jueves, 25 de diciembre de 2008

TRAGALUZ, cuento de Leibi Ng


"Hay una luz tras los que vienen y van.
Hay una sombra en los que buscan guarida."
La lluvia nunca vuelve hacia arriba. Pedro Guerra


-"!Uuuuuuuuuuu! Ahora es cuando avanza tapándolo todo. Tan grande, tan negra que parece una espiral de petróleo bebiendo ambiciosa "la fresca" de las seis".
Eso pensó Lucecita y se quedó mirando por la ventana como "aquéllo" se comía los colores de los objetos.
Desde hacía muchísimo tiempo nadie se atrevía a caminar por las calles quietas. Reportaban sombras. Sombras que bailaban de una y dos mil formas. Sombras que formaban fuertes filas de figuras fantasmagóricas.
Fácil, el gran miedo dejaba las gargantas mudas y los estómagos deshechos. Por eso había que echar mano de una gran valentía para salir al encuentro de aquel eclipse en la tierra.
Ella planeó ese día terminar con el retiro. Se preparó bien temprano y a eso de las seis y media de la tarde, cuando trinaban fuerte los pajaritos buscando albergue, se amarró su melena negrísima en una cola de caballo, se puso sus blue jean favoritos y esperó.
Como a las 7 y cuarto se escurrió hacia la calle desierta. Misteriosa, dio saltitos de vano en vano, de puerta en puerta, hasta que sus pies chocaron con un bulto. Palpó cuidadosa un lomo afelpado y al llegar a la cabeza no le quedaron dudas: era Potencia, una yegua parda que acompañaba al verdulero cada mañana a repartir repollos, lechugas y tomates por todo el barrio, desaparecida cuando empezó el problema. Luz encendió su linternita y recorrió en débil rayo de luz el cuerpo de Potencia. Estaba echada en la más increíble apatía o dejadez como si ya no hubiera prados primaverales ni fresca hierba. Sus ojos se perdían en un primer plano de sus patas.
Lucecita la removió por el lomo, pero se quedó igualita. Entonces, con el poder de la palabra, comenzó a cantarle la canción que Jacobo, su dueño, le cantaba para que avanzara de vecina en vecina, repartiendo ensalada:
-Es mi yegüita Potencia
la más valiente de aquí,
ella reparte conmigo
lo más fresco de Baní.
Entonces Potencia sacó fuerzas y se puso en pie, mejor dicho en sus cuatro patas, lo que Lucecita aprovechó para montarla y susurrarle:
-Vamos, amiga, te necesito. ¡Arre! ¡Arre!
Y salieron primero despacito, Potencia desganada, y luego un poquito más animada, porque Lucecita no dejó de cantarle y finalmente veloz como en carrera, porque estaba en su sangre de yegua.
Atravesaron...!caramba! No se puede describir nada cuando las sombras lo arropan todo. Lucecita conducía a Potencia sólo guíada por su determinación. De manera intuitiva, que es como decir, viendo lo que nadie más veía, avanzaba percibiendo o recibiendo por medio de sus sentidos, los mensajes que llegaban de la nada. Así pasó un año luz.
Llegaron hasta el Sol, ajeno totalmente a lo que sucedía en el barrio de Lucecita. Ella le informó todo teniendo cuidado de no acercársele mucho para no quemarse y protegiendo sus ojos con el antebrazo al tiempo que empujaba la cabeza de Potencia hacia un lado, aunque ésta tenía los ojos cerrados por instinto.
-Si sólo es en tu barrio, hay que buscar en ese lugar, ¿no crees? -dijo el Sol.
-¡Yo vine a pedirte ayuda! Tú eres la mayor fuente de luz. Recorrí nueve billones cuatrocientos setenta mil millones de kilómetros, ¡un año luz completito! Ya no hay linterna, farol ni lámpara que valga frente al problema que tenemos. ¿Me ayudarás?
-Sí, claro que sí. No me llamaría Sol si no lo hago... Si pudiera... (pensaba)... tal vez (dudaba) ...a lo mejor (decidía) ...Bueno, eso haremos (resolvió). Empacarás ahora mismo una buena provisión de Rayos X y también Ondas Electromagnéticas. Cuando llegues allí, utiliza los X para descubrir lo que sucede y luego ilumina todo con las ondas. Espero que tengas éxito.
-¡Gracias! –se despidió radiante.
Regresaron a todo trote, Potencia y Luz.
Al cabo de otro año-luz, el barrio estaba hecho una maraña de ramas, hiedras, enredaderas de todos los tamaños; proliferaban las criaturas de la noche: murciélagos, lechuzas, lagartos y salamandras, pero Luz no les tenía miedo desde lo alto de Potencia y de todas formas no la estaban molestando.
-Llegó el momento -dijo en un susurro. Sacó los Rayos X y los esparció por delante, a derecha e izquierda, hasta que se dio cuenta de que en la casa más abandonada, alli donde impenetrable a los gatos y perros del barrio, se guarecían las ratas, había un monstruo que parecía un cerdo enorme. Un fenómeno del tamaño de una carreta, que masticaba cada átomo de claridad. Insaciable, incansable, su quijada era ya una máquina aceitada con vida independiente.
Lucecita esparció las Ondas Electromagnéticas que le había dado el Sol y todo se iluminó en una mezcla de dolor y alivio. ¡Daba pena cómo había quedado el barrio después de tanto tiempo dominado por las sombras! Entonces empezaron a salir los vecinos: Hombres, mujeres, niños y muchachas, ancianos de todas las razas, se armaron de palos y escobas, de palas y tablas y todos a una pusieron de pie, es decir en cuatro patas, al animalón hasta que (¡con muchísimo trabajo!) lo sacaron del barrio, no sin antes ponerle un tremendo bozal que improvisaron para que nunca volviera a tragar luz, ni en el barrio de Lucecita ni en ningún otro lugar.

