domingo, 10 de agosto de 2008

“Leer no es un placer fácil”


Entrevista Página/12, Argentina

Por Silvina Friera

SILVIA CASTRILLON, de Colombia, es escritora, editora, librera y bibliotecóloga.
Afirma que la promoción de la lectura es un problema político.
Especialista en literatura infantil, señala que "la escuela y las sociedades han debilitado por completo la necesidad de pensar".



Cuando decidió estudiar bibliotecología en Bogotá, su padre, un médico que le contagió el gusto por los libros, le aconsejó que no siguiera esa carrera. "Te gusta mucho leer, sos buena lectora y un bibliotecario no es un buen lector", le decía para desalentarla. Pero Silvia Castrillón, que no se amedrentó por la recomendación paterna, se recibió de bibliotecóloga y desde entonces es una de las especialistas en literatura infantil que sigue peleando para que los colombianos tengan más y mejor acceso a la cultura del libro a través de las distintas instituciones por las que pasó, como la Asociación Colombiana para el Libro Infantil y Juvenil, Fundalectura y Asolectura, entre otras. De visita en Buenos Aires, donde participó de la Conferencia Editorial, un ciclo de charlas organizado por Opción Libros en la librería El Ateneo, esta mujer orquesta, escritora, editora y librera, simpática y tan jovial que no parece que tuviera 65 años, plantea que la promoción de la lectura es un problema político. "Tengo la necesidad de trabajar contra la injusticia y la inequidad que implica la falta de acceso a la lectura y a la cultura escrita", dice Castrillón a Página/12.
"La lectura ya no es una manera de mirar la realidad. Antes se creía mucho más que la realidad se narraba a través de los libros. Ahora la forma de mirar la realidad es a través de otros medios", advierte la especialista colombiana. "Se lee más, pero el sentido de la lectura se ha transformado muchísimo."
–¿Cuál es el sentido de la lectura que prevalece en la escuela?
–El problema de la escuela es que casi todos los aprendizajes han perdido el sentido, por lo menos en Colombia. El sentido ahora es la evaluación, los estándares educativos, las pruebas. Son políticas educativas impuestas por el Banco Mundial que responden a un modelo de educación donde lo que se quiere es que la escuela forme trabajadores que puedan tener un desempeño laboral con éxito individual. Pero la sociedad no le ofrece trabajo y el éxito de uno implica el fracaso de muchos otros. En las escuelas, los niños preguntan: ¿Por qué tengo que aprender a leer y escribir? ¿Eso para qué me sirve, profe? En este momento los países están muy interesados en ver cómo se ubican en el ranking internacional. Los colombianos estamos siempre fijándonos si estamos primero que Argentina, y todo el mundo está trabajando alrededor de la evaluación y los estándares educativos; estándares, que como bien lo dice Emilia Ferreiro, implican homogeneización.
–Ante la pregunta para qué leer, ¿qué responde la escuela como institución y qué respondería usted?
La escuela dice que hay que leer para cumplir con las normas y para alcanzar un diploma, aunque no sea garantía de trabajo. Cuando la escuela admite que hay que pensar de otra manera, propone una lectura lúdica, que los niños se interesen por la lectura mediante la consigna del placer, pero este concepto está desnaturalizando las prácticas de lectura y quitándoles el sentido que tienen. Leer es un placer, uno no lo puede negar, pero no es un placer fácil de alcanzar. Es un placer que también hay que construir y hay que invertir mucho esfuerzo tanto por parte de la escuela como parte de quien está aprendiendo. Lo que la escuela ofrece es un placer intrascendente, un placer que se agota en una actividad llamada lúdica entre comillas. Lo lúdico también se ha convertido en un derecho que exigen los niños. "Profe, es que usted no enseña de manera