lunes, 17 de julio de 2017

La metáfora del estanque


A propósito de “Bredo, el pez”, de José M. Fernández Pequeño

Por: Bismar Galán

Aquí está Bredo, uno de los tantos peces que han intentado escapar del estanque o al menos ascender en sus turbias aguas. Esto equivale a decir: “Aquí está Fernández Pequeño, el verdadero Bredo, quien ha logrado escapar del estanque, nuestro estanque, y tenido el valor de contar su aventura”. ¿Demasiado rápido para arrebatar el antifaz al narrador? Tal vez, pero asumo el reto. Lo asumo bajo el convencimiento de que, además de la genialidad y la ingenuidad propia del Principito, en esta obra hay mucho de la trascendente “Rebelión en la granja” de Orwell, gracias a la compartida visión del totalitarismo, la supresión de la voluntad individual y la manipulación de la verdad.
Claro que pude escribir sobre la sencillez creadora del autor, de lo ingenioso de su propuesta, de la distancia que logra entre concepción y expresión exacta, y simplicidad. Sí, pude hablar de la sublime y subyacente audacia poética que desborda la narración o de esa fuerza que es propia del lenguaje puro y coherente; pude hablar de ese mundo interior, infantil y a ratos cauto que identifica al texto. Pude hablar de esas imágenes que hacen de “Bredo, el pez” una obra cautivadora y sin edades. Como también pude dejarme cegar por el gozo y el placer desbordantes en cada una de sus páginas.
José M. Fernández Pequeño
Mas, ante la oportunidad y honor que me han sido concedidos, he preferido apelar a lo subyacente, a esa realidad solapada en la aparente inocencia que identifica a la historia de Bredo. Detrás de esa simulada ingenuidad, detrás de esas aguas tan propias como persistentes en los caribeños y sus creaciones (léase “su cultura”), hay una inquietante suma de mensajes y metamensajes que serán más perceptibles, estoy seguro, para quienes hemos tenido la “suerte” de vivir en el estanque. Sí, ese estanque donde no solo “la insularidad nos corroe” y donde el ansia de libertad nos magulla hasta la sombra.
Confieso que, para analizar esta elegante obra, lejos del apego al tecnicismo demandado por la crítica literaria y como he anunciado más arriba, he preferido buscar más allá del mensaje literal. He preferido hacerlo desde la metáfora que aflora en todo el texto, desde su propio título. En ella persisten, con total naturalidad y bañadas de inocencia, situaciones que ha tenido que vivir el autor antes, durante y después de escapar a la intolerancia y la marginación.
Esta metáfora trasciende el tributo a la migración, un tributo sin lisonjas ni medallas, pleno de imágenes que erizan la piel. Esta metáfora salda una deuda con la lacerante herida que provoca dejar el terruño para aventurarse a buscar y buscarse más allá de ese estanque que sus dioses venden como alfa y omega, como el único y real paraíso terrenal.
Aquí, el “quién soy” se convierte en el interrogante que empuja al singular personaje a la búsqueda de su identidad, centro del dramatismo que da sentido y sirve de excusa para la confidencia. Como todo hecho bien narrado, en “Bredo, el pez” lo literario se va hilvanado con sobriedad, sencillez y profundidad a la vez, a través de rupturas expresivas, sin perder la cohesión ineludible entre contenido y forma. Junto con la belleza que le es propia a la buena literatura, en esta obra el lector encontrará: amor, fidelidad, re-creaciones, enajenaciones, miedos, sufrimientos, dolor e impotencia social.
Escapar del estanque, si no es un sueño, muchas veces se convierte en una obsesión de aquellos “peces” que deciden enfrentar las circunstancias que tratan de hacerlos diminutos e indefensos, aquellos sobre los que redes y anzuelos se ciernen como lluvia de flechas de los arqueros de la dinastía Qin.
Son constantes en “Bredo, el pez”: el miedo, la sospecha, la desigualdad, el acecho… Para expresarlo, el autor pone la palabra precisa en boca de sus personajes, palabra resultante de la más personal meditación sobre ese estanque que evidentemente ama con la misma fuerza que extraña.
Precisamente, extrañar a los seres queridos es de las primeras y más naturales reacciones del que abandona su suelo. Llegan nostalgia, reconocimiento y reafirmación del amor: “Ninguna otra tenía unas escamas tan brillantes, y menos aún aquel aro plateado alrededor de sus ojos”, al decir sobre la madre de Bredo, esa madre que él idolatra y que puedo asegurar –yo que la conocí muy bien– era, además, la bondad personificada.
Puede la palabra desde arriba ser un arma tan benigna como fatal. De ahí que citar su persuasivo discurso es la forma más precisa para definir (criticar) cómo los peces protectores (¿cerdos de Orwell?) nos dibujan el estanque con la intención de conservarnos como parte de su mancha: “No hay peces extraños ni más mundo que este estanque. Nada existe fuera de lo que ves a tu alrededor”. Y así lo creímos y lo defendimos, hasta conocer otros mares; pero así lo creen y lo defienden muchos otros, incluso sin conocer el propio estanque.
