sábado, 20 de septiembre de 2014

Mirtha González Gutiérrez: La niña que salió a buscar un cuento...


Por: Enrique Pérez Díaz

Conocí a Mirtha González (1) en el año dos mil en un Círculo Social cuando ambos recibíamos el Premio Abril en distintas categorías y entonces no podíamos imaginar el modo en que la vida iba a unirnos poco después al ser ella nombrada directora de la Editorial Gente Nueva. Aunque heredaba una tradición de décadas, sin abandonar las esencias de esta casa, Mirtha, con iniciativa, talento y calor humano, consiguió abrir más sus puertas y crear sobre todo espacios para la promoción que adquirieron su perfil definitivo y dejaron huella en público y autores. Solamente alguien con su sensibilidad literaria y creativa, demostrada ya en casi una veintena de libros, podía acometer con sentimiento aventura semejante, que su promoción a otro cargo superior, me hizo asumir en el 2007. Por eso este diálogo es quizás más fruto de una mutua complicidad y muchos puntos de vista similares, que el resultado de una simple conversación entre colegas escritores.

¿Existe para ti una literatura infantil? ¿Una LITERATURA? o simplemente ¿Literatura para personas?

Cierta vez sobre esa eterna pregunta de si existe o no una literatura para niños, en un panel de la feria del libro de Camagüey dije: no se escribe para niños, sino que se editan libros para niños. Me amparé en la frase de un escritor francés, Michael Tournier. Según él la Literatura para niños es aquella que puede ser leída incluso por los niños, refiriéndose al hecho de que es un público más exigente que los adultos. Indiscutiblemente, hay una literatura que leen los niños y otra a la que ni siquiera se acercan. Por eso existen casos en la historia de la literatura, cuyos autores no escribieron pensando en ser leídos por ellos y son sus principales lectores, aspecto que ha sido señalado por numerosos críticos y estudiosos, por lo cual no aportaría algo valioso si los analizara, pues casi todos sabemos cuáles son: Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver, muchos de los cuentos tradicionales (algunos de los cuales llegan a ser realmente crueles) y hasta la propia novela del Quijote. La literatura es una sola y abarca géneros, subgéneros y series, entre las que hay obras que son disfrutadas sobre todo por los niños, pero pueden ser leídas por personas de cualquier edad. Como lectora no hago distinciones. Leer un buen libro es un estado de encantamiento sin igual, y cuando lo encuentro, me digo “¡Dios! ¿Cómo alguien ha podido escribir este libro tan bueno?” y siento envidia de la buena. Por eso digo que no se escriben obras para niños sino que se editan libros para niños, porque la edición sí está destinada a una edad, pues el libro que se destine al lector infantil debe reunir características en su diseño y materiales que llamen su atención e influyan en el desarrollo de sus habilidades y capacidades para apreciar, no solo una obra artística o literaria, sino su propio desarrollo psicopedagógico. Así, debe tenerse en cuenta el material utilizado (que sea fuerte y duradero), las ilustraciones, los colores, la tipografía y su puntaje, en consonancia con la edad a la que se dirija la publicación. Entonces estamos ante un fenómeno de forma y no de contenido.



¿Qué piensas de la infancia?

Para mí, la infancia es el período más importante del ser humano, porque define quién será mañana, cómo percibirá el mundo, su comportamiento futuro y su desarrollo no solo como un ser biológico, sino como un ser social. Cuando nos referimos a la posibilidad de educar a la infancia es necesario pensar que es el momento de la vida en que se forman los valores humanos, la ética, el gusto estético y la ideología, entendida en su más amplio sentido: las ideas que se formará del mundo, de sus semejantes, de la moral, de la belleza, de la utilidad y muchas más, imposible de enumerar. Es la infancia esa edad en que se aprende y se desarrolla la personalidad, en que se adquieren los hábitos fundamentales de comportamientos y sus gustos (incluido el gusto por la lectura) y que sabemos además, que es la edad en la que el conocimiento llega a partir del juego, la fantasía y cuanto pueda despertar la desbordada fantasía que tiene el niño y satisfacer su insaciable curiosidad. La infancia es ciertamente esa isla de Nunca Jamás, donde podemos galopar sobre un caballo de madera, atravesar los ríos en una cáscara de nuez y besar a un sapo, esperando que ocurra el milagro de verlo convertirse en el príncipe de nuestros sueños. Donde todo es nuevo, somos atrevidos, decimos lo que se nos ocurre sin pensar en las consecuencias, saltamos las cercas, pensamos que los cocuyos son luces que alguien prendió en la yerba y creemos que cuando se nos cae un diente, un ratoncito se lo llevará…



En tu concepto ¿los niñ@s leen hoy día más o menos que antes?

