lunes, 30 de agosto de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
domingo, 25 de julio de 2010
Juan Antonio Alix
Un campesino dominicano
que estuvo en Haití vendiendo unos andullos y
a su regreso tuvo una entrevista muy curiosa
con el que suscribe.
(A dos amigos puertoplateños)
Del campo un dominicano
que pasó a vender andullos,
en dos borriquitos suyos
a no sé qué pueblo haitiano,
así me contó: ¡critiano
ni Dio comprende esa gente!
Caicule que laguaidiente
allá le dicen tafiá,
a lo jalitao llengá
y penchó ai pan caliente.
Los frijole colorao
puá rus lo llaman allá,
a la brujería guangá
y a lo sombrero chapao.
Malfiní é guaraguao
lo guandule puá congó
Bonyé le dicen a Dio,
a lo brujo lugarú
y a lo jefe dei judú
le dicen papá Bocó.
Lo memo la macarela,
la titulan macrilló
lo molondrone gombó
y difé a la candela.
A la paila o casuela
le dicen allá shodié;
a lo sapato sulié,
puesón ai peje o pecao
y en siendo el arró graniao
le dicen durí grené.
Yo andube toitico Haití
y no encontré un condenao
que dijera bacalao
sino todo la murí.
Al arró llaman durí,
a la cebolla loñón,
a lo cochino cochón.
Lo fideo vermichel
a la sal le dicen sel
y creviche ai camarón.
En siendo peje salao
le dicen puesón salé
como banan bucané
llaman ai plátano asao.
Pero siendo sancochao
le dicen banan bullí,
a la ñica saloprí
a lo sajice pimán,
lo mamone cachimán
y a lo niño anfán pití.
Al agua le dicen gló,
ai queso llaman fromalle,
una rí e juna calle
y finí que se acabó;
allí nadie dice fó
como nosotro jaquí,
cuando viene a la narí
ei bajo de aigún parrá!
el haitiano dice allá:
«¡A la peté qui santi!»
Un sancocho, e ebullón
ñon eguille es una aguja
como ei casabe de bruja
ello lo llaman llonllón.
A lo caibone charbon,
ai quitasoi, paresol,
guanábana, corosol,
ñon chandel e juna vela;
y a la maidita viruela
le dicen pití verol.
Al aceite llaman huil,
aguacate sabocá,
y a la piña ananá
como porcanel, cajuil;
allá perejil, persil,
el melao allí siró,
lo mameye, abricó,
la yuca llaman mañoc,
a lo gallo viejo coc,
y ai sapo llaman grapó.
Lo que aquí llaman letrina
por allá e cae brulé,
como si dijera uté
la casa quemada en ruina,
donde allí la chamuchina
o gente de poca nota,
entra allí y se ñengota
en un brulé o aposento,
y se despacha al momento
dejando allí su pelota.
Conque saque uté la cuenta
siño Juan Antoño Elí,
y dígame si en Haití
cuaiquiera no se revienta;
en eso de compra y benta
yo le pueo asegurai,
que si no sabe coitai
de esa gente ei lenguaraje,
ni la toitilla dei biaje
uté no la pue sacai.
Jata otro día, con su licencia.
jueves, 15 de julio de 2010
Poema a los niños, de Fausto Vonbonek, de Literatura Infantil
Mi niño,
gota intacta de azúcar en sueño,
he cruzado el umbral donde el ángel
resguarda tu frente ya en calma.
Tú eres el trigo que nutre mi dicha,
la nata del juego, la miel de inocencia.
Es tu ropaje un juguete de paz que
dispara sonrisas.
Beso tu frente y altero el respiro en que
crecen tus sueños. Quiero sembrar una
gota de luz en tus párpados quietos, sí,
quiero alumbrar tu mejilla silente de un
beso de soles.
Duermes, duermes y entonces despiertan
tus sueños, tus risas, tus frágiles manos.
Todo es descanso en tu boca pequeña,
tanta sonrisa no alcanza a contarse con
tantas estrellas que abrigan tu vida.
Duermes azul como un libro de cuentos,
duermes y cada cabello despierta a bailar
con tu aroma de risa.
Hoy fui severo contigo, llegaste feliz a
contarme que el viento no puede mirarse.
Yo dije que sí revolviendo tu idea,
y de nuevo dijiste que no, que eso no era
posible, que fue tu maestra quien dijo muy
firme que el viento no puede mirarse,
que el viento es tan sólo una ráfaga etérea
y que sólo se observan las cosas que toca.
Quiero pedirte perdón porque en ese momento
abordé el tren de adulto y perdí de explicarte
que el viento es la espuma de un mar de
palomas, palomas pequeñas así como el polvo,
palomas que juegan y mecen las ramas,
palomas que limpian el frágil cuaderno
que flota en el aire.
Me olvidé de decirte que el viento es el auto
en que viajan los sueños, y que el claro chofer
que conduce el carruaje ha elegido el color de
una rosa en la luna. Me olvidé de decirte que el
viento se observa a través de un cristal que
se esconde en los libros. Me olvidé de decirte
que hay una palabra que pone en tus ojos las
gafas más tersas. Con ellas contemplas el centro
del mundo, el hilo de añil que sostiene la
estrella, la boca del viento, los magos que habitan
allá tras la noche.
Sabrás al amar las palabras que existe un lunar en
los labios solares, que el mar sabe hablar los
idiomas del cielo, que el átomo acoge una casa
pequeña en que habitan los ríos.
Sabrás defenderte de insípidos rostros que nada
han sembrado.
Sabrás que a lo lejos existe una niña que sueña
volar en su escoba encantada.
Esa palabra tendrás que aprenderla al sentir la
mirada que asoma a tus ojos.
Y una vez que esa palabra, la palabra poesía, se
hospede en tu sangre ya no dudarás del cirquero
del viento.
Y cuando te digan que el número cero no tiene
un amigo no asientes tu rostro, alza tu voz y
declara que ahí, en la esfera de leche se encuentra
flotando una rosa violeta, una rosa lunar donde
el tiempo pasado descalza sus pies y recuesta su
cuerpo en un tibio rincón de un sofá anaranjado.
Fausto Vonbonek.
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Y una vez que esa palabra, la palabra poesía, se
hospede en tu sangre ya no dudarás del cirquero
del viento.
Y cuando te digan que el número cero no tiene
un amigo no asientes tu rostro, alza tu voz y
declara que ahí, en la esfera de leche se encuentra
flotando una rosa violeta, una rosa lunar donde
el tiempo pasado descalza sus pies y recuesta su
cuerpo en un tibio rincón de un sofá anaranjado.
Fausto Vonbonek.
miércoles, 14 de julio de 2010
martes, 6 de julio de 2010
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