miércoles, 16 de septiembre de 2026

Discurso de Juan Carlos Toral en inauguración de la Sexta Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil SDQ 2026

 

Muy buenas tardes

Escritores, ilustradores, editores, docentes, bibliotecarios, familias, invitados internacionales y, de manera muy especial, queridos niñas, niños y jóvenes:

Bienvenidos a la sexta edición de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil.

Cada vez que abrimos las puertas de esta Feria, sucede algo extraordinario: abrimos miles de puertas invisibles.

Las puertas que viven dentro de los libros.

Una puerta puede llevarnos a un bosque encantado, a una ciudad que todavía no existe, al fondo del mar o a una galaxia lejana. Puede llevarnos al pasado, al futuro o, quizás más importante, hacia nosotros mismos.

Porque leer es mucho más que comprender palabras.


Leer es imaginar.

Y hoy quisiera que habláramos precisamente de eso: de la imaginación.

Pero quisiera hacerlo desde una realidad que no podemos ignorar.

Hace apenas unos días conocimos los resultados de PISA 2025.

Y los números nos obligan a detenernos.

En la República Dominicana, solamente el 23 por ciento de nuestros estudiantes de 15 años alcanza al menos el nivel básico de competencia lectora.

Eso significa que detrás de las estadísticas hay demasiados jóvenes para quienes comprender un texto, identificar su idea principal, relacionar información y reflexionar sobre lo leído sigue siendo una dificultad.

Y no podemos mirar ese dato como una cifra más.

Hay una familia.

Hay un maestro.

Hay una historia.

Hay una posibilidad de futuro.

Es verdad que nuestro país ha avanzado en algunas áreas y que PISA también registra progresos que debemos reconocer.

Pero en lectura tenemos una deuda enorme.

Y quizás debemos atrevernos a decir algo que muchas familias, educadores y personas que trabajamos por la infancia hemos sentido alguna vez:

a veces no sabemos qué hacer.

Tenemos más tecnología que nunca.

Más información que nunca.

Más pantallas.

Más plataformas.

Más herramientas.

Y, sin embargo, a veces nos sentimos desorientados frente a nuestros propios niños.

Nos preguntamos cómo lograr que lean.

Cómo conseguir que presten atención.

Cómo apartarlos por un momento de una pantalla.

Cómo enseñarles a conversar.

Cómo acompañarlos sin controlar cada minuto de sus vidas.

Cómo prepararlos para un futuro que nosotros mismos apenas alcanzamos a comprender.

Y ahora aparece una nueva pregunta:

¿qué hacemos con la inteligencia artificial?

PISA 2025 nos ofrece un dato revelador.

La mitad de los estudiantes dominicanos de 15 años dice utilizar chatbots de inteligenica artificial al menos una vez por semana para aprender.

El 40 por ciento los utiliza para resumir textos que debía leer.

Y el 36 por ciento, para redactar trabajos escritos.

Pensemos por un instante en lo que eso significa.

Estamos ante una generación que tiene a su alcance una herramienta capaz de leer por ella, resumir por ella, escribir por ella y responder por ella.

Precisamente cuando todavía estamos luchando para que aprenda a leer profundamente, a escribir con claridad y a construir sus propias respuestas.

Entonces la pregunta ya no es si estamos a favor o en contra de la inteligencia artificial.

Esa discusión probablemente llega tarde.

La inteligencia artificial ya está aquí.


La verdadera pregunta es otra:

¿qué capacidades humanas no estamos dispuestos a entregar?

Yo diría que hay algunas irrenunciables.

La capacidad de leer.

La capacidad de escribir.

La capacidad de hablar y escuchar.

La capacidad de pensar críticamente.

Y la capacidad de imaginar.

Porque la inteligencia artificial puede ayudarnos a encontrar respuestas, pero somos nosotros quienes debemos aprender a formular las preguntas.

Puede resumir un libro.

Pero no puede vivir por un niño la experiencia de descubrirlo.

Puede producir un texto.

Pero no puede sustituir el proceso mediante el cual un joven busca una palabra, se equivoca, vuelve a empezar y finalmente descubre su propia voz.

Puedes generar una imagen extraordinaria en segundos.

Pero tambièn tiene que ser capaz de imaginar primero aquello que todavía no existe.

Y por eso, paradójicamente, cuanto más poderosa se vuelve la inteligencia artificial, más urgente se vuelve nuestra humanidad.

