sábado, 4 de abril de 2026

Siembra de libros en el Gramazo: cuando la literatura escaló montañas. Por César de la Cruz

 El director de la escuela Kelvin Feliz, pronuncia unas palabras

El Gramazo, Padre las Casas, Azua. — La Cordillera Central suele guardar sus tesoros entre neblinas y veredas que pocos se atreven a transitar. Pero el pasado fin de semana, un nutrido grupo de escritores, educadores, gestores culturales y fotoperiodistas dominicanos decidieron que los libros también merecían llegar a lo más alto. Y así, entre piedras, ríos sin puentes y un camino que más parecía una penitencia, subieron hasta el paraje El Gramazo, del distrito municipal Las Lagunas de la provincia de Azua, con una sola misión: sembrar palabras donde hasta ahora solo germinaba silencio literario.

Llegaron con los libros bajo el brazo —algunos sudados, otros milagrosamente secos— pero, sobre todo, llegaron llenos de amor y solidaridad. Los esperaban decenas de niños con los ojos brillantes de esperanza y un sueño común: algún día ser como ellos, escritores, poetas, contadores de historias. Porque en El Gramazo, un paraje enclavado en la geografía más agreste de la cordillera central de la provincia de Azua, la lectura aún es un lujo que pocos pueden costear. Pero este grupo de voluntarios decidió cambiar esa realidad desde la raíz.


De izquierda a derecha: Evelyn Ramos Miranda, Tamara Valdez SP, Leibi NG, Lillian Foundeur, Marianela y Pascual Medrano. Detrás Isabel Espinal y Yocaira López Tifa

El acto comenzó con el rigor patriótico que exigen las grandes ocasiones. Frente a la escuela comunitaria, se izó la bandera dominicana mientras las voces de niños y adultos se fundían en el himno nacional. Luego, varias niñas, con papeles temblorosos entre las manos, leyeron mensajes de bienvenida para los «distinguidos visitantes». En sus palabras sencillas se adivinaba la emoción de quien recibe, por primera vez, a alguien que viene a regalarle futuros posibles.


El inspirador de la siembra: periodista Vianco Martìnez


Fue entonces cuando tomó la palabra Vianco Martínez, principal organizador de esta jornada y alma del proyecto de crear una biblioteca que no solo sirva a El Gramazo, sino a toda la comunidad de la cordillera. Martínez leyó una pieza oratoria que los presentes con los ojos llorosos los calificaron, sin titubeos, de magistral, frase como esta “Esta muchacha llamada cordillera, que siempre huele a tierra sembrada y que vive entre la espera y el olvido” conmovieron a los oyentes.

 Al pie de la bandera, el nutrido grupo de intelectuales hicieron entrega formal de sus libros al director de la escuela Kelvin Feliz. Volúmenes de poesía, cuento, ensayo y narrativa infantil que, a partir de ahora, ocuparán un lugar sagrado en los estantes de la biblioteca escolar, un hecho sin precedente y fue cuando el alcalde de la comunidad de la Laguna, distrito municipal del que depende las 21 comunidades de la zona montañosa de padre la casa, Wilkin Abreu   dono un libro para la biblioteca, el libro es una novela del laureado escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez

Pero la siembra de libros no se detuvo en el gesto simbólico. Luego vino lo más fértil: un conversatorio, una charla, talleres vivos en los que los niños, sentados en sus pupitres de madera, escucharon con una atención que en las ciudades a veces se ha perdido.

Tamara San Pedro impartió un taller de fotografía para adolescentes que terminó con una práctica inolvidable: los muchachos salieron a retratar con una cámara compacta todos los rincones del plantel escolar. Así, por un día, el Gramazo se miró a sí mismo a través de sus propios ojos.

