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viernes, 17 de mayo de 2024

¿POR QUÉ EL QUIJOTE? ¿POR QUÉ LA AUYAMA?

 

Emelda Ramos

Mi no-aburrida vida no me permitió encontrarme con EL QUIJOTE DE LAS AUYAMAS cuando salió en 2016. Lo fui a buscar más de una vez a Santillana, pero no me tocó encontrarlo. Tampoco lo hallé en mis vueltas entre los libros usados de la Mella y la Duarte. Hoy, a ocho años de su nacimiento impreso, es que lo conozco como debe ser el encuentro de lector/libro, obra en mano y sentidos alertas.

Ante Emelda, la hija de Gustavo Ramos Portorreal y de Ana Concepción Tejada Bretón, la habitante de su «casa de frente al azul», no queda más que bendecir la tierra porque ¡qué cabeza tan bien amueblada! ¡qué mente tan nítida y capaz! Es un orgullo pisar la tierra que ella eligió para nacer. Emelda Ramos tiene bien ganado su alto puesto entre los literatos dominicanos, sin discusión.

Ahora que escribo siento sus ojos inquietos sobre mí. Su voz ágil y la vitalidad de sus frases. Porque yo quiero que me expliquen cómo es que no se crea una fórmula EMELDA para hacer literatura. Cierto que mi entusiasmo me crea una aparente desventaja, porque el que mucho halaga pierde credibilidad, pero no en mi caso, en que me creo lo que digo y no reculo.

Para usted escribir una obra dirigida a los niños mayores de diez años no es que tiene que ser un genio, pero al menos orillarlo un chin.

Lo primero que nos preguntamos es ¿qué tiene que ver El Quijote con una auyama? Y aunque en la obra de Cervantes se mencionen las calabazas, el ingenio de la señora Emelda une varios problemas contemporáneos con personal disposición.

¿Los niños pierden interés en los estudios por estar pendientes de celulares, tabletas, audífonos, televisiones y juegos? Verdad indiscutible. Preocupación de todas las casas. La protagonista es enviada al campo, (con un diario al que no está acostumbrada), donde los abuelos. Pero lo que debería ser un viaje placentero, es punitivo, pues precisamente por bajar sus notas los padres ponen distancia entre ella y los artefactos, a ver si aprende.

El ambiente de Claridiana se establece, extraída de su cotidianidad en una casa de campo repleta de enseres y costumbres extraños, presagiando el aburrimiento y sorprendiéndose por los cambios inesperados de una familia numerosa y muy espontánea.  Hay quejas por todas partes con lo que se establece el conflicto y real y doméstico en diferentes direcciones.

Se pierden objetos y los dueños protestan. Entonces se le pierde el diario a ella y Claridiana empieza a buscarlo por dentro de la casa y por fuera, cuando… ¡el destino la une a El Quijote! No cualquier caballero andante sino uno de las auyamas que crecen en el patio de la finca.

La misma auyama que ella odiaba en la sopa y amaba en las tartas, iba a resultar en una experiencia vital para la niña citadina.


La descripción que hace Emelda de la planta y el giro fantástico del personaje inventado es ágil y verosímil dentro de la construcción literaria que regala una aventura en toda regla.

Y es aquí donde la literatura es grandiosa. Basada en el hecho científico de que las auyamas o calabazas son Cucurbitáceas, una familia de plantas que consta de aproximadamente 965 especies en alrededor de 95 géneros, El Quijote de las Auyamas va directo al asunto cuando hunde su espada en la auyama en su punto de madurez y extrae el tesoro: LAS SEMILLAS.

 Y entonces leemos:

«Y como si fuera un libro viviente, oí su vocecita ronca: —Auyama: planta de las cucurbitáceas, de tallo rastrero, o trepador, con hojas muy grandes, cubiertas de pelillos picantes, y frutos de bayas, cuyas semillas tienen la cucurbitacina de la felicidad… ¡Aaah!».

No pude evitar quedarme pensando en la palabra «felicidad». Me pregunté si yo era feliz cuando comía auyama y sí recordé dos momentos: La auyama al horno que me brindó mi amigo Luis Carvajal y el pastel de calabazas que hace la mamá de Pau, el de Papaupa. Pero también recordé a Fabián, en España, frotando los dos extremos del pepino para quitarle el amargo, un gesto del que me reí entonces, pero resulta que tiene su aquél.

Ciertamente las cucurbitáceas tienen la cucurbitacina o cucurbitina, una sustancia que logra inmovilizar parásitos intestinales. Y es tan fuerte en las plantas que aleja a muchos insectos. Pero donde está la «felicidad» es en las semillas de la auyama, (que los españoles comen por pi pá y los asiáticos también) porque tienen TRIPTÒFANO, aminoácido que ayuda al organismo a producir la famosa SEROTONINA, una sustancia que usan los nervios para enviarse mensajes (o de manera más científica: neurotransmisor). Cuando no tenemos suficiente serotonina en el organismo, aparece la depresión, ese «perro negro» que trepa en nuestra espalda y nos quita el entusiasmo y la motivación.