lunes, 17 de noviembre de 2008

TEATRINA ACTUARINA por Leibi Ng



Dedicado a Iván García Guerra, actor excepcional.



Había una vez una muchachita que siempre tenía el
rostro contraído como si estuviera preocupada, enojada o a punto de llorar.

Exageraba todos sus gestos y los acompañaba de
exclamaciones tales como: "¡Uhg!, ¡Ahg!" o "¡Jha!"


De manera que primero su familia, y luego el resto de la gente empezó a llamarla "Teatrina".

Una mañana, Teatrina estaba comprando un sobre de
café en el colmado de la esquina cuando se le acercó un desconocido:

-¿Quieres ganarte cincuenta pesos? -dijo sonriéndole
amigablemente a lo que ella dijo "sí" con la cabeza y el
seño fruncido dejando escapar un "Jum!". Aunque sus padres le habían dicho que no hablara con extraños, a lo mejor no era como ellos decían y ganaba unos pesos fácilmente.

-¿Qué usted quiere? -le preguntó muy seria.
-Sólo tienes que llevarle esta carta a la señorita Hilda.
Ella vive en esa casa amarilla, ahí enfrente. Se la tienes que dar en su mano, sólo a ella. ¿Entendiste? Cuando regreses, le pides el dinero al pulpero que te los voy a dejar con él.

Teatrina cruzó mirando a ambos lados de la calle.
Cuando llegó a la casa señalada encontró la puerta abierta y entró:

-¡Saludos! -alzó la voz. Salió a su encuentro una señora vestida de negro.
-Quiero ver a Hilda, por favor.

Al oírla, la señora se impresionó primero y luego se puso a llorar.
-¡Hilda! ¡Hilda se murió hace nueve días, mi hija!
Teatrina abrió los ojos tan grandes que todo el mobiliario de la casa le cupo en las pupilas junto con la señora que lloraba ahora a gritos. Preguntaba para qué buscaba a Hilda, pero Teatrina no decía nada. Sólo hacía muecas y más muecas.

