domingo, 26 de mayo de 2024

Salto a las estrellas, de Leibi Ng


"Saltó con tal impulso, que llegó hasta la órbita espacial. Allí pudo disfrutar de “los aerolitos, cometas, astros y mensajes de Dios”.

Por Karina Castillo



Salto a las estrellas, de Leibi Ng

Un rato en el Cielo no es como en la Tierra.

Aquí hay un horario, allá está lo eterno.

Sin prisa y sin tiempo transcurren las cosas

en el cielo quieto, el gran firmamento…Leibi Ng. *




Leibi Ng, escritora, publicista, poeta, gestora de literatura infantojuvenil por excelencia, muestra en sus obras una sensibilidad y empatía únicas, conectando y contagiando a todos con su espíritu creador.

Salto a las estrellas es la historia de una gatita que podía hacer lo que todos los felinos: Se estiraba con gran facilidad, saltaba y hacía malabares. La única diferencia consistía en que era nada más y nada menos que una trapecista de circo. La protagonista era toda una estrella, tan buena en sus destrezas, que tenía diplomas que la certificaban con los títulos de…

“Los Ocho Saltos Maravillosos

Las Ocho Contorsiones Máximas

Las Ocho Maromas Imposibles”.

Aún con toda esa fama, este personaje se aburría un mundo. Todo era una rutina para ella, por lo que procuró tener un cambio: Saltó con tal impulso, que llegó hasta la órbita espacial. Allí pudo disfrutar de “los aerolitos, cometas, astros y mensajes de Dios”.

Mientras observaba el universo, sus ojos cambiaban de color “de acuerdo a su asombro” y, cuando saltó a las estrellas, realizó su estiramiento con una libertad, que sintió “cada tendón y su piel vibrar como un tambor caribeño”.

Más cerca de los astros, conoció a un nuevo amigo, “de mirada sonriente”, llamado Nicholas San. Juntos exploraron el firmamento y hablaron de la vida, de por qué era importante tomarla con más calma, disfrutar y encontrar nuestra verdadera vocación.

En su diálogo, llegaron a la conclusión de que no basta con realizar nuestras acciones bien, sino que hay que hacerlas con amor. Por eso decidieron ir de estrella en estrella, crear cosas nuevas y convertirse en “activistas por la felicidad”.

Leibi Ng, con su singular creatividad y sensibilidad, nos ofrece una historia diferente, llena de candor y a la vez con un mensaje profundo acerca de la motivación, y del sentido verdadero de las cosas. La misma invita a vivir con propósito, “a amar lo que hacemos y hacer lo que amamos”, abriendo nuestra mente a todas las posibilidades.

Salto a las estrellas es una historia amena. Su lenguaje claro, llano, lleno de diálogos interesantes e imágenes poéticas cautivantes, mantiene conectado al joven lector, de principio a fin, y con sed de leer seguir leyendo.

Su narrativa es vívida y fluida, e inspira al lector a reflexionar sobre su propia existencia, a mirar las estrellas y atrevernos a “saltar” más allá del trampolín que nos pudiera limitar, hasta encontrar los dones y habilidades que nos hacen, quizás no perfectos, pero únicos en este espacio sideral que llamamos Humanidad.



Enhorabuena por todo lo que nos mueve y conmueve: las historias, los poemas, las palabras, los sueños, los saltos y las estrellas.

Ng, Leibi. Salto a las estrellas. Colección LOQUELEO, Editorial Santillana, Santo Domingo, 2015.


*El Epígrafe es un fragmento del poema Luna de lunares, de Leibi Ng.


KARINA CASTILLO ckarinacg@gmail.com

LEIBI NG

SALTO A LAS ESTRELLAS https://acento.com.do/autor/kcastillo.html


viernes, 17 de mayo de 2024

¿POR QUÉ EL QUIJOTE? ¿POR QUÉ LA AUYAMA?

 

Emelda Ramos

Mi no-aburrida vida no me permitió encontrarme con EL QUIJOTE DE LAS AUYAMAS cuando salió en 2016. Lo fui a buscar más de una vez a Santillana, pero no me tocó encontrarlo. Tampoco lo hallé en mis vueltas entre los libros usados de la Mella y la Duarte. Hoy, a ocho años de su nacimiento impreso, es que lo conozco como debe ser el encuentro de lector/libro, obra en mano y sentidos alertas.

Ante Emelda, la hija de Gustavo Ramos Portorreal y de Ana Concepción Tejada Bretón, la habitante de su «casa de frente al azul», no queda más que bendecir la tierra porque ¡qué cabeza tan bien amueblada! ¡qué mente tan nítida y capaz! Es un orgullo pisar la tierra que ella eligió para nacer. Emelda Ramos tiene bien ganado su alto puesto entre los literatos dominicanos, sin discusión.

Ahora que escribo siento sus ojos inquietos sobre mí. Su voz ágil y la vitalidad de sus frases. Porque yo quiero que me expliquen cómo es que no se crea una fórmula EMELDA para hacer literatura. Cierto que mi entusiasmo me crea una aparente desventaja, porque el que mucho halaga pierde credibilidad, pero no en mi caso, en que me creo lo que digo y no reculo.

Para usted escribir una obra dirigida a los niños mayores de diez años no es que tiene que ser un genio, pero al menos orillarlo un chin.

Lo primero que nos preguntamos es ¿qué tiene que ver El Quijote con una auyama? Y aunque en la obra de Cervantes se mencionen las calabazas, el ingenio de la señora Emelda une varios problemas contemporáneos con personal disposición.

