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viernes, 4 de mayo de 2018

JUAN BOBO: En una misa me rompieron la camisa


Había una vez un muchacho que se llamaba Juan Pérez, pero era tan tonto que le pusieron por apodo Juan Bobo. Un día su mamá lo mandó al pueblo a vender melao. Ella le dijo que no se lo fiara a nadie, porque necesitaba el dinero de la venta para comprar la comida de la cena. Juan Bobo le aseguró a su mamá que no le fiaría el melao ni siquiera a su abuela.
Cuando Juan Bobo iba ya casi llegando al pueblo se le acercaron muchísimas moscas y se posaron sobre el bidón de melao que cargaba. Al ver las moscas saboreando el melao, Juan Bobo les dijo:
—Miren, señoritas de las faldas negras; mi mamá no quiere que yo fie el melao, porque necesitamos el dinero para comprar la comida de la cena esta noche, así que por favor vayan a buscar su dinero ahora mismo.
Como era de esperarse, las moscas no le hicieron caso a las palabras de Juan Bobo, y siguieron tranquilamente posadas sobre el delicioso melao. Pero el tonto no sabía por qué las moscas no respondían y repitió su orden, esta vez con más autoridad:
—Señoritas, vayan a buscar por lo menos una parte del dinero para que nosotros también podamos comer hoy.
Las moscas siguieron encantadas con el dulce y espeso líquido, y Juan, al ver cómo ellas lo disfrutaban, viró el bidón y regando el melao en el camino les dijo:
—Miren, señoritas de faldas negras, se lo voy a fiar, pero ya saben que me lo tienen que pagar hoy antes de la cena.
Cuando Juan Bobo regresó a su casa y le contó a su mamá lo que había hecho, ella lo regañó mucho. Además Juan Bobo se quedó sin comer ese día por su propia culpa.
A los tres días la mamá de Juan lo llevó a oír misa. Juan Bobo no estaba acostumbrado a visitar la iglesia y al entrar se quedó cerca del Padre que daba la misa, totalmente fascinado con el altar y los monaguillos que ayudaban a en la ceremonia. Al poco rato vio que el sacerdote tenía una mosca posada en la nuca, y, recordando lo que le había ocurrido con las moscas y el melao en días pasados, decidió llamarle la atención a la mosca.
—Oiga, señorita, a ver si me paga el melao que le fie, —le dijo en un tono un poco desafiante.
Pero al ver que la mosca ni contestaba ni le ponía atención, Juan Bobo se puso furioso. Tratando de matar a la mosca, le dio un fuerte pescozón al cura en la nuca.
Inmediatamente llegaron corriendo el sacristán y los monaguillos a ver lo que había ocurrido.
Viendo al sacerdote adolorido y dando gritos en el suelo, le cayeron encima a Juan Bobo. Le dieron una paliza tan grande a este inocente, que no sólo le dolían todos los huesos, sino que además le rompieron la camisa.
Juan Bobo sintió tanto que le rompieran la camisa que recordaba este detalle mucho después de habérsele olvidado el resto de la triste experiencia. Desde entonces cada vez que lo querían llevar a misa, Juan Bobo respondía:
—En una misa me rompieron la camisa.

FIN

domingo, 29 de abril de 2018

¿QUÉ ES LA FANTASÍA?

Siempre se dice que las grandes obras maestras son el producto de la fantasía, ¿Qué es la fantasía? ¿La poseen todos o es solamente privilegio de los espíritus más inteligentes?


LA FANTASÍA es la facultad que permite a los seres humanos que no son ricos, fabricar castillo maravillosos con los mismos elementos con los que apenas sería capaz de inventar una colmena.
La fantasía tiene una hermana que la complementa: la imaginación.
LA IMAGINACIÓN es la facultad de volver a la mente, gracias a la memoria, las imágenes de lo pasado, con la misma veracidad que se tuvo cuando se las percibió. Es una especie de linterna mágica. Imágenes espléndidas pero inmóviles. La casa en que nacimos, el jardín ante ella, nuestra madre. Nuestros compañeros. El río. El muro más alto que nosotros más allá del cual no podíamos extender la mirada. ¿Qué había más allá? Un monstruo bellísimo, ingenuo, cabeza de caballo, con el hocico rosado, cuerpo de león, las más de las veces enroscado como una serpiente, una larga cola de humo que se desvanecía en el viento y volvía a nacer. Lo dicho: Imágenes espléndidas pero inmóviles y separadas. Es entonces cuando interviene la fantasía que las mueve, las anima, las funde e incluso las transforma.
NO HAY QUE PENSAR en un engaño si al volver al mismo lugar no encontramos el monstruo, si el jardín no es más que unos pocos centímetros de pasto etre los pedruscos, el río sólo un arroyuelo y el muro más alto que nosotros es realmente más bajo. Es que la fantasía ha dejado intacto el encanto en el que vivíamos, y si lo vivimos, fue verdad. El monstruo estaba ahí y todavía lo está, y es verdad que nuestra madre le cortaba cada mañana un pedazo de la cola y la ponía arriba de la casa, sobre el techo, para que los vecinos creyeran que no éramos pobres y que se cocinaba todos los días.
FELICES los que, como los artistas, consiguen imponer a los demás, como verdad, las creaciones de su propia fantasía. El pintor que pinta un humo en el que de pronto todos ven la cola del monstruo. Y doblemente feliz, porque el artista, una vez que ha fijado la creación propia sobre la tela, la piedra, inmediatamente puede desasirse, liberarse, evitando así el peligro al que por lo contrario está expuesto el hombre común y corriente, el peligro de permanecer demasiado ligado al propio mundo fantástico y de refugiarse en él por demasiado tiempo lo que lo hace hastiarse del mundo real en el que también se debe vivir.
SE TERMINA por quedar desarraigado. No se es ni de aquí ni de allá. Se va a la oficina con las tijeras en la bolsa para poder en cualquier momento cortarle la cola al monstruo. Te gruntan: "¿Paa qué son esas tijeras?"... Claro está que no se puede contestar "Para cortar cierta cola hecha de humo, allá en un prado"; por lo tanto, se trata de inventar algo que no se consigue, balbucea, empieza a ser sospechoso, luego le temen... Tal vez no pierda el trabajo, pero no le darán un ascenso. Ergo, la fantasía no debe llegar a la frontera de lo fantasioso. Debemos permanecer siendo los amos de la maravillosa facultad de transformar a nuestro antojo el mundo que nos rodea, controlándola, sin empujarla más allá de ciertos límites. Contentémonos con embellecer material y espiritualmente las personas entres las que debemos vivir, las calles por las cuales pasamos, la casa en que vivimos, el jardincito ante ella, pero no más de lo poco que se requiere para hacernos la vida menos fastidiosa: de otra manera, al excedernos, terminamos transfiriédonos a un mundo no verdadero, y la fantasía se rebaja al nivel de la ilusión.
NO, ESO NO DEBE SUCEDER JAMÁS. La ilusión es una enfermedad de la mente y del espíritu. La fantasía en cambio, es la flor, la luz. Lo dice la misma palabra. Fantasía deriva del griego "faino" que quiere decir aclarar, iluminar. Pero tiene que iluminar como la luna y no como el sol que brutalmente, ilumina todo de cada cosa, lo feo y lo hermoso, mientras que el discreto rayo lunar se posa suavemente sobre lo bello y lo noble de las cosas, de los olivares ilumina sólo lo plateado y deja en la oscuridad el tronco encogido y retorcido. En las noches de viento lo plateado de los olivos alza el vuelo, se posa sobre las casas de los campesinos convirtiéndolas en objetos preciosos hasta el alba, y ya que el viento mueve la plata de los árboles ¿por qué no iba a poder producir el mismo efecto en los techos?



ASÍ PUEDEN VOLAR también las casas, las que estaba en el monte desciende al plano y viceversa; la fantasía es como el viento, quien la posea es amo del mundo, puede mover a los hombres y a las cosas a su gusto y no solamente el hombre y la mujer de hoy, sino los de hace cien, mil años. LA FANTASÍA es como la luna, puede extender sus rayos e iluminar la vida del pasado y la del futuro. Los vuelos de la fantasía no son una mera metáfora, son vuelos verdaderos efectuados con alas invisibles, y son los seres humanos privilegiados, aquellos quienes la fantasía identifica con la creación artística, los que vuelan más alto llevando a la humanidad el don de una realidad nueva, mucho más verdadera que aquella en la que pasamos nuestros días.
LAS REALIDADES DE LA FANTASÍA son realidades nuevas, vivas y fuertes como las de la naturaleza.




