viernes, 22 de noviembre de 2019

El Gavilán de la Española en su versión Número Ocho



En el marco del programa de Conservación del Gavilán de la Española que realiza la Fundación Propagas junto a otras organizaciones, se presentó la obra Número Ocho de la escritora Farah Hallal,. En aras de continuar promoviendo un enfoque de preservación a través del arte literario. Fundación propagas auspició dos encuentros interactivos en la comunidad de Los Limones y en Parque Greta de la Biblioteca Infantil y Juvenil República Dominicana con la dirección y presencia de Rosa Margarita Bonetti de Santana, Presidente de Fundación Propagas.


El gavilán de la Española (Buteo ridgwayi), es una de las aves rapaces más amenazadas del mundo y se encuentra en peligro crítico de extinción según la Lista Roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Su población oscila entre 300 a 450 individuos, y para salvarlo, el Fondo Peregrino junto a Fundación Propagas, Fundación Punta Cana y el Zoodom, desarrollan un programa de conservación que incluye monitoreo de la especie, reintroducción y educación en las comunidades cercanas a la población de gavilanes, como es el caso de Los Limones.


Farah Hallal se ha inspirado en sus vivencias en la comunidad de Los Limones (trabajando en Fundación Propagas) para realizar esta obra. Inicia de una manera que nos invita a continuar leyendo: “El gavilán cruzaba el cielo que apenas podían ver mis ojos de niño. Sus alas parecían no envidiar a las flores que el pájaro ignoraba al pasar. Aunque el gavilán no tenía pétalos, ni vuelo colorido, su ternura parda floreció en mi corazón. En mi condición de niño debo decir que Número ocho volaba orgulloso de su destino. Iba y venía sin darse cuenta de que era un número importante de una asombrosa historia que contar…”


Farah Hallal vino invitada por la Fundación Propagas desde Valencia, España, a contar sus vivencias en torno a la historia de su novela. Farah, narradora, poeta, editora, activista cultural y promotora de lectura y escritura creativa, estudió Diseño Gráfico, Enseñanza de Escritura Creativa, Historia del Caribe e Investigación Histórica. Entre sus publicaciones están: Sábado de ranas (Premio Nacional de Literatura Infantil Aurora Tavárez Belliard, 2013, Ministerio de Cultura. También Un adiós para mamá (Premio Barco de Vapor, 2014.) La caja de la esperanza (2016); El ave perdida (Fundación Propagas, 2017) y Mi mariposa quiere volar (2018). Para Farah, “lo hermoso de narrar es contar algo desde el corazón y que no suene a una historia conocida”.



Los participantes de ambos encuentros, disfrutaron del cálido encuentro con Número Ocho. Además, Carlos. el cazador de gavilanes, comparte sus lecciones aprendidas a través de la Madre Naturaleza, con el ecoteatro El reino oculto de los gavilanes (cuento ganador del 1er. lugar de la Sexta Edición del Concurso Letra Natural. Una vez más, nuestro gavilán de la Española en su versión Número Ocho se elevó por cielo dominicano mostrando su majestuoso vuelo.






domingo, 13 de octubre de 2019

“Mis historias siempre se basan en hechos de la vida real”. Entrevista a Farah Hallal


Farah Hallal considera que “para escribir un buen libro necesitas la suma de los aprendizajes de una vida”.

Entrevista hecha por María E. Pérez el 11/10/19

El gusto por las letras surgió a muy temprana edad en Farah Hallal, y es que desde pequeña creció rodeada de libros de poesía y teoría literaria. Pero también creció con una conciencia temprana sobre las “injusticias para las clases que son sometidas por los empresarios y las dictaduras que precedieron mi nacimiento”. Explica que en su casa aprendió a pensar “más allá de lo obvio”, además a leer y apreciar textos de calidad literaria, por lo que considera que “me parece que mi madre y mi padre han sido determinantes”. La escritora, quien nació en Salcedo, pero desde hace años estableció su residencia en Valencia, España, guarda para sí misma una infancia rodeada de buenos libros, “gocé del estímulo ante lo que escribía. Lo raro sería no florecer en un ambiente así”.

¿Cómo podemos definir hoy en día la literatura infantil y juvenil?
Es frecuente este debate en los congresos de literatura infantil y juvenil. Y cada vez nos orientamos a creer que en esta época se ha comprendido que el público infantil no es bobo y demanda una literatura más profunda. Los adultos del entorno procuramos evitarles dolores, como por ejemplo, la muerte, sin embargo la literatura clásica infantil está llena de huérfanos. Y Caperucita Roja viene a ser un cuento de terror que pasamos de generación a generación de lo más impunes.

