domingo, 29 de julio de 2018

DON GATO Y DON RATON

Cuento infantil de Juan Bosch


Don gato estaba una vez paseándose sobre una pared, y al mirar hacia abajo observó que una cosa se movía dentro de una barrica. Esta contenía un poco de ron y cuando Don Gato se acercó se relamió de gusto al ver que quien estaba ahogándose en el licor era nada menos que su tormentoso enemigo, el joven Ratón.
—Compadre Gato —clamó el infeliz— me estoy asfixiando aquí. Haga un favor, siquiera sea una vez.
—Yo lo siento, compadre Ratón —contestó sin piedad alguna Don Gato.
—Oiga —insistió el moribundo— le prometo engordar cuando salga de aquí y volver donde usted, para que me coma.
Al oír tan agradable proposición, Don Gato se detuvo, se llevó la patita a la barbilla, como quien piensa, y contestó:
—Yo no creo en la palabra suya, amigo Ratón; pero si usted me promete engordar y volver, trataré de ayudarle.
Al joven e impertinente Don Ratón le brillaron los ojitos, porque a decir verdad no se sentía muy bien en el ron, que le estaba quemando las peladuras, que se había hecho tratando de conseguir queso.
—Le juro a usted, compadre Gato, que cumplo mi promesa— afirmó. Entonces Don Gato buscó una tablita, la colocó de modo que tocara el fondo y el borde de la barrica, y por ella salió el entripado Don Ratón. Cuando estuvo afuera volvió la cara y se ausentó lo más deprisa posible, por si acaso. Pasaron los días, las semanas, y hasta medio año. Un día Don Gato se paseaba tranquilamente por el patio de su casa y vio unos ojitos brillar en el fondo de una cueva.
—¡Hola, compadre Don Ratón! —¿Qué tal, amigo Don Gato?— respondió aquel cínicamente
—¡Cómo! —¿Ya usted no se acuerda de lo prometido?
—¿Prometido? —preguntó Don Ratón. Entonces Don Gato, con las mejores palabras de su léxico, explicó el caso tal como sucediera.
—¡Ah sí! -dijo Don Ratón—. Lo recuerdo muy bien.
—¿Y no va usted a cumplir ahora su promesa? —preguntó el gato, relamiéndose al pensar en su próximo banquete.
—¿Yo cumplirla? ¿Qué era lo que había en la barrica, compadre Gato?
—Ron, si no me equivoco —respondió éste.
El joven Don Ratón se echó a reír estrepitosamente y cuando hubo terminado explicó:
—Si era ron, es indudable que yo estaba borracho, y usted estará de acuerdo conmigo, compadre Gato, que nadie le hace caso a las palabras de un borracho. Y el “compadre” Gato no supo qué contestar.


JUAN BOSCH

sábado, 14 de julio de 2018

Decálogo ético del escritor Por Carlos Fong

“No pido milagros y visiones, Señor, pido la fuerza para la vida diaria. Enséñame el arte de los pequeños pasos. Hazme hábil y creativo para notar a tiempo, en la multiplicidad y variedad de lo cotidiano, los conocimientos y experiencias que me atañen personalmente”. (Cita de Antoine de Saint-Exupéry).

1. No codiciarás el talento de tu prójimo bajo ningún precio. La honestidad no se negocia. Si aspiras a ser un escritor genuino, sé honesto con lo que escribes.

2. Un escritor no es una celebridad de cine ni un rock star. No permitas que la fama nuble tu personalidad. Rehúye a ser un escritor de cartelera.

3. Cuando escribes haces una declaración de conocimiento. Procura que tus ideas, aunque sean producto de la imaginación, tengan valor para la humanidad.

4. Parafrasea a Kafka: un escritor no tiene intereses literarios; solo le interesa descubrir y revelar la terriblemente hermosa condición humana.

5. Esfuérzate por ser sincero cuando escribas. El mundo es sincero contigo día a día, aunque su imagen sea muchas veces brutal. Sé pertinente con tus palabras, porque estarán a disposición del otro y las usará contra ti.

