miércoles, 23 de abril de 2014

La Feria del Libro, poema de Luis Carvajal Núñez



LA FERIA DEL LIBRO

Vamos a una fiesta
llena de alegría:
hay libros y cantos,
hay magia y poesía.

En papel grabado
hay mundos y vida,
historias contadas,
cuentos, fantasía.

Puedo hablar, si quiero,
con hadas madrinas;
con héroes, villanos,
dragones y ardillas.

Y viajar muy lejos
y ver maravillas
y aprender canciones
y escribir, yo misma.

Imagina, piensa;
¡Qué gracia divina!
hace muchos siglos
y en la lejanía
alguien que soñaba
su sueño escribía...

Y al abrir un libro,
¡Qué gran maravilla!
Soñamos su sueño,
sabemos su vida.

Vamos a una fiesta
con magia y poesía:
la Feria del Libro
¡Qué gran alegría!
  


©Luis Carvajal Nuñez

martes, 22 de abril de 2014

LA FERIA DEL LIBRO



LA FERIA DEL LIBRO

Vamos a una fiesta
llena de alegría:
hay libros y cantos,
hay magia y poesía.

En papel grabado
hay mundos y vida,
historias contadas,
cuentos, fantasía.

Puedo hablar, si quiero,
con hadas madrinas;
con héroes, villanos,
dragones y ardillas.

Y viajar muy lejos
y ver maravillas
y aprender canciones
y escribir, yo misma.

Imagina, piensa;
¡Qué gracia divina!
hace muchos siglos
y en la lejanía
alguien que soñaba
su sueño escribía...

Y al abrir un libro,
¡Qué gran maravilla!
Soñamos su sueño,
sabemos su vida.

Vamos a una fiesta
con magia y poesía:
la Feria del Libro
¡Qué gran alegría!




©Luis Carvajal Nuñez

lunes, 21 de abril de 2014

Sapito Azul y el misterio sonoro

El Ministerio de Cultura, desde su Editora Nacional, pondrá a circular la obra “Sapito Azul y el misterio sonoro”, de César Sánchez Beras, en  la XVII Feria Internacional del Libro.






"Sapito azul y el misterio sonoro", de Cesar Sánchez Beras, es premio de Literatura Infantil Letras de Ultramar 2013

La historia de Sapito azul y el misterio sonoro es sencilla: un grupo de animales y sus amigos salen en busca de un sonido único lejos de la serranía, y después de una travesía modesta, sin contrariedades, encuentran el melódico sonido en la presencia de tres niños músicos, quienes tocan instrumentos tradicionales. La melodía propone una negación hacia los instrumentos clásicos y encuentra en la tambora, la güira cantora y el acordeón las raíces de un pueblo.


Propone un viaje hacia “monte adentro”: la tierra, el caserío y el bohío como paisajes autóctonos, de gran uso en el merengue y la bachata dominicana. Y su narración, visual, hace énfasis en los colores, los sonidos y el paisaje. En el trayecto hacia ese lugar remoto vemos especulaciones, humor, magia, todo ello sin que se pierda una pizca de interés; y el lector es arrastrado hasta el final de su camino simple, creativo, didáctico e interpretativo. ♥

martes, 15 de abril de 2014

Editora Nacional anuncia nueva obra que circulará en la XVII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2014

La Editora Nacional pondrá a circular una antología con cuentos del Caribe hispano para los más pequeños en XVII Feria Internacional del Libro.



LOS AUTORES:
Eleanor Grimaldi Silié, nació en la Ciudad de Santo Domingo, República
Dominicana. Ha dedicado gran parte de su vida al magisterio y ha escrito
libros de carácter educativo y recreativo. Entre sus cuentos están “Ternuras entre el mar y el cielo” y “Las aventuras de Juan Javier”. Es una de las voces más notables de la cultura dominicana.

Jenny Montero, nació en la Ciudad de Santo Domingo, República Dominicana. Licenciada en educación y mención letras en la UASD. Ha colaborado en la creación y elaboración de texto para la educación Básica y la educación Artística.

Marioantonio Rosa, nació en San Juan de Puerto Rico en 1965. Poeta,
crítico literario, actor y profesor universitario. Graduado en Pedagogía en
la Universidad de Puerto Rico. Su poesía ha sido premiada nacional e internacionalmente.

