domingo, 26 de noviembre de 2017

Entrevista con Lucía Amelia Cabral




Lucía Amelia Cabral

Tiene una imaginación increíble. Cuando habla de lo que escribe, se le dilatan los ojos, de por sí expresivos, y se ilumina el rostro. Cada palabra es un dibujo que va cobrando forma. Es egresada de la Escuela de Derecho de la Universidad Pedro Henríquez Ureña pero su vida ha ido girando en torno a la comunicación y la literatura infantil. Gracias a la publicación de su libro ‘hay cuentos qué contar”, la llaman para que sea parte de un programa televisivo también para los chiquitines. Y así, su rumbo se va escribiendo solo, por el camino de los cuentos y una que otra poesía. Pero siempre como el tinte infantil, su pasión, sin duda.

La literatura infantil de Pedro Henríquez Ureña

Dra. Margarita Luciano López


Pedro Nicolás Federico Henríquez Ureña, llamado Pibín por sus familiares, tuvo el privilegio de nacer en una familia de intelectuales, que cultivó en sus hijos, desde pequeños, el hábito de leer, de participar en tertulias literarias, que con frecuencia se desarrollaban en su casa, de producir boletines y periódicos literarios que circulaban en la familia y luego entre los amigos, de fundar revistas y grupos literarios, en los que participaba la intelectualidad dominicana de la época y de otros países donde vivieron, de asistir a funciones teatrales en las que se presentaban las obras de Shakespeare, dramaturgo por el cual mostró afición, a muy temprana edad y conciertos de música clásica que cultivaron su gusto por la buena música; en fin, de participar en múltiples actividades de cultivo de su intelecto.
Cuando nació, el 29 de junio de 1884, su madre, Salomé Ureña y su padre Francisco Henríquez y Carvajal, según señala Guillermo Piña Contreras (1), “desempeñaban un importante papel en el mundo cultural y político de la República Dominicana, como ya antes lo habían hecho sus respectivas familias, los Ureña y los Henrìquez”. También expresa el autor que “la Restauración de la República fue un estímulo para las artes y la cultura en Santo Domingo”, razones, entre otras, que motivaron la participación de sus padres.
Junto a Eugenio María de Hostos, su madre Salomè Ureña fundó el Instituto de Señoritas, a través del cual la mujer dominicana pudo acceder, por primera vez, a la educación superior. Esta institución funcionaba en el hogar de los Henríquez Ureña, donde Pedro recibía los conocimientos que le transmitía su madre.
Su padre Francisco Henríquez y Carvajal era médico e intelectual, su abuelo materno, Nicolás Ureña de Mendoza era poeta y abogado, su tío, Federico Henríquez y Carvajal, escritor e intelectual, que se convirtió en su mentor y también dirigió los pasos hacia su formación académica.
Era frecuente en el hogar de los Henríquez Ureña comunicarse en inglés y en francés, idiomas que el joven Pedro dominó a la perfección, según refiere su hermana Camila ( 2 ). En su niñez mostró un dominio y predilección por la matemática. Su madre cuenta que a los cuatro años conocía con gran certeza el sistema de numeración decimal y leía con fluidez. En su juventud dirigió sus intereses hacia las ciencias naturales y luego hacia las letras.
Es considerado por expertos uno de los grandes intelectuales de la lengua española y de la crítica literaria, al que Bruno Rosario Candelier califica como “un humanista excepcional, emprendedor y fecundo, cultor apasionado de la palabra, intérprete eminente de la literatura hispanoamericana, ensayista prolífico y profundo”(3).
Desde muy joven mostró interés por la docencia y desarrolló su trabajo con una visión americanista. Fue en esencia un gran erudito y maestro, del cual debemos sentirnos orgullosos los dominicanos.
El trabajo infantil de Pedro Henríquez se muestra en su obra “Los cuentos de la nana Lupe”, publicados por primera vez, sin firma, de septiembre a noviembre de 1923 en el periódico “El Mundo” de México. Los relatos aparecieron en la edición conmemorativa a los veinte años de la muerte de su autor, realizada por la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1966.
María del Carmen Prosdocimi de Rivera(4) refiere que “En su obra sobre Don Pedro Henríquez Ureña, Jacobo de Lara indica cómo el año de 1923 fue de gran producción para el autor, así como su tarea de crítica teatral para El Mundo, con la firma de Gogol”.
En la República Dominicana los cuentos fueron publicados por la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, con motivo del II Festival del Niño y se distribuyeron gratuitamente. Otras publicaciones fueron realizadas por la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña de Santo Domingo, por la Editora Taller y por el Fondo Editorial y la editora Alfa y Omega, como parte de la colección “Biblioteca Juvenil Tobogán”, en 1992. el ballet de Miriam Bello hace más de dos décadas, presentó, en el Teatro Nacional de la República dominicana, los Cuentos de la Nana Lupe, en una versión bailada, dramatizada y cantada espléndidamente por niños y niñas.
En una nota introductoria de la edición de Alfa y Omega (5) se aclara que Jauja, la ciudad ideal donde se desarrollan los cuentos de Pedro Henríquez Ureña es, en la realidad, el nombre de una ciudad peruana, fundada en 1533. “Por su clima paradisíaco y su riqueza; por su propiedad agropecuaria y minera, esta ciudad se convirtió en símbolo de lugar ideal. En la literatura, Jauja adquirió fama por medio de las obras de los hermanos Grimm, quienes la describieron como el país donde reinaba el ocio o tiempo libre, puesto que todo el trabajo estaba hecho”.