Entonces comprendo la genialidad de Emelda Ramos quien crea unas imágenes dignas de cinematógrafo, acelerando el encuentro de Claridiana de Santo Domingo con El Quijote de las Auyamas, en un increscendo fabuloso, digno de “Las habichuelas mágicas” de Hans Christian Andersen, al tiempo que oferta a la infancia urbana la posibilidad de sumergirse en una “selva” verde y amarilla de ondulaciones tipo montaña rusa.


El Quijote de las Auyamas se hace experto cabalgando los tallos de las plantas que crecen sin parar frenéticamente llegando a una apoteosis botánica cuando hunde su espada de cobre reluciente en la auyama. Probar las semillas, así por así no me pareció chévere porque no es lo mismo, pero hago mío el momento y lo acepto. Tirar las semillas, como sembradores borrachos, sí que me gustó por envolvernos en la sensación del crecimiento y de la abundancia

Claridiana de Santo Domingo no tarda en darse cuenta, de que el objetivo del extraño ser del huerto era hacerla una pequeña Miguel de Cervantes para que escribiera la aventura de sus "vacaciones" en el DIARIO que le regaló su mamá, que desapareciò y fue encontrado para recordarnos que «el corazón de la auyama solo lo conoce el cuchillo» y que solo ella había vivido en su pequeño cuerpo de giganta Andandona de Majalahonda (inventado el sitio para extraviarnos de Getafe), o Giganta Cariculiambra de Malindrania, ese encuentro único con el duende, enano, Pulgarcito o Quijote hortelano que la enseñó que en los alimentos está la salud y la felicidad.

Leiby Ng

17/5/2024

viernes, 2 de agosto de 2013

¿Quién era Delia Quesada de Puerto Plata?

GESTORA CULTURAL

Una puertoplateña con sabor a teatro
VALOR HISTÓRICO. LA SOCIEDAD CULTURAL RENOVACIÓN PATROCINÓ ESTE IMPORTANTE TEXTO BIOGRÁFICO SOBRE LA VIDA DE DELIA QUESADA


Edición conmemorativa. Portada de la obra de Emelda Ramos.


Arlene Reyes Sánchez

Santo Domingo.- Para nadie es extraño que la Costa de Ámbar haya dado a luz a grandes talentos de la literatura. Puerto Plata es, sin duda, cuna de intelectuales, de relevantes figuras del mundo de las letras y, en particular, del teatro. En efecto, de aquí es una mujer que podríamos llamar la precursora del teatro en esta ciudad, pues su vocación de enseñar le abrió las puertas a muchos niños con inclinaciones actorales.
Con esto nos referimos a la dramaturga Delia Quesada, de quien la escritora Emelda Ramos, de la provincia Salcedo, se inspira para narrar la historia de su incansable labor en la obra: “Delia Quesada, pionera de la dramaturgia infantil.”
En un texto redactado minuciosamente “aparentemente” con el corazón, Ramos desnuda la vida de Delia, de quien manifiesta que es “hija legítima y segunda de Pedro Wenceslao Quesada y Agustina de Jesús Peralta.” Estos dos seres humanos manifestaron su amor hacia la educación por el futuro de sus seis hijas, motivo por el cual la escritora afirma: “Lo más notable es que esta niña (Delia Quesada), no sólo naciera en un entorno propicio para el pleno desarrollo de sus potencialidades, sino que además encontró la perfecta guía para su formación...”

Cualidades

Wenceslao Quesada  fue un gran abogado y también escritor de relevantes textos de la época como “Ley civil, ateísmo y religión” y “Cacique de Haití”, así como un significativo número de artículos publicados en un periódico del siglo XIX, de renombre nacional: “El Porvenir”. Sin embargo, las cualidades de Agustina de Jesús Peralta describen a la tradicional mujer dominicana: abnegación e intenso amor filial.
Delia recibió su primera enseñanza en la Academia de las Niñas Santa Rosa, la cual dirigía por la educadora puertorriqueña Demetria Betances, quien, según la autora, “descubrió y guió la vocación magisterial de Antera y Mercedes Mota.”
La sabiduría inculcada en esta institución, basada también en los principios educativos del pedagogo Eugenio María de Hostos, permitió a Delia descubrir su vocación para ser maestra, formadora de infantes.
Ya consagrada como docente en la provincia y haciéndose eco de una frase de Norma Lía Forman, especialista en literatura infantil-juvenil de la Universidad Nacional de Buenos Aires, la cual afirma: “A la par que los divierte, el teatro va desarrollando en los niños una formación humanística que los torna seres más nobles y sensibles.” Estas Palabras se encuentran en la redacción de Ramos, quien también destaca lo siguiente: “Capta la señal de los tiempos, y escribió, no un poema sino una obra dramática, de la cual no se conserva el manuscrito impreso, pero tenemos en cambio claras noticias del eco que produjo, y su puesta en escena que deducimos aconteció ya para inicios del año 1917.”