¿Los niños pierden interés en los estudios por estar pendientes de celulares, tabletas, audífonos, televisiones y juegos? Verdad indiscutible. Preocupación de todas las casas. La protagonista es enviada al campo, (con un diario al que no está acostumbrada), donde los abuelos. Pero lo que debería ser un viaje placentero, es punitivo, pues precisamente por bajar sus notas los padres ponen distancia entre ella y los artefactos, a ver si aprende.

El ambiente de Claridiana se establece, extraída de su cotidianidad en una casa de campo repleta de enseres y costumbres extraños, presagiando el aburrimiento y sorprendiéndose por los cambios inesperados de una familia numerosa y muy espontánea.  Hay quejas por todas partes con lo que se establece el conflicto y real y doméstico en diferentes direcciones.

Se pierden objetos y los dueños protestan. Entonces se le pierde el diario a ella y Claridiana empieza a buscarlo por dentro de la casa y por fuera, cuando… ¡el destino la une a El Quijote! No cualquier caballero andante sino uno de las auyamas que crecen en el patio de la finca.

La misma auyama que ella odiaba en la sopa y amaba en las tartas, iba a resultar en una experiencia vital para la niña citadina.


La descripción que hace Emelda de la planta y el giro fantástico del personaje inventado es ágil y verosímil dentro de la construcción literaria que regala una aventura en toda regla.

Y es aquí donde la literatura es grandiosa. Basada en el hecho científico de que las auyamas o calabazas son Cucurbitáceas, una familia de plantas que consta de aproximadamente 965 especies en alrededor de 95 géneros, El Quijote de las Auyamas va directo al asunto cuando hunde su espada en la auyama en su punto de madurez y extrae el tesoro: LAS SEMILLAS.

 Y entonces leemos:

«Y como si fuera un libro viviente, oí su vocecita ronca: —Auyama: planta de las cucurbitáceas, de tallo rastrero, o trepador, con hojas muy grandes, cubiertas de pelillos picantes, y frutos de bayas, cuyas semillas tienen la cucurbitacina de la felicidad… ¡Aaah!».

No pude evitar quedarme pensando en la palabra «felicidad». Me pregunté si yo era feliz cuando comía auyama y sí recordé dos momentos: La auyama al horno que me brindó mi amigo Luis Carvajal y el pastel de calabazas que hace la mamá de Pau, el de Papaupa. Pero también recordé a Fabián, en España, frotando los dos extremos del pepino para quitarle el amargo, un gesto del que me reí entonces, pero resulta que tiene su aquél.

Ciertamente las cucurbitáceas tienen la cucurbitacina o cucurbitina, una sustancia que logra inmovilizar parásitos intestinales. Y es tan fuerte en las plantas que aleja a muchos insectos. Pero donde está la «felicidad» es en las semillas de la auyama, (que los españoles comen por pi pá y los asiáticos también) porque tienen TRIPTÒFANO, aminoácido que ayuda al organismo a producir la famosa SEROTONINA, una sustancia que usan los nervios para enviarse mensajes (o de manera más científica: neurotransmisor). Cuando no tenemos suficiente serotonina en el organismo, aparece la depresión, ese «perro negro» que trepa en nuestra espalda y nos quita el entusiasmo y la motivación.

Entonces comprendo la genialidad de Emelda Ramos quien crea unas imágenes dignas de cinematógrafo, acelerando el encuentro de Claridiana de Santo Domingo con El Quijote de las Auyamas, en un increscendo fabuloso, digno de “Las habichuelas mágicas” de Hans Christian Andersen, al tiempo que oferta a la infancia urbana la posibilidad de sumergirse en una “selva” verde y amarilla de ondulaciones tipo montaña rusa.


El Quijote de las Auyamas se hace experto cabalgando los tallos de las plantas que crecen sin parar frenéticamente llegando a una apoteosis botánica cuando hunde su espada de cobre reluciente en la auyama. Probar las semillas, así por así no me pareció chévere porque no es lo mismo, pero hago mío el momento y lo acepto. Tirar las semillas, como sembradores borrachos, sí que me gustó por envolvernos en la sensación del crecimiento y de la abundancia

Claridiana de Santo Domingo no tarda en darse cuenta, de que el objetivo del extraño ser del huerto era hacerla una pequeña Miguel de Cervantes para que escribiera la aventura de sus "vacaciones" en el DIARIO que le regaló su mamá, que desapareciò y fue encontrado para recordarnos que «el corazón de la auyama solo lo conoce el cuchillo» y que solo ella había vivido en su pequeño cuerpo de giganta Andandona de Majalahonda (inventado el sitio para extraviarnos de Getafe), o Giganta Cariculiambra de Malindrania, ese encuentro único con el duende, enano, Pulgarcito o Quijote hortelano que la enseñó que en los alimentos está la salud y la felicidad.

Leiby Ng

17/5/2024

viernes, 15 de marzo de 2024

Cuerpo en una burbuja: una innovación de la poesía dominicana


Ryan Santos

Agradable ha sido para mí sumergirme en otra obra del prolífico escritor dominicano Julio Adames, a quien tuve la oportunidad de conocer en el reconocimiento que le realizó el año pasado el Taller Literario Virgilio Díaz Grullón del CURSA-UASD, del cual formo parte. En otras ocasiones (precisamente para presentar una breve reseña del mismo autor), me había sumergido en el mundo narrativo de Adames, especialmente en el microrrelato, en donde disfruté un montón. Lo mismo me sucedió con su poesía —en este caso para lectores ya consagrados con una formación de lectoría desarrollada—, pero no había leído su literatura infantil, para mí era un tanto desconocida. Es por ello que, en la presente ocasión, les vengo hablar sobre su obra Cuerpo en una burbuja, libro que resultó ganadora con el Premio Nacional de Literatura Infantil (concurso que cada año realiza el Ministerio de Cultura) en el año 2006. Sin más preámbulos, comencemos:

