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lunes, 18 de diciembre de 2017

Lady Diana Castillo Villalón o los primores del cuento infantil



Por: LEÓN DAVID

La visión profética de George Orwell: 1984 es ahora
Hacer de menos la llamada literatura infantil, reputarla género ancilar porque por modo ostensible se propone no ya satisfacer el acendrado gusto del lector avisado, sino cautivar el alma en agraz del niño dirigiéndose a un público inexperto y, por ese hecho, supuestamente fácil de contentar, semejante opinión, insisto, sobre ir en menoscabo del libro destinado a los chiquilines, presta –harto me lo temo- flaco servicio al oficio demandante del escritor tanto como a los arduos encantos del arte narrativo.

Importa error de a folio suponer que la creación concebida para el solaz de los chicuelos es, en punto a rigor, habilidad, industria e inventiva, menos reclamante y, por ende, menos sustantiva y valiosa que la que se realiza para colmar las acaso retorcidas inconformidades de la persona adulta… A riesgo de infringir los oportunos modales de la discreción y la modestia postulando juicios con privanza de eternidad, no me abstendré de sostener en contra del parecer mayoritario del vulgo y acaso de los entendidos, que hacer genuina y perdurable literatura infantil no será, no es ni ha sido nunca cosa de coser y cantar. En efecto, si de apariencias delusivas no me pago, no tiene trazas de viable la creencia de que la ficción escrita para los niños, a causa de la inmadurez de quienes la leerán, requiere en lo atinente al logro del objetivo de entretenimiento y formación que de ella se espera, menos esfuerzo, talento y originalidad que los que solemos encarecer en las obras literarias de solera a las que son adictos ciertos individuos que han dejado atrás, en verdad muy atrás, la edad pueril.

Los asertos que acaban de escapar a los puntos de mi pluma no carecen, hasta donde he podido percibir, de fundamento a poco tengamos en la mira la finalidad suprema del arte de la palabra: seducir al lector mediante la belleza del lenguaje, sumergirlo en un universo extraordinario, sorprendente, donde en virtud de los poderes de la fantasía se auspicie el encuentro del fruidor de la obra con las ultimidades existenciales de su propio ser.

Va de suyo que en el caso del relato infantil pareja inmersión en los hontanares de la subjetividad, en las abisales simas del yo, impone de partida peculiares procedimientos constructivos y específicas estrategias retóricas. Salta a la vista que el mundo del niño no se asemeja al del adulto. Es, por tanto, imperioso que quien escriba para la chiquillada, por más que haya sobrepasado largamente la fase del trompo y las muñecas, lejos de haber dado la espalda a esa vis traviesa volcada hacia el asombro que es la marca inconcusa de la niñez, conserve –tesoro inmarcesible- el espíritu lúdico, optimista, desenfadado propio de los albores de la existencia… Y aquí es donde, bien lo hace explícito el popular adagio, “la puerca tuerce el rabo”; pues no todo escritor de probado profesionalismo o incluso de trayectoria sobresaliente, es capaz de producir páginas que los chicos leerán con gozosa fascinación. El don literario que hace las delicias del lector instruido y fructifica en narraciones y poemas de saliente calidad, no asegura en modo alguno el éxito de un autor cuando éste de repente da en la ocurrencia de escribir historias infantiles; que así como el creador de afortunadas novelas no es raro fracase con estrépito cuando incurre en la manía de estampar líricas efusiones sentimentales en lenguaje versificado, o el poeta de estro espléndido y acento musical a menudo se descalabra cuando endereza por los caminos de la prosa de ideas, así mismo el escritor de alto coturno y bien ganados títulos de excelencia en la esfera de la literatura para adultos, puede perfectamente zozobrar si, impedido por cualquier razón de conectarse con el niño que lleva dentro de sí, intenta hablar a la agente menuda en idioma que ya ha olvidado y desconoce.

