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martes, 1 de octubre de 2019

272 obras recomendables de la literatura dominicana, 1820-2012 (3)*

De Literatura Dominicana

Miguel Collado  | 1 de octubre de 2019 | 12:03 am


No aspiramos a que la presente selección sea acogida como un canon de la literatura dominicana. Pero en caso de que a alguien se le ocurriera hacer uno tendría que incluir muchas de las obras recomendadas en esta lista de 272. M. C.

1.3 Literatura infantil y juvenil

Cuando hace más de veinte años decimos dar un paseo, desde los tiempos coloniales,  por la literatura dominicana y nos detuvimos en el género de la literatura escrita pensando en los lectores menudos (los niños y los jóvenes) nos llevamos la agradable sorpresa de que, contrario a lo que algunos estudiosos podrán pensar, sí existe una cantidad apreciable de obras de ficción infantiles; muchas de ellas de indudable valor literario y que deberían ser establecidas como lecturas obligatorias en los centros de enseñanza públicos y privados de República Dominicana. (Con este género, tan especial por la naturaleza de sus lectores, hemos hecho una excepción: nuestro paseo bibliográfico lo extendimos hasta el 2018).

El antecedente más antiguo de la literatura infantil dominicana quizá sea la publicación, en 1821, de las fábulas de José Núñez de Cáceres en el semanario El Duende, que él mismo fundó en la ciudad de Santo Domingo el 15 de abril de dicho año. El insigne patriota firmaba con el humilde seudónimo de El Fabulista Principiante. La fábula es el género narrativo o apólogo, en verso o en prosa, en el que lo inanimado adquiere vida y lo animal es humanizado, y cuyo propósito es de tendencia moralizante.



Muchas de las obras infantiles escrita por los autores dominicanos podrían servir de soporte didáctico al sistema educativo nacional en lo referente a la formación lectora de niños y jóvenes. Recomendamos las siguientes:

BALAGUER, ELIZABETH (1961-), comp. Trucando. Ilustraciones: Emma del Carmen Balaguer, Elizabeth Balaguer y Juan King. Santo Domingo: Editora de Colores, 1998. 156 p. [Hay otra edición: Santo Domingo, Editora Manatí, 2001].
Bosch, Juan (1909-2001). Un cuento de navidad. Santiago de Chile: Editorial Nacimiento, 1956. 111 p. [La primera edición dominicana es de 1988: Santo Domingo, Editora Alfa & Omega; otra del 2006: Santo Domingo, Fundación Juan Bosch].
Cabral, Lucía Amelia (1948-). El camino de la libertad. Santo Domingo, Rep. Dom.: Ediciones Infantiles Dominicanas, 1999. [Cuento]
Carrón, Lorelay (1957-). Jinete de nubes. Santo Domingo, Rep. Dom.: Editora Taller, 1998. 16 p. [Obtuvo el Premio Anual de Literatura Infantil y Juvenil con Un pedacito verde en el corazón]. [Cuento]
Contreras, Brunilda (1949-). Esperanza. Santo Domingo, Rep. Dom.: Ediciones Infantiles Dominicanas, 2010. 101 p. [Premio Anual de Literatura Infantil «Aurora Tavárez Belliard» 2010. Jurado integrado por Gustavo Sainz, Lucía Amelia Cabral y Miguel Collado]. [Novela]
043.
Coronado, Dinorah (1952-). Rebeca al bate y dos cuentos más. Santo Domingo, Rep. Dom.: Alfaguara, 2007. [Premio Anual de Literatura Infantil «Aurora Tavárez Belliard» 2007].
García, José Enrique (1948-). Un pueblo llamado Pan y otros cuentos infantiles. Santo Domingo, Rep. Dom.: Editora Manatí, 2001. 61 p. [Premio Anual de Literatura Infantil y Juvenil 2001].
Henríquez Ureña, Pedro (1884-1946). Cuentos de la nana Lupe. México: Universidad Nacional Autónoma de México,1966. 163 p.
Holguín‑Veras, Oscar (1944-). Los bosques de Holguín. Santo Domingo, Rep. Dom.: Editora Alfa y Omega, 1986. 73 p. [Cuento]
Luciano, Margarita (1950-). El día en que dos ciudades contrarias descubrieron que eran hermanas. Santo Domingo, Rep. Dom.: Comisión Permanente de la Feria del Libro, 1999. 16 p. (Colección «Dienteleche»). [Obtuvo el Premio Anual de Literatura Infantil y Juvenil con ¿Quién se robó el verde?]. [Cuento]
Montero, Jenny (1959-). La aventura de Don Pavo. Santo Domingo, Rep. Dom.: Centro Dominicanos de Investigaciones Bibliográficas (CEDIBIL), 2017. 38 p. (Colección Calímaco; Vol. XXXVII. Serie Literatura Infantil y Juvenil; No. 2). [Obtuvo el Premio Anual de Literatura Infantil y Juvenil «Aurora Tavárez Belliard» en el 2004 con Éranse unas criaturas del monte]. [Cuento]
NG, LEIBI. Agua de sal. Ilustraciones: Henry Cid. Santo Domingo, Rep. Dom.: Ediciones Tobogán, 2016. 29 p. [Cuento]
Peralta Romero, Rafael. A la orilla de la mar. Santo Domingo, Rep. Dom.: Editorial Gente, 2011. [Premio Anual de Literatura Infantil y Juvenil «Aurora Tavárez Belliard» 2011].
Read Escobal, Virginia. El Pacto de Guani. Santo Domingo, Rep. Dom.: Alfaguara Infantil, 2012. 114 p. [Premio Anual de Literatura Infantil y Juvenil «Aurora Tavárez Belliard» 2012]. [Novela]
Rueda, Manuel (1921-1999). El Rey Clinejas: teatro. Santo Domingo, Rep. Dom.: Editora Alfa y Omega, 1979. 126 p.
Sánchez Beras, César (1962-). El cemí y el fuego (leyenda taína). Santo Domingo, Rep. Dom.: Alfaguara Infantil, 2011. 64 p. (Serie Morada). [Obtuvo el Premio Anual de Literatura Infantil con El Sapito Azul].
Veloz Maggiolo, Marcio (1936-). De dónde vino la gente: novela para niños. Santo Domingo, Rep. Dom.: Editora Alfa & Omega, 1978. 114 p. [Es la primera novela dominicana infantojuvenil. Obtuvo el Premio Anual de Literatura Infantil y Juvenil en el 2006 con La verdadera historia de Aladino].

Finalmente


Es oportuno recordar que en 1997 publicamos la separata titulada Una bibliografía preliminar de la literatura infantil dominicana (1821-1990), producto de la primera exploración bibliográfica llevada a cabo por nosotros con el objetivo de poner en valor la producción literaria dominicana dentro de ese singular género literario al que muchos críticos literarios tienen al menos. Nos habíamos trazado como meta crear una base de datos bibliográfica en el ámbito de la literatura infantil dominicana, pues nunca se había escrito una bibliografía de nuestra literatura dentro del género.

En el año 2003, con nuevos hallazgos y con caudal de información bibliográfica considerable, publicamos el libro Historia bibliográfica de la literatura infantil dominicana, que abarca un período mayor, ya que consignamos títulos de libros infantiles aparecidos entre 1894 y 2002, mientras que en la separata solamente habíamos incluido obras publicadas en volumen a partir de 1955. En dicha obra reseñamos, también, textos sueltos y dispersos dados a la luz pública en la primera parte del siglo XIX, como las fábulas del ilustre patriota José Núñez de Cáceres, a las que hemos hecho referencia, y el poema «El ave y el nido» de la insigne poetisa y ejemplar educadora Salomé Ureña de Henríquez.

Es importante decir que el Premio Anual de Literatura Infantil y Juvenil que concede el Ministerio de Cultura cada año a la mejor obra infantil (inédita o editada) desde el 2005 honra la memoria de la educadora y escritora Aurora Tavárez Belliard, nacida en Guayubín (Montecristi) en 1894 y fallecida en 1972 en Moca, donde ejerció el magisterio desde el 1928. A ella hay que reconocerle su condición de pionera como la primera autora dominicana en escribir fábula, género literario de cuyo valor didáctico estaba profundamente consciente la ejemplar maestra. Hemos identificado casi 40 textos de su autoría que responden a las características del género literario por el que son famosos universalmente el griego Esopo, el español Iriarte y el francés La Fontaine.