NOTA: Este escrito, hojas arrancadas de una vieja revista, me acompaña desde hace más de 30 años. Aunque lo deseo, no puedo citar el autor porque no aparece por ningún lado de las páginas

sábado, 21 de abril de 2018

Palabras de Eleanor Grimaldi en la puesta en circulación de la antología



Me han solicitado que de las gracias en nombre de mis compañeros de labor literaria infantil. Entre los autores antologados, tengo amigos entrañables, lo cual me hace pensar que nada ocurre por casualidad. Es indiscutible que cada día en la República Dominicana donde éramos una vez 11, se ha ido acrecentando el número de escritores que se dedican a este quehacer que cada vez nos colma de emociones y nos convoca en un sinnúmero de actividades que reflejan el avance de la literatura infantil.
Creo que el país en el contexto universal, se encamina hacia un desarrollo pleno del género infantil. Ha habido una evolución de este género infantil. Ha habido una evolución de este género desde los tiempos más antiguos de la humanidad, y sobre todo, desde la época de las tradiciones orales y escritas vinculadas a la tradición española. En los pueblos que no conocieron la escritura, las tradiciones orales fueron el nido de lo que se contaba. Tuvieron largos años en nuestro suelo, de gran reflujo, en los cuales apenas se reproducían expresiones de la tradición española en forma de cuentos, canciones, poesías y trabalenguas.
Hoy contamos con textos de autores esencialmente dominicanos, y el libro físico sigue siendo uno de los favoritos.
Anhelo vivir en un país donde los escritores de literatura infantil se dediquen a producir plenamente, y sean valorados y apoyados en su justa dimensión como creadores del género más difícil y rebelde que es la literatura para niños tal como me lo expresara en un escrito el poeta Pedro Mir en un momento en que le di a leer unos poemas para niños.
Me atrevería a pensar que hemos contribuido a forjar y ampliar la cultura de nuestros niños en términos de nación.
Y que por la fuerza de esa herencia que estamos legando, y por los esfuerzos que se hacen cada año en las ferias, talleres literarios, talleres de fomento de lectura, editoriales, concursos, premiaciones, publicaciones, nuestro país tendrá mejores lectores.
Todos de una manera u otra, hemos contribuido a que sea posible hoy, que los jóvenes de las nuevas generaciones se vinculen más a la lectura íntima de una literatura autóctona, en la sociedad y desde la escuela, nos hemos propuesto destejer el mito de que en nuestro país no existe una literatura para niños.
Todos los niños necesitan y requieren libros, los analfabetos, los alfabetizados, pero la familia no siempre puede lograr esto por diversas razones: porque no tiene dinero o porque no tiene la educación para comprender la importancia de los libros. Y por eso les proporcionamos otros objetos menos útiles a los niños. Algún día cuando el pueblo se eduque en su totalidad, se conocerá el valor de la lectura y de los escritores.
Aquí tenemos solo una muestra de algunos y algunas, que se han dedicado a desarrollar el género, para quienes pido un aplauso.
Quiero que me permitan concluir mis palabras con unas expresiones que adornan el proemio del libro literatura infantil y Desarrollo Creativo, de Margarita Luciano y una servidora, pronunciadas por la insigne educadora Dra. Zoraida Heredia Vda. Suncar, quien emuló los principios hostosianos en la educación, maestra de generaciones.
Ella dijo: los que escriben para niños tienen que volver a ser niños, para penetrar la urdimbre de sus fantasías, volver a pasear por el infinito, viajar a la luna o convertirla en queso y caminar por las profundidades del mar, volar hasta el sol, subir a una estrella, jugar con gnomos, duendes y gigantes, ser mariposa, de muchos colores y volar y volar.
Ser planta y conversar con ella, hormiga o abeja y laborar en su medio, y si no es así, no surge la espontaneidad que en cada caso demanda el tema que se teje en un cuento o en un poema.
Agradecemos de corazón esta antología Dominicana, a la Feria Internacional del Libro, a Ediciones Altazor, a Valentín Amaro, y a Willy Del Pozo por contribuir a difundir la literatura dominicana en el hermano pueblo de José Gabriel Condorcanqui Noguera, Túpac Amaru, caudillo y líder de los indígenas peruanos.
Gracias del alma en nombre de todos mis amigos de batallas por el fomento de la literatura para los que sí saben querer que son los niños.

Eleanor Grimaldi Silié
Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2018
sábado 21 de abril de 2018

Los autores incluidos en esta antología que circulará en Ayacucho, Perú y otras partes son:
Kianny N. Antigua (Mía, Esteban y las luces), Elizabeth Balaguer (El cuco), Lucía Amelia Cabral (Mariola); Yuan Fuei Liao, Eleanor Gimaldi Silié (El sueño de Penélope); Yina Guerrero (Sofía y la caja de estrellas), Margarita Luciano López (El colibrí), Leibi Ng (Blanca espuma), Rafael Peralta Romero (Medio Peje); César Sánchez Beras (El Mago), Dulce Elvira de los Santos (Me llamaron Javier) y Avelino Stanley (El Topao).


miércoles, 28 de marzo de 2018

Estela de agua


Dedicado a José De León, donde esté.

Abrigada por la humedad, ella contaba estrellas fugaces. Estaba así desde el ocaso y como cada noche, esperaba la cercanía de un barco para alcanzarlo con su canto.
—¡Uuuuuu, uuuuuu, uuuuoooaaaaaa! —saltaban melancólicas notas de contralto de su garganta fresca, mientras chispitas de espuma, bailoteaban acompasadas de sal.
Estela de Agua, virgen sirena de cuerpo de gaviota, esperaba a los marineros. Pero no a los yates o trasatlántico. Esperaba a los veleros, aquellos impulsados por Eolo, el dios del viento, con velas de nubes curtidas de salitre. Estela esperaba en el agua de mar el amor que no llegaba. Así lo sentía desde aquella noche oscura en que, hija de madre mulata y renuente a consejos, se marchó, a eso de las once de la noche, a recorrer el muelle por la avenida del puerto. Una mujer sola, de noche, no es bueno, decían, pero a ella no le importaba. Ella era ella. Hermosa, bien formada. Tenía el brillo del diamante en las pupilas y las manos de un hada. El cuerpo simétrico de las sirenas, piernas largas y bien torneadas para caminar lenta o apresuradamente; para correr si era necesario. Esa era Estela.
Claro, también tenía la boca bien puesta y decía cuanto pasaba por su cabeza. La madre aconsejaba: “Estela no hables así, que las palabras tienen poder y si no son justas se te devuelven”. “Tú vives echando maldiciones por todo”… Pero aun así, lo de Estela era no preocuparse. Así había alcanzado los quince años, así seguiría siempre.
Hasta que llegó el Viernes Santo. Ese día la esperaba un amor reciente en la orilla del río Ozama.
Pidió a una amiga que le avisara de madrugada y la madre también se despertó. Por el llamado del otro lado de los tablones del ranchito:
—¡Estela! ¡Estelita! ¡Despierta, despierta!
—Mi hija ¿para dónde tú vas? —preguntó la madre sorprendida en su cansado sueño.
—No se apure, vieja. Siga durmiendo que yo vuelvo ahorita.
—Por favor, Estela no hagas nada hoy que es Viernes Santo. ¡Ofendes al Señor!
—Ya, mamá. ¡Está bueno! Le dije que se durmiera y no me moleste más. ¡Yo sé lo que estoy haciendo.
El tono áspero, la descortesía, la desconsideración, el desamor; todo junto, amedrentó a la madre que ya estaba cansada de porfiar. No tuvo más remedio que encomendársela a Dios como último recurso.
—Padre, ten piedad de esta criatura que no entiende el daño que se está causando a sí misma.
Estela salió sin preocuparse de cerrar la puerta y el viento frío de la madrugada se coló por los trapos de la cama lastimando a la anciana en sus huesos. Ese mismo frío besó el rostro lozano de la arrogancia. Su amiga se arrimó un poquito para protegerse, pero ella la empujó.
Cuando llegaron a la orilla del río, ya un grupo de muchachos se bañaba. Bromeaban en voz muy alta sobre la posibilidad de convertirse en pez uno, en pulpo otro, en culebras marinas, otros…
Estela los miró uno por uno y supo que su amor no había llegado. Se quitó la ropa cantando. Quedó con su traje de baño dorado. Un ramo de piropos se le entregó antes de que se tapara los oídos con un gorro. Entonces se tiró al agua y comenzó a nadar. A nadar con elegancia, con gracia… ¿Por qué no iba a disfrutar de aquello sólo por ser Viernes Santo? ¡Caramba! La gente estaba loca con todas sus creencias idiotas.
Los muchachos se le iban acercando para cortejarla y de pronto tuvieron una visión que los paralizó. Sorprendidos retrocedieron. Uno que se acercó por debajo quedó ciego. Un monstruo agitaba el agua con su aliento de pez gigante.
Estela tenía los ojos cerrados y flotaba. Sintió que el agua se calentaba. El calor la fue abrasando desde las puntas de los cabellos hasta las puntas de los pies. Quedó iluminada como una luciérnaga de agua.
Abrió los ojos y se dio cuenta de que todos los que la rodeaban corrían hacia la orilla; pero una fuerza extraña la halaba hacia el centro del río, hacia el fondo del agua oscura, hacia la nada mojada.
***
Estela despertó en alta mar. Estaba sobre una roca y las gaviotas la contemplaban irascibles. Trató de incorporarse y quedó semi sentada. Fue en ese instante que comprendió: ya no era ella sino otra cosa. En lugar de piernas, tenía patas de gaviota y un plumaje blanco rodeaba sus brazos pero no eran alas. Un chirrido agudo salió de su garganta.
Una risa grotesca llenó todo el espacio. El tritón que la había rodeado en el río, ahora se burlaba dejándola sola en medio del inmenso océano.
Lo más extraño era que constantemente se encontraba donde hubiese algún niño o niña a punto de soltar improperios. Algo más fuerte que ella la obligaba a soplarles, angustiada, para espantar pensamientos y malas intenciones antes de que se materializaran con el poder de las palabras. Pero nadie podía verla y su soplo era ineficaz.
Estela, monstruo de agua, ya no tenía el don del habla. Ahora sólo aullaba y no podía recordar más nada que a una madre mulata muerta en su propia cama.