Los cuentos de la nana Lupe se desarrollan en varios escenarios y con diversidad de compañeros, con los que Mariquita (La Chachalaca) y Nachito (el Pelón), comparten experiencias y aventuras. Incluyen: En los volcanes, En Jauja, Con las brujas, Con las hormigas y la cigarra, Con el cuervo y el coyote, Con las ranas, Con el león, Con el camello, Con el perro, Con el cordero, Con el gallo y las gallinas, Con el zorro azul, Con la cigüeña, Con el burro y Con el burro y el ratón. La variedad de animales que abarcan y la narración de sus comportamientos nos hace pensar que el escritor regresa a la pasión de su juventud y plasma en sus cuentos sus profundos conocimientos sobre las ciencias naturales.
“Su obra sabia y justa es respetada por todos y aún hoy nos enseña a acercarnos a lo más genuino de la cultura de nuestros países”, expresa Diony Durán (6), en la presentación de Los cuentos de la nana Lupe, publicados por la editorial Gente Nueva de La Habana, Cuba, en 1989.
“Apóstol de la palabra y el ejemplo, del pensamiento y la cultura artística e intelectual, Henríquez Ureña prefería la claridad del pensamiento al oropel de la expresión sonora y rimbombante. Era ante todo, un educador y un humanista”, refiere Bruno Rosario Candelier (7). Expresa incluso que Alfonso Reyes lo comparaba con Sócrates, por lo que muchos le llamaron el Sócrates del Caribe.
Los cuentos de la nana Lupe, a través del mundo de fantasía, de una Jauja hecha de dulces, en la que a todo el mundo se le satisfacen sus necesidades, con habitantes que viven en paz, niños que asisten a una escuela funcional, donde se les prepara para la vida, un duende bueno y complaciente, Don Yo de Córdoba, que orienta y guía a los niños cuando llegan a ese lugar paradisíaco, totalmente diferente a su mundo, se enmarcan en el deseo ideal de los seres humanos de crear una sociedad justa y perfecta, por la que lucharon intelectuales del continente americano como Henríquez Ureña; así como en el trabajo por el desarrollo de la educación y la cultura americana que llevó a cabo su autor en los diversos países de nuestro continente y de otros, en los cuales habitó (Cuba, República Dominicana, México, España, Estados Unidos, Chile y Argentina) y en el estudio y conocimiento de su obra en el mundo.
En su obra infantil Pedro Henríquez Ureña trabaja espléndidamente como el educador que fue desde pequeño, cuando orientaba a su hermano Max, enseñándolo a leer y a escribir y desarrollando el hábito de leer juntos, como aclara el propio Max Henríquez Ureña o cuando orientaba los primeros trabajos de crítica literaria que escribiera su hermana Camila o cuando expresaba a sus alumnos argentinos, entre los cuales se encontraba Ernesto Sábato, quien luego descolló como un gran escritor, que se sentiría honrado como maestro si uno de sus alumnos lograba superarlo. En esta obra infantil escrita para niños “no aniñados”(8), como expresa Prosdocimi de Rivera, Henríquez Ureña desarrolla los aspectos que Bruno Rosario Candelier(9) llama “Las líneas maestras de sus estudios literarios”:
a.Intuición y sensibilidad como dones fundamentales para la creación, atrayendo a los infantes mediante la presentación de una obra llena de imaginación y gozo
b.Calidad para reconocer la valía de una obra literaria que ha recibido críticas positivas en muchos lugares del mundo y en el análisis que realizan conocedores del tema
c. Ponderación de la lengua y su sistema expresivo como el instrumento adecuado para la creación literaria, mediante una narración hermosa, imaginativa y ágil
d. Originalidad como garantía del aporte genuino de los creadores auténticos, presentando unos cuentos y escenarios ideales creados por el autor
e. Conciencia y exaltación del sentido poético expresado en la esencia y el valor de lo artístico, a través de expresiones simples, pero trabajadas para embellecer la lengua
f. Ideal cifrado en el cultivo de las humanidades a favor del crecimiento del espíritu mediante el desarrollo intelectual y estético, al describir una sociedad hermosa, organizada y justa, donde se convive en paz
g. Exaltación de la palabra, la escritura y la misión de los escritores para contribuir al cultivo de los valores y la edificación de la conciencia, a través de la presentación de personajes, situaciones y acciones de beneficio social y colectivo
h. Énfasis en el genio de la lengua y potenciación de la tradición hispánica, a través del trabajo de construcción de textos hermosos en el idioma español
i. Ponderación de los escritores de valía exentos de intereses subalternos o de apetencias mezquinas o deleznables, con la construcción de un mundo justo, en el cual sus habitantes luchan por el bienestar de todos, más que por el suyo propio
j. Valoración del aporte creativo, intelectual y estético, con la construcción de una obra original, educativa y profunda.
No es pues de extrañar que su obra literaria dedicada a los infantes tenga un sello de calidad, calidez, imaginación, fantasía, ética y estética, propios de quien fuera un humanista, un profundo cultivador de la palabra que, al decir de Rosario Candelier “ todo lo que hizo tuvo el propósito de ponderar, potenciar y promover los más altos valores literarios” y que fue maestro de creadores literarios, investigadores y promotores de la literatura en numerosos países(10).