Su vida

Delia estuvo casada con Juan Ramón Román Jiménez, con quien procreó cinco hijos: Francia, Elsa, Judit, Fabio y Rhina. Esta última casi le cuesta la vida, al caer por unas escaleras, por lo que, nace deforme. Sin embargo, con su dulzura y cariño le disipó el miedo y, en su regazo, la hizo feliz.
El retrato de la maestra y dramaturga parece hablar. En la obra de Ramos, sus hijas describen a su madre como “una mujer trigueña y alta, ataviada en sencillos y pulcros vestidos, sin abalorios ni lujos, pero muy elegante.”
La vida de Delia no fue del todo color de rosas. Involucrada en unos de sus trabajos de teatro y promoción cultural, con niños presentes, la presión del público y el peso de los actores derrumbaron aquel escenario. Por suerte, nadie falleció. Anterior a este hecho, habían muerto su padre y madre, momentos que marcaron su vida para siempre, pues para Quesada, el amor hacia sus padres era como una balada de amor, que más tarde tuvo que cambiar por el ritmo nada melodioso de la resignación.
Tal como reza una frase popular: “Después de la tormenta siempre llega la calma.” El 10 de octubre finaliza la impresión en la capital, en ese entonces Ciudad Trujillo, de su libro Teatro Infantil, lo cual provocó, según el texto de Emelda Ramos que “sus cuarenta años de labor magisterial fueran reconocidos por el Estado dominicano, en 1945, condecorándola con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella en el Grado Gran Cruz de Plata.”
Más tarde, tras enterarse de que tendrían que extirparle un pedazo de intestino, rehúsa operarse, razón por la cual decide regresar a la Novia del Atlántico, justo a Imbert, un municipio de Puerto Plata. Quizá porque el olor a lo propio llama, seduce y embriaga. Allí es internada de emergencia y bajo la radiante luz del sol dice definitivamente adiós, el 13 de abril de 1949.

INVESTIGACIÓN EMELDA RAMOS

Ramos destaca un artículo del poeta Ramón Emilio Jiménez, quien escribió una nota necrológica por la celebración de una solemne misa de réquiem por su alma, en la Iglesia Parroquial San Felipe Apóstol de Puerto Plata, publicado en el Diario de la Mañana. Esta iglesia fue la plataforma de su bautizo y matrimonio, donde asistieron numerosas personas conmovidas.
“Delia Quesada Guardemos silencio: En una tumba hay paz Y el intenso batallar Ha terminado.
Nos queda la imagen de la mujer De gran espíritu, Quien tuvo la gracia de asomarse para mirar Los anchos horizontes, Bañarse en la luz de los ensueños Y convertir su diminuto paisaje azul En un cielo estrellado.
Exquisitamente generosa Como madre y como maestra Deja un legado De nobles recuerdos.

¿Quién ha logrado definir el valor exacto de un recuerdo? Guardemos silencio: Ha pasado por la tierra una vida.” Emelda Ramos agrega en su relato: “Delia Quesada, un libro viviente. Autora de sus propios cuadros dramáticos, diseñadora de su decorado y tramoya, escogía el elenco infantil y dedicaba todo el tiempo que disponía para dirigir los ensayos, corrigiendo con afecto pero con energía los errores, en la búsqueda de la perfección expresiva, léxica y gestual.”

miércoles, 7 de marzo de 2012

Emelda Ramos bautiza su nuevo libro: "El último aon"


El último aon”, escrito por Emelda Ramos e ilustrado por Adela Dore, es el título del nuevo libro para niños de diez años en adelante que publica el sello Alfaguara Infantil de Santillana.


Mateo Morrinson


Escritores de LIJ: Dulce Elvira de los Santos, Rafael Peralta Romero  y Farah Hallal.


Autora Emelda Ramos firma su obra para los lectores.


La escritora y poeta Farah Hallal, su hija Itzel y la autora Emelda Ramos

 “Escribir una historia para niños y jóvenes es descubrirles el acceso a un viaje en el tiempo,
con la gratificación de que les acompañaré en la aventura”. Emelda Ramos

Leibi Ng y Farah Hallal: autoras, editoras y promotoras de LIJ

Autoras: Emelda Ramos y Adela Dore



Este cuento infantil, de 44 páginas, impreso en papel satinado y cuidadosamente editado, trata de un episodio inédito que ocurrió en los primeros años de la colonización española, y lo protagonizan un niño taíno, Guaramatex, y un pequeño perrito de la raza de los “aon”, desaparecida ya. Juntos han vivido muchas aventuras desde que el niño taíno rescató al cachorro en medio del bosque, pero el mayor peligro les aguarda ahora, cuando la tribu de Guaramatex, llamado también “El que Camina de Espaldas”, es forzada a desplazarse a un lugar desconocido,  abandonando sus bohíos, conucos y valles.

Las palabras de introducción de este nuevo aporte a la literatura infantil dominicana estuvieron a cargo del laureado escritor Marcio Veloz  Maggiolo.

http://www.hoy.com.do/vivir/2012/3/1/416846/Alfaguara-Infantil-presenta-El-ultimo-aon-de-Emelda-Ramos

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