sábado, 4 de abril de 2026

Siembra de libros en el Gramazo: cuando la literatura escaló montañas. Por César de la Cruz

 El director de la escuela Kelvin Feliz, pronuncia unas palabras

El Gramazo, Padre las Casas, Azua. — La Cordillera Central suele guardar sus tesoros entre neblinas y veredas que pocos se atreven a transitar. Pero el pasado fin de semana, un nutrido grupo de escritores, educadores, gestores culturales y fotoperiodistas dominicanos decidieron que los libros también merecían llegar a lo más alto. Y así, entre piedras, ríos sin puentes y un camino que más parecía una penitencia, subieron hasta el paraje El Gramazo, del distrito municipal Las Lagunas de la provincia de Azua, con una sola misión: sembrar palabras donde hasta ahora solo germinaba silencio literario.

Llegaron con los libros bajo el brazo —algunos sudados, otros milagrosamente secos— pero, sobre todo, llegaron llenos de amor y solidaridad. Los esperaban decenas de niños con los ojos brillantes de esperanza y un sueño común: algún día ser como ellos, escritores, poetas, contadores de historias. Porque en El Gramazo, un paraje enclavado en la geografía más agreste de la cordillera central de la provincia de Azua, la lectura aún es un lujo que pocos pueden costear. Pero este grupo de voluntarios decidió cambiar esa realidad desde la raíz.


De izquierda a derecha: Evelyn Ramos Miranda, Tamara Valdez SP, Leibi NG, Lillian Foundeur, Marianela y Pascual Medrano. Detrás Isabel Espinal y Yocaira López Tifa

El acto comenzó con el rigor patriótico que exigen las grandes ocasiones. Frente a la escuela comunitaria, se izó la bandera dominicana mientras las voces de niños y adultos se fundían en el himno nacional. Luego, varias niñas, con papeles temblorosos entre las manos, leyeron mensajes de bienvenida para los «distinguidos visitantes». En sus palabras sencillas se adivinaba la emoción de quien recibe, por primera vez, a alguien que viene a regalarle futuros posibles.


El inspirador de la siembra: periodista Vianco Martìnez


Fue entonces cuando tomó la palabra Vianco Martínez, principal organizador de esta jornada y alma del proyecto de crear una biblioteca que no solo sirva a El Gramazo, sino a toda la comunidad de la cordillera. Martínez leyó una pieza oratoria que los presentes con los ojos llorosos los calificaron, sin titubeos, de magistral, frase como esta “Esta muchacha llamada cordillera, que siempre huele a tierra sembrada y que vive entre la espera y el olvido” conmovieron a los oyentes.

 Al pie de la bandera, el nutrido grupo de intelectuales hicieron entrega formal de sus libros al director de la escuela Kelvin Feliz. Volúmenes de poesía, cuento, ensayo y narrativa infantil que, a partir de ahora, ocuparán un lugar sagrado en los estantes de la biblioteca escolar, un hecho sin precedente y fue cuando el alcalde de la comunidad de la Laguna, distrito municipal del que depende las 21 comunidades de la zona montañosa de padre la casa, Wilkin Abreu   dono un libro para la biblioteca, el libro es una novela del laureado escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez

Pero la siembra de libros no se detuvo en el gesto simbólico. Luego vino lo más fértil: un conversatorio, una charla, talleres vivos en los que los niños, sentados en sus pupitres de madera, escucharon con una atención que en las ciudades a veces se ha perdido.

Tamara San Pedro impartió un taller de fotografía para adolescentes que terminó con una práctica inolvidable: los muchachos salieron a retratar con una cámara compacta todos los rincones del plantel escolar. Así, por un día, el Gramazo se miró a sí mismo a través de sus propios ojos.

La escritora Reina Rosario ofreció un breve pero profundo conversatorio sobre historia cultural, mientras que Evelyn Ramos Ramos dio otro conversatorio literario, Isabel Espinal y Yocaira López Tifa, enseñaron a manipular títeres, haciendo que hasta los más tímidos soltaran de risa. Avelino Stanley habló de escritura creativa y les aseguró que todos tienen una historia que contar. Leibi NG se centró en el valor de las bibliotecas como casas de la imaginación. El escritor y periodista Gustavo Olivo regaló una reflexión cultural que dejó a los adultos pensando. Y la doctora Lilliam Fondeur, con la ternura que la caracteriza, abordó un tema sensible pero necesario: la maternidad responsable.



Sin embargo, el momento que nadie olvidará fue el final. La poeta y escritora Marianela Medrano, como si hubiera guardado la mejor sorpresa para el cierre, tomó unas plantas, una pequeña pala y se agachó en los jardines de la escuela. Allí, junto a la niña Carmina quien la ayudo y frente a los demás niños que la miraban fascinados, confirmó un huerto donde sembró flores de variados colores. No solo libros, entonces. También flores. Porque leer es también aprender a ver la belleza que brota de la tierra.

Al caer la tarde, cuando los ocho escritores emprendieron el regreso por el mismo camino extremo, río abajo y montaña abajo, llevaban en la mochila algo más que el cansancio. Llevaban la certeza de que, en El Gramazo, desde ese día, hay niños que sueñan con ser escritores. Y un proyecto, el de la biblioteca comunitaria de la cordillera, que continua con paso firme y con un futuro luminoso.


Siembra de libros en el Gramazo: cuando la literatura escaló montañas. Por César de la Cruz

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