Gracias.
Dra Margarita Luciano López



CITAS:
(1) -Piña Contreras, Guillermo. El universo familiar en la formación intelectual de Pedro Henríquez Ureña. En Presencia de Pedro Henríquez Ureña. Escritos sobre el maestro. Compiladores Jorge Tena Reyes y Tomás Castro Burdiez. Editorial Ciguapa. Santo Doingo, 1ra edición, 2001. Pag. 326 y 327.
(2)- Henríquez Ureña, Camila, entrevista sobre su hermano Pedro. Camila Henríquez Ureña. Estudios y conferencias. Editorial Letras cubanas. Ciudad de La Habana,
Cuba, 1982. Pag. 633.
(3)-Rosario Candelier, Bruno. Pedro Henríquez Ureña. Obras Completas. Tomo II. Estudios literarios. El aliento de una obra edificante. Pag. XV.
(4)- Prosdocimi de Rivera, María del Carmen. Presencias. Colección BANRESERVAS. Serie Literatura 6. Editora Amigo del Hogar. Santo domingo, 1999. Pag. 130 .
(5)- Henríquez Ureña, Pedro. Los cuentos de la nana Lupe. Editora Alfa y Omega, Santo Domingo, 1992. Pag 8.
(6)- Henríquez Ureña, Pedro. Los cuentos de la nana Lupe. Editorial Gente Nueva, Ciudad de La Habana, Cuba, 1989. Pag 5.
(7)- Rosario Candelier, Bruno. Lenguaje, identidad y tradición en las letras Dominicanas (De Javier Angulo Guridi a Manuel Salvador Gautier). Publicación Academia Dominicana de la Lengua y Universidad APEC. Editorial Letra Gráfica. Santo Domingo, 2004. Pag. 156 a 159.
(8)- Prosdocimi de Rivera, María del Carmen, Ob. Cit. Pag. 130
(9)- Rosario Candelier, Bruno. Ob. Cit. Pag. 155.
(10) )- Rosario Candelier, Bruno, Ibidem.

