domingo, 6 de diciembre de 2009
viernes, 13 de noviembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
Mi balandro azul
Mi balandro azul
sobre la cresta
de la ola.
En la cima...
está el balandro
la espuma tiñe de
añil-cobalto
Navega...
en el agua fresca.
Se ilumina
con la luz de las anguilas
Se aleja...
marcha en silencio
y algo mío va tras su estela
Me deja...
anclada cerca del puerto
sin cielo/azul
ni tesoro
estibando mi tristeza.
De mi libro inédito: El balandro azul. LEIBI NG
domingo, 25 de octubre de 2009
UN COLIBRÍ DE ORIGAMI
Mas fotografías en:http://colibritejedor.blogspot.com/20...
Música del video interpretada por el maestro Harold Martina, resultado de la Investigación de la profesora de la Universidad Nacional de Colombia Elli Anne Duque: "El Granadino: La música en las publicaciones periódicas colombianas (1848-1860).", 2 Vols. y CD. Bogotá; Fundación de Música, 1998. http://www.lablaa.org/blaavirtual/mus...
sábado, 24 de octubre de 2009
Lo real hechiza al cuento infantil Expertos explican las nuevas temáticas del cuento, al comenzar el III Festival del Libro Infantil.
Lugar: Prólogo Café & Libro. Hora: 3:30 p.m.
-Domingo 25 de octubre. Lecturas de cuentos desde los balcones de la Fundación Rafael Pombo. Hora: 1 p.m.
- Miércoles 28 de octubre. Lectura especial para bebés desde 8 meses. Lugar: Librería Espantapájaros (Carrera 19 No. 104A -60).
- Jueves 29 de octubre. Mesa redonda '¿Existe la literatura juvenil?' Participan María Fernanda Paz, Yolanda Reyes, Carlos Sánchez y Francisco Montaña. Lugar: Librería Babel Libros (Calle 39A No. 20 - 55). Hora: 5:00 p.m.
- Sábado 31 de octubre. Música, lecturas y disfraces. Lugar: Parque Nacional Bogotá Hora: 11:00 a.m. Taller de cortar y pintar los mitos. Lugar: Biblioteca Virgilio Barco. Hora: 4 p.m.
- Domingo 1 de noviembre. Danza contemporánea 'La Oruga'. Lugar: Fundación Rafael Pombo. Hora: 12 m.
Publicado el 23 de octubre de 2009
CARLOS RESTREPO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO
miércoles, 14 de octubre de 2009
CATILANGUA LANTEMUE ¡EXCLUSIVA!
Catilangua Lantemué
por Ángeles PastorNadie sabe todavía cómo llegó al barrio esta señora de extraña y graciosa figura. El caso es que ella hizo su casa con pencas de palmas de coco.
Tan rara esta señora, que nadie sabía su nombre; pues ella aún no había hecho amistad con ningún vecino del barrio.
Un día se acercó a la casa de la señora un niño llamado Juan Calalú.
-¿Quien vivirá en esta casa?- dijo Juan Calalú.
En seguida recordó que su mamá le había enviado a pedir candela a un vecino. Tocó a la puerta de la casa de pencas de coco, y esperó.
Al momento se abrió la puerta y apareció una señora muy rara, que tenía las piernas y el cuerpo de barro.
La señora se sonrió y le preguntó a Juan:
-¿Qué deseas, niño?
-Deseo un poco de candela para mamá. Con ella mamá encenderá lumbre en casa.
-Yo te daré candela con mucho gusto. Te daré candela si me traes agua en este calabazo. Y te daré candela si sabes decir mi nombre al regresar del río- le dijo la señora a Juan Calalú.
Juan se fue al río y llenó el calabazo de agua. Luego se sentó sobre una piedra junto al río y comenzó a llorar…
¿Cómo se llamará esa señora? -decía mientras lloraba.
