jueves, 6 de mayo de 2021

CAPITÁN Y LOS GUAGUONAUTAS un cuento de Jimmy Sierra


En una esquina de la avenida José Trujillo Valdez, de cuyo nombre quisiera acordarme, vivía Capitán, un personaje quijotesco de mandíbula achatada y ojos hundidos que de tanto batallar contra las chichiguas de viento, comenzó a ponerse viejo.

Entonces quiso volver a sentirse como en sus años mozos y para ello consultó a los dioses del campo Felipa y Macario que tenían su reinado en la región del Cibao. Ellos le dijeron:

–Si logras rescatar al Bello Niño de Oro que fue secuestrado por el perverso Ciprián, volverás a sentirte joven. El niño está en un lugar secreto de La Zurza.

Entonces Capitán montó en una guagua de dos pisos que podía volar por los aires y navegar por ríos y mares, y llamó a todos los valientes que quisieran ir con él a rescatar al bello niño de oro.

En la nave se montaron cincuenta príncipes encabezados por Francareto, el héroe de La Selva; Chalango, el mago de Arroyo Salado. También Chamba, el príncipe de Jarro Sucio; Felipón, el gladiador del play de La Normal y Papi el de la varita de virtud. Además, Tafeta, la hechicera de la ciudad de los Zafacones.

Se fueron navegando por el río Ozama en busca del  Bello Niño de Oro secuestrado por el malvado Ciprián.

Y en medio del río aparecieron cientos de serpientes, cada una con siete cabezas, que se lanzaron contra la guagua de dos pisos. Los valientes sacaron sus machetes y comenzaron a partir las serpientes en dos, pero cada vez que cortaban un animal, éste se multiplicaba por cinco. En pocos minutos las serpientes estaban estrangulando la nave para destrozarla.

Capitán levantó su bastón hacia el sol, dirigiendo los rayos de luz hacia las culebras para convertirlas en lombrices que al caer al río eran devoradas por los peces.

Los guaguonautas siguieron por el río Ozama y al llegar a Los Tres Brazos comenzaron a oír el croar de las ranas asesinas, cuyo canto volvía locos a los hombres buenos y convertía en estúpidos a los hombres sabios. Varios valientes enloquecieron y se lanzaron al agua siendo devorados por los cangrejos gigantes. Otros se convirtieron en estúpidos y se envenenaron al comer las gomas de la guagua.

Tafeta, la hechicera frotó sus manos mágicas haciendo aparecer muchos tallos de auyama que sirvieron de flautas. Los valientes soplaron y de los tallos salió una música linda. Las ranas, al oírla, dejaron de croar y se convirtieron en mariposas para salir volando.

Más adelante, los guaguonautas se encontraron con una lluvia de llamas lanzadas por los peces ratones que vomitaban fuego. Las llamas casi incendian la nave, pues los valientes no podían apagarlas por más agua que les lanzaban.

Entonces, Pelao, el cazador de fantasmas, lanzó su diente mágico contra el piso de la guagua haciendo salir un gato Angora que se abalanzó sobre los peces ratones y los obligó a hundirse en el agua.

Y al fin, los valientes llegaron hasta la laguna de La Zurza, cuna de los cangrejitos saltarines, pero del fondo del río surgió el perverso Ciprián convertido en pez cajón. Abrió su boca para tragarse la nave.

Capitán maniobró a tiempo y la guagua se elevó rápidamente para darle la vuelta al monstruo y atraparlo por la cola.

Capitán le dio cien vueltas a Ciprián hasta que este se rompió en tres pedazos. Dos trozos cayeron en el mar Caribe. Uno bien al este, formándose con él la isla Saona. El otro cayó al oeste formándose la isla Beata.

Capitán arrojó al centro de la isla el tercer pedazo, que era la cola, y cayó en medio del lago Enriquillo, formándose la isla Cabritos.

Entonces los guaguonautas rescataron al  Bello Niño de Oro y lo llevaron hasta los dioses del campo Felipa y Macario.

Para cumplir su promesa, los dioses campesinos recompensaron a los valientes dándoles aletas, para que nadaran como los peces; alas para que volaran como los pájaros y también la inocencia, para que sintieran como los niños.