6. La inteligencia es propiedad privada; pero no olvides que también es un correlato del mundo que implica al otro. Sé inteligente para ser fuerte, porque los otros no tendrán clemencia y serán crueles.

7. Blíndate contra la mediocridad del mundo. La ciega voluntad de buscar el reconocimiento alimenta la mediocridad. El mediocre hace ruido para llamar la atención.

8. Parafrasea a Kundera: la moral de un escritor radica en el descubrimiento de una parte esencial desconocida de la existencia. La única moral de una obra es el conocimiento.

9. El arte de escribir es un contrato con el lenguaje. El que escribe hace un pacto tácito con el lenguaje, pero también hay un acuerdo implícito con el lector. Nunca violes ese acuerdo.

10. No te empeñes en buscar el reconocimiento. Si tu obra pasa invisible sin lograr la aprobación, es porque no ha sido comprendida en este tiempo o, simplemente, nunca fue una obra.

Por Carlos Fong
La Prensa, 30 jun 2018 -
El autor es escritor panameño

Presentación de Virginia Read de Escobal al libro "El Tesoro Escondido de la Ciudad Colonial" de Nelia Barletta

Virginia Read Escobal

Estimados amigos, niños lectores:
Buscar tesoros escondidos siempre es divertido, acercarse a la historia, muchas veces no lo es tanto.
Con su primer libro, ese que tanto llena de ilusión a quien escribe y sobe todo quien escribe para niños, Nelia nos lleva de la mano por un hermoso recorrido histórico de nuestra zona colonial, la más, más, más…
Tres personajes nos cuentan acerca de las valiosas piedras que conforman una parte importantísima del patrimonio arquitectónico dominicano:
Alaia, con sus ojos curiosos del presente.
Nico, con la mirada cargada de experiencias pasadas y a veces con un toque de perplejidad.
Finalmente Tito, con su visita a vuelo de pájaro nos enseña de la manera, más, más, más divertida y didáctica.
y… queridos niños lectores, sucede la magia. Ese conjunto de piedras cobra vida y nos cuentan cosas interesantes. Porque al fin y al cabo, ¿de qué nos sirve un edificio hermoso y único, si no conocemos su historia y la de aquellos que lo habitaron? ¿O las historias de los que hoy en día siguen viviendo en ellos y deben convertirse en sus guardianes?
Porque sinceramente he llegado a la conclusión que el mayor tesoro de nuestra zona colonial es sin duda, que sigue viva… Y Nelia, nos facilita, con la lectura de este libro, y que además hermosamente ilustrado por Ana Díaz, un primer acercamiento a su interesante historia.
Aprovechamos esta oportunidad y armémonos de gran curiosidad, abramos bien los ojos y los oídos y despleguemos los mapas del tesoro.
Por último, no puedo dejar pasar la oportunidad de resaltar que este libro tiene otra importantísima misión, y es que su venta dará soporte a los proyectos de la Fundación Abriendo Camino, en Villas Agrícolas. Un proyecto ejemplar que invito a todos a visitar.
Muchas gracias Nelia, y a todos.
Virginia Read Escobal



jueves, 12 de julio de 2018

Santuarios de Mamíferos Marinos. PROPAGÁS


Lucía Amelia Cabral, Amanda Garcell Domínguez (1er.lugar), Rosa Margarita Bonetti de Santana, Elijah Hassan (2do Lugar), Marcos Abreu (3er Lugar) y María Teresa Catraín (Foto: Fuente externa)

Es la 7ma. Edición del Concurso Literario Infantil-Juvenil Letra Natural, mediante un acto de premiación impregnado de versos y cantos que giran alrededor de la Bahía de Samaná y nuestros santuarios de mamíferos marinos.

