Juan Bosch en la literatura infantil por Miguel Collado


Esa profunda sensibilidad social y humana que toda la vida, y de manera ejemplar, caracterizó la personalidad de ese extraordinario ser llamado Juan Bosch (1909-2001), fue puesta de manifiesto por este gran hombre no tan sólo en su actitud ante los desgarradores problemas sociales y políticos de su pueblo y de todos los pueblos hermanos de América Latina, sino también en su justa valoración de la niñez. Y es que Don Juan sintió un amor especial hacia los niños, amor del que pueden dar testimonio aquellos que lo conocieron de cerca y que tuvieron cierta aproximación a su entorno familiar. Su capacidad para comprender el mundo de los infantes era admirable. En Simón Bolívar, biografía para escolares (Caracas, Editora Escolar, 1960, p. 16) él nos dice: “Cuando un niño nace, nadie sabe lo que hará en la vida. Por eso cada vez que un hogar se enriquece con uno, es como si naciera una esperanza para el mundo”.




Bosch y el primer libro de cuento infantil

El título de esta breve reflexión sobre la presencia del insigne escritor Juan Bosch en la literatura infantil dominicana nos trae a la memoria una extensa y hermosa historia infantil, ambientada en esa mágica época del año que es la Navidad, publicada por el maestro del cuento hispanoamericano en 1956. Nos referimos a Cuento de Navidad, obra editada en Santiago de Chile por la editorial Ercilla y con la que Bosch se convierte en el primer escritor dominicano en publicar un libro dentro del género denominado cuento infantil.
Dos años después, en 1958, la Editorial Cordillera de Caracas (Venezuela) es la responsable de la segunda edición de Cuento de Navidad. En una breve nota de los editores que aparece en la cubierta ilustrada de la tapa se dice lo que a continuación citamos:
“Este encantador Cuento de Navidad está llamado a causar una inolvidable impresión en sus lectores, sean niños o adultos. Se cuenta en él, con el más exquisito buen humor, la historia de los Reyes Magos y de San Nicolás, la misma leyenda milenaria que los pueblos católicos han venido oyendo desde tiempo inmemorial; pero en este libro esa leyenda, sin perder nada de su conmovedora ternura, tiene una atmósfera nueva. Gracias a ella nuestros antiguos conocidos –Dios, San Gabriel, San José, Gaspar, Melchor, Baltasar, el anciano San Nicolás- se convierten en amigos, se tornan en personajes de nuestro mundo emocional; cada uno de ellos tiene características que lo hacen familiar y lo humanizan”.
Con Cuento de navidad inicia Juan Bosch la publicación de libros de cuentos infantiles en la literatura dominicana, pues aunque de 1923 son los Cuentos de la nana Lupe, del gran humanista dominicano Pedro Henríquez Ureña, dichos textos vieron la luz pública de manera dispersa, no en volumen, en el periódico El Mundo, de México, país donde Henríquez Ureña vivió durante varios años, realizando allí una fecunda labor educativa y cultural. Bosch y Henríquez Ureña mantuvieron, desde 1932, una relación de amistad basada en la admiración y en el respeto mutuo.

Bosch y sus primeros textos infantiles

Constituyó para nosotros una indescriptible y agradable sorpresa el hallazgo, en 1999, de tres cuentecitos infantiles, más bien fábulas, de la autoría de don Juan : “El General Don Gallo” y “Don Gato y Don Ratón” fueron publicados por él, con el seudónimo de “Juan Niní”, en el número de la revista Alma Dominicana correspondiente al bimestre septiembre-octubre de 1934, específicamente en la sección titulada “Por el niño y para el niño”; y “El negocio de doña Hormiga” apareció, firmado con el seudónimo de “Juanito Niní”, en el mismo órgano, pero en agosto del citado año. Ninguno de esos textos narrativos ha sido recogido en volumen, lo cual consideramos injusto.
De los tres cuentos, “El General Don Gallo” nos parece el más interesante por su contenido reflexivo y su valor didáctico. El cambio de actitud de Don Gallo al tomar conciencia de lo negativa que es la vanidad, transmite una hermosa enseñanza válida para los infantes, pero también para los adultos. Leamos la parte final del cuento:
“Cuando volvió al pueblo, era ya tan viejo que no podía con el machete y casi no veía, a pesar de haberse comprado unos espejuelos muy buenos en la tienda de Doña Pata. Entonces se quedó asombrado, al comprobar que ya la señorita Polla era una madre de familia, con once pollitos de los más graciosos, que ni siquiera quiso oírle.
“Don Gallo, pues ya no quería ser General, colgó su viejo machete de un clavo, en un palo del patio, y decidió hacerse maestro de escuela. Y lo que enseñaba, sobre todo a sus discípulos, que eran jóvenes gallitos muy emperifollados, era esto:
—Si no dejan de ser vanidosos, pueden fácilmente perder la cola cuando menos: La vanidad, amiguitos, conduce infaliblemente, a la olla o al ridículo”.