LA CIUDAD DE LOS FANTASMAS DE CHOCOLATE. Autor: Jimmy Sierra


jueves, 29 de abril de 2021

La niña que quiso ser reina de Jimmy Sierra y José Amado Polanco. Reseña por Leibi Ng

 


Continuando con la colección loqueleo para los más pequeños, +4 que se identifica con el color verde de su lomo, presentamos La niña que quiso ser reina, del autor Jimmy Sierra con ilustraciones magníficas de José Amado Polanco.

Historia forjada para combatir la vanidad, resalta los valores de naturalidad y amistad.¨

En la contraportada leemos:

«Nati es una niña muy hermosa que tenía muchos amiguitos en su barrio, pero un día le dio por ser reina y se apartó de los suyos para participar en un concurso de belleza. Al ganarlo, fue a parar a una exhibición. Por suerte, comprendió que aquello no era para ella y pudo regresar al barrio y reintegrarse a su comunidad».

«Este cuento enseña que los niños nunca deben sentirse superiores a sus compañeros y que no pueden confiar en personas y eventos desconocidos, pues pueden ser perjudiciales».

Desde la óptica actual en que la cirugía estética ha alcanzado niveles insospechados, esta historia es naturalista y sencilla.

Jimmy Sierra equipara a los seres humanos que han obtenido galardones como ejemplares preciosos con los animales del circo que son expuestos a la contemplación del público en jaulas. Entiendo que esta obra fue escrita hace mucho tiempo.

También critica el maquillaje excesivo como dañino lo cual es cierto, pero pone: "el maquillaje de todos los días" y esto no es así, ya que el cuidado diario de la piel ha alcanzado niveles positivos al poner la cosmética al servicio de la salud. Hago el señalamiento porque los pequeños lectores sentirán la contradicción entre lo que sucede en la historia y lo que observan diariamente en sus madres, hermanas mayores, personajes de la televisión y el cine, etc.

Al igual que Pinocho, Natividad se arrepiente dado el fuerte precio pagado como castigo. Lo que sí tiene valor es que ella, en lugar de tratar de borrar el pasado y empezar de cero donde nadie la conociera, retorna a su lugar de origen y reconquista a sus amigos quienes la querían por ser quien era, no por su apariencia.

«No hay mayor belleza que la amistad», más bien debe referirse a la belleza innata del ser, su carácter y personalidad y el cultivo de su conciencia, ya que aún para ganar un concurso de belleza se requiere de la ayuda de los amigos, pero para sentirnos bien con nosotros mismos, es un acuerdo con la propia persona.

Espero que esta obra permita a padres y maestros la oportunidad de equilibrar los argumentos evitando ideas radicales.

©Leiby Ng


martes, 27 de abril de 2021

Nube de caramelo de Johanna Goede. Ilustraciones de Ruddy Núñez loqueleo +4

 


Poco a poco se va ensanchando la colección loqueleo para los más pequeños. El color verde corresponde a los +4 y lleva varios títulos*.

La autora Johanna Goede ofrece su Nube de caramelo compuesto por poemas tipo haikú con la idea de que los pequeños se motiven y creen sus propios inventos partiendo de las referencias.

Cuando yo escribí Poemas del Jardín, para leer un chin; poemas del patio, para leer otro rato, tenía en mente al mexicano José Juan Tablada, pero me falló la memoria y puse mona:

El pequeño mono me mira…

¡Quisiera decirme

algo que se le olvida!

José Juan Tablada 

El haikú, sin duda, es una oportunidad grandiosa para combatir la idea de que la poesía es tontería, de que el poeta no sirve para nada y de que los que se dedican a ella solo pierden su tiempo. ¿Por qué? por su aparente sencillez y su profunda mirada. Además, ese deslumbramiento por la observación de la Naturaleza, no debería abandonarnos jamás. 17 sílabas de 5, 7, 5 están destinadas a descubrir el mundo, a partir de uno mismo.

