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miércoles, 5 de mayo de 2010

Géneros literarios en la literatura infantil dominicana (1821-2002)

Géneros literarios
MIGUEL COLLADO, Presidente-Fundador de CEDIBIL, reconocido
bibliógrafo, investigador y autor.

en la literatura infantil dominicana (1821-2002)


“En las creencias populares precisamente encontraron la materia prima inicial, para su literatura aparentemente infantil, los pioneros de esta forma de expresión literaria: en el siglo XVII Charles Perrault (“Caperucita Roja”, “Barba Azul”, “El gato con botas”, “La Cenicienta”, “La bella durmiente del bosque” y “Pulgarcito”); y en el siglo XIX los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm (“Hansel y Gretel”, “Blancanieves” y “El lobo y los siete cabritos”); Hans Christian Andersen (“El patito feo”, “La sirenita” y “El soldadito de plomo”); y Lewis Carroll (“Alicia en el país de las maravillas” y “Alicia en el país del espejo”).”


¿Qué es la literatura infantil y juvenil? Empecemos intentando definir el concepto literatura infantil y juvenil antes de adentrarnos en el tema central de nuestra conferencia. Para ello, analizaremos algunos juicios críticos interesantes que en torno a esa modalidad tardía de la literatura universal han emitido voces autorizadas.

1. El escritor y profesor español Kepa Osoro Iturbe, en su ensayo “Reflexiones para una utopía lectora” (1), dice, respondiendo a la pregunta “¿Qué es la literatura infantil?” que, retóricamente, él mismo se hace:

“Se trata de una literatura con la que disfrutan los niños; pensada para los niños; que les hace flotar, reir y soñar; que les ayuda a entender y solucionar sus problemas psicológicos y afectivos; que despierta su imaginación; que favorece el desarrollo de su espíritu crítico; que aviva su sentido estético, y que contribuye a su crecimiento en libertad”.

1. En su ensayo “Vuelve la polémica: ¿existe la Literatura...Juvenil?” (2) Jaime García Padrino, investigador literario español, señala:

“...los términos literatura infantil y literatura juvenil se han empleado –tradicionalmente podríamos decir- como sinónimos, e incluso es frecuente hoy la utilización de infantojuvenil. [...]¿Es educativa la literatura infantil y juvenil? Desde luego que sí, pero en la misma medida que la Literatura general”.

3. También el crítico boliviano Víctor Montoya ha expuesto su visión al respecto en su estudio “El poder de la fantasía y la literatura infantil” (3). El afirma lo siguiente:

“La literatura infantil, aparte de ser una auténtica y alta creación poética, que representa una parte importante de la expresión cultural del lenguaje y el pensamiento, ayuda poderosamente a la formación ética y estética del niño, al ampliarle su incipiente sensibilidad y abrirle las puertas de su fantasía”.

4. El reputado crítico literario dominicano y Director de la Academia Dominicana de la Lengua Bruno Rosario Candelier, nos dice:

“La literatura infantil y juvenil se dirige a niños y jóvenes y se articula con los recursos, elementos y motivos que llaman la atención de la imaginación fresca y libérrima de la etapa más tierna y juguetona del ser humano. [La] sensibilidad infantil, o la virtualidad de la percepción de los niños, está presta para animar cosas o fenómenos o humanizar objetos y animales” (4)

5. Nos parece atinado el juicio emitido por las escritoras infantiles dominicanas Eleanor Grimaldi y Margarita Luciano López:

“Consideramos la literatura infantil como una expresión artística, que utiliza, para expresarse, el instrumento universal de comunicación de las ideas: la palabra. Para que un escrito sea clasificado como literatura para la infancia, no basta con que encierre mensajes positivos, sino que, además, debe exaltar la fantasía y cultivar el gusto estético” (5).

