sábado, 28 de mayo de 2011

Etzely, Laura y Carolina

http://silviaalvarezcastellar.blogspot.com/
VOY A CRECER.

Tengo mami, para darte
mi corazón, mi sonrisa
y muy sucia la camisa
que ayer lavaste y planchaste

Tengo ganas de saber
el por qué de muchas cosas
la razón de tantas otras
que yo tengo que creer

Yo quisiera comprender
el por qué de la tristeza
dónde nace la pobreza
por qué la noche y el día

Donde encontrar la alegría
donde encontrar el detalle
y quisiera que en las calles
la gente siempre sonría
por esta patria, que es mía
voy a crecer y a ser grande.

Luis Carvajal.



http://lalibelulaylaluna.blogspot.com/

PUEDO SER

Puedo ser, cuando crezca
una espina, una rosa
un cuaderno, un arado
o quizás mariposa.

Yo no quiero ser reina,
yo no quiero ser diosa
ni ser santa, ni adorno
ni robot, ni preciosa.

Quiero ser…, lápiz, calle,
casa, cuna,…., otras cosas.
por ejemplo,…., yo misma,
lo demás, no me importa.

Luis Carvajal



http://www.anabagayan.com/

TRES AMIGOS, TRES PELOTAS.

Si yo cuento de uno en uno 
y lo repito tres veces
yo tendré tres.
si a dos meses
yo vengo y le pongo uno, 
o sea, si yo les sumo otro mes, 
tendré tres meses.

Si yo tengo una pelota
y tengo dos amiguitos
e igual que yo, igualito
cada uno tiene otra
tendremos así, tres pelotas
seremos, tres amiguitos.

Para jugar un poquito
tan solo queremos una
guardamos dos, y ninguna
se perderá si jugamos.
seremos los tres, hermanos
jugando en una pelota
hasta cuando ya esté rota
y queden dos en las manos.
si una se pierde, buscamos
o jugamos con la otra.

Una nuestra, ya está rota;
otra nuestra, se perdió;
Y como ya faltan dos
queda una sola pelota

Queda una sola pelota,
como somos tres hermanos
nuestra es la que buscamos
nuestra, la pelota rota
la tercera que nos toca
con la que ahora jugamos
es bueno que compartamos
siempre nuestra cada cosa
tres amigos, tres pelotas
y un solo juego de hermanos.

Luis Carvajal



http://macusromero.weebly.com/

YA CUMPLÍ MI AÑO CUATRO


Si yo quiero contar cuatro
puedo hacerlo en cualquier forma
pero siguiendo esta norma
tres y uno, dos y dos.
pero uno y uno son dos
y si dos dedos les sumo,
o sea, si yo les uno 
a los dos primeros, dos,
cuatro siempre tendré yo;
dos pulgares, dos meñiques;
dos gordotes, dos alfeñiques
Como quiera, dos y dos.

Cuatro son, diría yo
meñique, anular, mayor,
falta uno, ¿cuál mejor,
el índice o el pulgar?
para cuatro me da igual,
solo uno es el que falta.
pero como que es muy alta
mi suma de tres y uno
yo sumo cuatro y ninguno
y de toda forma es cuatro

Cuatro patas, tiene el gato
cuatro estaciones, el año
y yo tengo este tamaño
pues ya cumplí mi año cuatro.

Ya sé contar hasta cuatro
de cuatro, de cuatro formas
de uno a uno, que no es norma
de dod a dos, tres y uno 
y de cuatro más ninguno
y de las cuatro, son cuatro.

Luis Carvajal

miércoles, 25 de mayo de 2011

Un cuento de Oscar Wilde oportunamente recordado por Rosa Silverio


El amigo fiel
de Oscar Wilde


Una mañana la vieja rata de agua asomó la cabeza por su agujero. Tenía unos ojos redondos muy vivarachos y unos largos bigotes grises. Su cola parecía un elástico negro. Unos patitos nadaban en el estanque, parecidos a una bandada de canarios amarillos, y su madre, toda blanca con patas rojas, se esforzaba en enseñarles a hundir la cabeza en el agua.
—Nunca podrán estrenarse en sociedad si no aprenden a sumergir la cabeza —les decía.
Y les enseñaba de nuevo cómo tenían que hacerlo. Pero los patitos no prestaban ninguna atención a sus lecciones. Eran tan jóvenes que no sabían las ventajas que reporta la vida de sociedad.
—¡Qué criaturas más desobedientes! —exclamó la rata de agua—. ¡Merecerían ahogarse!
—¡No lo quiera Dios! —replicó la pata—. Todo tiene sus comienzos y nunca es demasiada la paciencia de los padres.
—¡Ah! No tengo la menor idea de los sentimientos paternos —dijo la rata de agua—. No soy padre de familia. Jamás me he casado, ni he pensado en hacerlo. Indudablemente, el amor es una buena cosa a su manera; pero la amistad vale más. Le aseguro que no conozco en el mundo nada más noble o más raro que una fiel amistad.
—Y dígame, se lo ruego, ¿qué idea se forma usted de los deberes de un amigo fiel? —preguntó un pardillo verde que había escuchado la conversación, posado sobre un sauce retorcido.
—Sí, eso es precisamente lo que quisiera yo saber —dijo la pata, y nadando hacia el extremo del estanque hundió la cabeza en el agua para dar ejemplo a sus hijos.
—¡Qué pregunta más tonta! —gritó la rata de agua—. ¡Como es natural, entiendo por amigo fiel al que me demuestra fidelidad!
—¿Y qué hará usted en cambio? —dijo el avecilla columpiándose sobre una ramita plateada y moviendo sus alitas.
—No le comprendo a usted —respondió la rata de agua.
—Permítame que le cuente una historia sobre el asunto —dijo el pardillo.
—¿Se refiere a mí esa historia? —preguntó la rata de agua—. Si es así, la escucharé gustosa, porque a mí me vuelven loca los cuentos.
—Puede aplicarse a usted —respondió el pardillo.
Y abriendo las alas, se posó en la orilla del estanque y contó la historia del amigo fiel.
—Había una vez —empezó el pardillo— un honrado mozo llamado Hans.



