LUISA COMARAZAMY


Hablar con doña Luisa Comarazamy es como abrir un buen libro, cada página, cada línea nos deja un aprendizaje que nos queda para toda la vida, en este caso, sus palabras llenas de alegría, de una vitalidad que convoca a la risa, al entusiasmo, pero que, sobre todas las cosas, nos invitan a detenernos y reflexionar.

Toda una vida como maestra, más la satisfacción de haber criado a sus hijos, Dario Eduardo y Luis, dos brillantes que, orgullosa, puede colgar de sus orejas y exhibir como bellas joyas, todo ese cúmulo de vivencias y éxito, en el hogar y en el aula, la han llevado regar a través de hermosas historias los valores humanos fundamentales tan necesarios para levantar hombres y mujeres de bien con amor y en paz con su propio ser.

Así nace la serie de cuentos “Dunga y La Hormiguita”, "Marieta y su Mundo de Juguetes" y "Pepito Viaja al Pico Duarte", una colección de historias sencillas en la que llama a los padres a dedicar más tiempo a sus hijos y elevar la calidad de vida de sus familias a través de la enseñanza de los valores.

“Cuando me interesé en escribir me di cuenta de que muchas madres no eran como yo, que me preocupaba por mis hijos. Conocí a muchos padres que no eran como mi esposo, que es una joya también. El se dedicó a nuestros hijos, nosotros le dimos todo en la vida, todo, pero también les exigíamos” nos dice esta abogada, primera mujer juez de paz en el país.

Ese deseo de aportar, esta sensibilidad y amor por la literatura, le corre por las venas, se traslada hasta la India lejana, cuna de sus abuelos. Los Comarazamy, Eduardo, su padre, y Francisco, su tío, son pilares del periodismo criollo, ampliamente reconocidos no solo por sus compañeros de oficio sino por toda la clase intelectual dominicana.

Pero los cuentos que le hacia la abuela a su padre y sus tíos, no eran los de Pepito, ella les hablaba de Los Miserables, de Los Hermanos Karamasov, La Divina Comedia, Los Tres Mosqueteros, clásicos de la literatura universal. Por eso, asegura Luisa, “esos hombres llegaron donde llegaron”.

Con esta estirpe y trayectoria de vida es natural que la literatura le sirva para propagar su mensaje, escrito con el lenguaje sencillo de los niños. Doña Luisa tiene maestría en psicología y administración de empresa, durante 15 años se desempeñó como docente en la Universidad Católica Madre y Maestra, imparte talleres sobre desarrollo integral y valores humanos, es también pintora, ensayista, articulista, pero se define sobre todas las cosas como una mujer comprometida con el medio ambiente y la niñez de su país.

Con ella tuvimos un interesante encuentro: la educación, como base del desarrollo, personal y colectivo, los valores y la búsqueda de la verdad, lo esencial, en la familia y en el individuo fueron los temas centrales de nuestra charla. Lejos de la rigidez y el dedo autoritario para señalar los errores de nuestro tiempo, doña Luisa nos dejó impregnados con el dulce perfume de la sencillez y el amor que la mueve a actuar, a comprometerse, a darse para impulsar a otros y otras a ser mejores ciudadanos, mejores padres, mejores seres humanos.

Una Joya de familia

Casada hace 36 años con el ingeniero agrónomo Darío Vásquez, ha construido su hogar sobre la base del respeto y la reciprocidad.

“La pareja es la base de la familia, por eso entre esposo y esposa tiene que haber un respeto mutuo, lo hijos ven eso y lo proyectan, yo le agradezco a Dios por los hijos que tengo son dos brillantes que me puedo colgar en cada una de mi orejas y mi marido que es un diamante, es como mi anillo, ellos son las joyas de mi vida”, nos dice doña Luisa.

¿Usted le da mucha importancia al amor: al amor a Dios, a los hijos, al esposo, a la familia, cree usted que esta sociedad se ha olvidado del amor?

