lunes, 18 de junio de 2018

Los Quinquilibrillos, por: Belié Beltrán (@Jeltran)


Había una vez y dos son tres, que el que no compraba azúcar no bebía café.
Este era un hombre muy pobre, muy pobre, muy pobre. El hombre era tan pobre que aunque dormía encuero no le picaban los mosquitos porque les daba pena chuparle la sangre. El hombre tenía un hijo. Así como tú, quizá un chin más grande, como de diez años.
El muchacho y su papá vivían juntos. Comían de lo que hallaban en los montes. Y a veces un compadre les daba algo, aunque no mucho.
El compadre era muy rico. Siempre hablaba de todas las cabezas de vaca y puercos y chivos que tenía. Le decía al hombre que tenía tanta tierra que a veces se le cansaban los ojos de mirar tan lejos.
El compadre quería que el hombre le dejara llevarse a su ahijado a vivir con él. Pero el hombre siempre se negaba.
—Compadre, es que ese es mi muchachito. Yo le prometí a su mamá que siempre lo iba a cuidar. —Decía.
El compadre siempre volvía. Contaba las mismas cosas:
—Compadre, mi mujer y yo no tenemos hijos. Usted no puede darle nada. Mire que flaco está ese muchacho de pasar hambre. Conmigo él va a estar mejor. Y un día todo lo mío va a ser suyo. ¿Es que usted no quiere lo mejor para su hijo?
En fin, que tanto embromó y embromó el compadre rico, que el pobre, un día aceptó entregarle al hijo.
Así es que el compadre rico montó el muchacho con él en el caballo y se lo llevó a vivir a su casa.
—Ahijado ¿tú ves esas vacas allá lejos? Todo eso es mío —decía, y más adelante: —¿tú ves esa recua de chivos que van para el río allá lejos? Todo eso es mío.
Y mientras el ahijado no decía nada, continuaba:
—Ahijado ¿tú ves ese monte de cacao allá donde se pierden los ojos? Todo eso es mío.
El muchacho respondía que sí a todo. Luego bajaba la cabeza muy triste.
Al principio todo iba bien. El padrino no le hacía mucho caso al ahijado. Pero el muchacho no se quejaba. Pero un día:
—¡Ahijado, ven acá! ¡Corre, juye! —lo llamó con escándalo. El muchacho, muy preocupado, corrió:
—¡Dígame, padrino! —el padrino señaló algo en el suelo y le preguntó:
—Ahijado ¿qué es eso?
—Esos son unos zapatos —contestó muy sorprendido por la pregunta.
El padrino se enojó muchísimo. Y lo insultó:
—Yo sabía que mi compadre te tenía bruto —bramó —pero no sabía que era tanto. Eso no se llama zapato, se llama “Quinquilibrillo”.
El muchacho no dijo nada. No le gustó lo que le dijo el padrino, pero se quedó tranquilo.
Al día siguiente estaban haciendo unos trabajos en la casa. El niño miraba a los trabajadores y les pasaba martillos y clavos. En eso estaba cuando el padrino lo llamó
—¡Ahijado corre, corre, juye, ven acá!
Otra vez el muchacho fue corriendo adonde el padrino. Y esta vez no le tomó de sorpresa la pregunta:
—¿Qué es eso? —preguntó señalando a una escalera. El niño se quedó callado un rato.
—¡Conteste cuando yo le hable! —Lo golpeó. El muchacho exclamó:
—¡Es una escalera! —Y ahí sí fue. Parecía que al padrino le mentaran la madre.
—¡Pero muchacho, tú sí eres bruto! ¡Qué vergüenza debería darte! ¡Eso no se llama escalera! Se llama “Suba Los Pasos Completos”—El pobre muchacho se quedaba callado, aguantando. La mujer del padrino trataba de consolarlo, pero no podía hacer gran cosa.