—¿Era un hombre verdaderamente distinguido? —preguntó la rata de agua.
—No —respondió el pardillo—. No creo que fuese nada distinguido, excepto por su buen corazón y por su redonda cara morena y afable.
"Vivía en una humilde casita de campo y todos los días trabajaba en su jardín. En toda la comarca no había jardín tan hermoso como el suyo. En él crecían claveles, nomeolvides, saxifragas, así como rosas de Damasco y rosas amarillas, granates, lilas y oro, alelíes rojos y blancos.
"Y según se sucedían los meses, a su tiempo, florecían agavanzos y cardaminas, mejoranas y albahacas silvestres, velloritas y lirios de Alemania, asfódelos y claveros. Una flor sustituía a otra. Por lo cual había siempre cosas bonitas a la vista y olores agradables que respirar.
"El pequeño Hans tenía muchos amigos, pero el más íntimo era el gran Hugo, el molinero. Realmente, el rico molinero era tan allegado al pequeño Hans, que no visitaba nunca su jardín sin inclinarse sobre los macizos y coger un gran ramo de flores o un buen puñado de lechugas suculentas o sin llenarse los bolsillos de ciruelas y de cerezas, según la estación.
"—Los amigos verdaderos lo comparten todo entre sí —acostumbraba decir el molinero.
"Y el pequeño Hans asentía con la cabeza, sonriente, sintiéndose orgulloso de tener un amigo que pensaba con tanta nobleza.
"Algunas veces, sin embargo, el vecindario encontraba raro que el rico molinero no diese nunca nada a cambio al pequeño Hans, aunque tuviera cien sacos de harina almacenados en su molino, seis vacas lecheras y un gran número de ganado lanar; pero Hans no se preocupó nunca de semejante cosa.
"Nada le encantaba tanto como oír las bellas cosas que el molinero acostumbraba decir sobre la solidaridad de los verdaderos amigos.
"Así, pues, el pequeño Hans cultivaba su jardín. En primavera, en verano y en otoño se sentía muy feliz; pero cuando llegaba el invierno y no tenía ni frutos ni flores que llevar al mercado, padecía mucho frío y mucha hambre, acostándose con frecuencia sin haber comido más que unas peras secas y algunas nueces rancias.
"Además, en invierno se encontraba muy solo, porque el molinero no iba nunca a verle durante aquella estación.
"—No está bien que vaya a ver al pequeño Hans mientras duren las nieves —decía muchas veces el molinero a su mujer—. Cuando las personas pasan apuros hay que dejarlas solas y no molestarlas con visitas. Ésa es por lo menos mi opinión sobre la amistad, y estoy seguro de que es acertada. Por eso esperaré la primavera y entonces iré a verle; podrá darme un gran cesto de velloritas y eso le alegrará.
"—Eres realmente amable con los demás —le respondía su mujer, sentada en un cómodo sillón junto a un buen fuego de leña—. Resulta encantador oírte hablar de la amistad. Estoy segura de que el cura no diría sobre ella cosas tan bellas como tú, aunque vive en una casa de tres pisos y lleva un anillo de oro en el meñique.
"—¿Y no podríamos invitar al pequeño Hans a venir aquí? —preguntaba el hijo del molinero—. Si el pobre Hans pasa apuros, le daré la mitad de mi sopa y le enseñaré mis conejos blancos.
"—¡Qué bobo eres! —exclamó el molinero—. Verdaderamente no sé para qué sirve mandarte a la escuela. Parece que no aprendes nada. Si el pequeño Hans viniese aquí, ¡caramba!, y viera nuestro buen fuego, nuestra excelente cena y nuestro gran barril de vino tinto podría sentir envidia. Y la envidia es una cosa terrible que estropea los mejores caracteres. Realmente, no podría yo sufrir que el carácter de Hans se estropeara. Soy su mejor amigo, velaré siempre por él y tendré buen cuidado de no exponerle a ninguna tentación. Además, si Hans viniese aquí, podría pedirme que le diese un poco de harina fiada, lo cual no puedo hacer. La harina es una cosa y la amistad es otra, y no deben confundirse. Esas dos palabras se escriben de un modo diferente y significan cosas muy distintas, como todo el mundo sabe.
"—¡Qué bien hablas! —dijo la mujer del molinero sirviéndose un gran vaso de cerveza caliente—. Me siento verdaderamente como adormecida, lo mismo que en la iglesia.
"—Muchos obran bien —replicó el molinero—, pero pocos saben hablar bien, lo que prueba que hablar es, con mucho, la cosa más difícil, así como la más hermosa de las dos.
"Y miró severamente por encima de la mesa a su hijo que, avergonzado, bajó la cabeza, se puso colorado como un tomate y empezó a llorar encima de su té."
—¿Ése es el final de la historia? —preguntó la rata de agua.
—Nada de eso —contestó el pardillo—. Ése es el comienzo.
—Entonces quiere decir que está usted muy atrasado con relación a su tiempo —repuso la rata de agua—. Hoy día todo buen cuentista empieza por el final, prosigue por el comienzo y termina por la mitad. Es el nuevo método. Así se lo he oído decir a un crítico que se paseaba alrededor del estanque con un joven. Trataba el asunto magistralmente y estoy segura de que tenía razón, porque llevaba unas gafas azules y era calvo, y cuando el joven le hacía alguna observación, contestaba siempre: "¡Pse!" Pero continúe usted su historia, por favor. Me agrada mucho el molinero. Yo también encierro toda clase de bellos sentimientos: por eso hay una gran simpatía entre él y yo.