Son diversas las enseñanzas dirigidas a construirnos esa paranoia colectiva en que se nos sume, sobre todo con la intención de sembrar la duda y la sospecha. Allí aprendimos a sospechar eternamente, de todo y de todos porque, como nos lo revela Fernández Pequeño a través de sus peces, “cuanto más amable se oyera, peores intenciones tendría quien hablaba”. Tenía razones el pez para sospechar: “Aquí hay algo raro. Cuidado si no intentan engañarme para que esté tranquilo y hacerme después quién sabe qué horribles cosas”.
Conozco, como Bredo, del miedo que persiste en el estanque, y como dijo la piedra, “me parece que lo más monstruoso ahora mismo es tu miedo”. Y se ha convertido en algo cotidiano debido a las consecuencias que podrían derivarse del hacer, el decir y hasta del simple pensar. Es por eso que Bredo pensaba que “Se había vuelto una vergüenza para los suyos y no quería pensar en el castigo que le esperaba si subía”, aunque no estaba dispuesto a ser condenado a ser siempre de los de abajo. Todo así, porque en nuestro estanque, como nos asegura el narrador, “el miedo del pez era más fuerte que su dolor”. Lo peor es que lo sigue siendo para la mayoría de los peces condenados a permanecer.
En “Bredo, el pez”, como en el real estanque, la persecución, el encierro, la vigilancia, la desigualdad se vuelven una obsesión. De ahí que, ante el encuentro con alguien que ya ha logrado salir y dejado de comer solo musgos, fluya un deseo que conduce a la más usual de las preguntas: “¿Cómo podría salir del estanque?”.
No es para menos, porque entre tantos motivos, se eterniza la sensación de vigilancia en que hemos estado sumergidos, casi siempre sin saber por quién y muchas veces sin conocer el porqué. Testimonios de Bredo así lo confirman: “había sido vigilado durante los días anteriores sin que él se percatara”. Lo cierto es que, cualquiera que sea el espacio, seguimos cargados de la vacilación: “Yo también tengo la duda de que somos observados”. Estamos convencidos de que somos vigilados, esencialmente si intentamos llegar, escalar y mucho más, si se sospecha que deseamos escapar… Pero, ¿cómo no intentarlo si la desigualdad nos empuja y “los peces más grandes del estanque, nunca quedan atrapados en la red de los dioses”?
Cuando logramos burlar los bordes del estanque, nos lacera la nostalgia. Nostalgia por aquellos que quedan dentro y que emerge en aseveraciones tan elocuentes como estas: “Si al menos Carlos, Montse y Sabrina estuvieran cerca”. “¿Quién viera a Carlos el calculista manejando el aparato de Palina?”, en claras evocaciones a la libertad y a las carestías de los otros, los que se quedan atados al estanque y sus realidades.
Pero Bredo logró salir del estanque y ver que “el mundo”, digo el mar abierto, sí existe. Pero con el vuelo llevó esa herida en el costado, esa herida que cicatriza pero que jamás sana en quienes logramos escapar, porque como he dicho en otro lugar “escapar es una herida”. Luego, una vez en mar abierto, comienzan las dudas, la autointerrogación: “¿Dónde he venido a dar? Deja ver si al final era mejor quedarse en el estanque”.
Fuera del estanque, nada ganará más valor que la amistad, la mano de esos que nos reciben y se convierten en los nuevos hermanos. “…en aquel lugar tenía libertad de hacer lo que quisiera, pero también el peligro estaba en todas partes y él dudada mucho que pudiera sobrevivir sin ayuda”, en referencia al espacio receptor. Y en paralelo, como es natural, la voz del miedo de los nativos ante el extraño: “Que se cure rápido y diga adiós. Aquí no hay espacio para nadie más”. Pero no importa, afuera lo más valioso es que “nada era tan impresionante como la luz intensísima que corría por aquel lugar…”. Se ha dicho “luz”, de esa que se extraña en el estanque.
Pero volver, no al estilo Almodóvar, es de las grandes obsesiones de quienes escapan del estanque. Por eso Bredo, y a propósito de contrastes lumínicos, regresó y “el estanque lo recibió con  su escasa luz y su agua densa, de un azul que ahora le parecía descolorido”. Sí, podía notar las diferencias porque ahora tenía con qué contrastar realidades.
Se encuentra de nuevo en un estanque donde se especula del que escapa, como eso de que “Bredo había muerto”, como de otros se dice que «cambiaron de sexo» aunque no sean chernas o que «están en una misión encomendada por los dioses del estanque», manera sutil de crear más dudas y desconfianza entre los peces. Por eso, entre los amigos de siempre unos se muestran inquietos; otros, curiosos y los más, desconfiados. Mientras, Bredo se hace más preguntas: “¿Cómo puede alguien preferir estar preso en el estanque, donde lo único que hicieron siempre fue abusar de él, en lugar de salir y ser libre?”.
En toda esa vida en el mar abierto, léase “mundo”, se aprende, sobre todo se aprende a perder el miedo y a decir. Eso hizo Bredo: “¡Es mentira! Esos que echan comida en el estanque son humanos, no dioses; y tampoco es verdad que saquen a los peces en su red para llevarlos a vivir en ningún mar. Los matan, que los vi con mis ojos”. Por eso, digo yo, se les teme a los peces que salen a mar abierto y regresan con realidades que esgrimen, algunas veces con relativa sutileza y otras, con euforia desbordada.


