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viernes, 4 de octubre de 2019

Eleanor Grimaldi valora la obra para niños de William Mejía

William Mejía es un escritor experimentado en el género narrativo. En los textos contenidos en el libro "Por el amor de Guabonita y otros cuentos", elige argumentos interesantes basados en leyendas dominicanas, las cuales él maneja y conoce muy bien. Muestra buen dominio del lenguaje directo, que es indispensable para escribir a los niños y adecuado dominio de la expresión escrita. Una capacidad de manejo de la fantasía, a lo que agrega un sentido muy agudo del manejo del asombro en la ingenuidad infantil y juvenil.

Los argumentos en sentido general, poseen originalidad y muestra una gran habilidad creativa y narra en tercera persona, con una intención comunicativa que permite a los lectores ampliar su cultura. Ante el público lector de estos textos exhibe una apreciación estética.

Sabemos que al igual que grandes escritores de nuestra literatura dominicana, en su trabajo literario, reconoce él también la importancia que tiene públicar una obra infantil, partiendo de la realidad de que en nuestro país, no llegan a veinte los escritores que se dedican a desarrollar este importante género.

A nuestro país le hace mucha falta la recreación de estas tradiciones orales dominicanas, manejadas en un lenguaje para niños y adolescentes. Creemos que con estos textos de William Mejía, podemos continuar asegurando el presente y el futuro de la presencia del género infantil y juvenil en República Dominicana.

He hecho un análisis y un comentario sobre cada uno de sus cuentos que pertenecen esta colección.

Por el amor de Guabonita

En este tema, que le da título general al libro, el autor explora el mundo indígena aludiendo a la naturaleza que le acompaña. Maneja creencias sobre el sol y con su mágica imaginación, lo lleva a presentar un personaje que convierte en árboles, pájaros o piedras a las personas. Es una fantasía con fuerza descriptiva. Posee una mezcla de tradición, imaginación y alusiones al mundo salvaje que se desarrollaba en las cuevas y en recónditos lugares de la montaña.

Manifiesta él sobre la presencia de un cacique que tenía en la sociedad indígena todas las prerrogativas y el temor que infundía cuando ordenaba algo a los moradores donde habitó. El temor de la novia Guabonita, la llevaba a afligirse al saber que su novio pudiera desaparecer si el sol saliera y lo descubriera, lo transformaría en árbol, ave o piedra, al igual como lo había hecho con algunos miembros de la tribu.

Era el sol, para los taínos, igual que la lluvia y otros poderes de la naturaleza, ser mítico, temido por todos.

La presencia de las canoas en su relato, hace rememorar esas embarcaciones frágiles en las cuales se trasladaban nuestros ancestros aborígenes.

Manifiesta el autor, el interés de los hombres en poseer más de una mujer y tenerla como un objeto de uso personal, idea que prevaleció en aquellos tiempos y aún permanece en la mente de algunos hombres contemporáneos.

La presencia del cemí, objeto de uso ceremonial, hace rememorar los objetos que han sido utilizados por los pueblos aborígenes, con el fin de recordar a sus dioses y rememorar o reverenciar las diversas mitologías existentes. Están presentes las creencias de la curación de enfermedades con hierbas, el uso de alimentos fundamentales como el cazabe y otras tradiciones aborígenes que tienen relación con la vida en el mar.

Ha resultado agradable esta lectura y además educativa, ya que la recreación ha sido combinada con un tema de carácter histórico, vital para los dominicanos.

El autor acompaña esta narración de un glosario que ayuda a los pequeños a conocer el origen y significado de las palabras usadas en el relato.

Las manchas de la luna

Narra las vivencias de un grupo aborigen de vida tranquila como era usual en la sociedad aborigen de origen taíno. También deja entrever el autor la vida sosegada de la sociedad primitiva, donde las mujeres se dedicaban a la elaboración del cazabe y los hombres a las labores de pesca.

Mezcla él, la fantasía con la realidad y explica la vida en el bohío y la interacción de los seres humanos con el mundo animal. Están presentes algunos elementos vitales en este tipo de sociedad.