¿Para escribir un libro se necesita una investigación previa?
Para escribir un libro no. Pero para escribir un buen libro necesitas la suma de los aprendizajes de una vida. Que te pueden venir por experiencias propias o ajenas y por lecturas. Somos esponjas y todo cuanto forma parte de nuestras vidas puede incorporarse inconscientemente en una obra. Ahora bien, investigar es parte del proceso de la escritura. Cualquier acción que quieras reproducir en la vida de un personaje necesita ceñirse a la verdad.

¿Te has basado en hechos de la vida real para hacer una historia?
Siempre me baso en hechos de la vida real. Siempre. Toda mi obra está de algún modo conectada a mí o a gente que he conocido. Lo que suele suceder es que convergen muchos aspectos de distinta procedencia en un mismo personaje, pero el resultado suele ser un personaje sólido y creíble. Se sostienen porque existen. No los traigo de universos paralelos. Son personas que viven o han vivido entre nosotros. Situaciones que se han presentado, aunque no sea necesariamente a mí. Aunque no creo en la inspiración, sí creo que cierta atmósfera te hace “ver” una historia. No es que haga una lista de temas a trabajar, es que las experiencias de vida, si son interesantes y tú desarrollas el instinto y la capacidad para darle forma a una historia, pueden ser muy potables.

¿El mercado y la demanda de determinados temas ¿son decisivos a la hora de escribir?
No necesariamente, porque la línea editorial de quien convertirá tu historia en un artículo de venta, es vital. Hay editoriales que se arriesgan con temas menos comunes y rompen el mercado. Lo forman y, a su tiempo, comen de él. Pero hay editoriales que se van a lo seguro: lo clásico que siempre ha funcionado y reeditan más de lo mismo. En mi caso, sé que la literatura juvenil con determinados temas funciona, se vende. Pero no tengo la predisposición natural para escribir sobre todo tipo de cosas. Mi línea es más de experiencias de la vida.

¿Cómo influye la literatura en la personalidad de niños, niñas y jóvenes?
Pues yo les digo a los “peques” que leer es como cuando un Pokémon evoluciona. Cada libro que lees va actualizándote en el sentido tecnológico del término. Que viene a ser evolución. Cambio. Mejoría. Si lees un libro malo y lo disfrutas, qué bueno. Pero si lees un libro bueno, aunque quizá menos obvio, te hará revisar los mecanismos que te hacen ser quien eres. Y te aseguro que vas a evolucionar. Si lees noticias sobre odio al extranjero, acabarás convenciéndote de lo mismo. Si lees información crítica sobre el mundo en el que vives, comprenderás la migración y sabrás que desde que la humanidad salió de África, anda rodando por el mundo. La migración es de las noticias más viejas de la historia. Pero si jamás abres un libro, todo te parecerá nuevo y el mundo que ves y vives seguirá siendo plano.

Recientemente obtuvo el Premio Anual de Literatura Infantil y Juvenil Aurora Tavárez Belliard con su obra “Los puentes del corazón… ¿cómo se sintió al recibirlo?
Es muy estimulante recibir el reconocimiento de gente que respetas. Y es un aliento importante para el trabajo. Lo triste es haber vivido el amargo con la desconsideración que el ministro Selman maltrató a los premiados. Así que fue un premio por el que el Ministerio me transmitió desconsideración. Tuve que manifestarme para que un Ministerio de Cultura respetara las bases de uno de los certámenes literarios más importantes del país. Y eso fue vergonzoso. El presidente Medina parece no saber que un ministerio de Cultura no se maneja como una guardia nacional. Hay que saber gestionar con artistas, que es bregar con gente que piensa y siente y gente que suele conocer lo que merece. El ministro de Cultura tiene que ejecutar sus funciones en alianza con los gestores culturales de todas las áreas habidas y por haber. Y ni siquiera para diseñar políticas culturales ha habido nunca allí una buena gestión.

A través de los premios que has recibido, ¿te han abierto puertas que pensabas estaban cerradas?
Soy agradecida por el estímulo que supone un premio. Pero cada libro ha de abrirse sus propias puertas. Que escriba un buen texto hoy no garantiza que escriba otro de la misma calidad mañana. Cada libro debe tener sus condiciones que lo hagan único. “La caja de la esperanza” es un libro que fue seleccionado entre los 80 más emblemáticos que SM ha publicado en sus 80 años en todo el mundo. Vendrán otros libros míos, pero dudo mucho que tenga la aceptación y el acierto de éste.

