.



Como se ve, la literatura infantil ya no nos resulta tan pueril ni tan inocente en el mejor sentido de la palabra. Cuando los que escribimos para niños nos acercamos a la infancia, nos vemos como tales; pero nunca nos preguntamos qué hubiésemos nosotros querido contar, no nos preguntamos qué hubiese sido para nosotros mejor: Oír el cuento de Juan Bobo y Pedro Animal o contar nuestro propio cuento.
Recuerdo que Romeo Martínez, un amiguito de la infancia, se daba a la tarea de contar cuentos sosos, que él se inventaba y que para nosotros no tenían el sabor de los que nos enseñaban los narradores que eran nuestros padres: cuentos de Simbad, cuentos de princesas besadas por príncipes solitarios en blancos y nebulosos caballos. Los cuentos de Andersen y de Grimm de los que nos hablan Eleanor y Margarita se habían alojado en nuestras mentes, ocupándolas de tal manera que las flojas invenciones de Romeo Martínez nos parecían banales. Sin embargo, con los años he pensado que a lo mejor lo que Romeo narraba, producto de su ingenio infantil, sería más auténtico que las princesas de los alemanes y que los animales de Esopo y Samaniego. Romeo no era un escritor adulto que hacía cuentos para niños. Recuerdo que un buen día, doña Gloria Barrios se reía a carcajadas de uno de los cuentos de Romeo. "¡Qué muchacho tan embustero!" -gritaba. Romeo se había refugiado en uno de los callejones de la calle Ravelo y lloraba. Doña Gloria no tenía suficiente imaginación para entender que todos los niños del mundo, cuando narran un cuento de su cosecha, lo dan como cierto. Supimos que Romeo había contado que en la Clínica de Grillo, un médico cubano que habitaba la calle Santiago Rodríguez, había llevado un niño de cuatro años al que aún no le salían los dientes y que el Dr. Grillo había ordenado que se le hiciera una caja de dientes para que cuando fuera creciendo pudiera comer mejor. Romeo, que tenía ocho años, no era como los niños de ahora, criados al borde de un televisor. Su madre, Consuelo, lo foeteaba con una correa de tres flecos cuando llegaba a las nueve de la noche y no se hallaba acostado, y para él, decir una mentira de aquel tamaño era una especie de cuento que lo llenaba de prestigio. Cuando lo encontramos llorando, en vez de acompañarle en su dolor, le hicimos tremenda burla y entonces fue cuando se dio a un llanto que hizo salir a los vecinos y que además, cosa trágica, avergonzó a Consuelo, quien le dijo que "a quién salía tan mentiroso este muchacho de la mierda".
Yo perdí a Romeo en el curso de los años. Me lo encontré en Nueva York un buen día y recuerdo aquel cuento.
-Ya tú vez -me dijo. Me dicen que has escrito muchísimos embustes sobre Villa Francisca y que hasta te ganaste unos premios con esas mentiras... ¡Si hubieras sido hijo de Consuelo odiarías eso de escribir!
Desde entonces he querido creer que toda mentira dicha por un niño es parte de su literatura personal. Que las primeras mentiras son un dechado de imaginación y que a partir de mentir entramos a escribir, a crear. Los novelistas, los poetas, los dramaturgos, cuyas obras se tratan de manera grácil y precisa en este libro que presentamos, son en verdad mentirosos con licencia. Tenemos la desvergüenza de construir una realidad en base a otras, de cambiar, rostros, fechas y hechos, porque la primera vez que mentimos tal vez nos elogiaron, supimos hacerlo mejor que Romeo, menos burdamente, y los elogios se convirtieron, tal vez, en ese primer espaldarazo del cual no tenemos recuerdo, pero que debe estar escondido en algún rincón de la memoria; piedra de recuerdo que un día chispea y desencadena otros recuerdos y hace posible que volvamos a retomar lo perdido.
Presentar un libro no es hacer una crítica, sino un perfil. Pero resulta que esta obra tiene una enorme variedad de características. Creo que es la más completa sobre el tema en la Republica Dominicana. Está hecha con verdadero amor, y será sin dudas un libro de consulta para maestros, padres y para todo el que desee comportarse como un orientador o un creador en lo relativo al niño dominicano.
Vale decir que es un libro hecho con la experiencia dominicana. Que su enorme recorrido por todas las posibilidades históricas, sociales, culturales, de la literatura infantil o para niños, es una garantía de que existe un texto completísimo con el cual podremos inventivar nuestra infancia. Tiene sólo un problema: que para aprender a usarlo hay que leerlo y gustarlo. Una vez hecho este agradable esfuerzo, estaremos preparados para transmitir esas ideas de creatividad y de creación que harán del lector infantil no un ente pasivo, sino todo lo contrario, un activo creador de cultura desde los años más tempranos.

