viernes, 26 de septiembre de 2008

una fabulilla sobre una cucarachina


La Cucaracha vecina

Asustando a una vecina

Que se bañaba tranquila

Una inquieta cucaracha

Se ha metido en una esquina.

Yo, que acostada me encuentro,

Siento su aleteo de aposento

Y es que la histeria de al lado

Me confirma en el momento

Que por una cucaracha

Pueda armarse tal evento.

Me levanto, la luz prendo

Y me pongo a escribir esto,

Mirando con precaución

No vaya a venir, lo siento.

Bostezo, escucho un sonido

¡Y está aquí! ¡Esto no es cuento!

La veo venir ¡Pobrecita!

Llega estropeada y maltrecha;

-“Me han bateado un chancletazo.

Muy mal parada me encuentro”.

Por un momento lo pienso:

“Mátala es un bicho malo”,

Pero luego me convenzo:

Ni en su mundo ni en el mío,

Ninguno así desflecado

Podrá al fin sobrevivir.

No irá lejos. Uno más fuerte

Muy pronto la cazará;

Cómo continuar sabrá

la maltrecha cucaracha

cuando con alas marrones,

de lagartos y hormigueros,

escapen rauda y sagaz.


Leibi Ng.

LA ALEGRÍA DE VIVIR

La Alegría de Vivir

AQUÍ VA UN CUENTO MÍO INSPIRADO EN ESTOS DIBUJOS DE MI SOBRINO WOLFRANG MICHAEL EBERLE, ALIAS LOBY, cuando tenía no más de 5 añitos. La Alegría de Vivir

Chuic era un murciélago chiquito de San Cristóbal.
Claro que no era bonito, pero su mamá le dio tantos
besitos cuando lo amamantaba, como mosquitos le puso en
el hocico para enseñarlo a cazar, y nunca tuvo tiempo de
pensar en el asunto de la belleza.
Feo o bonito, era fuerte, saludable y, por supuesto, un
gran cazador de insectos y mejor fructívoro, o lo que es lo
mismo, comelón de frutas.
Chuic pensó en los amigos de la cueva. Ese día habían
apostado: quien comiera primero trescientos mosquitos,
ganaría los sabrosos mangos de la finca de doña Rosa, la
más grande de la provincia.
Lanzó un agudo chillido. El sonido avanzó en ondas,
evitando que chocara con los árboles, edificios o palos de
luz. Simplemente, las vibraciones avanzaban sin obstáculos,
indicando vía libre o chocaban con algo y se devolvían por
donde Chuic no podía pasar.
La noche estaba oscurísima. Capturó una mariposita,
¡ummm!; otra, ¡aaaah!, después un mosquito y... ¡tran!
¡Tremendo choque con el tronco obeso de una mata de
almendra!
Todo adolorido e inconsciente, fue encontrado horas
más tarde por Plin, Llin y Long, sus mejores amigos.
-¡Ay, Chuic, se te dañó el radar! -se lamentó Long,
compasivo.
-Llevémoslo donde Galena*, la lechuza. Ella sabrá qué
hacer -sentenció Plin, demostrando su sentido práctico.
-¡Rápido, vamos! -resolvió Llin.
Cada uno lo tomó por donde pudo y emprendieron el
vuelo. Así lo llevaron donde Galena, completamente
desmayado.
-Manténganlo en observación. -recomendó ésta
mientras le aplicaba hojas medicinales sobre los
magullones.
¡Pobre Chuic! Cuando despertó, sintió su hociquito
deformado y se puso muy triste. Se deprimió, es decir,
agregó a sus golpes físicos un problema del espíritu. Sufrió
temblores, perdió sus reflejos y como estaba fatigado o
cansado, casi ni se movía.
Chuic se sentía fracasado, perdido en la terrible
claridad del día.
-¡Ay de mí! -lloraba. -Ahora no soy más que un simple
ratón. Me pondrán un lazarillo. Perderé mi preciosa
libertad. No podré comer mangos, ni guanábanas, ni
manzanas de oro... ¡y ni hablar de la emoción de capturar
mosquitos en el aire! ¡Buaaah! ¡Estoy sordo! ¡Buuaah!
Tres días y tres noches lloró Chuic. No comió, no
bebió, no habló.
Todos estaban desesperados, porque no hay peor
ciego que el que no quiere ver. Chuic estaba negativo,
quejoso, pesimista... había que abandonarlo, ¿verdad?...
-¡No! -gritó Long. -Ahora es que Chuic nos necesita.
Vamos a convencerlo de que su problema tiene solución.
Así, idearon un plan. Se turnaron para leerle,
conversar, ponerle una musiquita y así no dejarlo solo ni un
momento. Le llevaron frutas en delicioso coctel. Le pasaban
las alitas por el cuerpo. Sin Chuic en el grupo, la diversión
no existía. Tenían que hacerlo reaccionar.
Sin embargo, Chuic seguía ausente de todo, con la
mirada perdida y completamente inmóvil.
Fue entonces que los tres amigos decidieron algo
extraordinario.