©Leibi Ng

viernes, 23 de marzo de 2018

EL MÉDICO DE DUARTE: Manuel Guerrero y Peña




Por Cristina Billini Morales (biznieta)

El Doctor Manuel Guerrero y Peña, nació en esta ciudad de Santo Domingo de Guzmán en la casa solariega de sus padres, situada en el lugar que hoy ocupa el Teatro Capitolio, frente a la Catedral y al Parque colón, y allí discurrió toda su infancia.
Era hijo del matrimonio de Don Manuel Guerrero, natural de Cataluña (España), quien era farmacéutico de profesión y de Doña Andrea peña, natural de Islas Canarias.
Desde muy temprana edad mostró gran afición a la medicina, habiendo sido un aventajado discípulo del Doctor Manuel María Valverde, con quien compartía la atención de sus numerosos enfermos.
Muy joven aún contrajo matrimonio con Aurelia Lezo Martínez, hija de Vicente Lezo y de Francisca Martínez, ambos españoles (Vizcaínos) y con ella procreó una numerosa familia.
Poseía una personalidad polifacética, ya que era Doctor en medicina, tocaba el violín, pintaba al óleo y era pirotécnico.
Profesaba una gran fe religiosa, heredada de sus mayores, de lo cual pueden dar testimonio los recuerdos dejados por su padre a la Santa Iglesia Catedral, quien envió expresamente a Cataluña dos cuadros que representaban a San Pedro y a San Pablo, los cuales siempre estuvieron colgados de ambos lados del presbiterio y sirvieron como modelos para ejecutar las imágenes de los doce apóstoles.
Es por eso que están repetidos los cuadros de esos dos apóstoles.
El Lunes Santo, dedicado en aquel entonces al culto de Jesús en la columna en la Catedral, era como llamaban una fiesta de campana grande, por su solemnidad y la costeaba el Doctor Guerrero.
Una orquesta de cuerdas, amenizaba durante todo el día las ceremonias religiosas y hasta los paños del altar eran llevados de la casa de la familia Guerrero, y eran arreglados por Matilde, una de sus hijas.
Como médico, se dedicó con eficiencia al ejercicio de su profesión, y muy especialmente a la curación de la fiebre tifoidea, el tifus, la fiebre amarilla y el cólera, lo cual le valió el sobrenombre de “EL CUCHILLO DE LAS FIEBRES”.
En una ocasión vinieron al país unos geólogos franceses con el objeto de hacer unos estudios de minería en San Juan de la Maguana. Los geólogos fueron atacados de fiebre amarilla, y para su curación fue llamado el Doctor Guerrero, el cual se trasladó inmediatamente a San Juan.
A su regreso, habiéndoles devuelto la salud, se presentó a su esposa con un talego lleno de onzas de oro, como recompensa de ellos por haberles salvado la vida.
Con ese dinero compró una residencia situada frente al Parque Colón, donde estuvo muchos años más tarde el “HOTEL COLÓN” y la cual obsequió a su esposa el día que nació su primer hijo, quien llevó su nombre, Manuel, y al cual apodaban Lico, el cual era ahijado de Duarte.
También compró una gran estancia, situada frente a la playa de San Jerónimo y hizo plantar numerosos árboles frutales, entre los cuales, se distinguían las matas de mango traídas expresamente por él, de Curazao, y es por ello que a esos frutos les llamaron desde entonces mangos Guerrero.
Sus aficiones artísticas eran la música y la pintura; tocaba el violín y pintaba al óleo. Tres cuadros pintados por él se conservan aún; uno que es el retrato de su madre, el cual es de gran tamaño, y conservamos en nuestra casa, y dos que representan figuras religiosas La Dolorosa y San Francisco de Paula, los cuales obsequiamos al Museo de Duarte.
Estas aficiones artísticas fueron heredadas por su hijo Abelardo Rodríguez, quien además era escultor y fotógrafo.
Como pirotécnico fabricaba fuegos artificiales, los cuales obsequiaba a la iglesia, en las festividades religiosas, muy especialmente en las de los santos de su devoción.
Fue colaborador de Duarte, de quien era médico, amigo íntimo y compadre, en sus luchas por la Independencia. Reconstruyó a su costo la cárcel vieja, la cual estaba situada frente al Parque Colón, en el local que hoy ocupan algunas oficinas de Rentas Internas, para que funcionase el teatro de la sociedad patriótica “LA FILANTRÓPICA”.
En ese teatro representaba los miembros de esa sociedad muchas obras, especialmente aquellas escritas en España, cuando la invasión napoleónica, por adaptarse perfectamente al ambiente nuestro pueblo en esa época.
Allí iba Duarte con sus Compañeros y cuando terminaban las representaciones, a la salid se reunía en la casa del Doctor Guerrero, en la trastienda de la farmacia de su padre.
Para no despertar sospechas y burlar el espionaje del gobierno haitiano, Duarte se apostaba en las almenas de la Catedral, y allí escondido tomaba el santo y seña a sus compañeros, los cuales iban entrando uno a uno en la casa del Doctor Guerrero.
Cuando el Gobierno Haitiano descubrió las actividades de los trinitarios, fueron éstos perseguidos. Duarte tuvo que esconderse en distintas casas amigas para no ser apresado y a Sánchez lo hicieron pasar por muerto sus familiares, lo cual pudieron hacer porque, había estado gravemente enfermo con pulmonía y fue el Doctor Guerrero quien le asistió, pues era también su médico, y quien puso a los dos en comunicación, es decir, a Sánchez con Duarte, antes de este último marcharse al exilio.
El 27 de Febrero de 1844, día de la proclamación de nuestra Independencia, asistió a la Puerta del Conde.
Años más tarde, cuando proclamaron la anexión a España, se opuso a ésta, lo que dio por resultado que el General Santana le enviara a su hija Silveria a quien apodaban Cholita y estaba casada con Leopoldo Damirón, como rehén a Puerto Rico.
No obstante, como padre amoroso y comprensivo, consintió en el matrimonio de su hija Aurelia, quien era mi abuela, con oficial del Ejército Español, Claudio Casto Morales de Lacalle, Alférez y Oficial de la Administración de Rentas, quien había elevado una súplica a su Majestad la Reina de España para que le diera el permiso para contraer matrimonio, antes de la desocupación de las tropas españolas, ya que ambos se encontraban en bandos contrarios.
La Reina dio su consentimiento, se celebraron las bodas y partieron para La Habana. Un año más tarde renunció él a la carrera militar y regresaron a Santo Domingo, y aquí vivió y murió como un dominicano más.
El Doctor Guerrero no tuvo larga vida, porque un accidente le tronchó a destiempo. Tenía gran devoción a la Virgen de las Mercedes, Patrona de la República, y acostumbraba todos los años hacer unos fuegos artificiales, especialmente para el día de su fiesta, el 24 de septiembre.
Al atacar la pólvora con una virola, explotó. La explosión le causó serias quemaduras y heridas en la mano derecha. Inútiles fueron los esfuerzos para salvarle la vida, ya que como consecuencia de esas quemaduras y heridas fue atacado de tétano, y él como médico fue el primero en reconocerlo y en aceptar como segura su muerte.
Al terminar este relato, solo me resta decir, que lamento grandemente no haberlo escrito en vida de mi querida madre, porque le hubiera proporcionado una gran satisfacción para ella, ya que siempre conservó hasta su muerte un cariñoso recuerdo de su abuelo: Papá Guerrero.