Regresó al colmado. El hombre había desaparecido.--Pulpero, ¿el hombre que estaba aquí ahorita, me dejó
una cosa contigo?
-No ¿qué te iba a dejar?
-No, nada.
Teatrina salió del colmado olvidando que había ido a
buscar un sobre de café. Tenía una angustia grandísima en el pecho. Si el hombre no le dejó nada es porque sabía que Hilda había muerto. Entonces, ¿por qué la carta?
Ahí mismo se dio cuenta que todavía la tenía en la mano y ya no supo qué hacer con el rostro pues lo contrajo como si todos los ojos del país la estuvieran mirando.

Teatrina, tan chiquita a sus diez años, miró para todas partes pero no vio más que casas y calles, carros y basura.

Se apoyó en una verja de hierro, abrió la carta y leyó:

-"¡Nunca le hagas mandado a un extraño!"

¡Entonces fue que hizo morisquetas!

©Leibi Ng

sábado, 15 de noviembre de 2008

EL COLIBRÍ





Margarita Luciano López
Premio Nacional de Literatura Infantil

Por los caminos del monte las flores cansadas
Comenzaban a deshojarse,
El sol se acostaba cada vez más tarde y
Se levantaba cada día más temprano.
Los días se hacían largos y
Las noches cortas.
Acostado en el árbol donde dormía,
El colibrí, que al fin tenía quietas las alas,
Calculaba cuántas flores podría visitar
Al otro día en busca de néctar…
¡Tenía ganas de volar!
Al amanecer, el sol atravesó las ramas del árbol,
Dibujando filigranas en sus hojas.
La primera luz tocó en los ojos al colibrí,
Que empezó a batir alas,
En un ejercicio matinal que lo pondría
En forma para el largo día.
Al verlo llegar
Las flores viejas suspiraron.
Cansadas de vivir no tenían mucho que ofrecer.
Además, no veían la razón por la cual
No podía dejarlas en paz.
Comprensiva, la pequeña ave
Se fue a probar flores nuevas.
-¡Ahí viene el zumbador! –dijo un gladiolo
Que vino de San José de las matas.
-No, es un picaflor, -dijo una sangre de Cristo sureña.
-¡Qué va, ese es un colibrí! –repuso una rosa capitaleña.
Y a nadie debe extrañarle los nombres que le daban.
Le llamaban zumbador por el zum zum de sus alas,
Picaflor, porque va de flor en flor y
Colibrí, en alusión al sonido rápido que hace su cola al pasar.
-Zumbadooooor, picaflor, colibrí! –le llamaban las flores
-¡Dor, dor, dor, flor, flor, flor, brí, brí, brí, -repetía el eco en las montañas.
Lo que no sabían muchos era que el ave ayudaba a la Madre naturaleza
En su papel de hacer nacer nuevas flores, porque en su pico
Llevaba besos de polen que repartía de flor en flor.
Por eso no era de extrañar que algunas flores le llamaran cigüeña,
Lo que le hacía gracia al pequeño animal que ya tenía
Más nombres que tamaño.
A pesar de su gran trabajo el colibrí era una ve que generaba ideas.
Se hablaba de los besos que ofrecía según la flor:
Besos profundos para el gladiolo.
Besos suaves para la rosa.
Besos de puntilla para la sangre de Cristo.
Y hasta se decía que tiraba besos a la rosa del Perú
Porque cada vez que intentó besarla directamente
Le causaba estornudos.
Día tras día trabajaba el colibró
Del amanecer al atardecer,
Recorriendo llanos y montañas, lejos de su casa,
Entre el coqueteo de las flores, el bzzzzz bzzzzz
De los insectos y el uuuuuhhhhh del viento
Que no pocas veces le dificultaba su labor.
Y no se sabe por qué al pequeño animal
Le pareció que aquel día iba a pasar algo raro.
Según su reloj, que como no era de cuerda
Nunca se atrasaba, debía ser más o menos
Las doce del mediodía. Entonces, como
Sacado de un cuento de brujas, el día
Comenzó a desaparecer y todo se puso oscuro.
Las flores se cerraron, las lechuzas comenzaron a volar,