Concluimos esta parte de nuestra lista de obras literarias recomendadas diciendo lo siguiente: la inmensa producción bibliográfica infantil dominicana espera ser difundida y promovida y son las escuelas y los hogares, con la intervención decidida de maestros y padres, los escenarios ideales para hacerlo. En este sentido, los ministerios de Educación y de Cultura tienen por delante una trascendental misión que cumplir en todo lo concerniente a la promoción de la lectura del libro infantil dominicano. Sería un modo justo de incentivar a los literatos dominicanos cultivadores de uno de los géneros literarios de mayor exigencia debido a la singularidad del público lector al que están dirigidas sus creaciones.

______________

*Ver: Miguel Collado. En torno a la literatura dominicana: apuntes literarios, bibliográficos y culturales. Santo Domingo, Rep. Dom.: Banco Central de la República Dominicana, 2013. 372 p. (Colección del BanCentral; Vol. 190. Serie Arte y Literatura; No. 65). [Opinión de la escritora Ángela Hernández: «Este libro de Miguel Collado se inscribe en el serio esfuerzo de contrarrestar la superficialidad de opinión y el vicio de minimizar o exagerar nuestro acervo. El mismo reúne notoria cantidad de informaciones y numerosísimas pistas importantes para quienes se proponen estudiar aspectos específicos, autores, autoras, hechos de nuestra cultura, con el rigor y la sustentación documental].

viernes, 24 de enero de 2014

Aurora Tavárez Belliard: ¿Por qué el “premio anual de literatura infantil” que otorga el Ministerio de Cultura lleva su nombre?


Por: Miguel Collado

El antecedente más antiguo de la literatura infantil dominicana quizá sea la publicación, en 1821, de las fábulas de José Núñez de Cáceres en el semanario “El Duende”, que él mismo fundó en la ciudad de Santo Domingo el 15 de abril de dicho año. El insigne patriota firmaba con el humilde seudónimo de “El Fabulista Principiante”. La fábula es el género narrativo o apólogo, en verso o en prosa, en el que lo inanimado adquiere vida y lo animal es humanizado, y cuyo propósito es de tendencia moralizante.

Ahora bien, a la educadora y escritora Aurora Tavárez Belliard ―nacida en Guayubín (Montecristi) en 1894 y fallecida en 1972 en Moca, donde ejerció el magisterio desde 1928― hay que reconocerle su condición de pionera como la primera autora dominicana en escribir fábula, género literario de cuyo valor didáctico estaba profundamente consciente la sobresaliente escritora mocana.

En su libro “El niño dominicano. Libro de lectura: tercer curso”. (Santiago de los Caballeros: Imp. La Información, 1941. Pág. 4) ella, con claridad de pensamiento, opina así sobre la fábula: “…la fábula es para la literatura infantil lo que los mitos son para la cultura de los adultos: una mentira, una ficción, pero más amable y dulce que la más hermosa realidad”.

Sugiere Tavárez Belliard que es la fábula, desde el punto de vista didáctico, el modo de expresión ideal para estimular al niño en la lectura:

“El niño, sujeto poderosamente imaginativo, es un gran enamorado de lo maravilloso y lo extraordinario […] y dominado por la más ardiente curiosidad, aspira a traspasar las fronteras de su mundo, para conocer la vida y milagros de otros seres, que bien pueden ser animales, reyes, hechiceros, apóstoles, mendigos, piratas, héroes, guerreros, príncipes, aventureros, bandoleros, exploradores…” (1).



Maestra Aurora Tavárez Belliard
 De la obra citada, transcribimos a continuación la fábula titulada “El Lobo y el Gato”, cuya moraleja, según palabras de su autora, es: “quien se rodea de enemigos, no puede hallar quien lo proteja en el momento de desgracia”. Veamos:

EL LOBO Y EL GATO (2)

“Un lobo al que perseguían unos cazadores, huyó hacia una aldea. A poca distancia de las casas vio un gato sobre un muro.