NOTA: El Dr. Manuel Guerrero y Peña es el Tatarabuelo del Profesor José Antinoe Fiallo Billini

Jueves, 27 de febrero de 1969. Listín Diario


sábado, 17 de marzo de 2018

AGÜITA, NUEVA OBRA DE JOHANNA GOEDES


La escritora Johanna Goedes puso a circular su nuevo libro AGÜITA. Fue en el salón Osvaldo Brugal de la Sociedad Cultural Biblioteca Renovación de Puerto Plata. Se convocó a numerosos amigos, estudiantes y directivos de la Sociedad Cultural Renovación.

Doña Lilian Russo habló en nombre de Sociedad Renovación.

Johanna Goede explicó que su nuevo libro es un aporte que sensibiliza desde el conocimiento y cuidado del recurso de vida más preciado que es el agua.

Emelda Ramos, admirada escritora, presentó la obra.

Algunos estudiantes leyeron parte de la obra.


Johanna Goede se caracteriza por escribir sobre temas sociales. Aporta a los seres en formación, su visión profesional y especialmente elegante de poeta y escritora especializada.














La obra también se presentó en Santo Domingo, en Librería Cuesta, el pasado 14 de marzo de 2018.

Johanna Goede externó su propósito de visitar centros educativos con la finalidad de promover su mensaje y hacer más cercano y directo el propósito de sensibilizar a la infancia y juventud sobre la importancia de cuidar el agua.

Fotos: Martín Mirabel. Información basada en Somos Magazine de Internet. Gratitud.


viernes, 9 de marzo de 2018

Tico el de los sueños


Fotografía de Pedro Genaro

Y los niños risueños
como Tico
el de los
sueños
Supo por su abuelo
de unas avecillas
de alas anchas y rojizos colores
que vuelan por el campo
peinan los riachuelos
sobrevuelan los picos
de las lomas
como aviones
de un desfile y
beben agua fresca de
las flores

Tico despertó una de esas mañanas de sol,
lejos, muy lejos de su ciudad de edificios
gigantescos, automóviles en las avenidas,
tapones, en el campo y allí, escuchó una
melodía tan hermosa y tierna y más hermosa
que no dudó en salir al jardín.
El sol radiante de la mañana, los pollitos de
una gallina piaban, los cachorros de una chi-
huahua, eran tan chiquiticos que casi no se
veían, y más que todo eso, Tico corrió, salió
del jardín para ver un desfile sublime.
Los tucutús volaban en línea recta, descendían
en vuelo vertical, atravesaban las nubes,
cantaban. Entonces sentía que las manos tibias
de la brisa, acariciaban su rostro.

Te quiero mirar
en este momento
que descubras
en este encuentro
a los tucutús
s i t e p o r t a s b i e n

Con vuelo rasante
cruzarás el sol y
un canto bonito
de pajaritos vas a escuchar
de tucutús

Tico el de los sueños

Y los niños risueños
como Tico
el de los sueños.

©Néstor Medrano

jueves, 22 de febrero de 2018

EL HOMBRE GRAMA y otros cuentos verdes y pintones de Luis Martín Gómez


Prólogo


Proteger el medio ambiente ya no es asunto de reyes, presidentes, organizaciones de nombres largos con siglas cortas. Ahora es responsabilidad de todas las personas que habitan el Planeta. Niñas y niños, desde Alaska hasta La Patagonia, jóvenes australianos y dominicanos, adultos ricos y pobres, abuelas y abuelos budistas y cristianos.
Luis Martín Gómez compromete a los niños a salvar la Tierra con "El Hombre Grama y otros cuentos verdes y pintones". ¿Por qué los niños? Porque los adultos ya se cansaron y se acostumbraron a vivir intoxicados por la contaminación, a sufrir enfermedades, a ver las consecuencias del calentamiento global de lejitos, a través del periódico o del noticiero, mientras dicen en voz alta... "Qué barbaridad, el mundo se está acabando".
La Tierra quiere seguir viva y que no le hagan más guerras, ni más hoyos, quemaduras, ni cicatrices. Pero los adultos no la conocen bien, por lo tanto no la aman de corazón. En vez de caminar por ella, la pisan; en vez de cultivar, deforestan; no aprovechan los recursos naturales, los roban; no reciclan, desperdician, no protegen, matan, extraen, explotan.
Ustedes, los niños conocerán al Hombre Grama, a María la que hizo renacer el mar de una caracola, al niño sin nariz, al árbol que voló, a Colorín Colorado y a Tica la Matica, y con ellos aprenderán que pueden reforestar, reciclar, ahorrar, compartir, amar la flora y la fauna. Poco a poco y entre todos, ustedes pueden y deben salvar el Planeta.
Tienen derecho a exigirle a los adultos que ahorren combustible, que caminen o monten bicicleta, que no dejen el motor del carro encendido mientras esperan, que reciclen el papel de la oficina, que en su comunidad la basura se divida en desecho orgánico o vidrio, metal y plástico, que el Estado siga la cadena de reciclaje, que busquemos un lugar para depositar las baterías, que las industrias dejen de contaminar las aguas, que empecemos a consumir realmente lo que necesitamos, que evitemos las fundas y envases, que ahorremos agua, electricidad y alimentos, que respetemos los animales en peligro de extinción.
"El Hombre Grama y otros cuentos verdes y pintones", es un manifiesto lleno de poesía, para que los más jóvenes tomen las armas de buena voluntad y combatan a los monstruos que devoran el medio ambiente, exigiendo apostamos a que ustedes, pequeños lectores, se pondrán verdes de emoción y saldrán a reforestar, a defender los ríos y las playas, a cuidar el aire, el agua y la tierra, que les pertenece.
La literatura infantil dominicana se regocija de que un cuentista de la altura de Luis Martín Gómez, dos veces Premio Nacional de Cuento y Premio Nacional de Literatura Infantil, publique una colección de cuentos llena de valores y de calidad literaria para inspirar a los niños a amar la Naturaleza, a compenetrarse con su hogar la Tierra y a tomar acciones para proteger el Planeta de la ignorancia de los que se hacen ricos explotando nuestra Madre Naturaleza.
Luis Martín Gómez ha sembrado nuestra tierra de esperanza y con cada lector renacerá la vida y se renovará el compromiso de volver a ver nuestro Planeta verde.

Aidita Selman
27 de febrero de 2010

Contenido
Arriba es abajo y viceversa
El Hombre Grama
El árbol sin hojas y el niño sin nariz
Mamá, a aquella caracola le está naciendo un mar
Hojas y plumas
El color de la Navidad
Tica, la matica

martes, 2 de enero de 2018

Para comprender mejor el Himno Nacional Dominicano, Miguel de Camps Jiménez IMPRESCINDIBLE


Que el Día de Reyes le dejen este libro a todos los niños dominicanos.

