viernes, 24 de diciembre de 2021

A propósito de protagonistas femeninas... por Leibi Ng

 

En la literatura dirigida  a niños de la República Dominicana
SIEMPRE ha habido protagonistas femeninas.

Ahora que se han levantado voces que hacen girar la mirada hacia la desproporción en la Literatura Infantil y Juvenil en obras cuyos protagonistas o figuras estelares son varones, pienso en nuestras obras y repaso.

Quienes constituimos el Círculo Dominicano de Escritores para Niños y Jóvenes trabajamos uno por uno a la ciguapa como protagonista de nuestras obras: Aída Bonnelly de Díaz, Lucía Amelia Cabral, Brunilda Contreras, Margarita Luciano, Nelly García de Pión, Aidita Selman, Eleanor Grimaldi, Carol Cárdenes, Marianne de Tolentino, Rafael Peralta Romero, y Leibi Ng

Al repasar la obra de cada uno, observo que hemos tenido, indistintamente, protagonistas, masculinos y femeninos, ya sea en fábulas o en relatos, narraciones o poemas. 

Yo misma tengo a "La cotorrita del batey" donde una chica juega "pelota" y aprende por qué no debe golpearla con las manos y en cambio sí con el resto del cuerpo como era regla entre los taínos. También, está Lucecita, en "Tragaluz", que resuelve el problema de un monstruo que tiene a su barrio envuelto en tinieblas (yo y mi ilusión de que terminaran los apagones en Santo Domingo).

Antes, Lorelay Carrón, pionera, se destacó con "Una historia de culebras", donde la protagonista es Ofidia, un nombre muy bien elegido; y “Roberta: elefanta roja y coqueta” con la elefanta Roberta como figura principal. Se recuerda que Lorelay fue la primera ganadora del premio anual del Ministerio de Cultura, para este renglón: el Aurora Tavárez Belliard con su obra "Un pedacito verde en el corazón", que trata de una niña que se niega a hablar inglés en los Estados Unidos porque cree que si lo hace, su país desaparecerá, ya que ella proviene de Santo Domingo.

Virginia Read de Escobal, no solo en "El pacto de Guani", sino en muchas de sus obras tiene protagonistas femeninas.

Junot Díaz, eligió a Lola, no a Robertico.

Julia Álvarez no solo tiene a la Tía Lola, nos reivindicó a La Vieja Belén y rescató a La Virgen de la Altagracia con su hermosa leyenda.

Luis Martín Gómez rescató a Mami, la elefanta inolvidable.

Farah Hallal nos regaló a Sahara y otros.

Nosotros (y siempre incluyo a los profesionales que formamos los primeros grupos de escritores para niños y jóvenes) no hemos tenido esos prejuicios. Ya desde la elección de la ciguapa como figura principal, nos destacamos en ese sentido. Creo que básicamente nos ha importado la dominicanidad. La exaltación de nuestras raíces. Esta maravillosa mezcla de la que somos producto.

¡FELIZ NAVIDAD, DOMINICANOS!


©Leibi Ng

domingo, 12 de diciembre de 2021

Ana Belique presenta LA MUÑECA DE DIEULA. Ilustraciones: Michelle Ricardo


 Para quien no tiene prejuicios, viéndonos desde afuera, el conflicto dominico-haitiano es difícil de comprender. Con cientos de años de vecindad, nuestra literatura cuenta con pocas obras que traten el asunto abiertamente. Existe la novela de la caña, como llaman algunos al conjunto de obras que menciona o trata acerca del mundo de la factoría del azúcar (cañaverales, ingenios, bateyes...) del producto agrícola que sostuvo la economía nacional durante muchos años, pero no creo que exista un inventario consciente en la mente del lector común.

En la literatura infantil y juvenil se han hecho algunos esfuerzos para ilustrar el tremendo drama social y económico de nuestros vecinos reflejado en nuestra tierra y que envuelve al propio obrero agrícola dominicano, aunque con menos crueldad.

La creación en torno a nuestra realidad, yo diría que irá en aumento y es normal que así sea, porque el sol no se puede tapar con un dedo.