A propósito del día de las madres yo le mande una carta a uno de mis hijos que vive en Estados Unidos, hablándole del amor en el corazón, porque al vivir en Estados Unidos la gente se materializa, consigue perdiz y codorniz, come bien, puede vestir bien y cree que eso le llena, pero no, necesitan un corazón lleno de amor. Mis hijos son dos adultos, con sus caminos y sus vidas hechas. El menor vive aquí, es médico y trabaja en Corazones Unidos, y todavía, a estas alturas del juego, en esta casa les hablamos de amor. Mientras uno este vivo debe vivir lleno de amor y si tu no bebes de la fuente inagotable del amor que es Dios no tienes paz y no puedes transmitirla.

¿Por que escogió el tema de los valores para escribirles a los niños?

Porque a los niños les hacen falta valores. Las madres, o más bien, muchas madres, solo estamos preocupadas por lo superfluo, el lujo, la vanidad y estamos conduciendo a nuestros hijos por ese camino. Si un niño crece con valores, aunque haya hambre, miseria, problemas, aunque hayan malas situaciones, sabrá lo que tiene que hacer y como debe actuar, siempre buscará la verdad. Donde hay una verdad hay una acción correcta, cuando hay cosas bien hechas hay amor, hay paz. Basándome en esos valores yo escribí mis cuentos. Cada libro al final tiene una lista de los valores y subvalores que se estan trabajando en esa historia. Mis cuentos son didácticos, son cuentos para ayudar, porque mi deseo es que los niños aprendan. No me voy a cansar de enseñar valores donde sea.

¿Cómo puede una madre, que tiene que trabajar ocho ó diez horas al día, a veces no da tiempo para esas cosas, formar a sus hijos en valoré, que recomienda usted.

Que le dediquen más tiempo a sus hijos, el tiempo es importante. Hoy en día ya se ha vuelto un slogan “no cantidad de tiempo sino calidad”, pero yo no creo en eso, al menos de palabra no. Vamos a trabajar por darle a nuestros hijos más tiempo, que el padre y la madre inviertan más tiempo en su casa. Ahora hay tantas madres solteras que tienen que trabajar para sobrevivir y no les queda espacio, pero hay que hacer de eso un proyecto permanente. Para las mujeres tener una buena formación es lo que nos garantiza esta libertad, no permite ser dueñas de nuestro tiempo. Yo estudié derecho, hice una maestría en administración, estudie psicología en la Universidad Central de Caracas, en Venezuela, esa preparación me permitió no tener que trabajar como una esclava en un banco o un sitio similar. Yo pude dar 15 años de clases en la Madre y Maestra y dedicar tiempo a mis hijos, tenia medio tiempo, pero mi esposo trabajaba. Al tener profesiones que me permiten trabajar sin tener un horario yo he podido darles tiempo. Una persona que viva al ritmo del tiempo que los otros han decidido no tiene espacio para valorar los pequeños detalles, para, por ejemplo, pasarle un pañito con cerveza a una plantita, chiquita e insignificante, pero que llena tu casa de brillo cuando la embelleces. Uno tiene que tener un equilibro en la vida, saber lo que uno quiero hoy, lo que uno quiere para mañana y por lo que hizo atrás que no era correcto, pedir perdón, enmendar y seguir adelante.

Antes se le atribuía a las maestras un rol de madre en las aulas, hoy en día la formación académica de los docentes es más elevada pero de alguna manera se ha pedido esta condición-vocación tan hermosa, usted que cree de eso, como usted cree que esto afecta la educación y la educación en valores.

Esa preparación de la que tu hablas se debe a la amplitud cultural del neoliberalismo. Yo te puedo decir como esta la India hoy día, como están los negocios en China, te puedo hablar de Lula Da Silva, del divorcio de La Bolocco y Menenn, te puedo hablar de cualquier cosa, porque hay nuevos medios que me permiten estar enterada, eso es una cosa, pero la educación no, la educación no ha avanzado. Las maestras no pueden limitarse a enseñar el contenido de su clase, ellas también son responsables de que prevalezca el respeto, los modales, la consideración. Pero, si ellas no saben que donde hay amor hay una acción correcta y donde hay una acción correcta hay paz, qué le pueden enseñar a los niños. Esa enseñanza tan valioso, aunque se salga del curriculun, del programa de clases, si se tiene vocación, se busca la manera de regalarsela a los niños, como valioso legado que le sirve para toda la vida.

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