Luis Felipe De Jesús Ulerio

Luis Felipe De Jesús Ulerio

Luis Felipe De Jesús Ulerio, nació en Las Gordas, Nagua, República Dominicana en 1970. Estudió Filosofía en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), y en el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino en 1994; Diplomacia y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en 1996; Doctrina Social de la Iglesia en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD) y el Instituto Tecnológico Pastoral (CELAM), Colombia en el año 2002; Postgrado en Docencia Universitaria, Summa Cum Laude, en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), en el año 2004 y Maestría en Gestión Universitaria (Summa Cum Laude), en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), en el 2006).

Docente de Filosofía, Letras y Ciencias Sociales en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), desde 1994.

Comenzó escribiendo poesía y cuentos. Ganó el segundo lugar del Concurso de Poesía Juvenil, en el Seminario Santo Cura de Ars, La Vega, 1987.

Obras de este autor (no en orden cronológico):

1) “El misterio del espíritu del río” de Luis Felipe Ulerio

1ra, edición: marzo, 2006
2da. edición: junio, 2006
3ra. edición: noviembre, 2006
4ta. edición: julio 2007
5ta. edición: octubre, 2008
6ta. edición: julio 2010
1000 ejemplares
© 2006 Copyright: Luis Felipe De Jesús Ulerio
lfju_3@hotmail.com

Ilustración de portada: Mechy Tejada

Editora Búho. Santo Domingo, julio 2010

ISBN: 9945-16-032-X

Impreso en República Dominicana
Printed in Dominican Republic.



2) Catalepcia: Cuentos de muertos contados por vivos, por 




3) CATALEPSIA 2: MÁS CUENTOS DE MUERTOS CONTADOS POR VIVOS  Luis Felipe de Jesús Ulerio



4) El Enigma de la Cabaña por Luis Felipe De Jesús Ulerio


 Epílogo

''Hay cuentos que parecen historias, pero hay historias que parecen cuentos por lo impactante de sus hechos.
El cuento en la mayoría de los casos, es la narración de acontecimientos inverosímiles, fruto de la invención de la mente humana, pero la historia se centra en hechos reales que los anales registran para la posteridad.
    En el libro que acabas de leer hay una de esas historias que parecen cuentos, es la que cuenta el padre de Marcelo a Marina, la esposa de ismael, sobre ''Adelsa, la mujer mas feliz del mundo''. Si es una historia real, a los tres años de edad su hermanito le corto el dedo indice de la mano derecha con un hacha, debajo de un almendro que había en el patio de su casa. Se caso siendo muy joven. Sus primeros hijos murieron en sus brazos; otra, se le ahogo en un rió, un funesto día en que se encontraba ausente. Su madre se suicido y expiro en sus brazos también. Su padre murió algunos años después de quedar discapacitado, por una trombosis. De nueve hijos que tuvo solo le quedaron cinco. 
    Pero la vida le dio fuerzas y Dios compenso todo su dolor. Con el tiempo su gran sueño de llevar a sus cinco hijos a la universidad lo hizo realidad, son todos profesionales. Hoy, después de una cirugía de cáncer de mama, en medio del tratamiento de quimioterapias, pregona que es la mujer mas feliz del mundo. 
    Esa mujer, amigo lector, de quien le hablo es mi madre, Adelsa ulerio.'' 

5) “El Caminante” de Luis Felipe Ulerio

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Publicado el: 28 marzo, 2015

Por: Ofelia Berrido

El escritor Luis Felipe Ulerio puso en circulación su más reciente libro “El Caminante”. El autor, filósofo, teólogo, docente y experto en la doctrina de la Iglesia Católica, se ha impuesto una misión similar a la que desde hace muchos años rige la obra del gran escritor español Fernando Savater: hacer de la filosofía un material digerible para los jóvenes de hoy.

La obra de Luis Felipe Ulerio trata sobre el hecho de que el ser humano en su proceso de crecimiento empieza al enfrentar la vida, a cuestionar y tratar de entender sucesos que para él resultan inexplicables; entre ellos, la existencia de Dios y el gran problema del bien y el mal.

En la mayoría de los casos no encuentra repuestas porque carece del conocimiento que le permite entender asuntos tan complejos, pero estos tipos de incógnitas no le dan tregua a una mente inquisidora y así, el hombre y la mujer empiezan a buscar respuestas dando inicio a la etapa del caminante: se inicia el viaje en busca de la verdad de la existencia. Se parte de la casa para enfrentar santos y demonios, sutilezas y desgracias en busca de la verdad.

En el proceso se explora diferentes fuentes y lugares. La situación se convierte en un verdadero problema a resolver: encontrar soluciones se torna en un asunto capital. El ser humano necesita saber quién es, necesita entender el porqué si hay un Dios omni-benevolente, omnipotente y omnisciente existe la maltad. Una vez la búsqueda se inicia ya el caminante no puede dar vuelta atrás, de hecho ya no lo desea; y a decir verdad, tampoco lo soportaría, porque una vez formuladas las preguntas el encuentro de las respuestas se vuelve una obsesión. Muchos mortales han hecho este viaje de iniciación; otros, algún día emprenderán un camino de búsqueda externa y extraviada hacia los secretos guardados en lo más interior del ser.

El libro nos cuenta la historia de un joven aldeano perdido en el mundo del inconsciente y de su amigo y guía el sabio anciano que le muestra la existencia humana desde los polos opuestos de luces y sombras. Sus enseñanzas abarcan el valor de la vida, el amor, la responsabilidad, la necesidad de vivir en un mundo solidario; así también, lo negativo como son los vicios y las ofensas. El escritor muestra las escuelas filosóficas de Elea, los presocráticos, los sofistas, entre otras. Entra al mundo escatológico con explicaciones que de seguro despertarán en los jóvenes lectores la curiosidad que surge al verse enfrentado cara a cara con los misterios de la muerte. El texto nos muestra una visión general de la filosofía, muy especialmente del mundo griego.

Por otro lado, el paralelismo que hace el autor con la Divina Comedia es notorio. El anciano Sócrates no es otro que el Virgilio de Dante. El primero, en la obra de Ulerio advierte que la vida bien vivida es un camino hacia la plenitud y es plenitud en el camino. Es él quien le muestra al joven cual es el castigo a que son sometidos los que no tienen caridad ni actúan con justicia ni verdad… destinados al pantano de lodo mal oliente o a la región de los embaucadores perdidos en aguas rojas de sangre…, drama de tanta desolación como el mismísimo infierno dantesco.

Tal como el joven aldeano se encuentra perdido en el inconsciente, Dante a mitad de su vida, adquiere conciencia de haberse apartado del camino de la virtud y perdido en la oscura selva del pecado, intenta escapar y no puede, es cuando aparece el poeta Virgilio, quien lo saca de la selva por el camino más largo, el infierno.

Pero en el caso que nos ocupa el sufrimiento de que es testigo el joven Marianito es menor. Sócrates, su anciano guía, lo confronta a su propia naturaleza a través de simbolismos: el cuerpo, como el templo que hay que cuidar para desarrollar el ser interno que habita en él; el camino que hay que recorrer para aprender las lecciones que brinda la vida en la senda de la evolución. Y entonces, entendemos el porqué el anciano habla de que una vez en el templo, una vez realizados y transformados ya no habrá sufrimiento porque todos serán redimidos. Y así proclama: “Que la tierra la siembren los agricultores y los artistas trabajen su arte, que cada hombre haga solo lo que ama y ponga su corazón en lo que hace. Solo así volverán los hombres a ser felices”.

El método que usa De Jesús Ulerio es sostenido por las creencias de Platón cuando asevera que la mente humana tiene la necesidad de figuras metafóricas y míticas para que medien entre los mundos de “llegar a ser” (procesos de transformación) y la realización misma del “ser”. Estas figuras nos elevan de la experiencia sensorial inferior en que nos encontramos y desde la cual contemplamos la verdad.

Y así, vemos que Aristóteles redefine la noción de mimesis. El filósofo griego la identifica como la capacidad positiva del arte de retratar el significado universal de la existencia humana. En la medida en que el arte imita la acción, constituye un muthus, es decir, una historia que aísla las experiencias cotidianas; que da a nuestra existencia un mayor sentido de unidad y coherencia. Y es que el arte re-describe la realidad con el fin de divulgar la verdadera dimensión de las cosas. De esta manera, asegura el griego, redime al artista al confirmar que este tipo de práctica fomenta la verdad.