La escritora Reina Rosario ofreció un breve pero profundo conversatorio sobre historia cultural, mientras que Evelyn Ramos Ramos dio otro conversatorio literario, Isabel Espinal y Yocaira López Tifa, enseñaron a manipular títeres, haciendo que hasta los más tímidos soltaran de risa. Avelino Stanley habló de escritura creativa y les aseguró que todos tienen una historia que contar. Leibi NG se centró en el valor de las bibliotecas como casas de la imaginación. El escritor y periodista Gustavo Olivo regaló una reflexión cultural que dejó a los adultos pensando. Y la doctora Lilliam Fondeur, con la ternura que la caracteriza, abordó un tema sensible pero necesario: la maternidad responsable.



Sin embargo, el momento que nadie olvidará fue el final. La poeta y escritora Marianela Medrano, como si hubiera guardado la mejor sorpresa para el cierre, tomó unas plantas, una pequeña pala y se agachó en los jardines de la escuela. Allí, junto a la niña Carmina quien la ayudo y frente a los demás niños que la miraban fascinados, confirmó un huerto donde sembró flores de variados colores. No solo libros, entonces. También flores. Porque leer es también aprender a ver la belleza que brota de la tierra.

Al caer la tarde, cuando los ocho escritores emprendieron el regreso por el mismo camino extremo, río abajo y montaña abajo, llevaban en la mochila algo más que el cansancio. Llevaban la certeza de que, en El Gramazo, desde ese día, hay niños que sueñan con ser escritores. Y un proyecto, el de la biblioteca comunitaria de la cordillera, que continua con paso firme y con un futuro luminoso.


