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jueves, 6 de mayo de 2021

CAPITÁN Y LOS GUAGUONAUTAS un cuento de Jimmy Sierra


En una esquina de la avenida José Trujillo Valdez, de cuyo nombre quisiera acordarme, vivía Capitán, un personaje quijotesco de mandíbula achatada y ojos hundidos que de tanto batallar contra las chichiguas de viento, comenzó a ponerse viejo.

Entonces quiso volver a sentirse como en sus años mozos y para ello consultó a los dioses del campo Felipa y Macario que tenían su reinado en la región del Cibao. Ellos le dijeron:

–Si logras rescatar al Bello Niño de Oro que fue secuestrado por el perverso Ciprián, volverás a sentirte joven. El niño está en un lugar secreto de La Zurza.

Entonces Capitán montó en una guagua de dos pisos que podía volar por los aires y navegar por ríos y mares, y llamó a todos los valientes que quisieran ir con él a rescatar al bello niño de oro.

En la nave se montaron cincuenta príncipes encabezados por Francareto, el héroe de La Selva; Chalango, el mago de Arroyo Salado. También Chamba, el príncipe de Jarro Sucio; Felipón, el gladiador del play de La Normal y Papi el de la varita de virtud. Además, Tafeta, la hechicera de la ciudad de los Zafacones.

Se fueron navegando por el río Ozama en busca del  Bello Niño de Oro secuestrado por el malvado Ciprián.

Y en medio del río aparecieron cientos de serpientes, cada una con siete cabezas, que se lanzaron contra la guagua de dos pisos. Los valientes sacaron sus machetes y comenzaron a partir las serpientes en dos, pero cada vez que cortaban un animal, éste se multiplicaba por cinco. En pocos minutos las serpientes estaban estrangulando la nave para destrozarla.

Capitán levantó su bastón hacia el sol, dirigiendo los rayos de luz hacia las culebras para convertirlas en lombrices que al caer al río eran devoradas por los peces.

Los guaguonautas siguieron por el río Ozama y al llegar a Los Tres Brazos comenzaron a oír el croar de las ranas asesinas, cuyo canto volvía locos a los hombres buenos y convertía en estúpidos a los hombres sabios. Varios valientes enloquecieron y se lanzaron al agua siendo devorados por los cangrejos gigantes. Otros se convirtieron en estúpidos y se envenenaron al comer las gomas de la guagua.

Tafeta, la hechicera frotó sus manos mágicas haciendo aparecer muchos tallos de auyama que sirvieron de flautas. Los valientes soplaron y de los tallos salió una música linda. Las ranas, al oírla, dejaron de croar y se convirtieron en mariposas para salir volando.

Más adelante, los guaguonautas se encontraron con una lluvia de llamas lanzadas por los peces ratones que vomitaban fuego. Las llamas casi incendian la nave, pues los valientes no podían apagarlas por más agua que les lanzaban.

Entonces, Pelao, el cazador de fantasmas, lanzó su diente mágico contra el piso de la guagua haciendo salir un gato Angora que se abalanzó sobre los peces ratones y los obligó a hundirse en el agua.

Y al fin, los valientes llegaron hasta la laguna de La Zurza, cuna de los cangrejitos saltarines, pero del fondo del río surgió el perverso Ciprián convertido en pez cajón. Abrió su boca para tragarse la nave.

Capitán maniobró a tiempo y la guagua se elevó rápidamente para darle la vuelta al monstruo y atraparlo por la cola.

Capitán le dio cien vueltas a Ciprián hasta que este se rompió en tres pedazos. Dos trozos cayeron en el mar Caribe. Uno bien al este, formándose con él la isla Saona. El otro cayó al oeste formándose la isla Beata.

Capitán arrojó al centro de la isla el tercer pedazo, que era la cola, y cayó en medio del lago Enriquillo, formándose la isla Cabritos.

Entonces los guaguonautas rescataron al  Bello Niño de Oro y lo llevaron hasta los dioses del campo Felipa y Macario.

Para cumplir su promesa, los dioses campesinos recompensaron a los valientes dándoles aletas, para que nadaran como los peces; alas para que volaran como los pájaros y también la inocencia, para que sintieran como los niños.

LA CIUDAD DE LOS FANTASMAS DE CHOCOLATE. Autor: Jimmy Sierra


jueves, 29 de abril de 2021

La niña que quiso ser reina de Jimmy Sierra y José Amado Polanco. Reseña por Leibi Ng

 


Continuando con la colección loqueleo para los más pequeños, +4 que se identifica con el color verde de su lomo, presentamos La niña que quiso ser reina, del autor Jimmy Sierra con ilustraciones magníficas de José Amado Polanco.