lúdica, nosotros tenemos derecho al placer." Si no es por el lado de la evaluación, nos vamos por la respuesta de lo lúdico, pero eso tampoco permite crear condiciones para que el niño descubra cuál sería el sentido que puede tener la lectura en su vida. Para mí la lectura está asociada con necesidades del ser humano, que no son todas iguales, porque somos diferentes, pero tenemos la necesidad de aprender, de tener una experiencia estética, de comprender el mundo y de transformarlo. La respuesta estaría en tratar de crear las condiciones que permitan que los niños y jóvenes asocien la lectura y la escritura con una necesidad interna de ellos, no con una necesidad externa, impuesta. La escuela y las sociedades han debilitado por completo la necesidad de pensar. Lo que la escuela tiene que hacer es tratar de crear esas condiciones que permitan a los niños descubrir que leer es una necesidad. No es un lujo ni una obligación.
–¿La escuela está trabajando para crear esas condiciones?
–No, pero soy muy cauta porque la escuela es blanco de todos los problemas que tiene la sociedad. Si la sociedad pierde el sentido de la lectura, pues sí, a la escuela le toca recuperarlo, pero es una recuperación muy difícil porque a la escuela, que de por sí es una institución muy conservadora, le correspondería ir en contra de lo que la sociedad le está proponiendo. Ir contra la corriente es una pelea muy dura para la escuela. Pero hay muchos maestros lectores que tienen un compromiso ético con los niños. En este momento no creo que pueda haber grandes transformaciones educativas sino pequeños cambios impulsados por el maestro al interior de las aulas. Todavía creo en la utopía y me parece que los maestros están logrando pequeñas transformaciones.
–¿Por qué se promueve más la lectura y no tanto la escritura?
–Hablamos mucho de la lectura y poco de la escritura y eso también es una postura ideológica. La lectura también es producción, creación, pero está mucho más relacionada con el consumo de libros porque hay intereses económicos vinculados con un sector de la economía del mercado, que es el de la producción de libros. Además, se promueve más la lectura que la escritura porque la escritura es una forma de emancipación; la lectura también, pero la escritura más. Dar la palabra, expresarse a través de la escritura, es un paso más allá en la emancipación, es tener un pensamiento más libre. Muchas personas dicen que el maestro tiene que ser un ejemplo de escritor y de lector, pero esa idea de ser ejemplo estaría en desacuerdo con lo que pienso que es ser lector. El lector parte de la duda, de la ambigüedad, como dice Graciela Montes "parte del enigma y no de la consigna", y si yo estoy mostrando como modelo y ejemplo al maestro no estoy creando las condiciones para que el niño dude también del maestro.
–Entregar libros es necesario, pero no suficiente; parece ingenuo pensar que los libros tienen alguna cualidad mágica que hace que sean leídos inmediatamente...
–Las escuelas tienen que estar bien dotadas de libros, es muy importante que los gobiernos adquieran y distribuyan libros, que haya bibliotecas al servicio de la comunidad, y que las bibliotecas se construyan como proyectos de la comunidad. El libro por sí solo no alcanza, pero es necesario. Ahora muchos de los discursos educativos plantean que ya no es necesario el libro, que está siendo sustituido por las nuevas tecnologías. Alguien en Bogotá, que tiene un cargo muy importante dentro de la administración pública en educación, dijo: "Ya no leemos libros, buscamos la información en computadoras". Ahí es donde yo digo que es necesario que los libros estén en las escuelas. Lo que me preocupa es que cuando uno dice que el libro no basta, puede tener muy buenas intenciones en decirlo, pero también detrás de eso puede estar la idea de que el libro es sustituible.