jueves, 4 de diciembre de 2025

EL VIEJO Y EL NIÑO: LOS DOS QUIJOTES DE LEOPOLDO MINAYA , por Josè Carvajal


© JOSÉ CARVAJAL

La idea es buena. El poeta Leopoldo Minaya sacó a Don Quijote del entorno de la Mancha para propiciar un encuentro del viejo hidalgo con un niño de tiempos muy modernos, sin que eso signifique relevo.
«Don Quijote, el héroe,
sale de los libros
a tomar el aire
claro del camino».
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Así comienza «Cuento de los dos Quijotes», un pequeño libro que exhibe en sus páginas una gama de enseñanzas distribuidas en siete escenas que sugieren una lectura teatral con ritmo y rima de versos para niños y el lector juvenil.
«Caballero andante
valeroso, digno,
que embistió gigantes...
brazos de molino».
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¿Quién no recuerda los molinos que Don Quijote en su enajenación confundió con gigantes guerreros? Pero así como no eran lo que Alonso Quijano decía, tampoco Don Quijote fue hombre de carne y hueso, aunque nadie dudaría eso. Leopoldo lo dice o lo canta:
«Siglos lleva ya,
siglos, lleva siglos
entre editoriales,
entre linotipos,
entre letra y letra,
entre signo y signo,
entre las solapas
de los pergaminos...».
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Pero andariego era el de la Mancha; anduvo tanto dentro del libro escrito por Cervantes que un día parece haber asomado las narices fuera de aquellas páginas para que Leopoldo le cambiara la vida de novela por una de cuento.
«Siempre que el Quijote
sale de los libros
va buscando un aire
limpio...
limpio...
limpio...».
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Y en el cuento fue que encontró al niño en la segunda escena.
«Por tomar el aire
claro del camino,
Don Quijote, a veces,
sale de los libros...
Al llegar a un pueblo
le detiene un niño
que le dice:
—¿Puedo
conversar contigo,
valeroso hidalgo?
"Puedes, puedes, hijo",
dice el caballero,
que se ha enternecido...».
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El niño, al no conocer nada de Sancho no podía aspirar a ser escudero; por eso se entiende que de la cuna y sin saberlo llegue a ser el otro Quijote del cuento.
Luego, el niño empieza:
«Quiero ser tu amigo,
quiero ser tan grande
como tú lo has sido...
­­¡deshacer entuertos!,
y a mi espada fío
redoblar la fuerza
de los desvalidos...»
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Quijote el viejo y Quijote el niño viven de la mano del poeta Leopoldo que no olvida la escena de los molinos de viento para que el caballero andante nombre como guerrero al pequeño.
«Nuevo paladín,
lucharás conmigo,
pero aquí a mi lado,
contra el enemigo»,
instruye el Quijote
al valiente niño...
«Ves esos dos ogros
que amedrentan mucho
y agitan los brazos?
¡Muy en guardia, hijo!
¡No hay que equivocarse!
Parecen molinos...
pero son gigantes
de una tierra extraña
que traen a cuestas
los males del siglo...»
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Y si no olvidó la batalla contra los molinos de viento, el poeta Leopoldo tampoco olvida la terquedad del Caballero de la Triste Figura que por más que la buscara nunca vio ante sus ojos a la doncella Dulcinea del Toboso.
DON QUIJOTE:
—Ratifico: son
entes de maldad.
EL NIÑO:
—Yo: generadores
de electricidad.
DON QUIJOTE:
—Insisto: nos cercan
figuras diabólicas.
EL NIÑO:
—Y yo te repito:
turbinas eólicas.
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En el libro hay más de una enseñanza y consejo:
«¡No deshonres nunca
tu palabra, nunca!
¡Cumple, cumple siempre
con lo prometido!
Ante mí levantas
del honor las actas,
¡y que Rocinante
sirva de testigo!"».
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Y la acción igual se registra como en Castilla-La Mancha.
¡El niño acomete
con sed de justicia!
Y entre aquel tumulto
de capa y espada
decididamente
lanza la estocada,
levanta los brazos,
gira de revés,
al rudo molino
le da un puntapié,
y vuelve a la carga,
ataca, arremete...
y con gran esfuerzo
al malo somete.
¡Triunfó la justicia,
se vio su luz pura!
¡El niño, del héroe
cobra la estatura!
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Aunque la intención es literaria, Leopoldo Minaya pensó que también sería útil en las aulas. De ahí lo que agrega y llama el «Apéndice pedagógico» para introducirlo de la siguiente manera: «Este apéndice tiene como propósito transformar la lectura de "Cuento de los dos Quijotes" en una experiencia integral que fomente la comprensión lectora, la expresión artística, la reflexión ética y la creatividad de los estudiantes. Se sugiere aplicarlo en distintos grados, adaptando la complejidad de las actividades según la edad. Muchos maestros comprobarán que, leído en voz alta, el texto adquiere un ritmo musical que atrapa incluso a los estudiantes más distraídos».
De esa introducción surgen los apartados que son las recomendaciones del autor al docente: 1) Lectura y comprensión; 2) Dramatización y expresión artística; 3) Reflexión ética y filosofía; 4) Comprensión lingüística; 5) Transversalidad; 6) Proyecto final; y 7) Evaluación formativa.
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Concluyo esta mirada a «Cuento de los dos Quijotes» agradeciendo a Leopoldo Minaya por el obsequio de un ejemplar.
Vale.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

No se ha abierto la XXVII Feria Internacional del Libro y ya voy ganando: Encontré «MI PRIMER MUSEO» de Marianne de Tolentino

Marianne de Tolentino

Marianne De Tolentino


Marianne de Tolentino (Francia, 1930-), proviene de una familia de artistas. Dominicana por su matrimonio con el doctor Mario Tolentino Dipp, fallecido en 2012. Su vida como profesional la ha ejercido y desarrollado en Santo Domingo, en las áreas de educación, cultura y arte. Tiene dos hijas, Patricia e Inés, profesionales en arte.

Egresada de la Universidad de París, posee una Licenciatura en Derecho. En la Universidad Autónoma de Santo Domingo enseñó traducción jurídica y literatura francesa y fue directora de la Escuela de Idiomas.

