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martes, 7 de agosto de 2018

Cinco cuentos de la abuelita Calule de Carmen Esteva



«Rodeada de sus hijos, hermosos nietos y familia, la educadora Carmen Esteva presentó el pasado jueves su quinto libro titulado “Cinco cuentos de la abuelita Calule”.
La directora de la Feria Internacional del Libro, Ruth Herrera, tuvo a su cargo la introducción de la obra que se realizó en el Foro Pedro Mir de la Librería Cuesta.
Esta obra plasma historias y situaciones de los niños, mezcladas con sus vivencias de la infancia y la ficción.
El nombre “Calule”, surge de que es así como sus nietos llaman a la escritora.
Su inspiración para escrirlo se debió a que la tecnología “nos ha hecho perder la tradición de leer cuentos en familia y quiero volver a esa época donde los padres leían para sus hijos todas las noches”, manifestó.
Desde que era una niña, Carmen Esteva sintió inclinación por la escritura y luego se formó en el área de la educación, llegando a ocupar importantes puestos en colegios de Santo Domingo, hasta fundar su propio centro educativo, el CEMEP.

Sobre el libro: La obra estará disponible en Librería Cuesta y en las sucursales de las tiendas de EPK, en Santo Domingo y Santiago.»
Escrito por:
en el periódico HOY del 6 de agosto 2018
La artista Kilia Llano ilustró el libro de cuentos, compuesto por cinco historias recopiladas en 63 paginas páginas. “La tecnología nos ha hecho perder la tradición de leer cuentos en familia y quiero volver a esa época donde los padres leían para sus hijos todas las noches”, dice Esteva.





FUERA DE SERIE, PROYECTO DE GERALDINE DE SANTIS

domingo, 29 de julio de 2018

DON GATO Y DON RATON

Cuento infantil de Juan Bosch


Don gato estaba una vez paseándose sobre una pared, y al mirar hacia abajo observó que una cosa se movía dentro de una barrica. Esta contenía un poco de ron y cuando Don Gato se acercó se relamió de gusto al ver que quien estaba ahogándose en el licor era nada menos que su tormentoso enemigo, el joven Ratón.
—Compadre Gato —clamó el infeliz— me estoy asfixiando aquí. Haga un favor, siquiera sea una vez.
—Yo lo siento, compadre Ratón —contestó sin piedad alguna Don Gato.
—Oiga —insistió el moribundo— le prometo engordar cuando salga de aquí y volver donde usted, para que me coma.
Al oír tan agradable proposición, Don Gato se detuvo, se llevó la patita a la barbilla, como quien piensa, y contestó:
—Yo no creo en la palabra suya, amigo Ratón; pero si usted me promete engordar y volver, trataré de ayudarle.
Al joven e impertinente Don Ratón le brillaron los ojitos, porque a decir verdad no se sentía muy bien en el ron, que le estaba quemando las peladuras, que se había hecho tratando de conseguir queso.
—Le juro a usted, compadre Gato, que cumplo mi promesa— afirmó. Entonces Don Gato buscó una tablita, la colocó de modo que tocara el fondo y el borde de la barrica, y por ella salió el entripado Don Ratón. Cuando estuvo afuera volvió la cara y se ausentó lo más deprisa posible, por si acaso. Pasaron los días, las semanas, y hasta medio año. Un día Don Gato se paseaba tranquilamente por el patio de su casa y vio unos ojitos brillar en el fondo de una cueva.
—¡Hola, compadre Don Ratón! —¿Qué tal, amigo Don Gato?— respondió aquel cínicamente
—¡Cómo! —¿Ya usted no se acuerda de lo prometido?
—¿Prometido? —preguntó Don Ratón. Entonces Don Gato, con las mejores palabras de su léxico, explicó el caso tal como sucediera.
—¡Ah sí! -dijo Don Ratón—. Lo recuerdo muy bien.
—¿Y no va usted a cumplir ahora su promesa? —preguntó el gato, relamiéndose al pensar en su próximo banquete.
—¿Yo cumplirla? ¿Qué era lo que había en la barrica, compadre Gato?
—Ron, si no me equivoco —respondió éste.
El joven Don Ratón se echó a reír estrepitosamente y cuando hubo terminado explicó:
—Si era ron, es indudable que yo estaba borracho, y usted estará de acuerdo conmigo, compadre Gato, que nadie le hace caso a las palabras de un borracho. Y el “compadre” Gato no supo qué contestar.


JUAN BOSCH

sábado, 14 de julio de 2018

Decálogo ético del escritor Por Carlos Fong

“No pido milagros y visiones, Señor, pido la fuerza para la vida diaria. Enséñame el arte de los pequeños pasos. Hazme hábil y creativo para notar a tiempo, en la multiplicidad y variedad de lo cotidiano, los conocimientos y experiencias que me atañen personalmente”. (Cita de Antoine de Saint-Exupéry).

1. No codiciarás el talento de tu prójimo bajo ningún precio. La honestidad no se negocia. Si aspiras a ser un escritor genuino, sé honesto con lo que escribes.

2. Un escritor no es una celebridad de cine ni un rock star. No permitas que la fama nuble tu personalidad. Rehúye a ser un escritor de cartelera.

3. Cuando escribes haces una declaración de conocimiento. Procura que tus ideas, aunque sean producto de la imaginación, tengan valor para la humanidad.

4. Parafrasea a Kafka: un escritor no tiene intereses literarios; solo le interesa descubrir y revelar la terriblemente hermosa condición humana.

5. Esfuérzate por ser sincero cuando escribas. El mundo es sincero contigo día a día, aunque su imagen sea muchas veces brutal. Sé pertinente con tus palabras, porque estarán a disposición del otro y las usará contra ti.

6. La inteligencia es propiedad privada; pero no olvides que también es un correlato del mundo que implica al otro. Sé inteligente para ser fuerte, porque los otros no tendrán clemencia y serán crueles.

7. Blíndate contra la mediocridad del mundo. La ciega voluntad de buscar el reconocimiento alimenta la mediocridad. El mediocre hace ruido para llamar la atención.

8. Parafrasea a Kundera: la moral de un escritor radica en el descubrimiento de una parte esencial desconocida de la existencia. La única moral de una obra es el conocimiento.

9. El arte de escribir es un contrato con el lenguaje. El que escribe hace un pacto tácito con el lenguaje, pero también hay un acuerdo implícito con el lector. Nunca violes ese acuerdo.

10. No te empeñes en buscar el reconocimiento. Si tu obra pasa invisible sin lograr la aprobación, es porque no ha sido comprendida en este tiempo o, simplemente, nunca fue una obra.

Por Carlos Fong
La Prensa, 30 jun 2018 -
El autor es escritor panameño

Presentación de Virginia Read de Escobal al libro "El Tesoro Escondido de la Ciudad Colonial" de Nelia Barletta

Virginia Read Escobal

Estimados amigos, niños lectores:
Buscar tesoros escondidos siempre es divertido, acercarse a la historia, muchas veces no lo es tanto.
Con su primer libro, ese que tanto llena de ilusión a quien escribe y sobe todo quien escribe para niños, Nelia nos lleva de la mano por un hermoso recorrido histórico de nuestra zona colonial, la más, más, más…
Tres personajes nos cuentan acerca de las valiosas piedras que conforman una parte importantísima del patrimonio arquitectónico dominicano:
Alaia, con sus ojos curiosos del presente.
Nico, con la mirada cargada de experiencias pasadas y a veces con un toque de perplejidad.
Finalmente Tito, con su visita a vuelo de pájaro nos enseña de la manera, más, más, más divertida y didáctica.
y… queridos niños lectores, sucede la magia. Ese conjunto de piedras cobra vida y nos cuentan cosas interesantes. Porque al fin y al cabo, ¿de qué nos sirve un edificio hermoso y único, si no conocemos su historia y la de aquellos que lo habitaron? ¿O las historias de los que hoy en día siguen viviendo en ellos y deben convertirse en sus guardianes?
Porque sinceramente he llegado a la conclusión que el mayor tesoro de nuestra zona colonial es sin duda, que sigue viva… Y Nelia, nos facilita, con la lectura de este libro, y que además hermosamente ilustrado por Ana Díaz, un primer acercamiento a su interesante historia.
Aprovechamos esta oportunidad y armémonos de gran curiosidad, abramos bien los ojos y los oídos y despleguemos los mapas del tesoro.
Por último, no puedo dejar pasar la oportunidad de resaltar que este libro tiene otra importantísima misión, y es que su venta dará soporte a los proyectos de la Fundación Abriendo Camino, en Villas Agrícolas. Un proyecto ejemplar que invito a todos a visitar.
Muchas gracias Nelia, y a todos.
Virginia Read Escobal



jueves, 12 de julio de 2018

Santuarios de Mamíferos Marinos. PROPAGÁS


Lucía Amelia Cabral, Amanda Garcell Domínguez (1er.lugar), Rosa Margarita Bonetti de Santana, Elijah Hassan (2do Lugar), Marcos Abreu (3er Lugar) y María Teresa Catraín (Foto: Fuente externa)

Es la 7ma. Edición del Concurso Literario Infantil-Juvenil Letra Natural, mediante un acto de premiación impregnado de versos y cantos que giran alrededor de la Bahía de Samaná y nuestros santuarios de mamíferos marinos.