Es una narración elaborada con oraciones cortas, en un lenguaje sencillo. La presencia de los sacerdotes que eran una figura singular en esta sociedad y de algunas manifestaciones de carácter humano que reflejan expresiones culturales y creencias de la época.

Las expresiones poéticas y las metáforas como: "estrellas solitas y lejanas", "el sol se marchó", "la luz del sol lo ponía color plateado", "paseaba por el cielo su cara sucia de hollín y jagua" y otras reflejan la capacidad creativa del escritor.

Los cuatro hermanos

En este relato, se describen situaciones que reflejan el asombro de los inocentes aborígenes ante la presencia de un cascabel y aunque nos parezca tonto, sabemos que los indígenas intercambiaron un cascabel por oro y así muchos objetos que eran valiosos para los españoles y que para ellos no tenían valor material alguno, de acuerdo a testimonios de cronistas de indias.

Se denota la ingenuidad de los aldeanos cuando al escuchar un cascabel, lo comparaban con la ira de un cemí.

Se relata la curiosidad de los niños ante cualquier situación de asombro o de peligro, como lo fue el enfrentarse a la visión de una culebra.

La utilización de nombres indígenas ayuda a los niños a conocer e identificar nombres relacionados con esta raza.  Se refleja el amor a la naturaleza cuando el autor pone en boca de un personaje la siguiente frase: "Arrancar un árbol es como matar a un hermano".

Por historia y el legado de ciertos documentos, sabemos que la naturaleza era cuidada y preservada por los habitantes de las aldeas, y existen informantes que confirman las riquezas extraordinarias que ellos dejaron sin tocar en las tierras de América.

Se retratan en este texto las limitaciones humanas como las de un personaje mudo que no habla, pero desarrolla su capacidad auditiva y visual de manera extraordinaria. Esto se expresa cuando el autor dice: "El tercero, Conel, se había detenido en la parte más alta de la montaña. Era mudo, y por esa razón no llamó a sus hermanos esa noche. Pero sus ojos y oídos estaban atentos al menor movimiento a su alrededor".

El autor en este relato muestra la evolución de la vida y de las circunstancias de los personajes tratados como fue la vida de Mairení que creció y era ya un pescador; Onanei que con toda su hermosura, se convirtió en la más diestra cazadora que jamás se viera. Conel, guiado por el cemí de la noche, aprendió a engañar a los animales salvajes para sobrevivir, y Vanaí, tan bonita como su hermana, deambulando por la orilla del Río Higuey, había descubierto en la cara de la luna las artes de la adivinación".

Así, fluyen las ideas del autor, que de manera entretenida, nos hace transitar por ese misterioso mundo de los primeros habitantes de la Isla de Santo Domingo. También se refleja en este texto la utilización de las lanzas y flechas con el propósito de atrapar animales y pescar.


Kolomo y Nayarit

Kolomo y Nayarit es una narración que trata de dos jóvenes que enamorados de la misma mujer, entraron en una competencia a ver quien se quedaría con ella.

Se refleja en esta competencia, el toque de salvajismo que imperaba en esta sociedad que aunque es un manejo imaginativo, tiene mucho de realidad, no la competencia sino las actitudes de la gente aún en tiempos actuales.

Se manifiesta la forma de cortejo que el autor concibe plasmar en el texto como en la expresión referida a uno de los pretendientes: "Le trajo una flor a Nayarit y se la colocó en el pelo, provocando sin tardanza que de la cabeza de la joven brotaran numerosas estrellas, las cuales llenaron la noche y el cielo. Así comenzaron los amores de Kolomo y Nayarit, mientras Dunko se quedó mirándolos con amargura".

Ciertamente en las expresiones del autor se concibe un manejo del lenguaje claro y directo, al igual una profundización en el estudio de la temática de los negros que vinieron de Africa y habitaron la Isla de Santo Domingo. En este texto se maneja la vida de los esclavos, el trabajo en los trapiches que eran movidos por la fuerza esclava y por animales.