sábado, 21 de octubre de 2017

EL BARCO DE VAPOR EN DOMINICANA








¿Veremos los tucutús, abuelo?




¿Veremos los tucutús, abuelo?

Luis Beiro

Néstor Medrano se hizo escritor a partir del periodismo. Es uno de esos casos donde la vocación no se pierde a causa de la inmediatez. Por su trabajo, Medrano debe todos los días cubrir eventos, redactar informaciones y someterse al lenguaje convencional que impone la tradición del país para el periodismo escrito.

Sin embargo, la semilla de escritor salía a relucir en algún momento del día (o de la noche) y Medrano era el personaje de sus propias historias. Así fue armando novelas, relatos, poemarios y literatura infantil, porque su intuición creativa no pretendía un límite genérico. Él ha escrito varios libros, la mayoría inéditos, en espera de que en el país se instaure un negocio editorial que reconozca el oficio que ha elegido. Mientras llega ese momento, publica sus historias aquí o allá. La más reciente, titulada: “¿Veremos los tucutús, abuelo?” lleva el sello de la editorial SM, a través de su colección, “El barco de vapor”. Es un relato para niños, ilustrado por Montserrat Ubach, donde se evidencia la destreza escritural de Medrano; quien además, no abandona su vocación lectiva, ni tampoco su formación como periodista.



domingo, 15 de octubre de 2017

¿Quién es Marino Berigüete en la Literatura Infantil Dominicana?


Nacido en Barahona, República Dominicana en 1962. Abogado, político y escritor. Entre sus publicaciones destacan obras de diversos géneros literarios: Mujeres y Odas a Barahona (poesía); Despertar de las palabras (ensayo); Maralba (novela); 13 cuentos supersticiosos del sur y Gotas de agua (cuento).

Ha colaborado como articulista en el periódico Última hora, de su país. En la actualidad combina sus actividades políticas con su labor como parte del Consejo Editorial de la Universidad Central del Este, en Santo Domingo.

A los dieciséis años inició su carrera literaria, con el cuento Segura y el Diablo. Poco después ingresó en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, mas tarde ingresa a la Universidad Pedro Henríquez Ureña y realiza un Post grado en Ciencias Políticas y otro en Derecho Internacional, ha sido diplomado en varias universidades y fue profesor de Derecho Internacional y Civil en la Universidad Católica de Santo Domingo y Pedro Henríquez Ureña.

Su primera obra publicada  fue Mujeres  en (1986), con veinticuatros años, no obstante cuatro años después fue el libro Treces Cuentos Supersticiosos del Sur el que lo llevó a ganar un prestigio entre los escritores literario dominicanos.

Su madurez literaria llegó con El Retrato de la Madre y Otros Cuentos y Secretos y Soledad, verdadera exhibición de su prosa integra abundantes elementos experimentales, tales como la mezcla de diálogo y descripción y la combinación de acciones y tiempos diversos, recursos que empleó también en parte en el Plan Trujillo (Novela) un retrato de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

Marino Berigüete, desarrolló un Periodismo Literario en varios periódicos, sus primero artículos, vieron la luz, en los desaparecidos periódicos: Última Hora, La Nación, El Siglo donde se refleja en sus escrito un la preocupación social por su país.

Impulsor en esa Nación la creación de lo que es el Ministerio de Cultura, y fue Secretario de Cultura del Partido Reformista, que presidía para ese entonces el presidente de la República Dominicana Dr. Joaquín Balaguer.

Otras obras suyas son Melissa y el árbol, (cuentos) Odas a Barahona (poemas) Mujeres (poemas).