Santo Domingo.- La Fundación Propagas presentó con orgullo y entusiasmo la 7ma edición de su Concurso Literario Infantil - Juvenil Letra Natural, con el tema “Versos y Canciones a Nuestros Santuarios de Mamíferos Marinos” mediante la publicación de un libro impregnado de versos y cantos que giran alrededor de la Bahía de Samaná y nuestros santuarios de mamíferos marinos.

Tres especies representativas: Ballenas Jorobadas, Manatíes y Delfines protagonizan la diversidad de los géneros musicales de estas composiciones que nos recuerdan la importancia de respetar y cuidar nuestra biodiversidad.

El Concurso Letra Natural se inició en el año 2011 para promover y desarrollar en nuestros jóvenes, la sensibilidad a la lectura y la escritura, el amor hacia la naturaleza y el cuidado a nuestra biodiversidad. Un programa que nos invita a soñar con un mundo mejor, con la posibilidad de un despertar de consciencia. Y que año tras año, nos devuelve la esperanza de que la voz de cada uno de estos niños será escuchada.

Las palabras centrales del acto de premiación estuvieron a cargo de la Presidente de la Fundación Propagas, Sra. Rosa M. Bonetti de Santana, quien resaltó que: "Bahía de Samaná y Nuestros Santuarios de Mamíferos Marinos son sus tres protagonistas: "Ballena Salt: La gran dama", "Tamaury: el huérfano manatí" y "Un delfín nariz de botella llamado corazón" fueron el punto de partida de un rico proceso creativo que inspiraron esta nueva edición del Concurso Letra Natural.

Desde octubre 2017 hasta marzo 2018, el equipo educativo de la Fundación Propagas ha estado impartiendo charlas de sensibilización en las que los estudiantes pudieron conocer la realidad de
estas tres especies de mamíferos marinos: ballena jorobada, delfín y manatí, aprendiendo cómo sobreviven, sus amenazas y constantes batallas por la vida".

La Sra. Bonetti de Santana expresó sentirse satisfecha que este año el concurso contó con la participación de aproximadamente dos mil estudiantes de 4to y 5to de secundaria, de unos 30 centros educativos públicos y privados de nuestro país, de los cuales 150 jóvenes se sintieron motivados a investigar sobre estas especies marinas y expresaran en un poema musical sus reflexiones.

De los participantes se pre-seleccionaron 90 y 12 lograron convertirse en ganadores, luego de un riguroso proceso de selección que estuvo bajo la responsabilidad de un cuerpo de jurado compuesto por literatos y expertos en temas de ecología y diversidad biológica en la República Dominicana.

La Sra. Bonetti de Santana concluyó sus palabras destacando: “Las obras que entregamos en esta 7ma edición de Letra Natural son por primera vez en dos formatos: un libro conteniendo la publicación de los versos y canciones, así como un disco compacto (CD) con una producción musical de alta calidad, ambos se suman a nuestro acervo de seis ediciones anteriores que contribuyen a conocer, amar y respetar nuestra biodiversidad.

Ambas obras integran arte y naturaleza en un canto por la vida y protección de nuestras especies marinas" .

En el libro y en CD “Versos y Canciones a Nuestros Santuarios de Mamíferos Marinos” nos acompaña el arte musical expresados a través de la escritura de versos, canciones, un tema que nos invita a sensibilizar y concientizar sobre la importancia de estos recursos naturales a través de este concurso literario que motiva al pensamiento y la producción científico-literaria mediante encuentros interactivos y reflexivos que llevan a una formación consciente de cómo debemos relacionarnos con la naturaleza.

Los cuentos ganadores seleccionados en esta séptima edición de este Concurso Literario Letra Natural, en el que resultaron ganadores los siguientes estudiantes y sus respectivas obras:
Primer: El gran azul  Amanda Garcell Domíguez

Segundo Quisiera yo Elijah Hassan Fernández

Tercer El camino Marcos Magdiel Abreu De La Cruz

Mención Especial Lágrimas de sal Sarah Elizabeth Amaro Castillo

Mención Especial Oasis Abril Soler Rocha

Mención Especial Un mar de vida José Alejandro Ureña Piña

Mención Especial A los animales del santaurio Mario Alejandro Galán Soto

Mención La Bahía de Samaná Edward Villa Sánchez

Mención Tres historias, una canción Yariely Díaz De La Cruz

Mención Un mundo para las ballenas Aslín García

Mención Bahía de Samaná  Luis Daniel Pelletier Vargas

Mención Tenemos que ayudar María Fernanda Crespo Toral

Premios para Ganadores:
Los tres primeros lugares ganadores recibieron premios educativos especiales y todos los participantes recibieron un certificado de reconocimiento, una excursión educativa al Acuario Nacional, dirigida por expertos para conocer de cerca la experiencia del caso del manatí, una orden de compra de artículo tecnológico en la tienda Iparra Del Caribe (Todos), todos los premios con valores literarios indiscutibles y un mensaje de conservación medioambiental expresado magistralmente, según la valoración de los especialistas que formaron parte del Jurado.

Jurado, artistas ilustradores y Equipo de Trabajo de la Fundación Propagas:
El jurado de este concurso estuvo compuesto por un equipo de profesionales integrales del area de literatura y ciencias, de trayectoria académica sustancial, de aporte social y de sensibilidad humana como: Lucía Amelia Cabral, María Teresa Catrain, Orlando Muñoz, Bilda Valentín, Eladio Fernández, Eduardo Vásquez y Eladia Gesto, personas que con entrega y dedicación nos acompañaron en la ardua elección y decisión de las obras ganadoras.

Los ilustradores que tuvieron a cargo el diseño de las imágenes de los cuentos ganadores fueron los talentosos artistas: Ilka Marra, Camile Olivero Lara, Ivanna Candelier y Domingo Guzmán.

Por parte del equipo de la Fundación Propagas, la Lic. Tomiko Castro, Gerente de Pedagogía, tuvo a su cargo el liderazgo del proceso de visitas a las escuelas y colegios participantes, motivando junto a su equipo especial conformado por Nelson Liriano, Eladio Fernández y Eduardo Vásquez, a los talentosos estudiantes que demostraron a través de sus versos una sensibilidad especial hacia la naturaleza.

El acto de premiación tuvo como escenario el auditorio y la Sala Gigantes Marinos del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), contó con la presentación musical del Coro Infantil Flor de Bayahibe con las obras ganadores de los tres primeros lugares que fue muy emotiva y aplaudida.

La Fundación Propagas clausuró el acto agradeciendo a las instituciones educativas y a los jóvenes participantes junto a sus padres y familiares, y reafirmando su compromiso en seguir desarrollando proyectos educativos que promuevan la preservación de la naturaleza.

