miércoles, 24 de marzo de 2021

LOS PUENTES DEL CORAZÓN de Farah Hallal, Aurora Tavárez Belliard 2019

 

Portada Los puentes del corazón, de Farah Hallal


Hasta ahora tuve oportunidad de leer "Los puentes del corazón" de Farah Hallal, obra que ganó el Aurora Tavárez Belliard del 2019.

Para nadie es un secreto que considero a esta escritora el paradigma actual de la literatura infantil de nuestro país, aunque quienes me conocen saben que admiro a muchos de mis colegas y siempre ambiciono equiparar al país con los países más desarrollados. 

Se pueden ver mis halagos a través de mis publicaciones. Don Marcio Veloz Maggiolo, José Enrique García,  Luis R. Santos, José Fernández Pequeño; Rafael Peralta Romero. Luis Martín Gómez... ¿quiénes más?, resultan ser escritores consagrados y probados en varios géneros que han incursionado en la literatura infantil pero la misma no les quita el sueño, que no es nada malo, pero es así. Y es que mi anhelo siempre ha sido tener profesionales dedicados por completo a la literatura dirigida a la infancia: de 0 a 18 años hasta que se diga lo contrario.

César Sánchez Beras, Virginia Read de Escobal y Farah Hallal constituyen un trío adorable que pone a la República Dominicana en alto con sus obras ya que en sus geografías, en sus palabras, en sus tramas, la sociopolítica de la segunda de las Antillas está presente con distinción.

En el caso de "Los puentes del corazón", la autora saca partido de sus experiencias como madre de poeta, como poeta y como emigrante.

Yo doy fe de las increíbles dotes poéticas que posee su hijo Gael Then Hallal y la lúcida inteligencia  de Itzel Then Hallal. Así que la obra es una trama ágil y divertida que trata sobre el desarraigo que no llega a convertirse en tragedia.

Maku, el protagonista llega a Valencia para incorporarse a la escuela ya avanzado el año escolar y se encuentra no solo con maestra nueva, escuela nueva y compañeros nuevos, sino con un idioma nuevo. Obligado a "adaptar" su forma de pensar acostumbrada con nuevas conductas se mete en un lío sin darse cuenta.

Farah Hallal crea el paralelismo de los dos paisajes: el que se abandona y el que se estrena, con la voz de la emoción. Maku, a través de su entorno, sus familiares, sus amigos y recuerdos muestra que está lleno de vivencias que no va a ser fácil abandonar. Y eso tiene sus contras, pero mucho más pro.

El lenguaje, lleno de familiaridad e imágenes nos hace leer todas las páginas buscando el desenlace, lo que para mí es un triunfo pues soy fiel a que esto siempre se trata de divertir y educar en proporciones apetitosas.

Con inteligencia se filtran poemas propios de Gael y otros creados para el personaje Luciano simpático y desproblematizado.

La obra fue premiada por un jurado compuesto por Lucía Amelia Cabral, Dulce Elvira de los Santos y Elizabeth Ovalle.

Farah Hallal

Tal como dije con la obra de Farah Hallal, titulada "Número Ocho" del Barco de Vapor, Editora SM, recomiendo esta lectura no solo para los niños a quienes está dirigida sino a todos cuantos aspiran a ser escritores de literatura infantil porque yo estoy segura de que muchos queremos hacer eso. Con Farah uno se divierte leyendo sus imaginerías, pero también se educa. Es sencillamente, magistral.

sábado, 13 de marzo de 2021

Mía, Esteban y la noria, de Kianny N. Antigua

 


  • La colección Loqueleo de Editora Santillana presenta en su catálogo este título para niños mayores de 6 años.


"Mía, un personaje muy conocido por los niños dominicanos, asiste con sus padres y su amigo Esteban a una Feria Mecánica para disfrutar los juegos y montar, especialmente, una gran noria en forma de estrella".

"Es un libro hermoso y sencillo donde la autora recrea tanto el sentimiento de distracción como la importancia del juego y aporta valores fundamentales para los primeros años en la vida de las niñas y los niños." 

Sobre la autora:

Kianny N. Antigua



Kianny N. Antigua (San Francisco de Macorís, República Dominicana, 1979). Escritora, profesora universitaria que actualmente se desempeña como profesora adjunta en Dartmouth College y dirige el programa de español para chiquitines en Howe Library. Entre sus obras hay muchas dirigidas al público adultos, tanto en poesía  como en narrativa; pero para niños, ella ha publicado Mía, Esteban y las nuevas palabras, El canto de la lechuza, Detrás del latido; Al revés, Mía y el regalo de Guaguau, y Mía y las luces, entre otras.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Cuentos con estornudo y arcoíris de Yuan Fuei Liao

 "Los libros son para usarlos como si fueran juguetes; inventar nuevos cuentos con los propios niños usando las palabras como juegos: juntarlas, desmenuzarlas, torcerlas, expandirlas, batirlas, reventarlas, colarlas y, cuando no las haya, engendrarlas". Yuan Fuei Liao



¡Mmmmm! ¡Qué rico es un libro nuevo! Hoy les hablo sobre una serie de cuentos del autor Yuan Fuei Liao que se llama Cuentos con estornudo y arcoiris, de la colección Loqueleo, de Santillana Infantil y Juvenil, 2020. Las ilustraciones son de José Amado Polanco tal como se lee en la portada.