Historia forjada para combatir la vanidad, resalta los valores de naturalidad y amistad.¨

En la contraportada leemos:

«Nati es una niña muy hermosa que tenía muchos amiguitos en su barrio, pero un día le dio por ser reina y se apartó de los suyos para participar en un concurso de belleza. Al ganarlo, fue a parar a una exhibición. Por suerte, comprendió que aquello no era para ella y pudo regresar al barrio y reintegrarse a su comunidad».

«Este cuento enseña que los niños nunca deben sentirse superiores a sus compañeros y que no pueden confiar en personas y eventos desconocidos, pues pueden ser perjudiciales».

Desde la óptica actual en que la cirugía estética ha alcanzado niveles insospechados, esta historia es naturalista y sencilla.

Jimmy Sierra equipara a los seres humanos que han obtenido galardones como ejemplares preciosos con los animales del circo que son expuestos a la contemplación del público en jaulas. Entiendo que esta obra fue escrita hace mucho tiempo.

También critica el maquillaje excesivo como dañino lo cual es cierto, pero pone: "el maquillaje de todos los días" y esto no es así, ya que el cuidado diario de la piel ha alcanzado niveles positivos al poner la cosmética al servicio de la salud. Hago el señalamiento porque los pequeños lectores sentirán la contradicción entre lo que sucede en la historia y lo que observan diariamente en sus madres, hermanas mayores, personajes de la televisión y el cine, etc.

Al igual que Pinocho, Natividad se arrepiente dado el fuerte precio pagado como castigo. Lo que sí tiene valor es que ella, en lugar de tratar de borrar el pasado y empezar de cero donde nadie la conociera, retorna a su lugar de origen y reconquista a sus amigos quienes la querían por ser quien era, no por su apariencia.

«No hay mayor belleza que la amistad», más bien debe referirse a la belleza innata del ser, su carácter y personalidad y el cultivo de su conciencia, ya que aún para ganar un concurso de belleza se requiere de la ayuda de los amigos, pero para sentirnos bien con nosotros mismos, es un acuerdo con la propia persona.

Espero que esta obra permita a padres y maestros la oportunidad de equilibrar los argumentos evitando ideas radicales.

©Leiby Ng


jueves, 30 de agosto de 2018

Jimmy Sierra: La jaibita Matilde


SANTO DOMINGO. “La jaibita Matilde” es el título del cuento de Jimmy Sierra, que acaba de ser publicado por la Editorial Santilla.

Según se informa mediante una nota de prensa, el trabajo es dirigido a niños del nivel medio de las escuelas y colegios del país y ya está circulando en los centros educativos.

El tema de la narración es la solidaridad, de acuerdo con la contra portada: “Con estilo sencillo y directo, y con pulso de buen literato, Jimmy Sierra ha creado una historia para enseñar a los niños que la única forma de encontrar la satisfacción personal y la alegría es a partir de la integración a la colectividad donde transcurre nuestra vida”.

La edición del cuento, que fue ilustrado por José Amado Polanco y diagramado por Olga Gómez Otaño, estuvo a cargo de Luis Beiro.

Jimmy Sierra ha desarrollado una vasta actividad multifacética: escritor, periodista, historiador, dramaturgo, y director de teatro y cine, además de abogado y profesor en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, fue asesor de varios sindicatos de trabajadores. Colabora con Guy Henebele y Alfonso Gumucio Dagron, publicando la parte dominicana de la obra “Los cines de América Latina”. Elaboró el primer proyecto de ley de cine en su país, donde introdujo el teatro callejero y el teatro musical. Entre sus obras se encuentran “El derecho y las instituciones políticas”, “La ciudad de los fantasmas de chocolate”, “Cuentos de Papá Leche”, “Idolatría” y “Diccionario Cultural Dominicano”. Su palmarés incluye el premio “El cuento brevísimo”, revista EL CUENTO, México; Premio de guion de la Oficina Católica Internacional de Cine (OCIC), Suiza; “El Dorado” (televisión), “Casandra” (televisión), Mención de honor “Concurso Latinoamericano de Letras”, Panamá; Premio MCU, comunicaciones; Premio I Festival Teatro Secretaría de Estado de Educación.

https://www.diariolibre.com/revista/cultura/jimmy-sierra-presenta-cuento-infantil-la-jaibita-matilde-BE10634702

martes, 28 de junio de 2011

Las tres palomas y el monstruo de cera


No hace muchos años vivía bien cerca de aquí, en tres cuevas oscuras,
un monstruo de cera que no podía presentarse a la luz.
Por las noches salía con sus perros rabiosos a robarse a los niños.
A algunos los devoraba y a otros los encerraba en negras jaulas hasta verlos morir.
Un día, tres hermanitas, que eran amigas de los niños,
decidieron ir hasta donde los tenían encerrados para devolverles su liberad.
Caminaron por ríos y montañas.
Caminaron por valles y bosques.
Caminaron por lagunas y llanos y tanto caminaron que, al llegar la noche, se quedaron dormidas.