FUENTE:
http://www.diariohispaniola.com/noticia/41866/entretenimiento-y-cultura/fundacion-propagas-presenta-versos-y-canciones-a-nuestros-santuarios-de-mamiferos-marinos.html

lunes, 18 de junio de 2018

Los Quinquilibrillos, por: Belié Beltrán (@Jeltran)


Había una vez y dos son tres, que el que no compraba azúcar no bebía café.
Este era un hombre muy pobre, muy pobre, muy pobre. El hombre era tan pobre que aunque dormía encuero no le picaban los mosquitos porque les daba pena chuparle la sangre. El hombre tenía un hijo. Así como tú, quizá un chin más grande, como de diez años.
El muchacho y su papá vivían juntos. Comían de lo que hallaban en los montes. Y a veces un compadre les daba algo, aunque no mucho.
El compadre era muy rico. Siempre hablaba de todas las cabezas de vaca y puercos y chivos que tenía. Le decía al hombre que tenía tanta tierra que a veces se le cansaban los ojos de mirar tan lejos.
El compadre quería que el hombre le dejara llevarse a su ahijado a vivir con él. Pero el hombre siempre se negaba.
—Compadre, es que ese es mi muchachito. Yo le prometí a su mamá que siempre lo iba a cuidar. —Decía.
El compadre siempre volvía. Contaba las mismas cosas:
—Compadre, mi mujer y yo no tenemos hijos. Usted no puede darle nada. Mire que flaco está ese muchacho de pasar hambre. Conmigo él va a estar mejor. Y un día todo lo mío va a ser suyo. ¿Es que usted no quiere lo mejor para su hijo?
En fin, que tanto embromó y embromó el compadre rico, que el pobre, un día aceptó entregarle al hijo.
Así es que el compadre rico montó el muchacho con él en el caballo y se lo llevó a vivir a su casa.
—Ahijado ¿tú ves esas vacas allá lejos? Todo eso es mío —decía, y más adelante: —¿tú ves esa recua de chivos que van para el río allá lejos? Todo eso es mío.
Y mientras el ahijado no decía nada, continuaba:
—Ahijado ¿tú ves ese monte de cacao allá donde se pierden los ojos? Todo eso es mío.
El muchacho respondía que sí a todo. Luego bajaba la cabeza muy triste.
Al principio todo iba bien. El padrino no le hacía mucho caso al ahijado. Pero el muchacho no se quejaba. Pero un día:
—¡Ahijado, ven acá! ¡Corre, juye! —lo llamó con escándalo. El muchacho, muy preocupado, corrió:
—¡Dígame, padrino! —el padrino señaló algo en el suelo y le preguntó:
—Ahijado ¿qué es eso?
—Esos son unos zapatos —contestó muy sorprendido por la pregunta.
El padrino se enojó muchísimo. Y lo insultó:
—Yo sabía que mi compadre te tenía bruto —bramó —pero no sabía que era tanto. Eso no se llama zapato, se llama “Quinquilibrillo”.
El muchacho no dijo nada. No le gustó lo que le dijo el padrino, pero se quedó tranquilo.
Al día siguiente estaban haciendo unos trabajos en la casa. El niño miraba a los trabajadores y les pasaba martillos y clavos. En eso estaba cuando el padrino lo llamó
—¡Ahijado corre, corre, juye, ven acá!
Otra vez el muchacho fue corriendo adonde el padrino. Y esta vez no le tomó de sorpresa la pregunta:
—¿Qué es eso? —preguntó señalando a una escalera. El niño se quedó callado un rato.
—¡Conteste cuando yo le hable! —Lo golpeó. El muchacho exclamó:
—¡Es una escalera! —Y ahí sí fue. Parecía que al padrino le mentaran la madre.
—¡Pero muchacho, tú sí eres bruto! ¡Qué vergüenza debería darte! ¡Eso no se llama escalera! Se llama “Suba Los Pasos Completos”—El pobre muchacho se quedaba callado, aguantando. La mujer del padrino trataba de consolarlo, pero no podía hacer gran cosa.
Al día siguiente el muchacho estaba con los trabajadores. En eso llega el padrino del monte, se queda viéndolo y le dice:
—Ahijado, ¿qué es eso? —el muchacho se puso como un papel, pero una pescozada del padrino lo hizo ponerse colorado.
—Eso es una casa, padrino —gritó. El padrino se enfureció. Se quitó la correa y le entró a correazos:
—¡Eso no se llama casa, animal, eso se llama “vitoco” —uno, tituá, dos, tituá, tres tituá, cincuenta correazos. Esa noche la madrina tuvo que ponerle Ubrenal y sebo de Flandes por todas partes.
El padrino tenía un gato. Ese gato era la niña de sus ojos. Lo quería casi más que a su mujer. Si él comía, el último bocaíto de comida era para el gato. Si se estaba bebiendo el café en la tarde, lo hacía pasándole la mano al gato.
—Ahijado, ¿qué animal es ese? —preguntó acariciando al gato. —El muchacho se quedó callado. Miró para todas partes. Parecía un ratón cuando lo van a atrapar:
—Padrino… es que usted me va a dar —dijo mirando al suelo. El padrino se puso de pie, agarró un fuete de arrear las vacas.
—No te lo voy a repetir —lo amenazó.
—Eso… eso es… ¡Padrino es que usted me va a dar! —decía. En eso el padrino le metió un fuetazo en la cara.
—¡Tan malcriado! ¿Qué animal es ese? —gritaba.
—¡Eso es un gato! —contestó desesperado.
El padrino lo insultó peor que las otras veces. Y mientras lo golpeaba una y otra vez, fuipi, fuipi fuipi, con el fuete, le decía:
—Yo te voy a decir gato a ti, tan bruto. Eso se llama “Animal Caspa La Raya”.
Así fueron pasando lecciones y castigos. La candela se llamaba Clemencia y el agua Paciencia. Y cada cosa el muchacho la aprendió a golpes y a ratos hincado al sol con piedras en las manos. Hasta que un día se dijo: “No se apure. Yo le voy a decir a usted por abusador”.
La casa del padrino estaba techada de yagua y cana. Era una casa muy grande, con piso de madera y con paredes echas de tablones. Así como eran las casas antes.
Una noche el muchacho se levantó de madrugada. Hizo como si fuera a salir a orinar al patio. Y solo se repetía: “No se apure, no se apure”.
Agarró al gato. Le echó gasolina y lo prendió.
El gato hizo ¡Sópete, para encima de la casa! Chillaba que se oía de aquí al río. Y ya ustedes saben, ese gato revolcándose en el techo de la casa, prendido en candela.
El muchacho subió a una mata de guayaba y cuando ya la casa se estaba quemando bien, comenzó a gritar:
—¡Padrino, padrino! ¡Póngase los quinquilibrillos, suba los pasos completos que el animal caspa la raya está prendido en clemencia y si no corre con paciencia se le quemará el vitoco!
El padrino se despertó con los gritos del ahijado cuando ya estaba rodeado de candela por todas partes. Y sin entender lo que le gritaba el muchacho, empezó a vocear:
—¡Agua, ahijado! ¡Agua, ahijado!
—¡Paciencia, padrino! ¡Paciencia! —contestaba él.
—¡Agua, ahijado! ¡Agua, ahijado!
—¡Paciencia, padrino! ¡Paciencia!
Esa mañana el muchacho se fue corriendo a buscar a su papá. Lo encontró en la casita en la que vivía antes. Y se abrazaron. Y se quedaron juntos. Y estaban contentísimos y a mí me dejaron aquí contando el cuento. FIN


Publicado originalmente en:
http://z101digital.com/articulos/uno-de-los-cuentos-que-me-contaba-mi-papa-06-06-2018
Por: Belié Beltrán (@Jeltran), licenciado por PUCMM y mágister por APEC en comunicación corporativa. Es autor de los libros “Pardavelito” (cuento) y “Crónicas a la Colmena” (poesía). Fue traducido al alemán por el Goethe Institut y ha ganado varios premios de poesía y cuento.

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A continuación, la nota original del autor:

"Todas las noches mi papá utilizaba el mismo método para entretenernos hasta que llegara la luz. Nos sentaba a los tres hermanos en sus piernas e iniciaba un cuento que con certeza acabaría encadenándose a otro.

El repertorio tenía un límite. Pero este quedaba oculto entre las combinaciones que mi papá hacía entre historia e historia.

Los cuentos eran una mezcla de narraciones tradicionales que aprendió de sus padres, anécdotas, leyendas de camino y cuanto insumo pudiera meter en el saco.

Solo parecía haber una regla inviolable: el marco de un cuento no podía competir con el marco de otro.

Es decir, si narraba las vivencias de Juan Busca Fiesta, no podía atribuirle a él las hazañas de Pedro Animal. Eso no impedía que en algún momento de la noche, digamos que a una hora de distancia entre el final del cuento y la venida de la luz, Juan Bobo y Gutino se encontraran en algún camino real.

Les contaré uno de los cuentos que más me gustaron desde siempre. Bueno, si no me hubiera olvidado del de los bollos mocatos y el aguacate.

Este es el cuento de los “Quinquilibrillos”. Ojalá consiga captar el aire que papi le daba a este cuento.