Todos los niños son genios, lo dice Johanna y yo lo creo desde que tengo uso de razón. Atesorar sus ocurrencias y salidas de ingenio no es tarea fácil. Encaminar esa energía pura hacia la belleza y el amor, es solo para privilegiados. Dentro de cada ser humano existe un privilegiado, pero la clave es autodescubrirse. En fin, lo entiendas o no, como dice Desiderata, has crecer la poesía en ti y a tu alrededor.

Resumiendo, acercar la poesía a los más pequeños es una misión que debe abrazar todo escritor dedicado a sembrar en los niños al potencial gran lector del mañana.

En Nube de caramelo, Johanna, la abuelita de Enrique Manuel, que vive en la montaña, podemos encontrar poemas similares a estos ejemplos:

Esa nube es

un algodón gigante

¿Será de azúcar?

___________ Johanna Goede_______________________

Dulce sonrisa

la abejita le da

al niño su miel

__________ Johanna Goede_________________________

Saltan y brincan

la pelota y el niño

y el perro también.

__________ Johanna Goede________________________

Johanna Goedes rodeada de chiquillos

Johanna Goede nació en Puerto Plata un 6 de diciembre. Es miembro de la Sociedad Cultural Renovación, con la cual realiza infinidad de actividades para niños en esa provincia norteña. Ha publilcado varios libros de poemas y relatos para niños, entre los que se encuentran Ya sé quién es Dios, Las maripositas Mirabal, El caballito Luperón, Agüita, Átomo; El primer pueblito y Las galleticas de la abuela. También escribe poemas para adultos. Ella dice que dentro de cada niño habita un genio dormido y que solo tienen que estudiar con pasión para despertarlo.


 *Serie +4


Carmen Esteva

Mario tiene una hermanita

Acuerdo entre hermanos 


Elizabeth Balaguer

Las letras andarinas

¡Yo no estoy perdido!


Jimmy Sierra

La niña que quiso ser reina

La jaibita Matilde 


Clásicos

Cuentos clásicos de hoy y de siempre

El patito feo


Dulce Elvira de los Santos

El trencito azul

La sombrilla que perdió los colores 


Hortensia Sousa de Baquero

El cangrejito escarlata



.

lunes, 26 de abril de 2021

Literatura y Público Infantil, artículo de Andrés L. Mateo, publicado en El Siglo, el 9 de diciembre de 1992

Comentarios

Sobre el Tiempo Presente/ANDRÉS L. MATEO 

Andrés L. Mateo (1946; Santo Domingo) es un escritor, novelista, poeta, filósofo, educador, crítico literario, ensayista e investigador [1]​ dominicano, ganador del Premio Nacional de Literatura 2004. Wikiperia


A Lorelay Carrón, Eleanor Grimaldi y Leibi NG. 

La literatura infantil, o literatura para niños, no ha tenido en nuestro país muchas teorizaciones ni realizaciones. Son contados los libros infantiles que se publican en nuestro medio, y muy pocos los escritores con un cierto perfil profesional que han publicado textos infantiles. Con excepción de Marcio Veloz Maggiolo y su libro De dónde vino la gente, basado en las observaciones de Fray Ramón Pané, únicamente Manuel Rueda intentó reunir en un volumen trabajos narrativos de diversos autores dominicanos.

El niño es una figura sublimada del entorno social, y la dificultad de acercarse a su mundo estriba, a mi modo de ver, en que la fantasía no puede codificarse, puesto que sus raíces son el universo onírico que escapa constantemente a nuestro control. La tradición pretende, a través de la escritura de un texto para niños, ofrecer una diversión y unos conocimientos. El modelo es siempre el de una literatura edificante que subordina toda la historia a una moraleja que puede o no estar oculta en el relato. Pero, a la luz de los nuevos conocimientos sicológicos, ¿puede considerarse adecuada una literatura infantil que solo ofrece balbuceos, consignas, o verdades codificadas de antemano en la retórica implícita de una moraleja?