Cuerpo en una burbuja, es un poemario sumamente interesante y a la vez atrayente, que destaca por la limpieza de su lenguaje, por sus saboreables metáforas, por la inevitable musicalidad que yace en cada verso. Compuesto de cuarenta y seis poemas, esto libro se caracteriza por su gran diversidad, ya que está compuesta por el verso libre o versolibrismo (subgénero de la lírica que surgió como vanguardia en la República Dominicana a inicios del siglo XXI, que no se arraiga a ninguna regla de composición poética como el número la rima y ritmos, sino que, más bien expresa los sentimientos creando sus propias bases), explorados por grandes poetas nuestros como Otilio Vigil Díaz, Zacarías Espinal, y en parte el gran Domingo Moreno Jiménez con su Postumismo.

A pesar de ser una obra escrita para los más pequeños, aquí Julio Adames explora diversos temas de cortes filosóficos. Entre los poemas donde yacen dichos planteamientos, podemos citar “La espera”, “Qué le pasa”, “Los senderos del caracol”, “Soldadito”, “Mi tesoro”; entre otros. Estos temas, van desde la muerte hasta el Ser y el No Ser, el sufrimiento eterno de los hombres, la soledad, el pasar fugaz e inevitable de los años, la reflexión, el incomprensible sentid de la vida. A continuación, les comparto el último escrito mencionado, que para mí es uno de sus mejores logrados:

Mi tesoro

Veamos:

Mío sólo tengo el espacio infinito

y el caballo invisible que corre en el bosque

y la luna que arranco jazmín

y el agua que bebo del alba

en el claro resplandor

de agosto.

En el presente texto, podemos visualizar un conjunto de elementos simbólicos sumamente  interesantes, de los cuales quiero mencionarles unos tantos. Lo primero sería el “Infinito”, que no es más que el camino a recorrer por la vida. Ese “Caballo invisible” aquí representa la muerte que nos persigue a cada instante; el “Bosque” no es más que el más allá, mientras que “Luna, jazmín, agua, resplandor y agosto”, representan la belleza, la esperanza, la vida. En cuanto a los temas que recurre el autor, está ese significado del No Ser, como aquel hombre (todos nosotros) que no es más que una masa sin un Norte, que vive de momentos expirados y de recuerdos, sin encontrar su verdadero propósito en la vida.

Además de lo ulteriormente expresado, Cuerpo en una burbuja explora nuevas formas de poetizar de notable innovación, trabajando tanto el juego gramatical en más de tres poemas; el simbolismo, la teoría de la circularidad (también explorada por escritores de la más alta alcurnia de la literatura universal como Julio Cortázar o Jorge Luis Borges), el surrealismo etcétera.

Antes de terminar estas líneas que actualmente transcribo desde mi teléfono y bajo una bombilla encendida que me hace sudar hasta el pensamiento, debo decir que recomiendo esta obra a todo público lector, porque, a decir verdad, se va disfrutar desde su primer hasta el último verso, y navegaremos tanto por la selva como por el espacio, y pasaremos lentamente por la soledad; hasta abrazarnos levemente con el picaflor, para cantarle a la luna —bajo una noche estrellada— desde la profundidad extasiante de nuestros sueños.

ENSAYOS

Cuerpo en una burbuja - Ensayos - FUCELI - Julio Adames - Literatura - Ryan Santos

sábado, 17 de febrero de 2024

’El país de los dulces', un cuento para niños de Evelyn Ramos Miranda, por Ramón Núñez Hernández

¿Cómo no amar a la más dulce de todas las criaturas? Sus cabellos ensortijados eran chorros sedosos de mermelada. Sus ojos brillosos eran dos gotas de miel. Evelyn Ramos Miranda

«El país de los dulces», un cuento de Evelyn Ramos Miranda

Si buscamos en la Internet, el significado de la palabra Dulce, nos sorprenderíamos, al ver que acumula una basta connotación. Es decir, que puede funcionar, unas veces, como sustantivo: dulce de coco, dulce de leche, dulce de naranja. El dulce está en la nevera. La niña se comió los dulces. Este dulce está hasta para "lamberse" los dedos, etc. En otra como adjetivo: Alimento dulce. Naranja dulce. Mango dulce. Dulce sueño. Agua dulce. Leche dulce. Café dulce. Té dulce, y si agrega el afijo mente, también puede funcionar como adverbio. Ejemplo: dulcemente. 

El concepto Dulce es: palabra que deriva del latín, exactamente de dulcis, que significa “dulce”.

 La noción de dulce se utiliza para calificar a aquello que provoca un efecto agradable y sutil en el paladar. Se trata del sabor que, en una comparación, no resulta salado, ni amargo ni agrio. Por ejemplo: “A mí me tientan más los alimentos dulces que los salados”, “Tengo ganas de comer algo dulce… ¿queda algún chocolate?”, “La tarta está demasiado dulce, creo que tiene mucho azúcar”.


Evelyn Ramos Miranda, autora del libro para niños.

La idea de dulce, además, se puede emplear para hacer referencia a aquello que es apacible o agradable, y a la persona que es cariñosa, cordial, afable, tierna, bondadosa, afectuosa blando, manso, entre otras. “El nuevo álbum del artista chileno comienza con una canción muy dulce que le dedicó a su hija”. “Gracias por el obsequio, eres muy dulce” y “¡Qué niño más dulce!” son expresiones que muestran este uso.