domingo, 3 de agosto de 2008

PRIMERA


Quienes me conocen tal vez me recuerden con un baúl de libros recorriendo ferias y exposiciones. Luego de mi paso por la Revista Tobogán, bajo la inspiración del Dr. Oscar Holguín-Veras Tabar, nos agrupamos, o al menos lo intentamos, con otros escritores de literatura dirigida expresamente a la infancia y a la juventud. Allí empezaron los conceptos en yin y yang de toda la vida, pero que nosotros ignorábamos y no hemos desarrollado a cabalidad. Están los maestros que utilizan la literatura con fines didácticos y estamos los de ficción que queremos divertir y hacer reflexionar a través del subconciente o de lo que al lector le dé la gana, pues son lentejas. Hay mucho que decir, mucho por hacer, mucho por escribir...

Esta es una invitación a conocer conmigo lo que voy aprendiendo. Tenemos muy buenos ejemplos en Argentina, España, Cuba, México... por mencionar sólo los de habla hispana. Hay cantidad de sitios en Internet que animan a la lectura y tratan especialmente de literatura infantil y juvenil.

Nosotros estamos ascendiendo la escalera peldaño a peldaño. Quienquiera que desee publicar sus cuentos o poesías aquí, tiene la puerta abierta. Ahora no tengo todo el tiempo que deseo, pero ya colgaré las reseñas biográficas y algunos cuentos o poesías de los integrantes originales del Grupo de Literatura Infantil y Juvenil Pedro Henríquez Ureña, del Dr. Holguín -Veras, y luego con el Círculo Dominicano de Escritores para Niños y Jóvenes. También estarán escritores independientes. Lo importante es que los estudiosos tengan una visión de nuestro desarrollo. Esta será nuestra exposición particular.

viernes, 9 de octubre de 1998

Enrique Pérez Díaz, un cubano ejemplar

Entrevista publicada en Internet en la primera revista digital: imaginaria.com.ar

Para mi, Enrique Pérez Díaz es más que un amigo. Nunca olvidaré que gracias a él, a su intensa labor editorial, pude tener en mis manos y en español, cuentos de autores