Al día siguiente el muchacho estaba con los trabajadores. En eso llega el padrino del monte, se queda viéndolo y le dice:
—Ahijado, ¿qué es eso? —el muchacho se puso como un papel, pero una pescozada del padrino lo hizo ponerse colorado.
—Eso es una casa, padrino —gritó. El padrino se enfureció. Se quitó la correa y le entró a correazos:
—¡Eso no se llama casa, animal, eso se llama “vitoco” —uno, tituá, dos, tituá, tres tituá, cincuenta correazos. Esa noche la madrina tuvo que ponerle Ubrenal y sebo de Flandes por todas partes.
El padrino tenía un gato. Ese gato era la niña de sus ojos. Lo quería casi más que a su mujer. Si él comía, el último bocaíto de comida era para el gato. Si se estaba bebiendo el café en la tarde, lo hacía pasándole la mano al gato.
—Ahijado, ¿qué animal es ese? —preguntó acariciando al gato. —El muchacho se quedó callado. Miró para todas partes. Parecía un ratón cuando lo van a atrapar:
—Padrino… es que usted me va a dar —dijo mirando al suelo. El padrino se puso de pie, agarró un fuete de arrear las vacas.
—No te lo voy a repetir —lo amenazó.
—Eso… eso es… ¡Padrino es que usted me va a dar! —decía. En eso el padrino le metió un fuetazo en la cara.
—¡Tan malcriado! ¿Qué animal es ese? —gritaba.
—¡Eso es un gato! —contestó desesperado.
El padrino lo insultó peor que las otras veces. Y mientras lo golpeaba una y otra vez, fuipi, fuipi fuipi, con el fuete, le decía:
—Yo te voy a decir gato a ti, tan bruto. Eso se llama “Animal Caspa La Raya”.
Así fueron pasando lecciones y castigos. La candela se llamaba Clemencia y el agua Paciencia. Y cada cosa el muchacho la aprendió a golpes y a ratos hincado al sol con piedras en las manos. Hasta que un día se dijo: “No se apure. Yo le voy a decir a usted por abusador”.
La casa del padrino estaba techada de yagua y cana. Era una casa muy grande, con piso de madera y con paredes echas de tablones. Así como eran las casas antes.
Una noche el muchacho se levantó de madrugada. Hizo como si fuera a salir a orinar al patio. Y solo se repetía: “No se apure, no se apure”.
Agarró al gato. Le echó gasolina y lo prendió.
El gato hizo ¡Sópete, para encima de la casa! Chillaba que se oía de aquí al río. Y ya ustedes saben, ese gato revolcándose en el techo de la casa, prendido en candela.
El muchacho subió a una mata de guayaba y cuando ya la casa se estaba quemando bien, comenzó a gritar:
—¡Padrino, padrino! ¡Póngase los quinquilibrillos, suba los pasos completos que el animal caspa la raya está prendido en clemencia y si no corre con paciencia se le quemará el vitoco!
El padrino se despertó con los gritos del ahijado cuando ya estaba rodeado de candela por todas partes. Y sin entender lo que le gritaba el muchacho, empezó a vocear:
—¡Agua, ahijado! ¡Agua, ahijado!
—¡Paciencia, padrino! ¡Paciencia! —contestaba él.
—¡Agua, ahijado! ¡Agua, ahijado!
—¡Paciencia, padrino! ¡Paciencia!
Esa mañana el muchacho se fue corriendo a buscar a su papá. Lo encontró en la casita en la que vivía antes. Y se abrazaron. Y se quedaron juntos. Y estaban contentísimos y a mí me dejaron aquí contando el cuento. FIN