La clasificación del esclavo doméstico y el que realiza labores de plantaciones y procesamiento del azúcar, al igual toda una serie de sufrimientos que vivió el esclavo a partir del siglo XVI y que imaginamos fueron fuente primaria junto a las obras que él cita, para alimentar la imaginación y la fantasía del autor.

Recrea él la expresión del abuso sexual de los amos hacia los esclavos cuando dice: "El amo obligaba a las esclavas a darle amor cuando quería, pero con Nayarit era diferente pues pretendía que lo amara de manera voluntaria, cosa que no iba a conseguir, pues ella solo amaba a Kolomo". A pesar de la realidad fantasiosa que nos da a entender, lo hace de una manera delicada sin lesionar la ingenuidad de los niños.

También le explica a los niños en este texto de qué manera el negro se rebeló ante los abusos del amo y como decide irse a las montañas para luchar por su libertad.

Se refleja en estos textos también los milagros, los que se manifiestan en los cuentos de hadas y en la literatura de la Edad Media, cuando dice el autor para referirse a los latigazos que recibió Kolomo, uno de los esclavos:

"...Los latigazos caían sin parar, y cuando ya kolomo estaba a punto de morir, un rayo apareció en el cielo. El cuerpo del joven se iluminó y su luz se esparció por todo el lugar. Esto dejó a todos llenos de extrañeza, pero más azorados quedaron cuando el látigo empezó a rebelársele por su cuenta a Luis de Montemayor, quien ya no podía casi sostenerlo en las manos. Por fín el látigo se soltó y se enderezó solo(...) Kolomo quien ya se reponía de los golpes gracias a los efectos de la luz que lo salvaba siempre, se acercó a Nayarit...La luz del cielo bajó de nuevo, ahora sobre los dos, y de la cabeza de la muchacha empezaron a salir estrellas cuando su novio la fue a besar, y fueron tan abundantes esas estrellas que la noche se llenó de ellas, mientras todos, incluido el maltrecho Dunko, emprendían de nuevo el camino de la libertad".

Un tema crudo, lo maneja el autor con mucha naturalidad, combinando de manera audaz lo que tiene de realidad su fantasía.

El cazador y el Petigre

En este cuento, el autor se maneja como un excelente narrador. Explora el mundo y el ambiente que más le atrae a los niños que es el de estar en contacto con la naturaleza: entre árboles y animales. La sensación de satisfacción y alegría que alberga un niño cuando logra atrapar un ave y tenerla entre sus manos. En este caso, la cigua estaba herida.
Con este propósito, el autor utiliza un relato que hace un abuelo a sus nietos que atraparon una cigua palmera y que intentaron comérsela. En el relato les explica la historia de un cazador que dejó a una comunidad sin trinos porque cazaba y luego se comía a los pájaros indefensos.


Utiliza en este texto, la presencia de la Cigua Palmera, ave Nacional, el petigre y el argumento deja una enseñanza extraordinaria a los pequeños: Cuidar que las aves no desaparezcan. Es una historia que tiene un mensaje ecológico profundo y que invita a los niños a reflexionar sobre el motivo por el cual deben cuidar a las aves y a los animales que están en la naturaleza.


La venganza de la bruja

Las brujas, son personajes muy interesantes en los cuentos de hadas, al igual que los ogros y otros personajes que tienen un sustrato de vida diabólica. Las hechicerías, el enojo, el producir temor y otras características de las brujas, provocan desapariciones, muertes y misterio.

Sentimos una influencia muy directa que recibió el autor de los cuentos de hadas cuando trabaja la imagen de las brujas- y cuando alude al padre de Ana y Manuel quienes denunciaron las malvadas hechicerías de la bruja. Las consecuencias de este hecho cuando se enoja la bruja y hace desaparecer a Manuel y jura vengarse de la esposa y de los hijos.

Casi todas las historias de brujas, tienen un sustrato de maldades, venganzas, odios que ellas albergan y situaciones enojosas en las que se involucran, así como las diversas transformaciones que logra cuando se desdobla y asume la personalidad de otras personas con el propósito de engañar y hacer daño. Es una narración cargada de emociones y sorpresas, aspectos a los cuales recurre el autor en diversas ocasiones.