Los grillos empezaron a cantar, las gallinas se fueron
A acostar, y los cocuyos, haciendo un gran esfuerzo,
Comenzaron a encender sus linternas. Se hizo un
Silencio tal que no cabía en la loma. Sólo de vez
En cuando el canto del grillo lo interrumpía.
Como estaba tan lejos de su casa el colibrí se
Sintió perdido.
-¡Hum ¿qué estará pasando aquí? –Se preguntó.
-¿No lo sabes? –preguntó Doña Lechuza extrañada.
-¿Saber qué? –contestó el ave.
-Hoy el señor sol decidió irse a la cama más temprano.
Dijo que es su día de eclipse, que en su lenguaje significa
Vacaciones. Dice que está muy cansado. Y como él manda
Casi todo el mundo adelantó el día.
Perplejo, sin encontrar qué hacer, el colibró pensó que lo mejor sería
Pedir consejos a la lechuza. Porque a decir verdad, no tenía ni idea
De cómo regresar. De noche siempre dormía.
-Móntate encima de mí, que te llevaré a tu casa.
Recuerda que puedo ver en las noches y tú no,
Dijo Doña lechuza.
Se quedó pensativo, dudoso, sin saber qué contestar.
Y comenzó a hacerle preguntas sobre historias que
Cuentan por ahí en las que dicen que las lechuzas
Son aves de mal agüero y que son brujas
Que salen a volar cuando está oscuro.
-Tú decides, le contestó ella incómoda. A quien te conviene es a ti.
No teniendo otra salida el colibrí aceptó la propuesta.
Montado sobre la gran ave semejaba un bulto pegado a su espalda.
Y fue así como surgió la leyenda de la lechuza jorobada
Que cruza el monte en los días de eclipse.
Pegado a la lechuza el colibrí cruzó la loma. Viendo al ave nocturna
Realizar paradas para orientar a pichones que por primera vez
Habían salido fuera de sus niños, mostrarle el camino a hormigas que habían
Perdido su ruta, ayudar a recoger sus hijos a algunas arañas
Que se quedaron con sus telas a medio tejer,
Lo que causó no poca desgracia a mosquitos que muy pronto
Se convertirían en sus presas. Y no faltó la ayuda prestada
A algún cocuyo que tenía problemas para que su linterna encendiera.
¡Qué necedad la del sol! –dijo la lechuza ¡Mira los problemas que ha
Causado al acostarse tan temprano!
¡Al fin en casa! –dijo aliviado el colibrí. Pero otras sorpresas
Le esperaban. En su árbol encontró pájaros a los que no había
Visto nunca antes! Claro, era que se habían extraviado!
Aunque era muy celoso con lo suyo los aceptó. Entre ellos
Había algunos interesantes, también eran colibríes, pero
Diferentes. Se la pasaron contando historias de primos cubanos,
Puertorriqueños y de otras tierras. Y fue así como
Supo el colibrí de todas las especies de su tipo que se
Encuentran en las islas del Caribe. Trató de dormir,
Pero no pudo. Y aunque el gallo cantó tarde para anunciar
El nuevo día lo encontró con los ojos muy abiertos.
Sintiéndose contento de conocer otras aves como él, las
Invitó a quedarse a vivir en su árbol. Complacidos aceptaron
La invitación. Y es por eso que, a partir del día del eclipse, una bandada
De colibríes cada mañana besa las flores, produciéndose
El milagro de ver nacer, en cada temporada, una montaña
De flores y de escuchar en cada niño el piar de pequeños colibríes.
Por eso, de cuando en cuando, el pícaro sol se esconde para que el amor renazca.

domingo, 19 de octubre de 2008

Poemas de la abuela Yaya


18 Octubre 2008, 8:07 PM
Oye multitud
Escrito por: CLAUDIA HERNÁNDEZ DE ALBA (Claudiahdez_07@hotmail.coml)

Escribir para los niños es un arte difícil, sobre todo porque debemos retornar a la infancia y volver a ser niños con la ingenuidad y la ternura propia de ellos.