Dulce, también puede funcionar como un nombre femenino. La actriz y cantante mexicana Dulce María Espinosa Saviñón (conocida a nivel artístico simplemente como Dulce María y la escritora española Dulce Chacón, son dos personalidades que se llaman de esta forma. Además, la cantante Dulce Pontes, que es una cantante de fados conocida a nivel internacional. Mi prima, Dulce Núñez Bodden, profesora de la UASD. En nuestro país hay lugar fronterizo, cuyo nombre es Río Dulce.

Veamos cuantas connotaciones se originan del término dulce:

Adjetivo. Que causa cierta sensación suave y agradable al paladar, como la producida por la miel y por el azúcar.

Sinónimo:  azucarado, acaramelado, dulzón.

Antónimo:  salado, amargo, agrio.

Adjetivo: Grato, gustoso y apacible.

Sinónimo:  agradable, placentero, grato, apacible, deleitoso, suave, delicioso.

Antónimo:   desagradable, ingrato.

Adjetivo. Naturalmente afable, complaciente, dócil.

Sinónimo:  afable, tierno, bondadoso, afectuoso, blando, manso.

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Sinónimos o afines de dulce

Sabor: azucarado, acaramelado, dulzón.

Cosa: agradable, placentero, grato, apacible, deleitoso, suave, delicioso.

Persona: afable, tierno, bondadoso, afectuoso, blando, manso.

Caramelo, golosina, chuchería, confite, pastel, bombón, confitura.

Adverbio: dulcemente.

Antónimos u opuestos de dulce

Salado, amargo, agrio.

Desagradable, ingrato.

Irascible.

Todas esas connotaciones y significancias nos deparan la palabra dulce. Sustantivo común y sustantivo propio, adjetivo calificativo y adjetivos adverbiales, y muchas otras connotaciones más, que vienen de El País de los Dulces, donde gobernaba la Reyna Azúcar. Mientras en el País de los Salados, gobernaba la Reyna Sal, y es vista como la intrusa, la invasora, hipócrita, porque: “Comenzó con una idea malvada, la de salar el mar que era un mar de miel; de salar sus ríos que eran ríos de gelatinas y un sinfín de postres.” (P. 10)

Es muy notable saber que hay un enfrentamiento belicoso entre el mal y el bien. La Reyna Azúcar es descrita como “una reina justa, bella y bondadosa. Cualidades que le habían bastado para ganarse el amor de sus súbditos y todo el reino en general.

¿Cómo no amar a la más dulce de todas las criaturas? Sus cabellos ensortijados eran chorros sedosos de mermelada. Sus ojos brillosos eran dos gotas de miel.

Su nariz respingada, era un perfil hermoso de puro bizcocho y boca sonrosada adquiría la tonalidad de Cherry.” (P. 8).

El sabor dulce y el sabor salado son los más apetecible por los niños, no, así como el sabor agrio y el sabor amargo. Niños, aun recién nacidos pueden diferenciar y degustar esos dos sabores. Ellos son incapaces de rechazar el dulce. Les caen bien al paladar, y los saborean, opuesto al sabor agrio y amargo que ellos aborrecen.




El País de los Dulces es un cuento brevísimo, con solo 20 páginas, con letras grandes y 519 palabras, cuyo tema central gira en torno a la del título, enfrentamiento de lo malo contra lo bueno. Lo bueno, queda representado por La Reina Azúcar y lo malo, está simbolizado por La Reina Sal, del país salado. Cuyo objetivo es, igualmente que todos los libros de literatura infantil, sea poesía o cuento, la de desarrollar pensamiento crítico, creatividad e imaginación en los niños al introducirlos en el mundo fascinante de la lectura. Crearle hábito de lectura.

Fue compuesto pensando en niños de 5 a 10 años, o quizás menos. Contiene 2 y 3 ilustraciones en cada página interna, a cargo de Daniel O. Polanco, quien es también el diagramador. No tiene biografía de la autora Evelyn Ramos Miranda, ni fotografía. Impreso en Editora Búho, S.R.L, año 2023, República Dominicana.

La portada es de lujo, con tapa dura, igualmente que el papel grueso, satinado, de tamaño 8 1/2, x 11, o sea, páginas completas, con ilustraciones a full color, y contiene la imagen de la Reyna del Azúcar con su elegante cabellera color verde y su silueta de majestad, delante de un grandioso y hermoso palacio real, vigilado por barcos y aviones hechos de dulces y miel. Pero la contraportada es blanca, con una imagen de la Reyna Sal, quien es o parece ser de raza negra. Viste de blanco y actúa sola y con gestos de odio.



A su lado tiene varios sacos de sal, los cuales utilizaría para lograr su propósito, que es alterar el orden, la paz en el residencial y sembrar la envidia y violencia donde solo existía un edificio de uva y cúpula de chocolate, de caramelo; rodeado de helados de barquillas, un palacio residencial que es el de su majestad, adornado de helado de diferentes sabores y colores, una torre canquiña, un museo de paleta; un banco de postre y un ferri de bizcocho.

Las ilustraciones internas son facción, o sea, muy coloridas. A la Reyna Azúcar la acompañan tres niños vestidos con pantalones cortos, zapatos y camisetas de diversos colores y razas, mientras ella viste falda ancha con ribetes verdes y gris, zapatillas verdes igualmente que su cabellera, la corona dorada y blusa roja, con los adornos del palacio compuesto de todos aquellos alimentos y sabores que hacen agradable el paladar: caramelo de fresa, paleta de menta, mantecado, helado de uva y chocolate, banco de postre, pastel, bizcocho, helado de varios gustos, etc.