Es claro que el mundo de hoy es un mundo complejo, y que el bombardeo de informaciones que recibe el niño sobre el mundo exterior abruma la vieja noción de minoridad intelectual. Los mismos mecanismos de la modernidad, sin embargo, obligan a desarrollar en la conciencia infantil una cierta imaginación liberadora, que rechace las actitudes cohibitivas de la conducta de los adultos, y que le permita acceder al mundo de lo imaginario, nombrar lo innombrable, proyectar sus temores más primarios, su inseguridad, su angustia. En un mundo así, que él reconoce como suyo, los temores se diluyen al compartirlo con la ficción, y la ficción es el vuelo del pensamiento, la fantasía como un mecanismo de conocimiento.

La gran literatura infantil de todos los tiempos ha desempeñado este papel, y ha supervivido, en la traición creadora, al tiempo arquetípico, al de los adultos, para situarse en el de la imaginación. Engañosa era, así, para los viejos pedagogos, las alas sin límites que hacían volar los cerdos en los cuentos del viejo Lewis Carrol. Y cien años antes, los Cuentos de mi madre la Oca, de Charles Perrault, que contienen los mundialmente famosos Pulgarcito, El Gato con botas, Caperucita Roja, etc. ¿No eran, acaso, la reivindicación más plena de la fantasía no manipulada? Jonathan Swift, aquel personaje iracundo que escribió en su epitafio, de su puño y letra: “Se ha ido a donde la fiera indignación no podrá lacerar más su corazón”; escribió también, Los viajes de Gulliver, y quedó en las letras más por el vuelo fantástico que dio a su ira, a su moralidad sin fronteras, que por lo que intentó combatir con sus panfletos. Ahí están los textos de Mark Twain, de Daniel Defoe, Elena Fortún, Sir James Barrie, Horacio Quiroga, José Martí. Todos al margen de esa coacción confesada o no, que se ejerce sobre el niño, creando un arte fundado en la afectividad y la inteligencia, que como dice Piaget, constituyen los dos aspectos complementarios de toda conducta humana.

Muy pocas son, en la historia de la literatura universal, las obras literarias infantiles que conjugan la excelencia formal con el contenido adecuado, liberador. Y menos, los escritores consagrados en este género. Los libros infantiles son una mediación entre la realidad objetiva y el mundo interior de su destinatario. Todos los elementos que la poesía redescubre en la realidad circundante sirven para instalar al niño en el mundo de los objetos, salir al espacio mítico de la realidad, hacerse su cómplice en ese tiempo inacabable del nunca jamás, y hasta negarse a crecer frente a la racionalidad absurda de los adultos, como el niño sublime de la novela El tambor de hojalata, de Günter Grass.

Aunque objetivamente no existen obstáculos para que un libro para niños sea también una obra literaria, el hecho comprobable es que se pueden contar con los dedos de la mano los libros merecedores de tal denominación.  En la República Dominicana esa práctica de la escritura para niños es casi totalmente ignorada, lo que deja fuera un auditorio que en nuestro país es mayoritario. Esto entraña un reto a los autores nacionales par que prestigien y cultiven el género, tan olvidado, tan empequeñecido. Hay además, un motivo adicional: este vacío ha permitido que el público infantil dominicano quede a merced de aventureros y comerciantes, que en busca de dinero tratan de ahorrarles el esfuerzo de pensar, juzgando a la niñez como a pequeños animalitos cariñosos, minimizando su capacidad racional, empobreciendo su lenguaje con diminutivos.

La literatura infantil nace siempre como una necesidad poética. Y pienso que se es escritor, que el camino de acceso a lo infantil pasa siempre por la condición de escritor, aunque se achique y se incline hasta la pequeña estatura del niño. Lo poético es el ala tendida de la imaginación, que contrario a lo que creen los mercaderes de espectáculos infantiles, no tiene nada de maniqueo, y ni siquiera es simple en su morfología. Les dejo, como muestra, estos versitos tomados de Las canciones de la nana Cleofás, viejas leyendas infantiles mexicanas, transmitidas de generación en generación, por vía oral:

 

«Estaba la luna

pelando su tuna

y echaba las cáscaras

en una laguna.

La Luna está triste

no duerme de noche

porque un conejito

le muerde el cogote.