—¡Bien! —dijo el pardillo, brincando sobre sus dos patitas—. No bien pasó el invierno, en cuanto las velloritas empezaron a abrir sus estrellas amarillo pálidas, el molinero dijo a su mujer que iba a salir y visitar al pequeño Hans.
"—¡Ah, qué buen corazón tienes! —le gritó su mujer—. Siempre pensando en los demás. No te olvides de llevar el cesto grande para traer las flores.
"Entonces el molinero ató unas con otras las aspas del molino con una fuerte cadena de hierro y bajó la colina con la cesta al brazo.
"—Buenos días, pequeño Hans —dijo el molinero.
"—Buenos días —contestó Hans, apoyándose en su azadón y sonriendo con toda su boca.
"—¿Y cómo has pasado el invierno? —preguntó el molinero.
"—¡Bien, bien!. —repuso Hans—. Muchas gracias por tu interés. He pasado mis malos ratos, pero ahora ha vuelto la primavera y me siento casi feliz... Además, mis flores van muy bien.
"—Hemos hablado de ti con mucha frecuencia este invierno, Hans —prosiguió el molinero—, preguntándonos qué sería de ti.
"—¡Qué amable eres! —dijo Hans—. Temí que me hubieras olvidado.
"—Hans, me sorprende oírte hablar de ese modo —dijo el molinero—. La amistad no olvida nunca. Eso es lo que tiene de admirable, aunque me temo que no comprendas la poesía de la amistad... Y entre paréntesis, ¡qué bellas están tus velloritas!
"—Sí, verdaderamente están muy bellas —dijo Hans—, y es para mí una gran suerte tener tantas. Voy a llevarlas al mercado, donde las venderé a la hija del burgomaestre, y con ese dinero compraré otra vez mi carretilla.
"—¿Que comprarás otra vez tu carretilla? ¿Quieres decir entonces que la has vendido? Has cometido una tontería.
"—Con toda seguridad, pero el hecho es —replicó Hans— que me vi obligado a ello. Como sabes, el invierno es una estación mala para mí y no tenía ningún dinero para comprar pan. Así es que vendí primero los botones de plata de mi traje de los domingos; luego vendí mi cadena de plata y después mi flauta. Por último vendí mi carretilla. Pero ahora voy a rescatarlo todo.
"—Hans —dijo el molinero—, te daré mi carretilla. No se halla en buen estado. Uno de los lados se ha roto y están algo torcidos los radios de la rueda, pero a pesar de esto te la daré. Sé que es muy generoso por mi parte y a mucha gente le parecerá una locura que me desprenda de ella, pero yo no soy como el resto del mundo. Creo que la generosidad es la esencia de la amistad, y, además, me he comprado una carretilla nueva. Sí, puedes estar tranquilo... Te daré mi carretilla.
"—Gracias, eres muy generoso —dijo el pequeño Hans. Y su amable cara redonda resplandeció de placer—. Puedo arreglarla fácilmente porque tengo una tabla en mi casa.
"—¡Una tabla! —exclamó el molinero—. ¡Muy bien! Eso es precisamente lo que necesito para la techumbre de mi granero. Hay una gran brecha y sé me mojará todo el trigo si no la tapo. ¡Qué oportuno has estado! Realmente es de notar que una buena acción engendra otra siempre. Te he dado mi carretilla y ahora tú vas a darme tu tabla. Claro es que la carretilla vale mucho más que la tabla, pero la amistad sincera no repara nunca en esas cosas. Dame en seguida la tabla y hoy mismo me pondré a la obra para arreglar mi granero.
"—¡Encantado! —replicó el pequeño Hans.
"Fue corriendo a su vivienda y sacó la tabla.
"—No es una tabla muy grande —dijo el molinero, examinándola—, y me temo que una vez hecho el arreglo de la techumbre del granero no quedará madera suficiente para el arreglo de la carretilla, pero, claro, no tengo la culpa de eso... Y ahora, en vista de que te he dado mi carretilla, estoy seguro de que accederás a darme en cambio unas flores... Aquí tienes el cesto; procura llenarlo casi por completo.
"—¿Casi por completo? —dijo el pequeño Hans, bastante afligido, porque el cesto era de grandes dimensiones y comprendía que si lo llenaba no tendría ya flores para llevar al mercado y estaba deseando rescatar sus botones de plata.
"—¡Válgame Dios! —respondió el molinero—, ya que te doy mi carretilla no creí que fuese mucho pedirte unas cuantas flores. Podré estar equivocado, pero yo me figuré que la amistad, la verdadera amistad, no puede compartirse con el egoísmo.
"—Mi querido amigo, mi mejor amigo —protestó el pequeño Hans—, todas las flores de mi jardín están a tu disposición, porque me importa mucho más tu estimación que mis botones de plata.
"Y corrió a coger las preciosas velloritas y a llenar el cesto del molinero.
"—¡Adiós, pequeño Hans! —dijo el molinero subiendo de nuevo la colina con su tabla al hombro y su gran cesto al brazo.
"—¡Adiós! —dijo el pequeño Hans.
"Y se puso a cavar alegremente: ¡estaba tan contento de tener otra carretilla!
