martes, 28 de junio de 2011

Las tres palomas y el monstruo de cera


No hace muchos años vivía bien cerca de aquí, en tres cuevas oscuras,
un monstruo de cera que no podía presentarse a la luz.
Por las noches salía con sus perros rabiosos a robarse a los niños.
A algunos los devoraba y a otros los encerraba en negras jaulas hasta verlos morir.
Un día, tres hermanitas, que eran amigas de los niños,
decidieron ir hasta donde los tenían encerrados para devolverles su liberad.
Caminaron por ríos y montañas.
Caminaron por valles y bosques.
Caminaron por lagunas y llanos y tanto caminaron que, al llegar la noche, se quedaron dormidas.

Entonces llegaron los perros rabiosos del monstruo de cera y asesinaron a las tres niñas, lanzándolas por un precipicio. Pero cuando ellas cayeron, de su sangre salieron tres palomas: una blanca, una azul y otra roja.
Las palomas subieron volando lejos, muy lejos; alto, muy alto; libres, muy libres...
hasta llegar al sol, a las estrellas, a la luna.

La paloma roja bajó trayendo al sol.
La paloma azul regresó con la luna.
La paloma blanca trajo a las estrellas.

Entonces, el monstruo de cera y sus perros rabiosos salieron corriendo y se escondieron en la primera cueva.
Pero la paloma azul les lanzó a la luna, destruyendo la cueva y a una tercera parte de los perros rabiosos.
La paloma sopló y los convirtió en piedras.

El monstruo y los demás perros rabiosos corrieron a la segunda cueva, pero la paloma blanca les arrojó una estrella, acabando con otra tercera parte de los perros rabiosos y la segunda cueva.
La paloma sopló y los convirtió en lodo.

El monstruo y los perros rabiosos que quedaban huyeron hasta la última cueva.
La paloma roja levantó sus alas y les lanzó la luz del sol, matando a todos los perros, destruyendo la cueva y derrotando al monstruo de cera.
La paloma sopló y los convirtió en caca.

Entonces, las tres palomas abrieron todas las jaulas y los niños volvieron a ser libres.

© JIMMY SIERRA, La ciudad de los fantasmas de chocolate, 1986

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