Antes de que existieran los libros, existieron las voces.

Alguien contó una historia alrededor del fuego.

Alguien escuchó.

Alguien recordó.

Y alguien volvió a contarla.

Así viajaron durante siglos nuestros relatos, nuestras leyendas, nuestros miedos, nuestras esperanzas y nuestra memoria.

La palabra hablada nos enseñó que una historia puede unir a una comunidad.

Después aprendimos a escribir.

Y entonces las palabras pudieron atravesar el tiempo.

Y aprendimos a leer.

Pero leer nunca fue solamente reconocer letras.

Cuando un niño lee: «Había una vez un castillo en lo alto de una montaña», sucede algo que ninguna pantalla puede mostrar exactamente.

Porque ese castillo no es igual para todos.

Cada lector construye el suyo.

Uno imagina torres enormes. Otro, ventanas diminutas.

Alguien ve una montaña cubierta de nieve. Otro la imagina rodeada de nubes.

Eso es la imaginación.

El escritor entrega palabras.

El lector termina de construir el mundo.

Por eso la lectura es uno de los ejercicios más poderosos de libertad que podemos ofrecer a nuestros niños.

Y quizás ahí tengamos una primera respuesta a esa sensación de no saber qué hacer.

Volvamos a lo esencial.

Leamos con ellos.

Conversemos con ellos.

Escuchémoslos.

Dejemos que nos cuenten historias.

Permitámosles aburrirse.

Hagamos preguntas para las cuales la inteligencia artificial no tenga una única respuesta.

«¿Tú qué piensas?»

«¿Por qué?»

«¿Qué habrías hecho tú?»

«¿Cómo terminarías esta historia?»

«¿Qué mundo te gustaría inventar?»

Tal vez no tengamos todas las respuestas sobre cómo educar a una generación que crecerá rodeada de inteligencia artificial.

Pero sí sabemos algo:

un niño que lee, piensa.

Un niño que escribe, construye su voz.

Un niño que conversa, aprende a escuchar al otro.

Y un niño que imagina descubre que la realidad no es el límite de lo posible.

Eso es lo que defendemos cuando defendemos los libros.

No estamos defendiendo un objeto de papel frente a una pantalla.

Estamos defendiendo capacidades humanas.

Estamos defendiendo el derecho de nuestros niños a construir pensamiento propio.

La gran alfabetización de nuestro tiempo ya no consiste solamente en aprender a leer y escribir.

También necesitamos aprender a pensar frente a la tecnología.

Nuestros niños tendrán que preguntarse:

¿De dónde viene esta información?

¿Es verdadera?

¿Quién la creó?

¿Puedo confiar en ella?

¿Existe otra perspectiva?

¿Estoy de acuerdo?

Y, sobre todo:

¿Qué pienso yo?

Porque educar en tiempos de inteligencia artificial no puede significar enseñar a nuestros niños a competir con las máquinas.

No necesitamos niños que intenten convertirse en máquinas más rápida.

Necesitamos niños profundamente humanos.

Curiosos.

Creativos.

Sensibles.

Capaces de escuchar.

Capaces de disentir con respeto.

Capaces de imaginar aquello que todavía no existe.

Capaces de utilizar la tecnología sin entregar a la tecnología la responsabilidad de pensar por ellos.

Y en esto tampoco podemos dejar solos a los maestros.

Ni podemos dejar solas a las familias.


PISA 2025 nos entrega otro dato que debería hacernos pensar:

en nuestro país disminuyó considerablemente la proporción de jóvenes que dice conversar semanalmente con sus padres sobre lo que ocurre en la escuela.

Quizás parte de la respuesta no sea tecnológica.

Quizás parte de la respuesta sea profundamente antigua.

Sentarnos juntos.

Preguntar.

Escuchar.

Contarnos el día.

Leer una historia.

Discutir una idea.

Mirarnos a los ojos.


Porque nuestros niños no necesitan solamente mejores dispositivos.

Necesitan mejores conversaciones.

Necesitan adultos presentes.

Necesitan maestros acompañados.

Necesita libros.

Necesitan espacios seguros para preguntar y equivocarse.

Y necesitan tiempo.

Tiempo para leer.

Tiempo para conversar.

Tiempo para aburrirse.

Tiempo para jugar.

Tiempo para imaginar.

Por eso necesitamos espacios como esta Feria.