No podría responder de forma objetiva la respuesta de si los niños de ahora leen más o menos que los de antes. Depende de dónde vivan, del acceso al libro, de sus condiciones familiares. Se sabe que la industria del entretenimiento ha desplazado considerablemente a la lectura. Los audiovisuales atrapan la atención porque, además de que implican un menor esfuerzo para los niños disfrutar de ellos, son imágenes en movimiento. Por lo tanto, la televisión sobre todo, es una fuerte rival de la lectura. Por otra parte, la era de la informática, con los videojuegos y otros artilugios, ejerce una suerte de fascinación en los niños. He visto como ocurre el fenómeno inverso: antes las historias se escribían y luego eran llevadas al cine o sus personajes se iban al teatro, la televisión o el cine. Ahora, cuando un personaje tiene éxito en la pantalla, se adaptan los guiones a la narrativa o se escriben las historias. Por suerte, también se mantiene la adaptación de obras literarias, con mayor o menor acierto, que contribuyen a promover su lectura. Pero, al hacer la comparación entre los formas de ocupar el tiempo para divertirse, conjeturo que se lea menos ahora. Cuba es uno de los países donde los niños continúan leyendo: porque no todos tienen acceso a los sofisticados aparatos informáticos (sí a la televisión); se promueve la lectura por muchas vías e instituciones; los precios de los libros para niños son asequibles para la mayoría (aunque no siempre reúnen las características que debieran tener, ni siempre puedan adquirirse los más buscados, aunque siempre queda la posibilidad de la amplia red de bibliotecas públicas) y la familia sigue considerando que leer es una manera importante de adquirir conocimientos y cultura, a la vez que supone un entretenimiento. Lamentablemente, esta no es la realidad en otros países, ya sean pobres o desarrollados, por infinitas razones. Pienso que para los autores es muy importante proponerse el encuentro con sus lectores, porque he comprobado que el hecho de conocer quién escribió la obra es de suma importancia para los niños. El hecho de saber que quien está hablando de la historia o leyendo un poema es quien lo escribió, reviste para ellos una magia especial. Jamás olvidan ese momento, una esquina de los encuentros que les parece irreal por la emoción que despierta en los presentes.



¿Qué piensas del tono que deben tener las historias para niñ@s?

Cuando escribo, jamás pienso en qué tono debe tener la historia: solo trato de que sea amena, con palabras claras y que la acción tenga un ritmo y una estructura progresiva coherente, que no confunda al lector. Hay quien tiene recetas. Las historias deben ser creíbles y fantásticas a la vez; deben tener humor y enredos; son importantes la acción, la imaginación, y que los personajes se construyan de manera que puedan sentirse reflejados ellos o su vida cotidiana o que les resulten atractivos porque despierten su admiración o simpatía, por el absurdo o la fantasía.



¿Te pareces a tus personajes?

Es cierto absolutamente en mi caso. En todos mis libros estoy yo, a veces en un solo personaje, a veces en varios. Mis amigos, mis hijos y sus amigos, mis sobrinos, mis tías, mis hermanos, mi mamá… Las historias siempre se me ocurren a partir de hechos reales, aunque sean personajes fantásticos. Su raíz es la realidad y tienen un segundo nacimiento en ese parto de palabras que es un libro. La niña que salió a buscar un cuento es mi historia de por qué empecé a escribir, la mamá de Peruso tiene mucho de mí, la Helena de La noche en el bolsillo, soy yo definitivamente. Los poemas siempre parten de mis vivencias. De una etapa muy triste de mi vida nació El contar de los contares, pues estaba filosofando en aquellos días. Los cuentos de Peque tienen historias de mis sobrinos y de mi hija. Por eso ahora escribo nanas para mi nieto, que no duerme. Y escribo una novela donde soy de nuevo la protagonista, aunque tenga otro nombre y sea adolescente. En mis personajes están mis gustos, muchos de mis defectos y alguna virtud. Hay personajes que he rescatado de la imaginería familiar, literaria, de mi vida en Cienfuegos o en las escuelas de La Habana y la Isla de Pinos (ahora de la Juventud) donde estudié. Gracias a mis historias me muestro como la niña o la adolescente que no he dejado de ser jamás.