Dr. Marcio Veloz Maggiolo

21 de noviembre de 1996

lunes, 23 de mayo de 2011

MARCIO VELOZ MAGGIOLO Y EL PARADIGMA DE LA LITERATURA PARA NIÑOS EN RD

Veloz Maggiolo no nos entrega una historia del bien contra el mal, esquema más que usado. Teje una filigrana en torno a la posesión del origen de la riqueza (el genio de la lámpara), y por ende de todo cuanto puede soñarse, que no es poco.


Surgido de un error, hice un listado con los autores que han ganado el Premio Anual de Literatura Infantil “Aurora Tavárez Belliard” y me encontré con que faltaban dos años que no tenían nombre en mi lista. Fruto de ello, después de rebuscar en Google y pedir ayuda en mi Facebook y blog, encontré una nota de Jimmy Hungría, en  ttp://buenalectura.wordpress.com/ con una secuencia que me permitió conocer que en el año 2002, el ganador fue Tomás Castro Burdiez y en el 2007, don Marcio Veloz Maggiolo con la obra: La verdadera historia de Aladino. Acabo de leerla y apenas puedo contener mi entusiasmo. A mi juicio, es la mejor obra de literatura infantil y juvenil de nuestro país que he leído. Hoy puedo afirmar que ese es el nivel que quiero para toda la literatura dirigida a nuestros niños y jóvenes de ahora en adelante y qué suerte que un maestro como Veloz Maggiolo se decidiera a mostrarnos el camino.



Basándose en el cuento de hadas rescatado para occidente por Antoine Gallard (Siglo XVIII), quien tradujo Las mil y una noches, obra de donde procede Aladino y Alí Babá y los 40 ladrones, el Dr. Veloz Maggiolo ha creado una novela que estoy segura permanecerá a través del tiempo en el gusto de los lectores y que espero leerle a mis nietos, a los hijos de mis sobrinos, a los niños que me queden cerca, una verdadera joya literaria de la cual me siento más que orgullosa simplemente por haber nacido en esta tierra.

¿Cuento o novela?
Claramente una novela, para mí. Cierto que es de corta extensión (109 páginas), y narra el hecho de cómo sortea Aladino su enfrentamiento a un mago negro con la ayuda del genio de la lámpara, mas a través de estos párrafos  recreamos  las acciones de unos personajes con caracteres definidos dentro de una ambientación y época más que bien descritos.

A diferencia del cuento que es el relato de un hecho que tiene indudable importancia (Juan Bosch), en la novela  los personajes van desarrollando unas conductas que puede manejar el autor como los hilos de marionetas, dando coherencia y veracidad a la trama, pero que le presentan una serie de retos a través de la confección de la narración porque no son marionetas y a veces presentan sus malcriadeza.

El escritor argentino Ricardo Piglia (Buenos Aires, 1941, Premio Planeta 1997) afirma que los personajes son los que hacen la diferencia que caracteriza a la novela y yo le creo porque dice que las aventuras y desventuras de los personajes surge de algo así como “mensajes oraculares y palabras un poco herméticas que llegan de los dioses” a través del relato, y justo eso es lo que yo veo en La verdadera historia de Aladino de Marcio Veloz Maggiolo.

El sultanato de Alharma sus personajes:
Los hechos ocurren en el Sultanato de Alharma donde reinaba Amenábar donde viven...