La colección naranja de Loqueleo es para mayores de 10 años, pero, los más avispados, de menor edad, estoy segura de que los van a disfrutar y aún mejor si los leen con sus papás.

Mira lo que dice el prólogo:

«Los catorce (embuste, son más) cuentos de este volumen no solo integran un mundo mágico donde los extremos convergen y la creatividad despierta la imaginación infantil con una belleza literaria fuera de los común.

El estornudo y el arcoíris forman parte de la vida, y el arcoíris y el estornudo también forman parte de estos cuentos que son breves... como el estornudo y el arcoíris. El estornudo apenas dura un instante. El arcoíris también dura solo un instante, aunque más largo. Y la vida -dicen- es una sucesión de instantes... como los cuentos de este libro.

Juntar estornudo con arcoíris consiste es fruto del uso del "binomio fantástico". Este es un método promovido por el laureado autor de literatura infantil Gianni Rodari. Consiste en elegir dos palabras lo bastante distantes la una de la otra como para que su relación sea extraña, y así crear una narrativa con ellas.

Siete de estos catorce cuentos nacieron por la inventiva de mi hijo Juan Francisco: "¡A-a-ah-aaatchússs de colores!", "Angelio y el puente colorido", "-¡A-a-ah-aaatchússs! -¡Salud!", Árbol de Navidad para todo el año", "Tres maravillas en el hospital de dragones", "¿Por qué los peces tienen distintos colores?" y "Un chichón largo largo". Las ideas originales de esos siete cuentos fueron creadas por Juan Francisco cuando tenía entre tres y cuatro años de edad.

Todos los cuentos están enlazados por el hilo conductor de la familia de un planeta imaginario; pero cada uno puede ser leído por separado.

Ustedes, los niños, están más cerca del suelo que los adultos y que los arcoíris. Quizás por eso los pequeños son más "aterrizados". No han perdido la capacidad de soñar y de asombrarse.

Nos ayudan, en este mundo tantas veces descolorido, a entintarlo con los colores del arcoíris. Los niños son, pues, nuestros maestros.

Con Juan Francisco, por ejemplo, aprendí que cuando juntamos dos arcoíris podemos obtener un círculo, como la forma de una boca abierta a punto de estornudar: ¡A-a-ah-aaatchússs

¡Salud!

Eso nos informan en la contraportada y nos da muuuucha curiosidad ¿verdad? Lee los cuentos que componen esta obra:

1) ¿Por qué juntar estornudo y arcoíris?

2) Cuentos con estornudo y arcoíris

3) ¡A-a-ah-aaatchússs de colores!

4) Angelio y el puente colorido

5) ¡A-a-ah-aaatchússs!

-¡Salud!

6) De la alergia a la alegría

7) Monstro

8) ¡Esto es un nudo!

9) Árbol de Navidad para todo el año

10) Ideas descabelladas

11) La familia Prisa

12) Tres maravillas en el hospital de dragones

13) ¿Por qué los peces tienen distintos colores?

14) Un chichón largo, largo

15) De cómo el león perdió su hamaca de arcoíris

16) Infanta Eleleku

17) Postdata

18) La guagüita cimarrona

Autor Yuan Fuei Liao

«Imagínate una niña que, cuando estornuda, no arroja el aire hacia fuera de ella sino hacia dentro. Y luego se ríe.

Imagínate un mundo en el que todas las cosas son de mucho colorido, menor el arcoíris que apenas tiene tonos grises. Y llegan una niña y un niño para pintar ese arcoíris con siete colores.

Dedico este libro a quienes, con su vida, colorean este mundo de estornudos, con las tonalidades del arcoíris.»


Yuan Fuei Liao

Nació en Taiwán, de padres chinos. Yuan llegó a la República Dominicana a los siete años de edad. Pronto se habituó al sancocho y al merengue, y adquirió espíritu caribeño. Se autonombra "ser humano aspirando a ser más humano" y "exniño aspirando a ser más niño". A este origamista le encantan los haikus, los microrelatos, los chocolates, la trova, los sueños, la solidaridad, mirar las aves que planean en libertad, sentarse en los parques con las brisas... y con Jesús.

Por varios países de América y Europa realiza su oficio de "diversionero", una mezcla de misionero con diversión: presenta humor, ilusionismo y prestiditación para acompañar sus mensajes. Ha publicado los libros Dios: loco de amor, ¡Dios es wao!, El macuto mágico; en Alfaguara Infantil, Cuentos sin ningún porqué, y en Loqueleo, Hacer oír tu voz, un rebulú en la ebanistería y Repuestuario.

lunes, 8 de marzo de 2021

Sahara, de Farah Halla primer premio dentro de la categoría de narrativa juvenil en la convocatoria 2020 del Premio Campoy-Ada,


La novela “Sahara” de la autora Farah Hallal ha sido reconocida con el premio de literatura infantil y juvenil CAMPOY-ADA instituido por la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). El objetivo de este premio es reconocer en el campo de la literatura infantil y juvenil, obras ya publicadas que destaquen por la originalidad de su idea, su realización literaria y artística y por el uso excelente del lenguaje. 