¿Cómo concibes idealmente a un autor para niñ@s?

En el cuento La ciudad de los recortes hay una frase que describe al titiritero y dice que era muy bueno (en su arte) porque tenía lo necesario: un gran corazón, lleno de amor por los niños. Creo que esa es la condición única, en mi opinión, que necesita un autor que escriba obras que “puedan leer hasta los niños”. Yo creo que para escribirlas solo hay que ser también, y siempre, un niño.

¿Reconoces en tu estilo alguna influencia de autores clásicos o contemporáneos?

Tengo influencia de todos los autores que he leído, clásicos y contemporáneos. Creo que las páginas de Martí en La Edad de Oro nos marcan. Desde que aprendí a leer llevaba a mi casa los libros de la biblioteca de la escuela. Leí, siendo pequeña para ese tipo de lecturas pues tenía 9 o 10 años, las obras de Dumas que estaban en casa de mi abuela, Verne, Salgari y Sabatini. Leí Pinocho, Peter Pan, Alicia en el País de las Maravillas, Corazón. Recuerdo que mi tía Luisa me compró en una librería la primera edición de los Cuentos de Grimm que publicó Gente Nueva y conservé por muchos años.



¿Cuáles fueron tus lecturas de niñ@?

Leí toda la obra de Enid Blyton en la biblioteca de Jaimanitas cuando estaba en la secundaria, porque tenía dos amigas que vivían allí, las hermanas de Alberto Acosta, el poeta, en aquel entonces adolescente. Sentí mucho cuando estaba en Gente Nueva no encontrarlas para publicarlas, porque esas sagas de los cinco, de los siete secretos y de los internados (que luego leyó mi hija en la Biblioteca de Cienfuegos varias veces) fueron deliciosas lecturas para mí.

¿Te sientes parte del corpus de la llamada literatura infantil cubana?

En la literatura de Cuba pienso que mi obra se inserta dentro de la línea de la rama fantástica, pero en escenarios reales. Lo cotidiano con ribetes de magia, eso pienso. No sé si mis experiencias vitales han determinado los temas que trato (pienso que sí), pero creo que tuve una infancia feliz y que mis experiencias con los niños y jóvenes que he tenido alrededor me han llevado por ese camino, así que hay temas que definitivamente no se me dan. Entonces escribo de lo que se me ocurre. No soy transgresora ni en el estilo ni en los temas y me gusta crear historias divertidas, con matices del absurdo y aventuras. Creo que mis historias son más bien tradicionales, en el sentido que no rompen esquemas, al igual que en la poesía. Nada novedoso ni que pueda calificarse de original. Disfruto cada línea o verso que escribo y solo aspiro a que le suceda igual a quien me lea.



¿Qué atributos morales piensas que debe portar consigo un buen libro infantil?

Una de mis lecturas preferidas cuando del tema de qué lecturas recomendar o qué leer son las reflexiones de Camila Henríquez Ureña sobre Apreciación literaria. Allí ella dice que la principal cualidad del arte (y de la literatura) es conmover. Esto quiere decir que cuando se lee una obra que tiene los valores de los que hablábamos ahorita, ese acto nos transforma. El ser humano piensa y actúa según sus sentimientos y su propia concepción del bien y el mal. Si logramos que las personas sean sensibles, lo demás llegará. Una persona sensible al dolor, a la belleza, capaz de prestar ayuda, de hacer el bien, reunirá en sí las mejores cualidades humanas. Entonces solo debemos tratar de que la literatura contribuya, junto con las demás manifestaciones artísticas, a crear seres sensibles, y todo lo demás vendrá por añadidura.

Dirigiste por siete años una editorial que hoy me ha correspondido dirigir: ¿Qué significó para ti estar al frente de Gente Nueva?

Para mí, dirigir Gente Nueva fue la realización de un sueño y la posibilidad de influir en las publicaciones de los títulos que consideraba vitales, además de unir a los creadores con los editores. En cierta medida, creo que fueron años fundacionales, a pesar de que existía desde muchos años antes la editorial y por lograr que se le diera, dentro del ICL y en la poligrafía, una atención especial a las publicaciones para niños y jóvenes, defendiendo las cualidades que debe tener el libro dedicado a estas edades. Una de las etapas más hermosas y creativas de mi vida, aunque también una de las de mayor desgaste (por muchas razones). Me hizo crecer como ser humano, aprendí mucho de las personas excelentes con quienes trabajé y agradezco a la vida y a quienes confiaron en mí (como Iroel Sánchez y mis compañeros de batalla diaria) haber tenido la oportunidad de aportar mi grano de arena a la cultura de los niños y jóvenes cubanos. Estoy satisfecha y feliz de esa oportunidad y de lo que pude lograr con mi trabajo.