―Querido amigo ―dijo―, te ruego que me dediques un lugar donde yo pueda encontrar asilo. Yo te consideraré como mi salvador. Sobre todo, habla pronto. ¿No oyes el sonido de las bocinas y el ladrido de la jauría?

―Vete a casa de Bertón ―respondió el gato― es el hombre más de bien que hay en el mundo.

―Sí, pero yo le he comido su carnero.

―Entonces vete a encontrar a Jerónimo.

―Temo que también él me guarde rencor; parece recordarme que alguna vez le he robado un cabrito.

―Corre, pues, a casa de Pedro.

―No soy tan loco, hace un año que me tiene odio por un ruin asno que le comí.

―En ese caso vete a casa de Basilio.

―¿Y su ternera que yo atrapé hace quince días?

―Si es así ―replicó el gato― no te queda otro camino sino morir”.

Repetimos lo afirmado en el segundo párrafo de este breve artículo: es la educadora Aurora Tavárez Belliard la primera escritora dominicana que escribe fábulas. Hemos identificado casi 40 textos de su autoría que responden a las características del género literario por el que son famosos universalmente el griego Esopo, el español Iriarte y el francés La Fontaine. ¿No debería el Ministerio de Cultura, en su honor, editar un volumen con esas fábulas a través de su Editora Nacional? Pensamos que sí debería. ¿Y qué opinan los cultores de la literatura infantil dominicana de hoy?

________
(1) Obra citada: pág. 3.

(2) Idem: págs. 48-49. 

martes, 21 de enero de 2014

Literatura infantil y juvenil dominicana abundante y de calidad


Por Miguel Collado

“Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. La frase, de la autoría del comunicólogo y político alemán Paul Joseph Goebbels, es universalmente conocida y en la República Dominicana se aplica con frecuencia en diversas circunstancias en el ámbito de la cultura. En el caso que nos ocupa –el de la literatura infantil y juvenil producida en nuestro país—, aplica cuando se afirma que es escasa la literatura para niños y jóvenes escrita por autores dominicanos. Somos opuestos a esa aseveración injusta y negadora del trabajo que, por décadas, han venido desarrollando nuestros creadores pensando en los niños.

Y es que después de haber realizado, de manera exhaustiva, una investigación bibliográfica sobre las publicaciones de autores criollos dirigidas a los lectores menudos, podemos afirmar que en la literatura dominicana sí existe una cantidad apreciable de obras de ficción infantiles, muchas de ellas de indudable valor literario y que deberían ser establecidas como lecturas obligatorias en los centros de enseñanza públicos y privados de la República Dominicana.

Esa producción bibliográfica infantil espera ser difundida y promovida y son precisamente las escuelas y los hogares dominicanos, con la intervención decidida de maestros y padres, los escenarios ideales para hacerlo.

Ese libro se agotó hace mucho. Por falta de recursos no he podido publicarlo nuevamente. Sería de gran utilidad en las escuelas dominicanas.

Miguel Collado
Tengo preparada la segunda edición que reúne información sobre la literatura infantil dominicana desde 1821 hasta el 2012, incluso con prólogo de mi amigo Rafael Peralta Romero, uno de los principales cultores dominicanos dentro del género infantil. Si alguna institución pública o privada se animara a negociar conmigo los derechos autorales para su publicación sería grandioso. La primera edición la auspició el Banco de Reservas en 2003 gracias a la gestión realizada por mi gran amigo y hermano el poeta Federico Jóvine Bermúdez, quien era el Comisionado de Cultura de esa institución bancaria, llevando a cabo una extraordinaria labor. Precisamente él fue quien hizo posible que durante tres años el BANRESERVAS organizara el Concurso de Literatura Infantil y Juvenil, de cuyo jurado formamos parte junto a Lorelay Carrón, Margarita Luciano y el mismo Peralta Romero. En el acto de puesta en circulación del libro realizado el 17 de noviembre de 2003 en la oficina principal del banco, en la Isabel La Católica Don Federico afirmó: "...la publicación es una evidencia más de la prioridad en que ha colocado el Banreservas a la niñez y juventud dominicanas. Puso como ejemplo de dicha política el apoyo a las Olimpíadas Matemáticas Nacionales, el Concurso Nacional de Literatura Infantil y el Concurso Nacional de Pintura Infantil Navideña...". Uno de los males de este país que amamos: SE DESCONTINÚAN O DESTRUYEN LAS COSAS BUENAS QUE INICIAMOS.