Editada por Ediciones SM en Puerto Rico y merecedora en 2019 del Primer Premio El Barco de Vapor Caribe, “Sahara” ha sido reconocida, esta vez, con un primer premio dentro de la categoría de narrativa juvenil en la convocatoria 2020 del Premio Campoy-Ada, tal y como se anuncia en su página web:

http://premiocampoy-ada.com/ganadores-2020/?fbclid=IwAR2KaconoPTBWesDxpWpfQHK0WfbDhTrT1kAWebCWGp7bmY2aVzMqvfBWAc

Sahara es una historia narrada por una niña negra, que —a un tiempo sagaz y cándida— recoge en un diario la cotidianidad con su mamá española, una tía bisabuela que sufre de Alzheimer y, a distancia, con su padre dominicano, con quien mantiene una estrecha y amorosa relación.

Este es un premio dominicano por el que estamos enormemente orgullosos de compartir con su autora este reconocimiento a las letras dominicanas.

¡Enhorabuena para Farah y a seguir creando historias de valor universal! Nota de Geraldine de Santis



sábado, 6 de febrero de 2021

Tiene diez años: Niña dominicana con best seller de Amazon



Por Alicia Estévez

Santo Domingo, RD

 Muchas personas adultas desapro­vechan su tiempo. A Kiana Sosa Ure­ña, su profesora de cuar­to grado, en la Brentwood Park Elementary School, en Burnaby, una ciudad en las afueras de Vancouver, Canadá, le dio un espacio libre, en clases, para que lo dedicara a hacer lo que ella quisiera. La niña, de 10 años, en ese momento, es­cribió la historia de dos ele­fantes, en apuros, que se hacen amigos de un gorila.

A la profesora Livia Chan le pareció tan bue­no lo que leyó que animó a Kiana a enviarlo a un con­curso de su distrito esco­lar. Ganó y, luego, se con­virtió en un libro, que fue best seller de Amazon, y su autora ha sido entrevis­tada en televisión nacio­nal de Canadá, donde na­ció esta niña, que ahora tiene 11 años, y es hija de padres dominicanos.

La historia de cómo la pequeña Kiana, que ame­rita traductora para su en­trevista, pero le encanta la comida criolla, visita con frecuencia al país y se sien­te muy dominicana, escri­bió un libro, que el pasado diciembre llegó a superar, en las ventas de Amazon, las novelas de Harry Pot­ter, empezó con un desafío por una desventaja perso­nal, ella estaba aprendien­do a leer más lento que sus compañeros, explica la ma­má de Kiana, Karoline Ure­ña de Sosa.

“Tardó un poco más que sus compañeros, hasta se­gundo grado, para apren­der a leer. Se sentía mal porque otros alumnos estaban más avanzados, como es muy determinada, se po­nía a leer cuentos, para me­jorar. También, acostumbra a hablar sola, si está jugan­do, está diciendo una histo­ria. La profesora descubrió que ella tenía esa habili­dad.”

“Kiana es una narradora y escritora fenomenal.”, es­cribió Chan sobre su precoz estudiante.

De modo que el día en que su profesora dejó a los alumnos escoger a qué pro­yecto dedicarían sus próxi­mos veinte o 30 minutos, Kiana escribió el cuento “Ellie and Lou and The Me­aning of Friendship”, en es­pañol “Ellie y Lou: y el signi­ficado de la amistad”, sobre dos elefantes que se sepa­ran de la manada, necesitan ayuda, y se hacen amigos de un gorila.

A la maestra Chan le en­cantó el relato y le propu­so a la niña enviarlo al con­curso, de su distrito escolar, Words Anthology. Kiana ga­nó la categoría Prosa, del 3ro al 5to grado.

Lamentablemente, debi­do a la pandemia, se cance­ló la ceremonia de entrega del premio. Así que, para animar a Kiara, su mamá decidió publicar el cuento.

El relato, que la auto­ra dedicó a su familia en la República Dominicana, fue publicado en formato im­preso y digital.

De su lado, Kiana dice que, cuando vio que tenía su obra en las manos, se sin­tió feliz porque había cum­plido su sueño.

El diario local, Burna­by Now, publicó una reseña. Luego, la entrevistaron para CBC News National, que es televisión nacional. “Estuvi­mos en el noticiario de la ma­ñana, el 31 de diciembre. La gente nos decía, en la calle, las vimos en televisión”, cuenta Karoline.

 Han vendido unos mil 400 libros. Karoline vio có­mo, durante 48 horas, “Ellie y Lou: y el significado de la amistad”, se había converti­do en un best seller de Ama­zon.