Nota: Si pudiera hablaría de cómo en los cuentos folclóricos y leyendas contemporáneas hemos ido hilando una especie de espejo de la narrativa cotidiana que vivimos. Y ni hablar de códigos éticos.

Nota 2: Empecé estas líneas para perorar sobre cómo poco a poco hemos perdido la capacidad de aceptación de situaciones que en las historias solo pretendían entretener, ser. Ahora lo hacemos para leer y deconstruir desde las miradas de lo políticamente correcto.

Nota 3: Esto no es un cirio ante la nostalgia. Es un cuento que papi me contaba y que posiblemente es la mejor historia que me contó, si no contara con el de los tres bollos mocatos.


sábado, 16 de junio de 2018

LOLA primer libro infantil de Junot Díaz. El país mágico de los inmigrantes


He terminado el libro que tan amablemente me regaló Elizabeth Balaguer.  Lola de Junot Díaz y Leo Espinosa como ilustrador magnífico. Edición en español de ISLANDBORN. Es una historia emotiva que toca el corazón y llena de empatía a todos cuantos han tenido que dejar su país para vivir en tierra extranjera.

Yo no sé si Junot Díaz leyó a Lorelay Carrón, escritora que ganó el primer Premio Anual de Literatura Infantil Aurora Tavárez Belliard en 1997-1998, publicado en 1999. Y es que el tema es idéntico: Reconstruir el país a través de un dibujo infantil en una escuela extranjera.

En el argumento de Un pedacito verde en el corazón, nombre del libro de Carrón, la niña que emigra se niega a hablar en inglés por una recomendación de su amiga:


«Laura cerró los ojos. Podía oler la suave brisa marina, sentir las gotitas de agua salada sobre su cara, y ver a su amiga Sofía. El día antes de dejar la isla, Sofía le dijo a Laura algo que jamás olvidaría. 
—Cuando estés en Nueva York, nunca nunca hables en inglés, porque si lo haces, todo en esta isla desaparecerá, incluso tú. Te olvidarás de nosotros.
La cara de Sofía estaba tan cerca al decir esto, que Laura se vio reflejada en sus negros ojos. Creyó lo que le decía Sofía, sobre todo porque ella era su mejor amiga.
Ese día le prometió que nunca hablaría en inglés y para sellar la promesa dibujaron juntas sobre un papel todas las cosas bellas de la isla.»
Lorelay Carrón, Un pedacito verde en el corazón.
Premio Anual de Literatura Infantil 1997-1998


En Lola, de Junot Díaz, la niña no recuerda su vida en la tierra natal porque sus padres se la llevaron de pocos meses, por lo tanto, cuando la profesora pone de tarea la descripción del lugar de origen, Lola se ve en dificultades. Es por eso que recurre a las personas que la rodean para hacer su trabajo.

La pequeña cuestiona a su familia, a los vecinos y allegados para que le den su visión de lo que añoran, del mundo de sensaciones que tienen dentro y del cual no pueden desprenderse por más inglés que hablen.

Resalta la capacidad de síntesis del autor, algo imprescindible en toda obra para niños. La objetividad del lenguaje de quienes dominan el oficio, desestimando adjetivos innecesarios y descripciones inútiles. Un precioso libro de una 5 cuartillas sin ilustraciones, algo que menciono para recordar que las obras dirigidas a niños menores de 10 años tienen, necesariamente, que ser hermosas, precisas y cortas. Al menos en países como el nuestro donde se lee como tarea obligatoria impuesta por los centros educativos, salvo excepciones.
Es así como Junot Díaz regala al mundo hispano por un lado, y al angloparlante por el otro, una visión de esta tierra que se encamina cada día más a fomentar la industria del turismo y efectivamente, se resaltan los poderes sinestésicos de sabores, olores, visiones y colores, percibidos a la vez. El mar, tan valorado con las mejores playas del mundo, la calidad de ínsula (para mi gusto un poco exagerada, pues menciona Isla -así con mayúsculas- 28 veces, que ciertamente, también Lorelay resaltó en su trabajo, por lo que se entiende que vivir en el extranjero da unos matices de relieve a la particularidad de ser oriundo de una isla. Personalmente, me he sentido isleña sólo cuando entendí que algunas personas se enquistan en sus ideas y creen que somos el ombligo del mundo, sin dar paso a la diversidad. Afortunadamente, ese asunto está cada vez más amortiguado por la increíble tecnología que tenemos, unida a la privilegiada posición geográfica de La Española en las 3/4 partes que llamamos República Dominicana, nos abre más los ojos y la mente arrinconando la ignorancia.
Añadir leyenda

De modo que el agua de coco, el sabor auténtico de las frutas (créanme: no saben igual si no se cultivan bajo este sol); los mangos enormes y sabrosos, la música que invade todos los oídos y pone a mover los pies; lo diverso de la gente que Díaz compara con el arcoiris, una buena metáfora para todos los tipos de pieles de la nación. El murciélago como representante de la fauna, con ese recurso de imaginación que lo ubica entre un avión y una sábana voladora (¡me encanta!)... Los carros de colores por todas partes (que por suerte, en el libro no vienen con el ruido y el tapón, pero lo evocan). Un mosaico que da la idea hermosa y colorida, merenguera y radiante de lo que somos.
La parte seria, la que toca al señor Mir, conserje taciturno del edificio donde vive Lola, es la del exilio. La de aquellos que abandonaron la tierra, no por buscar bienestar económico, sino porque sus vidas peligraban en ese demencial acto de las dictaduras de querer acabar con la gente para eliminar sus ideas. Mir, tiene el apellido no común del Poeta nacional, como homenaje del escritor, se reviven 30 años de dictadura del Monstruo, que tampoco yo quiero mencionar por nombre y apellido pues me enoja que quieran revivirlo actualmente. Mir representa en el libro a un MATAMONSTRUOS, buen oficio para quienes combaten dictaduras.


Mi única objeción es la utilización de la palabra isla sin alguna precisión en todo el libro, cuando es un hecho que la isla nos pertenece en 3/4 partes reitero. A Haití nadie lo puede borrar y es de respeto decir la verdad: Somos dos naciones muy distintas ocupando una isla.

Por otro lado en el siguiente diálogo, el tratamiento de los héroes, tampoco me gusta, porque necesito tenerlos con sus caras y sus nombres. Cosa que ya han hecho varios autores de literatura infantil e historiadores, más allá de las metáforas. Cito un fragmento de Lola:

"—¡Wao! —susurró Lola—. ¿Y qué les pasó a los héroes?
—Nadie lo sabe en realidad. Fue hace mucho tiempo —dijo el señor Mir; se quitó los lentes y suspiró."

Bueno, finalmente Lola no hace una simple tarea: Parece que hizo un libro con portada y todo. Un libro que al abrirlo hace surgir la ISLA, según Junot, pero debería salir un país de 3 litorales y una frontera con las mismas características que de manera hermosa nos ofrece Lola; las mismas que nos diferencian de cualquier otro país del Trópico, incluso de Cuba y Puerto Rico a quienes tanto nos parecemos.

El narrador de Junot se convirtió en Lola en este libro para regalar a los niños, y a quienes aman la belleza, un país peculiar, que más de 500 años después sigue luchando por su identidad, atributo básico para ser felices o al menos, vivir satisfechos de nosotros mismos. En eso estamos, tomando y dejando como buenos eclécticos. 

miércoles, 6 de junio de 2018

ANACAONA Y EL MUNDO TAÍNO

NOTA DE PRENSA

Quinta Dominica junto al Centro León, Centro Cultural Perelló, Fundación Escuela Chavon y Editora Santillana celebraron la Premiación del Concurso Infantil Anacaona y el Mundo Taíno y la apertura de la exposición de los más de mil quinientos trabajos recibidos de toda la geografía nacional.

Los niños utilizaron múltiples ramas artísticas para ofrecer su visión sobre Anacaona y su mundo, tales como literatura en prosa y versos, cartas, canciones, pintura, dibujo, collage, barro, técnica mixta...y en especial un deseo autentico y manifiesto reflejado en cada entrega, de revalorizar y tomar de ejemplo la bondad y nobleza que anidaba en los taínos y que aún pervive en cada persona de esta tierra.  Este concurso contó cómo jurado con el maestro Antonio Guadalupe, la poeta Soledad Álvarez, la escritora de literatura para niños Lucía Amelia Cabral, Nelia Barletta escritora y la artista y diseñadora Anny Abbatte.