En el periódico Listín Diario, dirigió los suplementos culturales «Auditorium», «Artes y Letras», y «Ventana». Escribe la columna «Creación», en el diario Hoy. Ha sido jurado en concursos nacionales e internacionales de arte. Es cofundadora de la Asociación Dominicana de Críticos de Arte, y fue presidente y vicepresidente de la Asociación Internacional de Críticos de Arte. Fue Embajadora Encargada de Asuntos Culturales de la Cancillería y dirigió el Centro Cultural Cariforo, creado por la Comisión de la Unión Europea. Actualmente, dirige la Galería Nacional de Bellas Artes. Autora de numerosos ensayos e introducciones, ha publicado doce monografías, dictado numerosas conferencias y colaborado con revistas de arte de América Latina. Reconocida y premiada por su labor como gestora cultural y crítica de arte por instituciones nacionales e internacionales. Distinguida con la Orden de Andrés Bello (Venezuela), de Isabel la Católica (España), y con las Palmas Académicas, Artes y Letras, y Legión de Honor, (Francia). Es Comendador de la Orden de Duarte, Sánchez y Mella.

Portada

«Siempre en busca de nuevas ruta para cumplir sus objetivos, la autora no se contenta con reproducir ilustraciones, sino que presenta un vocabulario y traza una sencilla historia de la plática dominicana, deteniéndose en figuras y aspectos esenciales.

»La teoría de la inteligencia múltiple ha explicado la trascendencia de los museos en el proceso de enriquecimiento de la imaginaciòn infantil MI PRIMER MUSEO lleva ése a la casa y a la escuela, para que la experiencia lùdica de los primeros años quede grabada con caracteres indelebles en el alma de nuestros creadores del porvenir.»

José Alcántara Almánzar
Director
Departamento Cultural
del Banco Central de la 
República Dominicana


 

miércoles, 13 de agosto de 2025

EL CABALLO DE MADERA, por José Ra. Peña

 

Coronel Charles McLaughlin

«Bien» era el nombre con el que llamábamos a mi tío Bienvenido. Era tallista, pero más que eso era un excelente escultor, tenía un arte nato para esculpir cualquier figura en madera: mujeres, hombres, grupos de personas, animales, en fin, lo que fuese, con una facilidad increíble y una reproducción fiel del modelo. Decían que era el Miguel Ángel criollo. Para mí eso era bien acertado, pues lo vi haciendo trabajos de talla en muchísimas ocasiones que eran obras maestras, según mi apreciación de ese entonces; y, además, había nacido el mismo día que el escultor florentino: un 6 de marzo.

Esa mañana de agosto, había salido bien temprano de una casa ubicada en la avenida Bartolomé Colón, propiedad de la familia de su esposa, herencia de sus padres. Era una casa de madera con un patio enorme con cuarterías en uno de los laterales. El día anterior, antes de caer la tarde, había recibido un mensaje de parte del coronel Charles McLaughlin, padre de Alma, la esposa del general Héctor (Negro) Trujillo, para que llegara temprano, antes de las 7:00 am de ese día, a su casa, situada en la calle Dr. Delgado, esquina Cachimán, cerca de la iglesia Don Bosco y a 15 minutos a pie de la vivienda de Bienvenido. La casa era enorme, tenía una piscina y una gran terraza. Precisamente allí le esperaba el coronel. Luego del saludo respetuoso del tallista, el coronel le dijo:

—Maestro, quiero que vea esto —al tiempo que retiraba una especie de lona blanca, y mostraba un enorme tronco de caoba centenaria de más de dos metros de altura y casi 1.30 metros de diámetro. Era una de esas incautaciones de madera que hacían los guardias a los monteros en las lomas dominicanas. Se necesitó de muchos hombres para cargar y colocar esa mole allí. El coronel añadió:

—El jefe cumple años el 24 de octubre y quiero hacerle un regalo, ¿usted puede esculpir un caballo del tamaño de uno de verdad? Tenemos casi dos meses para ello ¿qué me dice?

El maestro, miró el enorme tronco desde todos los ángulos posibles, lo tocó por diferentes partes, deslizó sus manos por un lateral del tronco que acusaba una ligera curvatura o inclinación hacia ese lado. No era un cilindro perfecto, tenía irregularidades, como todo lo que crece en la naturaleza, y una especie de cicatriz circular, fruto de un antiguo corte en la superficie y casi a mitad de su altura.