DOS GOTAS DE AGUA, por Marino Berigüete,

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Por Marino Berigüete

Érase una vez un pueblecito donde vivían dos gotas de agua llamadas Melina y Massiel. Desde tempranas horas de la mañana, iban por los montes de hoja en hoja, de flor en flor; corrían por los troncos y saltaban de piedra en piedra.
Llegaron al río y empolvadas de tierra se lanzaron a rodar. La corriente de agua las arrastraba. El agua les devolvió su color. Volvieron a ser claras y transparentes como dos lágrimas. Llegaron alegres al mar. Las olas las mecían en sus lomos de un lado a otro y ellas, muy contentas, reían y bailaban en un solo pie. El aire las empujaba de un lado a otro y ellas, muy contentas, reían y bailaban en un solo pie. El aire las empujaba de un lado a otro y las vestía de sal. A la vez, sentían un frío intenso.
El Sol, al verlas temblando, las abrazó con sus rayos dorados. Se calentaron tanto que volaron al cielo. Al verse tan altas, acostadas en una tranquila nube, Melina le dijo riendo al Creador del mundo:
—Papá Dios, mi amiga y yo queremos vivir aquí en el cielo, a tu lado.
Y allá en el cielo azul, Papá Dios se pasó sus manos por las barbas de nube, las miró con ojos de estrellas, las miró con ojos de estrellas, pensativo ante el pedido de las dos gotas de agua. Y les dijo con su voz de trueno y rayo.
—No puedo complacerlas.
—¿Por qué? —Preguntó Massiel —Nos vamos a poder muy bien aquí.
Dios se quedó en silencio, pensando acerca de las palabras de Melina y su amiga…
—Por favor, Diosito —dice Melina juntando sus dos manitas.
—No puedo —dijo Dios preocupado por el pedido de las dos gotas de agua—. El mundo sin ustedes —continuó Dios hablando pausadamente y acariciándose las barbas— no tendría color, los árboles morirían de sed, los ríos se convertirían en caminos de piedras, las flores se secarían en caminos de piedras, las flores se secarían de tristeza, los animales morirían y el mundo desaparecería por completo.
—No sabía que dos simples gotas de agua como nosotras fueran tan importantes —dijo Melina.
—Cada una de ustedes es importante —les contestó Dios. —Ustedes juntas forman los ríos, el mar, las nubes, y hasta la propia vida de los seres humanos que viven en la tierra.
—Dios —dice Massiel, —perdónanos por pensar sólo en nosotras.
—Todo el mundo —les dijo Dios, —piensa que su mundo es el más importante, pero el mundo es de todos. Cada cosa que existe en el mundo está cumpliendo una función y si el hombre aprendiera de la sabiduría de la naturaleza, ese mundo sería más bello.
Las dos gotas de agua se miraron y se agarraron con sus húmedas manos dispuestas a bajar de nuevo a la Tierra. Dios comprendió que ya ellas habían entendido la lección y comenzó a soplar lentamente sobre las nubes. Entonces, las nubes abrieron sus puertas y varias gotas de agua bajaron a la tierra de nuevo. Melina, contenta, mientras caían, cantaba una canción.

La canción de Melina decía así:

Volvemos contentas del Cielo,
a besar la tierra y mojar los campos,
a acariciar las hojas de los árboles.
Volvemos del cielo, brillantes,
a encender los colores en las flores
y a escuchar el dulce canto de los pájaros.
Volvemos del cielo bendecidas,
a limpiar el mundo, a alimentar los ríos
y a llenar de agua los mares.
Volvemos del cielo cristalinas,
a alegrar el mundo.
Volvemos del cielo,
a murmurarle a la gente
cuánto Jesús los ama…

Dios escuchó la canción  de Melina entonada y se puso jubiloso.
Entonces las alcanzó y les dijo a las dos con voz de trueno y rayo:
—Gotas de agua, lágrima de mis ojos, que salen de mi alma, demuestren a todos en el mundo mi gran amor por ellos.

©Marino Beriguete de su libro MELISSA Y EL ÁRBOL

lunes, 2 de octubre de 2017

Literatura para duendes. Dentro del bosque

La escritora Rosa Francia Esquea rodeada de niños lectores

Ylonka Nacidit Perdomo

A Eric V. Ramos… por recordarme las “cosas”
que tengo pendientes de realizar al iniciar el año.


