jueves, 28 de julio de 2011

El misterio del triángulo de Las Bermudas Por Aída María Tejeda Selman (11 años)


Ser agente de la Organización General y Mundial de Agentes Super Secretos (OGMASS) es una gran responsabilidad. Te asignan misiones muy arriesgadas y peligrosas como la que me asignaron hoy a mí, que es descubrir el misterio del Triángulo de Las Bermudas.
Me enviaron con un equipo de seguridad avanzada. Para comenzar he investigado su ubicación, Como su nombre lo indica, tiene una forma de triángulo y cubre un área de 1,100,000 km2, entre las islas Bermudas, Puerto Rico y La Florida. Este misterioso lugar fue y es testigo de muchos misterios como desaparición de aviones y barcos; hasta se relaciona con extraterrestres...nadie puede negar que ésto del Triángulo de Las Bermudas es algo realmente extraño. Desde el Siglo XX han desaparecido un total de 50 barcos y 20 aviones, lo que me lleva a temer el realizar esta nueva misión. Me pregunto: ¿podré yo ser el próximo avión desaparecido?...
Mi misión inició el 20 de julio del 2011, un día soleado como cualquier otro. El mar estaba en calma y el sol brillaba. La marina nos prestó un avión muy seguro. La tripulación del avión estaba compuesta por mi asistente Tom, un piloto de la marina con mucha experiencia en el área y yo, Aída. 
Nuestro vuelo despegó a las 2:00 p.m. Estuvimos volando, supervisando el área durante casi una hora, pero a las 3:45 sentí un temblor en el avión y miré por la ventana. Estaba cubierta de nubes negras, de repente miré al agua y ¡estaba blanca! como si fuera hielo. De repente el piloto me dijo que la brújula estaba dando muchas vueltas como loca y la señal de radio no servía, yo me volví a acercar a la ventana y me mareé, comencé a ver destellos como si fueran fuegos artificiales. Luego de unos minutos vi como una nube abrazaba el avión y me sentí mareada, muy mareada, más mareada que antes y sentí que arropaban el avión con un manto gigante.
De repente logramos comunicarnos con la torre de control y nos marcaron la salida. Nos guiaron a la tierra más cercana que era Puerto Rico. Al llegar nos dimos cuenta de que el avión estaba descontrolado por lo que tuvimos que tomar otro avión para llegar a nuestro destino final: Florida.
Al llegar a la oficina de mi agencia, logré descubrir lo que a mi parecer había sucedido: “El triángulo de Las Bermudas no tiene una maldición de brujas malvadas o extraterrestres, sino que yo considero que este fenómeno surgió en la descomposición del Pangea, que era como estaba formada la tierra muchas Eras atrás, donde todos los continentes estaban unidos y luego se separaron, quedando así una grieta en forma de triángulo, que es el que hoy llamamos de Las Bermudas. Esa grieta atrae hacia ella todas las naves que pasen cerca.”
Los científicos plantean que en esa área existe alto nivel de metano, lo que explica el descontrol de la brújula, los sonidos extraños y las luces que vi. ¿Por qué se encuentra esa sustancia allá? ¿Por qué es en forma de triángulo? Las respuestas serán parte de mi próxima misión.
Fin.

miércoles, 20 de julio de 2011

Farah, la que hizo el REVULÚ



Farah Hallal
Esta hermosa joven a quien he conocido primero como poeta y escritora, llevó a cabo en años recientes un proyecto titulado REVULÚ. Recuerdo que en uno de mis viajes, topé con un ejemplar y pensé que era un producto extranjero (los que han vivido el progreso editorial desde los 70 para acá, me entenderán). Realmente no me preocupé por verlo minuciosamente y ciertamente no podía. Ahora confirmo que es Farah la autora de esa revista dirigida a niños que estuvo circulando un tiempo, pero cesó por lo difícil que es sostener una revista de semejante calidad. De lo que no hay duda es de que se ha ganado un lugar imperecedero por su buena hechura y digno contenido. Felicitamos a Farah por ese proyecto tan lindo y no soltamos la esperanza de que pueda reeditarlo en el futuro con apoyo de los sectores educativos del país.

domingo, 17 de julio de 2011

César Sánchez Beras: LITERATURA INFANTIL Un poeta llamado César Sánchez...

César Sánchez Beras: LITERATURA INFANTIL Un poeta llamado César Sánchez...: " “ME HAN DICHO EN MI CARA QUE EL DECIMISTA NO ES POETA Y ESO ES ALGO ABSURDO” César Sánchez Beras Portada del libro más reciente del laure..."