Enrique Pérez Díaz:
Un cubano entre hadas Jorge Riobóo y Ana García CastellanoEntrevista extraída, con autorización de los editores, de Amigos del Libro, revista de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, Año XVI, N° 41-42. Madrid, septiembre-octubre de 1998.
Enrique Pérez Díaz
Nacido en La Habana en 1958. Tiene un hijo, una veintena de libros publicados dentro y fuera de Cuba, un buen lote de premios y menciones, muchos proyectos, una memoria a prueba de concursos y una fe ciega en la literatura para niños. Es escritor, periodista, investigador y crítico, conferenciante y "cuentacuentos" aficionado. Preside la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) y es miembro muy activo del IBBY (Organización Internacional para el Libro Juvenil, sigla en inglés), organizador de los Encuentros Iberoamericanos de Literatura para Niños y Jóvenes que, cada dos años, tienen lugar en La Habana. Y por encima de todo, es un excelente amigo de los Amigos del Libro, quienes el pasado verano lo pasearon por media España para participar en Jornadas, mesas redondas, Ferias del Libro, Maratones de cuentos... Después pasó dos meses en Munich con una beca del IBBY, para investigar a fondo sobre los Premios Andersen, tema que le apasiona. A mediados de octubre regresó a La Habana, Pero antes, tuvimos oportunidad de hacerle unas cuantas preguntas.
— ¿Desde cuándo te gusta la Literatura Infantil?
—Desde que era niño. De hecho, nunca la dejé de la mano. Mi madre narraba en bibliotecas públicas y eso creo que lo heredé. De adolescente escribí algunas cosas. Tras los estudios de periodismo me alejé mucho y pretendía hacer cuentos muy de adultos, pero no me salían. Un buen día, a través del periódico en que trabajaba, me fui relacionando con personas que trabajaban sobre literatura para niños y me vinculé de una manera un poco polémica, porque veía que no siempre era todo lo que se podía decir de los libros y, tal vez un poco por espíritu de contradicción, me dediqué a esto profesionalmente.
— ¿Con qué autores tenías relación cuando empezaste a escribir para niños?
—Había leído todo lo que se había publicado en Cuba hasta ese momento: Dora Alonso, Del Capote, Felipita Rodríguez, Onelio Jorge Cardoso, Antonio Orlando Rodríguez y, de los autores universales, los clásicos y muchos títulos de Noguer (era de lo que más llegaba) de los años 70 y también algunos de Juventud. Luego es cuando me leo el famoso Papá de noche, de María Gripe y empiezo a ver que hay otro tipo de Literatura Infantil que se podía hacer.
— ¿Por qué la pasión por estudiar los premios Andersen?
—La pasión fue motivada por la situación de desconocimiento de estos temas en Cuba. Un día, Algamarina Elizagaray, en la revista "Revolución y cultura" publicó un listado de los premios Andersen. Por simple curiosidad, lo miré y dije: "¡Coño!, de esta gente no se conoce a casi nadie en Cuba". Y es que no se había publicado casi nada, excepto La familia Moomin, de Tove Jansson y varios libros de René Guillot sobre Boro, el chimpancé, y pocos más que yo recuerde ahora. Entonces escribía en la revista Cultural de la Juventud, que era muy polémica y buscaba siempre la crítica, la crítica, la crítica. Se llamaba "El caimán barbudo", que ahora sigue saliendo, pues se ha logrado revitalizarlo. Publiqué entonces el artículo titulado: "¿Qué pasa con el premio Andersen en Cuba?" A partir de ahí empieza ya mi interés por este premio, comienzo a documentarme, a pedir información y a convertirme en el portavoz del premio Andersen en Cuba.
De Astrid Lindgren a Fernando Alonso
— ¿Cuáles son los autores más conocidos de los lectores y de los niños cubanos?
—Bueno, en el año 87 se publica en Cuba, por primera vez, Pippa Mediaslargas y se distribuye en ese momento masivamente. Fue todo un acontecimiento cultural. La editorial Gente Nueva, que es la que en Cuba edita los libros infantiles, preparó un plan editorial a partir de ediciones piratas, con algunos títulos de Alfaguara y otras editoriales españolas. Más tarde vino lo que se llamó "el período especial" y parte de ese plan quedó sin publicar, aunque salieron el Papá de noche, de María Gripe; Cuentos para jugar, de Gianni Rodari; Los niños más encantadores del mundo, de Gina Ruck-Pauquèt, El Nargum y las estrellas, de Patricia Wrigthson; Uiplalá, de Annie M.G. Smidth, y se quedó sin publicar El aula voladora, de Erich Kästner. En general esos eran los autores que más se conocían, y aparte, clandestinamente, a Michael Ende, que no ha sido editado, pero de quien todo el mundo había leído su Historia interminable y Momo, y a quien, en los años sesenta, habían conocido por Jim Botton y Lucas, el maquinista, y Jim Botton y los trece salvajes.