No soy escritora de literatura infantil, o bien, en el mejor de los casos, diría de literatura escrita para infantes. Lo único que puedo decir es, que como toda niña de mi generación, educada en un hogar tradicional, mis primeros viajes imaginarios a la literatura fueron de la mano y en los brazos de mi madre. Ella fue quien me alfabetizó en la casa y, luego, aún cuidándome por mi delgadez y mi poco deseo de comer me llevó a temprana edad a un colegio de monjas altagracianas, en cual cursé la primaria, la intermedia y la secundaria.
De mi infancia recuerdo como lecturas iniciales las aventuras de Pinocho, y los versos que mi mamá me enseñaba para recitarlos en las veladas que se organizaban en el colegio. La poesía de Gabriela Mistral me sorprendió por su musicalidad, recuerdo de su libro “Ternura” el poema Meciendo (El mar sus millares de olas/mece, divino. / Oyendo a los mares amantes, / mezo a mi niño. / El viento errabundo en la noche/ mece los trigos. /Oyendo a los vientos amantes, / mezo a mi niño. / Dios Padre sus miles de mundos/ mece sin ruido. /Sintiendo su mano en la sombra/ mezo a mi niño”.
La Edad de Oro de José Martí, me cautivó mucho, y más aún sus ilustraciones realizadas a plumilla. Heredé de mi abuela paterna, una primera edición de 1889, bajo el título La Edad de Oro. Publicación mensual de recreo e instrucción dedicada a los niños de América redactada por José Martí y editada por A Da Costa Gómez en Nueva York. Éste es, y será, mi principal libro de cabecera para recordar lo que llamo mis “tiempos felices”.
He pensado que cuando en nuestro país, y en el circuito de especialistas, académicos, escritores y lectores se habla de literatura infantil, lo que se pretende es llamar la atención sobre este tipo de creación en un solo sentido: denominar así a la literatura escrita para niños desde la óptica y desde la percepción de los adultos. No sé si es correcto o válido utilizar esa “etiqueta” puesta a esa creación como un guiño, ya que entiendo que toda literatura se asume como ficción cuando se construye para y hacia los otros.
Considero que, toda literatura –sea para adolescentes o niños- es un nuevo alfabeto de palabras con sus territorios semánticos propios y un status referencial de autoría. Así, la literatura infantil se afirma como si fuese un paisaje de recuerdos y, se justifica por sí misma, subvirtiendo con desarraigo lo institucionalizado como mito, o bien, provocando el deshojamiento de las ideas.
Pero fuera del “sentimiento” de escribir, de la pertenencia y apropiación de la palabra ¿cómo se puede abarcar con magia el pensamiento de la infancia, contarle a los niños, narrarle una historia, en torno a las ideas del bien y del mal, de lo que se considera como justo, si la naturaleza de su infancia los hace vulnerable?
“Conjugar” una narración para abrir el universo de la infancia a la cotidianidad del mundo, requiere de una interlocutora-escritora explícita, que se comprometa con cierta clarividencia a dejar a un lado los arquetipos borrosos que estén totalmente distantes de la historia que se cuenta, que los personajes puedan instaurar un diálogo abierto, recreativo, si se quiere, para que los infantes accedan a las ideas de lo que se dice.