Los hijos de Pedro Juan

Es una narración amena, entretenida donde el autor trata el tema de la herencia, muy manejado por diversos escritores clásicos. En esta narración se siente una influencia de los clásicos con las características que poseen sus obras: misterio, intriga, muerte, peligros a los que se enfrentan los personajes.

Usa algunas frases que pueden servir de enseñanza a los niños y jóvenes lectores como: "Siempre hay que ir atento al suelo por donde se camina, sea para no perderse en la ruta o para orientarse mejor al regresar", "Quien no mira lejos, nunca puede llegar a ninguna parte". Cumple con la cualidad educativa y recreativa y constituye una excelente herramienta para el desarrollo del pensamiento.

La novia del pececito

Esta narración se desenvuelve en un ambiente campestre. Posee un argumento original, manejado con claridad en el que predomina la aventura y lo familiar.

El autor exhibe una intención comunicativa persuasiva y buen dominio de la lengua. Acompaña la narración con diálogos, lo cual hace más ágil la misma. El argumento es breve y conciso. Mantiene una claridad en la exposición. Trata de un idilio entre una joven y un pececito.Una madrastra malvada le hacía la vida imposible a una joven y esta decidió refugiar su amor en un pececito.

Es una narración cuya trama conserva similitudes con otras utilizadas en los cuentos clásicos. Por ejemplo, el caso de la orfandad y las madrastras. Éstas últimas que en ningún caso en estos cuentos eran de buenos sentimientos, lo cual es un tema que ha sido muy utilizado por los Hermanos Grimm y otros escritores modernos.

Le deseo al escritor el mejor de los éxitos, el cual él ya posee desde hace tiempo y espero que siga trillando por ese camino tan exquisito como lo es la narrativa de buen gusto.

Eleanor Grimaldi Silié.

Educadora.
Escritora de libros para niños

lunes, 27 de junio de 2011

Palabras del Dr. Marcio Veloz Maggiolo en la puesta en circulación del libro: Literatura Infantil y Desarrollo Creativo de Margarita Luciano y Eleanor Grimaldi (1996)