Todas las definiciones citadas contienen elementos interesantes que ponen de relieve el valor trascendente de la literatura infantil en la vida -y en el desarrollo- del niño. Veamos:

•          Favorece el desarrollo de su espíritu crítico, aviva su sentido estético y contribuye a su crecimiento en libertad (KOI)

•          Es educativa (JGP)

•          Ayuda poderosamente a la formación ética y estética del niño (VM)

•          Responde a los intereses del niño, estimulando su imaginación, su sensibilidad y su capacidad de percepción (BRC)

•          Exalta su fantasía y lo ayuda a cultivar el gusto estético (EG / MLL)

En lo adelante, tal como sugiere García Padrino, al utilizar el término literatura infantil estaremos refiriéndonos, también, a la literatura juvenil o infantojuvenil.


EL FOLKLORE Y LOS ORÍGENES
DE LA LITERATURA INFANTIL

Una definición posible del concepto folklore –término utilizado por primera vez, en 1846, por el inglés William Thoms- es la siguiente: conjunto de tradiciones (juegos, carnavales, bailes), leyendas, creencias, narraciones, adivinanzas, costumbres, supersticiones y otras manifestaciones de carácter popular que se transmiten de manera oral.

En las creencias populares precisamente encontraron la materia prima inicial, para su literatura aparentemente infantil, los pioneros de esta forma de expresión literaria: en el siglo XVII Charles Perrault (“Caperucita Roja”, “Barba Azul”, “El gato con botas”, “La Cenicienta”, “La bella durmiente del bosque” y “Pulgarcito”); y en el siglo XIX los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm (“Hansel y Gretel”, “Blancanieves” y “El lobo y los siete cabritos”); Hans Christian Andersen (“El patito feo”, “La sirenita” y “El soldadito de plomo”); y Lewis Carroll (“Alicia en el país de las maravillas” y “Alicia en el país del espejo”).

Los seres fantásticos (hadas, brujas y duendes) que aparecen en los cuentos de Perrault, de los hermanos Grimm, de Andersen y de Carroll, son producto de la imaginación popular, así como los encantamientos y sortilegios. La intención original de esos autores no era escribir para ser leidos por los niños, lo cual explica el porqué muchos de los textos publicados por ellos estaban plagados de escenas violentas, que luego fueron eliminadas y adaptados los cuentos a la psicología de los infantes.

DE LOS GÉNEROS LITERARIOS

Los géneros literarios tradicionales en los que más han incursionado los autores dominicanos que han escrito pensando en los lectores menudos son: poesía, canción, cuento, leyenda, novela, teatro, fábula, adivinanza y libro de lectura. Haremos una brevísima reseña histórica de cada una de esas formas de expresión literaria a fin de tener una idea panorámica de lo que ha sido, a través de la historia, la actividad literaria infantil dominicana.

La fábula

El antecedente más antiguo de la literatura infantil dominicana quizá sea la publicación, en 1821, de las fábulas de José Núñez de Cáceres en el semanario El Duende, que él mismo fundó en la ciudad de Santo Domingo el 15 de abril de dicho año. El insigne patriota firmaba con el humilde seudónimo de El Fabulista Principiante.

Núñez de Cáceres utilizaba sus fábulas para satirizar los males que aquejaban a la sociedad dominicana de entonces, colocándole a cada una de ellas un epígrafe con el que sintetizaba su intención ejemplificadora, pero haciendo uso de un lenguaje potable para el entendimiento y la diversión de niños y adolescentes. Citemos algunas de ellas:

a) “El Conejo, los Corderos y el Pastor”, con el epígrafe: Contra los que obtienen puestos elevados y visten grandes uniformes sin las calidades necesarias.

b)”La Araña y el Águila”, con el epígrafe: Contra el verdadero mérito y la buena opinión que con él se gana, nada pueden las calumnias ni la envidia.

c) “El Lobo y la Raposa”, con el epígrafe: Los malos nunca encuentran nada bueno en los hombres honrados, principalmente si sirven de estorbo en sus maldades.

d)”El Camello y el Dromedario”, con el epígrafe: Contra los que no ven la viga en su ojo, y sí la paja en el ajeno.