No es este el caso –en ello va nuestro crédito- del libro de cuentos infantiles que exhibe el título de El Ciempiés Fuma Arco Iris en Pipa y otras Verdades, de la autoría de la joven narradora cubana Lady Diana Castillo Villalón. En las palabras introductorias que escribiera el poeta Mateo Morrison para dicho texto, topamos con el siguiente aserto que da remate a su atinada ponderación de los méritos de la cuentista: “esta selección de relatos (…) enriquece cualquier literatura de su género porque está escrita con los ingredientes esenciales de una obra de arte plena de sentido y con una estructura admirable.”… El juicio del prologuista es, para quien cure de la imparcialidad, ciertamente atendible. Veamos de mostrarlo: En mi falible opinión, el cuento para niños debe poseer, entre otras caudalosas prendas, las fundamentales cualidades a las que, a humo de pajas, aludiré a continuación: para empezar, desbordada fantasía de tónica jovial y coruscante; luego humor, gracejo, chispa, donaire; no puede faltar tampoco –tercer ingrediente- la poesía, la belleza de un estilo fluido, llano, fresco y sugerente; y, por descontado –postremo e imprescindible requerimiento-, es de rigor que las historias contribuyan a exaltar los valores de la alegría, la vida y el bien…

A estas cuatro estipulaciones –nos ceñiremos tan solo a ellas en obsequio a la brevedad-, a estas cuatro exigencias condice plenamente el libro de Lady Diana. La fantasía borbota, burbujea en cada una de sus páginas generando la magia fulgurante de lo maravilloso, como ocurre en el episodio de la bruja que convertida en estatua fue reventada en “miles de pedacitos que se regaron por el parque”; o bien como la vasija prodigiosa que el artesano modelara, la cual producía música; o acaso como el comienzo del relato titulado La niña y el unicornio, el cual reza: “Había una vez, en un océano, una isla. Era un lugar lleno de unicornios rojos, que volaban hacia los sueños de los niños. El océano estaba dentro de un libro y el libro lo tenía una niña”.

Por lo que toca al elemento festivo y retozón, a cada instante nos sale al paso, verbigracia el detalle de las tres palomas juezas del concurso de cocina, que al probar el repugnante menjurje de la bruja Oxer mudaron de color y cayeron desmayadas; o como el sujeto que a todo lo que se le preguntaba respondía, sin que viniera a cuento, con un refrán.

De impoluto lirismo, sobrados ejemplos podríamos escoger. Circunscribámonos a uno distraído de la fábula Las pecas de María: “María se fue muy contenta para su casa, pues al fin se libraría de esas odiosas manchitas. Iba tan alegre que entonó una canción. ¡Hacía tanto tiempo que no cantaba! Y mientras cantaba no se daba cuenta que detrás de ella se abrían los capullos de las flores, y con cada nota de su canción nacían ruiseñores y brotaban riachuelos a sus espaldas. Los habitantes de Gluglú sacaban las cabezas por las ventanas de las casas para ver aquel milagro. ¡Eran las pecas y la alegría de María las que hacían la magia!”… ¿Puede acaso darse mayor sencillez en la expresión de un suceso imaginario, no por exento de pretensiones retóricas menos estéticamente eficaz?

Por último, sería incurrir en delito de lesa equidad exegética no poner de resalto que la autora de la obra que a punto largo estamos escoliando, de manera natural, nunca forzada, alecciona, educa, orienta, plasmando en el entramado mismo de las historias que relata una serie de sustanciales valores éticos y de convivencia social; así el alcalde de Pueblo Chico, que era “aprendiz de todo y oficial de nada” y que “ Disfrutaba engañando”, recibe el peor de los castigos, éste: las mentiras con las que buscaba burlarse y perjudicar a gente cándida se tornaron verdades que hicieron la felicidad y la fortuna de los que él creía víctimas de su trapacería; o también el caso del artesano astuto que deseaba ofrecer al rey su vasija maravillosa y a quien los dos consejeros corruptos de la corte exigían a cambio de concederle audiencia con el soberano, la mitad de lo que el monarca le obsequiara a guisa de recompensa; ni corto ni perezoso, el avispado artesano, cuando el rey le preguntó si quería oro, plata y diamantes por su inigualable vasija, lo que pidió fue que le premiaran con doscientos azotes, y entonces, escuchemos: “El Rey se quedó asombrado y los consejeros abrieron los ojos como platos.