Faltaría decir que, para la construcción de esta metáfora, Fernández Pequeño apela a la aventura, tema favorito de los niños. Esgrime un lenguaje sin artificios y mágico a la vez, donde la fantasía resplandece y asombra. Nos muestra una historia que atrapa, mientras crece en dinamismo y expectativas, obligándonos a mantenernos pegados al texto, a sus personajes, a sus esencias... Para mayor fortaleza, combina el heroísmo individual con el colectivo: exclusiva manera de sobrevivir en un estanque en el que los peces llevan como único abolengo, la esperanza.
Ya sabemos que el apego a las aguas y sus circunstancias, no es nada extraño en cada una de las aventuras de este creador. Evidentemente, un modo de mantenerse unido a su estanque, a sus recuerdos y experiencias, a sus asiduas escapadas al río Bayamo. De ese apego y amor por lo propio nos ha llegado esta obra que, además, lo delata como un gran conocedor de la espinela. A través de sus décimas, nos comparte moralejas propicias para reflexionar y aprender.
Estoy convencido de que conseguir tanto en una obra como esta ha exigido mucho más que arrojo, lealtad y valor. Algo así exige genialidad, constancia, imaginación y un trabajo meticuloso con el lenguaje (nada extraño en Fernández Pequeño) a fin de lograr sencillez, autenticidad y frescura. Queda así una obra en la que pueden abrevar los amantes del buen arte, sin distinción de edad, sexo, religión, ideas y cuantas fronteras se puedan levantar en beneficio o desmedro de... Ojalá sus lectores no sean como las personas mayores, a las que “hay que explicárselo todo”, como nos dijera el Principito.
Santo Domingo, 11 de julio de 2017
©Bismar Galán

viernes, 7 de julio de 2017

Entrevista a César Sánchez Beras, Premio Anual de Literatura Infantil Aurora Tavárez Belliard 2003



¿Por qué escribe para niños?
En un principio, escribir literatura para la audiencia infantil, fue un asunto meramente particular. Quería escribir para mis hijos, para mis nietos, para mis sobrinos. Pero mi blanco de literatura cambió para siempre, cuando tuve la oportunidad de interactuar con los niños y niñas de nuestras escuelas públicas y privadas. Los niveles de inteligencias, de agudeza, de creatividad, de asombro de nuestros muchachos, me desafiaban como escritor, como padre, como maestro que he sido casi toda mi vida. Cada nuevo propuesta que empiezo es un desafío visceral para un autor que convive con una infancia y adolescencia que atraviesa la era digital y la postmodernidad.  Escribir un texto que los muchachos no puedan predecir, que no puedan encontrar en la red, es una especie de caminar sobre la  navaja del desafío autoral.

¿Quiénes le han influido más a la hora de escribir?
Puede quizás parecer rara mi respuesta, pero me han influenciado los más diversos elementos y autores. Por ejemplo me influyó el maestro  Juan Bosch, Marcio Veloz M. y Adela Basch. Además tengo la influencia de todos mis colegas que escriben literatura infantil, pues sus excelentes obras demandan mi atención como lector/escritor. Pero en particular me ha influenciado la capacidad de asombro e interrogantes de los estudiantes que piden situaciones de mis textos, lo que a veces yo como adulto, no veo con la claridad necesaria.