“Los días 26 y 27 de di­ciembre, llegó al número 17 en la lista de best seller de Amazon, por encima de Harry Potter.” En la actuali­dad, el 78 por ciento de los compradores del libro, que han dejado sus comenta­rios en la página de Kiana en Amazon, lo califican de excelente.

La niña, amante de la na­turaleza y muy preocupa­da por la preservación del medioambiente, donará a “Conservation Fund of Ca­nada”, una organización sin fines de lucro, parte de las regalías de las ventas. Están en proceso de traducir el li­bro al francés y al español.


Tomado en

https://listindiario.com/la-vida/2021/02/06/655772/tiene-diez-anos-nina-dominicana-con-best-seller-de-amazon

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Una mirada a la dominicanidad a través de los ojos verdes de la literatura de la diáspora, Elizabeth Balaguer

Elizabeth Balaguer

Vianco Fernández

Santo Domingo, República Dominicana.- De grande, quería ser escritora, una que se pareciera a la autora de Mujercitas, Louisa May Scott, y a los doce años leyó Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Como el grito de guerra de sus mayores era “del colegio a la casa”, ella tuvo mucho tiempo disponible y se puso a leer desde chiquita. Le echó mano a todo libro que le pasara por el lado, y fue así que leyó temprano las décimas de Juan Antonio Alix, El masacre se pasa a pie de Freddy Prestol Castillo, y las novelas policíacas de Agatha Christie. Leyó tanto que leyó hasta los muñequitos de Archie y Sussie y las novelas rosa de Corín Tellado. Y luego se hizo fanática de Mafalda, la de Quino, y de los comics alternativos de Rius.

Conoció El Quijote a través de su abuela, que se pasaba el día parafraseándolo por toda la casa, y un día esa misma abuela la encontró leyendo el libro Ernesto Cardenal en Cuba, y la rellenó por andar leyendo a ese "cura ateo".

Elizabeth Balaguer tuvo acceso a la biblioteca personal del presidente Joaquín Balaguer, que era su tío, y nunca olvida el día que se la llevaron. “Me llevaban a su casa y uno de los lugares que más disfrutaba era la biblioteca que estaba en el primer piso del anexo. Iba tocando uno a uno los libros, en ocasiones observaba los detalles de sus encuadernaciones, a veces tomaba algún ejemplar entre mis manos y abría sus páginas. Y claro, siempre los volvía a colocar en la misma manera en que los había encontrado. Ese lugar era casi un santuario. Hasta que un día llegué y con tristeza vi cómo iban desmontando los libros de los anaqueles para colocarlos en las cajas numeradas que serían donadas a la UNPHU. En ese instante sentí que la magia se había terminado”.

Lo primero que escribió fueron cartas. Largas y extensas cartas que mandaba a sus primas y a sus tíos, y que las ayudaron a soltar las manos para su futura actividad de escritora. “Yo siempre tenía cosas que contar y no me importaba pasar largo rato escribiendo; por el contrario, eso me encantaba”.

Elizabeth Balaguer tiene unos ojos que compaginan con las mañanas de abril, el mes en que nació, y en ellos nunca se hace de noche. Son verdes, tirando al gris que queda en los ríos después que les cae una llovizna, y de una transparencia aceitunada, y en ellos pueden reflejarse todas las cosas del mundo.

Su madre tenía una máquina de escribir, una vieja Remington, que era un lujo del pasado. Su padre era pendolista y encuadernador en la imprenta de la Secretaría de Educación y le transmitió el amor por las bellas letras. Ella lo veía sonreír mientras trabajaba de tarde en tarde, inclinado en su mesa de dibujo. Él le contagió el amor por las formas y por el alfabeto que inventaban sus manos, y la pasión por todo aquello que iba envuelto en el mundo mágico de la impresión. “Es desde entonces –recuerda– que aprendí a querer y respetar el mundo de los libros desde su composición hasta su impresión”.

Desde el año 1989 vive en Nueva York y dice que a pesar de sus treinta años en esa gran ciudad nunca se ha curado del mal de patria, esa nostalgia invencible que cada emigrante dominicano lleva escrita en el alma. Trabaja en el sistema de educación preescolar, en un centro adscrito al Distrito Escolar 6, del Alto Manhattan. Es publicista, diseñadora, Master en Lengua Española y Literatura del City College of New York y gestora cultural.

Vive en un sexto piso que mira de costado al río Hudson, convertido por las veleidades de la geografía neoyorquina en el Harlem River. Y allí, de tarde en tarde, se sienta a escribir y a mirar desde su ventana ese pedazo de mundo. “Desde la ventana de mi casa puedo apreciar por un lado el amanecer desde el río del Este o Harlem River y por el otro lado el puente George Washington, levantado sobre el Río Hudson, y su atardecer. Manhattan es una isla bordeada por dos ríos y cada uno tiene su belleza. Para mí, el paisaje es gratificante. Cada día esas imágenes me reconfortan, se han convertido en parte de mí, son mi sentir, mis pensamientos y sus conjuros, mis cómplices, son mi amanecer y mi anochecer”.