Literatura infantil y desarrollo creativo

Margarita Luciano y Eleanor Grimaldi han dedicado su vida a los niños y han hecho de la Literatura Infantil uno de sus caminos favoritos. Pero no sólo son dos profesoras que han elaborado el cuento y la literatura de este género, sino que han intentado hacer de este tipo de manifestación algo con sentido educativo, basándose en la importancia del mensaje, y en aquella parte de la vida infantil en la cual es posible hacer que el mensaje produzca positivos resultados.
De modo que este libro titulado Literatura Infantil y Desarrollo Creativo no es sólo una obra creativa a su vez, sino un texto llamativo que nos propone como llevar al niño, y al adolescente a veces, hacia un conocimiento de la literatura, generando para ello técnicas y modelos que el maestro y el enseñante pueden ejercer como una guía suave para el logro de verdaderas conciencias.
Este libro despierta muchas inquietudes. Los que escribimos textos para niños lo hacemos en ocasiones colocándonos en lugar del lectorcito que habrá de leernos. A veces intentamos infantilizarnos, descender a la infancia y a la vez que lo hacemos, nos contamos a nosotros mismos la historia que el niño leerá. Todo escritor es también su primer lector. Ahora bien, no todos tenemos la capacidad de ser niños.
La narrativa que creemos infantil algo del adulto y es por eso que no acertamos en ocasiones, una atención válida de seres que por su simplicidad nos obligan a una reformulación literaria.
Este libro de Margarita Luciano López y Eleanor Grimaldi Silié resulta para mí fascinante. No pensé que hubieran técnicas, consejas y modas tan pormenorizadas para escribir de los niños y para los niños. El libro me ha permitido comprender que escribir para la infancia es una responsabilidad enorme, y que al hacerlo, debemos tener en cuenta muchos de los consejos que las autoras dan al maestro que intenta iniciar a sus pequeños en la lectura.
Para ellas lo primordial de una buena literatura infantil o dedicada a los infantes, es el aspecto creativo. Digo infantil o dedicado a los infantes, porque de pronto he aprendido con ellas, he visto que hay literatura adulta para niños o literatura de adultos para niños y literatura de niños para niños.
La literatura infantil, tiene por tanto, diferentes orígenes, diversos géneros expresivos, y vale la pena apuntar que las autoras consideran que los mismos se expresan oralmente, por escrito, visualmente, audiovisualmente, plásticamente. Sería más que nada una narrativa a través de diversos modos expresivos que recogen diferentes modelos de expresarse si se quiere, porque como bien señalan las autoras, es el inicio de un proceso estético, un comenzar a desarrollar en el niño formas estéticas que serán fundamentales en el transcurso de su vida, y que posiblemente, en muchos casos, abrirán en el nuevo lector una afición permanente al arte, a la cultura, a los contenidos que pudiera tener la literatura en la más temprana infancia.
Este libro didáctico y creativo a la vez, es un acicate para profesores y escritores. Las autoras no se quedan en lo definitocio de sus textos, sino que se adentran en las fórmulas de hacer posible que la literatura produzca sus resultados. Los ejemplos son torrenciales, y el uso de textos casi siempre antillanos, dominicanos y latinoamericanos, entre los que se encuentran algunas de las creaciones de ambas autoras, permite al dominicano un mejor conocimiento de los claros planteamientos que las autoras han desarrollado.
Para el logro de sus ejemplos, el libro acude no sólo a la literatura de autor conocido, sino a la de autor anónimo, rescatando para la infancia nuestra, muchas de las formas folclóricas que han estado vigentes y que comienzan a perderse. Otro punto de interés de la obra es la insistencia en la versión de métricas fáciles y de trabajos de literatura para niños de autores nacionales conocidos.
Las autoras consideran que los lobros que se pueden obtener con la literatura infantil abarcan lo artístico literario, el ritmo de los textos, la musicalidad, generando en el niño múltiples trabajos manuales, de interpretación, de repetición de textos a su modo, incentivando la creatividad al través de los trozos literarios, bajo una dirección bien ejercida en la que es posible además, adentrar al niño, a través de la literatura, en los problemas de hoy, en los valores del paisaje, la ecología, la cultura, el ámbito de su diario vivir, etc.
Estos últimos son los llamados valores humanos, que según las autoras son complementados por los valores didácticos, vigentes en la literatura cuando la misma es enseñada como un modelo analizable. La captación de contenidos explicatiovs y situaciones que enseñan a la vez que son agradables, deben concurrir en la literatura llamada infantil.
Los valores morales, estéticos, así como los hábitos de higiene, alimentación y otros, son un canal que puede aprovecharse en la literatura infantil para entregarle al niño una formal cosecha de recursos que naciendo de lo literario se fijan en su conducta cotidiana.
Para que todo esto sea posible, deberá existir un proyecto de lectura analizado y bien planificado. Entonces ya la literatura infantil no es sólo un goce estético, sino una forma de la educación que enriquece la que pueda ser formal en los programas escolares. El niño desarrollará su capacidad para dilucidar y pensar, su capacidad de resumir, su capacidad de darle sentido.