¿Qué siente un adulto al escribir para niños?
En mi caso personal es una especie de viajar en una dimensión paralela. Visualizar y escribir un texto desde el ojo de un niño, sin dejar de ser adulto.  Es un trabajo demandante, exigente, pues la audiencia infantil no tiene media tinta, o le gusta o no le gusta. Además cuidar todos los otros detalles, nivel de lengua, respeto por la edad, por la inocencia, por la identidad, por las raíces del niño para que ame lo universal sin dejar de apreciar lo propio. Todos estos elementos completan la maravillosa aventura de escribir para los chicos.

¿La literatura infantil puede solucionar algún problema?
Toda literatura resuelve problemas e incluso también los crea. En el caso de la literatura infantil, el solo hecho de crear un nuevo lector, de lograr que los infantes lean, es una manera de crear adultos conscientes, críticos, inteligentes, cívicos. El hecho de involucrar   un salón de clase en la lectura, comprensión y discusión de un texto, es una tarea que no solo resuelve problemas inmediatos, sino que evita futuras inconductas de los próximos ciudadanos.  Muchas lecturas trasmiten a nuestros pequeños  la tolerancia, la solidaridad, la alegría, el amor por la flora, el respeto por la biodiversidad,  el buen arte de compartir, la felicidad en su estado primigenio.

¿Qué otros libros está trabajando para nosotros?
Aunque escribo literatura para adultos e incluso he sido favorecido por la crítica y los jurados, soy esencialmente un autor para la audiencia infantil y juvenil. Tengo doce libros que esperan su turno para llegar al estante de los chicos. Puedo adelantarte estos:
“Juego de Asombro” (Haikus)
 “Niñas de Ojos de Agua”, (Teatro)
“El Niño a Quien Dios le Regaló la Música”, (Cuento)
 “Bajo el Sol de Miragoane”, (Novela Infantojuvenil)
“Alfabeto Poético del Monte”, (Poesía)
Ecuador Para Niños, “(Poesía)
 El Sueño de un Gran Marinero”, (Cuento)
“Sapito Azul y el Misterio Sonoro”, (Décimas infantiles)
“Tinma, el Guerrero de los Andes” (Leyenda)
“Sebastián, Rey de Lampirandia”, (Cuento)
“Al Otro Lado de la Ventana” (Novela infantojuvenil)

… y algunos más que el creador en su misericordia me ha regalado.

¿Por qué el humor siempre está presente en sus escritos?
Nadie aprende en un ambiente donde no es feliz. La risa, el humor, la imaginación, las situaciones hilarantes, son condiciones inherentes a la infancia. Un texto muy rígido a temprana edad puede alejar para siempre a un lector. No se trata de hacer un libro de humor, sino de contemplar escenas cotidianas desde el punto de vista de la hilaridad del niño. En mí caso particular, mis textos dramáticos para los infantes siempre tienen en común el humor y la versificación octosílaba.  Pues el teatro se apoyó en el verso en sus inicios y todavía sigue siendo válido este recurso. Los versos de ocho sílabas, que  son los de más fácil memorización, son para mí un recurso también importante. Igualmente me valgo de todas las estrofas posibles, pareados, haikus, cuartetas, tercetos, décimas y sonetillos. La musicalidad de la versificación no forzada, es un ingrediente también de gran ayuda para llegar a los nuevos lectores.

¿Qué es más importante, educar o divertir?
Para mí son dos eslabones muy próximos. Educar divirtiendo. La educación, la instrucción, el traspaso de los elementos constitutivos  de la identidad y la cultura, no tiene que ser una jornada aburrida. Pero ojo, mis textos no son para moralizar o enseñar civismo. Si eso ocurre es genial, pero mi blanco es que el niño lea, que imagine, que piense, que critique, que interrogue, que desafié la inteligencia del autor. Escribo para acercar al niño a los muchos caminos que tiene la literatura para llegar a  la felicidad.

En clases de Biología
yo siempre soy el mejor,
Igual  ciencias o  español
arte, inglés o geometría.
Pues tengo la mejor guía
para saber dónde están,
los datos que me dirán,
la razón de cada cosa.
Es la enciclopedia hermosa
que se llama TOBOGAN


--
César Sánchez Beras
World Language Department
Math & Science  High School
Math Science Technology

70-71 North Parish Road
Lawrence, MA  01843

cesabe90@hotmail.com
tpmpoeta@yahoo.com.ar
http://cesarberas.blogspot.com/

miércoles, 28 de junio de 2017

Un gatito en la Ciudad Colonial, por María Teresa Ruiz de Catrain

LITERATURA INFANTIL

La obra, autoría de Rosanna Rivera Nardi, ha sido editada en inglés y español como un regalo para todos los niños del mundo.