¿De qué mundo procede usted y qué le ha aportado a su creación literaria?

De pequeña me imaginaba que vivía en un mundo donde la ficción y la realidad estaban tomadas de la mano. Me llamaban la atención los estantes con libros y desde pequeña era poseedora de uno. Me gustaba sentarme delante del estante a contemplar mi pequeña biblioteca. En mi memoria tengo grabado el recuerdo cuando mi Tía María, cariñosamente Vía, quien me enseñó a escribir en letras corridas o cursivas. Recuerdo lo orgullosa que me sentía de poder dejar de escribir en letra de molde o imprenta.

Fue un privilegio venir de una familia donde la profesión de maestra es sagrada; tías, tíos, abuelos y abuelas tuvieron el honor de educar a varias generaciones en diferentes áreas. Yo leía todo y lo recitaba en voz alta. Tener la habilidad de leer era la cosa más maravillosa que podía sucederme; a través de la lectura yo iba día a día descubriendo el mundo fantástico que estaba ante mis ojos.

¿Qué escribía antes de escribir literatura infantil?

Me inicié con el género epistolar, me gustaba escribir a mis primas y a mis tíos. Mis cartas eran extensas y muy detalladas. Yo siempre tenía cosas que contar y no me importaba pasar largo rato escribiendo; por el contrario, eso me encantaba. Antes de escribir cartas yo escribía algunos pequeños artículos, que más que artículos, eran ensayos. Siempre me ha gustado escribir cuentos; inclusive, tengo muchos que son de adultos, que nunca se han publicado. Y escribía de vez en cuando poesía; la poesía es una parte de mí.

Para mí la escritura es un desahogo y una manera de conectar el yo interno con lo que me rodea. Cuando pequeña me acostaba en el piso y hacía unas historias fantásticas con las nubes. Le hacía cuentos a mi hermanita más pequeña, le hacía muñecas, se las dibujaba siempre para entretenerla. O sea, que yo puedo decir que siempre he estado escribiendo. Ahora sé que seguiré escribiendo siempre y cuando pase el tiempo y mis hijos tengan sus hijos, yo seré una abuela que escribe, y que a través de la escritura les diré en libros el nombre de mi patria para que no se olviden de sus raíces ni se olviden de la tierra de sus padres.

¿Cómo giró hacia la literatura infantil y de dónde provienen las historias que cuentan sus libros?

La primera publicación de un libro que hice fue uno que no era de superación personal, pero daba pautas para encontrarse con uno mismo y poder seguir adelante. Al año de publicar ese libro, mi hijo estaba muy pequeño y yo quería, como toda buena madre, enseñarle a cantar canciones de mi infancia.

En primer lugar, trabajé con Trucando, un libro que ha tenido una gran acogida. Luego trabajé con Cuco. Escribí Trucando basada en las memorias y recuerdos de mi niñez. Siento que teníamos un vacío en la literatura infantil y quise ayudar a llenarlo con historias nuestras, que contaran nuestras costumbres, tradiciones y leyendas.

El cuento de Cucotambién ha tenido muy buena acogida. Es de los cuentos que yo más quiero. Un día fui a visitar en una escuela a niños de octavo grado. En ese diálogo les pregunté qué era lo que más recordaban de su República Dominicana, muchos habían llegado pequeños, se habían ido de vacaciones,y lo que más recordaban era el miedo que les metían con el Cuco. Eso me hizo pensar que el Cuco es parte de nuestra identidad y que había que preservarlo. Pero que al preservarlo teníamos que tomar en consideración que la psicología moderna en educación no permite tener asustadores. Por eso el Cuco, en mi cuento, se vuelve amigo de los niños. Es una manera de disipar el miedo, pero al mismo tiempo de mantener algo que es parte de la tradición y la identidad.

Como todos sabemos, el Cuco es un personaje que se utilizaba para disciplinarnos; un asustador. Lo usaba la abuelita, lo usaba la nana que cuidaba a uno y todo el que estaba alrededor. Todo el mundo le tenía miedo al Cuco. El argumento del cuento es una niña que viene al campo y encuentra un Cuco gracioso, que en vez de meterle miedo le cuenta a ella que lo han usado todo el tiempo como un asustador para disciplinar a los niños, pero que el Cuco no se come a los niños, sino que es amigo de los niños. Ahí comienza una nueva relación con el Cuco, y una de las actividades que yo hago con ese cuento es que ellos mismos creen su propio cuco. Y ese propio Cuco es su amigo.

¿Qué dice de los que piensan que la literatura infantil es un género menor?

Están equivocados. Podemos decir que la literatura infantil es de vital importancia para el desarrollo del ser humano. Es a través de ella que se despierta la creatividad intelectual en el proceso cognoscitivo que se inicia en el niño en los primeros cinco años de vida. La literatura infantil, como vínculo de exploración a su entorno, enriquecimiento de su vocabulario y el acercamiento a un mundo de fantasías que les permite dejar volar su imaginación. Para escribir literatura infantil debes volver a tus inicios, regresar a la niñez.