"A la mañana siguiente, cuando estaba sujetando unas madreselvas sobre su puerta, oyó la voz del molinero que le llamaba desde el camino. Entonces saltó de su escalera y corriendo al final del jardín miró por encima del muro.
"Era el molinero con un gran saco de harina a su espalda.
"—Pequeño Hans —dijo el molinero—, ¿querrías llevarme este saco de harina al mercado?
"—¡Oh, lo siento mucho! —dijo Hans—; pero verdaderamente me encuentro hoy ocupadísimo. Tengo que sujetar todas mis enredaderas, regar todas mis flores y segar todo mi césped.
"—¡Caramba! —replicó el molinero—; esperaba que en consideración a que te he dado mi carretilla ibas a complacerme.
"—¡Oh, sí quiero complacerte! —protestó el pequeño Hans—. Por nada del mundo dejaría yo de obrar como amigo tratándose de ti.
"Y fue a coger su gorra y partió con el gran saco a la espalda.
"Era un día muy caluroso y la carretera estaba terriblemente polvorienta. Antes de que Hans llegara al hito que marcaba la sexta milla, se hallaba tan fatigado que tuvo que sentarse a descansar. Sin embargo, no tardó mucho en continuar animosamente su camino y por fin llegó al mercado.
"Después de esperar un rato, vendió el saco de harina a buen precio y regresó a su casa de un tirón, porque temía encontrarse a algún salteador en el camino si se retrasaba mucho.
"¡Qué día tan duro! —se dijo Hans al meterse en su cama—. Pero me alegro mucho de haber hecho este favor al molinero, porque es mi mejor amigo y, además, va a darme su carretilla."
"A la mañana siguiente, muy temprano, el molinero llegó por el dinero de su saco de harina, pero el pequeño Hans estaba tan cansado, que aún no se había levantado.
"—¡Palabra! —exclamó el molinero—. Eres muy perezoso. Cuando pienso que acabo de darte mi carretilla, creo que podrías trabajar con más ardor. La pereza es un gran vicio y no quisiera yo que ninguno de mis amigos fuera perezoso o apático. No creas que te hablo sin consideración. Claro es que no te hablaría así si no fuese amigo tuyo. Pero, ¿de qué serviría la amistad si no pudiera uno decir claramente lo que piensa? Todo el mundo puede decir cosas amables y esforzarse en complacer y halagar, pero un amigo sincero dice cosas desagradables y no teme causar pesadumbre. Por el contrario, si es un amigo verdadero, lo prefiere, porque sabe que así hace bien.
"—Lo siento mucho —respondió el pequeño Hans, restregándose los ojos y quitándose el gorro de dormir—. Pero estaba tan rendido, que creía haberme acostado hace poco y escuchaba cantar a los pájaros. ¿No sabes que trabajo siempre mejor cuando he oído cantar a los pájaros?
"¡Bueno, tanto mejor! —respondió el molinero dándole una palmada en el hombro—, porque necesito que arregles la techumbre de mi granero.
"El pequeño Hans tenía gran necesidad de ir a trabajar a su jardín, porque hacía dos días que no regaba sus flores, pero no quiso decir que no al molinero, que era un buen amigo para él.
"—¿Crees que no sería amistoso decirte que tengo que hacer? —preguntó con voz humilde y tímida.
"—No creí nunca, por cierto —contestó el molinero—, que fuese mucho pedirte, teniendo en cuenta que acabo de regalarte mi carretilla, pero claro es que lo haré yo mismo si te niegas.
"—¡Oh, de ningún modo! —exclamó el pequeño Hans, saltando de su cama.
"Se vistió y fue al granero.
"Trabajó allí durante todo el día hasta el anochecer, y al ponerse el sol vino el molinero a ver hasta dónde había llegado.
"—¿Has tapado el boquete del techo, pequeño Hans? —gritó el molinero con tono alegre.
"—Está casi terminado —respondió Hans, bajando la escala.
"—¡Ah! —dijo el molinero—. No hay trabajo más agradable como el que se hace por otro.
"—¡Es un encanto oírte hablar! —respondió el pequeño Hans, que descansaba secándose la frente—. Es un encanto, pero temo que nunca llegaré a tener ideas tan hermosas como las tuyas.
"—¡Oh, ya las tendrás! —dijo el molinero—, pero habrás de tomarte más trabajo. Por ahora no posees más que la práctica de la amistad. Algún día poseerás también la teoría.
"—¿Crees eso de verdad? —preguntó el pequeño Hans.
"—Indudablemente —contestó el molinero—. Y ahora que has arreglado el techo, mejor será que vuelvas a tu casa a descansar, pues mañana necesito que lleves mis carneros a la montaña.
"El pobre Hans no se atrevió a protestar, y al día siguiente, al amanecer, el molinero condujo sus carneros hasta cerca de su casita y Hans se fue con ellos a la montaña. Entre ir y volver se le fue el día, y cuando regresó estaba tan cansado, que se durmió en su silla y no se despertó hasta entrada la mañana.
"¡Qué tiempo más delicioso tendrá mi jardín —se dijo—, e iba a ponerse a trabajar, pero por un motivo u otro no tuvo tiempo de echar un vistazo a sus flores; llegaba su amigo el molinero y le mandaba muy lejos a cumplir recados o le pedía que fuese ayudarle en el molino. Algunas veces el pequeño Hans se apuraba mucho al pensar que sus flores creerían que las había olvidado, pero se consolaba pensando que el molinero era su mejor amigo.
"Además —acostumbraba decirse—, va a darme su carretilla, lo cual es un acto de puro desprendimiento."