A la educadora Aurora Tavárez Belliard hay que reconocerle su condición de pionera como la primera autora dominicana en escribir fábula, género literario de cuyo valor didáctico estaba profundamente consciente la sobresaliente escritora mocana. Sugería ella que es la fábula, desde el punto de vista didáctico, el modo de expresión ideal para estimular al niño en la lectura. Opina, en su obra El niño dominicano. Libro de lectura: tercer curso (1941) que:

“El niño, sujeto poderosamente imaginativo, es un gran enamorado de lo maravilloso y lo extraordinario […] y dominado por la más ardiente curiosidad, aspira a traspasar las fronteras de su mundo, para conocer la vida y milagros de otros seres, que bien pueden ser animales, reyes, hechiceros, apóstoles, mendigos, piratas, héroes, guerreros, príncipes, aventureros, bandoleros, exploradores…” (6).

De la obra citada, transcribimos a continuación la fábula titulada “El Lobo y el Gato”:

EL LOBO Y EL GATO (7)

“Un lobo al que perseguían unos cazadores, huyó hacia una aldea. A poca distancia de las casas vio un gato sobre un muro.

-Querido amigo –dijo-, te ruego que me dediques un lugar donde yo pueda encontrar asilo. Yo te consideraré como mi salvador. Sobre todo, habla pronto. ¿No oyes el sonido de las bocinas y el ladrido de la jauría?

-Vete a casa de Bertón –respondió el gato- es el hombre más de bien que hay en el mundo.

-Sí, pero yo le he comido su carnero.

-Entonces vete a encontrar a Jerónimo.

-Temo que también él me guarde rencor; parece recordarme que alguna vez le he robado un cabrito.

-Corre, pues, a casa de Pedro.

-No soy tan loco, hace un año que me tiene odio por un ruín asno que le comí.

-En ese caso vete a casa de Basilio. -¿Y su ternera que yo atrapé hace quince días?

-Si es así –replicó el gato- no te queda otro camino sino morir”.

¿Cuál es la moraleja? Según palabras de su autora, la moraleja es la siguiente: “quien se rodea de enemigos, no puede hallar quien lo proteja en el momento de desgracia”.

La poesía infantil

De singular importancia histórica para la literatura femenina dominicana es el hecho de que haya sido Salomé Ureña de Henríquez (1850-1897) nuestra primera poetisa en escribir pensando en los niños: “El ave y el nido”, poema fechado en 1875, es un digno ejemplo de ello:

EL AVE Y EL NIDO (8)

“¿Por qué te asustas, ave sencilla?

¿Por qué tus ojos fijas en mí?

Yo no pretendo, pobre avecilla,

Llevar tu nido lejos de aquí.

-

Aquí, en el hueco de piedra dura,

Tranquila y sola te vi al pasar,

y traigo flores de la llanura

para que adornes tu libre hogar.

-

Pero me miras y te estremeces,

y el ala bates con inquietud,

y te adelantas, resuelta, a veces,

con amorosa solicitud.

-

Porque no sabes hasta qué grado

yo la inocencia sé respetar,

que es, para el alma tierna, sagrado

de tus amores el libre hogar.

-

¡Pobre avecilla! Vuelve a tu nido

mientras del prado me alejo yo,

en él mi mano lecho mullido

de hojas y flores te preparó.

-

Mas si tu tierna prole futura

en duro lecho miro al pasar,

con flores y hojas de la llanura

deja que adorne tu libre hogar”.

Ese poema aparece en la primera edición de la obra Poesías de Salomé Ureña de Henríquez (Santo Domingo : Sociedad Literaria Amigos del País, 1880), un hecho altamente significativo que merece ser destacado: así como Sor Leonor de Ovando es, según Marcelino Menéndez y Pelayo, "la primera poetisa de que hay noticia en la historia literaria de América" (9), Salomé, con dicha obra, se convierte en la primera autora dominicana que publica un libro de poesía. Es decir, ella no tan sólo es la pionera de la poesía infantil dominicana, sino también de la ficción literaria femenina producida en el país, lo cual reviste una indiscutible relevancia desde el punto de vista histórico-bibliográfico.

Cuento infantil

La pionera de la narrativa breve dominicana, Virginia Elena Ortea (1866-1903), es quien, por vez primera, escribe cuentos infantiles y juveniles en la literatura dominicana. Ocultos en su importante libro Risas y lágrimas (10) encontramos el cuento mitológico “Los diamantes” y un cuento muy tierno titulado “Estrellas y flores: cuento de navidad”.