Entonces llegaron los perros rabiosos del monstruo de cera y asesinaron a las tres niñas, lanzándolas por un precipicio. Pero cuando ellas cayeron, de su sangre salieron tres palomas: una blanca, una azul y otra roja.
Las palomas subieron volando lejos, muy lejos; alto, muy alto; libres, muy libres...
hasta llegar al sol, a las estrellas, a la luna.

La paloma roja bajó trayendo al sol.
La paloma azul regresó con la luna.
La paloma blanca trajo a las estrellas.

Entonces, el monstruo de cera y sus perros rabiosos salieron corriendo y se escondieron en la primera cueva.
Pero la paloma azul les lanzó a la luna, destruyendo la cueva y a una tercera parte de los perros rabiosos.
La paloma sopló y los convirtió en piedras.

El monstruo y los demás perros rabiosos corrieron a la segunda cueva, pero la paloma blanca les arrojó una estrella, acabando con otra tercera parte de los perros rabiosos y la segunda cueva.
La paloma sopló y los convirtió en lodo.

El monstruo y los perros rabiosos que quedaban huyeron hasta la última cueva.
La paloma roja levantó sus alas y les lanzó la luz del sol, matando a todos los perros, destruyendo la cueva y derrotando al monstruo de cera.
La paloma sopló y los convirtió en caca.

Entonces, las tres palomas abrieron todas las jaulas y los niños volvieron a ser libres.

© JIMMY SIERRA, La ciudad de los fantasmas de chocolate, 1986

lunes, 20 de junio de 2011

UNA OBRA QUE SE ME HABÍA ESCAPADO TODOS ESTOS AÑOS

He contado varias veces que mi deporte favorito es organizar los libros los fines de semana. Hoy, me he detenido en uno que se supone debí haber leído hace tiempo, pero por esas cosas de andar siempre en déficit, lo había sencillamente olvidado. Se trata de La ciudad de los fantasmas de chocolate de Jimmy Sierra. No lo he terminado de leer pero estoy gratamente sorprendida. Para no perder tiempo, voy a compartir el prólogo que está firmado por el profesor Narciso González. Es digno de mantener siempre presente.


SI YO FUERA PROLOGUISTA
I
Si yo fuera un hacedor de prólogos hubiera escrito una buena introducción para este libro titulado La ciudad de los fantasmas de chocolate.
¿Para qué quisiera prologar este libro de cuentos de Jimmy Sierra? Para llamar la atención sobre cuatro aspectos:


   Los protagonistas,
   Los recursos formales,
   Los lectores escogidos y
   Su valor ideológico-cultural.


Parece casi imposible hacer cuentos para niños con personajes reales. La recurrencia a los Pinochos, Caperucitas, Gulliver, Cenicientas, etc., es el camino casi obligado de la literatura infantil.
Sin embargo, estos fantasmas de chocolate de Jimmy, son personajes reales: De la historia cotidiana; situados en un tiempo concreto (los años 50); en lugares verdaderos (Villa Juana,Villa Consuelo...); y con las peculiaridades físicas y psicológicas con las cuales maravillaron a sus contemporáneos.


Sí. De haber sido yo un prologuista, hubiera resaltado que esos Clinche, Rana Bola, Capitán, Barajita, El Maco Pen Pen, y tantos otros, son seres tan verdaderos como esas tres palomas (las Mirabal). Y que tienen parecido valor, porque como ya se ha dicho "la locura es la caricatura de la libertad".


II
Pero... ¿pueden servir esos personajes de la historia cotidiana para hacer literatura para niños? Eso está determinado por los recursos formales.
El lenguaje es claro; no hay descripciones extensas; los párrafos son cortos, los adjetivos ajustados; hay buena presencia de gerundios.
Y, de haber sido yo un prologuista, hubiera destacado como Julio Samuel Sierra, sin pertenecer al partido de nosotros los versificadores, consigue logros con el uso de la rima, recurso éste muy efectivo para el sensible oído de los niños. hasta se mete en el difícil acróstico, como cuando la mitad del monstruo le dice Clinche:


Viene con la luz del día
Entre sombras a luchar,
Rompiendo todas las dudas
Derrota la oscuridad:
Amiga de los valientes
Dueña de la oscuridad.