Algo muy irónico son las lágrimas derramadas por la Reyna Azúcar y los habitantes del País de los Dulce para derrotar a la Reyna del País de los Salados, comandados por la Reyna Sal. La lágrima es una sustancia salobre producto del horror, pena, tristeza, crueldad, maltrato y abuso despiadado de quien la sufre, o doliente por la muerte de algún ser querido. Aquí, actúa como la lluvia caída del cielo para salvarnos de una gran sequía.

Es la magnánima protectora, benefactora y salvadora que nos protegerá del mal. Es decir, con llorar a chorro está la salvación del País de los Dulces.

Pues las lágrimas como resultado del sufrimiento se convierten en azúcar y así destruye El País de los Salados, revirtiendo el mal para bien y volviendo a revivir El País de los Dulces.

En resumen, El País de los Dulces, es un cuento que los niños disfrutarán en grande su lectura, y por qué no, dramatizado en voz alta, y muchas veces pedirán nuevas lecturas en repetidas ocasiones, porque está hecho pensando en lo más importante del género, cuyo propósito es, conllevar al público chiquito a escuchar, a entretenerse, a deleitarse y, penetrarlo al terreno de encanto a través de la lectura.

 (Santo Domingo, D.N., 11 / 2 / 2024).

domingo, 11 de febrero de 2024

Mar y asombro Antología de Lucía Amelia Cabral, Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil 2021

 Mar y Asombro, antología de la ilustre escritora, editora, abogada y animadora cultural, Lucía Amelia Cabral, es una sinfonía de versos, relatos y cuentos donde el candor, la belleza y el calor de las palabras cantan en armonía, bañando con destellos de sol, agua y sal, las mentes y corazones de los lectores.

La selección de veinte obras de la autora, conforman el primer libro de la serie del Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil, otorgado en el año 2021.

Esta hermosa antología es más que literatura: Es un obsequio de sorpresas que nos conquista una y otra vez como las olas, en su vaivén bajo el cielo, como los colores en el mar y las montañas, donde nace la vida.

Y es que este mundo salino, además de “mojado, fresco y maravilloso, es misterio”, como “un gran país líquido…sin fronteras”.

En sus líneas, la autora nos cuenta de “Caracolita y su casa fantástica”, y nos invita a descubrir y revivir la magia de la imaginación. No es raro que un caballito de mar forme su familia y tenga una escuela,  y que la ballena coma de todo.

En los textos de Lucía Amelia, la narrativa es poesía y viceversa, envolviéndonos en la rica fantasía, que a su vez nos hace estar sobre la tierra. Como Gabino, un potrico, que se hace amigo de la espiga de arroz “que tiene un rayo de sol”, y aprende sabiduría de la sombra que le susurra:

“Trota, trota, trotador,

que cabalgando caminos

conocerás lo mejor”.

Esta colección, hermosamente ilustrada por Adela Dore, presenta un vocabulario lleno de imágenes, demostrando la libertad en las palabras, donde el mar guarda leyendas como la de “Carmelo el bombero” y el Dr. Helecho, que recibe y envía emails.

Igualmente, descubrimos que el perfume del alhelí es la paciencia, los lagartos viajan en barcos de papel, cómo nace el color celeste y que el paisaje es una persona.

Baldemira, la nube, no tiene espejo, pero sí se “puede mirar por dentro”, y la araña Amapola se monta en el viento. Por su parte, en su Crónica de una aventura, Juanfe aprende que la montaña se ducha y que las mariposas llegan hasta el salón de clases.

En esta obra encontramos, además, una versión de Juan Bobo y Pedro Artimaña, como una mirada a los relatos costumbristas dominicanos.

La también fundadora y miembro del Círculo Dominicano de Escritores de Literatura para Niños y Jóvenes, con sus historias y sus versos, nos provoca a hacer cosas con el mar y la naturaleza, a contar las olas y las nubes, clasificarlas, jugar, creer, galopar, amar, sentir, creer y desear que ¡llovizne en el aula!

En sus textos, Lucía Amelia muestra un manejo excepcional de la lengua, con una gran riqueza de vocabulario y una extraordinaria empatía hacia los jóvenes lectores, guardando la belleza de una creación literaria impecable.

Esta antología es un deleite para los sentidos. Se disfruta al leerla, en silencio, en voz alta, adentrándonos en sus colores, en el océano, en la montaña, en los sueños, las flores, y toda la naturaleza, con el corazón y la imaginación de cada lector u oyente.

Enhorabuena. Indudablemente, la obra de Lucía Amelia Cabral, como la pequeña “Mariola” junto al mar, tiene luz propia. 

*potrico: caballo o yegua joven.


NOTA: Publicado originalmente en: https://acento.com.do/cultura/mar-y-asombro-9302640.html

Karina Castillo

Nació en Santo Domingo. Licenciada en Educación. Maestría en Gerencia de Centros Educativos y Diplomado en Escritura para Maestros por el National Writing Project, en New Hampshire, (EU). Tiene experiencia docente en las áreas de Idiomas, Letras y Escritura Creativa, en los niveles primario, secundario y universitario. Es docente en la Universidad Iberoamericana, UNIBE y en un centro escolar privado. Desde el 2013 coordina el Club de Lectura y Escritura Salomé Ureña, para niños y adolescentes. Ha impartido talleres de escritura creativa. Ha sido maestra facilitadora del Proyecto de Escritura Nacional (PEN), filial en República Dominicana del National Writing Project de EU. Miembro de Mujeres de Roca y Tinta. Escribe en los géneros de ensayo, cuento, narrativa y poesía. Ha publicado para niños La mariposa que no conocía la lluvia (Santo Domingo, (2016)) y The map of my heart (NH, 2011), este último como parte de la antología de maestros del National Writing Projet Summer Institute de los Estados Unidos: Detrás del muro, Altazor, 2019. También desde 2016, escribe reseñas literarias de obras de literatura infantil y juvenil que publica en periódicos, revistas y medios de comunicación social. Poemas suyos forman parte de diversas antologías. 

martes, 26 de diciembre de 2023

Un día de Navidad. Por Carmen Rosa Estrada

 

 

Ese año yo pedí una bicicleta y unos patines Union de cuatro ruedas, con correas de cuero, de esos que se ajustaban a los lados con una llavecita. Mami dijo “O bicicleta o patines, decídete”, y yo me puse rojita. Me largué corriendo al cuarto y tiré la puerta. Mami decía “¡Cálmate, mi hija!”, y yo mordía la almohada para que no oyera mis gritos. 