En 1923, entre septiembre y noviembre, un extraordinario acontecimiento enriquece, en forma luminosa, la literatura infantil dominicana: Pedro Henríquez Ureña (1884-1946), el más brillante de los hombres de letras nacidos en la República Dominicana, publica, en el periódico El Mundo de México Los cuentos de la nana Lupe, recogidos en volumen, 43 años después, por la Universidad Autónoma del país azteca donde residió por mucho tiempo. La edición de la obra es a propósito de la conmemoración del vigésimo aniversario de la muerte del ilustre humanista hispanoamericano. En 1935 Henríquez Ureña habría de publicar, en La Nación de Buenos Aires, su muy conocido cuento “La sombra”, incluido en la Antología que de su rica y varia obra literaria hiciera, en 1950, su hermano Max Henríquez Ureña

En una historia del cuento infantil dominicano hay que hacer mención estelar de esa gran narradora que fue Virginia de Peña de Bordas (1904-1948), quien publicó, en 1950, en la revista Cuadernos Dominicanos de Cultura (11), sus cuentos “La princesa de los cabellos platinados” y “La eracra de oro”. Sobre estos dos textos narrativos la opinión autorizada de la ilustre Flérida de Nolasco: “Son cuentos de carácter maravilloso, escritos para niños -género hasta entonces desierto en nuestra literatura-...”. Ambos cuentos fueron editados por Editora Taller, en un volumen, en 1978, es decir, 30 años después de la desaparición física de la destacada escritora santiaguense.

Constituyó para nosotros una indescriptible y agradable sorpresa el hallazgo, en 1999, de tres cuentecitos infantiles, más bien fábulas, de la autoría de ese eminente narrador llamado Juan Bosch (1909-2002): “El General Don Gallo” y “Don Gato y Don Ratón” fueron publicados por Bosch, con el seudónimo de “Juan Niní”, en el número de la revista Alma Dominicana correspondiente al bimestre septiembre-octubre de 1934; y “El negocio de doña Hormiga” apareció, firmado con el seudónimo de “Juanito Niní”, en el mismo órgano, pero en agosto del citado año.

De los tres cuentos, “El General Don Gallo” nos parece el más interesante por su contenido reflexivo y su valor didáctico. El cambio de actitud de Don Gallo al tomar conciencia de lo negativa que es la vanidad, transmite una hermosa enseñanza válida para los infantes, pero también para los adultos. Leamos la parte final del cuento:

“Cuando volvió al pueblo, era ya tan viejo que no podía con el machete y casi no veía, a pesar de haberse comprado unos espejuelos muy buenos en la tienda de Doña Pata. Entonces se quedó asombrado, al comprobar que ya la señorita Polla era una madre de familia, con once pollitos de los más graciosos, que ni siquiera quiso oirle.

“Don Gallo –pues ya no quería ser General- colgó su viejo machete de un clavo, en un palo del patio, y decidió hacerse maestro de escuela. Y lo que enseñaba, sobre todo a sus discípulos, que eran jóvenes gallitos muy emperifollados, era esto:

-Si no dejan de ser vanidosos, pueden fácilmente perder la cola cuando menos. La vanidad, amiguitos, conduce, infaliblemente, a la olla o al ridículo”.

En 1956 Juan Bosch habría de convertirse en el primer escritor dominicano en publicar un libro de cuento infantil –en volumen independiente- al aparecer, en Santiago de Chile, donde vivía exiliado, su ya clásico Un cuento de navidad.

Canción escolar

Nadie que conozca la historia de la educación dominicana dejará de reconocerle a Ramón Emilio Jiménez (1886-1971) su condición de pionero en la publicación de canciones escolares. Sus obras El patriotismo y la escuela (12) y La Patria en la canción (13) así lo confirman.

En torno a Ramón Emilio Jiménez y su cancionero el crítico Joaquín Balaguer afirma:“Ha escrito los cantos escolares más bellos y las poesías de índole educativo-moral más inspiradas del parnaso dominicano” (14).