La antropóloga Soraya Aracena hizo una recopilación de cuentos populares y folclóricos. En el link lo pueden bajar o leer en línea:

https://docplayer.es/48757634-Cuentos-folkloricos-dominicanos-soraya-aracena-presentacion.html


Copio:

«El poeta, decimero y autor infantil César Sánchez Beras incursiona en la narrativa de largo aliento con un tema actual y candente. Tres generaciones de una familia haitiana enfrentan los retos de los cambios sociales y económicos de su país y sociedad, contada la historia a través de tres voces masculinas: Jean, Claude y Christopher. El mayor representa los viejos tiempos idos, anclado en su villa costera; el hijo se lleva de las corrientes de los tiempos presentes, convertido en guía de visitantes, luego emigrante al conocer a una dominicana que le abrirá los horizontes, y el nieto, todavía un escolar, ávido de conocerlo todo y saber qué pasó con su pradre, Claude, a través de la lectura del diario que éste escribió, guardado con mucho misterio por el abuelo». LOQUELEO


También de Jeannette Miller y en LOQUELEO: «María Cristo es una emigrante haitiana establecida en la Capital, que habla bien el español y se dedica a vender ropa de paca. Su marido es chofer de ruta y la ayudó a conseguir una cédula. Pero su madre y hermanos quedan en Haití y ella sabe que están pasando necesidad; por eso decide regresar y ayudarlos. Los años pasan y un día en que se mira al espejo comprende el verdadero significado de su nombre».

Ahora para niños más pequeños Ana Belique nos ofrece junto a Michel Ricardo un hermoso libro de literatura para niños tanto en español como en creole con la temática social, racial, y de identidad. Una larga deuda que tiene la literatura dirigida a niños empieza a ser saldada.

Esta obra, además de la historia de la niña, ofrece guía de comprensión a través de cuadros de actividades y está dentro del proyecto de "Muñecas Negras RD" que tiene los objetivos del movimiento Reconoci.do "colectivo que lucha contra la discriminación racial, está a favor del reconocimiento y respeto de la identidad de los afrodescendientes en la República Dominicana".

Solo diré que es una historia corta, bien construida, justa, triste y hermosa. La recomiendo.

Gratitud a la profesora y escritora Lauristely Peña Solano.

Sepan más del proyecto en este sitio:

https://anabelique.wordpress.com/category/ana-belique/

sábado, 11 de diciembre de 2021

Me ha faltado… ¡Ooooh! (Relato, no cuento, porque aquí no pasa nada verdaderamente extraordinario).



— ¡Consideración! Eso es lo que me sobra y usted no tiene. Uno no puede ir por la vida diciendo una cosa y haciendo otra.

— ¿Y usted qué cree: que es santa y puede venir a decirnos lo que está bien y lo que está mal? ¡Pues no! Para eso tengo mi propia conciencia.

Gadyel deseaba sinceramente estar muy lejos de allí. Su mamá Cristobalina, y la mamá de Esteban, Olga, estaban enfrascadas en una discusión solo por él.

Aquella tarde, después de hacer la tarea había ido a jugar con el vecino Milton con quien se pasaba horas jugando Nintendo o montando bicicleta por el barrio.

Sin embargo, Milton no estaba. De todos modos, Gadyel entró a su habitación y conectó el aparato como Pedro por su casa. Jugó y jugo, que era lo mismo para él que entrar de cabeza en el aparato que dominaba y desconectarse del mundo. Sus ojos no se cansaban de ir de un lado al otro mientras sus dedos apretaban y apretaban botones. Se balanceaba completo como un pescador de cuyo anzuelo trataba de escapar un tiburón.

La tarde estaba llena de matices. La brisa acariciaba cada hoja de laurel o de cayena. Las trinitarias estallaban de hermosura y la calle, limpísima del residencial aguardaba carros y vehículos que no llegaban.

Entonces entró Olga. Regresó del trabajo y lo encontró en lugar de su propio hijo. Comprobó con Mireya, la empleada, que Gadyel había entrado sin pedir permiso y que ni siquiera la había saludado aunque ella le decía que Esteban no estaba en la casa.