José Rabelo, escritor y médico puertorriqueño. Con “Cielo mar y tierra” obtuvo el premio Nacional de Cuento InfaNtil PEN Club de Puerto Rico en el año 2003. Cultiva varios géneros literarios: Literatura infantil, juvenil y literatura para adultos.

Zurelys López Amaya, poeta y narradora cubana. Licenciada en Comunicación Social por la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana. Es miembro de la Unión de Escritores y ArtIstas de Cuba (UNEAC). Su obra ha sido publicada en varias antologías dentro y fuera de la isla.

Alberto Hernández Sánchez, nació en La Habana, Cuba. Licenciado en
Artes Plásticas. Profesor, poeta, narrador. Miembro de la UNEAC. Sus cuentos aparecidos en diferentes selecciones nos muestran el apasionamiento y comprometimiento del autor con la niñez actual. Entre su obra publicada tenemos: Sed de ternura (Premio Pinos Nuevos, 2003); Mirarse por dentro (Premio La Edad de Oro, 2008) y Reinos diferentes (Premio Eliseo Diego, 2013).

LOS ILUSTRADORES
Nydia Fenández Pérez, Nació en La Habana, Cuba. Diseñadora gráfica,
graduada del Instituto Superior de Diseño. Ha ilustrado varios libros para
niños: Antologías de Premios Andersen, Sulunay de Niurki Pérez García, El desfile de la vocales, de Ana Nuñez Machin, Mariquita María de Nelson Simón, entre otros. Ha Participado en varias exposiciones colectivas de ilustraciones infantIles.

Yorlán Cabezas Padrón. Nació en La Habana, Cuba. Diseñador gráfico,
graduado del Instituto Superior de Diseño. Ha ilustrado varios libros para

niños Un circo de papel, de Maylen Domínguez, la selección de cuantos Por el cielo de las islas, La señora solitaria de Zurelys López Amaya, entre otros. Ha Participado en varias exposiciones personales y colectivas. — 

martes, 8 de abril de 2014

Dromedáriux: La batalla del armario de Pedro Antonio Valdez

"Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar,
y navegar  era jugar con el viento.
Era una sonrisa a tiempo,
fugándose feliz
de país en país,
entre la escuela y mi casa
después el tiempo pasa…" 

Barquito de papel. Joan Manuel Serrat

¡Auxilio! Dromedario está "solo" en casa.


Pedro Antonio Valdez es un osado. Me lo imagino samurai, katana en mano abriéndole el camino a los de atrás. Ya había incursionado en la literatura juvenil con PALOMOS que empiezo a releer o a leer de verdad (porque leer de prisa no es leer); y ahora entra a la literatura infantil para instalarse de mano de un gran premio: El Barco de Vapor 2013 en su versión dominicana.
Dromedariux es un texto innovador, como es su autor, alguien que tras su risita siempre tiene mil razones para afincar en lo dominicano cualquier argumento universal.
Un texto inquietante y que seguro tendrá sus detractores a la hora de pensar en "darle argumento al enemigo"; pero que me sorprendió riéndome a carcajadas delante de la gente, como sólo pueden hacerlo los textos valientes, dirigidos, bien hechos...
Una obra que recupera para la infancia lo invaluable de usar la imaginación para convertir en juguetes un palito, un alambre, un pote vacío, la caja de un perfume, la nevera, o lo que sea.
Un libro que sostiene la capacidad creativa de los niños para convertir el entorno a puro ingenio.
Se trata de un chico  (no más de 9 años), que ha pasado la edad de la conciencia pero que todavía "no es gente". Original en sí mismo, este protagonista no está adocenado y no ve el mundo como el resto de la humanidad lo cual se nota al conocer su opinión sobre las tareas o trabajo escolar para hacer en casa.
Sin más nombre que el mote impuesto por su hermana y por él transformado: Dromedario = Dromedáriux, sin más guardián que la tía Lola a quien deberíamos llamar inútil por autoritaria de palabra y sumisa de acción; sin más dominio que la casa desolada con todos sus enseres, muebles y pertenencias; sin otro oficio que ocupar su ocio y con la terrible, magnífica, mortífera y exterminadora arma de su imaginación, el niño se transforma a si mismo en guerrero intergaláctico y todo lo cotidiano se vuelve sideral, dimensionado, mostrenco y vivo.
No voy a decir lo que pasa en el libro porque el que deje pasar la oportunidad de leerlo es un quedao. Lo único que digo es que si buscamos literatura para los niños que sea realmente divertida Dromedáriux y su secuela (porque viene en serie) es lo más innovador, original y auténtico que tenemos los dominicanos. Lo de educar, cae por su propio peso. Yo también prometo volver sobre Dromedáriux a través de esta obra que a fuerza de exageración nos enfrenta con la posibilidad de CAMBIAR la realidad que agobia, DESDE ADENTRO y para que conste, lo firmo.