A continuación transcribimos el “Himno a la verdad” escrito por Jiménez y cantado, durante décadas, por millones de estudiantes dominicanos:

HIMNO A LA VERDAD (15)

“No digamos jamás la mentira,

no engañemos a nuestros papás,

que no hay cosa más bella que un niño

cuando sabe decir la verdad.

-

Respetemos a nuestros mayores,

ocultarles una falta es error;

la verdad es la cosa más bella;

donde está la verdad, está Dios”.

La desaparición del canto escolar de los centros docentes dominicanos ha influido, suponemos, en la involución espiritual y moral de la vida en las escuelas del país.

Leyenda

La leyenda es una narración fabulosa, mezcla de ficción y realidad, a veces de superstición y verdad histórica, que se transmite de manera oral y que, luego, los narradores las recrean y transmiten en forma escrita, constituyendo valiosos y entretenidos materiales de lectura que despiertan el interés de los infantes, de los jóvenes y también de los adultos.

Con Indios: apuntes históricos y leyendas (16), el insigne maestro Juan Bosch se convierte, hasta donde sabemos, en el primer escritor en escribir, y dar a conocer en volumen, leyendas con las que, al decir de Manuel Antonio García Arévalo, “enriqueció el acervo histórico y literario dominicano en una época en que el Indigenismo representó la búsqueda de nuestra identidad cultural, a través del rescate de las tradiciones, costumbres y leyendas de Quisqueya”.

Justo y oportuno es reconocer aquí la encomiable labor investigativa que, desde hace varios años, viene llevando a cabo el Dr. Guaroa Ubiñas Renville, rescatando, con envidiable pasión, las más fantásticas leyendas enraizadas en la historia cultural de su natal San Cristóbal.

Didáctica: libros de lectura

A pesar de que en 1894 el historiador José Gabriel García (1834-1910) aportó a la bibliografía didáctica su libro El lector dominicano. Curso gradual de lecturas compuesto para uso de las Escuelas Nacionales (17), es a partir del siglo XX que en la República Dominicana realmente comienzan a ver la luz pública novedosos libros de lectura, para uso en las escuelas públicas, que importantizan la literatura infantil como recurso eficaz de apoyo a la enseñanza.

Son libros de gran utilidad didáctica escritos por educadoras brillantes que habían hecho del acto de enseñar un acto de vida, y cuya formación intelectual, permeada por un profundo espíritu humanista, ponían de manifiesto en dichas obras. Nos referimos a Livia Veloz (1892-1980), Aurora Tavárez Belliard (1894-1972) y Margarita Vallejo de Paredes (1913- ), pioneras en ese tipo de publicaciones y escritoras de gran valía las tres, aunque muy olvidadas las dos primeras.

Veloz, poetisa y narradora, publicó, en cuatro tomos, el Libro dominicano de lectura (1939-1963); y Tavárez Belliard, la más fecunda, enriqueció la bibliografía nacional con más de diez títulos: Cartilla silabario (1937), Rayito de sol : libro de lectura (1943), En el sendero de Kempis (1944), Simiente en el camino (1963) y Patria mia : libro cuarto de lectura. Lecciones de urbanidad y educación cívica (1971), entre otros.

Vallejo de Paredes, que aún vive y continúa haciendo aportes valiosísimos a la bibliografía dominicana, ha tenido una importante trayectoria como investigadora y ensayista. En 1945 publicó el Libro de lectura para segundo y en 1955 el Libro de lectura para tercero, ambos con textos literarios infantiles de su autoría.

Teatro infantil

Margarita Vallejo de Paredes, además de haber sido una de las primeras educadoras en escribir y publicar libros de lectura con intención didáctica, fue la primera dramaturga dominicana en dar a la luz pública, en volumen, un drama infantil: Historia de caracoles (Ciudad Trujillo : Secretaría de Estado de Educación y Bellas Artes, 1957. 10 p.), con la que obtuvo, en 1956, el segundo lugar en el Concurso de Teatro Infantil organizado por el Ateneo Dominicano.