Afirmación
Cada vez nos orientamos a creer que en esta época se ha comprendido que el público infantil no es bobo y demanda una literatura más profunda”.

Consideración
Investigar es parte del proceso de la escritura. Cualquier acción que quieras reproducir en la vida de un personaje necesita ceñirse a la verdad”.



viernes, 4 de octubre de 2019

LAS MANCHAS DE LA LUNA



En aquel grupo indígena la vida transcurría tranquila. Cada quien hacía su parte para el bienestar colectivo, y nadie tenía motivos para quejarse. En el día mientras las mujeres preparaban el cazabí, unos hombres cazaban, y otros pescaban.

Ceramí y su hermano compartían el bohío. La muchacha era vivaz y todos la admiraban; el hermano era tímido y miedoso, y por su carácter retraído, no tenía otros amigos en el caserío, salvo aquellos con quienes se juntaba para ir de pesca.

En los atardeceres, un colibrí se presentaba siempre, invariablemente a la misma hora y les servía de único entretenimiento, antes de que cayera la noche.

Y hablan muchas cosas y reían mil veces con las mil gracias del colibrí.

En la noche, la gente se recogía temprano en los bohíos.

Una vez, mientras todos dormían y el silencio era general, un hombre enamorado de Ceramí la visitó en su hamaca. Ella gritó, y el intruso salió precipitado.

El hermano corrió tras él, pero ya era tarde: el desconocido había escapado en la oscuridad.

En la mañana, Ceramí observó a los hombres; mas su corazón no le dijo si alguno era el culpable. El cacique se sintió indignado, y ordenó investigar. El sacerdote dijo que podía tratarse de un dios aventurero.

A la noche siguiente, la muchacha se hizo el propósito de no dormir, aunque el bohío estaba bien cerrado y su hermano vigilaba; pero ¿no estaba cerrado el bohío la noche anterior? De la vigilancia del hermano no se fiaba demasiado, pues sabía lo dormilón que era. Así, despierta permaneció unas horas, pero sin darse cuenta, cerró los ojos y se quedó dormida.

Rato después el visitante llegó silencioso. Ceramí despertó y quiso gritar, pero se contuvo. Tenía una idea: buscaría la manera de descubrir al atrevido.

Cuando amaneció, volvió a observar a los hombres de la aldea, pero su corazón tampoco hoy le indicaba quién era el culpable.

Al atardecer, como siempre, llegó zumbando el colibrí.

—¿Cómo halló hoy la mar el diestro pescador?

—Azul, azul— contestó el hermano de Ceramí.

—¿Y qué pasa con la más bella de esta tierra, que hoy luce tan diferente? —preguntó a Ceramí.

—Nada… nada—, contestó Ceramí, y agregó mansa:

—Pienso en las estrellas, tan solitas y distantes.

—Entonces —dijo el colibrí —¡A volar al cielo, para traerle una! —y se fue volando feliz, como todas las tardes.

En verdad, el pensamiento de Ceramí era otro. Había ideado ya cómo descubrir al visitante nocturno.

Ceramí habló poco ese día. cuando el sol se retiró, la muchacha preparó en su cazuela de baro cocido una mezcla de hollín y jugo de jagua, y ocultó la vasija cerca de su hamaca.

Era ya noche cerrada y tiempo de descansar. A Ceramí no le importaba ya si se dormía o se quedaba despierta. El plan marcharía de cualquier modo. En el otro compartimiento del bohío, el hermano estaba en el fondo el sueño, a juzgar por los ronquidos que se escuchaban.

Ceramí sonrió tranquila y se encogió de hombros: no iba a necesitar al dormilón. De pronto, Ceramí sintió pasos que se acercaban. Era el extraño que llegaba. Tomó la cazuela que contenía la mezcla, y cuando el hombre se acercó, le ensució la cara. El extraño, asustado, escapó.

Había amanecido. Ceramí se levantó llena de curiosidad. Lo primero que hizo fue ir al lecho de su hermano a contarle lo sucedido, y así, juntos, buscar al culpable.

Pero el hermano ya se había ido al mar con los pescadores. Entonces decidió ella sola buscar al hombre con la cara manchada.

Buscó entre los cazadores, que habían regresado al poblado. Ninguno tenía la cara manchada de hollín y jagua.