No se dijo más: el Día de Navidad me salieron con una Chopper roja, con frenos de mano, palanquita de cambios, farol delantero y timbre: una belleza. Le quité el timbre y até en su lugar una serpentina de colores que bailaba cuando yo les daba duro a los pedales. 

Los muchachos de la cuadra me gritaban “¡Ma-ri-ma-cho!”, y yo les frenaba de golpe, cerquitita de los pies. Todos corrían, menos Roni: Roni se quedaba tranquilito, mirándome a los ojos. Eso me mataba. Tenía dientes de conejo y pelo azabache, revuelto. También tenía piernas largas y ojos amarillos, ¡y era un bólido corriendo! Él tenía 9 y yo 8, y odiaba peinarme.

—A que te gano —dijo.

—A que no —le dije.

—Te doy gabela —dijo.

—Mejor te la doy yo a ti, mujercita —le dije.

Roni soportaba mis ojos con firmeza; yo también sostenía los suyos. Nos quedamos quietecitos, mirándonos fijamente. ¡Me mataban sus ojos amarillos y su pelo azabache, revuelto! Pero me aguantaba. 

Entonces, con una piedra trazamos una raya de un extremo a otro de la acera y nos pusimos detrás, quemándonos los ojos.

—A la cuenta de tres —Roni.

—A la cuenta de tres —Yo.

—La vuelta a la cuadra —Roni.

—La vuelta a la cuadra —Yo.

Entonces, dejamos de mirarnos y atisbamos a lo lejos. La acera se doblaba en la esquina, justo frente a la casa de los Javier, y se perdía en un solar de piedra y arena, hoyos y matorrales, esa parte salvaje del Gazcue de principios de los 70.

Echamos la carrera. 

Roni, de dos zancadas, me adelantó dos cuerpos. Era hermoso verlo desde atrás, con su camisa latigada por el viento y su pelo azabache, revuelto, echado hacia atrás. Yo entonces puse la tercera para rodar más ligero y de cuatro pedalazos me le adelanté un par de metros. La acera se abría ante mí, despejada, y los árboles corrían hacia atrás vertiginosamente. Yo iba viento en popa, poseída, como una valquiria salvaje. 

A pocos pasos de la meta, lancé un grito triunfal y giré la cabeza para gritarle a Roni “¡Mu-jer-ci-ta! Alcancé a ver su cara bella, sus ojos amarillos quemando los míos desde la distancia, con su pelo azabache revuelto echado hacia atrás, sus labios sonriéndome con sorna y sus piernas aladas, corriendo como en el aire. 

Luego, el timón bailó entre mis manos, me deslicé de lado y en un abrir y cerrar de ojos todo se puso negro.

……………………………………………………………………………………………… ………………………………………………………………………………………………

 

—¡Carmen Rosa! ¡Carmen Rosa! —gritaba Roni. 

—¡Carmen Rosa, por favor, despierta!—, me decía mientras me daba palmaditas en la cara. 

Poco a poco, abrí los ojos. Vi su cara, sus ojos amarillos, su pelo azabache revuelto, colgando hasta muy cerca de mi frente. 

Fue mi primer beso.


Carmen Rosa Estrada Paulino
dominicana. Poeta y escritora


 

 

viernes, 25 de agosto de 2023

CARTA ABIERTA AL NIÑO DE LOS CUENTOS


Me invitó Ligia Minaya. Fue interesante. Lucía Amelia Cabral, Brunilda Contreras y yo. Un buen encuentro en el marco de la Feria del Libro, hace varios años. Lo encontré a destiempo. No me acuerdo si se lo envié o no. Pero eso ya no importa. Esto fue lo que dije:

Querido Niño de los Cuentos:

Me dirijo a ti, porque tú representas ese grupo especial que hacemos objeto de nuestra creación, sumado al otro, ése formado por padres, maestros, tíos... sostén inigualable de tu nutrición y crecimiento;

Dime querido Niño de los Cuentos, una vez establecido que tú eres imprescindible a la infancia como el propio juego, pues ninguna imaginación se desarrolla aislada, sola, sin el aliento nuevo que llega tras contar, transmitir con palabras en el arrullo suave de una voz... ¿cómo sabremos cuándo y cómo; cuáles y por qué unos tocan el alma y otros los pies?

Uno, dos, tres... Lo sé. Desde el origen, atendiendo a esta necesidad de comunicar, de decir, de computar, de hilvanar un hecho tras otro... los humanos hemos querido trascender contando, adormeciéndo el tiempo con la repetición de la realidad ahora con palabras o sonidos, ensanchándola, adornándola con los recursos ilimitados de la imaginación o el ingenio.

Nadie mejor que tú inspiró a JANOSCH, autor de libros infantiles al expresar: "Es bello inventar historias, precisamente porque en ellas puedes imaginarlo todo, todo lo que tú deseas vivir, dónde quisieras encontrarte alguna vez, y no hay ninguna frontera infranqueable, ni ningún final. En tus historias tampoco hay nada que no pueda pasar".