Un gatito en la Ciudad Colonial Un gatito en la Ciudad Colonial

María Teresa Ruiz de Catrain | Especial para Listín Diario
Santo Domingo

Alguna vez escuché decir: Cada vez que nace un niño, Dios vuelve a sonreír y me atrevo a agregar: cada vez que nace un libro, sobre todo si es para niños, todos debemos sonreír, esto a propósito del nacimiento del libro “Un gatito en la Ciudad Colonial”, de Rosanna Rivera Nardi.

Es un relato que con la excusa de contar las aventuras de un gatito, nos regala un paseo por la Ciudad Colonial de Santo Domingo cargado de hermosos mensajes para los niños. Una crónica, las 24 horas del gatito merodeando por la ciudad antigua, lo que no debe extrañar, pues estamos frente a una veterana periodista que no duda en ubicar en tiempo y espacio al pequeño lector cuando inicia su relato: “…desperté lleno de alegría y me dirigí al río Ozama y lo finaliza al levantarse el nuevo día…” Es un texto que retoma valores universales como el trabajo, “Son hombres que cada noche se arriesgan en el mar para ganar dignamente el alimento que llevan a sus hogares”.

De igual manera, la autora se enfoca en la exaltación de los sentidos a través de imágenes cotidianas como la contemplación de las monumentales edificaciones, el olor y el sabor de las frutas, el pescado y un rico chocolate, así como los sonidos de las campanas de las iglesias y la risa de los niños; sin olvidar la caricia que mitiga el miedo. “…me tomó entre sus brazos y sentí tanta calidez y paz que olvidé mis temores”.



Consciente de su interés por la revalorización de los monumentos y su lenguaje histórico cultural, Rivera orienta a sus lectores a dirigir la mirada hacia detalles como es el águila bicéfala de aquel emperador dueño de casi medio mundo y por supuesto, de nuestra Ciudad Colonial.

“Llegamos frente a la catedral y, señalando hacia arriba, entre ellas comentaron el blasón con águila de dos cabezas que corona su puerta principal”.

Al igual que a sus edificaciones, la autora se complace en exaltar las cualidades morales, maneras y costumbres de sus habitantes, los cuales reflejan la intensa fascinación que la Ciudad Colonial ejerce sobre ellos; el encanto de sus noches, el romanticismo de sus calles y ese sentido de lo antiguo que habita en esta. “Sus casonas con balcones adornados de coloridas flores, sus fuentes y santuarios, las risas de los niños jugando a las escondidas en las plazoletas y las damas afanadas barriendo las aceras eran para mí un mundo diferente y fascinante… cuanta gente buena! A nuestro paso todos saludaban…” Como hilo conductor reconocemos el interés de la autora de resaltar los valores más importantes con que cualquier ser vivo y sobre todo humano, debería contar. Nos referimos a los tres obsequios que Rosanna entrega a su personaje: un hogar, un nombre y la libertad.

En ese escenario mágico, nos presenta a Noah, un lindo personaje tan real como todos sus personajes; una encantadora niña de gran precocidad que un día cualquiera se le puede ver, asida de la mano de su abuelo, paseando por las calles de la Ciudad Colonial y de quien la autora se vale para invitar a todos los niños a mostrar empatía hacia el necesitado. “… le explicaba a Noah que yo era un gatito sin rumbo y con hambre que necesitaba, además de comida, amor y calor de hogar”.



EMOCIONES
Llama la atención el sentimiento de nostalgia hacia el hogar que se respira entre las páginas que recogen el paseo del amado gatito. Un sentimiento que recuerda la seguridad y aceptación de estar entre los suyos y que ennoblece el hogar y la familia, tema impostergable para nuestros tiempos y que anhelamos que cada padre o educador tenga como prioridad en su agenda... “al acostarse el sol, sentí la falta de mis padres y mis hermanos y una enorme congoja invadió mi corazón de gatito”.