Santo Domingo.- La Fundación Propagas presentó con orgullo y entusiasmo la 7ma edición de su Concurso Literario Infantil - Juvenil Letra Natural, con el tema “Versos y Canciones a Nuestros Santuarios de Mamíferos Marinos” mediante la publicación de un libro impregnado de versos y cantos que giran alrededor de la Bahía de Samaná y nuestros santuarios de mamíferos marinos.

Tres especies representativas: Ballenas Jorobadas, Manatíes y Delfines protagonizan la diversidad de los géneros musicales de estas composiciones que nos recuerdan la importancia de respetar y cuidar nuestra biodiversidad.

El Concurso Letra Natural se inició en el año 2011 para promover y desarrollar en nuestros jóvenes, la sensibilidad a la lectura y la escritura, el amor hacia la naturaleza y el cuidado a nuestra biodiversidad. Un programa que nos invita a soñar con un mundo mejor, con la posibilidad de un despertar de consciencia. Y que año tras año, nos devuelve la esperanza de que la voz de cada uno de estos niños será escuchada.

Las palabras centrales del acto de premiación estuvieron a cargo de la Presidente de la Fundación Propagas, Sra. Rosa M. Bonetti de Santana, quien resaltó que: "Bahía de Samaná y Nuestros Santuarios de Mamíferos Marinos son sus tres protagonistas: "Ballena Salt: La gran dama", "Tamaury: el huérfano manatí" y "Un delfín nariz de botella llamado corazón" fueron el punto de partida de un rico proceso creativo que inspiraron esta nueva edición del Concurso Letra Natural.

Desde octubre 2017 hasta marzo 2018, el equipo educativo de la Fundación Propagas ha estado impartiendo charlas de sensibilización en las que los estudiantes pudieron conocer la realidad de
estas tres especies de mamíferos marinos: ballena jorobada, delfín y manatí, aprendiendo cómo sobreviven, sus amenazas y constantes batallas por la vida".

La Sra. Bonetti de Santana expresó sentirse satisfecha que este año el concurso contó con la participación de aproximadamente dos mil estudiantes de 4to y 5to de secundaria, de unos 30 centros educativos públicos y privados de nuestro país, de los cuales 150 jóvenes se sintieron motivados a investigar sobre estas especies marinas y expresaran en un poema musical sus reflexiones.

De los participantes se pre-seleccionaron 90 y 12 lograron convertirse en ganadores, luego de un riguroso proceso de selección que estuvo bajo la responsabilidad de un cuerpo de jurado compuesto por literatos y expertos en temas de ecología y diversidad biológica en la República Dominicana.

La Sra. Bonetti de Santana concluyó sus palabras destacando: “Las obras que entregamos en esta 7ma edición de Letra Natural son por primera vez en dos formatos: un libro conteniendo la publicación de los versos y canciones, así como un disco compacto (CD) con una producción musical de alta calidad, ambos se suman a nuestro acervo de seis ediciones anteriores que contribuyen a conocer, amar y respetar nuestra biodiversidad.

Ambas obras integran arte y naturaleza en un canto por la vida y protección de nuestras especies marinas" .

En el libro y en CD “Versos y Canciones a Nuestros Santuarios de Mamíferos Marinos” nos acompaña el arte musical expresados a través de la escritura de versos, canciones, un tema que nos invita a sensibilizar y concientizar sobre la importancia de estos recursos naturales a través de este concurso literario que motiva al pensamiento y la producción científico-literaria mediante encuentros interactivos y reflexivos que llevan a una formación consciente de cómo debemos relacionarnos con la naturaleza.