La poesía los ayuda a mejorar su capacidad lectora, les emociona y estimula hacia un mejoramiento de la capacidad de imaginar y crear.

Cuando se requiere realizar un trabajo que reúne cualidades de belleza, ternura, disfrute, armonía, ritmo y que ayude al desarrollo de la capacidad creativa, se requiere de mucha dedicación. En nuestro país son pocas las personas dedicadas a escribir poesías infantiles. Doña Ariadna Martín Vanderlinde, aporta a la niñez dominicana el libro de poemas “La Abuela Yaya” donde queda plasmado el amor que siente por todos los niños, donde con sus propias palabras ella expresa que abre las puestas de su corazón no importando raza, ni religión en cortos y sencillos poemas de fácil aprendizaje.

La señora Ariadna Martín Vanderlinde es una experimentada pedagoga, la directora de Asuntos Generales de la Universidad del Caribe (UNICARIBE), poeta, escritora y sobre todo defensora a ultranza de los valores patrios, el medio ambiente, las tradiciones de la nación dominicana. Ha desempeñado funciones en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Nos encontramos frente a una persona que sigue abrazando el sueño de ver a su pueblo culto. Un día movida por esos sentimientos mayores de quien está llamado a formar e instruir, escribió para niños y niñas su libro “Los poemas de la abuela Yaya”. Todavía andan por ahí algunos ejemplares que lamentablemente, no se han vuelto a reeditar.

El costo de las publicaciones es cada vez más alto; pero el país debería prestar atención a esos libros que alimentan el alma y adiestrar al pequeño a cuidar la naturaleza, valorar la inmensa belleza del mar que nos rodea, los animales, las plantas y a recoger que ser “dominicano” es un privilegio que se fortalece con la cultura que nos han legado los mayores. Quizás este sea uno de los sufrimientos de doña Ariadna Martín, no observar una educación que se refleje en las normas de existencia social, esas que se aprenden a edad temprana y si no se reafirman, pueden sustituirse por vicios, malos hábitos y costumbres que desdicen de nuestra razón humana de ser.

La violencia crece en las calles. Muchos menores y adolescentes andan sin brújula que les oriente con certeza el camino. Las drogas irrumpen en los hogares como “Perro por su casa”. El Estado dominicano debe multiplicar el esfuerzo y redoblar los programas educativos, no permitir que los libros se encarezcan y pasen de moda de un curso a otro.

En el caso específico de la Universidad del Caribe con su visión de lograr “un hermoso proyecto de Educación Superior Semi-presencial creado para permitirle a los jóvenes que ya se encuentran insertos en el mercado de trabajo, desarrollarse profesionalmente sin la necesidad de eliminar sus compromisos de trabajo”, y verificar que esta institución de estudios superior tiene en su población estudiantil más de 2000 estudiantes becados, entre ellos discapacitados y ciegos a los cuales se les ha implementado el sistema Fibred.

Apenas dicha institución cuenta con un área de parqueo para sus estudiantes, cuando a lo largo y ancho del área se concentran negocios de todo tipo, donde los automóviles se sitúan a sus anchas. Libros como el de Ariadna Martín deben valorarse y promoverse y formar parte de la educación y el arte de la docencia primaria dominicana, este material viene implementado con un precioso libro acompañado de su CD. Felicitamos a doña Ariadna por ese profundo amor a la niñez dominicana el futuro de nuestra patria.