Publicado originalmente en:
http://z101digital.com/articulos/uno-de-los-cuentos-que-me-contaba-mi-papa-06-06-2018
Por: Belié Beltrán (@Jeltran), licenciado por PUCMM y mágister por APEC en comunicación corporativa. Es autor de los libros “Pardavelito” (cuento) y “Crónicas a la Colmena” (poesía). Fue traducido al alemán por el Goethe Institut y ha ganado varios premios de poesía y cuento.

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A continuación, la nota original del autor:

"Todas las noches mi papá utilizaba el mismo método para entretenernos hasta que llegara la luz. Nos sentaba a los tres hermanos en sus piernas e iniciaba un cuento que con certeza acabaría encadenándose a otro.

El repertorio tenía un límite. Pero este quedaba oculto entre las combinaciones que mi papá hacía entre historia e historia.

Los cuentos eran una mezcla de narraciones tradicionales que aprendió de sus padres, anécdotas, leyendas de camino y cuanto insumo pudiera meter en el saco.

Solo parecía haber una regla inviolable: el marco de un cuento no podía competir con el marco de otro.

Es decir, si narraba las vivencias de Juan Busca Fiesta, no podía atribuirle a él las hazañas de Pedro Animal. Eso no impedía que en algún momento de la noche, digamos que a una hora de distancia entre el final del cuento y la venida de la luz, Juan Bobo y Gutino se encontraran en algún camino real.

Les contaré uno de los cuentos que más me gustaron desde siempre. Bueno, si no me hubiera olvidado del de los bollos mocatos y el aguacate.

Este es el cuento de los “Quinquilibrillos”. Ojalá consiga captar el aire que papi le daba a este cuento.

Nota: Si pudiera hablaría de cómo en los cuentos folclóricos y leyendas contemporáneas hemos ido hilando una especie de espejo de la narrativa cotidiana que vivimos. Y ni hablar de códigos éticos.

Nota 2: Empecé estas líneas para perorar sobre cómo poco a poco hemos perdido la capacidad de aceptación de situaciones que en las historias solo pretendían entretener, ser. Ahora lo hacemos para leer y deconstruir desde las miradas de lo políticamente correcto.

Nota 3: Esto no es un cirio ante la nostalgia. Es un cuento que papi me contaba y que posiblemente es la mejor historia que me contó, si no contara con el de los tres bollos mocatos.


sábado, 16 de junio de 2018

LOLA primer libro infantil de Junot Díaz. El país mágico de los inmigrantes


He terminado el libro que tan amablemente me regaló Elizabeth Balaguer.  Lola de Junot Díaz y Leo Espinosa como ilustrador magnífico. Edición en español de ISLANDBORN. Es una historia emotiva que toca el corazón y llena de empatía a todos cuantos han tenido que dejar su país para vivir en tierra extranjera.

Yo no sé si Junot Díaz leyó a Lorelay Carrón, escritora que ganó el primer Premio Anual de Literatura Infantil Aurora Tavárez Belliard en 1997-1998, publicado en 1999. Y es que el tema es idéntico: Reconstruir el país a través de un dibujo infantil en una escuela extranjera.

En el argumento de Un pedacito verde en el corazón, nombre del libro de Carrón, la niña que emigra se niega a hablar en inglés por una recomendación de su amiga:


«Laura cerró los ojos. Podía oler la suave brisa marina, sentir las gotitas de agua salada sobre su cara, y ver a su amiga Sofía. El día antes de dejar la isla, Sofía le dijo a Laura algo que jamás olvidaría. 
—Cuando estés en Nueva York, nunca nunca hables en inglés, porque si lo haces, todo en esta isla desaparecerá, incluso tú. Te olvidarás de nosotros.
La cara de Sofía estaba tan cerca al decir esto, que Laura se vio reflejada en sus negros ojos. Creyó lo que le decía Sofía, sobre todo porque ella era su mejor amiga.
Ese día le prometió que nunca hablaría en inglés y para sellar la promesa dibujaron juntas sobre un papel todas las cosas bellas de la isla.»
Lorelay Carrón, Un pedacito verde en el corazón.
Premio Anual de Literatura Infantil 1997-1998


En Lola, de Junot Díaz, la niña no recuerda su vida en la tierra natal porque sus padres se la llevaron de pocos meses, por lo tanto, cuando la profesora pone de tarea la descripción del lugar de origen, Lola se ve en dificultades. Es por eso que recurre a las personas que la rodean para hacer su trabajo.

La pequeña cuestiona a su familia, a los vecinos y allegados para que le den su visión de lo que añoran, del mundo de sensaciones que tienen dentro y del cual no pueden desprenderse por más inglés que hablen.

Resalta la capacidad de síntesis del autor, algo imprescindible en toda obra para niños. La objetividad del lenguaje de quienes dominan el oficio, desestimando adjetivos innecesarios y descripciones inútiles. Un precioso libro de una 5 cuartillas sin ilustraciones, algo que menciono para recordar que las obras dirigidas a niños menores de 10 años tienen, necesariamente, que ser hermosas, precisas y cortas. Al menos en países como el nuestro donde se lee como tarea obligatoria impuesta por los centros educativos, salvo excepciones.
Es así como Junot Díaz regala al mundo hispano por un lado, y al angloparlante por el otro, una visión de esta tierra que se encamina cada día más a fomentar la industria del turismo y efectivamente, se resaltan los poderes sinestésicos de sabores, olores, visiones y colores, percibidos a la vez. El mar, tan valorado con las mejores playas del mundo, la calidad de ínsula (para mi gusto un poco exagerada, pues menciona Isla -así con mayúsculas- 28 veces, que ciertamente, también Lorelay resaltó en su trabajo, por lo que se entiende que vivir en el extranjero da unos matices de relieve a la particularidad de ser oriundo de una isla. Personalmente, me he sentido isleña sólo cuando entendí que algunas personas se enquistan en sus ideas y creen que somos el ombligo del mundo, sin dar paso a la diversidad. Afortunadamente, ese asunto está cada vez más amortiguado por la increíble tecnología que tenemos, unida a la privilegiada posición geográfica de La Española en las 3/4 partes que llamamos República Dominicana, nos abre más los ojos y la mente arrinconando la ignorancia.
Añadir leyenda