Le puso la mano en la cabeza con cuidado:

—¿Cómo estás, Gadyel? —dijo suavemente, pero el muchacho ni la miró. Estaba muy concentrado.

—Gadyel —continuó Olga —cuando Esteban no esté en casa, tienes que pedir permiso ¿me oyes? Tu mamá me puede llamar por teléfono…

—¡Yo sé, yo sé! —dijo él impaciente. Quería que ella lo dejara en paz. Era solo un ratito, pensaba sin darse cuenta de que ya tenía dos horas jugando y su mamá lo andaba buscando.

—¡Apaga eso! —Se impacientó la mamá de Esteban.

—¡Déjeme acabar! —Replicó Gadyel. ¿Cómo iba a cerrar un juego que estaba ganando?

Entonces Olga dio un tirón del cordón y desconectó todo.

—¡Vieja bruja! —Gritó Gadyel con los ojos aguados y echó a correr tropezando con su mamá que se había decidido a buscarlo allí.

—¡Muchacho! ¿Pero qué es lo tuyo? Tengo dos horas buscándote. No vine aquí porque sabía que Esteban está con su papá.

—Le dije, vecina, que si mi hijo no está, él tiene que pedir permiso pero ni siquiera saludó a Mireya. ¡Y hasta me dijo “vieja bruja”!

—Pero algo le hicieron para que él dijera eso…

Y por ahí siguieron. Cristobalina sabía que estaba en falta pero quería hacerle entender a doña Olga que ella sola podía corregir a su hijo. Las madres a veces son así por aquello de que “los trapos sucios se lavan en casa”.

Gadyel se fue alejando, asustado de su osadía. ¡Si lo único que quería era jugar Nintendo! Escuchó a la mamá de su amiguito:

—¡Respeto! Su hijo me ha faltado el respeto y si usted fuera más cuidadosa, el muchacho no estaría llevando intranquilidad a la casa ajena.

Gadyel ya estaba en su propio cuarto. Se tiró en la cama y encendió su Super Nintendo acabado de instalar y que aún no dominaba. Cuando Esteban regresara iría a jugar de nuevo con él.

 

©Leibi NG

martes, 7 de diciembre de 2021

Geraldine de Santis y su obra Dominicanas fuera de Serie

Emilia Pereira entrevistó a Geraldine

EN LA XIV FIL PARA LUCÍA AMELIA CABRAL

Lucía Amelia Cabral, Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil, posa junto al letrero que
da nombre a su calle en la XIV Feria Internacional del Libro
Lucía Amelia Cabral

Es curioso como algunos seres muy importantes en nuestro país no ocupan todas las páginas en los medios de comunicación social y algunos libros, como debieran. Parte de mi empeño en hacer blogs para mis colegas es porque deseo que cuando alguien de cualquier parte del mundo, indague sobre nuestra literatura, tenga a mano los datos que le ofrezcan claridad sobre la opinión que se ha de forjar.
Ayer, 11 de mayo del 2011, las autoridades de la Feria Internacional del Libro inauguraron una calle con el nombre de Lucía Amelia Cabral y como sé que muchos de nosotros necesitaremos estos datos, me apresuro a colgarlos aquí. 

Lucía Amelia Cabral es egresada de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, Summa Cum Laude, de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Escuela de Servicios Internacionales.

Sus cuentos fueron adaptados para teatro y ballet y han sido narrados por la radio en España, Cuba y Argentina. También han sido llevados a la televisión en Suecia y Alemania.

Entre sus libros sumamos:

Hay cuentos que contar

Gabino

Sorprendido el plátano

El camino de Libertad

Mi abecedario

Soy el río

Dime tú, qué digo yo

Carmelo, el bombero (Colección Dienteleche. Ediciones Ferilibro)

En colectivo: Poemas con son y sol. Poesía de América Latina para niños donde aparecen algunas de sus tiernas poesías.