Miguel Collado

domingo, 19 de mayo de 2013

Juan Bosch en la literatura infantil por Miguel Collado


Esa profunda sensibilidad social y humana que toda la vida, y de manera ejemplar, caracterizó la personalidad de ese extraordinario ser llamado Juan Bosch (1909-2001), fue puesta de manifiesto por este gran hombre no tan sólo en su actitud ante los desgarradores problemas sociales y políticos de su pueblo y de todos los pueblos hermanos de América Latina, sino también en su justa valoración de la niñez. Y es que Don Juan sintió un amor especial hacia los niños, amor del que pueden dar testimonio aquellos que lo conocieron de cerca y que tuvieron cierta aproximación a su entorno familiar. Su capacidad para comprender el mundo de los infantes era admirable. En Simón Bolívar, biografía para escolares (Caracas, Editora Escolar, 1960, p. 16) él nos dice: “Cuando un niño nace, nadie sabe lo que hará en la vida. Por eso cada vez que un hogar se enriquece con uno, es como si naciera una esperanza para el mundo”.




Bosch y el primer libro de cuento infantil

El título de esta breve reflexión sobre la presencia del insigne escritor Juan Bosch en la literatura infantil dominicana nos trae a la memoria una extensa y hermosa historia infantil, ambientada en esa mágica época del año que es la Navidad, publicada por el maestro del cuento hispanoamericano en 1956. Nos referimos a Cuento de Navidad, obra editada en Santiago de Chile por la editorial Ercilla y con la que Bosch se convierte en el primer escritor dominicano en publicar un libro dentro del género denominado cuento infantil.
Dos años después, en 1958, la Editorial Cordillera de Caracas (Venezuela) es la responsable de la segunda edición de Cuento de Navidad. En una breve nota de los editores que aparece en la cubierta ilustrada de la tapa se dice lo que a continuación citamos:
“Este encantador Cuento de Navidad está llamado a causar una inolvidable impresión en sus lectores, sean niños o adultos. Se cuenta en él, con el más exquisito buen humor, la historia de los Reyes Magos y de San Nicolás, la misma leyenda milenaria que los pueblos católicos han venido oyendo desde tiempo inmemorial; pero en este libro esa leyenda, sin perder nada de su conmovedora ternura, tiene una atmósfera nueva. Gracias a ella nuestros antiguos conocidos –Dios, San Gabriel, San José, Gaspar, Melchor, Baltasar, el anciano San Nicolás- se convierten en amigos, se tornan en personajes de nuestro mundo emocional; cada uno de ellos tiene características que lo hacen familiar y lo humanizan”.
Con Cuento de navidad inicia Juan Bosch la publicación de libros de cuentos infantiles en la literatura dominicana, pues aunque de 1923 son los Cuentos de la nana Lupe, del gran humanista dominicano Pedro Henríquez Ureña, dichos textos vieron la luz pública de manera dispersa, no en volumen, en el periódico El Mundo, de México, país donde Henríquez Ureña vivió durante varios años, realizando allí una fecunda labor educativa y cultural. Bosch y Henríquez Ureña mantuvieron, desde 1932, una relación de amistad basada en la admiración y en el respeto mutuo.