De modo que el agua de coco, el sabor auténtico de las frutas (créanme: no saben igual si no se cultivan bajo este sol); los mangos enormes y sabrosos, la música que invade todos los oídos y pone a mover los pies; lo diverso de la gente que Díaz compara con el arcoiris, una buena metáfora para todos los tipos de pieles de la nación. El murciélago como representante de la fauna, con ese recurso de imaginación que lo ubica entre un avión y una sábana voladora (¡me encanta!)... Los carros de colores por todas partes (que por suerte, en el libro no vienen con el ruido y el tapón, pero lo evocan). Un mosaico que da la idea hermosa y colorida, merenguera y radiante de lo que somos.
La parte seria, la que toca al señor Mir, conserje taciturno del edificio donde vive Lola, es la del exilio. La de aquellos que abandonaron la tierra, no por buscar bienestar económico, sino porque sus vidas peligraban en ese demencial acto de las dictaduras de querer acabar con la gente para eliminar sus ideas. Mir, tiene el apellido no común del Poeta nacional, como homenaje del escritor, se reviven 30 años de dictadura del Monstruo, que tampoco yo quiero mencionar por nombre y apellido pues me enoja que quieran revivirlo actualmente. Mir representa en el libro a un MATAMONSTRUOS, buen oficio para quienes combaten dictaduras.


Mi única objeción es la utilización de la palabra isla sin alguna precisión en todo el libro, cuando es un hecho que la isla nos pertenece en 3/4 partes reitero. A Haití nadie lo puede borrar y es de respeto decir la verdad: Somos dos naciones muy distintas ocupando una isla.

Por otro lado en el siguiente diálogo, el tratamiento de los héroes, tampoco me gusta, porque necesito tenerlos con sus caras y sus nombres. Cosa que ya han hecho varios autores de literatura infantil e historiadores, más allá de las metáforas. Cito un fragmento de Lola:

"—¡Wao! —susurró Lola—. ¿Y qué les pasó a los héroes?
—Nadie lo sabe en realidad. Fue hace mucho tiempo —dijo el señor Mir; se quitó los lentes y suspiró."

Bueno, finalmente Lola no hace una simple tarea: Parece que hizo un libro con portada y todo. Un libro que al abrirlo hace surgir la ISLA, según Junot, pero debería salir un país de 3 litorales y una frontera con las mismas características que de manera hermosa nos ofrece Lola; las mismas que nos diferencian de cualquier otro país del Trópico, incluso de Cuba y Puerto Rico a quienes tanto nos parecemos.

El narrador de Junot se convirtió en Lola en este libro para regalar a los niños, y a quienes aman la belleza, un país peculiar, que más de 500 años después sigue luchando por su identidad, atributo básico para ser felices o al menos, vivir satisfechos de nosotros mismos. En eso estamos, tomando y dejando como buenos eclécticos. 

sábado, 9 de junio de 2018

María Teresa Pérez y su obra ERNESTO VISITA BAHÍA DE LAS ÁGUILAS


María Teresa Pérez es la autora de Ernesto visita Bahia de Las Águilas. Esta joven se graduó de Educación Inicial en UNIBE en el 2008 y tiene alrededor de 14 años de experiencia como maestra. Luego de ser Licenciada en Educación Inicial realizó una maestría en Liderazgo Educativo en WMU en EEUU. Ha trabajado en distintos colegios y es la presidenta de una fundación a través de la cual ayuda a niños de escasos recursos, la cual se llama Líderes en Crecimiento. Actualmente está trabajando en el desarrollo de Proyectos Educativos y en los demás proyectos personales que tiene.