"Y el pequeño Hans trabajaba para el molinero, y éste decía muchas cosas bellas sobre la amistad, cosas que Hans copiaba en su libro verde y que releía por la noche, pues era culto.
"Ahora bien; sucedió que una noche, estando el pequeño Hans sentado junto al fuego, dieron un aldabonazo en la puerta.
"La noche era negrísima. El viento soplaba y rugía en torno de la casa de un modo tan terrible, que Hans pensó al principio si sería el huracán el que sacudía la puerta.
"Pero sonó un segundo golpe y después un tercero, más violento que los otros.
"Será algún pobre viajero —se dijo el pequeño Hans y corrió a la puerta.
"El molinero estaba en el umbral con una linterna en una mano y un grueso garrote en la otra.
"—Querido Hans —gritó el molinero—, me aflige un gran pesar. Mi hijo se ha caído de una escala, hiriéndose. Voy a buscar al médico. Pero vive lejos de aquí y la noche es tan mala, que he pensado que fueses tú en mi lugar. Ya sabes que te doy mi carretilla. Por eso estaría muy bien que hicieses algo por mí en cambio.
"—Por supuesto —exclamó el pequeño Hans—, me alegra mucho que se te haya ocurrido venir. Iré en seguida. Pero debías dejarme tu linterna, porque la noche es tan oscura, que temo caer en alguna zanja.
"—Lo siento muchísimo —respondió el molinero—, pero es mi linterna nueva y sería una gran pérdida que le ocurriese algo.
—¡Bueno!, ¡no hablemos más! Iré sin ella —dijo el pequeño Hans.
"Se puso su gran capa de pieles, un gorro colorado muy abrigador, se enrolló su bufanda alrededor del cuello y partió.
"¡Qué terrible tempestad se desencadenaba!
"La noche era tan negra, que el pequeño Hans apenas veía, y el viento, tan fuerte que le costaba gran trabajo andar.
"Sin embargo, él era muy animoso, y después de caminar cerca de tres horas, llegó a casa del médico y llamó a la puerta.
"—¿Quién es? —gritó el doctor, asomando la cabeza a la ventana de su dormitorio.
"—¡El pequeño Hans, doctor!
"—¿Y qué deseas, pequeño Hans?
"—El hijo del molinero se ha caído de una escala y se ha herido y es menester que vaya usted en seguida.
"—¡Muy bien! —replicó el doctor.
"Enjaezó en el acto su caballo, se calzó sus grandes botas y, cogiendo su linterna, bajó la escalera. Se dirigió a casa del molinero, llevando al pequeño Hans a pie detrás de él.
"Pero la tormenta arreció. Llovía a torrentes y el pequeño Hans no podía ni ver por dónde iba, ni seguir al caballo.
"Finalmente, perdió su camino, estuvo vagando por el páramo, que era un paraje peligroso lleno de hoyos profundos, cayó en uno de ellos y se ahogó.
"A la mañana siguiente, unos pastores encontraron su cuerpo flotando en una gran charca y le llevaron a su choza.
"Todo el mundo asistió al entierro del pequeño Hans, porque era muy querido. Y el molinero figuró a la cabeza del duelo.
"—Yo era yo su mejor amigo —decía el molinero—; justo es que ocupe el sitio de honor.
"Así es que fue a la cabeza del cortejo con una larga capa negra; de cuando en cuando se enjugaba los ojos con un gran pañuelo.
"—El pequeño Hans representa ciertamente una gran pérdida para todos nosotros —dijo el hojalatero una vez terminados los funerales y cuando la comitiva estuvo cómodamente instalada en la posada, bebiendo vino dulce y comiendo buenos pasteles.
"—Es una gran pérdida, sobre todo para mí —contestó el molinero—. En verdad, yo fui lo bastante bueno para comprometerme a darle mi carretilla y ahora no sé qué hacer con ella. Me estorba en casa, y está en tan mal estado que, si la vendiera, no sacaría nada. Les aseguro que de aquí en adelante no daré nada a nadie. Se pagan siempre las consecuencias de haber sido generoso."
—Y es verdad —replicó la rata de agua después de una larga pausa.
—¡Bueno! Pues eso es todo dijo el pardillo.
—¿Y qué fue del molinero? —preguntó la rata de agua.
—¡Oh! No lo sé realmente —contestó el pardillo—, y me da lo mismo.
—Es evidente que su carácter no es nada simpático —dijo la rata de agua.
—Temo que no haya comprendido usted la moraleja de la historia —replicó el pardillo.
—¿La qué? —gritó la rata de agua.
—La moraleja.
—¿Quieres decir que la historia tiene una moraleja?
—¡Pues, naturalmente! —afirmó el pardillo.
—¡Caramba! —dijo la rata con tono iracundo—. Podía usted habérmelo dicho antes de empezar. De ser así no le hubiera escuchado, con toda seguridad. Le hubiese dicho indudablemente: "¡Pse!", como el crítico. Pero aún estoy a tiempo de hacerlo.
Gritó su "¡pse!" a toda voz y, dando un coletazo, se volvió a su agujero.
—¿Qué le parece a usted la rata de agua? —preguntó la pata, que llegó chapoteando algunos minutos después—. Tiene muchas buenas cualidades, pero yo, por mi parte, tengo sentimientos de madre y no puedo ver a un solterón empedernido sin que se me salten las lágrimas.
—Temo haberle molestado —respondió el pardillo—. El hecho es que le he contado una historia que tiene su moraleja.
—¡Ah, eso es siempre una cosa peligrosísima! —dijo la pata.
—Y yo comparto absolutamente su opinión.