Tripulante de un barco de caracoles

Un pueblo llamado Pan y otros


Recuerdo a “Enriquito y Serafín”. Al Dr. Oscar Holguín-Veras Tabar leyéndolo en voz alta para el grupo desde las páginas del Suplemento cultural “Isla Abierta”. Recuerdo también la coincidencia de luz con “El cocuyito bonachón”, del odontólogo escritor y con la conducción liberadora de la ciguapa de Brunilda Contreras desde su encierro de rendijas hasta el monte. Los seres de brillo iluminan la literatura infantil.
Brunilda me hizo llegar con Mary Collins los nueve relatos de “Un pueblo llamado Pan…” y aquí se incluye el cuento ganador del Premio Nacional de Literatura Infantil 2002. Terminé de leerlo y me quedé flotando. Tenía viva la cultura de mi tierra palabra por palabra.
José Enrique García, poeta, escritor, periodista, padre… ha sido una figura discreta en la literatura infantil dominicana. Tal vez porque desde que se inició no se encasilló con un público y supo siempre que literato es todo aquel que se comunica con las almas a través de la palabra escrita (¡y los niños son almas!). 

García, sin estridencias, transmite el sosiego de una personalidad que fluye tras el equilibrio. No lo conozco más que de leerlo poco y no muy bien, pero, así de lejos, con el viento ululando en la ventana y su libro entre los dedos, siento que hay panteísmo en este hombre que utiliza las palabras como destellos para llegar al sentimiento.

Estos nueve cuentos te graban una frase aquí, otra allí, y de esa manera tan sencilla, el libro se  incorpora a quien lo lee. ¿Acaso no es la máxima ambición de un escritor fluir con sus letras de manera ligera y rítmica por el torrente sanguíneo de los lectores?
José Enrique García lo tiene ganado. Un estilo singular que ahora descubro en una mezcla racional de sobriedad e imaginación, como quien está muy consciente de que esta última hay que administrarla a cucharadas, no vaya a ser cosa que.
Fuera de la vieja discusión de si se trata de cuentos “donde se narra un hecho de indudable importancia”, o de relatos (narraciones cortas), observo que la ecuanimidad del narrador mantiene la pasión bajo mínimos. Sin renunciar a la voz aleccionadora, sirve historias con elegancia. “Un pueblo llamado Pan…” arroja un resultado que se me antoja escala para subir a Dios, a la Naturaleza, a la Verdad del Alma… sí con mayúsculas, así. Esas cosas que sostienen la vida, sus ganas de ser con sentido.
El milagro del árbol que retoña, las luces que nos guían en los momentos más desesperantes, el perro que se alivia con lágrimas vivas, el agua que salva al aire, un barco de caracoles que recorre el litoral; el onírico manto que teje la imaginación, la efectividad de los utensilios tradicionales frente a la sonrisa seductora de la tecnología, la tremenda visión del invidente, y finalmente, un paseo por la historia que resplandece con saetas y metales.
Sin duda hay mística en las letras de José Enrique García. Un hilo conductor luminoso donde tanta luz falta, resplandece con un cierto misterio que quiere decir magia, nostalgia, ilusión… Aunque parece que los cuentos han sido creados en diferentes tiempos, la personalidad del narrador logra una coherencia tierna que llama la atención hacia un universo de protección a la vida, al medio ambiente, al goce estético, al lar nativo, con una clara inclinación hacia la tierra del reloj: Montecristi y sus atardeceres.
Otro punto de oro que reitero: Literatura infantil es literatura entera por lo que no hay que reducir el lenguaje cuando nos dirigimos a públicos juveniles. Todo lo contrario ¡hay que elevar las palabras a la estatura de ellos!
Me quedo con la propuesta de “El Barco de la Luz” por encima de “Enriquito y Serafín”, con todo y su premio nacional. El barco de caracoles es más original, navega audaz por la imaginación. Mi alma de niña se queda prendada del goce extremo que ha de ir bordeando las costas dominicanas con su ritmo de ensenadas y cabos, cayos y calas, serruchitos y ondulados de esta amada geografía; me adentro en la panza de la isla, reflejando en mis pupilas el bamboleo de las palmas y el ramalazo blanco de un vuelo de gaviotas.
Marinera en la nave de caracoles, donde los pasajeros se transportan una sola vez, en una oportunidad única de vida, iluminada por una estrella, a todos vemos y ellos no nos ven, porque somos ángeles.
Así quisiera ser tripulante del barco de José Enrique García y viajar a la imaginación con los niños de mi país, para volver a ver la sonrisa de Dios, el relámpago que siembra la esperanza para un pueblo bueno que a pesar de que su ambiente se degrada, en contra de que el pan escasea y la seguridad se escapa, se arropa con el manto de cocuyos que le trae la noche cada ocaso y se tiende recordando que “siempre hay luces que alumbran los caminos”.

Leibi Ng
Alcalá de Henares
2002

Carta de un viejo trompo al niño que lo abandonó. Por Juan Báez Melo

Para mis hermanos Tatín y Memé. No sé si recuerdas el día que llegaste al taller para hacer sillas. Entre varios chicotes me escogi...