Esta joven escribe cuentos desde muy temprana edad, sin embargo, este es  el primero que pone en circulación. Cómo personajes principales el cuento tiene a un niño explorador llamado Ernesto, quien se llama como su padre, quien fue Jefe de la Armada Dominicana y les inculcó a ella y a sus hermanos el amor por República Dominicana como parte de su legado. El otro personaje principal se llama Rocky quien fue su mascota cuando era pequeña.

Estos dos personajes tendrán grandiosas aventuras recorriendo toda República Dominicana, empezando por Bahía de Las Águilas. Tenemos conocimiento de que cada 3 meses saldrá un nuevo ejemplar de un punto diferente de R.D. La autora María Teresa Pérez escribió este cuento con el propósito de que los niños conozcan su país, las áreas protegidas que posee y la forma en la que deben cuidar y apreciar su medio ambiente a través de la lectura infantil.

La puesta en circulación se realizó en Agora Mall el 9 de junio del 2018, teniendo como maestro de ceremonia al Dramaturgo, actor y director Iván García Guerra y a la Gerente general de Nido Crecimiento Bianca Arias. Así como también teniendo el apoyo de varios patrocinadores tales como: Nestlé, La Dolcerie, Pizzarellis, Viva, Telemicro, Papelería Ccc, CSM Assurance y Agora. Se pudo notar la fascinación de los pequeños lectores por esta nueva obra.

Pueden seguir su perfil en Instagram a @teachermariat_loverd.













El dramaturgo, actor y director Iván García Guerra fue el Maestro de Ceremonia.












miércoles, 6 de junio de 2018

ANACAONA Y EL MUNDO TAÍNO

NOTA DE PRENSA

Quinta Dominica junto al Centro León, Centro Cultural Perelló, Fundación Escuela Chavon y Editora Santillana celebraron la Premiación del Concurso Infantil Anacaona y el Mundo Taíno y la apertura de la exposición de los más de mil quinientos trabajos recibidos de toda la geografía nacional.

Los niños utilizaron múltiples ramas artísticas para ofrecer su visión sobre Anacaona y su mundo, tales como literatura en prosa y versos, cartas, canciones, pintura, dibujo, collage, barro, técnica mixta...y en especial un deseo autentico y manifiesto reflejado en cada entrega, de revalorizar y tomar de ejemplo la bondad y nobleza que anidaba en los taínos y que aún pervive en cada persona de esta tierra.  Este concurso contó cómo jurado con el maestro Antonio Guadalupe, la poeta Soledad Álvarez, la escritora de literatura para niños Lucía Amelia Cabral, Nelia Barletta escritora y la artista y diseñadora Anny Abbatte.

Quinta Dominica agradeció de manera especial a las instituciones que se sumaron a este esfuerzo entre ellas a Plan Lea del Listin Diario, Editora Tobogán, Susaeta, Sociedad Industrial Dominicana , la Cerveceria Nacional Dominicana, Fundación Cormidom, Hodelpa,  Kaw Kaw, Fundación Propagas, Fundación Pide un Deseo, a los grupos de literatura Generación Encontrada, La Mesa Redonda, Palabras en el Jardín, Museo Peña Defilló y tantas manos nobles, es decir taínas, que han hecho posible este concurso.

La exposición es en Quinta Dominica, calle Padre Billini No.202, Ciudad Colonial de Santo Domingo y estará abierta hasta el jueves 21 de junio.


















lunes, 28 de mayo de 2018

¿Cómo vuelan las ciguapas? por Leibi Ng

Portada
De pronto se me han juntado las tierras y no solo mientras duermo. De pronto reafirmo que nada me es ajeno. Europa llegó a América hace 526 años (oficialmente), pero ahora sí que se armó el muñeco que da vida a los sueños en la tierra quisqueyana.
Y basta un cuento: ¡Adela ya sabe volar! Y basta un autor: Dr. Juan Carlos Toral.. Y basta un ilustrador: Pablo Pino (sí, el mismo de Anya Damirón). Y basta una editorial: Ediciones Toral. Y basta un Director Editorial: Bismar Galán… Todo junto es:

¡Adela ya sabe volar! 