A mí me apasiona la literatura infantil, pero el hecho de que tú escribas básicamente sobre eso no significa que es lo único que tú sabes hacer; no significa que tu inteligencia y tu preparación están limitadas.

En la literatura infantil tú tienes que ser conocedora de la naturaleza humana para tu escribir literatura infantil. Y para tu ser conocedora de la naturaleza humana es mucho lo que tú tienes que leer y saber. El escritor infantil tiene que investigar y buscar y saber lo mismo que un crítico y lo mismo que una persona que escribe ensayo o que escribe novela o que escribe cualquier otro género. O sea, que debe haber un respeto y una equidad en lo que tiene que ver con la literatura infantil.

Cortázar contó una vez que un editor le pidió un cuento para niños y él le dijo que no porque era más fácil escribir para un adulto que para un niño. Yo he hecho lecturas con niños de cinco años que me han dicho eso no es así.

¿Nunca ha escrito un tema que no sea dominicano?

Yo tengo una novela que se llama Creciendo en Washington Heights. La inicié y está muy desarrollada. Para trabajarla tuve que visitar diferentes escuelas y hablar con jóvenes y adolescentes de sus experiencias. Y entre esos no solamente hay dominicanos, hay otras nacionalidades.

¿Qué historias cuenta la novela?

Es una novela sobre jóvenes, sus experiencias y el medio en que se desarrollan, el vocablo que utilizan, las diferentes situaciones que enfrentan. Estoy tomando sus experiencias y adaptándolas a la manera ficcional. Una muchacha me contó su historia y me di cuenta que es la misma de todos. Y no solamente sucede con los dominicanos, sucede con diferentes nacionalidades. Es el signo de la emigración.

¿Cómo es su vida como emigrante y como escritora en Nueva York?

Desde que decidí vivir en Estados Unidos me hice el propósito de mantener mis convicciones y valores. Han pasado los años y sigo siendo la misma persona que llegué aquí. Claro está, con un poco más de madurez.

Resido en Washington Heights, un sector donde vive una gran población dominicana. Aunque se notan los cambios en los últimos años por el alza de los alquileres, lo que ha obligado a muchos dominicanos a desplazarse a otros condados y ciudades. Todavía quedan calles donde el concurrir de dominicanos es notorio, como es el caso de la avenida de Saint Nicholas y la avenida Audubon, entre otras. Pero si tú caminas hacia el oeste, vía la calle 181 después que pasas la avenida Broadway, ves la diferencia; es una población más anglosajona, rusa y judía. Y si te vas al este te encuentras con la Universidad Yeshiva, que es un recinto universitario judío.

Desde la ventana de mi casa puedo apreciar por un lado el amanecer desde el Río del Este o Harlem River y por el otro lado el puente George Washington, levantado sobre el Río Hudson, y su atardecer. Manhattan es una isla bordeada por dos ríos y cada uno tiene su belleza. Para mí el paisaje es gratificante. Cada día, esas imágenes me reconfortan, se han convertido en parte de mí, son mi sentir, mis pensamientos y sus conjuros, mis cómplices, son mi amanecer y mi anochecer.

Escribo donde quiera; en ocasiones camino hasta el parque de Fort Tryon cerca del Jardín Curativo (Healing Gardens); busco un espacio bajo la sombra y me siento a escribir. Es un refugio de paz y armonía con la naturaleza que inspira a escribir. Cuando quiero desconectarme de todo y de todos, camino hasta Los Cloisters, un castillo medieval que se encuentra localizado en el parque, me siento alrededor de su jardín interior y puedo pasar horas escribiendo.

En las tardes, luego de salir del trabajo, camino hasta la parada del tren “A” por el lado de la calle Overlook Terrace y la calle 184 para tomar el tren. Durante el trayecto escribo o reviso algún escrito. Casi siempre llego hasta Columbus Circle (calle 59), salgo de la estación, camino hasta el Lincoln Center, que se encuentra en la calle 66. Miro el reloj, luego me acerco hasta la fuente para observar el ritmo de sus aguas, suben, bajan, desaparecen, y yo me siento, escribo, escribo y luego continúo.

¿A pesar de sus regresos permanentes a Santo Domingo aun le muerde la nostalgia?

Hay una nostalgia perenne en los emigrantes dominicanos. Nunca se me va a olvidar un día que venía llorando a mi casa. Yo lloraba y decía que no conocía a nadie ahí. Tú buscas ese calor humano, ese cariño, ese nexo que te da tu lugar, y a veces no lo encuentras. Esa es la nostalgia del emigrante.

¿Dónde nacieron sus hijos y en qué idioma se educaron?

Nacieron en Estados Unidos y se educaron en el inglés.

¿Sus hijos se saben el Himno Nacional dominicano?

Sí. Yo se los enseñé temprano.

¿Y usted cree que la nostalgia de un emigrante se hereda?