Quinta Dominica agradeció de manera especial a las instituciones que se sumaron a este esfuerzo entre ellas a Plan Lea del Listin Diario, Editora Tobogán, Susaeta, Sociedad Industrial Dominicana , la Cerveceria Nacional Dominicana, Fundación Cormidom, Hodelpa,  Kaw Kaw, Fundación Propagas, Fundación Pide un Deseo, a los grupos de literatura Generación Encontrada, La Mesa Redonda, Palabras en el Jardín, Museo Peña Defilló y tantas manos nobles, es decir taínas, que han hecho posible este concurso.

La exposición es en Quinta Dominica, calle Padre Billini No.202, Ciudad Colonial de Santo Domingo y estará abierta hasta el jueves 21 de junio.


















lunes, 28 de mayo de 2018

¿Cómo vuelan las ciguapas?

Portada
De pronto se me han juntado las tierras y no solo mientras duermo. De pronto reafirmo que nada me es ajeno. Europa llegó a América hace 526 años (oficialmente), pero ahora sí que se armó el muñeco que da vida a los sueños en la tierra quisqueyana.
Y basta un cuento: ¡Adela ya sabe volar! Y basta un autor: Dr. Juan Carlos Toral.. Y basta un ilustrador: Pablo Pino (sí, el mismo de Anya Damirón). Y basta una editorial: Ediciones Toral. Y basta un Director Editorial: Bismar Galán… Todo junto es:

¡Adela ya sabe volar! 

Un cuento inteligente que trata a los niños como a seres inteligentes. Respeta su sabiduría. Les sirve un espléndido menú de conceptos para conocer y disfrutar junto a los padres, a los maestros, a los tíos... Cumple con todas las reglas para una larga vida como historia para niños de todas las edades (para los esquemáticos: mayores de 6 hasta los 100).
Toral une con lucidez el mito de la ciguapa con la dulce tradición de Alicia en el país de las Maravillas, con la alquimia renacentista, con el mundo de las hadas y las creencias criollas... Y sin duda se eleva alto en la literatura infantil dominicana.
Los personajes, especialmente el señor Raúl, son evocadores de la sed de sabiduría y el dominio de la naturaleza que floreció desde el alto Medioevo hasta el Renacimiento. Camilo, el gato es un buscador de extraños ingredientes necesarios para pociones mágicas, lo que hace pensar que es un conocedor de las yerbas del bosque (que no deja de recordarnos al Gato de Cheshire). Joaquín, es un omo (gnomo adaptado al Caribe y tierras americanas) que se enorgullece de estar a cargo de los oficios de la casa y encima es panadero y hace postres por vocación (con lo que me recuerda al elfo Dobby de Harry Potter); y…
Adela, la princesa de las ciguapas con sus hermosos botines victorianos

¡Llegó la monarquía a la Española!

¡Adela es la princesa de las ciguapas! Como toda princesa, es caprichosa y se empeñó en volar. ¿Pero cómo vuela una ciguapa? ¿Cómo coge carrerilla para elevarse como los aviones, con esos pies al revés?
Adela ha sido llevada por su madre Hortensia al reino Mágico de las Animitas y es aquí donde como extranjera que no vuela, la dotan de polvos mágicos que sí le permiten flotar y moverse por el espacio y en eso estaba cuando una fuerte tormenta sacude el globo en el que viajaba y ella cae a tierra, cual Alicia en el agujero, pero en lugar de un conejo ¡la encuentra Camilo, el gato!


“Criaturas Fantásticas del Caribe”

Juan Carlos Toral saca de su sombrero de mago-escritor a Don Pedro José Alberizo, autor de “Criaturas Fantásticas del Caribe”, publicado en Santo Domingo en 1878, “la fuente” que valida como seres fantásticos a las animitas, a los nanos y a los omos.
En el mundo mitológico dominicano, las luciérnagas o cocuyos, (llamadas nimitas o animitas por nuestros campesinos), son vistas como un fenómeno misterioso. En grupo, ellas forman luces nocturnas en movimiento que en medio de la oscura noche dan alas a la imaginación. Individualmente, una pequeña luz que revolotea cercana está asociada a las almas de nuestros seres queridos que han muerto y que desean decirnos algo antes de alejarse o sólo reconfortarnos con su presencia. Siempre pueden ser mensajeros de Dios como las mariposas, ¿quién lo sabe? Ahora, sabemos que también son el reino de las ciguapas que quieren volar y vuelan, con o sin polvos mágicos.

El señor Raúl, símbolo de la búsqueda del conocimiento y quien da la clave para que Adela vuele

Estoy muy feliz y agradecida de tener noticias del Dr. Juan Carlos Toral. Veo en él a un humanista, un ser noble y culto que ha mirado a la literatura infantil y juvenil como un medio para soltar las animitas de su alma, su búsqueda, sus encuentros o hallazgos; sus aprendizajes, sus conocimientos... Lo hace con originalidad, con su propia voz, con la economía de palabras precisa y el aporte a su cultura local y universal, porque se siente que él tiene un universo entero para regalarnos.

RECOMIENDO ESTE LIBRO♥de venta en Cuesta, Centro del Libro.
¡ADELA YA SABE VOLAR!
Juan Carlos Toral
Ilustraciones Pablo Pino
Ediciones Toral.
Dirección editorial: Bismar Galán
ISBN: 978-9945-8783-4-9
Impreso en República Dominicana
por Serigraf, S. A.


viernes, 4 de mayo de 2018

JUAN BOBO: En una misa me rompieron la camisa


Había una vez un muchacho que se llamaba Juan Pérez, pero era tan tonto que le pusieron por apodo Juan Bobo. Un día su mamá lo mandó al pueblo a vender melao. Ella le dijo que no se lo fiara a nadie, porque necesitaba el dinero de la venta para comprar la comida de la cena. Juan Bobo le aseguró a su mamá que no le fiaría el melao ni siquiera a su abuela.
Cuando Juan Bobo iba ya casi llegando al pueblo se le acercaron muchísimas moscas y se posaron sobre el bidón de melao que cargaba. Al ver las moscas saboreando el melao, Juan Bobo les dijo:
—Miren, señoritas de las faldas negras; mi mamá no quiere que yo fie el melao, porque necesitamos el dinero para comprar la comida de la cena esta noche, así que por favor vayan a buscar su dinero ahora mismo.
Como era de esperarse, las moscas no le hicieron caso a las palabras de Juan Bobo, y siguieron tranquilamente posadas sobre el delicioso melao. Pero el tonto no sabía por qué las moscas no respondían y repitió su orden, esta vez con más autoridad:
—Señoritas, vayan a buscar por lo menos una parte del dinero para que nosotros también podamos comer hoy.
Las moscas siguieron encantadas con el dulce y espeso líquido, y Juan, al ver cómo ellas lo disfrutaban, viró el bidón y regando el melao en el camino les dijo:
—Miren, señoritas de faldas negras, se lo voy a fiar, pero ya saben que me lo tienen que pagar hoy antes de la cena.
Cuando Juan Bobo regresó a su casa y le contó a su mamá lo que había hecho, ella lo regañó mucho. Además Juan Bobo se quedó sin comer ese día por su propia culpa.
A los tres días la mamá de Juan lo llevó a oír misa. Juan Bobo no estaba acostumbrado a visitar la iglesia y al entrar se quedó cerca del Padre que daba la misa, totalmente fascinado con el altar y los monaguillos que ayudaban a en la ceremonia. Al poco rato vio que el sacerdote tenía una mosca posada en la nuca, y, recordando lo que le había ocurrido con las moscas y el melao en días pasados, decidió llamarle la atención a la mosca.
—Oiga, señorita, a ver si me paga el melao que le fie, —le dijo en un tono un poco desafiante.
Pero al ver que la mosca ni contestaba ni le ponía atención, Juan Bobo se puso furioso. Tratando de matar a la mosca, le dio un fuerte pescozón al cura en la nuca.
Inmediatamente llegaron corriendo el sacristán y los monaguillos a ver lo que había ocurrido.
Viendo al sacerdote adolorido y dando gritos en el suelo, le cayeron encima a Juan Bobo. Le dieron una paliza tan grande a este inocente, que no sólo le dolían todos los huesos, sino que además le rompieron la camisa.
Juan Bobo sintió tanto que le rompieran la camisa que recordaba este detalle mucho después de habérsele olvidado el resto de la triste experiencia. Desde entonces cada vez que lo querían llevar a misa, Juan Bobo respondía:
—En una misa me rompieron la camisa.