Fuente:
http://www.listindiario.com/las-sociales/2017/06/28/471848/un-gatito-en-la-ciudad-colonial
Conozcan a Laura Reyes, escritora de 7 años

viernes, 3 de marzo de 2017

Personajes infantiles que han marcado a los dominicanos

Está por escribirse la historia de los personajes infantiles de la televisión desde El Abuelo Saltarín a Sofía Caturra, pasando por La Pinky y María Moñito. Estos son sólo apuntes

No hay nada para un niño, como la magia de un personaje infantil.

La historia de los personajes infantiles de la televisión y el espectáculo es una tarea por realizar.

Esos personajes infantiles que, con existencias extensas o efímeras en la pantalla chica o el escenario, han impactado la imaginación, la formación y el criterio de generaciones de niños y niñas, que, entusiasmados, dejaron correr su imaginación por las propuestas de estos seres creados para el consumo lúdico.
Para llegar a ese público, a sus padres y madres , a la teleaudiencia y los públicos en vivo, se crean los personajes infantiles, caracterizados por actores, pedagogos, presentadores o animadores que desarrollan proyectos amigables a esos públicos, aderezados con vestuarios, actuación, concursos, temáticas diversas, canciones danza y otros recursos.

Algunas veces esos personajes que se originan en la televisión, saltan a al escenario teatral o musical, y se inscriben como personajes ya independientes de la pantalla chica, para cobrar vida de cara a sus audiencias.

Esos personajes llegan a ser parte de la comunidad mediática y real, al captar la atención y el aprecio de los públicos infantiles.

En el inicio

Desde la aparición de la televisión, en el mediodía del 1 de enero de 1952, cuando se transmiten las primeras imágenes de la comedia Romance Campesino, (que era un programa humorístico rural destinado a toda la familia, incluyendo la niñez), no se conoce de personajes infantiles expresamente creados.

Debe terminar la dictadura y para que se produzca la aparición de algunos personajes, como el caso del Doctor Pildorín (El Gran Show, Canal 4) en sus espacios de concursos desde los cuales se destaco mucho por su figura esmirriada y esbelta y su facilidad para hacer muecas.

Otro precedente, que sin ser específicamente infantil, “caía bien” por su imagen inocentemente regordeta y su facilidad de expresión popular: Francisco Grullón Cordero,(Buscando Esrellas, Canal 4). Son parte de una pre-historia de personajes que gustaron mucho a todos los públicos.

Los primeros

• El primero que si lo es El Abuelito Cantarín, desarrollado por el actor venezolano Abel Barrios, para la televisión dominicana de los años sesenta- Se difundía por Radio Televisión Dominicanas y se extendió luego a presentaciones en espectáculos y actividades sociales. Su “Club de los nietos” fue la primera propuesta para integrar al público infantil a un programa de televisión.

Dice Joseph Cáceres, uno de los cronistas de arte con más dominio de la historia televisiva, que era para los niños de la época, casi una condición imprescindible para la niñez de la época, ser parte del Club de los Nietos. Sus frases muletillas eran “Pá encima ñeñé” y “La niña va ganando. El niño va perdiendo”, de acuerdo a quien se iba imponiendo en los frecuentes concursos en los que basaba su producción.

Luego El Sheriff Marcos, del animador cubano Marcos de Córdova, quien impactó en la televisión. Marcos entró en 1968 con los programas Tele Talentos y Circolandia (1970, por el Canal 4. Pasa a Color Visión con El Show del Sheriff Marcos (1971 a 1984), con una entrega sabatina, El Oeste de Marcos.

Marcos entró en 1968 con los programas Teletalentos y Circolandia (1970) por el Canal 4 y se traslada a por Color Visión para montar El Show del Sheriff Marcos (1971 a 1984) y una entrega sabatina, El Oeste de Marcos.

El Sheriff aparecía muchas veces con una niña rubia: Nuria Piera, en lo que fue su inicio en la televisión, antes de intervenir en Domingo de Mi Ciudad, de la producción de Horacio Lamadrid y Anita Ontiveros.

• José Manuel Fuentevilla, (1973) quien desarrolló otro personaje de vaquero y que compitió hasta la enemistad personal con Marcos de Córdova, desde el programa El Rancho La Campana, ubicado en la avenida 27 de Febrero.

Anita Ontiveros creó a Pequitas, y su programa La Casa de Pequitas, (1973, Color Visión). Anita, bailarina, actriz y presentadora que también impactó mucho gracias a su libretos y los frecuentes concursos. Nuria Piera era parte del elenco.

• Héctor Montás y su programa Rahintel Infantil, (1973. Rahintel). Era por ser un presentador de saco y corbata, orientado al público infantil y en particular a la organización de concursos de belleza y talento.