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De las ilustraciones: http://bagatirmarvinovich.wordpress.com/page/2/

martes, 24 de mayo de 2011

La literatura infantil y juvenil latinoamericana, a debate

La Casa América inaugura las segundas Jornadas de Literatura Infantil y Juvenil Latinoamericana, que hasta el próximo viernes ofrecerán charlas y debates
que reunirán a escritores, editores y especialistas, entre los que se hallan
Yolanda Reyes, Gloria Cecilia Díaz y Marina Colasanti. 
Las jornadas abren hoy con una conferencia del editor Daniel Goldin (19.00 h).
El jueves, Paulo Lins hablará de Leer en las favelas y 
el viernes, Antonio Skármeta y Francisco Hinojosa participarán en un homenaje a la fallecida María Elena Walsh, al que seguirá un concierto del grupo Patio de Tierra. Còrsega, 299. Gratuito.

Esta es una de las desventuras de no vivir en Madrid. Marina Colasanti es una de mis escritoras favoritas y Ana Cecilia Díaz es también admirable. A Yolanda Reyes no la conozco, pero por la compañía, ha de ser de igual categoría. Me conformaré con leer lo que encuentre sobre estas Jornadas y desearle mucho éxito.



MARINA COLASANTI

Marina nació en Asmara, Etiopía, el 26 de septiembre de 1937. Hija de padres italianos vivió su primera infancia en África, luego se mudó a Italia y en 1948, a la edad de once años, llegó a Brasil donde reside actualmente. En 1952 ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes y se especializó en grabado en metal. Entre 1962 y 1973 trabajó en el Jornal do Brasil como columnista, redactora e ilustradora.
Desde 1973 hasta 1993, fue presentadora de los programas de televisión Olho por Olho, Primeira Mão, Os Mágicos, Sábado Forte e Imagens da Itália.

Rendijiando. Curiosidades sobre Marina
Tengo una perrita, que es una Yorkshire,  se llama Pixie ( los pixies son como hadas o genios chiquiticos de los bosques del Yorkshire. Me pareció que seria un nombre muy apropriado para ella).
Lo que más me gusta es vivir, y para mi vivir es más completo cuando estoy viajando. Empezé mis viajes en el vientre de mi mamá, que se trasladó desde Italia hasta Asmara. Desde entonces he cambiado de países y de lenguas, de paisajes y de clima, de ciudades y de casas, de culturas, muchas veces. Y todavía hay mucho que conocer. Amo mis dos hijas ­ que son estupendas, como son siempre los hijos ­ y mi trabajo. Creo que me gusta tanto escribir, porque es una otra manera de viajar. Soy una maravilla en la cocina. Me gusta el mar. Me gusta la montaña. Llevo una antigua amistad con la naturaleza.

Uno de sus textos:

ANTES DE VOLVERME GIGANTE

Cuando yo era chica
los corredores eran largos
las mesas altas
las camas enormes.
La cuchara no cabía
en mi boca
y el tazón de sopa
era siempre más hondo
que el hambre.
Cuando yo era chica
sólo gigantes vivían
allá en casa.
Menos mi hermano y yo
que éramos gente grande
venida de Lilliput.
                      

  ( Traducción Maria Teresa Andruetto)

Gloria Cecilia Díaz nació en Calarcá, pequeña ciudad a los pies de los Andes colombianos. 

Se enamoró de las palabras oyendo los cuentos que le contaba su abuelo, los refranes que repetía su abuela, las canciones que cantaba su madre; y sobre todo al descubrir la palabra escrita en su primer año de escuela. A los seis años se enamoró perdidamente de la poesía y a los once escribió su primer poema.

Desde niña es una lectora insaciable y en general lee varios libros a la vez; por eso le cuesta trabajo entender que haya gente a la que no le gusta la lectura; porque para ella no leer es como darle la espalda a la imaginación, a los viajes, al conocimiento del mundo y del ser humano. Ella está convencida de que la lectura es un gran remedio para la soledad.

Gloria Cecilia Díaz hizo estudios de letras en Colombia, en la Universidad del Quindío y también en la Universidad de la Sorbona en Francia, donde sustentó su tésis sobre literatura infantil colombiana. Actualmente es profesora de español en un liceo en las afueras de París.

Gloria Cecilia vive en París, en lo alto de un edificio de cinco pisos y allí escribe, siempre por las noches, cuando nada ni nadie va a molestarla, cuando la ciudad duerme y los teléfonos se han callado. 

Publicó su primer libro en Barcelona, en 1982, El secreto de la laguna , que salió en las cuatro lenguas oficiales de España: castellano, catalán, gallego y vasco. En 1985 se ganó el premio español El Barco de Vapor con su novela El valle de los Cocuyos que fue publicada en 1993. En 1990 se publicó su cuento La bruja de la montaña. En 1992 su novela El sol de los venados obtuvo el segundo premio del concurso El Barco de vapor y fue publicada en 1986. En el 2000 salió su novela Oyeme con los ojos y en el 2002 se publicaron en Colombia, su cuento La botella azul y su libro de poemas El árbol que arrulla y otros poemas para niños. Algunos de sus libros están traducidos al alemán, al coreano, al griego y al italiano.

Además de leer y escribir a Gloria Cecilia le encanta recorrer París de la mano de su hijita de once años, otra lectora voraz; descubrir y redescubrir con ella los museos, las exposiciones, los monumentos, las calles, la gente. Otra cosa que adora es la música, no puede vivir sin ella. Se siente orgullosísima de la riqueza y la belleza de la música colombiana y la hace conocer a cuantos pasan por su casa. 

Se siente feliz cuando visita Colombia y puede tener encuentros con sus lectores, le encanta ser escritora de literatura inafantil y le parece mentira que sus libros recorran no sóolo los países de lengua española sino también otros tan lejanos como Corea del Sur o más cercanos como Italia o Suiza.

Así como lee varios libros a la vez, Gloria Cecilia también escribe varios libros a la vez, siempre diferentes los unos de los otros. Escribe como si recorriera un camino desconocido que su pluma va descubriendo poco a poco. Ella no se cansa de dar gracias a la vida porque le tocó en suerte ser escritora, pues ella considera que es un oficio fabuloso.

lunes, 23 de mayo de 2011

MARCIO VELOZ MAGGIOLO Y EL PARADIGMA DE LA LITERATURA PARA NIÑOS EN RD

Veloz Maggiolo no nos entrega una historia del bien contra el mal, esquema más que usado. Teje una filigrana en torno a la posesión del origen de la riqueza (el genio de la lámpara), y por ende de todo cuanto puede soñarse, que no es poco.