FIN

domingo, 29 de abril de 2018

¿QUÉ ES LA FANTASÍA?

Siempre se dice que las grandes obras maestras son el producto de la fantasía, ¿Qué es la fantasía? ¿La poseen todos o es solamente privilegio de los espíritus más inteligentes?


LA FANTASÍA es la facultad que permite a los seres humanos que no son ricos, fabricar castillo maravillosos con los mismos elementos con los que apenas sería capaz de inventar una colmena.
La fantasía tiene una hermana que la complementa: la imaginación.
LA IMAGINACIÓN es la facultad de volver a la mente, gracias a la memoria, las imágenes de lo pasado, con la misma veracidad que se tuvo cuando se las percibió. Es una especie de linterna mágica. Imágenes espléndidas pero inmóviles. La casa en que nacimos, el jardín ante ella, nuestra madre. Nuestros compañeros. El río. El muro más alto que nosotros más allá del cual no podíamos extender la mirada. ¿Qué había más allá? Un monstruo bellísimo, ingenuo, cabeza de caballo, con el hocico rosado, cuerpo de león, las más de las veces enroscado como una serpiente, una larga cola de humo que se desvanecía en el viento y volvía a nacer. Lo dicho: Imágenes espléndidas pero inmóviles y separadas. Es entonces cuando interviene la fantasía que las mueve, las anima, las funde e incluso las transforma.
NO HAY QUE PENSAR en un engaño si al volver al mismo lugar no encontramos el monstruo, si el jardín no es más que unos pocos centímetros de pasto etre los pedruscos, el río sólo un arroyuelo y el muro más alto que nosotros es realmente más bajo. Es que la fantasía ha dejado intacto el encanto en el que vivíamos, y si lo vivimos, fue verdad. El monstruo estaba ahí y todavía lo está, y es verdad que nuestra madre le cortaba cada mañana un pedazo de la cola y la ponía arriba de la casa, sobre el techo, para que los vecinos creyeran que no éramos pobres y que se cocinaba todos los días.
FELICES los que, como los artistas, consiguen imponer a los demás, como verdad, las creaciones de su propia fantasía. El pintor que pinta un humo en el que de pronto todos ven la cola del monstruo. Y doblemente feliz, porque el artista, una vez que ha fijado la creación propia sobre la tela, la piedra, inmediatamente puede desasirse, liberarse, evitando así el peligro al que por lo contrario está expuesto el hombre común y corriente, el peligro de permanecer demasiado ligado al propio mundo fantástico y de refugiarse en él por demasiado tiempo lo que lo hace hastiarse del mundo real en el que también se debe vivir.
SE TERMINA por quedar desarraigado. No se es ni de aquí ni de allá. Se va a la oficina con las tijeras en la bolsa para poder en cualquier momento cortarle la cola al monstruo. Te gruntan: "¿Paa qué son esas tijeras?"... Claro está que no se puede contestar "Para cortar cierta cola hecha de humo, allá en un prado"; por lo tanto, se trata de inventar algo que no se consigue, balbucea, empieza a ser sospechoso, luego le temen... Tal vez no pierda el trabajo, pero no le darán un ascenso. Ergo, la fantasía no debe llegar a la frontera de lo fantasioso. Debemos permanecer siendo los amos de la maravillosa facultad de transformar a nuestro antojo el mundo que nos rodea, controlándola, sin empujarla más allá de ciertos límites. Contentémonos con embellecer material y espiritualmente las personas entres las que debemos vivir, las calles por las cuales pasamos, la casa en que vivimos, el jardincito ante ella, pero no más de lo poco que se requiere para hacernos la vida menos fastidiosa: de otra manera, al excedernos, terminamos transfiriédonos a un mundo no verdadero, y la fantasía se rebaja al nivel de la ilusión.
NO, ESO NO DEBE SUCEDER JAMÁS. La ilusión es una enfermedad de la mente y del espíritu. La fantasía en cambio, es la flor, la luz. Lo dice la misma palabra. Fantasía deriva del griego "faino" que quiere decir aclarar, iluminar. Pero tiene que iluminar como la luna y no como el sol que brutalmente, ilumina todo de cada cosa, lo feo y lo hermoso, mientras que el discreto rayo lunar se posa suavemente sobre lo bello y lo noble de las cosas, de los olivares ilumina sólo lo plateado y deja en la oscuridad el tronco encogido y retorcido. En las noches de viento lo plateado de los olivos alza el vuelo, se posa sobre las casas de los campesinos convirtiéndolas en objetos preciosos hasta el alba, y ya que el viento mueve la plata de los árboles ¿por qué no iba a poder producir el mismo efecto en los techos?



ASÍ PUEDEN VOLAR también las casas, las que estaba en el monte desciende al plano y viceversa; la fantasía es como el viento, quien la posea es amo del mundo, puede mover a los hombres y a las cosas a su gusto y no solamente el hombre y la mujer de hoy, sino los de hace cien, mil años. LA FANTASÍA es como la luna, puede extender sus rayos e iluminar la vida del pasado y la del futuro. Los vuelos de la fantasía no son una mera metáfora, son vuelos verdaderos efectuados con alas invisibles, y son los seres humanos privilegiados, aquellos quienes la fantasía identifica con la creación artística, los que vuelan más alto llevando a la humanidad el don de una realidad nueva, mucho más verdadera que aquella en la que pasamos nuestros días.
LAS REALIDADES DE LA FANTASÍA son realidades nuevas, vivas y fuertes como las de la naturaleza.




NOTA: Este escrito, hojas arrancadas de una vieja revista, me acompaña desde hace más de 30 años. Aunque lo deseo, no puedo citar el autor porque no aparece por ningún lado de las páginas

sábado, 21 de abril de 2018

Palabras de Eleanor Grimaldi en la puesta en circulación de la antología



Me han solicitado que de las gracias en nombre de mis compañeros de labor literaria infantil. Entre los autores antologados, tengo amigos entrañables, lo cual me hace pensar que nada ocurre por casualidad. Es indiscutible que cada día en la República Dominicana donde éramos una vez 11, se ha ido acrecentando el número de escritores que se dedican a este quehacer que cada vez nos colma de emociones y nos convoca en un sinnúmero de actividades que reflejan el avance de la literatura infantil.
Creo que el país en el contexto universal, se encamina hacia un desarrollo pleno del género infantil. Ha habido una evolución de este género infantil. Ha habido una evolución de este género desde los tiempos más antiguos de la humanidad, y sobre todo, desde la época de las tradiciones orales y escritas vinculadas a la tradición española. En los pueblos que no conocieron la escritura, las tradiciones orales fueron el nido de lo que se contaba. Tuvieron largos años en nuestro suelo, de gran reflujo, en los cuales apenas se reproducían expresiones de la tradición española en forma de cuentos, canciones, poesías y trabalenguas.
Hoy contamos con textos de autores esencialmente dominicanos, y el libro físico sigue siendo uno de los favoritos.
Anhelo vivir en un país donde los escritores de literatura infantil se dediquen a producir plenamente, y sean valorados y apoyados en su justa dimensión como creadores del género más difícil y rebelde que es la literatura para niños tal como me lo expresara en un escrito el poeta Pedro Mir en un momento en que le di a leer unos poemas para niños.
Me atrevería a pensar que hemos contribuido a forjar y ampliar la cultura de nuestros niños en términos de nación.
Y que por la fuerza de esa herencia que estamos legando, y por los esfuerzos que se hacen cada año en las ferias, talleres literarios, talleres de fomento de lectura, editoriales, concursos, premiaciones, publicaciones, nuestro país tendrá mejores lectores.
Todos de una manera u otra, hemos contribuido a que sea posible hoy, que los jóvenes de las nuevas generaciones se vinculen más a la lectura íntima de una literatura autóctona, en la sociedad y desde la escuela, nos hemos propuesto destejer el mito de que en nuestro país no existe una literatura para niños.
Todos los niños necesitan y requieren libros, los analfabetos, los alfabetizados, pero la familia no siempre puede lograr esto por diversas razones: porque no tiene dinero o porque no tiene la educación para comprender la importancia de los libros. Y por eso les proporcionamos otros objetos menos útiles a los niños. Algún día cuando el pueblo se eduque en su totalidad, se conocerá el valor de la lectura y de los escritores.
Aquí tenemos solo una muestra de algunos y algunas, que se han dedicado a desarrollar el género, para quienes pido un aplauso.
Quiero que me permitan concluir mis palabras con unas expresiones que adornan el proemio del libro literatura infantil y Desarrollo Creativo, de Margarita Luciano y una servidora, pronunciadas por la insigne educadora Dra. Zoraida Heredia Vda. Suncar, quien emuló los principios hostosianos en la educación, maestra de generaciones.
Ella dijo: los que escriben para niños tienen que volver a ser niños, para penetrar la urdimbre de sus fantasías, volver a pasear por el infinito, viajar a la luna o convertirla en queso y caminar por las profundidades del mar, volar hasta el sol, subir a una estrella, jugar con gnomos, duendes y gigantes, ser mariposa, de muchos colores y volar y volar.
Ser planta y conversar con ella, hormiga o abeja y laborar en su medio, y si no es así, no surge la espontaneidad que en cada caso demanda el tema que se teje en un cuento o en un poema.
Agradecemos de corazón esta antología Dominicana, a la Feria Internacional del Libro, a Ediciones Altazor, a Valentín Amaro, y a Willy Del Pozo por contribuir a difundir la literatura dominicana en el hermano pueblo de José Gabriel Condorcanqui Noguera, Túpac Amaru, caudillo y líder de los indígenas peruanos.
Gracias del alma en nombre de todos mis amigos de batallas por el fomento de la literatura para los que sí saben querer que son los niños.