III
Pero el triángulo literario está formado por: Autor, Obra y Público. Eso quiere decir que la valoración de una obra comienza desde el momento en que el autor determina a quién va dirigida su creación. Y en el caso que nos ocupa, se trata de los niños.


De haber sido yo el prologuista de La ciudad de los fantasmas de chocolate hubiera ponderado ese hecho de ser narrativa para niños. Hubiera recordado el proverbio oriental: "el pensamiento camina más aprisa pero el corazón llega más lejos"; y la necesidad de dirigir el mayor número de creaciones progresivas a la infancia, retornando siempre a la sentencia Martiana de que "Los niños son la esperanza del mundo".


IV
Y acabaría ponderando el valor ideológico-cultural de estos cuentos.
En un país donde la Dependencia es un incendio que destruye no solamente los valores nacionales presentes sino que, además, borra el pasado; en un momento en que la Penetración se traduce en Chapulines alienantes, películas sobre violencia y drogas, y todo tipo de difusión que impide la reflexión sana, es una verdadera alegría encontrar estos fantasmas de chocolate cuyas acciones y mensajes buscan afanosamente el progreso espiritual.


Así como Cervantes dijo de sus Novelas Ejemplares: "Heles dado el nombre de ejemplares porque si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso", así mismo Jimmy podría estar orgulloso de que en sus cuentos de chocolate no hay ninguno donde no se pueda saborear el dulce del bien y la verdad.


Me hubiera gustado ser el prologuista de La ciudad de los fantasmas de chocolate. Pero me conformo con llamar la atención a los verdaderos prologuistas que son los adultos (padres, maestros, tíos, amigos) que tienen la misión de introducir la obra entre aquéllos que son la esperanza del mundo.


N A R C I Z A S O


JIMMY SIERRA, autor de La ciudad de los fantasmas de chocolate
La ciudad de los fantasmas de chocolate

Mateo Morrison

Jimmy Sierra tiene una larga trayectoria de aportes culturales en las más diversas vertientes del conocimiento. Fue él quien, a través del Movimiento Cultural Universitario, abrió de forma definitiva nuevos espacios para jóvenes creadores de los barrios, en un país cuya literatura estaba prácticamente tomada por las elites.
Ahora nos presenta la segunda edición de su libro de relatos La ciudad de los fantasmas de chocolate.
Junto a Antonio Lockward y a Fernando Sánchez, había publicado el libro “Bordeando el río”, con prólogo de Pedro Mir. En este género mereció el primer premio del concurso auspiciado por la prestigiosa revista El Cuento, de México. Y digo género a sabiendas de la complejidad de la literatura actual que dificulta encasillar las producciones literarias a un esquema cuya utilidad principal es la didáctica, pues en realidad los llamados géneros no son compartimientos estancados.
La ciudad de los fantasmas de chocolate es más que un libro de cuentos y, precisamente, lo literario, lo ético y lo didáctico se hermanan produciendo un resultado que debería estar presente en la lectura de los estudiantes del país. Y es que con un lenguaje llano y eficiente, estructurado con inteligencia, se cumplen los parámetros de Vladimir Propp a partir de su Morfología del cuento publicada en 1918 y que tanto influyó en autores como Claude Lévi-Strauss y Roland Barthes.
En el lúcido prólogo escrito por Narciso González, leemos: «El triángulo literario está formado por: Autor, Obra y Público. Eso quiere decir que la valoración de una obra comienza desde el momento en que el autor determina a quién va dirigida su creación. Y en el caso que nos ocupa, se trata de los niños».
La fructífera trayectoria como gestor cultural y promotor de las más diversas manifestaciones de nuestra cultura podría hacer que nos olvidemos del creador y, precisamente con este libro, que oí mencionar por primera vez a Manuel Rueda y luego a Jeannette Miller, este escritor se sitúa a un nivel de exigencia en el género cuentístico de raigambre popular.
Ya es tiempo de que reconozcamos los aportes de este incansable trabajador de la cultura. La calidad de este libro es el pretexto que tengo para hacer el más grande de los homenajes a quien ha contribuido a la democratización de la cultura, haciendo que muchos de nosotros ocupáramos una butaca en el escenario de la vida literaria y cultural del país sin tener que quitársela a nadie, sencillamente incorporando a jóvenes de los barrios a la tradición literaria.



Los mejores peluqueros, cuento de ciguapa por NELLY GARCÍA DE PIÓN

  Los mejores peluqueros, por Nelly García de Pion Durante los últimos días había llovido sin parar. Nubes grandes y grises bailoteaban en e...