Dos años después, esa pieza teatral fue incluida en Marionetas : teatro para niños (Ciudad Trujillo : Librería Dominicana, 1959. 188 p.), que recoge las obras dramáticas ganadoras de los tres primeros lugares en el citado certamen literario. “La niña que quería ser princesa”, de Franklin Domínguez, e “Historia de una gota de agua”, de Miguel Angel Jiménez, obtuvieron el primer y segundo lugares, respectivamente.

Dentro del género de teatro infantil han publicado libros Manuel Rueda (El Rey Clinejas, 1979); Nereyda del Rosario (El barquito, 2002); y Carmen D. Coronado (Alma de niños, 1996. Incluye poesías y dramas).

Novela infantil

Marcio Veloz Maggiolo, el más prolífico de los escritores dominicanos, ha sabido convertir en valiosa materia primera literaria su saber arqueológico y su pasión inagotable por ahondar, con ese joven espíritu de aventura que lo acompaña siempre, en ese mundo maravilloso de nuestro pasado indígena, en la mitología de una raza cuyos vestigios apenas quedan en la imaginación creadora de los literatos.

Y Veloz Maggiolo ha logrado recrear en De dónde vino la gente : novela para niños (Santo Domingo : Editora Alfa & Omega, 1978. 114 p.), con esa maestría de narrador puesta a toda prueba, ese mundo atravesado por la fantasía mitológica de la raza taína, convirtiéndose, de esta manera, en el primer novelista infantil dominicano.

Diecinueve años después, en 1997, publica otra novela dirigida a los lectores menudos: El Jefe iba descalzo, en la que trata, en lenguaje de fácil lectura, uno de los temas dominantes en toda su literatura: Trujillo. Ningún otro autor dominicano ha publicado novela infantil.

Adivinanza

Sugiere el insigne escritor Manuel Rueda (1920-1994) que “las adivinanzas son un género propio de los juegos infantiles [que] cumplen una función didáctica con la que se trata de entretener y aleccionar la mente de los niños” (18). Y precisamente a Rueda debemos la más importante compilación de adivinanzas extraídas del rico folklore dominicano: Adivinanzas dominicanas (Santo Domingo : UNPHU, 1970. 461 p.), que recoge 1,571 adivinanzas y constituye una obligada fuente de consulta cuando de estudiar este género literario se trata.

Anterior a la de Rueda, la destacada investigadora dominicana Edna Garrido de Boggs (1913-2010) había publicado una obra pionera en el ámbito del folklore infantil dominicano: Folklore infantil de Santo Domingo (1955), que recoge 300 adivinanzas, además de canciones, romances, juegos, versos, parodias, trabalenguas y cuentos de nuestro folklore.

En su gran mayoría las adivinanzas tienen un origen en la tradición folklórica, es decir, son producto de la imaginación popular. Otras, las menos, son escritas por autores identificables inspirados en ese saber del pueblo, en cuyos hábitos y costumbres encuentran la más rica materia prima para la construcción de adivinanzas que ese pueblo hará suyas y que luego difundirá oralmente, transformándolas a través del tiempo.

En Brunilda Contreras tienen los niños y jóvenes dominicanos a una singular adivinadora que ha sido capaz de explorar en esa creatividad ingeniosa, juguetona y repentista que, como influencia directa de la cultura hispánica, caracteriza a nuestro pueblo. “Para adivinar se necesita agudeza mental y capacidad de relacionar las características con el objeto definido” (19), opinan Grimaldi y Luciano López. Contreras posee estas cualidades. Su aporte a este género literario vinculado al folklore es innegable y ahí están sus obras para demostrarlo: Chiví : 100 adivinanzas nuevas (1997) y ¿Y qué nombre le pondremos? Más adivinanzas... (2002).

A continuación, una adivinanza tradicional y una adivinanza de la autoría de Brunilda Contreras:

“Principio y fin nunca he tenido,

aunque principio y fin del alma soy;

en medio del mar está mi sonido,

y en el fin de la tierra estoy” (20).

(La letra “A”)

-

“Yo jamás te miento

y soy muy preciso;

te digo bien claro

si eres feo o bonito” (21).