©Leibi NG


lunes, 7 de abril de 2014

domingo, 6 de abril de 2014

Rocío y el Cocuyito por Paula Disla


Había una vez una niña muy bonita, que se llamaba Rocío. Tenía un hermanito, también muy bonito, que se llamaba Ángel. A los dos les gustaba bailar, cantar, jugar con sus amiguitos y también con animalitos como gatos, perros, pájaros… pero sus animales preferidos eran las luciérnagas, en especial una muy pequeña, a la que llamaban Cocuyito.
Rocío, Ángel y sus padres formaban una familia humilde. Vivían en una casa muy pequeña, tal vez la más pequeñita y la más hermosa de toda la ciudad. Tenían una vida muy sencilla y eso les permitía apreciar los detalles de la naturaleza y disfrutar de pequeñas cosas como mirar las estrellas, disfrutar las puestas de Sol y la salida de la Luna… ¡No se cambiaban por otros, no señor!
Jugar con Cocuyito era algo muy preciado para ellos y hasta lo escuchaban con el corazón:
—Durante el día, guardo energía. De noche, mi luz interior sale para iluminar a las personas —así hablaba Cocuyito.
Rocío contó a Cocuyito que para la Navidad deseaba con todas sus fuerzas un regalo que pudiera compartir con la gente del pueblo, especialmente aquellas personas apagadas que no irradiaban luz, y se perdían de los pequeños detalles de la vida.
El día de la Navidad, Rocío se despertó más temprano que nunca. Aún estaba la Luna reinando en el cielo sin dar paso a los rayos del Sol. La niña se estiró y salió ágilmente de la cama para descorrer la cortina. Miró al Cielo y sus ojos mostraron el asombro al contemplar las figuritas que le presentaban las nubes.
Rocío no esperaba recibir un regalo tan extraordinario, brincó de la alegría, y gritó tan pero tan fuerte que despertó a su hermanito, a su papi, a su mami, a su gato, a su perro… despertó a los vecinos del edificio, del barrio y de toda la ciudad.
La sorpresa fue mayor cuando Rocío y su familia se dieron cuenta de que nadie más podía disfrutar de la sorpresa del cielo. ¡No veían lo que ellos! Entonces se sentaron pacientes a deleitarse en familia. Se reían y divertían invitando a los demás vecinos, pero ellos no entendían. La mamá de Rocío hizo sabrosas galletitas; su papá limonada y los niños prepararon la mesa con un hermoso mantel de flores pero los demás seguían sin ver nada en el cielo.
—Paciencia y alegría —comentó Cocuyito. —Ya verán como poco a poco llegarán mis amigos y formarán cadenas luminosas.
Empezaron a llegar primero los perros, gatitos, gallos, un cerdo, una vaca, el gallo, “el gallo, la gallina y el caballo…”. Luego la maestra, el carpintero, los abuelos, un artista, el señor del colmado, y como guiados por la magia y el espíritu de la Navidad, una energía muy fuerte empezó a fluir. El cielo brillaba y los rostros de las personas también.
Los cocuyos formaron en el cielo una gran estrella brillante y, en la Tierra, junto a Rocío y su familia, los demás hicieron una cadena luminosa tan grande que debió girar en el centro hasta convertirse en un corazón que destellaba la hermosa luz del amor, la unidad y el perdón.
Rocío no dejaba de sonreír, lo que daba más luz a su carita y, con gran fuerza gritó su deseo de Navidad para todos y todas:
—¡Que el Ángel de luz, con amor y con bondad, llene sus corazones de energía de paz y de sabiduría. ¡Feliz Navidad!


©Paula Disla

viernes, 4 de abril de 2014

LUNA DE LUNARES

Por Leibi NG

Una media luna
muy grande
amarilla
se vistió una tarde
con rojos lunares.
Sintió su hermosura
grande
desbordante
y fuera de sí,
se instaló en la noche
girando, girando
como quinceañera
en su primer vals.