Los cuentos ganadores seleccionados en esta séptima edición de este Concurso Literario Letra Natural, en el que resultaron ganadores los siguientes estudiantes y sus respectivas obras:
Primer: El gran azul  Amanda Garcell Domíguez

Segundo Quisiera yo Elijah Hassan Fernández

Tercer El camino Marcos Magdiel Abreu De La Cruz

Mención Especial Lágrimas de sal Sarah Elizabeth Amaro Castillo

Mención Especial Oasis Abril Soler Rocha

Mención Especial Un mar de vida José Alejandro Ureña Piña

Mención Especial A los animales del santaurio Mario Alejandro Galán Soto

Mención La Bahía de Samaná Edward Villa Sánchez

Mención Tres historias, una canción Yariely Díaz De La Cruz

Mención Un mundo para las ballenas Aslín García

Mención Bahía de Samaná  Luis Daniel Pelletier Vargas

Mención Tenemos que ayudar María Fernanda Crespo Toral

Premios para Ganadores:
Los tres primeros lugares ganadores recibieron premios educativos especiales y todos los participantes recibieron un certificado de reconocimiento, una excursión educativa al Acuario Nacional, dirigida por expertos para conocer de cerca la experiencia del caso del manatí, una orden de compra de artículo tecnológico en la tienda Iparra Del Caribe (Todos), todos los premios con valores literarios indiscutibles y un mensaje de conservación medioambiental expresado magistralmente, según la valoración de los especialistas que formaron parte del Jurado.

Jurado, artistas ilustradores y Equipo de Trabajo de la Fundación Propagas:
El jurado de este concurso estuvo compuesto por un equipo de profesionales integrales del area de literatura y ciencias, de trayectoria académica sustancial, de aporte social y de sensibilidad humana como: Lucía Amelia Cabral, María Teresa Catrain, Orlando Muñoz, Bilda Valentín, Eladio Fernández, Eduardo Vásquez y Eladia Gesto, personas que con entrega y dedicación nos acompañaron en la ardua elección y decisión de las obras ganadoras.

Los ilustradores que tuvieron a cargo el diseño de las imágenes de los cuentos ganadores fueron los talentosos artistas: Ilka Marra, Camile Olivero Lara, Ivanna Candelier y Domingo Guzmán.

Por parte del equipo de la Fundación Propagas, la Lic. Tomiko Castro, Gerente de Pedagogía, tuvo a su cargo el liderazgo del proceso de visitas a las escuelas y colegios participantes, motivando junto a su equipo especial conformado por Nelson Liriano, Eladio Fernández y Eduardo Vásquez, a los talentosos estudiantes que demostraron a través de sus versos una sensibilidad especial hacia la naturaleza.

El acto de premiación tuvo como escenario el auditorio y la Sala Gigantes Marinos del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), contó con la presentación musical del Coro Infantil Flor de Bayahibe con las obras ganadores de los tres primeros lugares que fue muy emotiva y aplaudida.

La Fundación Propagas clausuró el acto agradeciendo a las instituciones educativas y a los jóvenes participantes junto a sus padres y familiares, y reafirmando su compromiso en seguir desarrollando proyectos educativos que promuevan la preservación de la naturaleza.

FUENTE:
http://www.diariohispaniola.com/noticia/41866/entretenimiento-y-cultura/fundacion-propagas-presenta-versos-y-canciones-a-nuestros-santuarios-de-mamiferos-marinos.html

lunes, 18 de junio de 2018

Los Quinquilibrillos, por: Belié Beltrán (@Jeltran)