Como se ve, la literatura infantil ya no nos resulta tan pueril ni tan inocente en el mejor sentido de la palabra. Cuando los que escribimos para niños nos acercamos a la infancia, nos vemos como tales; pero nunca nos preguntamos qué hubiésemos nosotros querido contar, no nos preguntamos qué hubiese sido para nosotros mejor: Oír el cuento de Juan Bobo y Pedro Animal o contar nuestro propio cuento.
Recuerdo que Romeo Martínez, un amiguito de la infancia, se daba a la tarea de contar cuentos sosos, que él se inventaba y que para nosotros no tenían el sabor de los que nos enseñaban los narradores que eran nuestros padres: cuentos de Simbad, cuentos de princesas besadas por príncipes solitarios en blancos y nebulosos caballos. Los cuentos de Andersen y de Grimm de los que nos hablan Eleanor y Margarita se habían alojado en nuestras mentes, ocupándolas de tal manera que las flojas invenciones de Romeo Martínez nos parecían banales. Sin embargo, con los años he pensado que a lo mejor lo que Romeo narraba, producto de su ingenio infantil, sería más auténtico que las princesas de los alemanes y que los animales de Esopo y Samaniego. Romeo no era un escritor adulto que hacía cuentos para niños. Recuerdo que un buen día, doña Gloria Barrios se reía a carcajadas de uno de los cuentos de Romeo. "¡Qué muchacho tan embustero!" -gritaba. Romeo se había refugiado en uno de los callejones de la calle Ravelo y lloraba. Doña Gloria no tenía suficiente imaginación para entender que todos los niños del mundo, cuando narran un cuento de su cosecha, lo dan como cierto. Supimos que Romeo había contado que en la Clínica de Grillo, un médico cubano que habitaba la calle Santiago Rodríguez, había llevado un niño de cuatro años al que aún no le salían los dientes y que el Dr. Grillo había ordenado que se le hiciera una caja de dientes para que cuando fuera creciendo pudiera comer mejor. Romeo, que tenía ocho años, no era como los niños de ahora, criados al borde de un televisor. Su madre, Consuelo, lo foeteaba con una correa de tres flecos cuando llegaba a las nueve de la noche y no se hallaba acostado, y para él, decir una mentira de aquel tamaño era una especie de cuento que lo llenaba de prestigio. Cuando lo encontramos llorando, en vez de acompañarle en su dolor, le hicimos tremenda burla y entonces fue cuando se dio a un llanto que hizo salir a los vecinos y que además, cosa trágica, avergonzó a Consuelo, quien le dijo que "a quién salía tan mentiroso este muchacho de la mierda".
Yo perdí a Romeo en el curso de los años. Me lo encontré en Nueva York un buen día y recuerdo aquel cuento.
-Ya tú vez -me dijo. Me dicen que has escrito muchísimos embustes sobre Villa Francisca y que hasta te ganaste unos premios con esas mentiras... ¡Si hubieras sido hijo de Consuelo odiarías eso de escribir!
Desde entonces he querido creer que toda mentira dicha por un niño es parte de su literatura personal. Que las primeras mentiras son un dechado de imaginación y que a partir de mentir entramos a escribir, a crear. Los novelistas, los poetas, los dramaturgos, cuyas obras se tratan de manera grácil y precisa en este libro que presentamos, son en verdad mentirosos con licencia. Tenemos la desvergüenza de construir una realidad en base a otras, de cambiar, rostros, fechas y hechos, porque la primera vez que mentimos tal vez nos elogiaron, supimos hacerlo mejor que Romeo, menos burdamente, y los elogios se convirtieron, tal vez, en ese primer espaldarazo del cual no tenemos recuerdo, pero que debe estar escondido en algún rincón de la memoria; piedra de recuerdo que un día chispea y desencadena otros recuerdos y hace posible que volvamos a retomar lo perdido.
Presentar un libro no es hacer una crítica, sino un perfil. Pero resulta que esta obra tiene una enorme variedad de características. Creo que es la más completa sobre el tema en la Republica Dominicana. Está hecha con verdadero amor, y será sin dudas un libro de consulta para maestros, padres y para todo el que desee comportarse como un orientador o un creador en lo relativo al niño dominicano.
Vale decir que es un libro hecho con la experiencia dominicana. Que su enorme recorrido por todas las posibilidades históricas, sociales, culturales, de la literatura infantil o para niños, es una garantía de que existe un texto completísimo con el cual podremos inventivar nuestra infancia. Tiene sólo un problema: que para aprender a usarlo hay que leerlo y gustarlo. Una vez hecho este agradable esfuerzo, estaremos preparados para transmitir esas ideas de creatividad y de creación que harán del lector infantil no un ente pasivo, sino todo lo contrario, un activo creador de cultura desde los años más tempranos.

Dr. Marcio Veloz Maggiolo

21 de noviembre de 1996

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