Los hijos de emigrantes, a menos que hayan tenido un roce, una permanencia por aquí, aunque sea corta, no pueden heredar la nostalgia de sus padres.

¿No le parece que en los hijos extranjeros de los dominicanos se difumina la patria que dejaron atrás?

Así es. En mi caso, mi patria se va difuminando en los muchachos. La tengo yo, muy marcada, muy adentro, y ellos respetan eso. Y respetan mis tradiciones.

¿Cuál es la patria de un emigrante dominicano que se sabe el Himno Nacional de su país, pero que no se educó en el idioma de sus padres y que cuando tenga hijos ya no tendrán raíces de este lado del mar?

La patria de los hijos es donde ellos viven. Ellos descienden de la mía, pero su patria es aquella. Mis hijos se educaron allá, en Estados Unidos, pero mi visión de la educación está basada en la formación que yo recibí, aquí, en República Dominicana. No me interesaba tener una transculturación. Somos un país híbrido y yo eduqué a mis hijos para que se reconocieran en su origen, qué eran ellos y de dónde venían. Eso tiene que ver con la identidad.

¿No le parece que los hijos de dominicanos que nacen en el extranjero se van desprendiendo poco a poco de sus raíces?

No te diría que se van desprendiendo así porque siempre ellos van a estar cerca, van a saber quiénes son. Conmigo se da lo siguiente. Yo no emigré, nunca se cortó ese cordón umbilical. Yo vivo en Estados Unidos, camino muchísimo. Sin embargo, yo llegué y nunca he aceptado la idea de que emigré. Yo no cogí dos maletas y me fui. Yo cogí un bulto, un bolso para llegar una semana y regresar. Por ciertas circunstancias me quedé allá por dos años, no más de ahí, y ya han pasado treinta. Ese era mi destino.

Siempre he tenido esa resistencia a verme como una emigrante. Yo vivo en Estados Unidos pero en mi interior no ha habido ese rompimiento. Yo vengo siempre a mi tierra, y esa es mi resistencia para no perder el lazo. Este país es mi centro y venir siempre es una manera de sentirme que estoy en mi casa, que tengo un lugar, como que yo nunca me he ido y que este es y seguirá siendo siempre mi lugar. Esté donde esté. Mis mejores años los he pasado aquí, yo nací aquí, crecí aquí, estudié aquí. Y nunca he perdido mi contacto por esa misma razón.

¿Cuál es la importancia de preservar las tradiciones, leyendas y costumbres?

La mejor manera de preservar las leyendas y los cuentos es a través de la escritura pues por de esa manera van a ir de una generación a otra. Hay un poema que está en Carnaval en que yo termino con esto que acabo de decir: esto es parte de tu historia, de tus raíces y tradiciones.

¿Qué pasa cuando un país olvida esas tradiciones?

Desaparece su identidad. Hay una transculturación porque adquiere culturas y tradiciones que no son innatas, que no le pertenecen. Entonces, la esencia de país desaparece. Cuando tú no tienes identidad tú no tienes nada. Eso es como cuando tú no tienes tu nombre ni tu apellido. La identidad es lo mismo.

¿Qué atenta hoy en día contras las tradiciones y leyendas?

Si no continuamos escribiendo con relación a ese tipo de temas las tradiciones van a desaparecer. Fíjate que hay mucha literatura, hay muchos cuentos que se hacen, pero no se está hablando de tradiciones. Son pocas. Mi libro Trucando es un libro es de manejo fácil, didáctico, tanto para un padre, para un maestro como para un niño. Ese libro es un acercamiento con la familia. 

¿Cómo son los lectores de literatura infantil hoy?

La generación a que estamos enfrentado es la generación T. Eso es la generación táctil. Hay una generación Z, que es la generación anterior. Para mí, la Z viene después del Milenium. Ya se terminó la generación del Milenium. Terminó con mis hijos. La Z viene después de ellos, que son los jovencitos que llegan hasta diez años, doce años, los que están subiendo, que están entrando a la universidad. La generación Z o post Milennials. Ahora todo lo de la Z es digital, no pueden hacer nada sin los teléfonos, mucha comunicación, no pueden vivir sin un celular, prefieren leer en las tabletas. Pero la táctil es la que está subiendo en este momento, que es la que, como escritora juvenil e infantil, yo tengo, que son los que están utilizando mi literatura. O sea, es la edad comprendida para la literatura infantil que yo publico. Esa es la T. Un dato importante, la T comenzó en 2010 y se piensa que va a terminar en 2025.

Esta generación representa un grave reto para los escritores porque de meses le ponen un celular en las manos y una aplicación. Hay que tener mucha creatividad, las ilustraciones tienen que ser muy buenas.

¿Qué debe hacer el escritor de hoy para llegar a esa generación?

Esa es una generación que para los escritores representa un gran desafío y la versatilidad: obras de alta calidad, de una calidad literaria elevada, imaginación y creatividad, elementos importantes que motiven a los niños y las niñas a leer. El autor, tanto infantil como juvenil, tiene que poner ahora más esfuerzo en lo que escribe, más emoción en lo que hace, verosimilitud, ante todo. Tú tienes que ser más sagaz, tener más dinamismo, muchos juegos de palabras, mucha rima, mucha sonoridad en la escritura para poder atraer al lector. 