-No entiendo –dijo asombrado el Rey- puedes pedir riquezas y quieres que te den azotes, ¿estás seguro?

-Sí, su majestad- respondió el artesano.

Cuando los guardias del palacio iban a atarlo el artesano los detuvo.

-¡Un momento! –dijo. Soy un hombre que siempre cumplo mi palabra y le prometí a cada consejero la mitad de mi recompensa, pues bien, le corresponde a cada consejero cien azotes.

-¿Qué dices, campesino loco? –chilló el Primer Consejero.

–¿Cómo que cien azotes, no te das cuenta de que era una broma?- protestó el Segundo Consejero.

Pero el Rey era muy justo, por eso hizo que le administraran cien azotes a cada consejero para que no se aprovecharan más de sus súbditos.”

La villanía se paga: se impone la justicia. El mensaje que la divertida invención contiene anidará en el corazón del niño favoreciendo desde muy temprano el fortalecimiento de los más prístinos valores éticos, esos que ninguna sociedad que presuma de civilizada puede impunemente preterir.

El Ciempiés Fuma Arco Iris y otras Verdades es libro que fascinará al revoltoso público de los pequeñines; pero eso no es todo, los lectores que cargan varios lustros sobre sus hombros, con tal no hayan dejado apagar en el pecho la hoguera cálida de la infancia, cuando se aproximen a sus felices páginas no saldrán –lo afirmo, lo aseguro- defraudados.


FUENTE:Artículo León David

viernes, 17 de febrero de 2012

Comienza LA BATALLA DE LOS CUENTOS

SOMOS LO QUE NOS AGRADA (León David)

Estoy ante ustedes porque se celebra este certamen, porque soy una apasionada de la lectura quiero dar mi testimonio.

¿Y cómo expresar en pocas palabras toda la emoción que he sentido durante toda mi vida de lectora?

De todo lo que he leído, hay un texto en especial que transmite mi sentir:

“Hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.

La pasión de Bastian Baltasar Bux eran los libros.

Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado…

Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque papá o mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse temprano…

Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido…

Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastian hizo entonces.

Miró fijamente el título del libro y sintió frío y calor a un tiempo. Eso era, exactamente, lo que había soñado tan a menudo y lo que, desde que se había entregado a su pasión, venía deseando. ¡Una historia que no acabase nunca! ¡El libro de todos los libros! ¡Tenía que conseguirlo, costase lo que costase!”

La Historia Interminable, Michael Ende.

Se cuenta que Fédor Dostoiesky, el autor ruso de Crimen y castigo, recluido en una cárcel de Siberia sólo pidió libros para alimentar su alma y es Federico García Lorca quien difunde este hecho poniendo énfasis en que el gran autor ruso tenía frío y no pidió cobijas, tenía hambre y no pidió comida, tenía sed y no pidió de beber… ¡pidió libros! Alimento para su alma.

A través de la lectura nos enriquecemos viviendo hechos y acontecimientos sucedidos a otros en la ficción o en la realidad. Comprender otras culturas, razas, la vida misma, hace que nos ensanchemos mucho más allá de lo imaginable porque los sentimientos que nos unen como humanos son los mismos en cualquier parte del mundo, con mayor o menor ímpetu.

Para vivir muchas vidas, intensamente, hay que leer más y los cuentos en especial son ideales porque comunican un hecho de indudable importancia, impactante, de gran recordación en pocas páginas, normalmente.