Surgido de un error, hice un listado con los autores que han ganado el Premio Anual de Literatura Infantil “Aurora Tavárez Belliard” y me encontré con que faltaban dos años que no tenían nombre en mi lista. Fruto de ello, después de rebuscar en Google y pedir ayuda en mi Facebook y blog, encontré una nota de Jimmy Hungría, en  ttp://buenalectura.wordpress.com/ con una secuencia que me permitió conocer que en el año 2002, el ganador fue Tomás Castro Burdiez y en el 2007, don Marcio Veloz Maggiolo con la obra: La verdadera historia de Aladino. Acabo de leerla y apenas puedo contener mi entusiasmo. A mi juicio, es la mejor obra de literatura infantil y juvenil de nuestro país que he leído. Hoy puedo afirmar que ese es el nivel que quiero para toda la literatura dirigida a nuestros niños y jóvenes de ahora en adelante y qué suerte que un maestro como Veloz Maggiolo se decidiera a mostrarnos el camino.



Basándose en el cuento de hadas rescatado para occidente por Antoine Gallard (Siglo XVIII), quien tradujo Las mil y una noches, obra de donde procede Aladino y Alí Babá y los 40 ladrones, el Dr. Veloz Maggiolo ha creado una novela que estoy segura permanecerá a través del tiempo en el gusto de los lectores y que espero leerle a mis nietos, a los hijos de mis sobrinos, a los niños que me queden cerca, una verdadera joya literaria de la cual me siento más que orgullosa simplemente por haber nacido en esta tierra.

¿Cuento o novela?
Claramente una novela, para mí. Cierto que es de corta extensión (109 páginas), y narra el hecho de cómo sortea Aladino su enfrentamiento a un mago negro con la ayuda del genio de la lámpara, mas a través de estos párrafos  recreamos  las acciones de unos personajes con caracteres definidos dentro de una ambientación y época más que bien descritos.

A diferencia del cuento que es el relato de un hecho que tiene indudable importancia (Juan Bosch), en la novela  los personajes van desarrollando unas conductas que puede manejar el autor como los hilos de marionetas, dando coherencia y veracidad a la trama, pero que le presentan una serie de retos a través de la confección de la narración porque no son marionetas y a veces presentan sus malcriadeza.

El escritor argentino Ricardo Piglia (Buenos Aires, 1941, Premio Planeta 1997) afirma que los personajes son los que hacen la diferencia que caracteriza a la novela y yo le creo porque dice que las aventuras y desventuras de los personajes surge de algo así como “mensajes oraculares y palabras un poco herméticas que llegan de los dioses” a través del relato, y justo eso es lo que yo veo en La verdadera historia de Aladino de Marcio Veloz Maggiolo.

El sultanato de Alharma sus personajes:
Los hechos ocurren en el Sultanato de Alharma donde reinaba Amenábar donde viven...

Sifar salva al padre de Aladino.
Alí Babá cria a Sophar, quien de mayor se casa con Asisa Bajar y adopta el oficio de asaltante del desierto.
Abderramán el joven, heredero del trono usurpado es el sultán de edad similar a la de Aladino (18-20: los cumplen en el transcurso del relato).
Benajamid, el soñador, un ser sin deseos, sin afán de poder.
Ibrahim, el brujo o mejor, mago negro.
Halima era hija de Amenábar; una vez muerto su padre, la obligan a casar con el primer Abderramán y de esta forma se mezclan las sangres de los legítimos y de los usurpadores.
Halima, tiene a la que será esposa de Aladino, princesa indiscutible: Halima, la hermana de Abderramán, el joven.

Otros personajes son: Jusef al Zahir, el de las dos mil mujeres que le rompió un brazo al genio.
Elijah, el constructor (la “botella” más representativa de la historia = funcionario que parasita el estado sin hacer NADA).
Azur ben Azur, el bandido más temible del sultanato.
Ben Lazar, jeque encargado por Abderramán II de la embajada que visitó el palacio de Aladino con fines adversos para el poseedor de la lámpara. 

Y por supuesto: el genio de la lámpara que se ríe de tal manera que se convierte en fenómeno natural.

Un Aladino que le debe algo a Alí Babá
Geográficamente, se nos sitúa en oriente, pero no en China. Aladino no es un plebeyo, sino que desciende de sultanes y por demás legítimos poseedores del poder usurpado por los advenedizos, sanguinarios y nada elegantes beduinos (se tiene o no se tiene) representados por Abderramán el joven.

Hay un sultanato llamado Alharma donde gobierna el sultán Amenábar, quien termina decapitado por una rebelión de beduinos o nómadas del desierto de donde surge el primer Abderraman. Usurpadores oscuros, embrutecidos, echan mano de la represión y la prohibición para acallar sus crímenes y asentarse, echar raíces y cosechar donde no sembraron.



Esto tiene que ver con un mensaje trascendente
El nuevo poder advenedizo lo primero que pretende es borrar la memoria de los legítimos dueños a fuerza de prohibiciones: 

“De este modo se buscaba eliminar para siempre la memoria”.


Pero Alá tenía otros planes
Un hijo del sultán, de la estirpe Amenábar, de unos cuatro años, en medio de la confusión es salvado por un comerciante que al paso del tiempo, no le oculta su origen. El salvador del niño Amenábar lo entrega al famoso ladrón por una transacción comercial. Alí Babá no lo esclaviza, conoce su estirpe y lo educa como a un hijo. Un hijo que “aprende” el oficio de hacer fortuna tomando lo ajeno. Un hijo que en alguna versión de esta historia, puede que heredara las cuevas llenas de riquezas del ladrón más grande de todos los tiempos. Un hijo que, una vez muerto Alí Babá, retorna a la tierra que le vio nacer y dirige sus artes exclusivamente a saquear o mermar la fortuna de Abderramán y los suyos.