—Para que sea de tamaño natural, debo hacerlo encabritado, de otra manera habría que hacerlo a escala y más pequeño.

—Hágalo encabritado—, dijo el coronel. ¿En cuánto tiempo lo termina? —El maestro volvió a mirar la pieza y dijo:

—Si comienzo hoy puedo terminarlo antes de 50 días.

El coronel asintió, acordaron un pago y ese mismo día Bienvenido selló su suerte.

El maestro llevó sus herramientas de trabajo, constituidas por escoplos de diferentes medidas, gubias, varias escofinas y limas, tres hachuelas, un hacha grande, un mazo de madera que había hecho de una traviesa de una vieja línea de ferrocarril en Sánchez. También varios lápices de carbón y un manojo de papel de estraza para dibujar. Usaba pantalón color kaki, con las puntas de los ruedos dentro de las medias de los zapatos, pues usaba una bicicleta de canasto para llevar sus herramientas.

Se sentó en una silla o taburete de metal y frente a una mesa grande de madera que estaba en el salón, comenzó a dibujar los bocetos de un brioso caballo encabritado. Luego de muchos dibujos, optó por el que consideró idóneo a la forma de la mole de Caoba. Colocó el boceto elegido en el suelo y comenzó a darle forma al tronco, devastando grandes porciones, primero con el hacha y luego con las hachuelas, hasta llevarlo a una forma aproximada de lo que sería la base para luego pasar al uso de herramientas más delicadas, como los escoplos y las gubias. Llegó al final de ese primer día y así siguieron repitiéndose los demás, usando los escoplos, las gubias, escofinas y limas. La forma difusa de la mole iba cambiando; cada día se parecía más al boceto elegido. Todos los días tallaba, esculpía y al final recogía las virutas, dejando el lugar como si nadie hubiese estado allí.

Luego de 45 días de trabajo, dio los retoques finales; había hecho una obra maestra. De la mole inicial había brotado, fruto de las manos y la destreza del maestro, un brioso caballo alazán con las patas levantadas al aire, empinado en las traseras; con la crin al vuelo y la cola majestuosa. Parecía tener vida. Bruñó la superficie del caballo con un tinte transparente que había perfeccionado desde niño cuando aprendió el oficio con su hermano Federico y dejó la obra lista para el escrutinio del Coronel. Este quedó maravillado con el resultado y le dijo al maestro:

—Ponle esta cubierta y escóndete detrás de ese gran mueble, que el jefe está aquí en la sala y quiero enseñarle el caballo.

Bienvenido se escondió detrás del mueble, justo a tiempo, pues oyó pasos fuertes y sonidos de botas militares acercándose.

—Mire Generalísimo, este regalo es para usted —escuchó las palabras del coronel y el sonido cortante que produjo el retiro de la pieza de tela que cubría al caballo.

—¡Coño y esta vaina! ¿Quién hizo esto?, —oyó la voz firme y enérgica del Generalísimo Trujillo y antes de escuchar las siguientes palabras, entró en pánico. Un profundo temor y pesar se apoderaron de él. No pudiendo contener el miedo, se le aflojaron las piernas, se sentó en el piso y se cagó en los pantalones.

—¡Esto es una obra maestra! Parece que está vivo ¿Quién hizo este caballo?, —repitió Trujillo.

—Maestro, salga que el jefe quiere conocerlo —Bienvenido, a duras penas se levantó, se quedó detrás del mueble y saludó.

—¿Y usted tan joven fue quien hizo esta obra de arte?

—Sí, su excelencia —apenas pudo balbucear.

—Págale el triple de lo que acordaste con él y envíame el caballo a casa de doña Julia. Gracias Charles, es un regalo magnífico —y se fue con su escolta dejando solo en el salón al coronel y al maestro.