Eleanor Grimaldi Silié
Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2018
sábado 21 de abril de 2018

Los autores incluidos en esta antología que circulará en Ayacucho, Perú y otras partes son:
Kianny N. Antigua (Mía, Esteban y las luces), Elizabeth Balaguer (El cuco), Lucía Amelia Cabral (Mariola); Yuan Fuei Liao, Eleanor Gimaldi Silié (El sueño de Penélope); Yina Guerrero (Sofía y la caja de estrellas), Margarita Luciano López (El colibrí), Leibi Ng (Blanca espuma), Rafael Peralta Romero (Medio Peje); César Sánchez Beras (El Mago), Dulce Elvira de los Santos (Me llamaron Javier) y Avelino Stanley (El Topao).


miércoles, 28 de marzo de 2018

Estela de agua


Dedicado a José De León, donde esté.

Abrigada por la humedad, ella contaba estrellas fugaces. Estaba así desde el ocaso y como cada noche, esperaba la cercanía de un barco para alcanzarlo con su canto.
—¡Uuuuuu, uuuuuu, uuuuoooaaaaaa! —saltaban melancólicas notas de contralto de su garganta fresca, mientras chispitas de espuma, bailoteaban acompasadas de sal.
Estela de Agua, virgen sirena de cuerpo de gaviota, esperaba a los marineros. Pero no a los yates o trasatlántico. Esperaba a los veleros, aquellos impulsados por Eolo, el dios del viento, con velas de nubes curtidas de salitre. Estela esperaba en el agua de mar el amor que no llegaba. Así lo sentía desde aquella noche oscura en que, hija de madre mulata y renuente a consejos, se marchó, a eso de las once de la noche, a recorrer el muelle por la avenida del puerto. Una mujer sola, de noche, no es bueno, decían, pero a ella no le importaba. Ella era ella. Hermosa, bien formada. Tenía el brillo del diamante en las pupilas y las manos de un hada. El cuerpo simétrico de las sirenas, piernas largas y bien torneadas para caminar lenta o apresuradamente; para correr si era necesario. Esa era Estela.
Claro, también tenía la boca bien puesta y decía cuanto pasaba por su cabeza. La madre aconsejaba: “Estela no hables así, que las palabras tienen poder y si no son justas se te devuelven”. “Tú vives echando maldiciones por todo”… Pero aun así, lo de Estela era no preocuparse. Así había alcanzado los quince años, así seguiría siempre.
Hasta que llegó el Viernes Santo. Ese día la esperaba un amor reciente en la orilla del río Ozama.
Pidió a una amiga que le avisara de madrugada y la madre también se despertó. Por el llamado del otro lado de los tablones del ranchito:
—¡Estela! ¡Estelita! ¡Despierta, despierta!
—Mi hija ¿para dónde tú vas? —preguntó la madre sorprendida en su cansado sueño.
—No se apure, vieja. Siga durmiendo que yo vuelvo ahorita.
—Por favor, Estela no hagas nada hoy que es Viernes Santo. ¡Ofendes al Señor!
—Ya, mamá. ¡Está bueno! Le dije que se durmiera y no me moleste más. ¡Yo sé lo que estoy haciendo.
El tono áspero, la descortesía, la desconsideración, el desamor; todo junto, amedrentó a la madre que ya estaba cansada de porfiar. No tuvo más remedio que encomendársela a Dios como último recurso.
—Padre, ten piedad de esta criatura que no entiende el daño que se está causando a sí misma.
Estela salió sin preocuparse de cerrar la puerta y el viento frío de la madrugada se coló por los trapos de la cama lastimando a la anciana en sus huesos. Ese mismo frío besó el rostro lozano de la arrogancia. Su amiga se arrimó un poquito para protegerse, pero ella la empujó.
Cuando llegaron a la orilla del río, ya un grupo de muchachos se bañaba. Bromeaban en voz muy alta sobre la posibilidad de convertirse en pez uno, en pulpo otro, en culebras marinas, otros…
Estela los miró uno por uno y supo que su amor no había llegado. Se quitó la ropa cantando. Quedó con su traje de baño dorado. Un ramo de piropos se le entregó antes de que se tapara los oídos con un gorro. Entonces se tiró al agua y comenzó a nadar. A nadar con elegancia, con gracia… ¿Por qué no iba a disfrutar de aquello sólo por ser Viernes Santo? ¡Caramba! La gente estaba loca con todas sus creencias idiotas.
Los muchachos se le iban acercando para cortejarla y de pronto tuvieron una visión que los paralizó. Sorprendidos retrocedieron. Uno que se acercó por debajo quedó ciego. Un monstruo agitaba el agua con su aliento de pez gigante.
Estela tenía los ojos cerrados y flotaba. Sintió que el agua se calentaba. El calor la fue abrasando desde las puntas de los cabellos hasta las puntas de los pies. Quedó iluminada como una luciérnaga de agua.
Abrió los ojos y se dio cuenta de que todos los que la rodeaban corrían hacia la orilla; pero una fuerza extraña la halaba hacia el centro del río, hacia el fondo del agua oscura, hacia la nada mojada.
***
Estela despertó en alta mar. Estaba sobre una roca y las gaviotas la contemplaban irascibles. Trató de incorporarse y quedó semi sentada. Fue en ese instante que comprendió: ya no era ella sino otra cosa. En lugar de piernas, tenía patas de gaviota y un plumaje blanco rodeaba sus brazos pero no eran alas. Un chirrido agudo salió de su garganta.
Una risa grotesca llenó todo el espacio. El tritón que la había rodeado en el río, ahora se burlaba dejándola sola en medio del inmenso océano.
Lo más extraño era que constantemente se encontraba donde hubiese algún niño o niña a punto de soltar improperios. Algo más fuerte que ella la obligaba a soplarles, angustiada, para espantar pensamientos y malas intenciones antes de que se materializaran con el poder de las palabras. Pero nadie podía verla y su soplo era ineficaz.
Estela, monstruo de agua, ya no tenía el don del habla. Ahora sólo aullaba y no podía recordar más nada que a una madre mulata muerta en su propia cama.