Bosch y sus primeros textos infantiles

Constituyó para nosotros una indescriptible y agradable sorpresa el hallazgo, en 1999, de tres cuentecitos infantiles, más bien fábulas, de la autoría de don Juan : “El General Don Gallo” y “Don Gato y Don Ratón” fueron publicados por él, con el seudónimo de “Juan Niní”, en el número de la revista Alma Dominicana correspondiente al bimestre septiembre-octubre de 1934, específicamente en la sección titulada “Por el niño y para el niño”; y “El negocio de doña Hormiga” apareció, firmado con el seudónimo de “Juanito Niní”, en el mismo órgano, pero en agosto del citado año. Ninguno de esos textos narrativos ha sido recogido en volumen, lo cual consideramos injusto.
De los tres cuentos, “El General Don Gallo” nos parece el más interesante por su contenido reflexivo y su valor didáctico. El cambio de actitud de Don Gallo al tomar conciencia de lo negativa que es la vanidad, transmite una hermosa enseñanza válida para los infantes, pero también para los adultos. Leamos la parte final del cuento:
“Cuando volvió al pueblo, era ya tan viejo que no podía con el machete y casi no veía, a pesar de haberse comprado unos espejuelos muy buenos en la tienda de Doña Pata. Entonces se quedó asombrado, al comprobar que ya la señorita Polla era una madre de familia, con once pollitos de los más graciosos, que ni siquiera quiso oírle.
“Don Gallo, pues ya no quería ser General, colgó su viejo machete de un clavo, en un palo del patio, y decidió hacerse maestro de escuela. Y lo que enseñaba, sobre todo a sus discípulos, que eran jóvenes gallitos muy emperifollados, era esto:
—Si no dejan de ser vanidosos, pueden fácilmente perder la cola cuando menos: La vanidad, amiguitos, conduce infaliblemente, a la olla o al ridículo”.




Bosch y su último cuento infantil

En 1983, específicamente el 16 de julio, el suplemento cultural Isla Abierta, del diario Hoy, publica el cuento “El culpable”, último texto infantil escrito por Juan Bosch a solicitud del ilustre escritor Manuel Rueda, quien era el editor de dicho suplemento. Ese cuento fue recogido, luego, en la antología Cuentos dominicanos para niños, editada por Jacinto Gimbernard Pichardo en el año 2000 bajo el auspicio de la Fundación Corripio.
En su valiosa obra Juan Bosch: Imagen, Trayectoria y Escritura. Tomo I: Imágenes de una vida (Santo Domingo: Comisión Permanente de la Feria del Libro, 2000), Guillermo Piña Contreras se refiere a ese cuento en los siguientes términos:

«"El Culpable", escrito a petición del poeta Manuel Rueda para incluirlo en una antología para niños, representa una suerte de construcción en abismo de las razones por las que abandonó la literatura: se trata de un viejo que había ganado fama entre sus familiares como creador de historias que fascinaban a los niños, hasta el día en que contó a uno de sus sobrinos la última historia que había inventado, la de un brujo capaz de transformarse en lo que quisiera. Al notar que a su sobrino no le llamaba la atención la habilidad del personaje y que, además, le replicaba con insolencia que lo que hacía el brujo no tenía nada de extraordinario porque Supermán lo hubiera hecho mejor... El viejo narrador se enfada.
¿Qué nos quiere decir Bosch con esta historia 19 años después de haber escrito "La Mancha indeleble"? –se pregunta Piña Contreras, y él mismo contesta-: Las interpretaciones son múltiples, aunque nos quiere hacer comprender que la literatura actual había evolucionado tanto que no era posible hoy una literatura como la que él hacia cuando interrumpió su obra de ficción. Ahora había otra mentalidad, otra literatura latinoamericana, la que hacían Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, entre otros. "El Culpable" es en realidad una picada de ojo, a buen entendedor... »



Bosch y la leyenda

La leyenda es una narración fabulosa, mezcla de ficción y realidad, a veces de superstición y verdad histórica, que se transmite de manera oral y que, luego, los narradores la recrean y transmiten en forma escrita, constituyendo valioso y entretenido material de lectura que despierta el interés de los niños, de los jóvenes y también de los adultos.
Con Indios: apuntes históricos y leyendas (Ciudad Trujillo: Editorial La Nación, 1935), el insigne maestro Juan Bosch se convierte, hasta donde sabemos, en el primer escritor en escribir, y dar a conocer en volumen, leyendas con las que, al decir de Manuel Antonio García Arévalo,
“Enriqueció el acervo histórico y literario dominicano en una época en que el Indigenismo representó la búsqueda de nuestra identidad cultural, a través del rescate de las tradiciones, costumbres y leyendas de Quisqueya” (“Presentación” de la segunda edición de dicha obra: Santo Domingo, Ediciones Fundación García-Arévalo, 1985, pág. 10).