Una noche de luna llena, iluminados por su mágica luz,
tomaron a Chuic por dos de sus cuatro patas, extendiéndole
cuanto pudieron el patagio, la membrana que une los dedos,
patas y cola de los murciélagos. Volaron a toda velocidad,
alto, muy alto, y cerca de la mata de mango más olorosa
que encontraron, lo soltaron.
Chuic cayó al vacío con los ojos muy abiertos. Sintió
que iba a morir. Caía pesadamente en el abismo oscuro con
las alas plegadas... Entonces, lanzó un tremendo chillido,
despidiéndose de las frutas maduras y la amistad sincera.
¡La noche le devolvió en eco todos los tonos de su grito!
Abrió sus patas. Planeó como siempre lo hizo. Subió,
bajó, mordió las frutas... Se enfrentó a la oscuridad
buscando a sus amigos, que victoriosos, volaban a su
encuentro.

Cuando regresaron a la cueva, el quiróptero herido
había desaparecido. En su lugar estaba de nuevo el más
valiente y bullanguero Chuic, con toda la alegría de vivir
apostando a que se comería todos los mangos de la finca de
doña Rosa.


* Galena, como Galeno, el médico de la antigüedad que le dio su nombre a los doctores de hoy.
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ESTE CUENTO SI HA CAMBIADO...

Ilustración para La Sirenita, de Andersen. La muchacha que había sacrificado todo para estar junto a su príncipe, tiene que aceptar que él se case con otra.
Expertos contra “final feliz” de clásicos de la literatura
De acuerdo a especialista, solo Rapunzel podría haber logrado una relación seria con su caballero encantado.
Una Blancanieves que se divorcia de su “príncipe azul” y una Cenicienta con aires de independencia. Este hubiese sido probablemente el desenlace de estos clásicos personajes, si sus historias hubiesen transcurrido en este siglo. Esa es la tesis postulada por el especialista, Wilhelm Solm, ante el congreso internacional de la Sociedad Europea de Cuentos de Hadas (EMG), celebrado en la localidad alemana de Bad Brückenau, que este año aborda el concepto de “final feliz”, según publicó EFE.

“La Bella Durmiente pasó gran parte del relato sumida en un sueño profundo y, tras despertar luego de su primer beso, se casó con un completo desconocido”. A su juicio, algo que solo podría terminar bien en la literatura, puesto que las parejas que inician su relación en esas condiciones tienen pocas probabilidades de perdurar.

Esta idea de desmitificar los finales felices proviene de su convicción de que esas bodas de cuentos de hadas quedan grabadas en el subconsciente de los niños -sobre todo de las niñas- que luego se crean unas expectativas “irreales” de sus parejas “reales”. “Se crea la ilusión de que el otro debe hacerme feliz a mí y no de que yo debo hacer lo mismo por el otro”, explica el crítico, quien afirma haber observado el “desencanto” posterior al enamoramiento en un sinnúmero de ocasiones.

¿Historias malas?

Respecto a si es recomendable o no la lectura de estas “cuestionadas” historias clásicas, la psicóloga clínica especialista en niños, Celeste Báez, afirma que todo depende de la edad y etapa evolutiva en la que se encuentre el niño. “Hasta los 4-5 años los pequeños viven una etapa de fantasía normal, en ese sentido los cuentos de hadas pueden servir para trabajar diferentes tipos de situaciones”.

No obstante, “a partir del primer grado se ingresa a una fase de racionamiento y, por ello, es necesario que, junto con relatar el cuento, se aclare que constituye un escenario ficticio con situaciones que no pasan en nuestras vidas”, apunta.

Asimismo, la especialista indica que actualmente es posible encontrar libros infantiles que tratan temáticas actuales desde un estilo ameno. De esta forma, el mercado editorial ofrece cuentos, cuyos personajes son adoptados, sus padres son separados o bien, su madre es soltera. Es decir, historias ficticias, pero que reflejan escenarios o situaciones posibles presentes en la vida de muchos niños.

Fabio dijo:
Esta forma "real" de encarar las historias es mas adecuada para los tiempos que vivimos. Pero existen cuentos que no pierden su vigencia en el tiempo, por ej. el Pastorcillo Mentiroso. Por otro lado he tenido acceso, a una colección de cuentos clásicos editado en Cuba, donde en vez de los clásicos caramelos y golosinas en las historias, aparecen la sopa y miel como premios a los personajes, induciendo a los niños a esas nutritivas formas de alimentarse.

Publicado el 26.09.08 05:43:00 AM

http://www.lanacion.com.py/noticias.php?not=205103

Conozcan a Laura Reyes, escritora de 7 años