Conejo, Conejo,

¿por qué te subiste

a la panza blanca

de la Luna triste?

jueves, 22 de abril de 2021

Creatas e Ilustrotes por Leibi Ng

Ilustración: Adrianny Almonte

Enrique llegó con Galia. Detrás, como la cúspide de una pirámide, estaba Miriam con su cabello niquelado y su mirada profunda. Los tres se situaron en diferentes puntos cardinales y colocaron sus manos en triángulo sobre la gran montaña. 

La misión debía realizarse en sólo tres mágicos días y no había tiempo que perder. Afianzaron sus calzados intergalácticos, uno en la tierra, otra en la arena y la tercera en el caliche. De rojo, blanco y dorado se tiñeron. Un viento de cordillera bailoteaba con la brisa de la costa mientras un aire fresco -que transportaba pájaros desvelados, azules, como búhos y caracolas con inscripciones-, envolvía en espiral el encuentro. 

Galia sonrió amistosa a las plantas nativas. Éstas le devolvieron la sonrisa y empezaron a desprender sus hojas para llenar el álbum por sus formas: acorazonadas, asaetadas, cuneiformes, flabeladas, ovales, panderiformes; o por sus bordes: aserradas, dentadas, laceradas, sinuadas... Galia recogió tantas, que casi no cabían en su recipiente microscópico. Eran muestras científicas de la diversidad de aquel planeta. 

Enrique sacó entonces de un talego encantado, todo el abecedario desde el tiempo de los babilonios. Letras esparció sonriendo sobre los aires y las tres clases de brisas las acunaron para depositarlas en el seno de la Rosa de los Vientos. Él empezó a contar con su voz adormecedora el origen de las cosas, los humanos y los animales, planteando la cuestión de la pensión de las Hadas y las fórmulas para encontrarse un amigo, entre brujas, gatos y relatos. 

Miriam, sonriendo apenas con mirada de diosa, puso sus dedos en "V", de "victoria", derramando su bendición sobre el fuego, el viento, la tierra y el agua, logrando abrir una puerta de helio que sólo se sujetaba por la blancura de dos ovejas tiernas. Aprovechó colores, texturas, imágenes, recuerdos... y plasmó en un rectángulo los mundos paralelos. 

Un grupo de maestras, madres, padres y palabreros los asedió pidiendo el secreto de la creatividad, la clave de la esperanza, la fórmula del futuro, la técnica del mejoramiento... Pero Enrique pidió que fueran los niños y las niñas los que hablaran. Éstos subieron hasta la cima de la montaña y empezaron a jugar sin darle mayor importancia a la discusión. 

Entonces dos hojas acorazonadas se salieron del álbum de Galia para mostrar los frutos de un huerto recién sembrado. Cuando estaban en él, se desató un ciclón caribeño. Ninguno sintió miedo. Sólo hubo un torbellino de libros, librotes y libritos que volaban traviesos. 

Abrazados entre sí se protegieron guardando los objetos de la misión secreta. 


Una tortuga enorme se desprendió del cielo. Adquirió el color de la montaña y con su piel de archivo dijo que sí y que no salvando a los pequeños. 

Un árbol de amapola se doblegó bermejo para hacer desistir al ciclón de su intento. 

Un coral de tres picos tocó con su rosado la frente de los argonautas y de inmediato, un aura de agua marina los envolvió celeste. 

Una palma antillana giró sus pencas reverdecidas y sopló el vendaval con sus aspas, ordenando los libros en variadas columnas por temas, intenciones y aciertos. 

Enrique entonces habló: 

 —Nadie puede dar lo que no tiene dentro. Todos deben amar para que amar sea el verbo que se multiplique en cada brote tierno. Tenemos un gran potencial en nuestra esencia. Es puro y bello. Obsérvenlo y vuelvan a ser niños, como los niños que quieren guiar y dirigir. Aprecien su interior y la imaginación será espontánea. Lo importante es hacerlo poniendo el corazón. 

Miriam continuó: 

 —Dejen que la curiosidad haga su parte. Serán creativos los que en sus mentes tengan preguntas por contestar. No todo es verdad. Pero en cada cosa hay un poquito de verdad y cada uno ha de buscar la suya. 

Galia concluyó: 

 —Todos necesitamos vencer obstáculos. Hay que trazarse metas y triunfar sobre los retos que desafíen nuestro pensar. 