Son tres las leyendas contenidas en la obra de Bosch: “La ciguapa”, “El destino de la tierra” y “Atariba”. De esta última, quien luego habría de convertirse en uno de los máximos exponentes del cuento hispanoamericano, publicó una versión para niños bajo el título de “Cómo nació la Luna”, aparecida, en 1935, en la revista Alma Dominicana. Leamos un breve fragmento de la versión original de la leyenda “Atariba”:

“Niguayona lloraba de alegría.
—¡Oh padre río, padre río! —dijo—: déjame pasar, que debo encontrar caimoní para la niña Atariba.
—¡No! —dijo el río con un vozarrón que asustaba—. Con esta luz podemos encontrarle en mis orillas. Súbete en mi lomo; yo te llevaré.
El niño pensó que estaba soñando. Pero subió en el lomo del río y vio cómo los árboles de las orillas se quedaban atrás, atrás, atrás. Iba sobre las aguas, como una hojita seca, y cruzada chorreras, charcos hondos, recodos y revueltas. Siempre estaba a su lado la anona, como si hubiera caído en el río sin dejar de estar en el turey.
A mucho andar habló el río.
—Voy a detenerme aquí para que busques caimoní —dijo—.
Niguayona se impresionaba con aquella voz tan potente, que llenaba de rumores todo el bosque, hacía mover las hojas de los árboles y despertaba a los buenos pajaritos. Pero correteó sobre el río, medio loco de contento. Buscó entre arbustos, entre troncos, entre raíces. Encontró al fin fruta. Su contento era tan grande que desramó el arbolito para arrancarle los racimos del rojo caimoní.
—Padre río: los dioses te bendigan. Yo vuelvo a curar a Atariba.
—¡No! —rugió el Río—. Ven sobre mí, que te dejaré cerca del poblado.
De nuevo subió al lomo de las aguas el indiecito Niguayona. El padre río iba de rodeo en rodeo, camino del lugar”. (En: Indios: apuntes históricos y leyendas. 2 ed. Santo Domingo: Ediciones Fundación García-Arévalo, 1985, págs. 77-78).

Conclusión

Con la publicación, en 1934, de los tres breves cuentos infantiles en la revista Alma Dominicana; la publicación, en 1935, de su leyenda “Cómo nació la Luna” en esa misma revista; y la aparición, en 1956, en volumen, de su Cuento de Navidad, Juan Bosch ocupa un lugar pionero en la literatura infantil dominicana desde el punto de vista histórico-bibliográfico.


Miguel Collado
MIGUEL COLLADO es uno de los principales bibliógrafos de República Dominicana. Preside el Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas (CEDIBIL) y es asesor de la Biblioteca Pedro Henríquez Ureña, además de ser autor de varios libros.

http://www.hoy.com.do/areito/2008/8/29/245427/print

http://editorialsantuario.blogspot.com/

miércoles, 3 de abril de 2013

Darihanna Mesa Florentino, niña dominicana de mente prodigiosa. Por Miguel Collado



Darihanna Mesa Florentino, escritora y poeta.


Poner de manifiesto un talento artístico a temprana edad no es suficiente para ser considerado un prodigio; no basta con escribir versos o con tocar un instrumento musical a los seis o siete años de edad.

El resultado de la puesta en vigor de ese talento debe reunir ciertos niveles de calidad estética, cumplir con ciertos requisitos del género artístico de que se trate: si es en la poesía, hay que observar si hay belleza en la construcción de las imágenes, si hay acierto, por ejemplo, en la adjetivación o en el uso de los traicioneros adverbios; y —algo esencial— guardarle respeto a la normativa gramatical de la lengua en que se escribe. Si es en la música hay que ver en qué forma se da la armonía entre los sonidos y el tiempo, aspecto fundamental en ese bello arte.

En esto de los prodigios hay otro aspecto importante —a nuestro humilde modo de ver— que merece ser destacado: la constancia. Que un niño o una niña inicie tu quehacer literario en la temprana niñez y que continúe cultivando la literatura en la adolescencia hasta convertir en oficio ese quehacer en la adultez, para nosotros es de vital relevancia a la hora de considerar como un prodigio a ese o a esa infante.