El coronel le pagó el triple de lo acordado y al retirarse le preguntó:

—Maestro ¿no siente un olor a mierda? —Bien, rápidamente respondió:

—Tengo gripe desde hace varios días y no percibo ningún olor, pero mande a revisar al caballo… —y se marchó en su bicicleta con la cartera y las piernas repletas.

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Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo Molina y su hermano General Héctor Bienvenido Trujillo Molina “Negro” es la sazón de presidente de la República Dominicana.

Se nota la banda presidencial sobre Héctor B Trujillo quien fue presidente de la República entre El 16 de Agosto 1952 - 1960

Aunque es poco conocido, Héctor B. Trujillo era llamado de apodo “Negro” por su téz oscura en comparación con los demás hermanos, desde los 18 años se enlistó en las filas del ejército y llegó a obstentar el rango de Generalísimo.

Se casó con doña Alma McLaughlin quien era hija del Coronel Piloto Charles McLaughlin quien vino al país en el 1915 con los Marines Americano durante la invasión y fue el primer administrador de Dominicana de Aviación, doña Alma McLaughlin aún vive aquí en esta capital.

Héctor Bienvenido Trujillo Murió en Octubre del 2002 en la ciudad de Miami a sus 94 años.

#Historiatrujillista.
#Eljefevive.

viernes, 27 de junio de 2025

EL PESO FALSO, por Pedro Henríquez Ureña

  


     ¿Por qué llora la Isabelitica? Estaba en la puerta de su casa de la sierra, con su muñeca del Día de los Reyes Magos.

     Su casa de la sierra, en el pueblo donde su papá tiene la mina, es la que le gusta más entre todas sus casas. La de la capital es muy grande y tiene muchos criados, y tres automóviles, pero la mamá se pierde en ella, y a veces sale a la calle sin avisar, y cuando Isabelitica la busca y no la encuentra, cae enferma, y la mamá tiene que pasarse la noche junto a su cama. ¡Y luego tantas salas donde no la dejan entrar! La casa del lago es muy bonita, y hay botes; pero está muy sola, hay muy pocos vecinos y no se halla nada que hacer sino pasear en bote o montar en burro. Y la casa del mar, muy chiquita; es alegre bañarse en el mar y salir en el yate del papá; pero el puerto ¡qué feo, con tantas aves negras! No, ninguna casa como la casa de la sierra.

     Allí pasan la Navidad y el Año Nuevo, y esperan a los Reyes Magos.

 

     Ahora los Reyes le trajeron esta muñeca preciosa: del mismo tamaño que Isabelitica, pero no morena, sino rubia, con los ojos azules; y acostándola cierra los ojos, y si la inclinan hacia adelante llora, y si le aprietan el estómago dice ¡naturalmente! «papá», y si le aprietan el corazón dice ¡naturalmente! «mamá», y si le dan cuerda echa a andar; eso sí, hay que enderezarla bien para que al andar no se caiga.

     Es muy divertido estar en la puerta de la casa, porque se ven muchas cosas. Se ve la niebla fina que flota y sube y baja entre los pinos de la montaña. Se ve la nieve de las alturas, cambiando de color con el sol y con las nubes. ¡Qué tonto Martincito, el primo, creyendo que la nieve unas veces sería de fresa y otras veces sería de limón! Pero Isabelitica sabe cómo es la nieve, porque ha subido a la montaña: a veces, cuando su papá y sus dos hermanos grandes salen de caza, las llevan, a ella y a sus dos hermanas mayores, Natalia y Sofía, hasta una parte del camino. Y van con perros muy delgados, que dan aullidos muy largos. ¡Y el día que Isabelitica soltó los perros, y se fueron solos a la montaña, y ella les corría detrás, queriendo detenerlos! Todo el pueblo le llamaba: ¡Isabelitica! Los perros no le hacían caso: tuvieron que ir a traerlos los monteros del papá, tocando sus cuernos de caza, y de lejos no se distinguía cuándo tocaban ellos el cuerno y cuándo los perros ladraban.