 De manera que no es un ladrón normal. Es una especie de justiciero que roba las caravanas del sultán que mató a su padre y le quitó su imperio. Y además, tiene una doble vida, pues se casa con una hermosa Asisa, comerciante ella, que no sabe para nada que su marido es ladrón. Yo diría que Asisa Bajar, que tan importante papel realiza en el Aladino clásico, en la historia de Veloz Maggiolo, que asume ciertos vicios contemporáneos y muy ilustrativos al mostrárnosla como un dechado de vanidad y ambición, pero también como una sobreviviente del engaño, del maltrato y de la tortura.

Originalidad y guiños divertidos
La novela está aderezada con guiños divertidos como un manto tejido con “estrellas de segunda mano”, brisa manchada, “detrás de cada mujer ambiciosa se escondía un hombre con las mismas ambiciones”, un caballo mágico que cuando no era utilizado “se cristalizaba con la espera”, ¡como un biscuit!

Aladino, el viaje iniciático
Los cuentos de hadas o maravillosos están siempre preñados de enseñanzas espirituales. La riqueza de La verdadera lámpara de Aladino me ha deslumbrado.

En la tradición, Aladino es una historia que sirve para reforzar la enseñanza de que el proceso de crecimiento, el paso de la adolescencia a la madurez puede ser doloroso y ciertamente nadie puede vivir por el individuo sus experiencias. Tan sólo se le aconseja para que tenga elementos de juicios a la hora de tomar sus decisiones.

La sapiencia de Veloz Maggiolo ha logrado la obra de literatura infantil y juvenil perfecta para nuestro estadio de desarrollo. Una en la que la diversión parece ofrecer y ofrece verdades que se incorporan como penetran por nuestra nariz los exóticos perfumes del oriente, tras el colorido humo de un sueño.

En el viaje de conocer la vida y su decoración, hay seres que te ayudan y otros que hacen todo lo contrario. Aladino y su madre tienen una vida difícil y pasan justo por arte de magia a ser inmensamente ricos y poderosos, pero también envidiados y objetos de la maldad.

Aladino muestra una personalidad equilibrada. Aquí no hay lamentos ni dramatismos innecesarios en oposición a Abderramán quien es lo más parecido a Luis II de Baviera, loco y un poco adorable. Abderramán no quiere saber mucho del gobierno de su sultanato. Se dedica a cazar estrellas, a cambiar las arboledas de colores, a criar mariposas gigantes... Un evasor que no encaja que alguien tenga más poder y riquezas que él.

En cambio, Aladino acepta las cosas como van pasando, pero su inteligencia está por encima de cualquier defecto de la personalidad, por eso se va llorando en el momento en que recibe y obtiene a la mujer que ama, pues otra mujer amada lo deja a él para vivir una juventud prestada y disfrutar en lugar de cuidarlo. Sabe que está amenazado. Sabe que su vida es un constante sobresalto y su plan para que su lámpara permanezca como propia da resultados, pero el tiempo pasa y termina un plazo. Él va en busca de lo que le pertenece “dejando en manos de Alá toda decisión”, pero actuando en cada momento no cruzado de brazos.

El enlace histórico con la estirpe de la dinastía Omeya en España es digno de mencionar, ya que este fue el primer Emir independiente de Córdova quien después de pasar enormes vicisitudes, sobrevivió aferrado a la profecía de su tío abuelo Maslama que aseguraba él iba a devolver la fortuna a su familia que es precisamente lo que debe hacer Aladino en esta versión.

La belleza, la belleza
Hay cosas tan valiosas en nuestras vidas que no les damos la debida importancia. Ningún genio puede darnos la paz y el sosiego. Ningún genio puede sacar de la nada nuestra valiosa tradición, sin la cual no tenemos raíces. Y he aquí que se enseña “que hay estrellas que, a pesar de seguir brillando, ya están muertas, porque la luz las nubla de mentiras… Porque toda sombra fue luz alguna vez”.

Todo el relato, ya porque el tema se presta, ya porque el autor es un poeta, va emanando aromas de belleza. Ni siquiera en los pasajes de fin de vida se asoman emociones negativas. La mente adquiere esa capacidad de imaginar lo descrito con palabras en un juego de complicidad con el escritor que es un ejemplo, aunque me temo que las obras de arte no se pueden aprehender, sí podemos disfrutarla sensorialmente; está al alcance de todos su disfrute y su enseñanza como modelo de buen hacer literario. Sé que a partir de su lectura, cada vez que alguien frote esa vieja lámpara, le saque brillo, tanto la sonrisa de Aladino como la de Veloz Maggiolo resplandecerán.

Un  Aurora Tavárez Belliard a cabalidad
Sorprende agradablemente encontrar una forma de escribir tan profesional, verdaderamente adecuada para niños de habla hispana de cualquier parte, no sólo los nuestros. Un autor que no se conforma con la atención tibia del lector. Le exige atención y a cambio le da agilidad, color, vida y entretenimiento en un viaje en camello, en dromedario, en trimedario y en alfombra mágica, ¡pero nos lleva!

Otras obras dirigidas a la infancia de Marcio Veloz Maggiolo son:
  • De donde vino la gente. Santo Domingo: Editora Alfa y Omega, 1978.
  • Florbella. Santo Domingo: Editora Taller, 1986.
  • El jefe iba descalzo, Editora Alfa y Omega 1983
  • La verdadera historia de Aladino (2007)
  • Las bodas de Caperucita (2008)
  • Ladridos de luna llena (2008)
  • La iguanita azul (2012)


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