Una Feria del Libro Infantil y Juvenil no es solamente un lugar donde se exhiben y se venden libros.

Es un territorio para la imaginación.

Durante estos días queremos que nuestros niños conozcan escritores e ilustradores.

Que escuchen historias.

Que inventen personajes.

Que escriban.

Que dibujen.

Que conversen.

Que hagan preguntas.

Que descubran nuevas tecnologías.

Que experimenten con la inteligencia artificial.

Pero, sobre todo, queremos que comprendan algo:

la tecnología más poderosa sigue estando dentro de ellos.

Es su capacidad de imaginar.

Porque antes de cada gran creación humana hubo alguien que imaginó algo que no existía.

Antes del avión, alguien imaginó que podíamos volar.

Antes de viajar al espacio, alguien miró la Luna y se preguntó si algún día podríamos llegar hasta ella.

Antes de cada novela hubo una página en blanco.

Antes de cada descubrimiento hubo una pregunta.

Y antes de cada futuro hay una imaginación capaz de soñarlo.

Queridos niños y jóvenes:

No tengan miedo de preguntar.

No tengan miedo de inventar.

No tengan miedo de escribir una historia extraña, de dibujar un mundo imposible, de cambiar el final de un cuento o de levantar la mano para decir: «Yo lo veo de esta manera».

Lean mucho.

Pero también conversen sobre lo que leen.

Escriban.

Cuenten historias.

Escuchen las historias de sus abuelos, de sus familias, de sus comunidades.

Pregunten a la inteligencia artificial, sí.

Pero pregúntense también a ustedes mismos.

Y nunca permitan que ninguna tecnología imagine todo por ustedes.

Esta sexta Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil quiere celebrar justamente ese encuentro.

El encuentro entre la palabra que heredamos y la tecnología que estamos construyendo.

Entre el libro y la pantalla.

Entre la voz y el algoritmo.

Entre la memoria y el futuro.

No tenemos que elegir entre libros y tecnología.

Tenemos que enseñar a las nuevas generaciones a habitar ambos mundos con inteligencia, sensibilidad y libertad.

Que la inteligencia artificial amplíe nuestras posibilidades.

Que la lectura amplíe nuestra mirada.

Que la escritura nos ayude a encontrar nuestra voz.

Que la oralidad nos permita encontrarnos con los demás.

Y que la imaginación siga siendo ese lugar infinito donde todo puede comenzar.

Hoy abrimos una Feria.

Pero quisiera pensar que hacemos algo más.

Abrimos miles de libros.

Miles de conversaciones.

Miles de preguntas.

Y, con ellas, miles de futuros posibles.

Porque cada niño que descubre el placer de leer descubre tambièn que el mundo puede ser diferente.

Cada niño que aprende a escribir descubre que puede dejar su propia huella en él.

Cada niño que aprende a expresar y defender sus ideas descubre el poder de su voz.

Y cada niño que conserva intacta su capacidad de imaginar descubre que el futuro no es solamente algo que llega.

El futuro también es algo que podemos crear.

Tal vez hoy no tengamos todas las respuestas.

Pero no estamos condenados a la desesperanza.

Tenemos algo mucho más poderoso:

tenemos la posibilidad de volver a mirar a nuestros niños, escucharlos y acompañarlos.

Y tenemos una decisión que tomar como sociedad: que ninguna niña y ningún niño crezca creyendo que pensar es algo que puede hacer otro por él.

Que esta Feria sea, entonces, una gran invitación:

A leer para comprender.

A escribir para crear.

A hablar para encontrarnos.

A utilizar la inteligencia artificial para ampliar nuestras posibilidades, nunca para reducir nuestra capacidad de pensar.

Y, sobre todo, a imaginar.

Porque si conseguimos que nuestros niños sigan imaginando, seguirán preguntando.

Si siguen preguntando, seguirán aprendiendo.

Y si siguen aprendiendo, todavía podemos construir con ellos

un futuro extraordinario.

Bienvenidos a la Feria.

Bienvenidos a los libros.

Bienvenidos a las historias.

Y bienvenidos a ese territorio extraordinario donde comienza el futuro posible:

la imaginación.

Muchas gracias.

 


Dr. Juan Carlos Toral

VI Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil

Agora Mall 2026

 

 

Discurso de Juan Carlos Toral en inauguración de la Sexta Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil SDQ 2026

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