     Por delante de la casa se ve pasar mucha gente, y todas son cosas curiosas. Ahí va ese hombre con ese animal que tiene largas las patas de atrás y cortas las de delante, y lleva cinco animalitos en la bolsa del vientre. ¡Qué cosa más rara! Da un poco de miedo. Pero los animalitos son muy graciosos.

     —¿No me regala uno de sus animalitos?

     —No puedo, porque se moriría, ¿no ves que todavía están mamando?

     Aquí viene Magdalena, la hija del carnicero. Es muy burlona. Pero ahora está muy sorprendida de ver la muñeca, Isabelitica se la muestra, y la hace hablar, y la hace andar. Y cuenta que a Natalia, su hermana rubia, le trajeron los Magos una muñeca de pelo castaño y ojos grises, con traje verde, y a Sofía, su hermana de pelo castaño, una muñeca de pelo y ojos negros, con traje rojo.

     —¿Todo cambiado? —ríe Magdalena.

     —Sí, así tiene más gracia —le contesta Isabelitica. Pero le queda la inquietud de que a ella, secretamente, le gusta la muñeca de ojos grises más que la suya de ojos azules.

     Magdalena mira y toca el traje azul celeste de la muñeca rubia, y el sombrerito, y las mediecitas, y los zapatitos. Y de pronto sale huyendo con uno de los zapatitos.

     Isabelitica quiere ir detrás de Magdalena; pero entre que Magdalena salió huyendo muy de prisa y que no es fácil correr con una muñeca tan grande, al fin se queda en la puerta, pensando en ir a contarle a la mamá aquella maldad, para que hablen a la carnicería y devuelvan el zapatito. Pero ahí viene una mujer con unas guitarritas pintadas de muchos colores. ¡Qué lindas! Isabelitica quiere una, naturalmente; la mujer le dice que todas las tiene comprometidas, que las lleva a casa del ingeniero inglés, porque en la tarde las niñas inglesas tienen baile de muñecas, y esas son las guitarras para los músicos de la orquesta, que son muñecos con trajes típicos. Isabelitica va a la fiesta de las niñas inglesas. Pero quiere guitarritas para sí, y la mujer se las promete para mañana

     Hay que hablarle al papá, porque con este trajín del Día de Reyes, y con la novedad de la muñeca, no se ha acordado de pedir dinero. ¡Y en estos días hay tantas cosas que comprar!

     En eso, viene por la calle una niña que Isabelitica no conoce, una niña campesina, que viene jugando con un peso, tirándolo sobre el empedrado y recogiéndolo cuando rueda. A veces se mete entre dos piedras, da trabajo sacarlo, pero al fin lo saca, divertidísima.

     —¡Qué lindo tu peso!

     —Sí, es muy lindo. A cada rato parece que se me va a perder, pero siempre lo encuentro.

     —¿No me lo das?

     —¡Ay, no!

     —Mira: te doy este zapatito de mi muñeca.

     —¡Ay, qué muñeca! —y aquí no para de mirar y tocar y examinar la muñeca, y de averiguar cómo anda, y cómo habla, y cómo llora, y cómo duerme.

     —¿Pero què hago yo con un zapatito?

     —Te doy las mediecitas también. —Y para adentro: la muñeca trajo doble de todo.

     —¿Pero para qué las quiero?

     —Te doy el traje.

     —Pero ese traje cuesta caro. Y mi peso es falso. ¿No oyes cómo suena?

     —¡Pero yo lo quiero!

     —¿Pero qué hago yo con el traje si yo no tengo muñecas de ese tamaño?

     —Te doy la muñeca por el peso.

     Brillaron los ojos de la campesinita. Débilmente dijo:

     —Pero el peso es falso…

     —No importa; yo lo quiero.

     La campesinita desaparece con la muñeca, a todo correr, volviendo la cabeza de cuando en cuando. Isabelitica se queda jugando con el peso.

     A los pocos minutos suspira por la muñeca. Al fin entra en la casa llorando. 

     —¿Por qué llora la Isabelitica?