Producía además Gigante Familiar, con los que transformó la oferta televisiva que había en el país dirigido a la familia, con una entrega total, disciplina, capacidad y la alegría que lo caracterizaba.

• Yapur Dumit produjo Mundo Escolar en 1974 y 1974, pero tampoco dio el salto a personaje infantil.

• Vivan los niños (por RTVD) implicó la aparición de un personaje particular, caracterizado por Sandra Castillo, con el cual desarrolló una interesante trayectoria en obras de bien social y entretenimiento.

Robertico Ángel Salcedo, con Las Cosas de Robertico, (Color Visión, años 90´s) espacio que producía su padre Roberto Salcedo, en donde se inició la campana “La Basura al Zafacón”, estrategia que se dice le dio motivación para aspirar a la entonces sindicatura del Distrito Nacional (hoy alcaldía). Robertico tenía una gracia infantil y muchas destrezas histriónicas que ha seguido cultivando como profesional adulto.

• Isha (Isabel Aracena) es la principal figura infantil que sale de Sábado Chiquito de Corporán (1988, Color Visión) que si se desarrolla como personaje fuera de la pantalla chica, gracias a los talentos que para la actuación, baile y canto exhibía su protagonista. Ella llenó grandes espacios de actuación y produjo mucha alegría.

Es un personaje inolvidablemente tierno.

Otro personaje infantil de mucha incidencia, que promueve este espacio y que se independiza posteriormente es El científico loco, hecho por Tío Víctor.

La Pinky

• Nuryn Sanlley merece una mención aparte y distinguida y aparte por su personaje La Pinky, que es clase aparte: incidencia en la televisión con su personaje, vestido de blanco con grandes pintas rojas y que generó el mayor proyecto de un personaje de este tipo, sobre todo por sus musicales en el Teatro Nacional, desarrollados por más de 15 años de forma ininterrumpida.

De alguna forma, Sanlley fue responsable de formar dos generaciones de artistas del escenario dominicano al crear su escuela de talentos. Son en ellas características su rostro pintado de colorado y sus dos colitas.

Iamdra Fermín, con una sólida carrera como presentadora al día de hoy, comenzó haciendo Topi Topi, en el Canal Cuatro.

• Paula Disla con su personaje María Moñito es otro clásico personaje criollo, chiquitina de incontables moñitos deleitó a muchos chiquitines en el escenario.

Lo fundamental en ella es el manejo de los mensajes de valores y contenidos educativos, dada su experiencia didáctica.

Es el personaje femenino que mejor logró transmitir mensajes correspondientes a un criterio de formación de valores, coherentemente expresados.

También contó con su propio espacio televisivo y realizó grandes espectáculos infantiles.- En este mes de diciembre volvió a escenarios con el espectáculo conmemorativo de su 20 aniversario como personaje.

“Yo soy María Moñito”, que fue dirigido por Henry Mercedes, en que se pudo sentir la calidad de su equipo y la validez de sus mensajes. Es sin dudas uno de los mejores personajes infantiles dominicanos.

Las Kungis, grupo de niñas producido para montar el disco-espectáculo Las Aventuras Realitón de Kungominé, producido por un dominicano que hizo carrera musical en Francia y que intentó radicarse en el país para producir música y espectáculos infantiles.

El disco que se produjo es una joya. También fue llevado al video y se montaron espectáculos.

El Tío Enrique, montado por el cantante y compositor Enrique Félix, a partir de su vocación para cantar para el público infantil y la facilidad extraordinaria para componer temas a voluntad sobre valores y actitudes. Llegó a montar su espectáculo La Casita del Tío Enrique con recursos de escenografía, danza, parlamentos.

Produjo dos musicales “La casa del Tío Enrique” y “Los duendes y el Tío Enrique”, espectáculos que tuvieron un éxito reconocido por los Premios Casandra en los años 1988 y 1989, respectivamente, en la categoría Mejor espectáculo músico-teatral infantil.

Era un personaje bastante completo y fue una lástima que no recibiera apoyo y patrocinios para darle continuidad, debido al poder didáctico y artístico que implicaba.

• El parque Intrépido de Alan Brito, otro que logra impactar muy bien y salir de la estrechez de la pantalla pequeña para ofrecer espectáculos y participar en proyectos artísticos benéficos y comerciales.

• Kinkimanía, de Kelvin Núñez, joven artista escénico, productor, compositor y payaso, de Santiago, es otro que se impone mencionar por su constancia, reconocida dos veces por los premios de la Asociación de Cronistas de Arte de RD (Acroarte). Es uno de los pocos personajes infantiles que ha llenado la Arena del Cibao.