Danzaba de gusto
porque le gustaba.
brillaba con ganas
porque se aceptaba.
Era muy feliz
nuestra media luna
en el cielo quieto
de la noche oscura.

Pasó una cometa
de cola naranja
y al ver a la luna
la miró
asombrada:
—¿Dónde te has comprado
los lunares rojos? ¿Dónde,
dime dónde? —la urgió
entusiasmada.

La luna enseguida
comprendió: “es envidia”.
Orgullosa dijo evasivas tontas:
“que cerca en la Duarte,
que en medio, en la Mella;
que abajo, en la Sánchez…”

Cometa Naranja
se puso furioso.
Recogió su cola
y tirando chispas
formó un remolino
para “vuelta y media”
a la luna dar
pero ella impasible
siguió tan tranquila
como siempre quiso
y quería estar.

Un rato en el Cielo
no es como en la Tierra.
Aquí hay un horario,
allá está lo eterno.
Sin prisa y sin tiempo
transcurren las cosas
en el cielo quieto,
el gran firmamento…

Sin prisa y sin tiempo,
Aerolito Verde,
como un lindo árbol
de ramas celestes,
frenó su carrera
de universo y fuego
al ver a la luna.
—¡Qué lindas bolitas
la adornan! Le ruego
me diga dónde las compró
porque yo preparo
para navidades
un bello festejo
con mucho oropel
y con ellas pienso
hacer un evento
como nadie ha visto
como debe ser.

Esta vez, la Luna
se mostró arrogante.
Fastidio, problema…
¡Un decorador!
Sonrió como muda
Así indiferente,
distante y ajena
como de papel.
Quería que aerolito
la dejara quieta
en su noche eterna
en su propio sueño…

Aerolito Verde
se sintió ofendido.
Igual que el cometa
se enojó muchísimo
ante aquel desplante.
Se lanzó al espacio
cual furioso bólido.
Se fue con su rabia.
Desapareció.

Sin prisa y sin tiempo
continuó lo eterno.
Lo que nunca muere,
ni es joven
ni es viejo.

Una extraña noche
de colores nuevos,
pasó por el frente
de la media luna
una estrella madre
con un triste gesto
así moribundo
de sus cinco puntas
el brillo extinguido.

Fue la media luna
quien dejó su mundo
de silencio y giros.
—¿No eres tú la madre,
estrella brillante
de la Osa Mayor?
Recuerdo que fuiste
para mi bonita,
mi niña mimada,
dulce Selenita,
maestra ejemplar…
¿Dónde está tu hija?

Quiso sonreír,
cuestionada estrella,
pero la energía
la había abandonado.
Débil, deprimida
¡Lágrimas del alma
había derramado!
—¡Ay, señora Luna!
¡Si usted hubiese visto
lo triste que fue
ver a mi Estrellita caer
al abismo y desaparecer!
Sé que fue accidente,
que nadie es culpable,
pero su recuerdo
vuelve a cada instante.
¡No puedo, no quiero
sin ella vivir!
Se secaba el llanto
y hacía grandes gestos.
Sin fondo,  insondable,
dolor de una madre
abisal, profundo…

—Ahora recorro
todo el firmamento,
de arriba hacia abajo.
Huyo, luego vuelvo,
hasta que la encuentre,
hasta que me encuentre.

Entonces ¡milagro de la compasión!
la señora Luna se quitó uno a uno
los lunares rojos
con los que lucía su enorme belleza.
Los puso en las puntas
de la estrella madre.
Le dio un fuerte abrazo,
franco y sano abrazo,
teniéndola cerca
de la luz inmensa
de su corazón.

Y  aquellos lunares
que la vanidad
un día inventó
sirvieron entonces
como abrigo o parches
para remediar,
aunque más no fuera,
la tristeza inmensa.

En el cielo o firmamento,
lo eterno siguió su curso
sin prisa y siempre sin tiempo.
la luna ahora blanca y pura
se instaló en el mismo centro.
se empeñó en formarse toda,
rellenita por completo
feliz de llamarse “luna”
con lunares o sin ellos.
Con su luz de magia buena
manda luminosos rayos
que nos llegan en las noches
cuando la Tierra es más tierna.


©Leibi NG

La metáfora del estanque

A propósito de “Bredo, el pez”, de José M. Fernández Pequeño Por: Bismar Galán Aquí está Bredo, uno de los tantos peces que han inten...