Para ser escritora de literatura infantil, para esas pequeñas personitas que viven su edad dorada es, necesario ser un duende, y no emprender como único rol ser un ángel protector o un héroe magnánimo; solo se requiere ser un duende dentro del bosque, no un simple peregrino fabulador, audaz y complaciente, porque la inocencia rebelde existe en los infantes con sus interrogantes, con sus oídos atentos y sus recurrentes entrecejos que ponen en duda las palabras que no aceptan para analizarlas como “buenas”.
En la inocencia todos tenemos incertidumbres y conflictos vagos; nos enredamos en imágenes y guardamos un arsenal de miedos; otras veces, nos resistimos a reconocer nuestro reino y a cualquier autoridad oscura o de mansedumbre, pero siempre en la infancia escuchamos una voz que sobrevive a todas las horas, que nos va construyendo la memoria. Nuestra infancia comienza con cómplices. Somos “bebés” y escuchamos a alguien que va escribiendo nuestra biografía ficticia o semificticia, aunque pequeña.
Este largo viaje de palabras que he pensado en alto es, como un adictivo, como una elegía liberadora que me había contado a mí misma; es la mirada totalizadora que he recordado cuando empecé a despertar del sueño de la inocencia; nunca antes había hecho esta catarsis de comprensión sobre el mundo en el cual discurrió la frugal edad de oro en la cual no sentíamos fatigarnos en la aventura del saber, porque siempre una es benevolente con el aprendizaje que nos ofrece nuestra madre, y nos ajustamos a las “decorosas” convenciones.
Si hoy he podido escribir estas líneas guiada por un angélico duende, es porque tuve de frente, ante mí, la edición del cuento “Las Mariposa” [1] de Rosa Francia Esquea, una escritora que me honra con su amistad.
Rosa Francia Esquea
La primera lectura de este libro la realicé en noviembre del 2006; desde entonces no he cambiado mi opinión de que este cuento unitario de Esquea, “Las Mariposas”, se nos presenta como un relato de concertación, con raíces que provienen de un árbol esbelto, cuyas hojas nacen para crecer con el vaivén que trae el viento en invierno, para que luego, en primavera, sus flores surjan de múltiples colores.
Cuando la palabra de una autora como Rosa Francia germina desde el viento, el viento se convierte en un militante abierto e infinito para aferrarse al espejo de los tiempos, y echar al suelo aquella expresión de que “las palabras se las lleva el viento”.
Su escritura es como la de una hormiga que va página por página dándonos epígrafes, pistas próximas, para aproximarnos al borde del drama. Su lectura es de un aliento dócil, donde los sentidos admiran el mensaje de los pliegos de papel pintados por mariposas.
Este libro de Rosa Francia es la primera piel que la mirada inocente debe descubrir para entrenarse en el mundo de los adultos, porque en la infancia, a veces, las cosas son previsibles, pero en la adultez, las cosas se convierten en una tormenta de intensidades abismales, que nos hacen mostrar una “nueva piel” esculpida por el dolor, el silencio, la soledad, la muerte y las injusticias.
Perderse en la primera piel sucede a edad temprana y, luego, en la vida que es equivalente a la existencia, cuando ponemos deslindes entre la tristeza y la felicidad, y nos reconocemos al través de los símbolos que reinan en la tensión de la sobrevivencia.
Esto me sucede ahora, porque en el remolino que es esta sociedad, donde una inmensa mayoría son miopes o sufren de una progresiva miopía, “Las Mariposas” sobreviven renovando su piel con un vuelo en el tiempo eterno.
Y, ahora que ellas habitan el espacio metafórico de la literatura infantil a través de este singular cuento de Rosa Francia Esquea, creo, pienso y siento, que debemos aferrarnos a la dialéctica como resistencia y no dejar que la infancia dominicana tenga miopía.
“Las Mariposas” son ahora, en el presente, mi “edad de oro”, y los invito a ustedes a hacerlas suyas al igual que el libro de José Martí, como una publicación “de recreo e instrucción dedicada a los niños de América”.
Considero que éste es, el final y el propósito que debe asumir la literatura infantil cuando estamos en nuestra primera piel: la instrucción y el recreo.

Nota:

[1] Las Mariposas es el título del cuento de Rosa Francia Esquea que narra la desaparición física, y el horror de la tortura que sufrieron las Hermanas Mirabal, Patria, Minerva y María Teresa, siendo víctimas de la tiranía trujillista. La autora actualmente es la Editora del suplemento infantil “Tinmarín” del periódico HOY.
Esquea, Rosa Francia. Las Mariposas. (Editora Universitaria. UASD, 2006): 53 páginas. Introducción de la autora, y prólogo de Margarita Luciano López. Ilustraciones a color de Amaya Salazar.

http://acento.com.do/2015/opinion/8209982-literatura-para-duendes/

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