Otro título suyo es: «La sirena del monte», publicado en la obra editada por Banreservas antes citada: Huellas de la leyenda, donde aparece como fundadora y propulsora del Círculo Dominicano de Escritores para Niños y Jóvenes, junto a Aída Bonnelly, Eleanor Grimaldi, Margarita Luciano, Brunilda Contreras, Rafael Peralta Romero, Nelly García de Pión, Leibi Ng, Marianne de Tolentino y Aidita Selman.

Lucía Amelia Cabral es Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil.
El Director de la Feria del Libro, Lic. Alejandro Arvelo, la Viceministra de Cultura, Lourdes de Cuello,
el Lic. Fabio Herrera, esposo de la escritora homenajeada: Lucía Amelia Cabral, el Ministro de Cultura, Lic. José Rafael Lantigua y la niña Ana Cayena, nieta del matrimonio Herrera Cabral.







MARTÍ Y LOS NIÑOS



Daniel Mathews

trigoso@geo.igp.gob.pe 
U. del Centro del Perú -Huancayo

El tema de la literatura infantil es polemico. Existe algo que podamos llamar efectivamente "literatura infantil"? Si se trata de llamar así a lo que escriben los niños habría que llamar senil a lo escrito por el último Borges o juvenil a lo de María Emilia Cornejo. Es simple y llanamente literatura y cualquier adjetivo adicional sobra. Normalmente lo que se escribe para los niños efectivamente puede recibir el titulo de "infantil" pero más bien no el de literatura. Son textos educativos -pueden haber sido redactados en prosa o en verso, es otro tema- mas que literarios. A veces ni llegan a ser textos educativos. Suelen ser bodrios que sirven para torturar a los niños en la escuela. Vendidos como si fueran literatura son, en muchos casos, la causa de que estos niños no quieran volver a coger un libro. En realidad, si resultan particularmente antipáticos estos textos es por las relaciones de poder que establecen entre emisor y receptor. La mal llamada literatura infantil supone una relación autoritaria en la que el emisor (profesor, "autor infantil", o como quiera llamársele) está en condición de superioridad frente al receptor (niño) por un privilegio de edad que, se supone, le otorga un saber. Por eso siempre tienen una moraleja, una enseñanza.

El texto literario en cambio supone una relación comunicativa, un contacto, entre lector y autor, en el que resulta siendo el lector quien realmente crea el poema, el que le da sentido. Es una forma de contacto entre iguales, en la que es el saber del receptor el que podrá llenar el texto. El escritor puede tener un "lector ideal" al momento de escribir o puede estar escribiendo simplemente como quien tira botellas al mar. Lo que no puede es creer que el lector es un munusválido a quien hay que guiar. Es mas bien un interlocutor con quien conversar. Y esto es lo que hace tan difícil escribir teniendo al niño como "lector ideal". Hay que comenzar reconociéndolo como un semejante.

En la relación entre literatura e infancia han habido varias formas de superar el carácter autoritario que supone la "literatura infantil". Una es escribir reconociendo en la infancia una "edad de oro" y por tanto respetando, cuando no exaltando, sus propias posibilidades, como una forma de ir más alla de la razón adulta. No sólo se acepta al niño como un ser distinto. Es más que eso la posibilidad de levantar al niño como alternativa frente a una racionalidad que a cada paso muestra sus limites. Es lo que se ve, por ejemplo, en toda la novelistica de Arguedas. Y no son novelas que tengan como "lector ideal" a un niño. Pero tampoco se niega esa posibilidad.

En América fue Martí quien más programáticamente asumió el niño como una alternativa válida. En esto no hacía más que ser consecuente con los rasgos románticos de nuestro modernismo y por ello con la superación de la superstición de la Ilstración que ha sido descrita por Octavio Paz (Los hijos del limo, 1974): "El romanticismo fue una reacción contra la Ilustración y, por tanto, estuvo determinado por ella: fue uno de sus productos contradictorios, tentativa de la imaginación poética por repoblar las almas que había despoblado la razón critica".