Había una vez y dos son tres, que el que no compraba azúcar no bebía café.
Este era un hombre muy pobre, muy pobre, muy pobre. El hombre era tan pobre que aunque dormía encuero no le picaban los mosquitos porque les daba pena chuparle la sangre. El hombre tenía un hijo. Así como tú, quizá un chin más grande, como de diez años.
El muchacho y su papá vivían juntos. Comían de lo que hallaban en los montes. Y a veces un compadre les daba algo, aunque no mucho.
El compadre era muy rico. Siempre hablaba de todas las cabezas de vaca y puercos y chivos que tenía. Le decía al hombre que tenía tanta tierra que a veces se le cansaban los ojos de mirar tan lejos.
El compadre quería que el hombre le dejara llevarse a su ahijado a vivir con él. Pero el hombre siempre se negaba.
—Compadre, es que ese es mi muchachito. Yo le prometí a su mamá que siempre lo iba a cuidar. —Decía.
El compadre siempre volvía. Contaba las mismas cosas:
—Compadre, mi mujer y yo no tenemos hijos. Usted no puede darle nada. Mire que flaco está ese muchacho de pasar hambre. Conmigo él va a estar mejor. Y un día todo lo mío va a ser suyo. ¿Es que usted no quiere lo mejor para su hijo?
En fin, que tanto embromó y embromó el compadre rico, que el pobre, un día aceptó entregarle al hijo.
Así es que el compadre rico montó el muchacho con él en el caballo y se lo llevó a vivir a su casa.
—Ahijado ¿tú ves esas vacas allá lejos? Todo eso es mío —decía, y más adelante: —¿tú ves esa recua de chivos que van para el río allá lejos? Todo eso es mío.
Y mientras el ahijado no decía nada, continuaba:
—Ahijado ¿tú ves ese monte de cacao allá donde se pierden los ojos? Todo eso es mío.
El muchacho respondía que sí a todo. Luego bajaba la cabeza muy triste.
Al principio todo iba bien. El padrino no le hacía mucho caso al ahijado. Pero el muchacho no se quejaba. Pero un día:
—¡Ahijado, ven acá! ¡Corre, juye! —lo llamó con escándalo. El muchacho, muy preocupado, corrió:
—¡Dígame, padrino! —el padrino señaló algo en el suelo y le preguntó:
—Ahijado ¿qué es eso?
—Esos son unos zapatos —contestó muy sorprendido por la pregunta.
El padrino se enojó muchísimo. Y lo insultó:
—Yo sabía que mi compadre te tenía bruto —bramó —pero no sabía que era tanto. Eso no se llama zapato, se llama “Quinquilibrillo”.
El muchacho no dijo nada. No le gustó lo que le dijo el padrino, pero se quedó tranquilo.
Al día siguiente estaban haciendo unos trabajos en la casa. El niño miraba a los trabajadores y les pasaba martillos y clavos. En eso estaba cuando el padrino lo llamó
—¡Ahijado corre, corre, juye, ven acá!
Otra vez el muchacho fue corriendo adonde el padrino. Y esta vez no le tomó de sorpresa la pregunta:
—¿Qué es eso? —preguntó señalando a una escalera. El niño se quedó callado un rato.
—¡Conteste cuando yo le hable! —Lo golpeó. El muchacho exclamó:
—¡Es una escalera! —Y ahí sí fue. Parecía que al padrino le mentaran la madre.
—¡Pero muchacho, tú sí eres bruto! ¡Qué vergüenza debería darte! ¡Eso no se llama escalera! Se llama “Suba Los Pasos Completos”—El pobre muchacho se quedaba callado, aguantando. La mujer del padrino trataba de consolarlo, pero no podía hacer gran cosa.
Al día siguiente el muchacho estaba con los trabajadores. En eso llega el padrino del monte, se queda viéndolo y le dice:
—Ahijado, ¿qué es eso? —el muchacho se puso como un papel, pero una pescozada del padrino lo hizo ponerse colorado.
—Eso es una casa, padrino —gritó. El padrino se enfureció. Se quitó la correa y le entró a correazos:
—¡Eso no se llama casa, animal, eso se llama “vitoco” —uno, tituá, dos, tituá, tres tituá, cincuenta correazos. Esa noche la madrina tuvo que ponerle Ubrenal y sebo de Flandes por todas partes.
El padrino tenía un gato. Ese gato era la niña de sus ojos. Lo quería casi más que a su mujer. Si él comía, el último bocaíto de comida era para el gato. Si se estaba bebiendo el café en la tarde, lo hacía pasándole la mano al gato.
—Ahijado, ¿qué animal es ese? —preguntó acariciando al gato. —El muchacho se quedó callado. Miró para todas partes. Parecía un ratón cuando lo van a atrapar:
—Padrino… es que usted me va a dar —dijo mirando al suelo. El padrino se puso de pie, agarró un fuete de arrear las vacas.
—No te lo voy a repetir —lo amenazó.
—Eso… eso es… ¡Padrino es que usted me va a dar! —decía. En eso el padrino le metió un fuetazo en la cara.
—¡Tan malcriado! ¿Qué animal es ese? —gritaba.
—¡Eso es un gato! —contestó desesperado.
El padrino lo insultó peor que las otras veces. Y mientras lo golpeaba una y otra vez, fuipi, fuipi fuipi, con el fuete, le decía:
—Yo te voy a decir gato a ti, tan bruto. Eso se llama “Animal Caspa La Raya”.
Así fueron pasando lecciones y castigos. La candela se llamaba Clemencia y el agua Paciencia. Y cada cosa el muchacho la aprendió a golpes y a ratos hincado al sol con piedras en las manos. Hasta que un día se dijo: “No se apure. Yo le voy a decir a usted por abusador”.
La casa del padrino estaba techada de yagua y cana. Era una casa muy grande, con piso de madera y con paredes echas de tablones. Así como eran las casas antes.
Una noche el muchacho se levantó de madrugada. Hizo como si fuera a salir a orinar al patio. Y solo se repetía: “No se apure, no se apure”.
Agarró al gato. Le echó gasolina y lo prendió.
El gato hizo ¡Sópete, para encima de la casa! Chillaba que se oía de aquí al río. Y ya ustedes saben, ese gato revolcándose en el techo de la casa, prendido en candela.
El muchacho subió a una mata de guayaba y cuando ya la casa se estaba quemando bien, comenzó a gritar:
—¡Padrino, padrino! ¡Póngase los quinquilibrillos, suba los pasos completos que el animal caspa la raya está prendido en clemencia y si no corre con paciencia se le quemará el vitoco!
El padrino se despertó con los gritos del ahijado cuando ya estaba rodeado de candela por todas partes. Y sin entender lo que le gritaba el muchacho, empezó a vocear:
—¡Agua, ahijado! ¡Agua, ahijado!
—¡Paciencia, padrino! ¡Paciencia! —contestaba él.
—¡Agua, ahijado! ¡Agua, ahijado!
—¡Paciencia, padrino! ¡Paciencia!
Esa mañana el muchacho se fue corriendo a buscar a su papá. Lo encontró en la casita en la que vivía antes. Y se abrazaron. Y se quedaron juntos. Y estaban contentísimos y a mí me dejaron aquí contando el cuento. FIN