¿Y quién lo duda? Sea en lenguaje mímico, oral, escrito, cibernético... si nos queremos comunicar, lo importante es expresar lo que sentimos de corazón asistidos por la imaginación.

¡Aaaah! ¡Qué adorable mezcla de ficción y verosimilitud.

Niño de los Cuentos, ¡Qué difícil es definirte! ¿Eres o no Eres? Y si así resulta para los seres ya formados, para estos que están en formación... ¡qué lío!

No en vano, muchos optan por resaltarte en dos aspectos: como relato fantástico y como narración literaria de corta extensión. Al menos es un camino, pero suena complicado ¿no? Yo sé que a ti no te gustan otros nombres. Tú te llamas CUENTO, no importa si te unen a cómputo, a computare o a contar, lo que en tu esencia está.

¿Cómo te hemos de definir? ¿Cuáles son tus características? Primero, eres una creación literaria de forma narrativa, descriptiva y muchas veces dialogada. Casi siempre tienes carácter dramático y estás escrito en prosa, pero cada vez eres más divertido, y de vez en cuando sí, sale un cuento en versos. De corta extensión, ¡ummm! Tu brevedad parece ser lo principal, en tu, digamos, personalidad. Eso no te lo despinta nadie. Si te pasas, ya eres relato o noveleta. Pero además, tú no eres realistas del todo, abrazas denodado la ficción y eso a nosotros, nos cae de maravillas, porque ¡qué aburrida la vida sin ese vuelo de la imaginación y la fantasía!

¡Oh, amigo! Desde que naciste en el antiguo Egipto, has estado poniendo a prueba a tus oyentes, a tus lectores, jugando con su embelesamiento, distrayéndolos y suministrándoles la más entusiasta diversión! ¡A veces angustia y hasta lágrimas si hay un buen interlocutor!

El Pantchatantra, Calila y Dinma, Las Mil y Una Noches... primeras manifestaciones de ti, como cuentos escritos.

Claro que no se me olvida mencionar que una de las cosas que más te gusta, algo que resulta realmente diferenciador para llegar al corazón de lectores es acompañar tu discurso literario con otro discurso, ¡pero visual! ¡Ay, esas ilustraciones que tanto expresan con sus líneas agraciadas y colores, o esas viñetas, a veces simples siluetas a un color, resultan tan queridas para el objeto impreso en que te conviertes.

Algo que no podemos discutir es que revelas una síntesis digna de admiración y aquí hay que recordar a tus padres: Poe, Juan Bosch, Quiroga, Virgilio Díaz Grullón... ¿Tus elementos? Bueno, los personajes, el ambiente o atmósfera, la trama, la intensidad y el tono ¿se me olvida algo?

Y si te empeñas, sí te recuerdo. El diálogo, ese constante respaldo a través de las palabras, descritas por el narrador o puestas en boca de tus personajes... predominio eficaz que te diferencia del resto, Niño de los Cuentos.

Tu estructura, columna vertebral. Lo primero que hay que preservar es tu unidad narrativa, la que te recorre y da coherencia. Siempre formada por la introducción o exposición, el desarrollo o nudo y el desenlace.

La introducción esboza, así rapidito, sin entrar en detalles, los personajes, el ambiente y unas cuantas frases para esquematizar la acción y dar origen a la trama.

Luego, expones el problema que hay que resolver ¡Unjú! Ese es el nudo o desarrollo que viene a ser el planteamiento de la cuestión. Ya lo decía Juan Bosch, sin problema no hay cuento.

Así avanzamos en intensidad, interesamos más y más y más y llega el punto culminante: ¡el climax! y entonces, bajamos poco a poco, paso a paso, hecho a hecho para recobrar la respiración y entonces llegamos al...

...desenlace. Se nos resuelve el problema, todo queda explicado, el conflicto deja de serlo, el nudo se desata ¡volvemos a respirar!

Sí, sí, tú tienes razón. A veces, los escritores hacemos del asunto un punto lírico y nos importa muy poco que ocurra algo realmente importante, pero tendrás que admitir que algunos salen muy bien ¿no? Lo sé, tú prefieres la acción. Eso es así, para el gusto se hicieron los diferentes cuentos.

¿Que te diga de los personajes? Bueno, tú mejor que yo lo sabes. Ellos adoptan todas las gamas de la realidad y de la fantasía. Claro, a nosotros nos dejas la coherencia entre la conducta y el lenguaje de cada uno. Sus pensamientos y sus intenciones. Corresponde al perfil psicológico del, digamos, actor o actriz, su forma de expresión. Eso se nota muy bien en las fábulas donde damos a los animales y cosas cualidades humanas. Pero en general, los cuentistas tenemos que presentar, con unos pocos trazos, a nuestros personajes de manera que queden bien definidos, física y anímicamente, por razones de brevedad.

Del ambiente, sé que es el lugar físico donde se desarrolla la acción dentro de ti. Los escritores gastamos pocas líneas a veces en establecer dónde y cómo, en aras de la universalidad, pues un ambiente muy local es desconocido para grandes públicos.

Diremos del tiempo, ya sabes que es la época en que se realizan las acciones narradas. También en ti es característica que esto sea breve. Salvo en La Bella Durmiente donde esa muchacha dura cien años ahí esperando al Príncipe... ¡Y se dice tan rápido!

Por atmósfera no me preguntes, pues desde siempre el mundo singular en que suceden las acciones es particular, único, casi encierra el estilo del autor, diría yo. Ahí se tiene que transmitir el estado emocional que privilegias tú. Puede ser de misterio, de suspenso, de humor, de melancolía, como los cuentos de mi amigo Enrique Pérez Díaz...