Sifar salva al padre de Aladino.
Alí Babá cria a Sophar, quien de mayor se casa con Asisa Bajar y adopta el oficio de asaltante del desierto.
Abderramán el joven, heredero del trono usurpado es el sultán de edad similar a la de Aladino (18-20: los cumplen en el transcurso del relato).
Benajamid, el soñador, un ser sin deseos, sin afán de poder.
Ibrahim, el brujo o mejor, mago negro.
Halima era hija de Amenábar; una vez muerto su padre, la obligan a casar con el primer Abderramán y de esta forma se mezclan las sangres de los legítimos y de los usurpadores.
Halima, tiene a la que será esposa de Aladino, princesa indiscutible: Halima, la hermana de Abderramán, el joven.

Otros personajes son: Jusef al Zahir, el de las dos mil mujeres que le rompió un brazo al genio.
Elijah, el constructor (la “botella” más representativa de la historia = funcionario que parasita el estado sin hacer NADA).
Azur ben Azur, el bandido más temible del sultanato.
Ben Lazar, jeque encargado por Abderramán II de la embajada que visitó el palacio de Aladino con fines adversos para el poseedor de la lámpara. 

Y por supuesto: el genio de la lámpara que se ríe de tal manera que se convierte en fenómeno natural.

Un Aladino que le debe algo a Alí Babá
Geográficamente, se nos sitúa en oriente, pero no en China. Aladino no es un plebeyo, sino que desciende de sultanes y por demás legítimos poseedores del poder usurpado por los advenedizos, sanguinarios y nada elegantes beduinos (se tiene o no se tiene) representados por Abderramán el joven.

Hay un sultanato llamado Alharma donde gobierna el sultán Amenábar, quien termina decapitado por una rebelión de beduinos o nómadas del desierto de donde surge el primer Abderraman. Usurpadores oscuros, embrutecidos, echan mano de la represión y la prohibición para acallar sus crímenes y asentarse, echar raíces y cosechar donde no sembraron.



Esto tiene que ver con un mensaje trascendente
El nuevo poder advenedizo lo primero que pretende es borrar la memoria de los legítimos dueños a fuerza de prohibiciones: 

“De este modo se buscaba eliminar para siempre la memoria”.


Pero Alá tenía otros planes
Un hijo del sultán, de la estirpe Amenábar, de unos cuatro años, en medio de la confusión es salvado por un comerciante que al paso del tiempo, no le oculta su origen. El salvador del niño Amenábar lo entrega al famoso ladrón por una transacción comercial. Alí Babá no lo esclaviza, conoce su estirpe y lo educa como a un hijo. Un hijo que “aprende” el oficio de hacer fortuna tomando lo ajeno. Un hijo que en alguna versión de esta historia, puede que heredara las cuevas llenas de riquezas del ladrón más grande de todos los tiempos. Un hijo que, una vez muerto Alí Babá, retorna a la tierra que le vio nacer y dirige sus artes exclusivamente a saquear o mermar la fortuna de Abderramán y los suyos.

 De manera que no es un ladrón normal. Es una especie de justiciero que roba las caravanas del sultán que mató a su padre y le quitó su imperio. Y además, tiene una doble vida, pues se casa con una hermosa Asisa, comerciante ella, que no sabe para nada que su marido es ladrón. Yo diría que Asisa Bajar, que tan importante papel realiza en el Aladino clásico, en la historia de Veloz Maggiolo, que asume ciertos vicios contemporáneos y muy ilustrativos al mostrárnosla como un dechado de vanidad y ambición, pero también como una sobreviviente del engaño, del maltrato y de la tortura.

Originalidad y guiños divertidos
La novela está aderezada con guiños divertidos como un manto tejido con “estrellas de segunda mano”, brisa manchada, “detrás de cada mujer ambiciosa se escondía un hombre con las mismas ambiciones”, un caballo mágico que cuando no era utilizado “se cristalizaba con la espera”, ¡como un biscuit!

Aladino, el viaje iniciático
Los cuentos de hadas o maravillosos están siempre preñados de enseñanzas espirituales. La riqueza de La verdadera lámpara de Aladino me ha deslumbrado.

En la tradición, Aladino es una historia que sirve para reforzar la enseñanza de que el proceso de crecimiento, el paso de la adolescencia a la madurez puede ser doloroso y ciertamente nadie puede vivir por el individuo sus experiencias. Tan sólo se le aconseja para que tenga elementos de juicios a la hora de tomar sus decisiones.