Para Martí la relación entre su escritura y la infancia es doble. En el caso de Ismaelillo es un padre que le escribe a su hijo. No solo se trata de un libro para niños, sino sobre un niño, sobre lo que significa un niño para su padre. Se trata en realidad de una comunicación entre un padre, que es el que "habla" en el libro, y su hijo, lector implícito, "niño ideal" al que el libro se dirige. Por otro lado escribe La edad de Oro, dedicada ya no a un "niño ideal", sino a los niños en general. Niños a los que se supone tanto o mas hábiles que el propio autor y con los que se trata de conversar de igual a igual.

ISMAELILLO: EL PADRE, EL HIJO


Anécdota 1
La esposa de Martí, Carmen Zayas Bazán, descontenta con la existencia inestable, de conspirador político, elegida por aquel hombre cuyo verdadero compromiso nupcial era con la libertad americana, parte de Nueva York hacia Cuba llevándose al niño de ambos, proximo a cumplir dos años.

Anécdota 2
Agar, la esclava de Abraham, junto con su primogénito Ismael, es expulsada al desierto, donde el ángel los rescata en cumplimiento de la profecía: "Y llamarás su nombre Ismael porque Jehova ha oído tu aflicción"

Así, en el titulo de Ismaelillo va contenida una alegoría. Por un lado el hijo, José Francisco, que parte al destierro. Por la otra Ismael que va al desierto. Pero en realidad no es el hijo quien va al destierro. El hijo va a Cuba, va al oasis. El desterrado es el propio Martí, desterrado de su patria y de su hijo. La alegoría es doble. Ismaelillo es él mismo. Mejor aun, Ismaelillo es su hijo, pero por el hijo queda instaurado el padre. Él existe por el otro, por el hijo. Y apenas abrimos el libro nos damos cuenta que efectivamente es asi: "Hijo espantado de todo me refugio en ti". Así como el ángel en el desierto fue refugio para Ismael, el hijo debe ser refugio para su padre. De ahi en adelante el libro será esta busqueda de refugio en el hijo, lector implicito, y por lo mismo en cada lector real, cualquiera sea su edad.

Lo que intenta Martí a lo largo de todo el libro es establecer un campo de relaciones intrasubjetivas donde el autor implícito convocará al lector implícito para que no sólo lo ayude a través de la lectura en la labor poética; sino que a través de un compartir deseos lo ayude a vivir. El propio compromiso político de Martí no se realiza sino porque el interlocutor así lo quiere:

Heme ya puesto en armas,
en la pelea!
Quiere el principe enano
que a luchar vuelva

Es efectivamente un adulto que se dirige a un niño, pero no para enseñarle algo o dandole moralejas aleccionadoras, sino para comprometerlo vitalmente. La reiterada presencia de los pronombres en primera y segunda persona cumplen un papel de primer orden en esto. En muchos casos se trata de pronombres posesivos que convierten a uno de los dos en propiedad del otro: "mi reyecillo", "mi dueño" "mi despensero" etc. Observese que mi despensero, por ejemplo, indica que el hijo está al servicio del padre, mientras que "mi dueño" supone una situación inversa. Eso marca una diferencia clara entre Ismaelillo y la llamada "literatura infantil". En la "literatura infantil"el autor no puede convocar al lector a una colaoración porque no cree en el lector, se dirige a un lector que previamente disminuye. En Ismaelillo ocurre lo contrario. Martí quiere entrar al mundo infantil, quiere acercarse al niño, quiere refugiarse en él, pero desde su propia experiencia y sin ocultar lo que el adulto trae consigo. Exalta los poderes y facultades del niño, pero desde su experiencia adulta. Ninguno tiene que renunciar a nada en este dialogo. Marti lo que intenta es establecer una nueva relación con la infancia.

Enrico Mario Santi afirma que Ismaelillo no pertenece al genero de la literatura infantil porque no crea "un mundo aparte, un refugio temporal en que se suspenden la contingencia y la temporalidad" (Rev. Iberoamericana N° 137) . Pero lo que hace justamente Martí es cuestionar la existencia misma de un genero que considera al niño un retrasado mental para el que hay que construir un mundo aparte. Y es cuestionándolo que busca establecer una nueva relación con el niño. Prueba que quiere establecerla es la propia presentación del libro: los versos de arte menor, los delicados grabados que ilustran la primera edición, la brevedad y a veces ingenuidad de muchos poemas, el escenario domestico de los mismos.