Faltaba revisar a los pescadores. Cuando llegaron, la muchacha corrió hacia ellos. Uno a uno los fue viendo. Ellos la miraban sorprendidos. Los pescadores terminaron de pasar ante sus ojos, y nada. Con desaliento, Ceramí se dispuso a volver a su choza, y entonces notó que aun faltaba un pescador. Venía solo, con su sarta de peces frescos. Y, al tenerlo enfrente, lo reconoció.

—¡Tú!... ¡Mi hermano!

Ceramí sintió que el mundo se oscurecía y le caía encima. Las demás del caserío la recogieron desmayada, mientras el hermano echaba a correr.

Al reanimarla con aroma de flores, Ceramí contó lo que había sucedido. El hermano siguió corriendo y corriendo hasta llegar al borde del peñasco, y sin detenerse siquiera un instante, se lanzó al vacío.

Cuando estaba a punto de estrellarse, quedó suspendido en el aire, y una fuerza extraña lo hizo subir y subir con lentitud. El colibrí, que sin saber lo que pasaba había seguido al muchacho hasta el peñasco, lo vio elevarse y vio también cómo la luz del sol muriente lo tornaba de un color plateado que le hacía resplandecer, mientras seguía elevándose y elevándose

Cuando lo hubo perdido de vista, y sabiendo que por más alto que volara no podría alcanzarle, el colibrí corrió a la aldea de indios a contar lo que vieron sus ojos.

Más tarde, cuando la noche entró de lleno, hombres y mujeres y niños vieron la luna que alumbraba por primera vez. Supieron entonces que era el hermano de Ceramí que paseaba su cara manchada de hollín y jagua.

Y así, la luna, por la falta cometida, quedó condenada a dar vueltas y vueltas alrededor de la tierra, enseñando cada cierto tiempo su cara manchada.


LAS MANCHAS DE LA LUNA

Leyenda caribe recogida en la isla Guadalupe por R. Bretón, citada por José Juan Arrom en su libro Mitología y Artes Prehispánicas de las Antillas. (Siglo XXI editores, 1975).

Los caribes ocupaban Las Antillas Menores, la ribera oriental de Centroamérica y parte del litoral norte de América del Sur, desde el Darién, hasta el delta del Orinoco.

De espíritu guerrero, nómada agresivo, fueron anónimos enemigos de los conquistadores. Hacían frecuentes incursiones a las costas norte y noroeste de la isla de Santo Domingo para capturar aruacos y sobre todo, mujeres.

El mar de la Antillas ha sido bautizado con su nombre: Mar Caribe.


El autor de esta versión, es William Darío Mejía, profesor, escritor y cuentista. Nació en San José de Ocoa. República Dominicana, en 1950. Ha ganado premios literarios y publicado su primer volumen de cuentos El taladro del Tiempo, Editora Taller, 1984

Programa de Coedición Latinoamericana de Libros para Niños, promovido por el Centro Regional para el Fomento del Libro de América Latina y el Caribe, CERLALC.

El hombre que robó los chivos

Un hombre del campo robó una docena de chivos, y para que diera cuenta de ello fue citado a la justicia.
Llamó a su compadre y le preguntó cómo podía defenderse ante el juez, de suerte que no recibiera ningún castigo.
-No se preocupe- le dijo el compadre. -A cada pregunta del juez, comience a berrear como un chivo.
Cuando estuvo ante el tribunal, el juez le preguntó:
-¿Por qué se robó usted los chivos?
Y el hombre contestó:
-¡Beeeee!
-No, señor, así gritaban los chivos cuando usted se los llevaba.
Yo pregunto por qué los robó usted -dijo el juez.
De nuevo el ladrón de chivos contestó:
-¡Beeeee!
El tribunal, creyendo falto de juicio al hombre ladrón de chivos, lo descargó de la acusación.
Estaba de vuelta en su casa cuando su compadre llegó a decirle:
-Compadre, usted está en libertad gracias a mi ingenio; yo quiero que usted me entregue la mitad de los chivos en pago de mi buena idea.
Y el ladrón contestó:
-¡Beeeee!
(República Dominicana) Mitos, cuentos y leyendas de Latinoamérica y el caribe.
EL HOMBRE QUE ROBÓ LOS CHIVOS es un cuento folklórico que fue recogido por la American Folklore Society y publicado inicialmente en inglés en 1930 en el libro Folklore from the Dominican Republic. Esta versión es de José Labourt, periodista y autor de dos obras publicadas por Editora Taller.

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