—Y de los autores españoles de los años 70, que es cuando en España florece la Literatura Infantil y Juvenil, ¿cuándo llegaron allí y cuáles eran los más leídos?
—Allí llegaron (exclusivamente a la Biblioteca Nacional, donde únicamente se podían leer y donde yo los conocí) Fernando Alonso, Montserrat del Amo, Fernando Martínez Gil, Joan Manuel Gisbert (El misterio de la isla de Tökland y Escenarios fantásticos). En cambio, no llegó nada de Juan Farias. Entonces es cuando me motivo y empiezo a escribir a toda esta gente que conocí mejor, gracias a un catálogo de autores de Literatura Infantil de Amigos del Libro, que me mandó Ana Cendán. Todo esto fue a a partir de una Feria del Libro del año 84 que se hizo en el pabellón de Cuba, donde creo que estaba Fernando Alonso. En aquella fecha se donaron muchas colecciones de libros a la Biblioteca Nacional de Cuba, en La Habana. Pero esos autores no han sido conocidos masivamente, ya que entonces no se publicaron. Existe un proyecto del IBBY cubano (para cuando consigamos fondos) de sacar tres obras de Fernando Alonso cuyos derechos él mismo nos ha donado: El bosque de Piedra, El misterioso influjo de la barquillera y Feral y las cigüeñas.
Meñique, el boletín del IBBY cubano
— ¿Qué es, qué objetivos y contenidos tiene y cuándo nació, la revista "Meñique"?
—Meñique nació como un proyecto editorial en el año 95, cuando se iba a hacer el II Encuentro iberoamericano de literatura para niños. Hicimos una hoja en fotocopia donde pusimos todas las informaciones que teníamos en aquel momento, y sin consultar con nadie lo editamos de una manera puramente clandestina. Luego se distribuyó en el Encuentro y llegó al presidente del Instituto del Libro, a quien le gustó y se decidió que el propio Instituto lo financiara. Ahora es una publicación muy modesta, con ocho paginitas, de la que hacemos cien ejemplares, aunque pensamos en ampliar pronto páginas y tirada, en la medida en que vaya circulando e interesando. En Meñique tratamos de dar información sobre todo lo que ocurre en Cuba en torno a la Literatura Infantil y hablar de las noticias, eventos, autores, premios y libros más significativos que aparezcan en el extranjero.
Los primeros escritos
— ¿Cuál fue tu primer cuento? ¿Cómo empiezas a escribir, y qué quieres contar cuando escribes?
—Tras leer a María Gripe descubro que la literatura para niños no eran sólo trivialidades y libritos y cuentecitos para pequeños, sino que se podía tratar la vida. Y ésa es la línea que he seguido hasta el presente: preocuparme por encima de todo de los problemas de los niños, pero hacer que no sea sólo una literatura estrictamente para niños e infantilista, sino que sea una literatura que lean todas las personas, ya que defiendo la teoría de que los niños no viven solos en el mundo, que son un producto nuestro, de los adultos, y que conviven con nosotros, nos aman y también nos sufren. Mi primer libro no fue publicado, se tituló La vieja foto, y recibió una mención en el concurso de cuentos La Edad de Oro, aunque, en realidad no era un cuento, sino una novela muy pequeña. Luego viene la época de las hadas, con el cuento que más me ha lanzado tanto en Cuba como en otras partes. Es ¿Se jubilan las hadas?, que más tarde dio título a un volumen-antología de todos mis cuentos.
Tengo muchos proyectos que se han visto frenados por nuestra situación económica, como una antología de mi cuentística, que hizo Algamarina Elizagaray en el año 93 y que ahora ha actualizado con el título: De hadas, sombras y quimeras, que tituló así porque tenía muchos cuentos de sombras, otros de ambiente quimérico y bastantes de hadas, de los que hay toda una línea. En 1991 se publican en Bilbao mis Minicuentos de hadas. Inventarse un amigo, en España ha sido publicado por Descleé de Brouwer en euskera y La Galera en castellano y en Cuba se publicará este año. Antes, en el año 90 aparece un libro que me complace mucho (Mensaje) en el que abordo el tema de los niños de padres divorciados, de la incomunicación, la soledad y todo eso, y que publicó también en euskera la editorial Elkar.