Bosch y su último cuento infantil

En 1983, específicamente el 16 de julio, el suplemento cultural Isla Abierta, del diario Hoy, publica el cuento “El culpable”, último texto infantil escrito por Juan Bosch a solicitud del ilustre escritor Manuel Rueda, quien era el editor de dicho suplemento. Ese cuento fue recogido, luego, en la antología Cuentos dominicanos para niños, editada por Jacinto Gimbernard Pichardo en el año 2000 bajo el auspicio de la Fundación Corripio.
En su valiosa obra Juan Bosch: Imagen, Trayectoria y Escritura. Tomo I: Imágenes de una vida (Santo Domingo: Comisión Permanente de la Feria del Libro, 2000), Guillermo Piña Contreras se refiere a ese cuento en los siguientes términos:

«"El Culpable", escrito a petición del poeta Manuel Rueda para incluirlo en una antología para niños, representa una suerte de construcción en abismo de las razones por las que abandonó la literatura: se trata de un viejo que había ganado fama entre sus familiares como creador de historias que fascinaban a los niños, hasta el día en que contó a uno de sus sobrinos la última historia que había inventado, la de un brujo capaz de transformarse en lo que quisiera. Al notar que a su sobrino no le llamaba la atención la habilidad del personaje y que, además, le replicaba con insolencia que lo que hacía el brujo no tenía nada de extraordinario porque Supermán lo hubiera hecho mejor... El viejo narrador se enfada.
¿Qué nos quiere decir Bosch con esta historia 19 años después de haber escrito "La Mancha indeleble"? –se pregunta Piña Contreras, y él mismo contesta-: Las interpretaciones son múltiples, aunque nos quiere hacer comprender que la literatura actual había evolucionado tanto que no era posible hoy una literatura como la que él hacia cuando interrumpió su obra de ficción. Ahora había otra mentalidad, otra literatura latinoamericana, la que hacían Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, entre otros. "El Culpable" es en realidad una picada de ojo, a buen entendedor... »



Bosch y la leyenda

La leyenda es una narración fabulosa, mezcla de ficción y realidad, a veces de superstición y verdad histórica, que se transmite de manera oral y que, luego, los narradores la recrean y transmiten en forma escrita, constituyendo valioso y entretenido material de lectura que despierta el interés de los niños, de los jóvenes y también de los adultos.
Con Indios: apuntes históricos y leyendas (Ciudad Trujillo: Editorial La Nación, 1935), el insigne maestro Juan Bosch se convierte, hasta donde sabemos, en el primer escritor en escribir, y dar a conocer en volumen, leyendas con las que, al decir de Manuel Antonio García Arévalo,
“Enriqueció el acervo histórico y literario dominicano en una época en que el Indigenismo representó la búsqueda de nuestra identidad cultural, a través del rescate de las tradiciones, costumbres y leyendas de Quisqueya” (“Presentación” de la segunda edición de dicha obra: Santo Domingo, Ediciones Fundación García-Arévalo, 1985, pág. 10).

Son tres las leyendas contenidas en la obra de Bosch: “La ciguapa”, “El destino de la tierra” y “Atariba”. De esta última, quien luego habría de convertirse en uno de los máximos exponentes del cuento hispanoamericano, publicó una versión para niños bajo el título de “Cómo nació la Luna”, aparecida, en 1935, en la revista Alma Dominicana. Leamos un breve fragmento de la versión original de la leyenda “Atariba”:

“Niguayona lloraba de alegría.
—¡Oh padre río, padre río! —dijo—: déjame pasar, que debo encontrar caimoní para la niña Atariba.
—¡No! —dijo el río con un vozarrón que asustaba—. Con esta luz podemos encontrarle en mis orillas. Súbete en mi lomo; yo te llevaré.
El niño pensó que estaba soñando. Pero subió en el lomo del río y vio cómo los árboles de las orillas se quedaban atrás, atrás, atrás. Iba sobre las aguas, como una hojita seca, y cruzada chorreras, charcos hondos, recodos y revueltas. Siempre estaba a su lado la anona, como si hubiera caído en el río sin dejar de estar en el turey.
A mucho andar habló el río.
—Voy a detenerme aquí para que busques caimoní —dijo—.
Niguayona se impresionaba con aquella voz tan potente, que llenaba de rumores todo el bosque, hacía mover las hojas de los árboles y despertaba a los buenos pajaritos. Pero correteó sobre el río, medio loco de contento. Buscó entre arbustos, entre troncos, entre raíces. Encontró al fin fruta. Su contento era tan grande que desramó el arbolito para arrancarle los racimos del rojo caimoní.
—Padre río: los dioses te bendigan. Yo vuelvo a curar a Atariba.
—¡No! —rugió el Río—. Ven sobre mí, que te dejaré cerca del poblado.
De nuevo subió al lomo de las aguas el indiecito Niguayona. El padre río iba de rodeo en rodeo, camino del lugar”. (En: Indios: apuntes históricos y leyendas. 2 ed. Santo Domingo: Ediciones Fundación García-Arévalo, 1985, págs. 77-78).

Conclusión

Con la publicación, en 1934, de los tres breves cuentos infantiles en la revista Alma Dominicana; la publicación, en 1935, de su leyenda “Cómo nació la Luna” en esa misma revista; y la aparición, en 1956, en volumen, de su Cuento de Navidad, Juan Bosch ocupa un lugar pionero en la literatura infantil dominicana desde el punto de vista histórico-bibliográfico.


Miguel Collado
MIGUEL COLLADO es uno de los principales bibliógrafos de República Dominicana. Preside el Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas (CEDIBIL) y es asesor de la Biblioteca Pedro Henríquez Ureña, además de ser autor de varios libros.

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