miércoles, 24 de septiembre de 2008

BAJO UN MISMO SOL. CAROL ROSALÍA CÁRDENES


Carol Rosalía Cárdenes Rubiera

Semblanza


Carol Rosalía Cárdenes, con su nombre de romance y su aspecto sólido, se quiebra al sostenerle la mirada de niña. Y es que está construida de células de amor de las que la mayoría de los mutantes terrícolas hemos prescindido hoy.

Egresada del Instituto Cultural Domínico-Americano y de la Alianza Francesa, también es Técnica por el Centro Cristiano de Asesoría Familiar, CECAF.

Su vida profesional es la comunicación y el servicio. Sin embargo, la necesidad de abordar la Literatura Infantil y Juvenil, la motiva desde hace muchos años y aunque es básicamente creadora, para ella será inevitable incursionar en la difusión y valoración de esta importante rama de la literatura. PoR eso es miembro del Grupo de Literatura Infantil y Juvenil Pedro Henríquez Ureña y tiene tantos deseos de trabajar. Dibuja, colorea, narra, declama, hace títeres y asume a los sobrinos casi con tanta responsabilidad como sus propios padres.

Carol Rosalía Cárdenes es uno de los seres humanos que todavía saben escuchar y como buena escritora, también es observadora. Ella regala serenidad en una época en que todos estamos moviéndonos en múltiples búsquedas.

Uno de los problemas que siempre preocupa a los creadores de literatura, a los padres y a los maestros, es cómo hacer disfrutar a un niño del placer de la lectura. Nosotros tenemos la repuesta con la madre de Carol Rosalía, Doña Rosalía Rubiera de Cárdenes, una verdadera amante de la cultura. Contra un medio adverso, nada inspirador, esta dama ha sabido inculcar a sus seis hijos no sólo el placer íntimo y apasionante que se encuentra en los libros, sino la vocación de actuar sabiendo expresarse con las artes del lenguaje y haciendo, sin saberlo, lo que Hans Cristhian Andersen: encontrar poesía y fantasía en cada acto cotidiano de la vida. De manera concluyente, un buen lector transmite a sus hijos el don, por eso tenemos que mencionar a la madre de Carol como guía y ejemplo para formar hijos creativos, sobrinos, ahora nietos y hasta vecinitos, por lo que a mis hijas toca.

Carol Rosalía, ya lo pueden ver, irradia ternura y timidez y sin embargo, uno intuye que dentro de ella hay una recia personalidad normada por la firmeza. Una firmeza que nace de su anhelo de llegar a los demás a través del manejo de las palabras con todas las consecuencias. La enfermedad de los escritores la corroe y se ve condenada a expresarse para rehacer el mundo en cada narración, en cada cuento, en cada cuartilla embadurnada frente a sí porque si no, se le muere algo por dentro.

Sólo quien sabe de timideces y humildades puede captar cabalmente lo que significa esta noche para Carol Rosalía.

Dirigido a los seres con quienes mejor se entiende, aquí está su primer libro. El primero en lo que esperamos sea una fructífera carrera, como le ha augurado nuestro más insigne escritor, el profesor Juan Bosch. Carol sabe que esto es un compromiso que le hace a la infancia y esto sí que es un asunto de envergadura.

Digamos que Carol Rosalía Cárdenes ha nacido esta noche. Que al mismo tiempo ha parido su primer libro asistida por sus compañeros, especialmente Lucía Amelia Cabral; que su "bebé" ha sido bautizado, en una clara alusión a los Derechos de los Niños con el nombre: Bajo un Mismo Sol y que este no es más que una pequeña muestra del enorme potencial de literata que guarda en su alma de hada y que promete desplegarse página por página de ahora en adelante, no sólo para los niños y los jóvenes, sino para todos los que llevamos la fantasía en nuestras vida, sin importar nuestras edades.

Yo pido que Dios bendiga a Carol Rosalía Cárdenes esta noche especialmente y de aquí en adelante por siempre para bien de nuestra literatura infantil.

Leibi Ng
30 de octubre de 1995

Mi querida Carol, ahora de Grimaldi, se ha casado y tiene dos hermosos niños, una pareja. Hace años vive en los Estados Unidos de Norteamérica y sé que tiene cuentos y poesías guardados en alguna gaveta que un día abriremos juntas. Así lo espero. ¡Bendiciones, amiga!

La Estrellita Perdida

Por Carol Rosalía Cárdenes Rubiera
Diciembre, 1995

En el cielo se ha armado un gran revuelo y no ha de ser para menos, pues se ha perdido una estrella.
-¡No sé dónde pudo haberse metido! -lamentaba quejumbrosa Porción Brillante, -si yo misma la coloqué allá junto a Cerco Luminoso.
-Por descuidada ha de haberte pasado -reprochó Siempre Alerta -las estrellas pequeñas nunca, nunca, nunca se dejan solas.
-Seguro que cayó en uno de los grandes hoyos negros -sollozaba Tierna Luz -y sus lágrimas eran como grandes gotas de cristal que al caer al espacio se convertían en polvo cósmico color rosa, verde, violeta...
Pues ante todo, debemos encontrarla -indicó Siempre Alerta. Fue así como las estrellas hermanas se pusieron de acuerdo.
La vida allá arriba es muy ordenada así que no se podía perder mucho tiempo formando comités, ni programando estrategias. Tomaron acción y formaron una gran ronda exploratoria. Se movían al compás del gran Universo que emitía sonidos musicales en armoniosa danza.
Muchas luces después, Porción Brillante recorría la Vía Láctea, luego de deslizarse por los anillos de hielo, tropezar con algunos meteoritos y patinar entre los satélites que bailaban alrededor de los planetas.
Al fin la vio. ¡Estaba allí! Pero.. ¡Qué extraordinaria sorpresa! No era la misma estrella. Es decir, estaba toda transformada.
Porción Brillante apenas reconoció a Estrellita Perdida. Le hubiera pasado por el lado, de no haber sido porque ésta conservaba el mismo brillo, calidez y hermosura.
Pero, ¿quién la había colocado allí? ¡Era increíble! Estaba totalmente desintegrada. ¿Sería acaso obra misteriosa del Gran Creador? Seguramente lo había hecho para llenar de luz, calor y alegría el corazón de la gente.
Estaba en todas partes y en cualquier lugar, en Oriente y en Occidente, al Norte y al Sur... la Estrellita Perdida, con toda su brillantez, se encontraba cuidadosamente repartida y difuminada en la mirada de cada niño que habita el Planeta Tierra.
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Carta de un viejo trompo al niño que lo abandonó. Por Juan Báez Melo

Para mis hermanos Tatín y Memé. No sé si recuerdas el día que llegaste al taller para hacer sillas. Entre varios chicotes me escogi...