jueves, 16 de octubre de 2008

ESTO ME GUSTA, AUNQUE NO PARTICIPE

El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera” (DE BABAR)
se pone en marcha a partir del año 2009, con el propósito de impulsar la literatura infantil y juvenil en
toda la Argentina y los países de América Latina y el Caribe.
El objetivo de este premio es el reconocimiento a aquellos autores que hayan desarrollado su carrera
literaria en el ámbito del libro infantil y juvenil, además, de reconocer a Editoriales, Ilustradores, y difusores de la literatura infanto – juvenil.
El premio será convocado anualmente por la BIBLIOTECA POPULAR “MADRE TERESA” de Virrey del Pino, La Matanza, Pcia de Buenos Aires, Argentina.
Este Premio se entregará todos los años, en el mes de noviembre, como tributo de nuestra Biblioteca a la figura de una de las más prestigiosas escritoras argentinas GRACIELA CABAL, que naciera un 11 de Noviembre de 1939, además, de ser una amiga entrañable de nuestra Institución.
BASES 2009:
PRIMERA. Podrán ser candidatos al Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera” 2009, los escritores vivos que cuenten con una valiosa obra de creación para el público infantil y juvenil cuya importancia sea considerada de trascendencia para el ámbito argentino y de Latinoamérica y el Caribe. y esté escrita en cualquiera de las lenguas que se hablan en la comunidad Latinoamericana y caribeña.
SEGUNDA. Las candidaturas podrán ser presentadas por cualquier institución cultural o educativa,
asociación o grupo de personas relacionadas con la literatura infantil y juvenil, además, de aquellos que la Biblioteca Popular “Madre Teresa” decida presentar.
TERCERA. No se aceptarán candidaturas de autores que tengan algún parentesco o lazo
consanguíneo con funcionarios de la entidad que convoca el Premio. Tampoco se aceptarán
candidaturas de los autores ganadores en ediciones anteriores.
CUARTA. Las candidaturas deberán presentarse enviando los siguientes datos:
- Una carta de postulación que explique los méritos del autor.
- El currículum vitae del candidato.
- Los datos de la entidad que presenta la candidatura.
- Los documentos justificativos que se consideren oportunos.
- Tres títulos publicados, representativos de su obra.
Esta documentación se deberá remitir en un envío por correo certificado y de ser posible con
copia de todo lo solicitado en un C.D. El envío debe realizarse especificando en el sobre
“PREMIO NACIONAL DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL: “LA HORMGUITA VIAJERA”
BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA, AV RIO PARANA 7401 – VIRREY DEL PINO – (1763) - LA MATANZA, PCIA DE BUENOS AIRES. ARGENTINA.
QUINTA. La documentación completa de las candidaturas remitidas, así como la identidad de los
candidatos, excepto de los que resulten finalistas, se consideran confidenciales. Los documentos
serán destruidos después del fallo.
SEXTA. La recepción de candidaturas se abre con la publicación de esta convocatoria y se cierra el
30 de AGOSTO de 2009.
SÉPTIMA. El jurado estará compuesto por destacados expertos en literatura infantil y juvenil
seleccionados por la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA.
OCTAVA. El fallo del jurado es inapelable y se dará a conocer durante el mes de octubre de 2009. El
premio no podrá ser declarado desierto.
NOVENA. El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil: “La Hormiguita Viajera”, es una estatuilla representativa del personaje literario, y un plaqueta.
DÉCIMA. El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera”, se entregará en la sede de la Biblioteca Popular “Madre Teresa”, o donde la Comisión Directiva lo estipule.
UNDÉCIMA. El autor premiado se deberá comprometer a participar en las actividades de promoción
que se programen para divulgar el premio y en futuras convocatorias.
DUODÉCIMA. Cualquier situación no prevista en la presente convocatoria será resuelta por la Comisión Directiva de la Biblioteca Popular “Madre Teresa”, y su fallo es inapelable y definitivo.

COMISION DIRECTIVA
BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA
CONABIP NRO 3730
VIRREY DEL PINO - LA MATANZA - BS AS
www.bibpopmadretere sa.org.ar

lunes, 13 de octubre de 2008

Los mejores peluqueros, cuento de ciguapa por NELLY GARCÍA DE PIÓN

  Los mejores peluqueros, por Nelly García de Pion Durante los últimos días había llovido sin parar. Nubes grandes y grises bailoteaban en e...