Cheddy García en su espacio Chedivertida, (´Super Canal) desde donde lanzó su hija como personaje infantil, al cual incluso le creó la muñequita Claridad, realizada en a mano con criterios artesanales y reivindicando el origen afrocaribeño de la raza criolla.

• El campamento de Robert Luis (2008, Telesistema) es uno de los personajes y programas de mejor concepción artística.

El criterio es bien acabado al ofrecer un protagonista-explorador con talentos para la escenografía (una de las mejor logradas), la actuación y sobre todo la composición de canciones temáticas y coyunturales infantiles.

Este es uno de los personajes didácticamente mejor logrados en la televisión dominicana.

Javier Gullón encarna a Willie en los musicales de Navidad que produce y dirige Amaury Sánchez.

Grullón, un versátil talento artístico tiene un enorme potencial por desarrollar para teatro y cine, siendo bueno en comedia, la actuación para niños.


Febrero 24, 2016 | Por - María Mercedes Santos

6) Mundo Escolar de Yapur Dumit: en 1974 y 1974, pero tampoco dio el salto a personaje infantil.

7) Vivan los Niños (por RTVD) implicó la aparición de un personaje particular, caracterizado por Sandra Castillo, con el cual desarrolló una interesante trayectoria en obras de bien social y entretenimiento.

8) Robertico Ángel Salcedo, con Las Cosas de Robertico,  (Color Visión, años 90´s) espacio que producía su padre Roberto Salcedo, en donde se inició la campana “La Basura al Zafacón”.

9) Isha: Originalmente como un personaje dentro de Sábado Chiquito de Corporán en 1988, fue uno de los personajes icónos de finales del siglo XX en la televisión y llenaba multitudes gracias a sus destrezas artísticas en coreografía y canto. Isha repercutió con su propio espacio en la televisión, es la principal figura infantil que sale de Sábado Chiquito de Corporán (1988, Color Visión) que si se desarrolla como personaje fuera de la pantalla chica, gracias a los talentos que para la actuación, baile y canto exhibía su protagonista. Ella llenó grandes espacios de actuación y produjo mucha alegría.

Nuryn Sanlley, La Pinky10) Nuryn Sanlley, La Pinky: Fue la mujer detrás de este personaje que tuvo incidencia, vestido de blanco con grandes pintas rojas y que generó el mayor proyecto de un personaje de este tipo, sobre todo por sus musicales en el Teatro Nacional, desarrollados por más de 15 años de forma ininterrumpida. Fue responsable de formar dos generaciones de artistas del escenario dominicano al crear su escuela de talentos. Son en ellas características su rostro pintado de colorado y sus dos colitas.

11) Iamdra Fermín, Topi Topi: Con una sólida carrera como presentadora al día de hoy, comenzó haciendo Topi Topi, en el Canal Cuatro.

12) Paula Disla, María Moñito: Dio vida a María Moñito durante la década de 1990. Su valor diferente es que logró impregnar un estilo didáctico a los espectáculos que aportaba. Según el periodista José Rafael Sosa la valora como “el personaje femenino que mejor logró transmitir mensajes correspondientes a un criterio de formación de valores, coherentemente expresados”.  Fue otro clásico personaje criollo, chiquitina de incontables moñitos que deleitó a muchos chiquitines en el escenario. Es sin dudas uno de los mejores personajes infantiles dominicanos.

13) Las Kungis, Las Aventuras Realitón de Kungominé: Fue un grupo de niñas elegido para montar el disco-espectáculo, producido por un dominicano que hizo carrera musical en Francia y que intentó radicarse en el país para producir música y espectáculos infantiles: Tony Sánchez (fallecido).

14) El Tío Enrique, montado por el cantante y compositor Enrique Félix, a partir de su vocación para cantar para el público infantil y la facilidad extraordinaria para componer temas a voluntad sobre valores y actitudes. Llegó a montar su espectáculo La Casita del Tío Enrique con recursos de escenografía, danza, parlamentos.

15) Sábado Chiquito de Corporán: Uno de los exitosos programas infantil, creado por el productor de radio y televisión, locutor, presentador y empresario Rafael Corporán de los Santos en 1988, siendo un segmento infantil de Sábado de Corporán. En 1990 pasó a ser un programa sabatino de 4 horas. La creadora fue la periodista Nexcy D León, quien trabajó varios años en la producción.

FUENTE: http://www.conectate.com.do/articulo/personajes-infantiles-dominicanos/2/

La metáfora del estanque

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