Paralelamente he llevado una serie policial muy popular en Cuba, y que siempre figura entre los libros más vendidos. Se llama Los pelusos, que son dos niños gemelos, los clásicos detectives que descubren misterios y que corren aventuras. Se han editado en colecciones de minilibros unos ocho o diez títulos. Además, tengo pendientes, con la editorial cubana Capitán San Luis, varios títulos.
Proyectos y herejías
—¿Qué proyectos tienes?
—Con Everest va a salir una antología que he hecho sobre cuentos caribeños donde hay muchos cubanos y algunos son míos. En Edebé saldrá El niño que conversaba con la mar, que es de la cuerda realista y quedó finalista de su premio en 1997. Con Miraguano voy a publicar una pequeña antología con tres cuentos míos y otros de María Aguiar y Eliana Prieto, que se titula Entre brujas vuela el cuento; se trata de un libro muy bonito. Con Ibaizábal, de Bilbao, he hecho Sombras de circo y en Ediciones Mensajero publiqué Minicuentos y El último deseo.
— ¿Por qué tu pasión y tu interés por el mundo de las hadas, las brujas y toda esa historia?
—Lo que más me interesa es la realidad, pero las hadas, como ya han demostrado Gianni Rodari, Michael Ende y otros autores que han sentado cátedra, te permiten, estilísticamente, escaparte por otros predios y decir grandes verdades de una manera alegórica y eufemística. En realidad, no es un interés desmedido; cuando hice ¿Se jubilan las hadas? (que es el cuento que preside toda esta llamémosle poética) era como un deseo hecho carne, como diciendo ¡diablos, imagínense lo que pasaría a un hada si viniera a Cuba!
— ¿Qué aspectos de la literatura para niños trabajas más?
—Me preocupan mucho los contenidos, lo que se quiere contar. Pero también me afano por trabajar la forma de las narraciones. Hay cuentos míos que están escritos en las tres personas narrativas, aunque eso parezca una herejía en la Literatura Infantil. Una vez, la editora me escribió una carta en la que me decía que eso era un acto de herejía. "Pues seré un hereje todo el tiempo, un hereje para siempre", le contesté. Y es que pienso que la Literatura Infantil no se puede empobrecer; el infantilismo va precisamente contra la infancia, y cuanto más infantilistas hagamos los libros para niños, menor poder de raciocinio y menos lucidez van a encontrar, porque lo que les estamos dando no son vitaminas para que crezcan, sino para mantenerlos en un nivel determinado. Creo que el problema radica en el mundo editorial, los editores tienen que saber escoger.
Autores de Cuba para lectores españoles
—¿Cuáles son los autores cubanos que podrían tener interés para los niños españoles y que no son muy conocidos en España?
—Casi todos los autores que están escribiendo ahora: Luis Cabrera Delgado tiene textos muy interesantes y muy atrevidos; Omar Felipe Mauri, Olga Marta Pérez, Enid y Beth Bianson, dos hermanas con cuerdas diferentes de escritura; una de ellas escribe más a lo cubano y la otra, cuentos más alegóricos, más hiperrealistas. Emilia Gallego está haciendo narrativa infantil también. Y otros autores son Esther Suárez, Ariel Ribó, que es la única revelación con un libro que se llama El Oro de la Edad, sobre los personajes de la Edad de oro en la Cuba de hoy (jineteras y todas esas cosas...). Con la diferencia que establece entre el dolor de los cubanos y la visión frívola del turista. Es un libro muy valiente que tuvimos la ocasión de premiar. Y por último citaré (y me olvidaré de muchos), a Teresa Cárdenas, que aborda todo el mundo de la negritud. Un mundo de pasión, de folclore y de religiones diferentes a las que se conocen fuera.
— ¿Crees que ese tipo de literatura y esos temas llegan a los chicos?