(El espejo)

LAS PUBLICACIONES DE LIBROS INFANTILES EN EL SIGLO XX

Anterior al siglo XX sólo pudimos registrar, al hacer el levantamiento bibliográfico en el período 1821-2002, la publicación hecha en 1894 por José Gabriel García: El lector dominicano. Curso gradual de lecturas compuesto para uso de las Escuelas Nacionales. Casi medio siglo después, en los años 30 del siglo XX, es que realmente comienzan a ver la luz pública los libros escritos pensando en los niños, razón por la que nuestro análisis biblio-estadístico se circunscribe al llamado Siglo de Oro de las letras dominicanas.

Conforme a los resultados de nuestra investigación bibliográfica, que abarca el período comprendido entre 1901 y 2000, es en la cuarta década del siglo XX (1931-1940) cuando en el país se inicia la publicación de libros infantiles. Los géneros de la literatura infantil en los que más han incursionado los autores dominicanos son: cuento, 48.48%; antología, 16.66%; poesía, 13.64%; y didáctica, 10.61%. Luego les siguen los géneros siguientes: leyenda (4.55%), teatro (3.03%), novela (1.51%), adivinanza (0.76%) y retahíla (0.76%).

Hay que resaltar el hecho curioso de que en la literatura dominicana escrita para adultos el género de la poesía es el de mayor incidencia, mientras que, como hemos podido comprobar mediante el análisis de los datos estadístico-bibliográficos contenidos en nuestra obra, es el cuento el que ha merecido la mayor atención de los autores, lo cual queda justificado en otro hecho indiscutible: los niños gustan más de las historias que de la lectura de poesías. Es el cuento, pues, el género literario mediante el cual se hace mucho más fácil atrapar –y lograr la atención- de los pequeños lectores. “Mami, cuéntame un cuento”, es una frase muy frecuente en los niños a la hora de irse a la cama.

UNA CONCLUSIÓN Y UNA RECOMENDACIÓN

“Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. La frase, de la autoría del comunicólogo y político alemán Paul Joseph Goebbels, es universalmente conocida y en la República Dominicana se aplica con frecuencia en diversas circunstancias en el ámbito de la cultura. En el caso que nos ocupa –el de la literatura infantil y juvenil producida en nuestro país- aplica cuando se afirma que es escasa la literatura para niños y jóvenes escrita por autores dominicanos. Somos opuestos a esa aseveración injusta y negadora del trabajo que, por décadas, han venido desarrollando nuestros creadores pensando en los niños.

Y es que después de haber realizado, de manera exhaustiva, una investigación bibliográfica sobre las publicaciones de autores criollos dirigidas a los lectores menudos, podemos afirmar que en la literatura dominicana sí existe una cantidad apreciable de obras de ficción infantiles, muchas de ellas de indudable valor literario y que deberían ser establecidas como lecturas obligatorias en los centros de enseñanza públicos y privados de la República Dominicana.

Esa producción bibliográfica infantil espera ser difundida y promovida y son precisamente las escuelas y los hogares dominicanos, con la intervención decidida de maestros y padres, los escenarios ideales para hacerlo.

-

NOTAS:

(1) http: //comunidad-escolar.pntic.mec.es/655/tribuna/html

(2) http: //www.cuatrogatos.org/8garciapadrino.html

(3) http: //www.geocities.com/aplijrevista/ARTICULOS.htm

(4) Bruno Rosario Candelier. La búsqueda de lo absoluto. El aliento interiorista en las letras dominicanas (Moca : Ateneo Insular, 1997), pág. 280.

(5) Eleanor Grimaldi y Margarita Luciano López. Literatura infantil y desarrollo creativo (Santo Domingo : Editora Taller, 1996), pág. 2.

(6) Aurora Tavárez Belliard. El niño dominicano. Libro de lectura: tercer curso. (Santiago de los Caballeros : Imp. La Información, 1941), pág. 3.

(7) Idem, págs. 48-49.

(8) Salomé Ureña de Henríquez. Poesías completas. Prólogo de Diógenes Céspedes (Santo Domingo : Fundación Corripio, 1989), págs. 105-106.