¿La modernidad y la tecnología le están cerrando el paso a la fantasía de los niños?

Yo diría que no. Al contrario, creo que la tecnología le ha dado al niño una capacidad más amplia para tener un acercamiento a lo mágico, lo fantástico, un cercamiento muy temprano.

¿Cómo se construye un personaje en la literatura infantil?

Sacarlo de la misma realidad. La magia de la literatura infantil es la magia de los niños. El niño de por sí es un ser mágico y todo lo que hace lo transmite con magia porque la inocencia es magia. Los personajes de la literatura infantil son personajes mágicos que nacen del mismo niño. Los cuentos para los niños son basados en su mundo, y su mundo es mágico. Los niños no conocen limitaciones, las limitaciones se las ponemos los adultos; el niño no conoce la maldad, la maldad se la hacemos los adultos. El niño es un ser alegre por naturaleza, somos los adultos que convertimos los niños en seres tristes.

¿La literatura infantil debe tener algún propósito?

Al principio, la literatura infantil quería enseñar y disciplinar al niño. Ese era el propósito. Pero cuando se piensa en propósito se pierde la magia de la literatura.

Hay una falta de apoyo al libro dominicano en el extranjero. ¿Eso también es válido para la literatura infantil?

Eso es válido para todo, pero en la literatura infantil es peor. Son pocos los autores dominicanos que pueden decir que se están vendiendo en el extranjero. Es un problema de representación del libro; no tenemos una representación del libro. Hace poco estuvimos en la Feria del Libro de España (Madrid). Yo tenía una presentación. Yo había mandado unos libros para que los llevaran allá. Cuando salieron las personas de la actividad fueron a comprar mis libros y no habían llegado; no los mandaron a tiempo los encargados de hacerlo. 

¿En resumen, el libro dominicano no tiene dolientes en el extranjero?

No, no tiene dolientes porque no hay una representación, no hay una entidad que se encargue de mandar esos libros a esos lugares. 

¿Quién distribuye el libro dominicano en el extranjero?

El propio autor.

¿Por qué el libro cubano camina y el dominicano no? ¿Por qué el libro mexicano camina y el dominicano no? ¿Por qué el libro colombiano camina y el dominicano no?

Porque sencillamente no hay una institución dominicana dedicada a hacerlo caminar. Realmente, no hay una persona o una entidad que se encargue del libro dominicano en el extranjero, que le dé seguimiento. Eso le hace falta al libro dominicano. Puede decirse entonces que el libro dominicano en el extranjero no tiene facilidades. Para que el libro dominicano se puede posicionar hay que abordar el tema de lo que es el tema del marketing, distribución y mercadeo en el extranjero.

¿Hay diferencias entre un hombre que escribe y una mujer que escribe?

El hombre que escribe tiene mucho más tiempo para escribir. El hombre que escribe tiene mucho menos responsabilidades que una mujer. Aparentemente el hombre lleva más carga, y es mentira, la mujer lleva más carga que el hombre en todo el sentido. El hombre tiene mucho más facilidades para escribir. Yo estoy partiendo de mi experiencia propia y considero que sí, que el hombre tiene mucho más facilidad. El tiempo de la mujer es más corto porque tiene que ser dividido en muchas partes. A veces hacen cualquier tipo de actividad, invitan escritores y si acaso una mujer, y fíjate cuántos hombres invitan. Haga una evaluación, son diez hombres y alguna mujer, y en ocasiones ninguna. Eso es parte de una conciencia colectiva, eso es parte de lo que vivimos todavía.

Ya llegó el tiempo de cambiar esa visión. Hubo un tiempo en que la mujer tenía que escribir con un seudónimo y el seudónimo que tenía que utilizar era de hombre.

¿Entonces, ha tenido que pelear tu condición de escritora, de mujer que escribe?

Yo sí; la he tenido que pelear, con mucha altura, claro está. Hay que saber que adonde yo he llegado, he llegado con pulso, con entereza y con mucha clase. El camino ha sido fuerte, ha sido duro. El camino ha sido un poquito lento, pero creo que al final ya se ha reconocido. El reconocimiento trae respeto. 

Dicen que escribir cambia a la gente. ¿A usted la ha cambiado la literatura?

Escribir es una forma de reflexión. A mí me ha hecho más observadora y más atenta. Y te podría decir que en cada cosa que escucho encuentro una historia para contar.

Un escritor es, por definición, un contador de historias. ¿Humanamente hablando, qué huellas le ha dejado el oficio de contar historias para los niños?

Ser más humana, tener más acercamiento con el ser humano y ser más transparente. Esa es mi lección

Publicado originalmente en:

https://acento.com.do/cultura/una-mirada-a-la-dominicanidad-a-traves-de-los-ojos-verdes-de-la-literatura-de-la-diaspora-elizabeth-balaguer-8731178.html




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