—Pienso que sí, porque los muchachos están viviendo toda esa problemática. Se está escribiendo en esa cuerda, en la de sensibilizar a la gente. Por ejemplo, en El Oro de la Edad, casi todos los personajes son adultos, pero hay también dos niñas. Hay escritores que siguen la línea tradicional, y eso también está muy bien, porque tenemos el ejemplo de los libros de Dora Alonso, todavía hoy la autora más popular en Cuba, la que más ha trascendido al mundo. Y no podemos olvidar a una autora a la que, particularmente, quienes escribimos para niños, queremos mucho; no sé si es querida por los políticos. Se trata de Hilda Perera, la cubana que vive en Miami, y con cuya creación literaria me identifico mucho.
—Pero Hilda ha sido un poco, no decimos anatemizada, pero sí ha tenido sus más y sus menos... ¿no?
—El tema es que en Cuba no se la publica, y pienso que a ella tampoco le interesa publicar en Cuba, porque no tendría un mercado. Ella se fue de Cuba, evidentemente por alguna razón. Pero tiene libros como Kike, que aborda la realidad de un niño que se llevan al principio de la revolución y lo mandan allá solo, que fue algo que sufrió la generación anterior a la mía; y libros como May, que es de una niña vietnamita. La jaula del unicornio presenta la inmigración de los latinos en Estados Unidos. Pienso que son libros muy interesantes que debían leerse en Cuba. Estos son sólo tres, pero Hilda tiene muchos más, aunque en una cuerda más suave.
Censura y gatos
—¿Existe censura en Cuba para los autores de Literatura Infantil y Juvenil?
—Estatalmente escrita y pautada, no existe. Pero sí la hay en la mente de las personas: cuando digo que quiero escribir un cuento de una caperucita que (como no tienen nada de comer para la abuela) se escapa navegando en su propia cesta, un editor me dice: "pues eso yo no te lo publico". Igual Ana García Castellano se inspira y lo cuenta un día en España. Pero yo en Cuba sí lo voy a contar... ¡Y que me digan que no lo cuente!
—Pero el cuento de los gatos que se escapan volando de la isla sí se ha publicado.
—Bueno, eso lo he publicado yo, que estoy loco...
—¿Tú crees que esos temas, que pertenecen a la realidad cubana (los gatos que se van), ese continuo deseo de salir, llegan a todos los niños, son temas universales?
—Lo he contado allá y ha funcionado. Y en Canarias, donde me vi obligado a contar, por un desenchuche (que aquí llamáis embolado), en lo que fue mi debut, mi prueba de fuego, vi que los niños alucinaban. Y Blas Laíz, el librero que iba conmigo, me decía: "Oye, es que tienes que ver la cara que ponen esos niños". La verdad es que, en esos momentos, estoy en la isla de los gatos. Y ni me veo, ni veo a los niños que me escuchan. Y es que el cuento comunica mucho, porque cualquier obra literaria tiene que tener un argumento. Y creo que de eso carecimos durante mucho tiempo en la Literatura Infantil cubana, escribíamos cosa muy bellas, pero muy flojas de argumento. Y se caían. Era una palabra muy trabajada, un giro idiomático... De hecho, muchas editoriales españolas se cuestionan eso: la forma en que trabajamos el lenguaje. Verdaderamente, creo que los cubanos tenemos la herencia del realismo crítico, mágico, toda esa historia de García Márquez y Carpentier. De alguna manera, hasta el que peor escribe es un artífice del lenguaje. No te narra llanamente. Te complica. Tenemos una herencia de barroquismo que es tremenda.
Sobre gustos e influencias
—Eso se nota en los gustos, a la hora de escribir... ¿Qué escritores de Literatura Infantil te han influido a ti?
—Mira, en este orden: en un pedestal, María Gripe. Luego Ligia Bojunga Nunes y Tormod Haugen. Andersen hay momentos que me gusta... Y Astrid Lindgren. Creo que, en general, en todo lo que leo encuentro algo con lo que me identifico. Hay cosas de Fernando Alonso que me han alucinado. Por ejemplo, el último libro que ha sacado Alfaguara: El árbol de los sueños. Es muy bueno, incluso he encontrado referencias a la libertad, la autodeterminación de la persona, el derecho a la individualidad, la tolerancia. Comentaba con Marinela Terzi, editora de SM, que un libro verdaderamente revelador de María Gripe era El país del más allá. Pero hay otros, como El rey y el cabeza de turco, Los hijos del vidriero, son libros trascendentales en cuanto al tema, a la forma de narrar, a la estética que te dan...
— ¿Qué es el IBBY cubano y qué actividades tiene ahora, actualmente en La Habana?