Un cuento inteligente que trata a los niños como a seres inteligentes. Respeta su sabiduría. Les sirve un espléndido menú de conceptos para conocer y disfrutar junto a los padres, a los maestros, a los tíos... Cumple con todas las reglas para una larga vida como historia para niños de todas las edades (para los esquemáticos: mayores de 6 hasta los 100).
Toral une con lucidez el mito de la ciguapa con la dulce tradición de Alicia en el país de las Maravillas, con la alquimia renacentista, con el mundo de las hadas y las creencias criollas... Y sin duda se eleva alto en la literatura infantil dominicana.
Los personajes, especialmente el señor Raúl, son evocadores de la sed de sabiduría y el dominio de la naturaleza que floreció desde el alto Medioevo hasta el Renacimiento. Camilo, el gato es un buscador de extraños ingredientes necesarios para pociones mágicas, lo que hace pensar que es un conocedor de las yerbas del bosque (que no deja de recordarnos al Gato de Cheshire). Joaquín, es un omo (gnomo adaptado al Caribe y tierras americanas) que se enorgullece de estar a cargo de los oficios de la casa y encima es panadero y hace postres por vocación (con lo que me recuerda al elfo Dobby de Harry Potter); y…
Adela, la princesa de las ciguapas con sus hermosos botines victorianos

¡Llegó la monarquía a la Española!

¡Adela es la princesa de las ciguapas! Como toda princesa, es caprichosa y se empeñó en volar. ¿Pero cómo vuela una ciguapa? ¿Cómo coge carrerilla para elevarse como los aviones, con esos pies al revés?
Adela ha sido llevada por su madre Hortensia al reino Mágico de las Animitas y es aquí donde como extranjera que no vuela, la dotan de polvos mágicos que sí le permiten flotar y moverse por el espacio y en eso estaba cuando una fuerte tormenta sacude el globo en el que viajaba y ella cae a tierra, cual Alicia en el agujero, pero en lugar de un conejo ¡la encuentra Camilo, el gato!


“Criaturas Fantásticas del Caribe”

Juan Carlos Toral saca de su sombrero de mago-escritor a Don Pedro José Alberizo, autor de “Criaturas Fantásticas del Caribe”, publicado en Santo Domingo en 1878, “la fuente” que valida como seres fantásticos a las animitas, a los nanos y a los omos.
En el mundo mitológico dominicano, las luciérnagas o cocuyos, (llamadas nimitas o animitas por nuestros campesinos), son vistas como un fenómeno misterioso. En grupo, ellas forman luces nocturnas en movimiento que en medio de la oscura noche dan alas a la imaginación. Individualmente, una pequeña luz que revolotea cercana está asociada a las almas de nuestros seres queridos que han muerto y que desean decirnos algo antes de alejarse o sólo reconfortarnos con su presencia. Siempre pueden ser mensajeros de Dios como las mariposas, ¿quién lo sabe? Ahora, sabemos que también son el reino de las ciguapas que quieren volar y vuelan, con o sin polvos mágicos.

El señor Raúl, símbolo de la búsqueda del conocimiento y quien da la clave para que Adela vuele

Estoy muy feliz y agradecida de tener noticias del Dr. Juan Carlos Toral. Veo en él a un humanista, un ser noble y culto que ha mirado a la literatura infantil y juvenil como un medio para soltar las animitas de su alma, su búsqueda, sus encuentros o hallazgos; sus aprendizajes, sus conocimientos... Lo hace con originalidad, con su propia voz, con la economía de palabras precisa y el aporte a su cultura local y universal, porque se siente que él tiene un universo entero para regalarnos.

RECOMIENDO ESTE LIBRO♥de venta en Cuesta, Centro del Libro.
¡ADELA YA SABE VOLAR!
Juan Carlos Toral
Ilustraciones Pablo Pino
Ediciones Toral.
Dirección editorial: Bismar Galán
ISBN: 978-9945-8783-4-9
Impreso en República Dominicana
por Serigraf, S. A.