En este momento salió un juey (cangrejo) muy alegre de su cueva y dijo a Juan Calalú:
-¿Por qué lloras, Juan Calalú?
-Porque no sé el nombre de la señora de las piernas de barro.
Y Juan Calalú siguió llorando mucho.
Al ver al niño llorando, el juey dijo:
-Juan Calalú, voy a ayudarte.
-Y ¿cómo me vas a ayudar, amigo juey? ¿Acaso sabes el nombre de la señora? -preguntó el niño.
-Mira acá. Juan Calalú. Cuando llegues a casa de la señora le dices: «Aquí está el agua Catilanguá Lantemué»- le dijo el juey a Juan.
Juan Calalú tomó el calabazo diciendo:
-Gracias, amigo juey.
Muy contento llegó Juan Calalú a casa de la señora de las piernas de barro y le dijo:
-Tenga, Catilanguá Lantemué, el agua.
-¿Quién, pero quién te dijo mi nombre? -preguntó Catilanguá Lantemué, disgustada.
Y como corre el agua de un río crecido, así corría Catilanguá Lantemué en busca de quien dijo su nombre.
-¿Quién sería? -hablaba Catilanguá entre dientes mientras corría.
¡Qué mucho le dolían las piernas de barro de tanto correr! Pero entonces vio algo que se movía a lo lejos. Se acercó, y vio que era un buey manso y viejo que pastaba tranquilamente en el prado.
Al llegar junto al buey, Catilanguá dijo:
-Buey, buey, buey,
Buey, esperanza de mué,
¿has dicho que yo me llamo
Catilanguá Lantemué?
Y el buey respondió:
-No, no, no,
no, esperanza de mué,
no he dicho que tú te llames
Catilanguá Lantemué.
Con sus piernas aún más pesadas ahora, Catilanguá Lantemué seguía corriendo.
Entonces llegó a una vaca que descansaba acostada en el pasto y le dijo:
-Va… a … ca,
vaca, esperanza de mué,
¿has dicho que yo me llamo
Catilanguá Lantemué?
Asombrada, le respondió la vaca:
-No, no, no.
no, esperanza de mué,
no he dicho que tú te llames
Catilanguá Lantemué.
Catilanguá Lantemué corría y corría. Pronto encontró a un burro que se espantaba las moscas con el rabo y el dijo:
-Bu… u… rro,
burro, esperanza de mué,
¿has dicho que yo me llamo
Catilanguá Lantemué?
Y el burro le respondió con voz ronca:
-No, no, no.
no, esperanza de mué,
no he dicho que tú te llames
Catilanguá Lantemué.
¡Pobre Catilanguá Lantemué! Parecía que sus piernas iban a quebrarse. Pero entonces alcanzó a ver al juey y le dijo:
-Juey, juey, juey,
juey, esperanza de mué,
¿has dicho que yo me llamo
Catilanguá Lantemué?
-Sí, sí, sí,
sí, esperanza de mué.
Yo dije que te llamabas
Catilanguá Lantemué -dijo el juey,
clavando sus picaros ojos al viento.
No bien terminó de hablar así el juey, Catilanguá corrió tras él. Velozmente, el juey parecía rastrillar la misma tierra con sus ocho patitas ligeras y ágiles.
Parecía que Catilanguá iba a dar alcance al cangrejo. Pero entonces éste se escurrió por entre las aguas del río. Chas… chas…, sonaban las aguas a su paso.
Catilanguá Lantemué seguía tras el juey. Y, olvidando que sus piernas eran de barro, corrió dentro del río. Bruu… bru… bru…, sonaban sus piernas al ablandarse. Después se ablandó todo su cuerpo, y allí quedó Catilanguá Lantemué en las aguas del río.
Y, desde entonces, de Puerto Rico hasta el fin del mundo, las aguas de los ríos parecen cantar.
Y cuenta el abuelo que, desde ese día los jueyes se esconden en los ríos o hacen sus cuevas bien hondas en la tierra.
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