LA EDAD DE ORO: EL DIALOGO POSIBLE


Este cuestionamiento continua en La Edad de Oro, revista a la que nadie podra cuestionar su caracter infantil a pesar de que tampoco "crea un refugio textual en el que se suspenden la contingencia y la temporalidad". La contingencia y le temporalidad estan presentes en La Edad de Oro como quizá nunca antes ni después en revista infantil alguna: "Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar porque el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado" (La Edad de Oro N° 1, Jul 1889) es una frase que podría ser parte de una proclama revolucionaria. Pero que en realidad forma parte de un artículo sobre historia en una revista "dedicada a los niños de América". Y es que Martí no parte de la idea de que haya que construir un mundo idilico para los niños. Por el contrario considera que...

"El niño desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir con honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre honrado. El niño que no piensa lo que sucede alrededor, y se contenta con vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del trabajo de un brivon y esta en camino de ser bribon".

Si tenemos en cuenta que este "vivir con honradez" incluye atreverse a decir lo que se piensa, no obedecer a un mal gobierno, no aceptar que los hombres maltraten a los hombres, lo que se le propone al niño es mucho más que un mundo idilico. Con esto no solo cuestiona la "literatura infantil", cuestiona toda la educación y la relación entre adultos y niños.

El autor reconoce entonces una capacidad en el lector niño y abre el diálogo. Y ahora le pide a los niños cosas más concretas: que escriban "no importa que la carta venga con fallas de ortografía"; que utilicen la revista para fines prácticos como intercambiar postales; que se expresen en ella. No se logró darles en efecto este lugar de expresión. La revista duro muy poco: apenas cuatro números publicados entre Julio y Octubre de 1889, no tuvo tiempo para hacerse un público participativo, que escriba cartas e intervenga en la revista de modo efectivo, Por eso decimos que fue más un dialogo posible que uno real. Pero por lo menos el diálogo quedó abierto. Les propuso a los niños construir juntos el futuro y que las niñas también intervengan porque "es una pena que el hombre tenga que salir de su casa a buscar con quien hablar, porque las mujeres de la casa no saben más que de diversiones y de modas".


MUSA TRAVIESA


Ahora bien: Cómo deben construir los niños el futuro? Por cierto que siendo lectores como Nene y generosos como Bebe, por cierto que no siendo como el señor Pomposo, presumido y estirado. Pero también siendo traviesos, jugando, mostrando su alegría. Y aunque los cuentos de Martí en muchos casos son tristes en ellos hay una reivindicación de la alegría de dar y de la posibilidad de tomar iniciativas desde la infancia.

El niño desde su travesura nos enseña a vivir. Un poema fundamental en la comprensión de esto es Musa Traviesa. El padre está metido en "entretenimientos del cerebro" cuando irrumpe el niño y altera el orden de la biblioteca, obliga al padre a incorporarse a un mundo de juego y a refrescar su propio niño.

Creo que este es el sentido que tiene la afirmación de Martí de que la poesía anterior a Ismaelillo no vale un ápice. Me parece una opinión exagerada en torno a su propia obra pero lo importante es que se produce una autocrítica, un abandono de la "poesía cerebral" por una musa traviesa que no es solo una actitud poética distinta sino una actitud vital:

Venga y por cauce nuevo
Mi vida lance
Y a mis manos la vieja
Peñola arranque,
y del vaso manchado
la tinta vacié.