El filósofo y profesor Luis Felipe de Jesús Ulerio busca, a través de su obra, enfocar la mirada de nuestra juventud hacia la filosofía. Para él es un medio que puede facilitar la reflexión y el entendimiento del mundo que les toco vivir para que sean capaces de tomar sus propias decisiones y actuar bajo el conocimiento de que el libre albedrío trae consigo grandes responsabilidades. En este texto se respira la aspiración del autor de que los jóvenes vivan sostenidos por un quehacer ético que les permita ser más felices y es que él, tal como el guía de su historia, anhela abrir caminos…
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6) “Jade y los amigos inseparables” de Luis Felipe Ulerio

7) “Jade y el pollito amarillo” de Luis Felipe Ulerio

Como vemos, son tres libros


8) “Jade y la fiesta de la hermanita” de Luis Felipe Ulerio

9) “Los amantes de la cabaña” de Luis Felipe Ulerio

viernes, 29 de diciembre de 2017

HISTORIA DE SIGILO Y ASOMBRINA, Yuan Fuei Liao

SOMBRA PARA ESCUCHAR EL SILENCIO

Es bello reposar bajo una sombra para escuchar la voz del silencio…
El silencio del parpadeo de un bebé cuando quiere dormir.
El silencio de la mano invisible que pinta el arcoíris sobre el lienzo del cielo.
El silencio del rayo de Sol cuando besa la flor más pequeña del jardín.
El silencio de la hebra de un cabello de anciano al reposar encima de un libro.
El silencio de la copa de un helado cuando se derrite en la barquilla.
El silencio del aleteo de una mariposa enamorada.
El silencio del viaje de una nube aventurera.
El silencio de la semilla que se rompe para brotar una vida.
El silencio de la pluma que se lanza sobre la grama.
El silencio del charco cuando se evapora en el asfalto.
El silencio del poema que aún falta por ser escrito.
El silencio de las pisadas de una hormiga obrera.
El silencio de la gota que se desliza por una ventana cristalina.
El silencio de la sonrisa de la Luna en cuarto creciente.
El silencio de una guitarra guardada en su estuche.
El silencio de la estrella que se esconde detrás de la montaña.
El silencio de la mirada de un misionero que regresa a casa.
El silencio del crecimiento de una adolescente que sueña.
El silencio del corazón sincero cuando hace una obra de bien.
Como el silencio de Sigilo y el silencio de Asombrina…




¿No conoces la historia de Sigilo y Asombrina?

Te la contaré:


Un día muy soleado, cuando Jesús aún era bebé, llegaron varios niños con regalos para él. María y José recibían agradecidos cada presente. Pero el pequeñito Jesús intentaba dormir, sin lograrlo: los niños, por la alegría y la novedad, andaban muy ruidosos.
Un chiquillo, con el pelo alborotado, balaba como una oveja, pues había traído una manta de lana del rebaño de su padre:
—¡Traigo lana para Jesús para que no le dé atchús! ¡Traigo lana para Jesús para que no le dé atchús!
Una niña no paraba de brincar. Llevaba una cuerda para que, cuando Jesús fuera un poco mayor, pudiera saltar la tarea:
—¡Salta que salta, brinca la charca! ¡Salta que salta, brinca la charca!
Otro niño tocaba un estridente pandero que la hija de un maestro le había enseñado a hacer. Lo portaba como su regalo para entregar:
—¡Pandero, pandero, bailar es lo que quiero! ¡Pandero, pandero, bailar es lo que quiero!
La fila continuaba con una chicuela pitando un silbato que imitaba el cacareo de un gallo mañanero:
—¡Quiquiriquí, que ya estoy aquí! ¡Quiquiriquí, que ya estoy aquí!
Y así, una docena de pequeñuelos desfiló frente a Jesús con sus obsequios. Cada uno pretendía lucirse, ostentando y pregonando la creatividad de su regalo.
Pero, mientras tanto, el bebé quería dormir, y los estruendos y el calor no se lo permitían.
Fue cuando mamá María se dio cuenta de que una niña y un niño se habían quedado detrás de la puerta, rezagados, sin nada en sus manos. Ella, con su mirada, los invitó a acercarse. La niña se llamaba Asombrina, y el niño, Sigilo.
Asombrina tenía un gran tamaño. Se presentó ante el pequeño Jesús, sin saber qué regalarle. Pero frente a la cuna tuvo una idea: cubrió con su sombra al bebé. Ese fue su regalo: refrescado por la sombra de Asombrina, Jesús sonrió y cerró los ojos.
Por su parte, Sigilo se quedaba callado porque era muy tímido. Se presentó ante el pequeño Jesús, sin saber qué regalarle. Pero frente a la cuna tuvo una idea: regaló su silencio al bebé. Ante el silencio de Sigilo, Jesús se durmió plácidamente, y María lo acurrucó en sus brazos.
La rapidez con que se durmió el niño Dios hizo que el asombro atrapara a todos los presentes. Poco a poco fue creciendo un silencio, pero no era vacío: estaba lleno de adoración, de paz, de amor y de alegría.
María sonreía. José también. Todo en silencio.
Es bello reposar bajo una sombra para escuchar la voz del silencio…

Texto: Yuan Fuei Liao
Ilustración: Eddaviel

miércoles, 27 de diciembre de 2017

LOS MEJORES PELUQUEROS



Por Nelly García de Pion

Durante los últimos días había llovido sin parar. Nubes grandes y grises bailoteaban en el firmamento dejando caer su carga de agua.
El campo se veía desierto, todos los animales se habían refugiado en sus viviendas y desde la suya, la señorita Garza observaba preocupada el interminable aguacero junto a la pequeña Brisa Fresca, quien no cesaba de suspirar de puro aburrimiento.
La única que se sentía feliz con aquel temporal era la señora Rana Verde. Acababa de llegar toda alborotada de la casa de Cuervo Aurelio entonando sus mejores Croas-Croas.

—¡Qué lindo está todo!
¡Croac-Croac!
¡Qué mojado está!
¡Me gustan las charcas
para chapotear!
¡Croac-Croac!

La alegría de la Rana Verde resultaba tan contagiosa que a Brisa Fresca se le quitó el fastidio y junto con ella bailó y cantó por toda la casa, hasta que la intempestiva entrada de Cuervo Aurelio las dejó frías del susto.
Cuando la señorita Garza se recuperó del espanto, los invitó a tomar asiento y pasó a contar su historia.
—Hace algunos años, cuando Brisa Fresca era solo un bebé y fue confiada a mi tutela, me fueron dadas, junto con la niña, unas tijeras, además de hacerme ciertas confidencias que serían de mucha utilidad en su crianza. Ya ustedes saben que las ciguapas son criaturas un tanto peculiares.
—¡Ah! Claro —interrumpió Cuervo, señalando a Brisa Fresa que se había quedado profundamente dormida.
—Desde luego, se refiere usted a sus pies que siempre van en dirección contraria.
—Ojalá se tratada de eso —continúa la señorita Garza —el problema no son sus pies… ¡es su cabello!
—¡Sus cabellos! —exclamaron Cuervo y Rana a coro.
—Sí, amigos. Su pelo se hace muy, muy largo si llueve por más de tres días y si no es cortado antes del cambio de luna, se tornará verde y luego se pegará a la tierra como pasto. Y ella…
—¿Qué le ocurrirá? —preguntaron conmovidos.
—Ella —dijo la señorita Garza, visiblemente emocionada,  —se convertirá en un árbol, cuyos frutos serán tan dulces o agrios como lo fuera su carácter.
La reacción no se hizo esperar: empezaron a sollozar, a abrazarse, a hipear de la tristeza.
—¡Un momento! —dijo Cuervo, mientras se sacudía aparatosamente el pico.  —Aquí hay algo que no está claro. Usted dijo que le entregaron unas tijeras… Entonces, ¿cuál es el problema?
—Sí, ¿cuál es el problema? —repitió Rana.
—El problema es… ¡qué he perdido las tijeras!
—¡Aaaaay, nooo! —irrumpió Rana, dando una gran voltereta en el aire y llevándose las patas a la cara.
—Ahora, dígame —intervino Cuervo, justo en el momento en que Rana Verse de disponía a caer desmayada: —¿Dónde se le han perdido las tijeras?
—Ha sido en el corral, mientras cortaba las crines del potro Pinto.
Dos días más, después de esta reunión, continuaron las lluvias, pero cuando salió el sol, se restableció todo al contacto de sus luces y calor.
Brisa Fresca se sentía radiante y durante una buena parte de la mañana jugó sin notar nada raro, pero a medida que avanzaba el día, el pelo comenzó a crecer hasta convertirse en un verdadero estorbo.
Mientras tanto, Cuervo Aurelio se dedicaba a espiar a Rata Arrocera, de quien tenía serias sospechas. Por supuesto, lo hacía con disimulo y hasta se disfrazó de gallina para confundir al roedor, pero de nada le valieron sus tretas porque la Rata es muy lista y lo sorprendió.