Publicado originalmente en:
http://z101digital.com/articulos/uno-de-los-cuentos-que-me-contaba-mi-papa-06-06-2018
Por: Belié Beltrán (@Jeltran), licenciado por PUCMM y mágister por APEC en comunicación corporativa. Es autor de los libros “Pardavelito” (cuento) y “Crónicas a la Colmena” (poesía). Fue traducido al alemán por el Goethe Institut y ha ganado varios premios de poesía y cuento.

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A continuación, la nota original del autor:

"Todas las noches mi papá utilizaba el mismo método para entretenernos hasta que llegara la luz. Nos sentaba a los tres hermanos en sus piernas e iniciaba un cuento que con certeza acabaría encadenándose a otro.

El repertorio tenía un límite. Pero este quedaba oculto entre las combinaciones que mi papá hacía entre historia e historia.

Los cuentos eran una mezcla de narraciones tradicionales que aprendió de sus padres, anécdotas, leyendas de camino y cuanto insumo pudiera meter en el saco.

Solo parecía haber una regla inviolable: el marco de un cuento no podía competir con el marco de otro.

Es decir, si narraba las vivencias de Juan Busca Fiesta, no podía atribuirle a él las hazañas de Pedro Animal. Eso no impedía que en algún momento de la noche, digamos que a una hora de distancia entre el final del cuento y la venida de la luz, Juan Bobo y Gutino se encontraran en algún camino real.

Les contaré uno de los cuentos que más me gustaron desde siempre. Bueno, si no me hubiera olvidado del de los bollos mocatos y el aguacate.