viernes, 4 de mayo de 2018

JUAN BOBO: En una misa me rompieron la camisa


Había una vez un muchacho que se llamaba Juan Pérez, pero era tan tonto que le pusieron por apodo Juan Bobo. Un día su mamá lo mandó al pueblo a vender melao. Ella le dijo que no se lo fiara a nadie, porque necesitaba el dinero de la venta para comprar la comida de la cena. Juan Bobo le aseguró a su mamá que no le fiaría el melao ni siquiera a su abuela.
Cuando Juan Bobo iba ya casi llegando al pueblo se le acercaron muchísimas moscas y se posaron sobre el bidón de melao que cargaba. Al ver las moscas saboreando el melao, Juan Bobo les dijo:
—Miren, señoritas de las faldas negras; mi mamá no quiere que yo fie el melao, porque necesitamos el dinero para comprar la comida de la cena esta noche, así que por favor vayan a buscar su dinero ahora mismo.
Como era de esperarse, las moscas no le hicieron caso a las palabras de Juan Bobo, y siguieron tranquilamente posadas sobre el delicioso melao. Pero el tonto no sabía por qué las moscas no respondían y repitió su orden, esta vez con más autoridad:
—Señoritas, vayan a buscar por lo menos una parte del dinero para que nosotros también podamos comer hoy.
Las moscas siguieron encantadas con el dulce y espeso líquido, y Juan, al ver cómo ellas lo disfrutaban, viró el bidón y regando el melao en el camino les dijo:
—Miren, señoritas de faldas negras, se lo voy a fiar, pero ya saben que me lo tienen que pagar hoy antes de la cena.
Cuando Juan Bobo regresó a su casa y le contó a su mamá lo que había hecho, ella lo regañó mucho. Además Juan Bobo se quedó sin comer ese día por su propia culpa.
A los tres días la mamá de Juan lo llevó a oír misa. Juan Bobo no estaba acostumbrado a visitar la iglesia y al entrar se quedó cerca del Padre que daba la misa, totalmente fascinado con el altar y los monaguillos que ayudaban a en la ceremonia. Al poco rato vio que el sacerdote tenía una mosca posada en la nuca, y, recordando lo que le había ocurrido con las moscas y el melao en días pasados, decidió llamarle la atención a la mosca.
—Oiga, señorita, a ver si me paga el melao que le fie, —le dijo en un tono un poco desafiante.
Pero al ver que la mosca ni contestaba ni le ponía atención, Juan Bobo se puso furioso. Tratando de matar a la mosca, le dio un fuerte pescozón al cura en la nuca.
Inmediatamente llegaron corriendo el sacristán y los monaguillos a ver lo que había ocurrido.
Viendo al sacerdote adolorido y dando gritos en el suelo, le cayeron encima a Juan Bobo. Le dieron una paliza tan grande a este inocente, que no sólo le dolían todos los huesos, sino que además le rompieron la camisa.
Juan Bobo sintió tanto que le rompieran la camisa que recordaba este detalle mucho después de habérsele olvidado el resto de la triste experiencia. Desde entonces cada vez que lo querían llevar a misa, Juan Bobo respondía:
—En una misa me rompieron la camisa.

FIN

domingo, 29 de abril de 2018

¿QUÉ ES LA FANTASÍA?

Siempre se dice que las grandes obras maestras son el producto de la fantasía, ¿Qué es la fantasía? ¿La poseen todos o es solamente privilegio de los espíritus más inteligentes?