     —¡Qué niña esta! ¡A quién se le ocurre! Corran a ver si descubren a la chica del peso falso. ¿Cómo era? ¿Para dónde iba? 

     Isabelitica está enferma de llorar. No puede ir a la fiesta de las amiguitas inglesas; Natalia y Sofía se irán solas, porque la mamá se queda en casa, inventando maneras de calmar a la pequeña. Al fin, la fatiga y las promesas vencen el llanto de Isabelitica; se telegrafiará pidiendo otra muñeca igual, si no aparece la del trueque. Y hay que telegrafiar, en efecto, porque los criados vienen diciendo que anduvieron por todas partes y pudieron saber que por el camino de Chinaulingo pasó una niña campesina con una muñeca grande, pero en Chinaulingo nadie da razón de ella y nadie ha visto la muñeca.

 

La Luz Vieja, por Juan Báez Melo


Matanzas debe su nombre al hecho de que una vez sirvió como matadero general de varias comunidades, por lo tanto, debió de ser inmensa la cantidad de huesos que en el conglomerado existiría.

Se dice que algunas personas la perseguían y no la alcanzaban. Era como una bola de humo, que se movía con cualquier brisa, hasta con el impulso de los mismos perseguidores.

También se decía que el que la alcanzaba sufría de fiebre. 

Se afirmaba que era común verla en las cocinas de Julita Colón y de Ana Popolo, también en el olivo de la laguna y en el tamarindo de Loló Guerrero. 

La vieron por los frentes de lo que luego fue el matadero municipal. Me dijo el tío que un golpe de brisa se la llevó para el cerro.

Se señala que salía cuando había un enfermo de gravedad y que así sucedía porque era para anunciar muertos, pero es que en esa época las personas sólo se trasnochaban cuando había enfermos en estado de gravedad.

Meraldo Pimentel Melo el hijo de Rosa Tavito, me dijo que una vez notó una claridad que entraba por el tragaluz de su casa y que cuando se asomó era la Luz Vieja en el tamarindo y que de allí voló para la cocina de La Bola (Meraldo todavía está vivo y puede corroborar lo que aquí expreso).

Noticias que a mí han llegado de parte del primo Juan Báez Tejeda (Cupey), dicen que cuando el abuelo Pancho Báez estaba grave, los que asistían a su velatorio la vieron saliendo de por donde Ana Popolo y voló hacia el olivo de Domingo Carmenelia. Desde allí se fue de rama en rama hasta el tamarindo de Loló Guerrero, de donde, igual que en la historia de Meraldo, continuó para la cocina de la Bola.

Algunas de las personas que estaban en el velatorio la persiguieron, pero desapareció en el lugar ya mencionado.

Hubo una época que en Matanzas era común ver este fenómeno de la naturaleza, hoy extraño para los menores de cuarenta años, quienes ahora me preguntan si era verdad lo que decían los viejos. Pues sí, es verdad y no tenía relación con nada del otro mundo, ni con misterio alguno sobre muertos y aparecidos.

La Luz Vieja, que en otras partes llaman la Luz Andante o la Luz Mala, es producida por el fósforo que despiden los huesos en su estado de descomposición. Este fenómeno, se veía en las comunidades banilejas en una época cuando las mismas eran Hatos Ganaderos.

En Matanzas escasearon sus apariciones cuando llegó la Colonia Cañera, ya que todas las tierras fueron removidas, dejando en libertad el fósforo.

Cuando la vieron (en la gravedad del abuelo Pancho), es la penúltima noticia que de ella tenemos. Eso fue en 1967, antes de llegar el servicio de luz eléctrica, lo que nos lleva a la conclusión de que la claridad que existe en las noches presentes puede impedir ver las escasas veces que pueda salir.

Siembra de libros en el Gramazo: cuando la literatura escaló montañas. Por César de la Cruz

 El director de la escuela Kelvin Feliz, pronuncia unas palabras El Gramazo, Padre las Casas, Azua. — La Cordillera Central suele guardar s...