Entonces los niños levantaron a la tortuga. Bajaron de la montaña y tomaron a los maestros, padres y creatas de las manos poniéndolos frente al sol para enseñarles a meditar; a encontrar imágenes interiores y a respirar profundamente la virtud y belleza del Ser original. 


Tres días mágicos volaron hacia el pasado. Enrique salió primero. Galia, segunda. Miriam dejó una sonrisa sobre aquella tierra y partieron hacia el Cosmos Norte. 

Dos hojitas acorazonadas decían adiós suavemente. Sobre la arena, quedaron dibujadas las palabras del triángulo: mente, cuerpo y espíritu. 

El horizonte se integró al borde del mundo. Amplio, luminoso e infinito.

Fin

Por Leibi Ng Báez

Este cuento es un homenaje a Enrique Pérez Díaz, su esposa Galia Chang y la ilustradora Miriam Giménez de Cuba


miércoles, 21 de abril de 2021

La última ceiba de Virginia Read Escobal

 


distopía

Del lat. mod. dystopia, y este del gr. δυσ- dys- 'dis-2' y utopia 'utopía'.

1. f. Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas

causantes de la alienación humana.

La escritora de las causas sociales

Virginia Read se caracteriza por su profunda preocupación por los temas sociales y nos muestra en muchas de sus creaciones que más vale hacer algo que mirar tranquilamente desde nuestro confort.

Su exitoso proyecto "Lleva un libro en la maleta" dice mucho de su interés por llevar educación a la infancia dominicana porque cree que en la educación está la clave del futuro digno.

Con "Un maestro en la montaña", también valora la gran necesidad del país que no cuenta con suficientes maestros vocacionales en cualquier rincón del territorio donde hacen falta.

Virginia Read con La última ceiba nos deja claro que quiere a la juventud dominicana comprometida con la conservación medioambiental de la República Dominicana porque en la recuperación de la Tierra, no hay plan B, como dijo alguien.

La última ceiba trata de una sociedad futura creada con los despojos de lo que hoy existe en un mundo que colapsó por el mal manejo de sus recursos, impotente ante los fenómenos naturales.

Este libro me hizo recordar la serie china NOCHE ETERNA, en la que un jovencito, único sobreviviente de su estirpe, encuentra en los escombros a una bebé y se hace cargo de ella por instinto convirtiéndose en padre sin darse cuenta.

También, hay rasgos de BARRENDEROS ESPACIALES, film surcoreano e igual, algunos tonos de la escritora Laura Gallegos en sus obras emblemáticas, pero Virginia es Virginia y su autenticidad resplandece al ubicarnos geográficamente y enfocada en su historia.

La obra, en 162 páginas narra la angustia de Elú, así, simplemente. Un adolescente que se ve involucrado en un accidente que no acaba de aceptar por lo que recibe tratamiento para su equilibrio mental. Elú, es un poco desconsiderado por su jefa de carácter tiránico Karen. Ellos pertenecen a un cuerpo de élite llamado Poli-Caps. Igual que en las formaciones militares, reciben grados de acuerdo a su desarrollo y capacidades. El terror de Elú es que lo degraden a Uni-Cap, que son los que se ocupan de los trabajos prácticos elementales.

¿Por qué Karen discrimina a Elú? Parece que ella considera que él no entró al cuerpo de guardianes por sus méritos, sino por ser nieto de quien es.

En paralelo, está Shandra, quien acaba de recibir un corazón de un guardián y quiere saber quién era él así que cuando llegué a la frase:

«¿De quién es este corazón que late en mi pecho»... ¡Me emocioné!

Le copio una página del libro para que aquilaten la narración:

Un hongo es una sólida torre de diseño sencillo, fabricada en concreto pulido y con base de forma circular, de un diámetro de interior de 6,00 metros. Ese espacio interior está protegido por paredes de un metro de grosor. Se accede desde el exterior por una única puerta que se sella tres veces. Dentro de ese espacio interior se cuenta con una sencilla escalera que asciende por la pared y es retractable en las dos primeras plantas. Años después se incluyeron ascensores que también pueden sellarse. En la planta base hay un colector que da al sótano y se utiliza para arrojar por ahí los trajes filtros para su limpieza.