Nuestro insigne escritor León David, en una ocasión expresó lo que da título a estas palabras: Somos lo que nos agrada. Y lo dijo porque su padre, Juan Isidro Jiménez Grullón admiraba de tal forma a José Martí, que de tanto citarlo convirtió al Apóstol de Cuba en un miembro más de la familia.

Porque somos lo que nos agrada, los cuentos que leemos, los autores que a través de la palabra entran en nuestro torrente sanguíneo y los hechos que acontecen en ellos se vuelven parte de nosotros. Filtramos según nuestro discernimiento y desestimamos lo feo, lo incorrecto para quedarnos con la belleza, los valores humanos, la poesía...

Siéntanse orgullosos de portar en sus cuerpos a Juan Bosch, a Virgilio Díaz Grullón, a Hilma Contreras, a Marcio Veloz Maggiolo, a Jeannette Miller, a Pedro Peix… Lleven felizmente a Pedro Henríquez Ureña, a Tomás Hernández Franco, a Dulce Elvira de los Santos, a Rafael Peralta Romero, a Reynaldo Disla, a César Sánchez Beras, a Lucía Amelia Cabral, a Brunilda Contreras, a Margarita Luciano, a Leopoldo Minaya, a Mary Collins de Colado, a Elizabeth Balaguer, a todos los autores nacionales y de otras fronteras que nos proporcionan las palabras con las que somos y construimos nuestro carácter.

Los exhorto a caminar llevando a flor de piel sus lecturas porque de ustedes depende la construcción de una mejor República Dominicana.

Muchas gracias.


Leibi Ng
16 de febrero de 2012





La Biblioteca Infantil y Juvenil República Dominicana
convocó a los centros educativos para que
sus alumnos participen en
LA BATALLA DE LOS CUENTOS.
SOMOS LO QUE NOS AGRADA…



































domingo, 5 de julio de 2009

TARDE DE "TÍA"

Nos pasamos el día de compras y luego en la piscina. Disfrutando de mis sobrinos, aquí con Sebastián de 5 años, leyéndole una joyita que me encontré ayer en La Sirena: "Margarita y la Nube", de León David, ilustrado por Verouschka Freixas.

Sebastián me hizo leerle el libro dos veces y le encantó. Prueba de fuego superada. ¡Hasta me hizo leerle el glosario tan bien puesto y las descripciones de la Fauna dominicana!

Independientemente de ello, a mí me pareció precioso, poético, ágil y nutritivo. Sé que alguien dirá: pero es el mismo tema de "Jinete de Nube" de Lorelay Carrón (quien a su vez dijo sobre su cuento que se había inspirado un poquito en Colette), y se resuelve igual: todo era un sueño. Sin embargo, ahí se queda. Margarita no se encuentra con ningún problema que resolver. Sólo se deja llenar los sentidos de sonidos, sabores y colores. El paseo es una invitación a romper el tedio (me ha cogido con esa palabra y la voy a agotar antes de que ella me venza a mí) de lo cotidiano y aprenda a ver, a sentir la belleza que está a su alcance en un maravilloso viaje por lugares simbólicos de nuestra geografía.

Espero que al igual que La Primera Comunión de Laura de Manuel García Arévalo, este libro llegue no sólo a las manos de los niños "pudientes" como decimos vulgarmente, sino a la de todos los niños pobres de nuestra geografía porque de ellos podríamos decir también esto:
"Si yo me voy tú me extrañas,
y te extrañaré también...
Entonces, ¿por qué más bien
no vienes y me acompañas?".
© León David


"Margarita y la Nube", Un viaje inolvidable en busqueda de la libertad* Ilustraciones e idea original: Verouschka Freixas*Texto: León David*Editorial Alfaguara Infantil

Los mejores peluqueros, cuento de ciguapa por NELLY GARCÍA DE PIÓN

  Los mejores peluqueros, por Nelly García de Pion Durante los últimos días había llovido sin parar. Nubes grandes y grises bailoteaban en e...