Este es el cuento de los “Quinquilibrillos”. Ojalá consiga captar el aire que papi le daba a este cuento.

Nota: Si pudiera hablaría de cómo en los cuentos folclóricos y leyendas contemporáneas hemos ido hilando una especie de espejo de la narrativa cotidiana que vivimos. Y ni hablar de códigos éticos.

Nota 2: Empecé estas líneas para perorar sobre cómo poco a poco hemos perdido la capacidad de aceptación de situaciones que en las historias solo pretendían entretener, ser. Ahora lo hacemos para leer y deconstruir desde las miradas de lo políticamente correcto.

Nota 3: Esto no es un cirio ante la nostalgia. Es un cuento que papi me contaba y que posiblemente es la mejor historia que me contó, si no contara con el de los tres bollos mocatos.


sábado, 16 de junio de 2018

LOLA primer libro infantil de Junot Díaz. El país mágico de los inmigrantes


He terminado el libro que tan amablemente me regaló Elizabeth Balaguer.  Lola de Junot Díaz y Leo Espinosa como ilustrador magnífico. Edición en español de ISLANDBORN. Es una historia emotiva que toca el corazón y llena de empatía a todos cuantos han tenido que dejar su país para vivir en tierra extranjera.

Yo no sé si Junot Díaz leyó a Lorelay Carrón, escritora que ganó el primer Premio Anual de Literatura Infantil Aurora Tavárez Belliard en 1997-1998, publicado en 1999. Y es que el tema es idéntico: Reconstruir el país a través de un dibujo infantil en una escuela extranjera.

En el argumento de Un pedacito verde en el corazón, nombre del libro de Carrón, la niña que emigra se niega a hablar en inglés por una recomendación de su amiga:


«Laura cerró los ojos. Podía oler la suave brisa marina, sentir las gotitas de agua salada sobre su cara, y ver a su amiga Sofía. El día antes de dejar la isla, Sofía le dijo a Laura algo que jamás olvidaría. 
—Cuando estés en Nueva York, nunca nunca hables en inglés, porque si lo haces, todo en esta isla desaparecerá, incluso tú. Te olvidarás de nosotros.
La cara de Sofía estaba tan cerca al decir esto, que Laura se vio reflejada en sus negros ojos. Creyó lo que le decía Sofía, sobre todo porque ella era su mejor amiga.
Ese día le prometió que nunca hablaría en inglés y para sellar la promesa dibujaron juntas sobre un papel todas las cosas bellas de la isla.»
Lorelay Carrón, Un pedacito verde en el corazón.
Premio Anual de Literatura Infantil 1997-1998


En Lola, de Junot Díaz, la niña no recuerda su vida en la tierra natal porque sus padres se la llevaron de pocos meses, por lo tanto, cuando la profesora pone de tarea la descripción del lugar de origen, Lola se ve en dificultades. Es por eso que recurre a las personas que la rodean para hacer su trabajo.

La pequeña cuestiona a su familia, a los vecinos y allegados para que le den su visión de lo que añoran, del mundo de sensaciones que tienen dentro y del cual no pueden desprenderse por más inglés que hablen.