—El IBBY cubano, como en muchas partes, es una organización "fantasma". Entré en el IBBY en el año 93 y he hecho una buena papilla con Emilia Gallego, que sí tiene un proyecto IBBY, y que lo primero que se planteó fue hacer un Encuentro Iberoamericano y lo ha logrado: ha hecho tres, y ya estamos preparando el cuarto, para noviembre de 1999. Y creó la Catedra Iberoamericana de Literatura Infantil Mirta Aguirre. El IBBY lo que trata es de no gastarse en cosas que no den nada, sino dar pasos concretos. Por ejemplo, en el año 95, creó el Centro de Documentación de la Literatura Infantil con las donaciones que hicimos todos los del IBBY y donaciones que llegaron, por ejemplo, de Pepe Morán por Susaeta, de Marinella Terzi por SM, etc... Es decir, tiene el autor, la ficha y luego todas las críticas o resúmenes que se han publicado sobre la obra.
— ¿Qué autores cubanos están escribiendo ahora para niños?
—Profesionalmente, es decir, gente que tiene obra y premio, medio centenar de autores solamente, porque hay muy poco estímulo. Joel Franz Rossell, Cheli Ligüe, Alberto Serré, Roberto Pérez León, Toni Gutiérrez, Antonio Orlando Rodríguez, Sergio Andricaín, Froilán Escobar... Pero estamos despersos por todo el continente y eso mina un movimiento, como lo puede minar también, incluso a nivel de lector, el hecho de que todos los que están en el extranjero publiquen en el extranjero y no publiquen en Cuba. Y los que estamos en Cuba tratamos de ir al extranjero a publicar. Entonces hay un público que no nos está conociendo.
Escasez de libros
— ¿Qué tipo de trabajo se hace en las bibliotecas, en el campo de la animación a la lectura?
—Las bibliotecas, en general, hacen un trabajo verdaderamente encomiable. Se hacen muchos concursos para estimular a los muchachos a la creación; talleres literarios infantiles, concursos de opinión sobre tal o cual libro, por efemérides, no sé, el cumpleaños de Dora Alonso o de Astrid Lindgren... Hay bibliotecarias realmente interesadas por ese tema que hacen narraciones de cuentos, tratan de llevar, dentro de la medida de sus posibilidades, autores a la biblioteca, los pocos que nos quedan allí... Es todo lo que pueden hacer... Mucho no pueden hacer porque apenas tienen libros, es decir, los libros que salen en Cuba a los dos días se agotan, porque son tiradas de mil ejemplares, y hay una avidez verdaderamente grande por leer.
— ¿El Estado reparte los libros gratuitamente para bibliotecas? ¿Cómo se organizan esos fondos?
—En la práctica los reparte gratuitamente porque está montado de forma que en principio los comprarían los gobiernos de cada región, El poder popular, que lo llaman allá. Pero son muy pocos los libros disponibles para comprar; casi todo se está quedando en la capital o se vende y muchas editoriales tratan (aunque hay una ley que va contra esto) de vender los libros en divisas, es decir, vender en dólares para poderse financiar. Hay una ley del Ministerio de Cultura que ahora plantea que el libro infantil debe ser financiado por el Estado, a través de subvenciones a la edición, para evitar la venta en dólares, y paliar así esta ausencia de Literatura Infantil. El IBBY y la UNEAC estamos trabajando mucho en la línea de conseguir financiación del extranjero. En este sentido, ya he hablado del proyecto que tengo con la OEPLI (Organización Española para el Libro Infantil), a ver si se puede realizar, el de Suiza, que funcionó y que estamos intentando repetir con Brasil, en portugués... Y ahora estamos, buscando relaciones con República Dominicana para hacer una colección infantil...
— ¿Se jubilan las hadas?
—Bueno, depende (ríe). No, creo que no, que mientras haya personas que crean en ellas no tienen por qué jubilarse, creo que la Literatura Infantil en muchas partes tiene muchos adeptos. Pero lo importante no es lo masivo de los adeptos, sino lo profundo de cómo piensan y cómo sienten. Esta entrevista podría titularse así: ¿Se jubilan las hadas?
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Jorge Riobóo es periodista y se ha especializado en la difusión de la literatura infantil y juvenil.
Ana García Castellano es narradora y escritora.
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Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil
(Miembro de la sección española del IBBY)
Dirección postal:
Santiago Rusiñol, 8
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Ana Cendán - Tel: (34 91) 553 08 21

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