¿Podrías opinar de la relación autor-editor?

Me llama la atención esta pregunta, porque sabes que coexisten en mí la autora y la editora. Como autora, me identifico tanto con algunas características de la obra o de algún personaje que no logro ver los defectos. Es ahí donde entra a jugar su papel el editor. Es un poco el abogado del diablo, en este sentido: ver qué es innecesario, qué falta, qué no se entiende. Es una relación que debe ser armónica, de respeto y de mutua pertenencia, ya que la obra la escribe el autor, pero el libro como tal es el resultado del trabajo de los dos. El editor ve más allá de la intención del autor, es el primer lector de la obra, y un lector crítico, además. Por otra parte, el autor sabe qué quiere transmitir, aunque pueda parecer editorialmente inconveniente, así que debe fluir una relación conspirativa de toma y daca, donde los dos tienen un mismo objetivo. He tenido una suerte increíble con mis editores, aunque solo han sido dos hombres, las demás han sido mujeres: Eylin, Agustina, Grisel, Amanda, Odalys, Gretel y Mireya. Ellos son Carlos, de Cauce y Zaldívar. Solo puedo decirte que mis libros han salido ganando en todos los casos. En cuanto al contenido. No me ha sucedido igual con las ilustraciones o el resultado final, que no depende del editor, e incluso ni siquiera de la editorial. Pero respeto mucho el trabajo del editor. Porque repito la idea del principio: la diferencia en la literatura es cuando lo que escribimos se edita para los niños. También agradezco mucho a los antologadores y seleccionadores (entre quienes están tú y Espino), que casi siempre son autores e invierten tiempo en promover el trabajo de los demás.

Si tuvieras que salvar solamente diez libros de un naufragio ¿cuáles escogerías? ¿Alguno de los que has escrito?

Si tuviera que salvar diez libros de un naufragio, creo que me ahogaría, porque me sería muy difícil escogerlos. Pero, haciendo un esfuerzo, veré. No salvaría ninguno mío (espero que quizás a alguien les gusten lo suficiente para hacerlo en mi lugar). Hay dos títulos que compiten porque los tengo al mismo nivel: Alicia en el país de las maravillas y El principito. La menciono primero a ella, porque “limón, limonero, las damas primero”. Después hay tantos y tantos: La familia Mumin, Ronja, la hija del bandolero, La historia interminable, El papá de noche, Cuentos para jugar, Scaramouche, El club Dumas, El mundo de Sofía, Los pájaros de la noche…¡ Uyuyui! Son once y se me quedaron fuera otros. No te digo los cuentos tradicionales porque me los aprendería de memoria y, una vez en tierra firme, me dedicaría a reescribir los de Perrault y los Hermanos Grimm, además de los de Andersen. Y te confieso un secreto final: tengo un amigo vikingo, a quien le dicen Erick el Rojo. Haría trampas, solo por esta vez, y le pediría que cargara con los que se me quedaron fuera en ese bajel que anda a la deriva por los mares del mundo.



Nota

(1) Mirtha González Gutiérrez, nacida en Yaguajay, 1959. Narradora. El cuento de los dibujos, Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 1997; El acertijo de las conchas. Ediciones Mecenas, 1998. (Premio Literario de la Ciudad, 1997); La niña que salió a buscar un cuento. Ediciones Mecenas, 2004. (Publicado también por Panamericana Editorial, Bogotá, 2004); Los cuentos de Peque, Ediciones Mecenas, 2005; Talía y sus papeles. Editorial Cauce/Ediciones Almargen,  2007; Peruso, Editorial Gente Nueva, 2008; La ciudad de los recortes, Ediciones Unión, 2008; La noche en el bolsillo, Editorial Gente Nueva, 2010; Talía quiere cambiar el mundo, Editorial Gente Nueva, 2011; Peruso y el gato fantasma, Editorial Gente Nueva, 2012; Nanas para Diego, (Edición propia) Santo Domingo, 2013.

Temática: Libro y Literatura
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