
-¡Aaaaaaayyyy! ¡Un ratón, un ratón! -gritó la niña de pelo largo.
Todo el mundo se alborotó menos el niño de la sonrisa perdida, quien siguió al roedor, resguardado ya en una rendija de la tarima del escritorio del profesor.
LA MARIPOSA QUE TENÍA MIEDO DE CRECER
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