—Señor Cuervo —dijo Rata muy enojada —¿sabe que haría si tuviera un par de alas como las suyas?
—¿Qué cosa haría? —preguntó el cuervo un tanto turbado al verse descubierto.
—Volar muy alto y desde allí, tratar de localizar las tijeras.
Cuervo Aurelio estaba sorprendido. La sugerencia del roedor no solo tenía sentido; sencillamente le pareció excelente, y muy entusiasmado dio las gracias y remontó vertiginosamente.
La situación de Brisa Fresca era difícil. El pelo no paraba de crecer y la señorita Garza y Rana Verde se turnaban para sostener la larga y espesa cabellera.
A ratos la garza, a ratos la rana, y luego también las abejas, los colibríes, cotorras y libélulas… pero después de tanto zumbar, revolotear y saltar, sintieron mucho calor y se metieron al río.
Brisa Fresca disfrutó del baño aliviada del peso de sus cabellos que flotaban en el agua, y tan distraída estaba compartiendo con sus amigos que ni se percató de la confusión que se originó cuando unos pequeños quedaron enredados en su pelo.



—¡Auxilio! —gritaba mamá Camarón y mamá Cangrejo —¡Nuestros pequeños han sido atrapados por un monstruo oscuro y peludo!
Y mientras más se desesperaban, más pinzadas daban y ya no paraban de cortar la melena hasta liberar a sus crías. Claro que ellas no fueron las únicas liberadas, ya que ambas madres, sin proponérselo, hicieron un magnífico corte a Brisa Fresca.
Ahora todos estaban contentos… ¡Bueno! En principio, no todos, porque Cuervo Aurelio se enteró de lo ocurrido y se sintió algo deprimido. Él, después de sobrevolar muchas veces el campo, había encontrado las tijeras, pero ya no eran necesarias. Los crustáceos se habían adelantado. Finalmente, Cuervo también comprendió que para Brisa Fresca había sido lo mejor. En lo adelante, no tendría que depender de ningunas tijeras, pues ahora ella sabía que cangrejos y camarones serían los mejores peluqueros.
FIN

jueves, 21 de diciembre de 2017

De los tres niños que salvaron la Navidad, Néstor Medrano



“El viejo Antolín les contó que el niño Picú lo hacía feliz. Que tenía la promesa de llegar a la mina donde se guarda la esencia de la Navidad.
Les dijo que estaba escrito que era él quien debía penetrar y liberarlos del maligno de Tuzán. Pero Tuzán los sorprendió. Y con artes de magia de la mala hizo que el niño Picú desapareciera de la faz de la Tierra y sus confines. El niño Picú estaba destinado a salvar todas esas tradiciones hermosas y festivas de las criaturas divinas del Señor. Y una mañana ¡Zas! Tuzán lo alejó.
―¿Y cómo lo hizo desaparecer Tuzán?―preguntó Crisóstomo, buscando entender mejor la historia. Juanchi, se lo explicó…
―Tuzán es un ser malísimo que desapareció con magia de la mala al niño Picú…que iba a salvar las historias y las tradiciones del pueblo, tomando la esencia en una cueva donde había una mina… y así sucesivamente…
Crisóstomo miró más confundido que nunca al viejo Antolín, el viejo Antolín les mostró su dentadura blanquísima, se encogió de hombros y les dijo:
―Algo así…más o menos…pero ya, deben marcharse, pronto será de noche y sus padres estarán muy preocupados. Además no quiero que los vean en esta casa, el monstruo podría morderlos…
―¿Hay un monstruo?―preguntó Crisóstomo…recibiendo un codazo de Juanchi, que finalmente le aclaró:
―Solo bromea…”. (Fragmento).

lunes, 18 de diciembre de 2017

El ciempiés fuma arco iris en pipa y otras verdades. Mateo Morrison



Mateo Morrison
mateo@mateomorrison.com

Al leer el libro El Ciempiés Fuma Arco Iris en Pipa y otras Verdades de Lady Diana Castillo Villalón, experimento una importante sensación de que no estoy frente a un libro más de literatura para niños, sino frente a un conjunto de relatos escritos con los mejores elementos del idioma, donde cada palabra está plenamente seleccionada para que responda al proceso comunicativo cuyo resultado sea una obra artística.

Y digo esto porque una buena parte de los libros que se escriben sobre este importante y delicado género, priorizan el contenido, el argumento, la historia que cuentan y se olvidan del uso del lenguaje, y a veces resulta tan pobre que no merece el calificativo de obra literaria.

Asumir el hecho literario desde una narrativa hecha para niños y niñas, no debe significar rebajar la dignidad literaria, sino al contrario, elevarla con un nivel de especialidad aún más difícil que si se dirigiera sólo para adultos.

Este tipo de literatura que nos trae El Ciempiés Fuma Arco Iris en Pipa y otras Verdades, corresponde a una categoría que puede ser disfrutada por cualquiera, pues su soporte no es sólo el aspecto argumental, sino la estructura formal con que éste llega a través de un lenguaje depurado donde cada palabra ocupa un lugar preciso dentro de la estructura artística que le sirve de soporte.

Y es que una obra literaria no es sólo contenido, la forma en que se escribe será determinante para saber los niveles de calidad que les son atribuidos a todo texto con fines de permanencia en el tiempo.

Pero no sólo se trata de contenido y forma en esta obra, aparte de la lección ética que le deja a las lectores, está un fino sentido del humor y un definido horizonte de ironía orientado a combatir las bajezas humanas y exaltar los valores de la solidaridad, la hermandad y todos los aspectos que se constituyen en lecciones positivas para los lectores.

No falta lo lírico, como cuando dice en este texto que reproducimos del relato La niña y el Unicornio, lo siguiente: 

“El hombre apartó la vista de una hoja seca que estaba examinando.
¿Qué saben ustedes sobre eso? No han visto uno de esos tiempos que tienen alas multicolores y toman la miel de las flores.
Eso es una mariposa dijo la niña.
No importa su nombre. Es el tiempo, evasivo y hermoso, estoy seguro de que si atrapo uno podré tomar el sol mas rato y la luna conversará menos con las estrellas. Ahora déjenme en paz”.


Lady Diana Castillo Villalón o los primores del cuento infantil



Por: LEÓN DAVID

La visión profética de George Orwell: 1984 es ahora
Hacer de menos la llamada literatura infantil, reputarla género ancilar porque por modo ostensible se propone no ya satisfacer el acendrado gusto del lector avisado, sino cautivar el alma en agraz del niño dirigiéndose a un público inexperto y, por ese hecho, supuestamente fácil de contentar, semejante opinión, insisto, sobre ir en menoscabo del libro destinado a los chiquilines, presta –harto me lo temo- flaco servicio al oficio demandante del escritor tanto como a los arduos encantos del arte narrativo.

Importa error de a folio suponer que la creación concebida para el solaz de los chicuelos es, en punto a rigor, habilidad, industria e inventiva, menos reclamante y, por ende, menos sustantiva y valiosa que la que se realiza para colmar las acaso retorcidas inconformidades de la persona adulta… A riesgo de infringir los oportunos modales de la discreción y la modestia postulando juicios con privanza de eternidad, no me abstendré de sostener en contra del parecer mayoritario del vulgo y acaso de los entendidos, que hacer genuina y perdurable literatura infantil no será, no es ni ha sido nunca cosa de coser y cantar. En efecto, si de apariencias delusivas no me pago, no tiene trazas de viable la creencia de que la ficción escrita para los niños, a causa de la inmadurez de quienes la leerán, requiere en lo atinente al logro del objetivo de entretenimiento y formación que de ella se espera, menos esfuerzo, talento y originalidad que los que solemos encarecer en las obras literarias de solera a las que son adictos ciertos individuos que han dejado atrás, en verdad muy atrás, la edad pueril.