Resalta la capacidad de síntesis del autor, algo imprescindible en toda obra para niños. La objetividad del lenguaje de quienes dominan el oficio, desestimando adjetivos innecesarios y descripciones inútiles. Un precioso libro de una 5 cuartillas sin ilustraciones, algo que menciono para recordar que las obras dirigidas a niños menores de 10 años tienen, necesariamente, que ser hermosas, precisas y cortas. Al menos en países como el nuestro donde se lee como tarea obligatoria impuesta por los centros educativos, salvo excepciones.
Es así como Junot Díaz regala al mundo hispano por un lado, y al angloparlante por el otro, una visión de esta tierra que se encamina cada día más a fomentar la industria del turismo y efectivamente, se resaltan los poderes sinestésicos de sabores, olores, visiones y colores, percibidos a la vez. El mar, tan valorado con las mejores playas del mundo, la calidad de ínsula (para mi gusto un poco exagerada, pues menciona Isla -así con mayúsculas- 28 veces, que ciertamente, también Lorelay resaltó en su trabajo, por lo que se entiende que vivir en el extranjero da unos matices de relieve a la particularidad de ser oriundo de una isla. Personalmente, me he sentido isleña sólo cuando entendí que algunas personas se enquistan en sus ideas y creen que somos el ombligo del mundo, sin dar paso a la diversidad. Afortunadamente, ese asunto está cada vez más amortiguado por la increíble tecnología que tenemos, unida a la privilegiada posición geográfica de La Española en las 3/4 partes que llamamos República Dominicana, nos abre más los ojos y la mente arrinconando la ignorancia.
Añadir leyenda

De modo que el agua de coco, el sabor auténtico de las frutas (créanme: no saben igual si no se cultivan bajo este sol); los mangos enormes y sabrosos, la música que invade todos los oídos y pone a mover los pies; lo diverso de la gente que Díaz compara con el arcoiris, una buena metáfora para todos los tipos de pieles de la nación. El murciélago como representante de la fauna, con ese recurso de imaginación que lo ubica entre un avión y una sábana voladora (¡me encanta!)... Los carros de colores por todas partes (que por suerte, en el libro no vienen con el ruido y el tapón, pero lo evocan). Un mosaico que da la idea hermosa y colorida, merenguera y radiante de lo que somos.
La parte seria, la que toca al señor Mir, conserje taciturno del edificio donde vive Lola, es la del exilio. La de aquellos que abandonaron la tierra, no por buscar bienestar económico, sino porque sus vidas peligraban en ese demencial acto de las dictaduras de querer acabar con la gente para eliminar sus ideas. Mir, tiene el apellido no común del Poeta nacional, como homenaje del escritor, se reviven 30 años de dictadura del Monstruo, que tampoco yo quiero mencionar por nombre y apellido pues me enoja que quieran revivirlo actualmente. Mir representa en el libro a un MATAMONSTRUOS, buen oficio para quienes combaten dictaduras.


Mi única objeción es la utilización de la palabra isla sin alguna precisión en todo el libro, cuando es un hecho que la isla nos pertenece en 3/4 partes reitero. A Haití nadie lo puede borrar y es de respeto decir la verdad: Somos dos naciones muy distintas ocupando una isla.

Por otro lado en el siguiente diálogo, el tratamiento de los héroes, tampoco me gusta, porque necesito tenerlos con sus caras y sus nombres. Cosa que ya han hecho varios autores de literatura infantil e historiadores, más allá de las metáforas. Cito un fragmento de Lola:

"—¡Wao! —susurró Lola—. ¿Y qué les pasó a los héroes?
—Nadie lo sabe en realidad. Fue hace mucho tiempo —dijo el señor Mir; se quitó los lentes y suspiró."

Bueno, finalmente Lola no hace una simple tarea: Parece que hizo un libro con portada y todo. Un libro que al abrirlo hace surgir la ISLA, según Junot, pero debería salir un país de 3 litorales y una frontera con las mismas características que de manera hermosa nos ofrece Lola; las mismas que nos diferencian de cualquier otro país del Trópico, incluso de Cuba y Puerto Rico a quienes tanto nos parecemos.

El narrador de Junot se convirtió en Lola en este libro para regalar a los niños, y a quienes aman la belleza, un país peculiar, que más de 500 años después sigue luchando por su identidad, atributo básico para ser felices o al menos, vivir satisfechos de nosotros mismos. En eso estamos, tomando y dejando como buenos eclécticos. 

Los mejores peluqueros, cuento de ciguapa por NELLY GARCÍA DE PIÓN

  Los mejores peluqueros, por Nelly García de Pion Durante los últimos días había llovido sin parar. Nubes grandes y grises bailoteaban en e...