En el desorden de la biblioteca se reordena la vida, retoma su espontaneidad, su juego de emociones y es desde ahí que comienza a operar la fuerza del niño. Hemos visto que por el hijo queda instaurado el padre. En esta "musa traviesa" el trabajo de instauración del padre queda terminado:

Hete aquí, hueso pálido
Vivo y durable
Hijo soy de mi hijo
él me rehace

El padre se convierte en "hijo del hijo" porque la instrucción activa de este lo salva de su propio cerebro. Pero si el "hijo" en realidad representa a los lectores, esta opción vivificadora está en realidad repartida en cada uno de nosotros. Solo en la medida en que nos volvamos niños, que saquemos a luz nuestro juego de emociones, estaremos en realidad creando a Martí, dándole una vida nueva al texto.
A los niños que lean La edad de Oro
(José Martí)


© Daniel Mathews 1998



http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero9/marti.html
A los niños que lean La Edad de Oro

Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre. Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana: para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres. Todo lo que quieran saber les vamos a decir, y de modo que lo entiendan bien, con palabras claras y con láminas finas. Les vamos a decir cómo está hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora.

Para eso se publica La Edad de Oro: para que los niños americanos sepan cómo, se vivía antes, y se vive hoy, en América, y en las demás tierras; y cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la luz eléctrica; para que cuando el niño vea una piedra de color sepa por qué tiene colores la piedra, y qué quiere decir cada color; para que el niño conozca los libros famosos donde se cuentan las batallas y las religiones de los pueblos antiguos. Les hablaremos de todo lo que se hace en los talleres, donde suceden cosas más raras e interesantes que en los cuentos de magia, y son magia de verdad, más linda que la otra; y les diremos lo que se sabe del cielo, y de lo hondo del mar y de la tierra; y les contaremos cuentos de risa y novelas de niños, para cuando hayan estudiado mucho, o jugado mucho, y quieran descansar. Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como cosa de su corazón.

Cuando un niño quiera saber algo que no esté en La Edad de Oro, escríbanos como si nos hubiera conocido siempre, que nosotros le contestaremos. No importa que la carta venga con faltas de ortografía. Lo que importa es que el niño quiera saber. Y si la carta está bien escrita, la publicaremos en nuestro correo con la firma al pie, para que se sepa que es niño que vale. Los niños saben más de lo que parece, y si les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas cosas que escribirían. Por eso La Edad de Oro va a tener cada seis meses una competencia, y el niño que le mande el trabajo mejor, que se conozca de veras que es suyo, recibirá un buen premio de libros, y diez ejemplares del número de La Edad de Oro en que se publique su composición, que será sobre cosas de su edad, para que puedan escribirla bien porque para escribir bien de una cosa hay que saber de ella mucho. Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien: hombres elocuentes y sinceros.

Las niñas deben saber lo mismo que los niños, para poder hablar con ellos como amigos cuando vayan creciendo; como que es una pena que el hombre tenga que salir de su casa a buscar con quien hablar, porque las mujeres de la casa no sepan contarle más que de diversiones y de modas. Pero hay cosas muy delicadas y tiernas que las niñas entienden mejor, y para ellas las escribiremos de modo que les gusten; porque La Edad de Oro tiene su mago en la casa, que le cuenta que en las almas de las niñas sucede algo parecido a lo que ven los colibríes, cuando andan corriendo por entre las flores. Les diremos cosas así, como para que las leyesen los colibríes si supiesen leer. Y les diremos cómo se hace una hebra de hilo cómo nace una violeta, cómo se fabrica una aguja, cómo tejen las viejecitas de Italia los encajes. Las niñas también pueden escribirnos sus cartas, y preguntarnos cuanto quieran saber, y mandarnos sus composiciones para la competencia de cada seis meses. ¡De seguro que van a ganar las niñas!

Lo que queremos es que los niños sean felices, como los hermanitos de nuestro grabado; y que si alguna vez nos encuentra un niño de América por el mundo nos apriete mucho la mano, como a un amigo viejo, y diga donde todo el mundo lo oiga: « ¡Este hombre de La Edad de Oro fue mi amigo!»


Regreso al artículo "Martí y los niños"
El URL de este documento eshttp://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero9/marti_or.html

Dulce Elvira de los Santos en Estilos de Diario Libre

http://www.diariolibre.com/estilos/entrevistas/dulce-elvira-de-los-santos-AG3967714

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