En la segunda y tercera plantas hay unidades de control y seguridad. Luego están las aulas, áreas comunes y viviendas. En la penúltima planta están los laboratorios y pabellones de sanación y en la última planta están los observatorios y base de drones.

El mismo ascensor se encarga de la purificación de los que acceden al edificio.

El aspecto de esas torres es el de una ancha chimenea de aproximadamente diez metros de altura, coronada por algo parecido al sombrero de un hongo. En ellos solo vivimos los Poli-Caps.

Nuestra reserva fue la primera en organizarse como colonia. Actualmente contamos con nueve hongos.

Partiendo del ejemplo de SAJOMA el sistema fue reproduciéndose a lo largo de todo el perímetro de la rserva natural que quedaba, para luego multiplicarse en el resto de las reservas del país.

Alrededor de los parques JAB-JCR hoy en día, contamos con siete colonias distribuidas de manera estratégica.

Gracias a este sistema, las reservas son prácticamente inexpugnables. Y en caso de ataques o condiciones climatológicas muy adversas, cada hongo es autosostenible y se puede aislar a todo agente externo. Aunque también hay túneles que permiten la comunicación en el subsuelo y por el aire circulan los drones de vigilancia. Todo está controlado gracias al ingenio de los Poli-Caps.

Los Poli-Caps no descansamos y menos cuando estamos en la etapa formativa de guardianes, donde se nos estimula para estar al acecho con disciplina férrea. Por eso, ante el mínimo descuido de nuestros jefes abundan las bromas y los momentos robados a tanta energía reprimida. Mi primo Roque es cabecilla de a mayoría de esas bromas, es un líder nato, admirado por todos. Con dolor recuerdo que ya no puedo considerarme uno de ellos.

Retomando, por otro lado está la abuela de Elú, Eva-Bey una especie de científica, conservacionista, tierna y maternal que es una especie de ser superior por su sabiduría, preocupada por reproducir y mantener la poca vegetación que existe.

Por desgracia y por fortuna a la vez, hay unos sobrevivientes a los que denominan ajenos y dentro de ellos, desposeídos de todo y condenados a deambular, está Quili que es el chico que encuentra a la niña. La niña, a quien él llama Ceres en homenaje a su mamá de él, resulta ser... ¿Quieren saber? ¡COMPREN EL LIBRO!

Los ajenos sobreviven recogiendo
la poca comida que encuentran,
cubiertos de trapos para protegerse
de los rayos ultravioletas y expuestos
a ser fulminados en cualquier
momento, ya que no pueden
pasar de los límites.

Recomiendo este libro no solo a los jóvenes sino a los mismos escritores y aspirantes, ya que marca un hito en la literatura infantil y juvenil dominicana. Que yo sepa, Virginia Read Escobal es la primera en incursionar en este género al crear una distopía, que tiene amplia base para convertirse en serie. ¡Felicidades, Virginia!

Saludamos la apertura de Editora Santillana a las ventas en línea. Miren aquí:

https://www.tiendasantillana.com.do/la-ultima-ceiba-loqueleo


Virginia Read Escobal

Nació en Santo Domingo, República Dominicana, y desde muy pequeña su padre le hizo consciente de la importancia de conocer y conservar la naturaleza. 

Creció "con libros, cabitos de lápices y papeles en la biblioteca" de su abuelo y en la trastienda de su farmacia, mirando sus libros de arte y dibujando. Poco a poco se convirtió en amante de la lectura y de los libros (también leía paquitos). 

Se graduó de arquitectura, Ha publicado "Tres moñitos no" y "Carlitos James busca un cundeamor”, las novelas infantiles "Noches de luna nueva" y "Días de sol radiante"."El pacto de Guani", que es Premio Anual de Literatura Infantil y Juvenil "Aurora Tavárez Belliard", 2012. También "La cocina de mi abuela". 

Es la promotora de la iniciativa de Lleva un libro en la maleta, cuya función es transportar libros y material escolar a República Dominicana, y donarlos a las escuelas, bibliotecas y proyectos educativos que lo necesiten.

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