LA FANTASÍA es la facultad que permite a los seres humanos que no son ricos, fabricar castillo maravillosos con los mismos elementos con los que apenas sería capaz de inventar una colmena.
La fantasía tiene una hermana que la complementa: la imaginación.
LA IMAGINACIÓN es la facultad de volver a la mente, gracias a la memoria, las imágenes de lo pasado, con la misma veracidad que se tuvo cuando se las percibió. Es una especie de linterna mágica. Imágenes espléndidas pero inmóviles. La casa en que nacimos, el jardín ante ella, nuestra madre. Nuestros compañeros. El río. El muro más alto que nosotros más allá del cual no podíamos extender la mirada. ¿Qué había más allá? Un monstruo bellísimo, ingenuo, cabeza de caballo, con el hocico rosado, cuerpo de león, las más de las veces enroscado como una serpiente, una larga cola de humo que se desvanecía en el viento y volvía a nacer. Lo dicho: Imágenes espléndidas pero inmóviles y separadas. Es entonces cuando interviene la fantasía que las mueve, las anima, las funde e incluso las transforma.
NO HAY QUE PENSAR en un engaño si al volver al mismo lugar no encontramos el monstruo, si el jardín no es más que unos pocos centímetros de pasto etre los pedruscos, el río sólo un arroyuelo y el muro más alto que nosotros es realmente más bajo. Es que la fantasía ha dejado intacto el encanto en el que vivíamos, y si lo vivimos, fue verdad. El monstruo estaba ahí y todavía lo está, y es verdad que nuestra madre le cortaba cada mañana un pedazo de la cola y la ponía arriba de la casa, sobre el techo, para que los vecinos creyeran que no éramos pobres y que se cocinaba todos los días.
FELICES los que, como los artistas, consiguen imponer a los demás, como verdad, las creaciones de su propia fantasía. El pintor que pinta un humo en el que de pronto todos ven la cola del monstruo. Y doblemente feliz, porque el artista, una vez que ha fijado la creación propia sobre la tela, la piedra, inmediatamente puede desasirse, liberarse, evitando así el peligro al que por lo contrario está expuesto el hombre común y corriente, el peligro de permanecer demasiado ligado al propio mundo fantástico y de refugiarse en él por demasiado tiempo lo que lo hace hastiarse del mundo real en el que también se debe vivir.
SE TERMINA por quedar desarraigado. No se es ni de aquí ni de allá. Se va a la oficina con las tijeras en la bolsa para poder en cualquier momento cortarle la cola al monstruo. Te gruntan: "¿Paa qué son esas tijeras?"... Claro está que no se puede contestar "Para cortar cierta cola hecha de humo, allá en un prado"; por lo tanto, se trata de inventar algo que no se consigue, balbucea, empieza a ser sospechoso, luego le temen... Tal vez no pierda el trabajo, pero no le darán un ascenso. Ergo, la fantasía no debe llegar a la frontera de lo fantasioso. Debemos permanecer siendo los amos de la maravillosa facultad de transformar a nuestro antojo el mundo que nos rodea, controlándola, sin empujarla más allá de ciertos límites. Contentémonos con embellecer material y espiritualmente las personas entres las que debemos vivir, las calles por las cuales pasamos, la casa en que vivimos, el jardincito ante ella, pero no más de lo poco que se requiere para hacernos la vida menos fastidiosa: de otra manera, al excedernos, terminamos transfiriédonos a un mundo no verdadero, y la fantasía se rebaja al nivel de la ilusión.
NO, ESO NO DEBE SUCEDER JAMÁS. La ilusión es una enfermedad de la mente y del espíritu. La fantasía en cambio, es la flor, la luz. Lo dice la misma palabra. Fantasía deriva del griego "faino" que quiere decir aclarar, iluminar. Pero tiene que iluminar como la luna y no como el sol que brutalmente, ilumina todo de cada cosa, lo feo y lo hermoso, mientras que el discreto rayo lunar se posa suavemente sobre lo bello y lo noble de las cosas, de los olivares ilumina sólo lo plateado y deja en la oscuridad el tronco encogido y retorcido. En las noches de viento lo plateado de los olivos alza el vuelo, se posa sobre las casas de los campesinos convirtiéndolas en objetos preciosos hasta el alba, y ya que el viento mueve la plata de los árboles ¿por qué no iba a poder producir el mismo efecto en los techos?



ASÍ PUEDEN VOLAR también las casas, las que estaba en el monte desciende al plano y viceversa; la fantasía es como el viento, quien la posea es amo del mundo, puede mover a los hombres y a las cosas a su gusto y no solamente el hombre y la mujer de hoy, sino los de hace cien, mil años. LA FANTASÍA es como la luna, puede extender sus rayos e iluminar la vida del pasado y la del futuro. Los vuelos de la fantasía no son una mera metáfora, son vuelos verdaderos efectuados con alas invisibles, y son los seres humanos privilegiados, aquellos quienes la fantasía identifica con la creación artística, los que vuelan más alto llevando a la humanidad el don de una realidad nueva, mucho más verdadera que aquella en la que pasamos nuestros días.
LAS REALIDADES DE LA FANTASÍA son realidades nuevas, vivas y fuertes como las de la naturaleza.




NOTA: Este escrito, hojas arrancadas de una vieja revista, me acompaña desde hace más de 30 años. Aunque lo deseo, no puedo citar el autor porque no aparece por ningún lado de las páginas

Josué Liao Sánchez y su primera obra impresa

  Muchos en la República Dominicana conocen a Yuan Fuei Liao, un escritor, poeta y animador cultural, profesor de Babeque Secundaria. divers...