Los asertos que acaban de escapar a los puntos de mi pluma no carecen, hasta donde he podido percibir, de fundamento a poco tengamos en la mira la finalidad suprema del arte de la palabra: seducir al lector mediante la belleza del lenguaje, sumergirlo en un universo extraordinario, sorprendente, donde en virtud de los poderes de la fantasía se auspicie el encuentro del fruidor de la obra con las ultimidades existenciales de su propio ser.

Va de suyo que en el caso del relato infantil pareja inmersión en los hontanares de la subjetividad, en las abisales simas del yo, impone de partida peculiares procedimientos constructivos y específicas estrategias retóricas. Salta a la vista que el mundo del niño no se asemeja al del adulto. Es, por tanto, imperioso que quien escriba para la chiquillada, por más que haya sobrepasado largamente la fase del trompo y las muñecas, lejos de haber dado la espalda a esa vis traviesa volcada hacia el asombro que es la marca inconcusa de la niñez, conserve –tesoro inmarcesible- el espíritu lúdico, optimista, desenfadado propio de los albores de la existencia… Y aquí es donde, bien lo hace explícito el popular adagio, “la puerca tuerce el rabo”; pues no todo escritor de probado profesionalismo o incluso de trayectoria sobresaliente, es capaz de producir páginas que los chicos leerán con gozosa fascinación. El don literario que hace las delicias del lector instruido y fructifica en narraciones y poemas de saliente calidad, no asegura en modo alguno el éxito de un autor cuando éste de repente da en la ocurrencia de escribir historias infantiles; que así como el creador de afortunadas novelas no es raro fracase con estrépito cuando incurre en la manía de estampar líricas efusiones sentimentales en lenguaje versificado, o el poeta de estro espléndido y acento musical a menudo se descalabra cuando endereza por los caminos de la prosa de ideas, así mismo el escritor de alto coturno y bien ganados títulos de excelencia en la esfera de la literatura para adultos, puede perfectamente zozobrar si, impedido por cualquier razón de conectarse con el niño que lleva dentro de sí, intenta hablar a la agente menuda en idioma que ya ha olvidado y desconoce.

No es este el caso –en ello va nuestro crédito- del libro de cuentos infantiles que exhibe el título de El Ciempiés Fuma Arco Iris en Pipa y otras Verdades, de la autoría de la joven narradora cubana Lady Diana Castillo Villalón. En las palabras introductorias que escribiera el poeta Mateo Morrison para dicho texto, topamos con el siguiente aserto que da remate a su atinada ponderación de los méritos de la cuentista: “esta selección de relatos (…) enriquece cualquier literatura de su género porque está escrita con los ingredientes esenciales de una obra de arte plena de sentido y con una estructura admirable.”… El juicio del prologuista es, para quien cure de la imparcialidad, ciertamente atendible. Veamos de mostrarlo: En mi falible opinión, el cuento para niños debe poseer, entre otras caudalosas prendas, las fundamentales cualidades a las que, a humo de pajas, aludiré a continuación: para empezar, desbordada fantasía de tónica jovial y coruscante; luego humor, gracejo, chispa, donaire; no puede faltar tampoco –tercer ingrediente- la poesía, la belleza de un estilo fluido, llano, fresco y sugerente; y, por descontado –postremo e imprescindible requerimiento-, es de rigor que las historias contribuyan a exaltar los valores de la alegría, la vida y el bien…

A estas cuatro estipulaciones –nos ceñiremos tan solo a ellas en obsequio a la brevedad-, a estas cuatro exigencias condice plenamente el libro de Lady Diana. La fantasía borbota, burbujea en cada una de sus páginas generando la magia fulgurante de lo maravilloso, como ocurre en el episodio de la bruja que convertida en estatua fue reventada en “miles de pedacitos que se regaron por el parque”; o bien como la vasija prodigiosa que el artesano modelara, la cual producía música; o acaso como el comienzo del relato titulado La niña y el unicornio, el cual reza: “Había una vez, en un océano, una isla. Era un lugar lleno de unicornios rojos, que volaban hacia los sueños de los niños. El océano estaba dentro de un libro y el libro lo tenía una niña”.

Por lo que toca al elemento festivo y retozón, a cada instante nos sale al paso, verbigracia el detalle de las tres palomas juezas del concurso de cocina, que al probar el repugnante menjurje de la bruja Oxer mudaron de color y cayeron desmayadas; o como el sujeto que a todo lo que se le preguntaba respondía, sin que viniera a cuento, con un refrán.

De impoluto lirismo, sobrados ejemplos podríamos escoger. Circunscribámonos a uno distraído de la fábula Las pecas de María: “María se fue muy contenta para su casa, pues al fin se libraría de esas odiosas manchitas. Iba tan alegre que entonó una canción. ¡Hacía tanto tiempo que no cantaba! Y mientras cantaba no se daba cuenta que detrás de ella se abrían los capullos de las flores, y con cada nota de su canción nacían ruiseñores y brotaban riachuelos a sus espaldas. Los habitantes de Gluglú sacaban las cabezas por las ventanas de las casas para ver aquel milagro. ¡Eran las pecas y la alegría de María las que hacían la magia!”… ¿Puede acaso darse mayor sencillez en la expresión de un suceso imaginario, no por exento de pretensiones retóricas menos estéticamente eficaz?

Por último, sería incurrir en delito de lesa equidad exegética no poner de resalto que la autora de la obra que a punto largo estamos escoliando, de manera natural, nunca forzada, alecciona, educa, orienta, plasmando en el entramado mismo de las historias que relata una serie de sustanciales valores éticos y de convivencia social; así el alcalde de Pueblo Chico, que era “aprendiz de todo y oficial de nada” y que “ Disfrutaba engañando”, recibe el peor de los castigos, éste: las mentiras con las que buscaba burlarse y perjudicar a gente cándida se tornaron verdades que hicieron la felicidad y la fortuna de los que él creía víctimas de su trapacería; o también el caso del artesano astuto que deseaba ofrecer al rey su vasija maravillosa y a quien los dos consejeros corruptos de la corte exigían a cambio de concederle audiencia con el soberano, la mitad de lo que el monarca le obsequiara a guisa de recompensa; ni corto ni perezoso, el avispado artesano, cuando el rey le preguntó si quería oro, plata y diamantes por su inigualable vasija, lo que pidió fue que le premiaran con doscientos azotes, y entonces, escuchemos: “El Rey se quedó asombrado y los consejeros abrieron los ojos como platos.

-No entiendo –dijo asombrado el Rey- puedes pedir riquezas y quieres que te den azotes, ¿estás seguro?

-Sí, su majestad- respondió el artesano.

Cuando los guardias del palacio iban a atarlo el artesano los detuvo.

-¡Un momento! –dijo. Soy un hombre que siempre cumplo mi palabra y le prometí a cada consejero la mitad de mi recompensa, pues bien, le corresponde a cada consejero cien azotes.

-¿Qué dices, campesino loco? –chilló el Primer Consejero.

–¿Cómo que cien azotes, no te das cuenta de que era una broma?- protestó el Segundo Consejero.

Pero el Rey era muy justo, por eso hizo que le administraran cien azotes a cada consejero para que no se aprovecharan más de sus súbditos.”

La villanía se paga: se impone la justicia. El mensaje que la divertida invención contiene anidará en el corazón del niño favoreciendo desde muy temprano el fortalecimiento de los más prístinos valores éticos, esos que ninguna sociedad que presuma de civilizada puede impunemente preterir.

El Ciempiés Fuma Arco Iris y otras Verdades es libro que fascinará al revoltoso público de los pequeñines; pero eso no es todo, los lectores que cargan varios lustros sobre sus hombros, con tal no hayan dejado apagar en el pecho la hoguera cálida de la infancia, cuando se aproximen a sus felices páginas no saldrán –lo afirmo, lo aseguro- defraudados.


FUENTE:Artículo León David

JUAN BOBO: En una misa me rompieron la camisa

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