(9) Marcelino Menéndez y Pelayo. Historia de la poesía hispano-americana (Madrid : Real Academia Española, 1911-1919. Tomo I), p. 291.

(10) Virginia Elena Ortea. Risas y lágrimas. Santo Domingo : La Cuna de América, 1901.

(11) Cuadernos Dominicanos de Cultura, VIII (85-86) : 27-44, septiembre-octubre, 1950.

(12) Ramón Emilio Jiménez. El patriotismo y la escuela (Santo Domingo: Tipografía La Estrella, 1917), 109 p. (13) Ramón Emilio Jiménez. La Patria en la canción (Santo Domingo : Banco Central de la Rep. Dom. / Biblioteca Nacional, 2001).

(14) Joaquín Balaguer. Historia de la literatura dominicana. 10 ed. (Santo Domingo: Editora Corripio, 1997), pág. 242.

(15) Ramón Emilio Jiménez. La Patria en la canción (Santo Domingo: Banco Central de la Rep. Dom. / Biblioteca Nacional, 2001), pág. 91.

(16) Juan Bosch. Indios: apuntes históricos y leyendas (Ciudad Trujillo: Editorial La Nación, 1935), 126 p.

(17) José Gabriel García. El lector dominicano. Santo Domingo : Imprenta de García Hermanos, 1894. 102 p. Esta obra recoge lecturas poéticas de los siguientes poetas: Félix María Delmonte, Manuel Rodríguez Objío, José Joaquín Pérez, Salomé Ureña de Henríquez, Javier Angulo Guridi, Juan Isidro Ortea, José Núñez de Cáceres, Manuel de Jesús Peña y Reynoso, Federico Henríquez y Carvajal, Manuel de Jesús Rodríguez, Emilio Prud’Homme, Apolinar Tejera, César Nicolás Penson, Eugenio Perdomo y Nicolás Ureña.

(18) Manuel Rueda. Imágenes del dominicano (Santo Domingo : Banco Central de la Rep. Dom., 1998), pág. 71.

(19) Eleanor Grimaldi y Margarita Luciano López. Op. Cit., pág. 56.

(20) Edna Garrido de Boggs. Folklore infantil de Santo Domingo (Madrid : Ediciones Cultura Hispánica, 1955), p. 547.

(21) Brunilda Contreras. ¿Y qué nombre le pondremos? Más adivinanzas... (Santo Domingo : Ediciones Infantiles Dominicanas, 2002), p. [15].

E-mail: cedibil_milenio@yahoo.com
Publicado en: http://www.atanay.com/detail.aspx?n=10803

2 comentarios:

Diana dijo...

¿Seguro que el poema El ave y el nido, de Salomé, es un poema infantil? ¿Lo es porque menciona las palabras ave, nido? ¿Porque habla de prados? ¿O porque en los textos escolares ilustran el poema con la imagen de un niño? ¿Sabe un niño pequeño el significado de las palabras prole, lecho mullido? ¿No le parece que las construcciones están un poco enredadas para un niño? ¿Que un adulto pudiera, perfectamente, estar diciendo lo que dice el poema? Nada indica que sea un poema infantil, la verdad. No es que no lo sea, pero asegurarlo, así, sin una buena base, como que...

LNG dijo...

Diana cuando hablamos de literatura infantil y juvenil hay rangos. Es lo que explica que las colecciones se dividan por edades. Los autores deben tomar en cuenta las características propias del desarrollo psicológico para determinar hacia que nivel van sus creaciones. Luego está el campo experimental (el mejor método es probarlo con los niños de la familia) antes de darlo a conocer. En cuanto al poema de Salomé Ureña, no es para "enanos" de menos de 7 años diría yo. En teoría, esas palabras ya deberían ser conocidas porque el poema no reviste mayor complicación. Esto pone de relieve que tenemos un problema educativo enorme, nodal, trágico... Una amiga escritora me contaba sus impresiones al leer el mismo cuento entre niños de Manganagua y otros de un colegio de Piantini, lo que nos conduce a unas discriminaciones no cronológicas ¡sino de clases sociales! Está complicado. Tenemos que estudiar y expresar más.