En la literatura universal encontramos pocos casos de literatos prodigios, muchos de ellos perdidos en el tiempo. En la literatura contemporánea, muy pocos; y en la literatura dominicana mucho menos.

Es preciso mencionar el caso dramático de Ana Frank (1929-1945), niña alemana de origen judío, quien murió a los 16 años en el campo de concentración nazi durante la cruenta Segunda Guerra Mundial. Es célebre por su conmovedor “Diario de Ana Frank”, publicado por su hermano Otto dos años después de su trágica muerte. Toda su familia había sido capturada y llevada a distintos campos de concentración alemanes. Sólo su hermano quedó con vida.

Pedro Henríquez Ureña es un buen ejemplo de mente prodigiosa. A los 13 años -en octubre de 1897- tradujo el soneto “Aquí abajo” del poeta francés Sully Prud'homme (1839-1907):

“Aquí abajo las lilas todas mueren,
de las aves los cantos breves son,
¡ay! con estíos que subsisten siempre soñando voy…

Aquí abajo los labios todos queman
Sin de su suavidad nada dejar;
Y yo sueño con besos que no sean cueles jamás…

Aquí abajo los hombres todos lloran
Sus perdidos amores y amistad;
Yo sueño con amantes que se adoran
Eternamente con pasión igual!...”

Al escritor argentino Guillerno Martínez (1962-), quien a los 14 años escribió su libro de cuentos “La jungla sin bestias”, con el que obtuvo el Premio Nacional Roberto Arlt en la categoría juvenil en Argentina, se le consideró un escritor prodigio; y Helene Hegemann fue considerada “niña prodigio de la escena creativa berlinesa” en Alemania, al dar a la luz pública, a los 17 años de edad, su libro “Axolotl Roadkill”, que es “una narración sobre un grupo de adolescentes en Berlín”.

Hay otro caso, más reciente, de niña prodigio: en Bolivia, específicamente en San Luis de Potosí. Se trata de Andrea Martínez Jiménez, quien escribió su primer cuento a los 6 años y a los 8 su primer libro, titulado “La tierra es feliz con todo lo que hay”. En 2010, a los 10 años de edad, publicó su segundo libro: “Un viaje a la felicidad”, cuya historia —según reseña la prensa virtual— “nos transporta a un mundo a través de los ojos infantiles”.

Tienen Andrea y Darihanna Mesa Tolentino (San Cristóbal, República Dominicana; enero 1 de 2001) algo en común: buenos mentores literarios, buenos orientadores, pero no tan sólo en el aspecto intelectual sino, también —y muy importante— en el aspecto moral, en la educación basada en valores.

A Andrea la guían y la orienta su tío Rafael Jiménez Cataño, filósofo y profesor universitario; mientras que Darihanna tiene a sus padres como mentores, quienes poseen la sensibilidad literaria y la pasión cultural suficientes para servirle a ella de excelentes modelos: el escritor Ramón Mesa y la gestora cultural Ysabel Tolentino de Mesa realizan, desde hace años, una ejemplar labor de formación literaria en su comunidad al frente de la Fundación Literaria Aníbal Montaño. El ejemplo enseña.

Tenemos en la joven autora Darihanna Mesa Tolentino una revelación temprana de genialidad, pues junto a la calidad que alcanzamos a ver en su obra literaria, además de su constancia en el quehacer, también observamos en ella un temperamento, una actitud hacia las letras que constituirá, en el futuro, un factor relevante en su accionar en ese mundo tan complejo como es el de la literatura. Sus diversas publicaciones, con solo 12 años de edad, le auguran un futuro promisorio: “La niña de agua” (2008, cuentos); “Mis versos se borran” (2009, poesía); “Darihanna Mesa Florentino: escritora” (2010, poesía); y “No puedo tocar el piano” (2013, poesía), de reciente aparición.

Si en Bolivia tienen a Andrea, en República Dominicana tenemos a Darihanna. En mayo de 2008, cuando aún no había alcanzado los 8 años, ya anunciaba lo que está siendo hoy:

LA LUNA

“Blanca, blanca…
¡qué linda es la Luna!
Brillo, brillo…
¡qué brillante es el Sol!
Negro, negro…
que le temo a la oscuridad”

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