La trama es una verdadera cadena de acciones y estados de conciencia ocurridos en el espacio temporal. Desde la mente de un personaje, hasta la intervención del narrador, omniciente, testigo, todo sucede ahí.

Lo contrario del tedio es la intensidad, obliga a eliminar todo lo supérfluo, lo que no añade nada a la idea principal, a su desarrollo ¡Nada facil! Bueno, Voltaire lo dijo: "El secreto para ser aburrido es contarlo todo".

Tensión es sujetar al lector de la mano y vincularlo con la acción. Por eso es que los grandes maestros afirman que tú eres importante desde la primera frase, pues si el lector, el oyente, no engancha, la atención se irá para otro lado y adiós clima, adiós!

Finalmente, el tono. Nace de la forma en que los escritores abordamos nuestro cuento. Nuestra actitud hace que tengamos un tono humorístico, dramático, alegre, triste, irónico, generoso...

Y si tú insistes, habrá que dividirte por categorías. Primero, los orales y los escritos. También los escritos en versos y los que nos llegan en prosa. Están los cuentos populares, los folklóricos, los literarios, los líricos, los de aventuras o acción, los didácticos (¡puaf!) los moralizantes (¡huag!), los infantiles, fantásticos, poéticos, realistas, clásicos, modernos... ¡Qué versátil eres, caramba!

Pues, a decir verdad, casi no hay diferencia entre la literatura con adjetivo (infantil y juvenil) y la otra. Las mismas reglas funcionan para las dos... ¡Pero si seré tonta! Es simplemente un rasgo, tal vez. Si en la mente de un niño la realidad se funde con la fantasía y la culminación de un buen escritor es lograr la verosimilitud, entonces, ¿no será que entre el cuento infantil y el cuento para mayores, la única diferencia es que en los primeros el predominio de lo maravilloso lo hace todo, todo posible?

Piénsalo: Hay gigantes, dragones, Juan Bobo y Pedro Animal, Cucarachas que se casan con ratones; ratones que se apellidan Pérez, una señora de pies de barros que se llama Catilanguá Lantemué, un chico que simbra una habichuela que crece hasta llegar al cielo, un gigante que tiene una gallina que pone huevos de oro, unos niños abandonados por su padre que encuentran la casa de golosinas de la bruja del bosque; un patito que se convierte en cisne, un gato que llena a su amo de riquezas, un hermano menor que siempre pasa todas las pruebas y sobrevive; el emperador que sale con un traje invisible, la bruja que envenena a Blanca Nieves; la Bella que ama a la Bestia, Barba Azul que asesina a sus mujeres; Peter Pan que conquista la Tierra de Nunca Jamás... la hermosa rubia que hace subir a su princepe por la escalera de su cabellera, un pez que es bombero y toca la trompeta, un carrito que sube paredes, un fantasma que se vuelve monstruo por los errores ecológicos de los seres humanos... un duende de nombre difícil que quiere quedarse a toda costa con el primogénito de la Reina, nade sabe para qué.... ¡Oye, que la imaginación está desbordada! ¿Y cómo no va a ser así, si las niñas son capaces de convertir en muñecas fracos de perfume y los niños hacen de un palo de escoba un hermoso córsel?

Concluyo que un cuento destinado a los seres en formación tiene su propio universo. Allí conviven seres con poderes sobrenaturales, allí se concatenan hechos hilados por la magia. Ahí no valen las clases sociales, el plebeyo conquista a la princesa o viceversa, un un Julián Chiví se casa con una jaiba y fundan casa en la Luna, o igual un barco y una estrella, un dinosaurio sale a comer guineos o plátanos...

En ti reina lo extraordinario. De nuevo recuerdo a Juan Bosch: La esencia de describir un hecho que tiene indudable importancia y no cualquier suceso.

También lo dice Julio Cortázar al enfatizar la intensidad (la eliminación de todo lo supérfluo) y las descripciones detalladas. Es esta armonía entre tensión e intensidad lo que finalmente hace un buen cuento; todo el esfuerzo para mantener al lector, al oyente, casi en vilo hasta que se resuelve el conflicto.

Querido Niño de los Cuentos, te quiero más artístico que didáctico, y sabes bien que me refiero a que el autor debe despojarse de toda intención se enseñar. Se aprende contigo indirectamente y eso es maravilloso. Así te siento y así te disfruto. A mi aire.

Lo que alabo en ti es que nos dejas ser y sabes que en la mente de un adulto que escribe para niños, existe otro niño que no ha terminado de crecer, que no ha dejado de sentir muuuucha curiosidad, y no permite que el mundo se convierta en algo real y tangible, por lo que puede reconstruirlo de arriba a abajo y aferrarse a esa porción de vida que le hace cómplice infinito de los lectores en la aventura de una humanidad que imagimaos ¡Bendita sea! ¡Buena, Nueva, Justa y en Paz!

Me despido, Niño de los Cuentos con los versos de José Agustín Goytisolo en el hermosísimo Palabras para Julia, donde une dos mujeres: Su madre muerta en un bombardeo franquista y a su hija. Nadie tiene la verdad, pero cada quien tiene un poquito entre los dedos, no hay infancia amorfa y general. Lo que funciona para mis hijos no será igual para los hijos de mi hermano. Serán los hijos de cada uno de nosotros, con sus genéticas, sus religiones, sus nombres y sus sonrisas, pero sobre todo, con esas miradas limpias hacia el futuro.

"No sé decirte nada más,

pero tú debes comprender,

que yo aún estoy en el camino,

en el camino".

José Agustín Goytisolo

TQM


Leibi Ng

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