La sapiencia de Veloz Maggiolo ha logrado la obra de literatura infantil y juvenil perfecta para nuestro estadio de desarrollo. Una en la que la diversión parece ofrecer y ofrece verdades que se incorporan como penetran por nuestra nariz los exóticos perfumes del oriente, tras el colorido humo de un sueño.

En el viaje de conocer la vida y su decoración, hay seres que te ayudan y otros que hacen todo lo contrario. Aladino y su madre tienen una vida difícil y pasan justo por arte de magia a ser inmensamente ricos y poderosos, pero también envidiados y objetos de la maldad.

Aladino muestra una personalidad equilibrada. Aquí no hay lamentos ni dramatismos innecesarios en oposición a Abderramán quien es lo más parecido a Luis II de Baviera, loco y un poco adorable. Abderramán no quiere saber mucho del gobierno de su sultanato. Se dedica a cazar estrellas, a cambiar las arboledas de colores, a criar mariposas gigantes... Un evasor que no encaja que alguien tenga más poder y riquezas que él.

En cambio, Aladino acepta las cosas como van pasando, pero su inteligencia está por encima de cualquier defecto de la personalidad, por eso se va llorando en el momento en que recibe y obtiene a la mujer que ama, pues otra mujer amada lo deja a él para vivir una juventud prestada y disfrutar en lugar de cuidarlo. Sabe que está amenazado. Sabe que su vida es un constante sobresalto y su plan para que su lámpara permanezca como propia da resultados, pero el tiempo pasa y termina un plazo. Él va en busca de lo que le pertenece “dejando en manos de Alá toda decisión”, pero actuando en cada momento no cruzado de brazos.

El enlace histórico con la estirpe de la dinastía Omeya en España es digno de mencionar, ya que este fue el primer Emir independiente de Córdova quien después de pasar enormes vicisitudes, sobrevivió aferrado a la profecía de su tío abuelo Maslama que aseguraba él iba a devolver la fortuna a su familia que es precisamente lo que debe hacer Aladino en esta versión.

La belleza, la belleza
Hay cosas tan valiosas en nuestras vidas que no les damos la debida importancia. Ningún genio puede darnos la paz y el sosiego. Ningún genio puede sacar de la nada nuestra valiosa tradición, sin la cual no tenemos raíces. Y he aquí que se enseña “que hay estrellas que, a pesar de seguir brillando, ya están muertas, porque la luz las nubla de mentiras… Porque toda sombra fue luz alguna vez”.

Todo el relato, ya porque el tema se presta, ya porque el autor es un poeta, va emanando aromas de belleza. Ni siquiera en los pasajes de fin de vida se asoman emociones negativas. La mente adquiere esa capacidad de imaginar lo descrito con palabras en un juego de complicidad con el escritor que es un ejemplo, aunque me temo que las obras de arte no se pueden aprehender, sí podemos disfrutarla sensorialmente; está al alcance de todos su disfrute y su enseñanza como modelo de buen hacer literario. Sé que a partir de su lectura, cada vez que alguien frote esa vieja lámpara, le saque brillo, tanto la sonrisa de Aladino como la de Veloz Maggiolo resplandecerán.

Un  Aurora Tavárez Belliard a cabalidad
Sorprende agradablemente encontrar una forma de escribir tan profesional, verdaderamente adecuada para niños de habla hispana de cualquier parte, no sólo los nuestros. Un autor que no se conforma con la atención tibia del lector. Le exige atención y a cambio le da agilidad, color, vida y entretenimiento en un viaje en camello, en dromedario, en trimedario y en alfombra mágica, ¡pero nos lleva!

Otras obras dirigidas a la infancia de Marcio Veloz Maggiolo son:
  • De donde vino la gente. Santo Domingo: Editora Alfa y Omega, 1978.
  • Florbella. Santo Domingo: Editora Taller, 1986.
  • El jefe iba descalzo, Editora Alfa y Omega 1983
  • La verdadera historia de Aladino (2007)
  • Las bodas de Caperucita (2008)
  • Ladridos de luna llena (2008)
  • La iguanita azul (2012)


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