JUANA LA IGUANA HARAGANA por Luis Carvajal Núñez



(A mis hijas Nexcy Carolina Carvajal, Etzely Baez y Laypa Bloom quienes me preguntaron -¿Para qué sirven las iguanas si siempre están de haraganas? -Para ser iguanas-, respondí entonces.)

Ella no sabía
de lunes o agostos.
Siempre descansada
y siempre en reposo
miraba hacia el agua
con el sol al lomo.
Juana le llamaban
el sapo y el loro.
"La iguana haragana"
le bautizó un tordo.
Sobre alguna piedra
su pesado torso
pasaba los días
de mayo lluvioso,
las tardes de octubre,
las noches de agosto.
Un Chiví travieso
le mira envidioso.
Un cangrejo verde
pasa presuroso;
los ojos atentos,
la muela pequeña cerca de la boca
y la muela grande delante de un ojo
La iguana haragana
abre su bocaza,
su lengua se estira
y rápidamente vuelve y se retracta.
Ya tiene comida:
una mariposa que iba descuidada
se quedó pegada
a la larga lengua de Juana la iguana.
Y pasan las horas,
los días, semanas:
frutos de Saona, hojillas de Abrojo,
cactus y guasábaras
un poco de hierbas, una joven rama
muy tierna y muy verde le llenan la panza
sin que afane mucho
la haragana Juana.
Les diré un secreto:
la iguana trabaja,
como casi nadie:
trabaja comiendo,
defeca y trabaja.
Ella abona y siembra de verde su casa
Riega las semillas ya fertilizadas.
Quien no entiende piensa que siempre descansa.
La verdad que siempre trabaja la iguana
y el jardín de espinas que adorna su mundo
debe sus colores a la iguana Juana.
Pero un día llega
un ser en dos patas:
y le ensucia el agua
y encierra a los loros
y su amigo el sapo se va de las charcas.
Se reseca el pasto.
Se queman las ramas.
Ya no hay mariposas, abejas, cigarras.
A afanar empieza la "iguana haragana",
pero ya no hay nada que llene su panza.
Los tordos se han ido.
El Chiví no canta.
el Aura tiñosa
planea en el cielo.
La iguana haragana ya no mira el agua:
no hay cangrejos verdes
y aunque el tiempo pasa, como la ha hecho siempre,
ya Juana la iguana no tiene mañana.
El final del cuento
sería distinto
si el bípedo tonto
no ensuciara el agua,
no secara el pasto, no incendia las ramas.
¡Que hermosa sería la historia que narro
si el amigo sapo se queda en las charcas!
Si Juana, la iguana, sigue de haragana
pasando los días
de mayo lluvioso,
las tardes de octubre,
los días, semanas
y que el tiempo pase
como lo ha hecho siempre,
regando semillas ya fertilizadas
y el jardín de espinas que adorna su mundo
deba sus colores a Juana la iguana.

©Luis Carvajal.

Lago Enriquillo, 11 de mayo de 1991.

Comentarios