©Leibi Ng

viernes, 23 de marzo de 2018

EL MÉDICO DE DUARTE: Manuel Guerrero y Peña




Por Cristina Billini Morales (biznieta)

El Doctor Manuel Guerrero y Peña, nació en esta ciudad de Santo Domingo de Guzmán en la casa solariega de sus padres, situada en el lugar que hoy ocupa el Teatro Capitolio, frente a la Catedral y al Parque colón, y allí discurrió toda su infancia.
Era hijo del matrimonio de Don Manuel Guerrero, natural de Cataluña (España), quien era farmacéutico de profesión y de Doña Andrea peña, natural de Islas Canarias.
Desde muy temprana edad mostró gran afición a la medicina, habiendo sido un aventajado discípulo del Doctor Manuel María Valverde, con quien compartía la atención de sus numerosos enfermos.
Muy joven aún contrajo matrimonio con Aurelia Lezo Martínez, hija de Vicente Lezo y de Francisca Martínez, ambos españoles (Vizcaínos) y con ella procreó una numerosa familia.
Poseía una personalidad polifacética, ya que era Doctor en medicina, tocaba el violín, pintaba al óleo y era pirotécnico.
Profesaba una gran fe religiosa, heredada de sus mayores, de lo cual pueden dar testimonio los recuerdos dejados por su padre a la Santa Iglesia Catedral, quien envió expresamente a Cataluña dos cuadros que representaban a San Pedro y a San Pablo, los cuales siempre estuvieron colgados de ambos lados del presbiterio y sirvieron como modelos para ejecutar las imágenes de los doce apóstoles.
Es por eso que están repetidos los cuadros de esos dos apóstoles.
El Lunes Santo, dedicado en aquel entonces al culto de Jesús en la columna en la Catedral, era como llamaban una fiesta de campana grande, por su solemnidad y la costeaba el Doctor Guerrero.
Una orquesta de cuerdas, amenizaba durante todo el día las ceremonias religiosas y hasta los paños del altar eran llevados de la casa de la familia Guerrero, y eran arreglados por Matilde, una de sus hijas.
Como médico, se dedicó con eficiencia al ejercicio de su profesión, y muy especialmente a la curación de la fiebre tifoidea, el tifus, la fiebre amarilla y el cólera, lo cual le valió el sobrenombre de “EL CUCHILLO DE LAS FIEBRES”.
En una ocasión vinieron al país unos geólogos franceses con el objeto de hacer unos estudios de minería en San Juan de la Maguana. Los geólogos fueron atacados de fiebre amarilla, y para su curación fue llamado el Doctor Guerrero, el cual se trasladó inmediatamente a San Juan.
A su regreso, habiéndoles devuelto la salud, se presentó a su esposa con un talego lleno de onzas de oro, como recompensa de ellos por haberles salvado la vida.
Con ese dinero compró una residencia situada frente al Parque Colón, donde estuvo muchos años más tarde el “HOTEL COLÓN” y la cual obsequió a su esposa el día que nació su primer hijo, quien llevó su nombre, Manuel, y al cual apodaban Lico, el cual era ahijado de Duarte.
También compró una gran estancia, situada frente a la playa de San Jerónimo y hizo plantar numerosos árboles frutales, entre los cuales, se distinguían las matas de mango traídas expresamente por él, de Curazao, y es por ello que a esos frutos les llamaron desde entonces mangos Guerrero.
Sus aficiones artísticas eran la música y la pintura; tocaba el violín y pintaba al óleo. Tres cuadros pintados por él se conservan aún; uno que es el retrato de su madre, el cual es de gran tamaño, y conservamos en nuestra casa, y dos que representan figuras religiosas La Dolorosa y San Francisco de Paula, los cuales obsequiamos al Museo de Duarte.
Estas aficiones artísticas fueron heredadas por su hijo Abelardo Rodríguez, quien además era escultor y fotógrafo.
Como pirotécnico fabricaba fuegos artificiales, los cuales obsequiaba a la iglesia, en las festividades religiosas, muy especialmente en las de los santos de su devoción.
Fue colaborador de Duarte, de quien era médico, amigo íntimo y compadre, en sus luchas por la Independencia. Reconstruyó a su costo la cárcel vieja, la cual estaba situada frente al Parque Colón, en el local que hoy ocupan algunas oficinas de Rentas Internas, para que funcionase el teatro de la sociedad patriótica “LA FILANTRÓPICA”.
En ese teatro representaba los miembros de esa sociedad muchas obras, especialmente aquellas escritas en España, cuando la invasión napoleónica, por adaptarse perfectamente al ambiente nuestro pueblo en esa época.
Allí iba Duarte con sus Compañeros y cuando terminaban las representaciones, a la salid se reunía en la casa del Doctor Guerrero, en la trastienda de la farmacia de su padre.
Para no despertar sospechas y burlar el espionaje del gobierno haitiano, Duarte se apostaba en las almenas de la Catedral, y allí escondido tomaba el santo y seña a sus compañeros, los cuales iban entrando uno a uno en la casa del Doctor Guerrero.
Cuando el Gobierno Haitiano descubrió las actividades de los trinitarios, fueron éstos perseguidos. Duarte tuvo que esconderse en distintas casas amigas para no ser apresado y a Sánchez lo hicieron pasar por muerto sus familiares, lo cual pudieron hacer porque, había estado gravemente enfermo con pulmonía y fue el Doctor Guerrero quien le asistió, pues era también su médico, y quien puso a los dos en comunicación, es decir, a Sánchez con Duarte, antes de este último marcharse al exilio.
El 27 de Febrero de 1844, día de la proclamación de nuestra Independencia, asistió a la Puerta del Conde.
Años más tarde, cuando proclamaron la anexión a España, se opuso a ésta, lo que dio por resultado que el General Santana le enviara a su hija Silveria a quien apodaban Cholita y estaba casada con Leopoldo Damirón, como rehén a Puerto Rico.
No obstante, como padre amoroso y comprensivo, consintió en el matrimonio de su hija Aurelia, quien era mi abuela, con oficial del Ejército Español, Claudio Casto Morales de Lacalle, Alférez y Oficial de la Administración de Rentas, quien había elevado una súplica a su Majestad la Reina de España para que le diera el permiso para contraer matrimonio, antes de la desocupación de las tropas españolas, ya que ambos se encontraban en bandos contrarios.
La Reina dio su consentimiento, se celebraron las bodas y partieron para La Habana. Un año más tarde renunció él a la carrera militar y regresaron a Santo Domingo, y aquí vivió y murió como un dominicano más.
El Doctor Guerrero no tuvo larga vida, porque un accidente le tronchó a destiempo. Tenía gran devoción a la Virgen de las Mercedes, Patrona de la República, y acostumbraba todos los años hacer unos fuegos artificiales, especialmente para el día de su fiesta, el 24 de septiembre.
Al atacar la pólvora con una virola, explotó. La explosión le causó serias quemaduras y heridas en la mano derecha. Inútiles fueron los esfuerzos para salvarle la vida, ya que como consecuencia de esas quemaduras y heridas fue atacado de tétano, y él como médico fue el primero en reconocerlo y en aceptar como segura su muerte.
Al terminar este relato, solo me resta decir, que lamento grandemente no haberlo escrito en vida de mi querida madre, porque le hubiera proporcionado una gran satisfacción para ella, ya que siempre conservó hasta su muerte un cariñoso recuerdo de su abuelo: Papá Guerrero.

NOTA: El Dr. Manuel Guerrero y Peña es el Tatarabuelo del Profesor José Antinoe Fiallo Billini

Jueves, 27 de febrero de 1969. Listín Diario


sábado, 17 de marzo de 2018

AGÜITA, NUEVA OBRA DE JOHANNA GOEDES


La escritora Johanna Goedes puso a circular su nuevo libro AGÜITA. Fue en el salón Osvaldo Brugal de la Sociedad Cultural Biblioteca Renovación de Puerto Plata. Se convocó a numerosos amigos, estudiantes y directivos de la Sociedad Cultural Renovación.

Doña Lilian Russo habló en nombre de Sociedad Renovación.

Johanna Goede explicó que su nuevo libro es un aporte que sensibiliza desde el conocimiento y cuidado del recurso de vida más preciado que es el agua.

Emelda Ramos, admirada escritora, presentó la obra.

Algunos estudiantes leyeron parte de la obra.


Johanna Goede se caracteriza por escribir sobre temas sociales. Aporta a los seres en formación, su visión profesional y especialmente elegante de poeta y escritora especializada.














La obra también se presentó en Santo Domingo, en Librería Cuesta, el pasado 14 de marzo de 2018.

Johanna Goede externó su propósito de visitar centros educativos con la finalidad de promover su mensaje y hacer más cercano y directo el propósito de sensibilizar a la infancia y juventud sobre la importancia de cuidar el agua.

Fotos: Martín Mirabel. Información basada en Somos Magazine de Internet. Gratitud.


Cinco cuentos de la abuelita Calule de Carmen Esteva

«Rodeada de sus hijos, hermosos nietos y familia, la educadora Carmen Esteva presentó el pasado jueves su quinto libro titulado “Ci...